2. Persecución sin perseguido y ¿malos entendidos?
- ¡Kira! ¡Kira! – corría Hisagi apurado con una revista en su mano.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué tanto apuro?
- ¡Mira! – le mostró la revista abierta en la página rosada de Chimentos. Los ojos de Kira se abrieron desmesuradamente y su quijada casi toca el suelo.
- ¡¿Q... qué demonios?
- No lo sé. Pero a Abarai lo mato... – dijo entre jadeos por la corrida de antes.
Ambos salieron como rayos hacia el Décimo Escuadrón, dónde esperaban encontrar al pervertido y mal a migo de Renji para matarlo, o tal vez torturarlo hasta morir, o sacarle las uñas con tenazas… Ya verían lo que le harían.
En la oficina del Comandante General Yamamoto, estaban Renji y Rangiku parados, sin mirarse ni dirigirse la palabra. En medio de ellos se encontraba sentado Toushirou, de brazos cruzados y con los ojos cerrados. Los tres esperaban al viejo. Los había citado para declarar acerca del incidente de la noche anterior, por el supuesto robo de la famosa cadena de la teniente. Tres fuertes "bip" indicaron que un mensaje de texto entró en el celular de Renji.
- Apaga esa maldita cosa – dijo furioso y con los dientes apretados el Capitán Hitsugaya, sin moverse ni un milímetro de su posición.
- Si, si, perdón Capitán – dijo nerviosamente Renji, quitándole el sonido al teléfono y leyendo el mensaje, mientras su cara se transformaba en un fuego incandescente.
"Soy Rukia. Te aviso que me estoy yendo al mundo humano a cumplir una misión especial con Ichigo, nos veremos a mi regreso."
- Maldito – susurró.
- ¿Qué dices? – le dijo Rangiku en el mismo tono que él empleó.
- Nada – susurrando también.
- ¡A callar los dos! – Toushiro estaba furioso realmente. Los dos tenientes volvieron a su anterior postura de soldado.
A los 15 minutos de esperar en absoluto silencio, el Comandante General Yamamoto apareció por la puerta de la derecha del despacho. Traía una cara más fruncida que la de costumbre, los dientes un tanto apretados y algo, que parecía haber sido en algún momento una revista, apretada con rabia en su mano izquierda. Miraba penetrantemente a Renji, como si algo estuviera terriblemente mal. Toushiro se paró y abrió los ojos. Los tres reverenciaron al viejo.
- Capitán de la Décima División, ¿qué fue lo que sucedió en la madrugada? – se notaba la rabia en la voz del viejo.
- Alguien entró al cuartel sin que nos diéramos cuenta y robó una de las pertenencias más importantes de mi teniente, Rangiku Matsumoto
- Entonces, ¿podría explicar esto? – dijo el viejo, poniendo sobre la mesa la arrugada revista, abierta en la famosa página rosada de chimentos. Señaló específicamente la foto de los "escandalosos".
Hisagi y Kira llegaron agitados al Décimo Escuadrón, pero los detuvo uno de los shinigamis de allí en la puerta.
- Señores, buenas tardes
- Hola, ¿está aquí el teniente Abarai?
- No señor, el teniente fue a una reunión muy importante y urgente con el Capitán y la Teniente Matsumoto al Primer Escuadrón.
- ¿Qué sucedió?
- Anoche robaron la cadena de la señorita Matsumoto – dijo acercándose otro shinigami.
- ¿De verdad? – dijo Kira interesado.
- Si, pero parece que eso no es todo – bajó el tono. – Se comenta que el teniente Abarai tiene algo con la Teniente Matsumoto – el tono que todos empleaban era el clásico de chismerío barato. Hisagi apretaba su puño. Kira lo tomó por el hombro y se miraron. Agradecieron a los shinigamis por la información y volvieron a la carrera, ahora no sólo era una foto en una ridícula nueva sección rosada, sino un chisme popular.
- ¡¿Qué significa esto? – repitió el comandante ante el silencio por parte de los tres que estaban petrificados frente a él. ¿Cómo era posible que estuviera aquella foto publicada en una revista? Y no era una "revistita" cualquiera, eran Los Comunicados del Seireitei. Ahora todos sabían lo que sucedió pero sin saberlo realmente.
- Et… toooo… No es lo que parece – dijo Matsumoto.
- ¿A no? Entonces… – el Comandante los miraba expectante.
- Es que la Teniente Matsumoto se dio cuenta del robo cuando había salido del baño. Ella gritó y yo entré a ver qué estaba sucediendo – dijo Renji apurado.
- Ah… ya veo – dijo irónicamente. - ¿Y el capitán Hitsugaya los ayudaba a buscar la cadenita?
- Señor, yo acudí en respuesta al grito que dio la Teniente. Cuando llegué ella estaba llorando semidesnuda
- Totalmente desnuda – lo corrigió el viejo, Toushiro se sonrojó.
- Ella estaba llorando y Abarai estaba parado frente a ella, sin hacer nada. Sólo estaban los dos uno frente a otro, mirándose. No sucedió nada – afirmó fríamente.
- Entonces, ¿podría explicarme cómo pudo alguien tomar semejante fotografía sin que se diera cuenta ninguno de ustedes tres y además, entrar en el escuadrón que supuestamente custodia el Teniente Abarai? – lo miró penetrantemente.
- Yo… ettooo… es que… estaba cansado… y…
- ¡¿No me digas que te dormiste? – le dijo incrédula Rangiku.
- Ejem… si… - dijo colocándose una mano tras la nuca.
Los dos persecutores estaban en la sala de estar del Primer Escuadrón, deliberando lo que deberían hacerle primero a Renji. Esperarían a que saliera de la "reunión urgente" para comenzar a castigarlo, sin siquiera escuchar su versión de los hechos. Ya habían oído, y hasta visto demasiado. Un golpe certero en el brazo de Kira logró desestabilizarlo.
- ¿Eh?
- ¿Y eso?
Un desenfrenado Kyoraku, con su gorro de paja medio ladeado y su capa caída del hombro derecho, jadeaba frente a ellos.
- ¿Dónde está el viejo? – dijo casi gritando.
- Está en una reunión con el Capitán Hitsugaia
- Gracias – dijo mientras seguía corriendo.
- ¿Y a ese qué le pasa?
- Por lo visto el teniente no está calificado para vigilar. Tendremos que - el viejo estaba rabioso, tenía que hacer algo con ese maldito teniente pelirrojo. No podía quedarse dormido y menos abusar de una indefensa dama recién atacada por un ladrón.
Un portazo detuvo la "sentencia" del viejo, para la tranquilidad momentánea de Renji, que ya había comenzado a transpirar. Shunsui tenía los ojos salidos de sus órbitas y su cabello más desarreglado que de costumbre. Su gorro había caído al piso y su capa rosada también.
- ¿Qué sucede, Capitán? – dijo de mala manera y muy enojado Yamamoto.
- Es que… no entiende… ¡Nadie entiende! ¿Por qué tenía que suceder?
- Explíquese
- Es que… ¿usted autorizó a que los capitanes intervinieran?
- ¿Intervinieran?
- ¿No eran los tenientes los que deberían escoltar y vigilar?
- Si, Capitán. Pero no entiendo su intromisión en mi oficina de esta manera tan escandalosa, interrumpiendo mi amable conversación con el capitán y los tenientes
- Es que… ella. ¡NO! – se arrodilló mientras lágrimas salían por sus ojos enfurecidos.
- ¿Qué sucede, Capitán? – el viejo estaba demasiado irritado.
- ¡Nanao-chan! ¿Por qué con ese? Si yo estaba cerca. ¡Yo te habría ayudado con gusto! ¡¿Por qué Nanao-chan?
