ADVERTENCIA: Esto es un fic AU, que se desprende de los personajes de «Guerra». Es una continuación que sostiene todo lo que se narra en esa historia y supone que la Orden del Fénix ganó y nadie murió.
Esta es una historia de negación.
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Paz
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2. Convivencia
f. Vida en común con una o varias personas.
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06 de Abril de 1984
Marlenne se sentó en la cocina, con las rodillas muy juntas y la taza de café en las manos.
Todavía era temprano.
Sirius dormía en la habitación, y posiblemente no despertara hasta mucho más tarde. Sin embargo, a pesar de que la semana había sido agotadora, había cosas que Mar no se había podido raspar de la piel, y el insomnio era una de ellas.
Había terminado por firmar el contrato con San Mungo poco después del cumpleaños de James. Aunque Sirius le había puesto mala cara cuando ella se negó a que la acompañaran, Mar había sido tajante.
Su tiempo fuera y lejos le había ofrecido el sabor de una vida largamente pospuesta, sin ataduras, y una vez que había probado la idea de libertad, ya no tenía ninguna intención de dejarla ir. Ni siquiera por Sirius.
Al final, lo habían resuelto como siempre. A pesar de que debería estar enojada con él, el eco de las empolvadas discusiones y los arrebatos de excitación la habían golpeado con más fuerza que nunca y se había rendido a que Sirius siempre la hiciera sentir de esa manera.
Aquella mañana, acababa de cumplir su primera guardia de tres días. Sorpresivamente, Sirius se había comportado casi como un ser humano normal; tanto, que Mar hasta había barajado la posibilidad de que el tiempo que habían pasado separados también hubiese hecho mella en él de alguna manera.
La había acompañado a almorzar cada día. Sirius tenía una cantidad inaudita de tiempo libre pues su trabajo era muy flexible y para nada demandante. Había podido escaparse a ver a Harry al menos una vez y había regresado con un montón de estupideces para contar y exasperarla.
Había regresado a casa, cansada luego de la larga guardia, para encontrarlo desnudo en su cama, leyendo una revista.
—Hasta que apareces, ¿verdad?
La noche había terminado mucho más tarde.
Por eso Mar sabía que Sirius no despertaría hasta dentro de un largo rato. Aprovechó para tomarse el café, darse una larga ducha caliente y ordenar un poco el desastre que había ocasionado el terremoto de Sirius solo una semana allí.
Empezaba a darle hambre —una sensación que seguía sin acostumbrarse— cuando tocaron el timbre de la puerta, haciendo eco en toda la sala.
No esperaba a nadie.
Se acomodó un poco el flequillo, y resignada, se levantó a abrir sin molestarse en mirar, suponiendo que sería Lily.
Se quedó de piedra al ver que Dorcas estaba un poco inclinada, con una sonrisa peligrosa y las manos juntas detrás de la espalda, mientras Benji no trataba de disimular su mueca de hastío.
—Así que es cierto que te quedaste aquí —canturreó la joven, sin aguardar invitación para pasar. Mar sostuvo la puerta, estupefacta.
—Lo lamento mucho —musitó Benji, suspirando. —Quise detenerla, pero ya sabes cómo se pone y...
—¡Pero qué bonito lugar! —exclamó Dorcas desde la sala, provocando una nueva expresión resignada en el rubio. —De seguro no lo decoraste tu, ¿verdad, Marlenne?
—Intentaré que sea breve, lo juro —le prometió entonces Benji a Mar, antes de ayudarla a cerrar.
Aturdida, la chica vio cómó Dorcas se paseaba por todo el sitio, curioseando muy atenta.
—¿Qué... qué hacen aquí? —alcanzó a preguntar Mar, parpadeando hacia los recién llegados. Benji se encogió de hombros antes de meterse las manos en los bolsillos.
—Tenía que ver para creer esto —sonrió Dorcas, echándose hacia atrás el largo cabello lustroso. Los años no habían cambiado nada su apariencia, ni su poderosa actitud. Sin atención suficiente, casi no se notaba el cojeo de su pierna y parecía que la chica había superado por completo su problema.
Claro que, herida y todo, seguía siendo despampanante, dolorosamente atractiva. Mucho más que Mar.
—¿Qué...? —la pregunta ronca de Sirius quedó cortada porque el chico, bostezando y rascándose la cabeza, alcanzó la sala para darse cuenta de que había mucha más gente de la que esperaba.
Estaba desnudo.
—Bueno... —balbuceó Dorcas, conteniendo la risa, mientras Benji se pinzaba el puente de la nariz. —Parece que no te han quitado lo tuyo, ¿eh, Sirius? —comentó, carcajéandose al fin, mientras sus ojos se deslizaban sugerentemente hacia su miembro.
Mar se armó de una paciencia que no tenía.
—Vístete, imbécil —se le adelantó Benji, negando con la cabeza. Dorcas ahogó una risita contra la palma mientras Sirius terminaba de despertar y pillaba lo que estaba ocurriendo.
—¿La comparación sigue doliéndote, Fenwick? —canturreó de inmediato, plantándose bien con los talones en el suelo. Dorcas rió más fuerte.
—Sirius —advirtió Mar en tono monocorde, sin mirarlo. Él sonrió, muy pagado de sí mismo, una última vez, antes de hacer una venia militar y volver a la habitación a buscarse ropa.
Dorcas intentó controlarse, girándose hacia la chica que procuraba mantener la calma.
—¿Así que en verdad están viviendo juntos? —inquirió, todavía divertida por la sorpresiva llegada del joven. —Es un paso muy importante, ¿no creen?
—Llevo en Londres menos de un mes —dijo Mar sin inflexión alguna, haciendo un gesto de desestimación. —Creo que es muy pronto para afirmarlo.
Benji quiso hablar, sobre todo para detener el torrente de comentarios insidiosos que Dor tenía en la punta de la lengua, pero Sirius volvió a aparecer, con una enorme sonrisa y los pantalones a medio abrochar.
—No sabía que vendrían —soltó, acomodándose la camiseta. —¿Qué hacen aquí?
—Visitar a nuestros viejos colegas, ¿verdad? —respondió de inmediato Dorcas, encantada. —Hace tiempo que no te veía, Sirius, estás hecho un ermitaño.
—Estuve ocupado, ¿no, Mar?
La aludida resopló, oliendo la tormenta. El tiempo que había pasado también le había enseñado a desprenderse de lo que no le interesaba. Benji la captó de inmediato.
—Ven, deja a los trogloditas —la conminó, haciendo una seña hacia la cocina. —Si Dorcas fuese hombre, estarían haciendo una pelea de pollas.
—¿Disculpa? —chilló ella, ahogada por el ladrido en forma de carcajada de Sirius.
—¿Quieres café? Me gustaría oír sobre tus viajes —Benji ignoró deliberadamente a Dorcas, dándole la espalda y yendo con Mar hacia la cocina. —No pudimos hablar demasiado durante el cumpleaños de James.
—¡Oigan!
El portazo volvió a ahogar la exclamación de Dorcas, que se quedó boquiabierta.
—Bueno, no voy a decir que no te lo mereces —comentó Sirius, enarcando una ceja. El efecto quedaba deslucido por su sonrisa divertida. —Pero me importa una mierda que Benji se traiga lo que sea que tengan entre ustedes, no pienso permitir que se encierre con Mar allí, así que si me disculpas...
—¿Todavía estás celoso de él? —se mofó Dorcas, desesperada por recuperar un poco de dignidad. —Eso es absurdo, ya sabes.
—No tanto como que sigas metiéndote con Mar —contraatacó Sirius, esta vez con las dos cejas levantadas. Ella lo fulminó con la mirada.
—Claro que no lo hago. Es solo una broma.
El joven no le creyó ni un poco.
—Tu carácter de mierda no cambia ni viviendo con Benji —fingió lamentarse, mientras daba con un cigarro de sus bolsillos.
—Tampoco el tuyo —terció ella, provocativa, haciéndole una seña.
A la vez, abrieron la puerta de la cocina, esperando una exagerada reacción que no llegó.
Ni Mar ni Benji se inmutaron, sirviendo café con increíble parsimonia.
—¿Ya se calmaron? —preguntó el rubio, echándole azúcar a su taza.
—Ya decidimos que mi polla es más grande, sí —decretó Sirius antes de desplomarse en una silla, en diagonal al chico. —Gracias por preguntar.
Dorcas se rió y se acomodó junto a Benji.
—Mar estuvo en China —informó él, ignorando por completo el comentario desubicado, intentando llamar la atención de la chica a su lado. —Estudiando medimagia oriental.
—Eso se oye fascinante —declaró de manera exagerada Dorcas, observando a Mar. Le sorprendió notar que ella le sostenía la mirada, por debajo del flequillo. —¿Fuiste con un equipo?
A la aludida le soprendió el interés, pero no encontró excusa para no responder.
—Sí.
—¿De ingleses?
—Sí, también norteamericanos.
—Vaya, toda una fiesta. ¿Se lo montaron en la Muralla?
Mar estaba demasiado acostumbrada a eso, llevaba lidiando con Sirius una eternidad.
—No.
—Qué aburrido.
—Por lo que sé, también tu te has vuelto aburrida, ¿verdad? —lanzó Sirius, dispuesto a darle un respiro a la chica. Mar suspiró antes de tomar su taza y sentarse a su lado.
—Jamás.
—Eres un Auror profesional y te acuestas solo con un hombre —siguió pinchándola él, atento, de soslayo, a la reacción de Benji. —¿No te parece...?
—Algunos maduramos, Sirius —lo interrumpió el rubio encogiéndose de hombros. —Es un privilegio al que no todos pueden acceder.
—¿Verdad? —se mofó el muchacho, sin ceder un ápice. —Pues yo sigo echando polvos en las oficinas de San Mungo, prefiero eso a madurar.
—Sirius, solo cállate —pidió Mar en voz baja, disculpándose con la mirada hacia Benji.
—Soy sincero con nuestras visitas.
—Eres un guarro —terció Dorcas, carcajeándose. —Nunca supe cómo le llevas el ritmo.
—Ni nunca lo sabrás —completó Sirius, haciendo una mueca sugerente antes de pasarle el brazo por los hombros a la chica para atraerla hacia sí. Apabullada, Mar intentó quitárselo de encima.
Al final, lograron mantener una conversación más o menos controlada, a pesar de las pullas en todas direcciones y las indirectas demasiado claras. Mar apenas medió palabra pero, aún así, el café volvió a evaporarse de su taza y en algún momento, sin que se diera cuenta, se vio a sí misma rodeada de la vida normal que siempre había deseado.
Con Sirius.
Benji consiguió arrastrar a Dorcas fuera antes de que quisiera quedarse a almorzar. Sirius se hizo el idiota, fingiendo escoltarla a la puerta como un mayordomo, mientras el rubio sonreía sincero hacia Mar.
—Lo siento —se disculpó por última vez. —Te ves muy bien —aseguró, con esa honestidad sin diluir. —¿Eres feliz?
—Eso voy tratando.
—Cuídate —pidió Benji, en voz baja.
—Tu igual —el joven estaba por seguir los pasos de Dorcas cuando la voz de Mar lo detuvo. —¿Y tu eres feliz?
—¿Te refieres a ella? —inquirió el aludido, desviando la mirada hacia donde Dorcas se reía bajito de algo que Sirius le susurraba al oído. Mar asintió. —Es una pesadilla —sonrió. —Pero sí. La quiero.
La joven pudo entenderlo. Hizo una seña con la cabeza, despidiéndose.
—Juntémonos alguna otra vez, ¿de acuerdo? Sin los trogloditas.
—Sí, claro.
En la puerta, Dorcas se sujetaba el estómago para intentar dejar de reír.
—Ya déjalo —le pidió a Sirius, con lágrimas en los ojos. —Aunque no lo parezca, en verdad... en verdad lo quiero.
—Pero eso ya lo sabía desde hacía años —se carcajeó el joven en voz baja. —Tal vez antes que tu.
—No sé por qué lo hago, ¿vale? —se impacientó ella, haciendo una mueca. —Es aburrido, serio, y quisiera ahorcarlo la mitad del tiempo.
—Sí, sé lo que se siente.
—Pero si no está ahí, pues... Con él puedo dormir tranquila.
—Se llama ser feliz, Dor —sonrió Sirius, esta vez sin mofa en la mirada. —Sin guerra.
—Bueno... —lo imitó la chica, estirando las comisuras. —Parece que la guerra ahora está dentro de casa. Ya sé que tengo un carácter de mierda, pero no podemos dejar de pelear. Contigo era más fácil.
—También sé a lo que te refieres —confesó Sirius, cómplice. —Bueno, cuando quieras tomar una cerveza...
—Claro. Adoro ver cómo Benji intenta disimular que está celoso.
—Al final solo me utilizas para tus sucios planes —intentó reprenderla, frunciendo la nariz. Dorcas se carcajeó.
—El sucio aquí eres tu.
—Vámonos de una vez —pidió Benji, llegando desde atrás. —Ya has hecho suficiente desastre.
Esbozando su mejor sonrisa angelical, Dorcas asintió y, buscando por un segundo a Mar con la mirada, sonrió más y se levantó sobre sus puntas para saludar a Sirius con un beso en los labios.
Benji suspiró y la llevó del brazo para marcharse.
Sirius se carcajeó cuando la chica giró el rostro para captar su atención y pronunciar lentamente.
«Te lo dije.»
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¡Hola a todos otra vez!
Primero que nada, y aunque las mayúsculas no alcancen, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO EL APOYO A ESTE PROYECTO.
Estoy alucinada, de verdad. Aunque vengo delineando hace un tiempo ya la idea, estaba muy nerviosa porque no me gusta dejarme llevar por impulsos cuando se trata de historias más largas como esta, y además, seamos sinceros: básicamente estoy escribiendo un fic sobre mi fic, y eso es ridículo. Así que no pensaba que esto tuviese mucha repercusión, más bien había empezado a publicar casi como una muestra de cariño a la historia y no por buscar en verdad que nadie me leyera.
Estoy contentísima. No puedo dejar de agradecerles porque me llenan de emoción y, como les digo siempre, hacen que quiera ser más grande solo para merecerlos.
Aquí les traigo otra escena de esta locura que estamos comenzando. Como ven, no será algo de proporciones exageradas como Guerra, intento mantenerlo bajo control y con capítulos cortos, casi viñetas. Aún no estimé realmente cuanto llevará, pero prometo que no será muy largo.
Esta vez quería presentar la otra pareja estelar, porque aunque todos en Guerra merecían muchísimo más de lo que el destino les tiene preparados, creo que luego de Sirius y Mar, las vidas de Dor y Benji fueron de las más injustas.
Como siempre, no pude dejar de mantener la esencia que tienen como personajes, y me divertí muchísimo imaginando esto. Creo que no les comenté, pero esto tendrá sutiles spoilers y referencias a la historia principal, lógicamente. Tal vez no todo lo que diga acá haya pasado en Guerra, pero no teman, llegará pronto. Ojalá les haya gustado.
Estoy considerando que Paz tenga una frecuencia semanal, como Guerra, pero claro que voy a priorizar el segundo. De momento estimo que será los martes, pero iremos viendo. Como siempre, pueden mantenerse al tanto de las actualizaciones en Twitter o en Facebook, me buscan como Ceci Tonks y listo.
No puedo dejar de señalar a mis cuatro musas, que están las veinticuatro horas del día escuchando mis ideas y compartiendo headcanons y fotos y videos y la vida misma. Son todo.
Es todo. Los quiero demasiado, de verdad.
Y si llegaste hasta aquí un océano infinito de gratitud,
Ceci Tonks.
