Mycroft:

Es verano, y el aire en mi pequeño dormitorio de la infancia es grueso y aferrado; la ventana está entreabierta con la esperanza de engatusar alguna pobre, pálida brisa, pero el aire me continúa decepcionando. Estoy de espaldas, las mantas cuidadosamente dobladas a mis pies y mi pijama envuelto sobre la silla por la ventana. Mamá consideraría esto incorrecto, tendido en mi cama solo en mis (algodón, aunque prefiero la sensación de la seda) calzoncillos, pero lo que Mamá no sabe no la puede herir.

La puerta no cruje cuando se abre, pero siento el aire removerse e instantáneamente me siento. No necesitaba hacerlo, realmente; incluso sin ver la enjuta silueta en el umbral de la puerta podía haber sabido quien era. "Vete," siseo, cayendo contra mi almohada mientras la puerta se cierra tranquilamente.

"No puedo dormir," Sherlock masculla. Puedo oír la piel de sus pies besando los pisos de madera dura mientras avanza de puntillas hacia mi cama. Sobre sus manos y rodillas, se arrastra desde el fondo de mi cama (perturbando mi ordenada pila de ropa de cama) y cae de estómago a mi lado, sus extremidades separadas.

Fingiendo un bostezo, murmuro, "Difícilmente veo cómo tu insomnio es algo de mi preocupación."

"De cualquier forma, no estás durmiendo," dice Sherlock, y mi silencio es mi concesión. Me pongo de lado y lo acompaño en la oscuridad, la débil luz de las estrellas a penas destacan sus bizarras y hermosas facciones. Se da vuelta, apretando su rostro contra la almohada, y puedo a penas escucharle cuando canturrea: "No me estás hablando."

"Disparates." Dejo mi mirada volver a la ventana abierta. "He hablando contigo bastantes veces desde mi regreso."

"Sabes a qué me refiero," dijo bruscamente, y yo lo sé. Con menos veneno, dice, "es por lo que pasó durante vacaciones de Navidad." Esto también es verdad, así que lo dejé recostarse. Por un largo rato, estamos tranquilos, los únicos ruidos eran hechos por los grillos en el jardín. Eventualmente, suspira y dice, "¿estás conciente de que eres una de las personas más terriblemente aburridas que he tenido la desgracia de conocer? He estado espiándote desde que llegaste a casa, y no has hecho ni una cosa interesante excepto comer muchos postres y adular a Mamá."

"Seguramente," digo, deslizando mi mano a la espalda de Sherlock, así puedo correr mi pulgar a lo largo de las protuberancias de su columna vertebral, "hay mejores formas en las que podrías emplear tu tiempo. Podrías estar avanzando tus estudios-" él se burla, el imbécil arrogante, "-o asistir a esa escuela de violín que Mamá sigue mencionando con tanto entusiasmo."

Esto lo toma por sorpresa. "Cómo-" Se detiene, sus ojos se cierran involuntariamente. "Oh. Por supuesto. Estúpido. Has interceptado el comedor."

"Obvio. ¿Puedes adivinar qué otras habitaciones he interceptado?"

Los ojos se Sherlock se abrieron en sorpresa, pero está sonriendo. "Déjame pensar. ¿La biblioteca?"

"Naturalmente." Sonreí.

"El hall de entrada, eso es un hecho."

"Mmm."

"¿La oficina de Papá?"

"No, no," digo, deslizando mi mano hacia su cadera. "Nadie va ahí excepto las criadas; inservible."

"Está bien." Sherlock muerde su labio, considerando. "¿El conservatorio?"

"Innecesario."

"Pero sí el salón, presumo."

"Sí."

Sonrió satisfecho. "Y mi habitación."

"Claramente." Es mi turno para sonreír satisfecho. "Pero descubriste eso hace meses. Qué narcisista de tu parte, querido hermano, para asumir que la tuya era la única habitación que me gustaría observar secretamente."

Sherlock empuja mi mano, y me sorprendo de que me haya dejado tocarlo por tanto tiempo. Se pone de lado, llevando sus huesudas rodillas hacia su pecho, y dice, "Mycroft, ¿cómo es el sexo?"

Estoy lo suficientemente bien familiarizado con sus incongruencias que me detengo solo a considerar. "Básico, pero necesario," decido al final. "Los impulsos biológicos lo requieren. Pero el acto es mejor hecho con un asistente pagado, de lo contrario podría ser recompensado con desordenadas consecuencias emocionales."

"A una puta, te refieres," dice y yo asiento con la cabeza. "¿Hombre o mujer?"

Levanto una ceja. "Sabes la respuesta a eso, Sherlock. ¿O te has vuelto flojo con tus deducciones?"

"Oh, lo sé," bromea felizmente. "Solo quiero escucharte decirlo. Nadie más me responderá francamente como tú lo haces. Están asustados, supongo."

"O avergonzados. Es considerado grosero preguntar ese tipo de cosas, por supuesto."

"Aburrido." Sherlock se apoya en su codo y me considera por un momento. "¿Haces sodomía?"

"Por supuesto." Repentinamente estoy molesto con esta conversación y la insípida obsesión de mi hermano con mi vida sexual, así que digo, "tu falta de preferencia, en referencia al género, es para tu beneficio, por lo menos."

Sherlock parece inmensamente complacido de que haya notado este pequeño detalle sobre él, y dirige sus delgados dedos a lo largo de mi brazo. "¿Qué le dirás a Mamá cuando ella espere que te cases?"

"Sospecho que diría, 'Sí, gracias Mamá, los arreglos han sido hechos,' o algo similar," sonrío. "Y luego me casaré con la mujer que elija a los dieciocho años. Pero eso no será por otros, oh," suspiro y considero, "seis años, ocho meses. He imaginado una boda en primavera, pero Mamá quizá tenga otros planes."

"¿Estás ya comprometido?"

"No en público, no." Tomo su mano y siento el camino de cada uno de sus nudillos. "Pero trabajé con Mamá para llegar a un acuerdo apropiado hace mucho tiempo. No dejaría una cosa así al azar. Y en tres años, cuando tengas dieciocho, te buscaremos una tímida novia también. Aunque sospecho que pospondremos tu matrimonio hasta que tengas treinta, por lo menos. En mi estimación, te llevará más tiempo 'sembrar tu avena salvaje' (referido a tener sexo con diferentes mujeres), por así decirlo."

"¡Estás loco!" Sherlock ríe quitando su mano de la mía, llevándosela a su salvaje cabello. "Nunca me voy a casar."

"Lo harás. Es la cosa correcta que hacer." Seriamente, añado, "Mamá y yo permitimos tus excentricidades hasta cierto punto, pero nunca hará para mi carrera tenerte corriendo tan descuidadamente y sin ley a tu propio gusto. Después de la universidad, te darán un cierto periodo de tiempo en el cual harás lo que quieras, pero tendrás que ponerte en forma cuando te lo digan."

Sherlock se sienta, sus ojos brillando en la débil luz. "Honestamente piensas que puedes controlarme," susurra incrédula y divertidamente.

Sacudo mi cabeza y juego con su rodilla. "Sé que puedo."

En un abrir y cerrar de ojos, Sherlock está sentado sobre mi, sus manos en mi estómago. Baja su cabeza y susurra, con sus labios casi rozando los míos, "estás absolutamente loco." Y luego su boca está en la mía, el beso profundo, húmedo y claramente novato

"Sherlock," gimo de una forma que suponía ser desalentadora, pero mi punto se pierde en el agarre que deja blancos los nudillos de mis manos en sus caderas que lentamente se mueven circularmente. Es vergonzosa y tosca la manera en que estoy jadeando (y la forma en que mis caderas están repentinamente se levantan en su propia armonía, mi erección palpitando horriblemente) y Sherlock claramente se da cuenta. Mueve su lengua por mis labios y hace pequeños y profundos sonidos desde la garganta que vibran a través de mí dolorosamente. Cuando me vengo (y me vengo, rápidamente y con una intensidad de la que no estaba enterado que poseía) él ríe, bajo y hambriento, y arrastra besos a lo largo de mi oreja. Presiono mi boca en la húmeda piel blanca de su cuello y respiro en él, mis dedos tortuosamente llegan a sus húmedos rulos negros.

"Ves," susurra, aún balanceándose lentamente en mi regazo. "No me puedes controlar en lo absoluto. Pero he descubierto tu punto débil, ¿no?"

Lo había hecho, ya poseía el conocimiento de aquello, pero no quiero pensar sobre ello. En vez de eso beso sus clavículas cuidadosamente y suspiro."Eres un horriblemente mal besador."

Esto provoca otra profunda y oscura risa de parte de Sherlock, y se levanta para poder mirarme a los ojos. Sonriendo, arrastra las palabras, "entonces enséñame."