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Resumen de lo publicado:

Castle ha vivido este último año una pesadilla en vida tras haber perdido a Beckett. No obstante una madrugada de Abril de 2017 se encuentra un regalito que le indican dos cosas: Que su esposa está viva y que se tiene que hacer cargo de una preciosa bebé de dos meses: Lily. Todo esto acompañado con un saco enorme de dudas sobre los motivos de Kate para desaparecer de sus vidas tan repentinamente.


MAYO 2017

Un delicioso calor recorría su cuerpo, una corriente eléctrica que le aceleraba el corazón y que le hacía moverse sensualmente al son del cuerpo de ella. Él deslizaba sus manos por su suave y cálida piel mientras saboreaba su cuerpo a base de besos y pequeños mordiscos. Llegó a sus pechos acariciándolos, saboreándolos, sintiendo como le llenaban sus grandes manos... tan apetecibles que no pudo reprimir sus deseos de lamerle los pezones. Ella, lejos de pararle respiró hondo y se dejó hacer, acariciándole la nuca para que siguiera. Se pusieron tan duros y calientes que antes de que él pudiese decidirlo, su instinto le llevó a succionarlos suavemente... era algo más íntimo que erótico, era dejarse llevar por sus instintos y sus sensaciones. Él se dio cuenta de que sus labios se humedecían, se separó y notó el líquido lechoso escurriendo por la piel, fue el punto de inflexión en donde volvió a tomar protagonismo el erotismo y lamió con la lengua el líquido que escurría por el pecho para a continuación ir bajando hacia su ombligo... Ella se estaba entregando a todos sus juegos y lo recibía con el ansia de quien ha estado necesitada de amor durante mucho tiempo. Ambos se entregaron a la lujuria de sus cuerpos que escalaba con cada movimiento la montaña de placer y conforme más se acercaban a la cima mayor era su locura y deseo...

Richard Castle se despertó sobresaltado incorporándose en su cama en la oscuridad de la noche. Guardó silencio esperando oír el llanto de su pequeña... Nada. No, pues no había sido eso lo que lo había despertado. Reparó un momento es sí mismo y se notó que estaba sudando. Se palpó por debajo de las sábanas y encontró una parte de su anatomía que pensaba que aún estaba soñando. Entre Lily que lo despertaba cada hora y media y sus sueños eróticos que lo sobresaltaban todas las noches, este último mes había sido lo más cercano a vivir como un zombi que había experimentado. Miró el reloj y pensó que aún tenía diez minutos para una ducha fría antes de que su hijita le recordara la hora de la toma con una precisión horaria digna del apellido Beckett.

Ya se estaba secando con la toalla cuando oyó los primeros quejidos provenientes del despacho, convertido provisionalmente en el cuarto del bebé, con una cuna en frente del escritorio y un montón de juguetes apilados por todas partes. Él entró en el despacho desde la puerta del dormitorio, justo cuando la diva Martha Rodgers hacía lo mismo desde la puerta del salón.

-¿Madre?- dijo Castle somnoliento incluso después de la ducha.

-¡Querido!- exclamó ella para a continuación ignorarlo por completo y dirigirse a la cuna.

La pequeña se calló al verlos a los dos asomándose al interior de la cuna. Sus ojos grandes y húmedos se fijaron en su abuela con el mismo asombro con que la había mirado la primera vez que la vio, hacía apenas cuatro semanas. Y no era para menos, a pesar de ser las tantas de la madrugada, Martha llevaba un vestido de brillantes lentejuelas conjuntado con tintineantes pulseras y llamativos collares. Para Lily su abuela era una especie de sonajero gigante.

- ¿Qué le pasa a la pequeña Elisabeth? - dijo cantarinamente mientras la cogía en sus brazos. - Tengo que reconocer, Richard, que de todas tus locuras, esto de tener una hija de Katherine mediante un vientre de alquiler es de las que no te echaré en cara nunca. - le comentó encantada de la vida.- Lo que nunca entenderé es porqué lo has llevado tan en secreto, con lo que tú eres...

Sólo el escritor y su hija Alexis sabían el verdadero origen de Lily y a Martha le habían contado lo que iba a ser la versión 'oficial'. Había estudiado con detenimiento los documentos que Kate le había dejado en ese banco de L.A. y ella lo había apañado todo para que pareciera que la tal Svetlana era vientre de alquiler de Lily, para que así Castle pudiera contar una versión oficial creíble. Lo de que hubiera óvulos congelados de Beckett él no tenía ni idea, pero había un documento que lo corroboraba, aunque podría ser falso.

- Madre... ¿Has salido de juerga? - preguntó Castle observando cómo la niña fruncía el ceño nerviosa ante tanto estrés visual y auditivo.

- No, querido. ¿Ves qué hora es? - él hizo un gesto buscando un reloj- ...Ahora es cuando voy a salir.

Lily rompió a llorar enérgicamente, en su conocido modo 'sirena de policía'.

-¡Uy! ¿Tiene hambre mi nietecita? - dijo Martha intentándola consolar, sin éxito alguno.

Castle estiró las manos y ella le pasó a la criatura, que se calló en cuanto sintió los mullidos brazos de su padre.

- ¡Mira, contigo no llora! - dijo Martha caminando detrás de su hijo mientras se dirigían a la cocina.

- Eso es porque sabe de sobra que tú no le vas a dar de comer.- dijo con guasa.

- Muy gracioso. Bueno chico, me voy. Deséame suerte.

Le dio un beso y se fue a menear el esqueleto. Cuando cerró la puerta Castle empezó a preparar el biberón con una sola mano, bajo la atenta y silenciosa mirada de su bebé.

- Ahí va tu abuela, hija...- dijo resignado- Ya te acostumbrarás a ella. Yo también tuve que hacerlo.

Después de que Lily le recordara con pucheros que tenía hambre durante todo el proceso, Castle por fin acabó la preparación del superbiberón. La contempló derritiéndose de amor mientras ella succionaba a la velocidad del rayo.

- Despacio... glotona... despacio...

A veces pensaba si Lily echaría de menos a su madre o si se acordaba de ella. Había sido sorprendente cómo se había adaptado a él. Pensó en si Beckett, sabiendo que se la iba a dejar, había hecho algo para la nena se acostumbrara a él antes de dejársela... Y pensó en si él podría hacer algo para que Lily no se olvidara de su madre... El ruido característico de Lily succionando aire del biberón ya vacío lo despertó de sus pensamientos haciéndolo volver a la realidad.

-¡Bieeeen! - dijo cantando victoria mientras apartaba el biberón y la aupaba para que eructara.

- EH... EEEH... - balbuceó ella riendo con ojillos chispeantes de alegría.

Castle pensó en que si Lily seguía aumentando su monería él iba a morir de una sobredosis de amor paternal.


A una hora razonable de la mañana Castle repasó su móvil ignorando completamente los mensajes de su editora-hija. Buscaba los de otra persona, alguien que se merecía una alegría después de este último año y con quien no había conseguido contactar todavía desde que volvió de L.A. con la pequeña. Decidió que ya había esperado bastante.

Alexis apareció por la puerta del loft como agua de mayo, pensó Castle cuando la vio, aunque las inquietudes de la joven eran bien diferentes.

- ¡Papá! ¿Por qué no me devuelves las llamadas? - le regañó antes de saludarle siquiera.

- Shhh. Lily está durmiendo. - Le dijo él vocalizando pero sin apenas levantar la voz.

La pelirroja se armó de paciencia. Todo era poco con tal de no oír a esa pequeña sirena de policía, así que le preguntó vocalizando.

- ¿Has escrito las 50 páginas que te pedí?

Castle negó con la cabeza como un niño pequeño avergonzado, cosa que le resultaba con ex-editora y ex-mujer Gina, pero que no le resultaba con Alexis.

- ¿Cuantas te ha dado tiempo?

Su padre miró hacia el techo entornando los ojos como queriendo acordarse.

- ¿Cuenta el prólogo? - preguntó el escritor.

- No.

- ¿Y los agradecimientos?

- Tampoco.

- Entonces todavía no he escrito ninguna. - le aclaró sonriente.

- Espera. ¿Hasta ahora no has escrito más que el prólogo y los agradecimientos? -le reclamó su hija mosqueada.

- No. tampoco los he escrito.

- ¡Papá! - dijo Alexis levantando la voz más de lo necesario.

- Oye, que has dicho que no cuentan, así que tampoco voy más retrasado porque no los haya escrito aún... - dijo haciéndole señas para que bajara la voz.

En el despacho se empezó a oír un quejidillo que los dejó a ambos en silencio.

- Me tengo que ir. La abuela llegará en un rato. - susurró él.

- ¿Me vas a dejar plantada?

- Tranquila, iré pensando en la escena del crimen mientras vaya en el taxi.

Dicho esto dio un beso a Alexis y se fue.

- Yo estoy pensando en la escena de un crimen ahora mismo. - dijo a la puerta cerrada del loft en voz baja.

El llanto de Lily empezó a oirse y la pelirroja puso los ojos en blanco antes de dirigirse al despacho de su padre.


El escritor tocó el timbre de la puerta y esperó pacientemente y con el semblante serio. Sólo imaginándose el dolor del hombre que vivía a otro lado de la puerta, le apuñalaba el alma. Cuando Jim Beckett le abrió, a Castle le costó encajar la imagen del ser humano que tenía delante con la de hace un año, antes de que todo esto pasara. No sólo es que estuviese en bata y sin afeitar a las diez de la mañana, era como si le hubiesen caído quince años encima. Sus marcadas arrugas y sus ojos hundidos sólo daban una idea de todo lo que le había tocado sufrir. Ambos se miraron sin decir palabra pues el profundo sentimiento de pérdida que les unía habló por ellos. Ninguno de ellos tenía que fingir sentirse 'bien' delante del otro. Y esa camaradería les daba fuerzas para seguir día a día: el pensar que había en el plantea otra persona que sentía el mismo agujero en su vida.

-¡Jim! Pensaba que no te encontraría en casa. - dijo el escritor entrando y tendiéndole la mano.

-¡Rick!- le estrechó la mano y lo acercó a sí mismo para darle unas palmaditas en la espalda.- Pasa...

El piso se encontraba limpio y ordenado a pesar del desaliño de su morador. Se acomodaron en el salón y antes de que al señor Beckett le diese tiempo de preguntar, Castle habló.

-Jim. No sé cómo decirte lo que tengo que decirte. - soltó titubeante.

-...Pues tú eres el escritor, chico. - le dijo él. Martha le había pegado lo de llamarle 'chico'.

-Es decir... No sé cómo vas a reaccionar, porque... bueno... ¡No te preocupes, no es una mala noticia! es buena... ¡muy buena!- Rick empezó a hablar más rápido por su nerviosismo- El problema es que aun siendo 'legal' no es muy 'moral' y como los Beckett sois tan rectos pues no se yo si... el caso es que me hubiese gustado contártelo antes pero no sabía si iba a salir bien o si estabas de acuerdo... porque, bueno, ya te he dicho que es 'legal'... bueno, 'casi legal' porque técnicamente no se puede si el donante ha fallecido y...

Los ojos de Jim no hacían más que entornarse para seguir el parloteo nervioso, mientras mantenía la boca ligeramente abierta, así que Castle decidió que era mejor soltarlo de sopetón.

-... El caso es que... Tienes una nieta.

Se calló y ambos se miraron, el padre de Beckett no cambió su expresión de no estar enterándose de nada y Castle se encogió en su asiento como cuando un niño ha hecho una travesura y lo han pillado.

-¿Cómo? - fue la primera palabra que Jim dijo.

- Una nieta biológica. Mía y de... - Castle le miró una vez más a los ojos con culpabilidad y añadió en voz baja: ... Kate.

-¿Cómo?

-Gestación subrogada.

-¿Cómo?

- Quiero decir, un vientre de alquiler. Resulta que hace unos años Kate decidió congelar unos óvulos por si en un futuro quería tener hijos... y bueno, los he usado.

- Sé lo que es la gestación subrogada, Rick.

- Pues eso... - Castle prefirió quedarse callado para no liarla más.

Rick se echó la mano al bolsillo y sacó el móvil. Estuvo buscando en él y se lo ofreció a Jim, que cuando vio una fotografía de la pequeña dormidita, con su nariz respingona y sus morritos colorados, no pudo evitar que la mano le temblara. Se parecía tanto a su Katie que un cálido sentimiento le reconfortó el corazón y le hizo humedecer sus ojos.

- Lily va a necesitar un abuelo- dijo Castle amablemente- entre otras cosas porque si no mi madre, la diva, va a acaparar todo ese papel.

-¿Se llama Lily? - Preguntó Jim sorprendido levantando la vista.

- Si, bueno, en realidad se llama Elisabeth. Se lo puso Kate. - Rick se mordió la lengua- Quiero decir, que un día me contó que si teníamos una hija querría que se llamara Elisabeth.

El escritor evitó mirarle a los ojos porque sabía que Jim podía pillarle, con el instinto cazamentirosos del apellido Beckett.

- No tenía ni idea de que le gustara ese nombre... - dijo Jim volviendo a mirar la foto.

Castle guardó silencio para no meter la pata, Jim sonrió ampliamente y volvió a mirarle.

- Era el nombre de mi madre.- le aclaró. - Cuando Katie nació era una de nuestras opciones, pero a mi mujer le parecía demasiado 'Victoriano'. Castle se quedó pensando en eso, a fin de cuentas 'Katherine' no era menos clásico.

Jim dio un saltito sentado en el sofá y miró hacia atrás como si hubiese recordado algo. Le devolvió a Castle el movil y se disculpó un momento. Al minuto volvió con una cajita que abrió y sacó de ella el colgante de Kate con el anillo de Johanna. Castle no se sorprendió porque sabía que Jim guardaba los efectos personales de Kate que el hospital le entregó cuando ella falleció, pero ver el famoso anillo le impactó directamente en la cicatriz de su pecho, que le empezó a picar.

- Esto...- cogió el anillo y sonrió- ... ahora es para Lily. - dijo entregándoselo a Rick.

- Se lo guardaré. - Dijo Castle con un hilo de voz.

Junto al anillo había guardadas otras cosas, su placa de policía, su carnet y el antiguo reloj de pulsera del propio Jim, que Kate siempre llevaba para recordar que había salvado la vida de su padre, que se dio a la bebida cuando falleció su esposa. Fue eso último lo que ambos se quedaron mirando, Castle con nostalgia dolorosa y Jim con... vergüenza.

Rick se dio cuenta y pensó que un ex-alcohólico debería sentir orgullo al contemplar el símbolo de su victoria, pero entonces el escritor ató cabos y pensó que el desmejorado aspecto de Jim se debía a un sufrir más profundo. Rick cogió el reloj despacio y Jim le miró temeroso, como pensando que le iba a regañar por su recaída, pero Castle sólo le sonrió y le dijo:

-Ahora también tienes a alguien para ayudarte con esto- dijo blandiendo el reloj- Yo se lo guardaré a Lily hasta que se lo pueda poner, ¿de acuerdo?

Jim agradeció la sutileza de Rick y por primera vez tuvo una imagen clara de por qué Kate lo había elegido como compañero de vida.

Antes de despedirse, Castle no pudo reprimirse preguntarle a Jim por la ropa que llevaba Kate cuando la llevaron al hospital.

- También la pedí - explicó - pero al parecer la cortaron en el quirófano para operarla y los jirones de ropa los desecharon.

Castle se quedó pensativo.

-¿Incluso la cazadora de cuero? - preguntó extrañado.

- Pues no sé... ¡Ah! Pregúntale al chico vuestro... - Jim entornó los ojos haciendo memoria- ... ¡Esposito! - exclamó.

-¿A Esposito? - dijo Castle aún más extrañado.

- Sí, él llegó el primero cuando... pasó. - Jim tragó saliva- Fue él quien acompañó a mi hija en la ambulancia. Fue el último que... habló con ella.

Para Rick esta era la primera noticia que tenía de que Espo había tenido ese papel. Hasta hace un mes pensaba que Kate había fallecido en el hospital mientras él estaba en la unidad de cuidados intensivos. Entonces no pudo enterarse de los detalles y después le resultaba tan doloroso preguntar que se había quedado con el resultado final: que ella había fallecido. Pero ahora tenía que saber más, quería averiguar cómo Kate había conseguido urdir todo esto.

- Gracias Jim. Siento habértelo recordado. Es sólo que necesitaba saberlo...

- Para poder pasar página. - Le completó él la frase.

- Sí. - Rick hizo una mueca al sentirse comprendido, a fin de cuentas hace años Jim tuvo que hacer lo mismo con la trágica muerte de su esposa.

- Bueno, cambiando a otro tema más alegre... ¿Cuándo podré ver a mi nieta? - dijo con una tímida sonrisa que hacía tiempo que Castle no veía.

- Cuando quieras, Jim. Mi casa siempre estará abierta para ti, cada vez que lo necesites. Siempre.


Castle decidió que la visita a Javier Esposito iba a esperar: sólo llevaba un par de horas alejado de Lily y parecía que le faltaba algo.

Nada más abrir la puerta del loft contempló la escena estupefacto. Su madre estaba aporreando el piano disfrazada de un personaje digno del musical 'Chicago': medias negras de redecilla, zapatos de tacón y corpiño rojo brillante. La pequeña Lily recostada en su capazo, observaba todo con ojos muy abiertos moviendo sus bracitos y sus piececitos al son de los aporreos de su explosiva y expresiva abuela.

El escritor pensó que lo positivo era que Lily ya se estaba acostumbrando a tolerar una presencia femenina en su vida. Pero rezó con todas sus fuerzas para que los genes de Beckett la guiaran por una profesión más seria o, al menos, una en la que fuese recatadamente vestida.

-¡Madre!- gritó él para que se percatara de su presencia.

-¡Chico!- gritó ella dándole la bienvenida, se giró hacia él dejando descansar al pobre piano.

-¡DÓ! - exclamó Lily participando en la conversación.

Castle cogió a su sobreexcitada hija en brazos.

- Como la primera palabra que diga sea 'Broadway', me las pagarás, madre.

Martha le hizo un gesto con la mano para indicarle que era un aguafiestas.

Un rato más tarde Castle tuvo que bañar a su hijita, que había aprendido a aporrear con brazos y piernas el agua de la bañerita al más puro estilo Rodgers. Él se armó de paciencia y a base de acariciarle con el agua tibia y la esponjita consiguió que su bebé volviese a comportarse como una mini Beckett: más tranquila y sosegada. Apuntó mentalmente el encontrar cuanto antes a una niñera cualificada.

Como de costumbre, Lily se negó a volver a su capazo con un chillido agudo, así que tuvo que llevarla en brazos mientras le preparaba el biberón, y ella gruñó de impaciencia, como siempre.

En la tranquilidad del despacho, Lily devoró su cena y a los dos minutos de eructar ya se le cerraban los ojitos apoyada en el cómodo hombro de papá, cosa poco común en ella que necesitaba teorizar con papi una hora dando vueltas por la casa hasta que le entraba el sueño. Se ve que la agitada tarde con su abuela la había agotado. Como Castle la quería mantener despierta un poco más para que no le sentara mal el biberón, la sentó en el capazo de mano y se puso frente a ella. La cara que puso Lily fue de "Espero que lo que sea que tengas en mente sea bueno si no me vas a dejar dormir"

Castle cogió dos fotos tamaño folio que había imprimido esa misma tarde. Eran las caras de las personas que más querían a la pequeña, en blanco y negro, pues había leído que los bebés no distinguen los colores las primeras semanas de vida. Era un experimento que quería hacer y que pensó que activaría los primeros recuerdos de su hija.

Le enseñó una de las fotos a Lily.

- ¿Quién es este? - dijo él con voz cantarina, Lily miró la foto que su padre le mostraba con una mezcla de indiferencia y aburrimiento.

- Te daré una pista. Es un padre extremadamente atractivo... ¿Sabes ya quien es? - le preguntó poniéndose al lado de la foto y haciendo el mismo gesto con el que el escritor salía en ella.

Lily le sonrió y alargó el brazo como si le quisiera golpear la nariz a modo de caricia.

- ¡Síííí! ¡Es papá! ¿Puedes decirlo, Lily? PA-PÁ. PA-PÁ.

Ella sonrió agitando sus bracitos. Al parecer el show nocturno de su padre estaba siendo de su agrado. Castle recogió la foto y le enseñó la otra que había imprimido.

- ¿Sabes quién es...? - A Castle le costó continuar, era la primera vez en mucho tiempo que veía una imagen de ella, así, y que no fuese producto de su imaginación.

- ¿Sabes quien es esta mujer tan guapa? - le dijo con voz suave y dulce.

Lily contra todo pronóstico le hizo caso a la primera y miró la foto fijamente, con ojos grandes y profundos.

- Es tu mamá. - le dijo en un susurro - Ma-má. Ma-má. Mami. Es mami.

La carita de la nena cambió poco a poco hasta esbozar una tierna sonrisa que Castle vio idéntica a la que Kate tenía en la foto. Entonces Lily apartó la mirada de la foto con un gorgogeo y le miró a él con un brillo especial que no le había visto hasta ahora y que le duró sólo un segundo. Castle hubiese dicho que Lily esperaba ver a su madre de carne y hueso y que se había decepcionado.

Rick dejó la foto a un lado, movimiento que Lily siguió con la mirada y la cogió en brazos. La nena protestó un poco porque quería continuar con el espectáculo, pero le gustaba tanto estar en brazos de su padre que pronto se calmó.

- Perdóname Lily. - susurró Castle apenado. - A veces papá es un poco tonto.

Pero ella ya se había dormido plácidamente.


Unos días después, en una mañana inusualmente fría de mayo, Richard Castle dejó a su hija en manos de la mejor niñera de todo Manhattan. El recelo con que la pequeña miró a la experimentada señora de cincuenta y tantos años que al escritor le recordaba a la señora Doubtfire, la de la película de Robin Williams, ya le hizo presagiar de que debería volver pronto a casa, pero ahora tenía que hacer algo sin falta. En su cabeza martilleaba la visita pendiente a Esposito, ahora sargento en la 12, pero por alguna razón se había estado haciendo el remolón. Hoy tenía otra cosa que hacer.

El taxi que le llevaba hizo una parada en una exclusiva floristería, para recoger un encargo que le había costado horrores conseguir: un precioso ramillete de tres hermosos lirios blancos japoneses. Cuando el vehículo lo dejó a la entrada del cementerio, él suspiró profundamente, igual que había hecho durante sus visitas este último año, cuando intentaba buscar consuelo, un consuelo que nunca consiguió. Pero esta vez gracias a Dios era diferente.

Hoy justamente se cumplía un año desde aquel día en el que sintió la cálida mano de Kate sostener la suya por última vez. Por supuesto que ahora todo había cambiado, la losa de la desolación y el desconsuelo que lo había acompañado hasta hace poco se había sustituido con la certeza de que ella estaba viva y a un montón de preguntas sin respuesta. Pero él tenía que seguir viniendo como si ella hubiese fallecido, para no levantar sospechas, era obvio, si Kate había tenido que fingir su propia muerte no era cuestión de que él lo estropeara con un descuido tonto.

Llegó caminando a la lápida de Johanna Beckett y se paró frente a ella.

- Señora Beckett... - saludó sonriente. Miró a la tumba de al lado y sintió su corazón palpitar más fuerte-... Kate...- dijo en un susurro, como todas las veces que había venido.

No tuvo que fingir mucho su pena. Aunque ahora sabía que ella no estaba ahí, su cerebro asociaba el lugar a un estado de ánimo muy concreto.

- Os traigo unos lirios para las dos. Uno es de parte de Jim, otro es de mi parte... y otro de parte de Lily.- se agachó y los dejó en un jarroncito entre ambas.

Castle miró a un lado y a otro, pues pudiera ser perfectamente que le estuvieran espiando, toda precaución era poca así que continuó con su plan 'oficial'.

- Kate, perdóname por haber usado tus óvulos sin tu permiso y haber traído a este mundo a una hija sin madre.

Miró de reojo la lápida de Johanna antes de seguir.

- Sé que tú sabes lo que es echar de menos a una madre y que posiblemente no estarías de acuerdo en lo que he hecho. Pero yo, que me crié sin un padre, puedo asegurarte que merece la pena. - Rick suspiró pensando en si su pequeña Lily pensaría lo mismo- Así que creo que me perdonarás y quiero que sepas que nuestra hija es el ser que más quiero sobre la faz de la tierra.

Dicho esto Rick se quedó en silencio y sus lágrimas empezaron a brotar, cualquiera diría que estaba llorando la muerte de sus esposa. Pero lo que en realidad conmovía su corazón era el amor que profesaba por su mujer y que le torturaba cada minuto que pasaba sin ella, sin poder compartir la crianza de su hija y sin poder decirle que por encima de todo la perdonaba y la comprendía. En verdad deseó que hubiese un micro oculto entra la maleza y que ella lo pudiese escuchar desde donde quiera que estuviese.


La joven Hayley se recuperaba de la sesión de combate cuerpo a cuerpo que acababa de terminar, su contrincante no le había dado ni un respiro, como siempre. Sentada en un banco de madera en la solitaria sala de un austero gimnasio, se estaba quitando la vendas que habían protegido sus puños y sus muñecas, enrollándolas conforme lo hacía para a continuación meterlas en su bolsa de deporte. Cogió una toalla y se secó el sudor que chorreaba por sus brazos y su escote, tenía el top empapado y necesitaba una ducha, pero se relajó inspirando profundamente varias veces, mientras pensaba que quién le mandaría a ella meterse en estos 'fregaos'.

Oyó sollozos provenientes del vestuario, como todos los días durante este último mes. Y, una vez más, ella se levantó y caminó hasta la puerta entornada de las duchas, de la que salía vapor en cantidades industriales, así como un continuado sonido de la incesante caída del agua. Se apoyó en el umbral y habló con paciencia a la hoja de la puerta:

- Escucha, cariño, no puedes seguir así. Te lo voy a decir una vez más: Déjame esto a mí y vete con tu bebé y tu marido. Huid. Dejad todo atrás. Empezad una nueva vida en algún encantador pueblecito de Canadá.

La mestiza oyó como su interlocutora se estaba esforzando por contener los hipidos, que ahora se confundían con el sonido del agua de la ducha. A la dura caza-recompensas británica (o al menos eso decía su pasaporte) también le estaba afectando tener que lidiar con una persona en un estado tan vulnerable. Estaba simpatizando con ella de una manera que nunca antes había hecho con nadie, ni siquiera con Alexis la temporada que estuvieron resolviendo casos en la agencia de detectives de Richard Castle. Hayley pensó que esto que estaba viviendo ahora era como tener una hermana, o al menos eso pensaba ella, porque nunca había tenido familia.

- Ya sé que hoy es un día difícil, hoy hace un año, lo recuerdo perfectamente, por eso te voy a dejar pasar esta. Sé que los echas de menos y también sé que si no haces lo que se te ha metido en esa dura cabezota que tienes, no vivirás tranquila, así que...¡Échale huevos o déjalo ya!

Los lloros cesaron de repente y Hayley asintió con satisfacción y el ceño fruncido.

- ¡Y no acapares el agua caliente, señorita finolis del Village!

Se oyó cerrar el grifo de la ducha inmediatamente. Entonces la mestiza se alejó mascullando algo entre dientes, para seguir recogiendo sus cosas. ¿Hermanas? Bueno, sí. Al fin y al cabo nadie dijo que fuese una relación de hermanas bien avenidas.


FIN MAYO 2017