Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes pertenecen a Jk Rowling.

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ENGAÑOS

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The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*·º·*·º·*

*Justificando la categoría, hay escenas de contenido fuerte xD

*º*º*º

—Puede besar a la novia.

Harry se giró hacia su ahora esposa con una expresión llena de dicha, sus ojos bailaron detrás de sus lentes con alegría y adoración, deleitándose con lo hermosa que lucía en ese elegante vestido —de ceñido corte recto, cuello redondo y tirantes delgados, confeccionado en encaje con un toque de cristales con algunos holanes en su cauda—. Contra todo, al final habían logrado unirse, venciendo todos sus temores y fantasmas, amándose cada día más.

Subió la mano acariciando suavemente su mejilla, la sonrisa que florecía en sus labios rosados, le infló el corazón de felicidad. La atrajo hacia él, rodeándola por la cintura y sin perder ni un segundo más, unió sus bocas en un largo beso, cargado de emociones y sentimientos.

La explosión de aplausos no se hizo esperar, unida a toda clase de exclamaciones de alegría por parte de sus familiares y amigos, acompañadas de varios flashes, sin duda era un momento que debía eternizarse con una imagen que reflejara la alegría que los novios estaban viviendo. Aunque claro, siempre había periodistas amarillistas que sólo querían sacar una nota jugosa, después de todo no siempre se podía tomar la foto de la boda del salvador del mundo mágico.

Tanto Harry como Hermione, habían evitado a toda costa que la información saliera a la luz, pero como siempre esos se salían con la suya y la noticia se había desperdigado como pólvora por todo el mundo mágico.

Y a pesar de que su deseo había sido una pequeña boda, íntima, no había resultado del todo así.

El lugar que enmarcaba tan sublime enlace, era nada más y nada menos que el Bosque de Dean, un lugar lleno de magia, pero también de memorias y momentos que habían marcado sus vidas.

En el tiempo que habían estado en aquel lugar solos, con miles de dificultades, mismas que los había llevado a unirse más, habían estado al borde de cruzar la línea de la amistad, pero en ese entonces ambos estaban enamorados de distintas personas y eso había evitado que ambos terminaran en lo que tenían ahora: un gran amor.

*º*º*º

Hermione disfrutó cada bendito segundo de ese ósculo, olvidándose del resto del mundo, llevó sus manos alrededor del cuello de su esposo, entregándose por completo a las maravillosas sensaciones, que le brindaban los labios de Harry al moverse de una forma perfectamente coordinada con los suyos, como si se tratase de un coreografía que habían practicado por siglos y que aún seguía siendo tan electrizante y perfecta como su primer beso.

Finalmente se separaron con las respiraciones ligeramente afectadas, Hermione tenía un hermoso sonrojo esparcido por su nariz y sus mejillas, cuando sus miradas se encontraron, se sonrieron como sólo dos enamorados pueden hacerlo.

Él estrechó su abrazo, deseando permanecer junto a ella un instante más, respiró el perfume de su cuello, dejando que su nariz rozara intencionalmente su piel, hasta llegar a su oído, donde le susurró: «Te amo».

Un escalofrió delicioso la recorrió, su corazón se desbordó de emoción. —Te amo demasiado…—repuso en un murmullo con una hermosa sonrisa ondulando sus labios demostrando cuán feliz era.

Se giraron con las manos entrelazadas, para observar a sus familiares, amigos y demás invitados.

Los llenaron de abrazos y felicitaciones, logrando alejarlos por momentos, pero nunca el suficiente tiempo para echarse de menos y aún separados no dejaron de intercambiar miradas y sonrisas cómplices, comunicándose en silencio. Manteniendo esa conexión que siempre habían tenido.

*º*º*º

Una pequeña mesa redonda encabezaba el lugar, adornada con un mantel de alta costura blanco, un sencillo pero hermoso arreglo de flores blancas. A su izquierda y a su derecha se encontraban el resto de las mesas repartidas entre el follaje del bosque, dejando así un amplio espacio que había sido adaptado para la pista de baile.

El discurso de los padrinos —Ron y Luna—, había sido realmente conmovedor. Ronald no se había alargado demasiado, no sólo por los nervios que lo traicionaban de vez en cuando, si no porque nunca había sido muy bueno hablando de temas serios y frente a tanta gente, había necesitado de un poco de ayuda de su padre y sus hermanos, pero a pesar de todo, sus palabras les habían llegado al corazón a Hermione y Harry.

«A pesar de los peligros a los que nos enfrentamos en estos años, estamos aquí, juntos celebrando su unión y no conozco a nadie que merezca ser más feliz que ustedes…».

Mientras que Luna los había hecho reír con sus comentarios, que incluían hadas y demás criaturas del Bosque de Dean, pero al final les había deseado mucha felicidad, misma que ellos habían agradecido cuando ella se había acercado a abrazarlos.

El banquete había sido exquisito, los elfos que lo habían llevado acabo habían sido bastante esplendidos, los habían llenado de toda clase de platillos.

*º*º*º

Hermione buscó la mano de su esposo por debajo de la mesa, sorprendiéndolo ligeramente. Él se giró esbozando una suave sonrisa, dejó aún lado la copa de la cual estaba bebiendo para depositar un corto beso en sus labios.

—Estás nervioso —dijo, no era una pregunta, era una afirmación. Sentía su mano ligeramente humedecida.

—No.

—No tenemos que hacerlo.

—Quiero hacerlo—aseguró llevándose su mano a la boca, besando su dorso cerca de donde se encontraba su anillo de boda.

—No tenemos que seguir las tradiciones al pie de la letra.

—En verdad quiero bailar contigo.

Los ojos de Hermione brillaron de alegría, deshizo su agarre para tomar el rostro de su esposo, que la miraba ligeramente sorprendido, sus ojos se cerraron conforme se inclinaba hacia él, capturó sus labios en suave beso, llenó de cariño.

Harry respondió casi al instante, acoplándose al roce de sus labios que desataban en él una fuerte lluvia de sensaciones que agitaban su corazón. Duraron varios minutos así, olvidándose del resto del mundo, intoxicándose el uno en el otro, hasta que fue inevitable separarse.

Unieron sus frentes buscando recuperar el aliento perdido, ella deslizó sus manos hasta su cuello, mientras él depositaba un beso cariñoso en su nariz.

*º*º*º

Hermione apretó su mano, buscando tranquilizarlo, mientras caminaban entre la alfombra de flores hasta la pista.

—Lo siento —profirió al estar uno frente al otro, listos para el baile.

—¿Por qué? —preguntó confundida.

—Por si me equivoco o te llego a pisar…

Ella negó con su cabeza y le sonrió de manera encantadora. —Te amo y no me importara si lo haces.

Así fue como las primeras notas de *Everything, inundaron el lugar. Harry aferró su mano al talle de Hermione, mientras entrelazaban sus manos, respiró profusamente y dejó que ella lo guiará, era mucho más fácil a que él lo hiciera.

«Find me here and speak to me, I want to feel you…I need to hear you, you're the light that is leading me to the place where I find peace again, you're the strength that keeps me walking, you're the hope that keeps me trusting, you're the life to my soul, you' re my purpose, you're everything…».

«Encuéntrame aquí y háblame, quiero sentirte…. necesito escucharte, tu eres la luz que me guía al lugar donde encontraré de nuevo la paz, la fuerza que me mantiene caminando, la esperanza que me mantiene creyendo, la vida para mi alma, mi propósito, tu eres todo…».

Harry se fue relajando con el paso de los segundos escuchando la melodía, sintiéndose identificado con cada palabra, meciéndose suavemente fue cerrando la distancia entre sus cuerpos, olvidándose de la multitud que los miraba fijamente.

—Tal vez si debí utilizar un hechizo como sugirió George…

—Eso si hubiese sido un desastre… —señaló con una pequeña sonrisa al imaginarse lo que habría podido suceder.

—¿Crees qué no hubiera funcionado? Tal vez me hubiera vuelto un experto bailarín.

—Te prefiero así, no necesito que mi esposo sea un experto bailarín, sólo necesito que sea él mismo y que me ame…

—No necesitas pedirlo, ya lo hago.

Hermione suspiró inevitablemente, perdiéndose en aquellos ojos esmeralda que relucían detrás de sus lentes. Amaba todo de él, como jamás pensó que lo haría, al final él haber sido engañados había tenido su recompensa.

«You calm the storms, you give me rest, you hold me in your hands, you wont let me fall, you steal my heart and you take my breath away. Would you take me in? Would you take me deeper now?».

«Tu calmas las tormentas, me das el descanso, me sostienes en tus manos, no me dejarás caer, me robas el corazón y te llevas mi aliento. ¿Acaso me dejarás entrar? ¿Acaso me llevaras más profundo ahora?».

Harry besó su frente, miró al cielo estrellado agradecido de estar vivo. Sus ojos se anegaron de lágrimas al pensar en sus padres, en su padrino, en Remus, en todas las personas que hubiera deseado que compartieran con él este momento.

—¿Qué pasa? —preguntó al notar la melancolía que bañaba su rostro.

—Pensaba en todas las personas que no están aquí…

Separó su mano del hombro de Harry para acariciar su mejilla. —Ellos están aquí, siempre están contigo… aquí—dijo señalando su corazón.

Una débil sonrisa apareció en sus labios, ella siempre tenía las palabras correctas que lo hacían sentir mejor.

«You're all I want, you're all I need, you're everything, everything…».

«Tu eres todo lo que quiero, tu eres todo lo que necesito, tu eres todo, todo…».

Hermione se acomodó en su pecho, mientras él recargaba su rostro en la coronilla de su cabeza.

*º*º*º

—Hacen tan linda pareja… —señaló Katie.

—Siempre supe que terminarían juntos —murmuró Padma.

Ginevra sentada al lado de su atractivo esposo, no pudo dejar de oír aquellos comentarios. Regresó su mirada a la feliz pareja, percibiendo cada detalle, la forma en que se miraban, en que se sonreían, en que se susurraban al oído y buscaban más contacto entre sí, con caricias discretas.

En realidad no la había conmocionado el hecho de que ellos terminaran saliendo y que aquello terminara en una boda. Desde siempre había notado la intimidad y complicidad con la que se trataban, todos esos años en Hogwarts y aún después cuando había retomado su relación con Harry, se había sentido echa a un lado, celosa, insegura, pero había sido todo eso, lo que la había orillado a los brazos del hombre con el que se encontraba casada.

Al verlos juntos no podía más que sentirse ciertamente aliviada, después de cómo habían terminado. El gusanito de la culpa y la pesadez del remordimiento solían perseguirla como un fantasma, pero por fin podía descansar y sentirse en paz con ellos y sobre todo con ella misma.

A su lado Draco bebía un largo trago de su copa, mirando de reojo a su esposa, notando que no perdía detalle del espectáculo frente a ellos, casi parecía que anhelaba ser la protagonista. No, eso no podía ser, una sensación espinosa lo recorrió, acompañada de una inusitada oleada de furia.

El monstruo de los celos clavó sus afiladas garras en su interior, sin que pudiera evitarlo.

En el pasado cuando aún era un soltero codiciado, jamás le había temido al fantasma de los ex novios, porque era más que obvio que él era infinitamente mejor que cualquiera que hubiesen tenido sus novias, amiguitas y demás. El problema era que con Gienvra todo había sido distinto, no estaban hablando de cualquier hombre si no del salvador del mundo mágico, el primer amor de su esposa y hasta hacia unos años su némesis.

Era innegable que al final, él se había quedado con Ginevra, pero algunas veces lo asaltaba la maldita duda de si realmente ella había dejado atrás a San Potter.

La forma en que habían terminado juntos, no había sido precisamente la ideal. Si ese día Hermione no los hubiera descubierto, quizás sus vidas fueran totalmente distintas y eso lo llevaba a pensar en si su esposa se habría atrevido a dejar a Potter por él.

—¿Quisieras estar en su lugar?

Ginny giró su rostro de una forma un tanto brusca, un tanto sorprendida por la pregunta, enarcó su ceja ante el tono celoso de su esposo. Pasó su mirada por su semblante siempre tan impasible, lo único que lo delataba era el brillo peligroso que habían adquirido sus pupilas.

—¿Y tú? —respondió retadora, alzando ligeramente su mentón.

Draco sonrió socarronamente, no había llegado el día en el que ella no le diera batalla con aquel carácter apasionado que poseía.

—No me has respondido.

—Tú tampoco.

Él la miró largamente haciendo que la tensión creciera, puso especial atención en cada uno de sus rasgos, en sus labios sensuales que lo invitaban a morderlos hasta dejarlos enrojecidos y finalmente en sus ojos tan brillantes, tan llenos de vida. No él no cambiaría nada de su vida marital, a pesar de no ser perfecta y estar llena de constantes duelos, al final del día no se veía ya sin Ginevra a su lado.

—Existe una razón por la que nunca fue la fecha adecuada para casarme con ella.

Ahora fue el turnó de Ginny de sonreír concienzudamente, sabía que era la respuesta más real y sincera que iba obtener de él. Después de todo Draco no era de aquellos que recurría a frases cursis, él prefería demostrar sus sentimientos de distinta forma.

—No.

Él la miró intrigado en espera de que continuara.

—La respuesta es no —pausó tocando su pálida mejilla, admirando una vez más lo endemoniadamente atractivo que era—. No quisiera estar en su lugar.

Aquel sentimiento profundo que despertaba en él, llenó su pecho haciendo que su corazón se acelerara sin remedio, cualquier otro en su lugar hubiera sonreído como loco o gritado a los cuatro vientos lo feliz que era, pero él no. Ni siquiera había hecho eso cuando ella le había confesado que lo amaba profundamente.

Un Malfoy nunca daría esa clase de espectáculos sensibleros y menos en presencia de tanta gente, aunque parte de esta fuera su familia política.

Ginny había aprendido a conocerlo, incluso en los largos silencios, sabía que él se estaba debatiendo entre tomarla y desaparecer para pasar eternas horas de pasión o quedarse en esa fiesta y dejar su deseo para más tarde.

Él despegó su mirada plateada de su mujer, se tomó su tiempo para aplacar la ola salvaje de deseo que lo recorrió. No es que estuviese feliz en aquel evento, pero debían guardar la compostura, si salieran corriendo del lugar a esa hora, las habladurías no se harían esperar y no creía que les hiciera mucha gracia a los Weasley.

Recorrió el lugar notando como varias parejas de conocidos comenzaban a llenar la pista. Tomó su trago bebiendo el contenido por completo, antes de extender su mano hacia ella con un elegante movimiento.

Ella la tomó sonriéndole inevitablemente, al llegar a la pista rodeó su cuello con sus manos entrelazándolas detrás de su nuca, tomándolo desprevenido, él no había planeado aquello esperaba bailar con ella de forma correcta, pero no le desagradaba estar así, con ella pegada a su cuerpo, sus manos serpentearon su cintura hasta encontrar su lugar en la espalda cubierta por la suave tela de su vestido que la hacía ver exquisita.

Desde que habían llegado al lugar había tenido que liar con las miradas descaradas que le lanzaban algunos de los invitados.

—Malfoy —murmuró desde el pecho del rubio.

—Humm —respondió hundiendo su nariz en su cuello, aspirando su perfume, causándole un ligero estremecimiento.

Sabía que cuando lo llamaba por su apellido era porque diría algo realmente serio y que requería de toda su atención.

—A pesar de todas las dificultades por las que hemos pasado, de tu familia y la mía, de la sociedad, de todo… no me gustaría estar casada con nadie que no fueras tú. Te amo hurón.

Él sonrió satisfecho contra la piel pecosa, sintiendo toda una revolución de emociones en su interior. —Lo sé, no todas tienen la oportunidad de estar casadas con un dios como yo.

—No seas engreído —amonestó dándole un pequeño pisotón.

—Eso lo pagará caro señora Malfoy —aseveró alejándose de la curva de su cuello, para poder mirarla a los ojos con fingida indignación.

—Soy Weasley, aunque te cueste decirlo.

—No, eres mi esposa y por lo tanto llevas mi apellido.

—Eso no quita que siga siendo Weasley.

—Lamentablemente.

Ella lo pisó de nuevo ahora más fuerte logrando que él gruñera.

—¿Cuándo aprenderás a comportarte y dejar atrás tus modales salvajes?

—Nunca y es por eso que te casaste conmigo y no con una estirada, ricachona de tu circulo social —expresó con seguridad, dibujando una sonrisa traviesa.

—No me hagas querer cambiar eso —repuso estrechando sus ojos.

—No lo harías porque me amas —recalcó poniéndose de puntillas y robándole un beso que lo dejó en silencio por un buen rato.

*º*º*º

—Sin mis consejos, ellos dos no estarían ahí —aseguró George, al lado de su esposa y su pequeño hijo, Freddie que se encontraba en el regazo de su madre.

—No fueron tus consejos —mencionó divertida—. Sí, se los insinuaste pero querías que se vengaran por lo que había pasado entre Ginny y Draco, pero ellos se unieron por una razón más noble.

—¿Ah sí? De cualquier forma fui el primero que note que había una chispa entre ellos…

—Sí tú lo dices, y también te has equivocado respecto a tu hermana… ella y Draco siguen casados y no parece que eso termine pronto —indicó mirando a la pareja en la pista.

Ron a su lado arrugó su gesto al ver a su hermana en pleno beso de novela con su cuñado el hurón botador.

—Sigue sin agradarme.

—Mentiroso… si hasta has jugado Quidditch con él —acotó Luna a su lado.

—Porque mi madre me ha obligado, además no he sido sólo yo…—interpeló con un gruñido—. Son los juegos familiares.

—Sí, claro.

—Además no recuerdas que en la primera oportunidad Bill trató de matarlo derribándolo de la escoba.

—Eso fue porque él estaba confundido debido a los…

Había cosas que quizás nunca cambiarían.

*º*º*º

Más tarde, Harry y Hermione se encontraban en una suite de un hotel, con vista al Támesis y a lo lejos se podía distinguir London Eye y el Big Ben.

—Al fin, solos —suspiró agradecido.

Hermione se encontraba en el balcón admirando la vista, la brisa nocturna logró soltar uno de sus mechones de su peinado, que hasta ese momento milagrosamente se había mantenido en su lugar.

Se acercó a ella con una copa de champán, sus dedos se acariciaron cuando ella la tomó de su mano, enviándoles una descarga eléctrica que los estremeció.

Ella le sonrió con las mejillas sonrosadas, inhaló un poco de aire buscando calmarse, había estado con Harry miles de veces y cada una de ellas había sido única, pero hoy sería especial pues se trataba de su noche de bodas.

Se mordió su labio inferior, tratando de evitar la risita que deseaba escapar de su boca. Se sentía como una pervertida pensando en eso, con todas esas imágenes eróticas reproduciéndose en su mente, calentándole el cuerpo.

—¿Pasa algo?

—No… nada —habló tan rápido, que él no pudo evitar mirarla con diversión mientras bebía un sorbo de champán—. Es que no se si sea buena idea una copa más, ya siento los efectos de todo lo que hemos bebido… no quiero terminar mareada y pegada al excusado.

Él supo que mentía desde la primera palabra que había respirado fuera de sus labios, tal vez podría engañar a otros pero no a él y menos cuando conocía los gestos que la delataban. Sin embargo lo dejó pasar.

—Eso no sucederá.

Sus copas se unieron con un suave tintineo.

—Es una vista maravillosa.

—Lo sé.

—Debió salir muy caro —reflexionó, sólo bastaba con ver lo suntuoso del mobiliario—. Harry no de… —Él la silenció colocando uno de sus dedos sobre sus labios, haciéndole una suave caricia, recorriéndolos, haciendo que ella suspirara.

Él la acarició delineando su rostro con una ternura que la sorprendió dejándola totalmente desarmada, casi era como si él pensara que estaba echa de porcelana y se rompería si ejercía más presión. Bajó lentamente por la curva de su cuello, sintiendo su pulso retumbar contra sus dedos. Una sonrisa exquisita se colocó en sus labios.

Hermione contuvo el aliento al sentirlo descender hacia su escote, la piel se le erizó completamente, pero él se detuvo antes de llegar al lugar, dejándola sumida en una oleada de sensaciones embriagantes.

Finalmente él se acercó y la besó con lentitud, tomándose su tiempo para recorrer cada rincón de su boca, dejando que sus lenguas se encontraran en una danza extasiante, se separó después de un rato de aquella boca que lo incitaba a pecar, sólo para morder con suavidad su labio inferior, arrancándole un jadeó a Hermione.

Él sonrió sobre sus labios al romper el beso. —Merlín… —pronunció tratando de encontrar las palabras que describieran con exactitud la forma tan poderosa que tenía de afectarlo.

—Lo sé…

Resintió el alejarse de él, una pequeña sonrisa se acurrucó en sus labios antes de entrar al calor de la habitación, dejó la copa en la mesa cercana donde yacía la botella de champán sumergida en un contenedor de hielos.

Él siguió sus pasos, observando cada uno de sus movimientos disfrutando de su copa.

—Mis pies están gritando de dolor —comentó apenada, se sentó un momento en la cama retirando las hermosas zapatillas.

Harry disfrutó de la expresión de alivio que cubrió el rostro de su esposa.

—¡Ah! Mucho mejor —suspiró moviendo los dedos de sus pies en busca de un poco de alivio—. No pensé que ser una novia fuera tan cansado —agregó con una sonrisita, dejando caer ligeramente sus hombros.

—Espero que no estés tan cansada para saltarte nuestra noche de bodas.

La sangre se aglomeró en el rostro de Hermione, una marea de calor la recorrió dejándola totalmente vulnerable ante la intensa mirada de su esposo, sus ojos verdes estaban llenos de una silenciosa promesa que le aseguraba un sinfín de placeres.

¡Por Merlín! Necesitaba con urgencia refrescarse, impulsada por una renovada carga de energía se levantó de la cama.

—Iré a cambiarme.

Él dejó su copa y fue tras ella, interponiéndose entre la puerta del tocador y ella. —Espera.

Su voz le enchinó todo el cuerpo, con el corazón latiendo desbocadamente en su interior y el sonrojo cubriendo sus pómulos, se atrevió a mirarlo expectante de lo que haría o diría.

—Baila conmigo una última vez.

Hermione no se pudo resistir a pesar de que no había melodía que bailar, y mucho menos si él le sonreía de aquella forma que hacía que el tiempo se detuviera. Tomó su mano aún sabiendo que corría el peligro que si él se equivocaba, recibiría un buen pisotón que dejaría aún más adoloridos sus pies.

La acercó a él con un suave movimiento, rodeando su cintura mientras ella dejaba que sus manos se recargaran en el torso de su esposo. Su camisa impecable hacía unas horas se encontraba ligeramente abierta exponiendo su piel, el moño deshecho colgaba de su cuello, dándole un aíre informal bastante atractivo.

Se balancearon lentamente, él uno mirando al otro disfrutando del momento, del silencio maravilloso que los envolvía. Estuvieron así por un largo rato hasta que Potter separó su mano la cintura de su esposa para acomodar un mechón suelto detrás de su oreja, acariciando su mejilla dejando un rastro de calidez a su paso.

Se sentía tan dichosa entre los brazos de su mejor amigo. Jamás pensó que terminaría casándose con él, pero ahora no concebía la idea de haberlo hecho con alguien más, muggle, mago o lo que fuese.

Se quedó mirándolo como una niña a un helado en un día soleado, distrayéndose por completo de seguir llevando el control del baile. —Estoy un poco torpe por el champán —musitó al perder el paso, logrando que él también se equivocara, pero afortunadamente nadie había resultado pisado.

—No, soy yo.

—No, lo has hecho muy bien… no deberías haber estado tan nervioso y preocupado por eso.

—Intente mejorar.

—Si hubieras hecho un hechizo, yo…

Él negó con un cabeceo. —Fui a clases antes de considerar el hechizo, pero no resulto como esperaba —confesó abochornado.

—¿Enserio hiciste eso?

—No quería avergonzarte, pero mi profesora dijo que era un caso perdido —reveló apenado, recordando todos las veces que había pisado a la mujer.

—Harry…—Lo abrazó con fuerza, conmovida—. Gracias.

—¿Por qué?

—Por ser tu, por hacerme tan feliz.

—Él que te tiene que agradecer soy yo.

Ella lo miró llena de amor, depositando un corto beso en sus labios. Estuvieron así juntos moviéndose suavemente abrazados por un rato más, simplemente disfrutándose.

*º*º*

Hermione sabía que debía ir a cambiarse, no podía quedarse toda la noche con su vestido por mucho que le gustara, se estaba volviendo algo incomodo, aunque nada comparado con lo que le habían obligado a comprar Luna, Angelina y Fleur.

La habían hecho probarse varios conjuntos de lencería para la ocasión, incluyendo babydolls que rayaban en lo indecente, que por supuesto se había negado a usar, de sólo pensar en que Harry la viera con ellos, los colores se le subían al rostro —tampoco era como si él no la hubiera visto ya desnuda antes y ella quisiera hacerse la puritana—. Sí quería que fuera una noche especial pero no quería verse ridícula en esas prendas, quería ser sólo ella, manteniendo el estilo que él conocía, con un delicado camisón de escote moderado, nada extravagante, ni exagerado.

A pesar de haber estado con él anteriormente, no dejaba de sentir aquella montaña de emociones que le provocaba el saber que pronto estarían juntos haciendo el amor en aquella cama. Sonrojada apartó la mirada posándola en el suelo alfombrado.

¡Merlín! Respiró profundamente buscando calmarse, el problema era que el oxigeno parecía no llegar con suficiente rapidez a sus pulmones. Necesitaba con urgencia refrescarse y tomarse un momento lejos de aquel cuerpo masculino que la volvía una pervertida.

Y por si fuera poco no ayudaba sentir el aliento de Harry cosquilleando en la curva de su cuello, provocándole una sensación exquisita que se regaba por su cuerpo deliciosamente.

Detuvo su baile, separándose ligeramente de él. —Harry debo ir a cambiarme, volveré enseguida.

Él le sonrió de una forma que le erizó la piel, era una sonrisa cargada de seducción. Sus ojos verdes la recorrieron dejando entrever sus intenciones y ella comprendió que él no la dejaría partir en un buen rato…

Potter dejó caer sus labios sobre los de ella, besándola con una intensidad que la desarmó completamente, dejándola a merced de lo que él quisiera hacerle. Sus labios revolotearon juntos, encontrándose una y otra vez sin cesar.

Hermione se aferró a los hombros de su esposo al sentir como sus rodillas comenzaban a debilitarse, su mente dejó atrás su marea de pensamientos para concentrarse en la forma tan arrebatadora en que él la hacía sentir, con sus labios, con su lengua que hacia maravillas dentro de su boca.

Harry cerró la brecha entre sus cuerpos pegándose completamente a ella, sin romper su ósculo, sus manos comenzaron a moverse suavemente por su espalda, acariciándola por encima de la fina tela.

Se besaron sin pausas, iniciando así la noche de bodas.

Instantes después él separó sus bocas dándoles un merecido respiro a ambos, sus labios se dirigieron sin perder el tiempo a la línea de su rostro, repartiendo pequeños roces que dejaban un hormigueo a su paso en Hermione, la cual le facilitó el trabajo haciendo su cabeza hacia un lado, dejando expuesta la piel de su cuello que él no tardó en recorrer.

Cerró sus ojos disfrutando de las sensaciones placenteras que aumentaban con el paso de los segundos por las atenciones que él le daba, dejó escapar pequeños soniditos de aprobación cuando Harry mordió la zona donde sentía su trémulo pulso. Él sonrió contra su piel al escucharla, así que siguió haciéndolo una y otra vez logrando que ella inhalara con fuerza buscando un poco control sobre sí misma.

No fue hasta que su piel había adquirido un tono rojizo que él continuó su recorrido, besando con delicadeza su clavícula, agradecía que el corte del vestido le permitiera perderse en su escote.

—Te he dicho que me encantas con este vestido…

—Ha…rry… —pronunció entrecortadamente.

—Pero te prefiero sin él —añadió con su voz enronquecida que terminó por derretirla.

Él sin duda había disfrutado cada momento de su boda al lado de su mejor amiga, novia y ahora esposa, pero en todo el día no había deseado más que poder quedarse a solas con ella, y era una tontería que ahora que lo estaba se sintiera nervioso hasta la médula, aunque claro no tanto como la primera vez que habían estado juntos. Esa vez si había sido un tanto desastrosa, aunque no por eso menos llena de amor y risas, pero esta noche quería que todo fuera perfecto, por eso se tomaría el tiempo para amarla con lentitud.

Aunque no contaba con que ella se lo pusiera tan difícil, se sentía como plastilina entre sus manos, ella tenía el poder de robar su autocontrol con una facilidad que lo asustaba, con ninguna mujer le había ocurrido eso.

Al final se había dado cuenta de que había errado el camino por años creyendo que la mujer que lo haría feliz sería: Ginny Weasley. En verdad había estado ciego, al no darse cuenta que la persona que lo complementaba había estado siempre a su lado, apoyándolo incondicionalmente.

Gracias al cruel engaño de Draco y Ginny, él había comenzado a ver a Hermione como la hermosa mujer que era y no sólo como su amiga a la que quería de forma fraternal. El haber sufrido aquello juntos, los había llevado a acercarse de otras formas, trascendiendo así la línea de la amistad.

Entre largos besos y caricias cuidadas, encontró el cierre escondido del vestido, lentamente lo corrió, abandonó su boca escuchando la protesta de su esposa, le sonrió complacido, llevó sus manos a sus hombros, bajando con suavidad los tirantes sus dedos siguieron su recorrido por los brazos de Hermione, causándole un agradable cosquilleo.

La prenda cayó a los pies de Hermione con un sonido sordo, revelando así el conjunto de lencería blanco con las medias y las ligas que las mantenían en su lugar. Las pupilas de Harry se dilataron ante la sugerente visión, una marea de fuego lo atravesó, acelerándole el pulso, su entrepierna comenzó a responder, reclamando atención.

Ella se quedó muy quieta, sonrojada hasta las raíces con la respiración aún errática por los besos compartidos. Se trató de abrazar así misma buscando cubrirse un poco, desviando con timidez su mirada de los ojos de Harry que parecían desear comérsela de un bocado, haciendo que su cuerpo temblara con anticipación.

Sin perder un minuto más Harry le pasó una mano por detrás de sus rodillas, mientras dejaba la otra en la espalda de Hermione, la alzó con facilidad logrando que ella soltara un grillo de sorpresa, apenas logrando rodear con sus brazos el cuello de él, sosteniéndose.

—Harry… ¿qué?

Él sólo dejó que sus labios se tensaran en una sonrisa devastadora que reveló sus blancos dientes, dejándola momentáneamente embobada. La colocó con suavidad sobre la gran cama, se sentó a su lado sin quitarle la mirada, depositó un beso en la rodilla cubierta aún por la media, antes de llevar sus manos a la liga.

Sus dedos bailaron alrededor de su muslo, antes de tomar finalmente la liga y retirarla lentamente acariciando cada porción de piel expuesta, logrando que ella mordiera su labio inferior conteniendo los sonidos que deseaban escapar de su boca, pero no así la ola de calor que crecía en su interior, avivando su deseo por sentir el cuerpo de Harry sobre él de ella. Realizó el mismo procedimiento con la otra pierna y cuando al fin las tuvo libres de las medias, se desvivió por repartir caricias y besos de mariposa, logrando que Hermione se recostara por completo apretando la colcha con sus puños cerrados, suspirando largamente, dejando escapar palabras que lo encendían aún más.

Harry sentía que el cuerpo en llamas, incluso había comenzado a transpirar, necesitaba quitarse aquella ropa que le estorbaba. Se llevó las manos a su chaqueta con intenciones de quitársela de una forma un tanto brusca.

—No espera —dijo apresurada reincorporándose con las mejillas encendidas—, q-quiero hacerlo yo —completó en un hilo de voz.

Los ojos del Harry brillaron con picardía, se acomodó nuevamente en la cama. Ella le sonrió en respuesta, llevó su mano a su nuca atrayéndolo hacia ella sus bocas chocaron besándose con avidez. Él se fue inclinando sobre ella, hasta lograr que la espalda de Hermione chocara contra el colchón, se sostuvo con sus manos para no descargar todo su peso sobre ella.

El beso se tornó largo y exigente, sus labios eran muy inteligentes, sabían moverse sobre los de ella de forma acertada dejándola totalmente incapaz de pensar en algo que no fuera sus besos, sus manos acariciándola, su cuerpo cálido sobre el de ella.

Ambos dejaron escapar un par de gemidos ante la intensidad con la que se besaban, parecía que ninguno tenía suficiente del otro. Ella llevó sus manos con cierta torpeza a las solapas del saco de Harry, haciéndolo hacía atrás, tratando de sacárselo.

Él se separó para facilitarle las cosas, pronto la prenda fue a parar al suelo alfombrado, momento que él aprovechó para acomodarse mejor entre las piernas de su esposa encontrando un punto de equilibrio donde sus cuerpos se rozaban deliciosamente sin que él la asfixiara con su peso, retomaron su ósculo dejándose llevar por la pasión.

Un temblor recorrió a través de ella, al sentir la fricción de sus cuerpos, jadeantes suspiros escapaban de sus bocas entre los besos. El calor del cuerpo de Harry rezumaba a través del traje, su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho, sentía su torrente sanguíneo en llamas.

Las manos de Hermione abandonaron su espalda para colarse entre sus cuerpos, buscando deshacerse del chaleco y la camisa que aún cubrían su torso, ella cortó su beso riendo, logrando que él alzara su ceja, jadeante con un signo de interrogación en su rostro, deseando saber que era lo que le había causado tanta gracia.

—Se me hicieron lío los dedos al tratar de quitarte esto—informó jalando un poco la prenda—, no es justo que tu lleves más ropa puesta que yo.

—Eso lo puedo solucionar —repuso, en un dos por tres, ya se encontraba de nuevo sobre ella con el torso descubierto.

—¡Harry! —chilló quejándose, realizando un puchero—. Se suponía que yo debía quitártelo, no que tu te lo arrancaras, mira lo que has hecho —añadió viendo los botones esparcidos por el suelo.

Él se apenó ligeramente, aunque eso pasó a segundo lugar al notar que su esposa se había quedado muy silenciosa, regresó sus ojos a ella encontrando su mirada clavada en su piel recién expuesta, todo su cuerpo vibró con deseo, quería sus delicadas manos sobre él recorriéndolo en ese momento.

—¿No me querías así? —inquirió susurrante, enviándole deliciosos espasmos por todo el cuerpo.

Hermione tenía el rostro tan rojo como una manzana madura apenas y logró apartar la vista de su torso para mirar la expresión divertida de Harry, sus labios ligeramente hinchados dibujaron una sonrisa bonachona, ella tragó con dificultad, totalmente abrumada, incapaz de contestarle asertivamente.

Él disfrutó de su perturbación, no todos los días se dejaba a Hermione Granger sin respuesta. Su sonrisa se creció, besó su frente con cariño, después sus parpados, la punta de su nariz, las comisuras de sus labios, provocándola…

Ella se alzó deseando alcanzar su boca, sedienta de sus besos, pero sólo consiguió que él se alejara, gruñó en respuesta, levantó sus brazos buscando tomarlo de los hombros, pero él se alejó nuevamente impidiendo que lo tocara, logrando que su frustración creciera.

Las esquinas de la boca del Harry se elevaron en una sonrisa que se ensanchó lenta y deliciosamente, su mirada esmeralda se desplazó como una caricia por todo su cuerpo en un escrutinio que la encendió más.

—Harry —exhaló su nombre como una suplica desesperada.

Él no pudo resistirse más, regresó a su posición con intensión de reclamar aquellos labios, pero cuando estaba a punto de hacerlo, sintió el golpe de Hermione en su hombro.

—Eso es por hacerme esperar.

Él dejó escapar una risa sedosa. —No tengo intención de volver a hacerlo por el resto de la noche —insinuó sobre los labios, dejando que sus caderas se rozaran, mostrándole cuan excitado estaba.

Hermione soltó un sonido ahogado antes de que él succionara su labio inferior, dejó que sus manos entraran en contacto con la cálida piel de la espalda de Harry, causándole una descarga eléctrica, que logró que él jadeara contra su boca.

Sus dedos recorrieron cada rincón, sintiendo como los músculos se tensaban a su paso, como su torso se expandía cuando respiraba y exhalaba. Dejó pequeñas marcas de media luna cuando su beso se volvió apremiante, la fricción entre sus cuerpos se volvió exquisita, envolviéndolos en una oleada de calor.

Los besos continuaron sin pausa, sin prisa, de distintas formas, robándole aíre a sus pulmones con cada roce, las manos de Potter comenzaron a acariciar la menuda figura de su esposa, tomándose su tiempo dejando sensaciones ardientes a su paso que hacían que ella se retorciera bajo él.

Suspiros, jadeos y palabras entrecortadas escapaban de sus bocas, llenado el silenció del lugar.

—Hermione…

Harry sentía su cuerpo ardiendo de deseo, si continuaba así no iba a durar mucho, hundió su rostro en el cuello de ella, cerró sus ojos respirando profusamente, quedándose quieto por un instante.

—Te amo —musitó, hundiendo sus dedos en las hebras azabache, despeinándolo aún más.

Su corazón se hinchó de felicidad, una hermosa sonrisa se coló en su boca aunque ella no se diera cuenta, recargó su frente en el hombro descubierto, inhalando el aroma perfumado de su piel.

Granger suspiró audiblemente, en verdad esa noche era una de las más felices de su vida, porque tenía al hombre que amaba con ella. Ladeó su rostro buscando sus labios, besó el inició de su mandíbula, tomándose su tiempo repartió pequeños besos a lo largo de su mejilla logrando que él se moviera, acunó su rostro sintiendo la textura rugosa por su barba que comenzaba a sentirse, a pesar de que a primera vista su rostro pareciera recién rasurado.

Estaba por quitarle sus gafas que se encontraban mal puestas, pero él la detuvo.

—No lo hagas, esta noche quiero verte.

Ella asintió con el rostro colorado, sintiéndose ligeramente expuesta, él solía quietarse los lentes para que no sufrieran algún daño, además de que sentía más cómodo sin ellos.

Arrastró sus dedos por su cuello, bajando por sus hombros, delineó su pecho, sintiendo el corazón de Harry golpear contra su palma, un sonido ronco de placer llegó a sus oídos.

Complacida por las reacciones de su esposo, siguió con sus caricias, su mirada castaña volvió al rostro de su esposo notando su expresión de goce y sus ojos medio ó su recorrió poniendo atención en las pequeñas cicatrices que tenía, a ella no le importaba que las tuviera, cada una le recordaba lo terco que podía ser, pero también lo valiente y noble que era, al no sólo luchar por su bienestar, si no por el de todo el mundo mágico.

A veces deseaba que él hubiera escogido un trabajo menos peligroso, había días en que se encontraba con el alma en un hilo, muriéndose de la preocupación, con el miedo de que un día no volviera pero él siempre le prometía regresar a su lado y hasta la fecha lo había hecho.

Se levantó un poco para besar sus labios, mientras sus manos bajaban aún más topándose con la barrera de la ropa. Sus ojos viajaron hacia el lugar, notando el gran bulto en sus pantalones, un gemido suave abandonó si boca, su cuerpo zumbo en respuesta.

Con una habilidad aprendida tiempo atrás, logró manipular el cinturón y después sus dedos hicieron lo propio con el botón, sin embargo con la bragueta vaciló sintiendo su cuerpo arder dejó que sus yemas lo acariciaran mientras bajaba el zíper, un sonido bajo, áspero y masculino salió de la garganta de Harry inundando el lugar. Con un poco de su ayuda logró que los pantalones acompañaran al resto de la ropa en la alfombra, él se separó un poco para quitarse los calcetines y lo zapatos con desesperación.

Regresó a su poción dejando que sus cuerpos se enredaran, causando que ambos jadearan al sentir sus pieles rozarse, él buscó sus labios besándola con una pasión que los dejó sin aire.

Sus manos retomaron sus caricias, su sangre se volvió lava fundida, todo él era un infierno de necesidad. Ella se dejó llevar por el deseo que ardía en su interior, sus bocas se encontraban una y otra vez en una danza exquisita, sus cuerpos se apretaron, moviéndose en un ritmo candente, ansiosos por unirse.

Él dejó su boca jadeante, para volver a recorrer la extensión de su cuello, sus hombros, su escote, hasta que finalmente rozó sus pechos aún cubiertos por la lencería. Ella arqueó su cuerpo contra el de él, mientras suspiraba con fuerza, echando su cabeza hacia atrás dejándose ir a las sensaciones electrificantes que la recorrieron, hundió sus uñas en la espalda de Harry, derritiéndose por completo a las manos que hacían maravillas con su cuerpo.

Él besó su garganta disfrutando de las palabras entrecortadas que pedían más, sonrió complacido, pero aún se demoraría en darle lo que ella pedía y vaya que le era difícil mantener un poco de control para no lanzarse y dejarse consumir por la pasión y el deseo. Mordió la piel lateral de su cuello, sus labios aletearon por su piel besando el centro de su pecho, antes de liarse al tratar de desabrochar su sostén.

Segundos después también fue a parar con el resto de la ropa, Hermione contuvo el aliento, siempre se ponía un poquito nerviosa al estar expuesta frente a él, pero siempre encontraba la tranquilidad y la confianza en la mirada de deleite que él siempre le brindaba.

Harry se quedó admirando la belleza de su esposa, un calor ardiente atravesó su sistema nervioso, su entrepierna punzó dolorosamente reclamando su atención. Él se inclinó y besó la piel de sus pechos directamente, provocándole un estallido de placer que fue como música para sus oídos animándolo a continuar, besando sus botones rosados.

Ella se arqueó aún más contra él buscando mayor contacto, enredando sus dedos en sus mechones revueltos, él la estaba llevando con sus caricias intercaladas con sus besos al punto entre la cordura y la locura se unían, el cúmulo de ricas sensaciones que la invadían no parecía tener fin, deseaba más, quería sentirlo dentro de ella.

Movió la parte inferior de su cuerpo, en un balanceó rítmico contra el de él, ahora fue el turno de Harry de gruñir y exhalar con fuerza, sintió un fuego incontenible en las entrañas, sus cuerpos se frotaron arrancándoles un par de sonidos ahogados, los labios de él se posaron sobre los labios enrojecidos y ligeramente hinchados de Hermione, cubriéndolos y separándolos hasta que ella se sintió perdida.

Él deslizó sus manos cosquilleantes por su figura, sus caricias cuidadas la electrificaron, se apretó contra él mientras él placer tocaba cada fibra de su ser con la intensidad del relámpago.

—Harry… por… favor —suplicó sin aire, acalorada, sin saber lo que pedía con certeza.

Sus manos se pasearon por abdomen, entreteniéndose en su obligado, bajando lentamente —demasiado para el gusto de Hermione—, logrando que ella se removiera ansiosa, impaciente, hasta que él dejó que sus dedos la tocaran íntimamente sobre sus pantis. Hermione se onduló violentamente contra la cama, su cabeza se movió hacia atrás mientras exhalaba el nombre de su esposo en un jadeo.

Un deseo desesperado lo atravesó, deslizó la última prenda por las suaves piernas dejándola completamente desnuda y disponible para él, la exquisita visión lo hizo jadear, firmó su peso sobre ella cómodamente y mientras la besaba, las puntas de sus dedos se colaron a su intimidad, rozándola con deliberadas caricias de terciopelo.

—Merlín…Harry.

Hermione se arqueó con desesperación contra él, mientras aferraba con sus puños las sábanas, estaba tan cerca de llegar al éxtasis, sentía el cuerpo en llamas y entonces se dejó ir al estimulante placer que se encendió en lo profundo de su cuerpo.

Después de unos segundos en los que no supo nada, su cuerpo se fue relajando y su respiración se fue normalizando, abrió sus ojos encontrándose con la perfecta imagen del auror, que la miraba con una sonrisa apretada, el brillo pícaro en sus ojos la hizo sonrosarse.

—Eso fue… —calló, no encontraba las palabras para calificar lo que había vivido.

Él dejó que sus labios acariciaran, su frente estaba perlaba por una suave capa de sudor. —Perfecto… eres hermosa.

Ella le sonrió acalorada, se movió ligeramente sintiendo la erección de Harry rozar contra su muslo, él rumió una maldición, apretando su mandíbula con fuerza.

Él siempre pensando primero en el placer de ella antes que él suyo, el sentimiento cálido que sentía por él se desparramo por todo su cuerpo, lo miró con tanto amor que sus ojos centellaron como dos estrellas en la oscuridad.

—Te amo tanto… —Perfiló su rostro, hasta llegar a su nuca donde enredó sus dedos en sus mechones azabache. —Has sido tan considerado conmigo, ahora déjame a mi.

—Hermione…

Ella tomó su rostro entre sus manos acallando sus palabras con sus labios, lo besó de manera suave y tranquila, barrió su lengua dentro de su boca absorbiendo su ronco gemido.

Harry se removió ansioso sobre ella, mientras Hermione dejaba que las yemas de sus dedos exploraran el cuerpo de su esposo, sintiendo sus músculos tensos, sus brazos fuertes, su ancha espalda, recorrió su columna causándole escalofrío de placer que lo obligó a curvarse contra ella y exhalar con fuerza.

Bajó hacia su trasero, buscando deshacerse de su bóxer de likra, él se alzó ligeramente permitiéndole que lo retirara y entonces finalmente sus cuerpos sudorosos se encontraron, frotándose lujuriosamente.

Mione entre la pasión del momento, los besos fogosos logró deslizar su mano entre sus cuerpos buscando acariciarlo, pero él la tomó de su muñeca deteniéndola.

—No —bramó, logrando que ella lo mirara perturbada. Él tomó una larga bocanada de oxígeno y explicó—. Si me tocas, terminare más rápido de lo que quisiera y no quiero hacerlo de esa forma…

Ella comprendió abochornada, él besó su muñeca antes de soltarla, sus bocas se unieron en un beso caliente, demandante, que encendió aún más su deseo con una fuerza que latigueó su espina dorsal, obligándolo a separarse respirando con dificultad.

Sus ojos se encontraron con una muda suplica, Potter alineó sus cuerpos, se acomodó de tal forma que su peso no recayera totalmente en ella, se sostuvo sobre sus brazos y se sumergió en su interior de un sólo movimiento, su increíble estrechez lo envolvió.

Un sonido grave escapó de su boca, se quedó quieto dejando que ella se acostumbrara a su invasión. Hermione tembló bajó él, respirando en bocanadas cortas, la sensación de estar unidos completamente era indescriptible, alzó su pelvis hacia él invitándolo a continuar.

Él empezó a moverse con un lento balanceo, la miró a los ojos, sin querer perderse ni un detalle de su rostro, de sus suspiros, de sus suplicas.

—Humh…Harry…

—¿Estas bien?

—S-sí —siseó logrando dibujar una sonrisa entre lo placentera y abrumante de la situación, él le devolvió el gesto adentrándose cada vez un poco más en ella, mientras Hermione gemía moviéndose con él.

Sus manos viajaron por sus pectorales, su cuerpo brillaba en la oscuridad cubierto por una capa de sudor, los músculos de su abdomen se apretaban y aflojaban con cada movimiento que él realizaba, su respiración cálida golpeaba su hombro.

El cuerpo comenzaba a hormiguearle deliciosamente, sus manos llegaron a los muslos de Harry, presionó más su pelvis contra él, buscando obtener mayor contacto, más sonidos ahogados abandonaron sus bocas.

Potter la besó completamente dejándose ir a las sensaciones ardientes, succionó su labio inferior haciéndola jadear con más fuerza, las suaves arremetidas crecieron en ritmo y fuerza.

Él hundió su rostro en su pecho. —Te amo demasiado… —murmuró trémulamente.

Hermione cerró sus ojos, logrando que las sensaciones se intensificaran, el sonido de sus cuerpos uniéndose, sus jadeos y gemidos, el susurrar de las sabanas con sus movimientos.

Con cada embestida su cuerpo se enardecía más, el auror respiró controlándose aunque sabía que no sería por mucho tiempo, se concentró en ella, en lograr que sintiera el máximo placer de su unión, murmurándole palabras al oído.

La magia en sus cuerpos comenzó a salir expandiéndose como ondas de sonido por el cuarto, logrando que algunos muebles se movieran, las cortinas se agitaron, los vidrios y espejos rechinaron como si estuvieran a punto de estrellarse.

—Ha…

Cada empuje y retirada se volvió más rápida, intensa y profunda, a los pocos minutos, sintió su mundo disolverse, se quedó sin aliento mientras su cuerpo temblaba entregándose a la sensación de infinito placer que se acumuló en su interior para después explotar consumiéndola por completo.

Harry siguió moviéndose, sus músculos se tensaron, su cuerpo se retorció, un sonido ronco escapó de su garganta seguido por un nombre «Hermione». La liberación lo recorrió con una marea de temblores electrificantes, enmudeciéndolo por completo y robándole la fuerza de sus brazos.

Su peso recayó en Hermione, que lo recibió gustosa, acariciando con suavidad su espalda.

La tranquilidad volvió a la habitación y su energía se fue disipando, algunos minutos pasaron mientras ambos se relajaban, sus corazones aún latían alborotados por la adrenalina del momento.

*º*º*º

Harry besó la piel húmeda de su hombro, después de un rato. Se separó de ella, echándose a su lado en la cama, liberándola de su peso.

—Fue maravillo… —musitó abrazándolo.

—Fue más que eso —dijo, le brindó una sonrisa cansada pero satisfecha, mientras besaba la coronilla de sus rizos, su peinado se había desecho en algún momento.

Una hermosa sonrisa floreció en su rostro. Él se giró para retirar los adornos de su cabello, terminando de liberarlo.

Fue entonces que Hermione se dio cuenta de cómo debía verse, acalorada, sudorosa y totalmente despeinada, afortunadamente no había usado tanto maquillaje o en ese momento estaría más cerca de parecer un payaso que una novia.

—Estás hermosa —repuso como si supiera lo que estaba pensando.

Hermione dejó escapar una risita burbujeante. —Eres un mentiroso.

—No lo soy.

Ella lo contempló detenidamente, su cabello apuntaba a distintas direcciones pero sus ojos parecían dos esmeraldas resplandecientes en la oscuridad. Retiró los cabellos húmedos de su frente, revelando la cicatriz en forma de rayo, se levantó un poco para depositar un suave beso en ella, se retiró sonriéndole con amor mientras acomodaba sus lentes.

Pasó su mirada por la habitación notando todo el desorden que habían causado, parecía que un torbellino había pasado por ahí y ellos ni siquiera se habían percatado.

—Mira lo que hemos hecho —prfirió, trató de levantarse para ir en busca de su varita, pero él la retuvo, abrazándola—. Harry… debemos…

—No, no debemos… tu única preocupación es seguir en esta cama conmigo.

Parpadeó totalmente abochornada por el trasfondo de sus palabras, su pobre corazón respingó dentro de su pecho, agitándose nuevamente.

—Harry…

—Tengo la intención de hacerte el amor una y otra vez por el resto de la noche —manifestó calentando el lóbulo de su oído, contuvo un jadeo.

Sus ojos castaños brillaron con perplejidad, no podía estar hablando en serio.

—Pero…

—¿No es acaso nuestra noche de bodas? —inquirió sobre sus labios.

Ella se hizo hacia atrás, buscando escapar del hechizo de sus besos. —Sí, pero…

—¿No quieres…?

—No… digo… sí—balbuceó, el tenerlo tan cerca y disponible comenzaba a aturdirla—. Harry mañana tenemos que levantarnos temprano para tomar el translador, debemos descansar aunque sea un poco.

—Ya tendremos tiempo de descansar —replicó hábil, mientras cerraba la brecha entre sus bocas, logrando que Hermione se volviera liquida entre sus brazos, obligándola a dejar para después sus preocupaciones.

Rodaron en la cama, sin romper el beso. Harry la dejó sobre él, haciéndole notar que pronto estaría nuevamente listo para amarla…

*º*º*º

Días después.

Ginevra se removió en su amplía cama, las lujosas sabanas acariciaron su cuerpo, buscó a tiendas el cuerpo que debía estar a su lado, pero lo único que encontró fue un frío vacío.

Abrió sus ojos de golpe confirmando el hecho de que él no se encontraba, buscó alrededor de la habitación, pero todo estaba tan callado.

Draco ya se había ido.

Se giró hacia el buró, mirando la hora apenas iban a dar las 7:30 de la mañana. Resopló y dejó caer nuevamente su cabeza en la almohada.

«¿Por qué habrá salido tan temprano?».

Llevaba casi tres días llegando demasiado tarde y saliendo demasiado temprano. Sabía que él tenía un caso difícil en el trabajo y que aparte debía ayudar a su padre con las empresas, pero no le gustaba para nada como se estaban dando las cosas.

No es que creyera que él le estaba mintiendo, pero su instinto le decía que debía mantenerse alerta, por los antecedentes de su esposo.

—No Ginevra… debes confiar en él.

Hizo aún lado las mantas, buscó su bata y se la colocó mientras caminaba al baño. Sacudió su cabeza de aquellos pensamientos peligrosos, mientras se concentraba en todo lo que debía hacer ese día.

Desde que se había casado con Malfoy le había surgido una agenda de compromisos a los que debía asistir, si no fuera porque estaba tratando de llevar una relación más cordial con su familia política, hacía mucho que hubiera mandado al carajo a toda esa sociedad de hipócritas.

El problema era que con el apellido Malfoy, venían muchas más cosas de las que le hubieran gustado, pero fue ella la que decidió convertirse en su esposa.

No siempre se portaba tan condescendiente, al principio había sido bastante difícil, las peleas entre ellos habían aumentado, debido a que ella no deseaba volverse una señora de sociedad, pero al final había tenido que ceder y las reconciliaciones en la cama habían sido de lo mejor. Debía admitir que a veces le gustaba discutir con él, porque sabía lo que venía después.

Había iniciado tomando un par de clases con Narcissa, quien la había instruido en todo lo que necesitaba saber sobre su circulo social. Las reuniones para tomar el té, las cenas ostentosas con más cubiertos y tenedores de lo que ella hubiera imaginado, vaya dolor de cabeza que le habían dado.

Afortunadamente aprendía pronto y eso había facilitado mucho las cosas, además de que cada día lograba llevarse mejor con su suegra.

Al principio les había costado mucho estar juntas, el ambiente había sido tan tenso que asfixiaba, pero poco a poco las cosas habían ido fluyendo, primero en un intercambio educado de palabras y después en platicas sobre lo que le había enseñado, después habían venido los consejos, poco a poco se había ido abriendo contándole algunas experiencias sobre su matrimonio, sobre como había sido Draco de niño, incluso le había confiado después de un tiempo, porque es que no había tenido más hijos a pesar de que lo deseaba.

En ese momento de su vida, podía decirse que ahora se encontraba refinada desde las raíces de los cabellos hasta las uñas de sus pies perfectamente pintadas. Había aprendido nuevamente a como caminar, como moverse, los ademanes que debía utilizar en publico, a como sonreír y reír.

Narcissa había hecho hincapié en cada cosa de su vida diaria, incluso había hecho que comprara todo un nuevo repertorio de prendas, ahora tenía más ropa de la que se había imaginado y de la que podía usar.

Y a pesar de todos los esfuerzos de su suegra, ella seguía manteniendo su esencia, su personalidad apasionada, su carácter fuerte y sobre todo su propio criterio, de ninguna forma se dejaría mangonear en ese aspecto.

Algunas veces seguía echando de menos ser jugadora de Quidditch, sentir el viento rozar su piel, enredar sus cabellos, la sensación de libertad, los vitorees, la pasión del juego.

Escribir sobre el deporte no le daba la misma gratificación que jugarlo, a veces se preguntaba si había tomado la decisión correcta, pero siempre se decía a sí misma que sí, pues deseaba tener una familia.

*º*º*º

Se quitó su camisón nuevo que se pegaba a sus curvas en los lugares exactos, era una pena que Draco ni siquiera se hubiera percatado de que había tratado de seducirlo. De hacerlo se hubiese dado cuenta llevaba un conjunto de lencería que seguramente lo hubiese puesto loco, aunque ella sabía que él hubiera preferido que no llevara nada encima.

Una sonrisa frunció sus labios, una idea atravesó su mente como una flecha a una manzana: le haría una visita al medio día en su oficina. Después de todo en algún momento él debía tomarse un descanso, tanto trabajar no le haría nada bien a su salud.

Pensando en ello, se hundió en la bañera…

*º*º*º

Draco se encontraba revisando unos documentos, estaba estresado y cansado. Se talló los ojos buscando darles un descanso, recargó su cabeza en el respaldo de su silla de piel.

Sus ojos plateados se clavaron en el único retrato que adornaba su escritorio y la habitación en general. La mujer de cabellos de fuego, le sonrió radiante, él alargó su mano y con su dedo delineó su rostro, sin que se diera cuenta una pequeña sonrisa se adueñó de sus labios, restándole frialdad a su semblante.

En los últimos días casi no había podido estar con ella o más bien no había estado, la última vez que habían podido pasar tiempo juntos, irónicamente había sido en la boda de San Potter y su ex prometida: La come-libros.

Hermione Granger, no podía negar que había sido una mujer importante en su vida, en muchos aspectos, sin embargo no llegó a cautivar por completo su corazón de hielo. No ponía en tela de duda que hubieran tenido un buen matrimonio, aunque la mayoría del tiempo ella hubiese sido la que lo sostendría, más si su relación con Ginevra hubiese continuado.

Sabía que no había hecho bien al pretender casarse con ella, mientras se acostaba con su amiga, tampoco era como si no le hubiese sido infiel antes, lo había hecho comúnmente debido a que no se tomaba ninguna relación tan serio. El punto era que frecuentarse con Ginny, había sobrepasado todo, había sido prohibido, mal visto y totalmente excitante.

Quizás si Ginevra y él no se hubieran encontrado en aquel partido, todo hubiese sido distinto, él ahora se encontraría casado con Hermione, pero estaba seguro que en algún momento la hubiera engañado con alguna otra.

La realidad era que los habían descubierto, poniéndole fin a su engaño y de alguna forma encaminándolos a tomar la decisión de estar juntos y enfrentar los obstáculos que esto acarreara. Afortunadamente habían sido más momentos agradables que difíciles, después de todo el matrimonio no era tan malo y más si te encontrabas casado con la persona correcta, eso lo hacía todo más fácil.

Aún recordaba el desencuentro que había tenido con Potter —después de que este fuera a Irlanda a dar por terminada su relación con Ginevra—, la forma en que habían llegado a los golpes o más bien que el muy animal se le había lanzando, rompiéndole la nariz y dejándolo un par de heridas considerables.

Y eso apenas había sido el inició de su tormento…

*º*

Habían pasado casi tres semanas desde que su relación con Hermione había terminado, así como su pelea con Potter y un poco más desde la última vez que había visto a Ginny. Sabía que se encontraba de viaje, en un lugar que no se había atrevido a investigar, en su último encuentro no habían hablado mucho que digamos, todo había sido un remolido de besos, caricias, dos cuerpos unidos y al finalizar ella se había ido dejándolo solo.

Lo que había sucedido después estaba claro, los cuatro habían terminado solteros.

Y aunque a la que debería echar de menos era a su ex prometida, lo cierto era que en la que pensaba era en Ginevra Weasley. No podía negar que se sentía aliviado de saber que ya no tendría que casarse, pero ahora todos sus planes se habían ido por el caño.

Las revistas no dejaban de acosarlo para tratar de sacarle alguna declaración de por qué había rotó su compromiso y cuando no la habían obtenido habían inventado rumores, uno tras otro y cada vez más descabellados.

Esa noche había salido del Ministerio, sin saber a dónde dirigirse, su cabeza había estado todo el día dándole vueltas en sobre lo que debía hacer, no podía simplemente seguir así, sintiéndose culpable por lo que había pasado con Hermione y a la vez aliviado, así como tampoco podía continuar pensando en Ginevra.

Estaba en su lujoso coche recorriendo las calles de Londres, Blaise y Thedore se encontraban en un bar cercano, pero no sabía si ir con ellos y soportar sus comentarios mordaces o buscar un poco de diversión por su cuenta, recordaba que no muy lejos vivía una de sus antiguas conquistas, tal vez un buen revolcón lo ayudara a relajarse y dejar de pensar estupideces.

La comisura derecha de su labio se elevó, sus ojos adquirieron un brillo maligno. Sintiéndose un poco más animado, le subió el volumen a su estéreo, disfrutando de la canción muggle que sonaba en ese momento.

Se detuvo ante la luz roja del semáforo, sus dedos tamborilearon el volante al ritmo de la melodía, volteó descuidadamente hacia las tiendas y cafés que adornaban la calle y de repente sus ojos se agrandaron al reconocer a una atractiva pelirroja caminando despreocupada con un café en su mano, mientras hablaba por un aparato muggle: un celular, si no se equivocaba.

Su corazón dio un vuelco total, la siguió con la mirada hasta que su cuello no pudo girar más. No fue hasta que escuchó un sonido insistente proveniente del coche que se encontraba detrás de él, que se dio cuenta que la luz verde palpitaba.

Como pudo avanzó con la mente cavilando en mil posibilidades sobre su ex amante. Esos segundos fueron trascendentales para su vida, ¿debía seguir con su plan o regresar y averiguar las respuestas a todas las dudas y cuestionamientos que lo había atormentado en esas semanas?

Sentía su corazón palpitando estridentemente, un inesperado cosquilleo se adueñó de su estómago, sus manos comenzaron a sudar frío.

¡Diablos…!

Maniobró de forma brusca el volante, girando en «u» buscando regresar al lugar donde la había visto, sin importarle que lo que había hecho estaba prohibido según el reglamento vehicular.

Algunos le gritaron toda clase de improperios mientras apretaban su claxon, pero él no tenía tiempo para malgastarlo peleando.

Tenían que ser muggles…

Aparcó su coche en el primer lugar que encontró, sin importarle nada más. Se bajó del vehículo y se cruzó la calle evadiendo los carros que transitaban. De inmediato se puso a buscar a la menuda jugadora de Quidditch, mirando a todos los lados.

No podía ser que la hubiera imaginado ¿o si?

Caminó contra la multitud de personas, esquivándolas, poniendo atención en cada local por si se hubiese entretenido en alguno. Siguió así hasta que la vio a unos metros, su corazón se aceleró aún más, como si deseara salirse de su pecho e ir hacia ella, pero eso era una locura.

La recorrió descaradamente estaba tan guapa como la recordaba, incluso parpadeó como si esperara que ella desapareciera en cualquier momento. Se paró detrás de ella, notando él vestido que se encontraba viendo del escaparate, mientras seguía hablando por ese aparato.

Te verías hermosa en él—le dijo, después de unos segundos que ocupó en pensar cómo le hablaría. Desechó totalmente el clásico: «Hola, cuánto tiempo sin verte ¿cómo te ha ido?».

Ellos dos no eran viejos amigos que se reencontraban, eran más que eso y aquellas frases podía decirse que estaban fuera de lugar.

Ginny respingó de susto al escuchar aquella aterciopelada voz, su cuerpo se estremeció de inmediato recordándole las veces que había pronunciado su nombre mientras se entregaban el uno al otro. Dejó de hablar mientras sus ojos se abrían al doble al ver la imponente imagen del atractivo hurón reflejada en el vidrio del escaparate.

El corazón se le detuvo por el lapso de un segundo, para después latir apresuradamente en una loca taquicardia. Su celular resbaló de su mano, mientras sus labios temblaban sin palabras que pronunciar.

Draco atrapó su aparato con facilidad, sus reflejos como buscador seguían ahí, por lo cual no le costó ningún trabajo. Ginny se giró aún conmocionada por verlo en el mundo muggle.

Toma…

«Ginny, Ginny… Alo ¿sigues ahí?».

Él no pudo seguir escuchando, debido a que ella se llevó su celular a su oído.

Te llamo después. —Apretó el botón de finalizar llamada aún con la mirada fija en Draco, como si tratara de encontrar algún detalle que le dijera que no era él, que todo era producto de su alocada y dañada mente.

¿Q-qué… haces aquí?

A mi también me da gusto verte, Ginevra —soltó con un marcado sarcasmo, mucho más calmado que en el momento en el que se había bajado de su auto.

La lengua de la pelirroja se enredó con las palabras, parecía que tenía tanto que decir que al final no sabía por dónde comenzar.

Hablemos —ordenó sin rodeos.

No… no creo.

Tenemos muchas cosas que aclarar —interpeló insistente.

Ella se quedó callada con su mirada clavada en él, como si se encontrara debatiendo internamente.

¿Y bien? —presionó ansioso, pasando su mano por sus mechones rubios que habían decidido caer por su frente, opacándole su vista.

Está bien… habla.

¿Aquí? —indagó frunciendo su ceño—. Podemos ir a otro lugar, mi coche…

No —denegó moviendo su cabeza. No quería correr el riesgo de terminar en su cama, no podía cometer dos veces los mismos errores, personas inocentes habían salido lastimadas debido a sus acciones—, pero si quieres puedes caminar conmigo —añadió, notando como él torcía sus labios con desagrado, por un instante creyó que se negaría.

Bien.

Ginny dio unos pasos, tratando de mantener sus ojos al frente en cualquier lugar menos en Draco, sus manos se aferraron al vaso de café como si buscara obtener calor de él.

Él se encontró golpeando con impaciencia su pulgar de la mano derecha en su pierna, esto no estaba siendo nada sencillo. ¿Por dónde debía comenzar? Él no era un hombre que se quedaba frecuentemente sin palabras y ahora estaba ahí como tonto caminando sin saber cómo actuar y qué decir.

Ginevra…

¿Si?

Espero que sepas a dónde vamos. No quiero perderme.

Vaya forma de arruinar las cosas, se maldijo mentalmente.

Claro que lo sé.

En el registro de su voz notó su ligera molestia. Grandioso, lo último que quería en ese momento era retroceder en su relación y volver a sus años en el Colegio dónde se insultaban y hechizaban.

¿C-cómo te ha ido?... pensé que estabas de viaje —profirió dudoso. No había sido su mejor movida, pero al menos había sido menos agresiva y más neutral.

Eh… sí, estuve de viaje, pero regrese hace unos días —repuso sin dar muchos detalles—. Por aquí. —Señaló la calle derecha. —¿Y a ti? —preguntó como no queriendo la cosa.

He tenido mejores rachas —confesó hundiendo ligeramente sus hombros.

Siento… ya sabes… que Harry te haya golpeado.

Oh…humm.

No quería hablar de eso, tampoco es como si deseara presumir sobre como el imbécil de Potter casi lo desfigura.

Se quedaron nuevamente en silencio, ambos parecían un tanto incómodos aún. Anduvieron un poco más hasta que salieron al Támesis.

Yo… lamento que no te hayas casado.

Él ladeó su rostro mirándola con las cejas enarcadas. —Ambos sabemos que no es así —dijo. Ella enfrentó su mirada, para después aparatarla.

Pensabas hacerlo.

No, en realidad —aceptó, sabiendo que eso lo pondría ante los ojos de ella como un cobarde y un maldito desgraciado. Aunque seguramente ya pensaba así de él, desde antes.

Ginevra sintió que el aliento se le cortaba, algo importante estaba a punto de suceder si seguían por ese rumbo. ¿Estaba mal por alegrarse de eso?, de que el hombre con el que su amiga estaba comprometida no pensara en casarse con ella.

Draco… hicimos mal.

Lo sé.

Hermione y Harry, resultaron heridos por lo que lo que pasó entre nosotros.

¿Preferías que no se hubiesen enterado?

Ella negó, su rostro se lleno de culpabilidad. —Ya no podía seguir mintiendo, de cierta forma me liberó que él se enterara. Sólo que las circunstancias no fueron las mejores, supongo que todo lo que comienza mal, termina mal.

No tiene que ser así —aseguró deteniéndose, obligando a que ella también lo hiciera.

Ginny tragó en seco, ¿acaso estaba diciendo lo que ella creía? ¡Por Morgana, sentía que el corazón se le detendría! ¿Y por qué demonios no terminaba?

¿A… qué te refieres?

A lo que teníamos, a nosotros…

Draco…

Podemos intentarlo —espetó tratando de sonar casual, pero era evidente su interés y sobre todo su incertidumbre.

Las mariposas comenzaron a volver por su estómago, el sentimiento que había desarrollado por él, latió con fuerza en su interior. A pesar de haber tratado de sumergirlo en su interior y olvidarlo, ahí seguía tan vivo, burlándose de ella y sus intentos por desaparecerlo.

¿No nos esconderemos más? —preguntó después de un rato, no podía creer que estaba considerándolo.

El velo de la duda cubrió sus facciones por un instante tan corto que podría haber pasado desapercibido, pero no para Ginny que lo estudiaba minuciosamente y que había aprendido a leer sus microexpresiones detrás de su mascara de indiferencia.

No.

¿Admitirás nuestra relación?

Si eso es lo que quieres —repuso buscando de sonar despreocupado, pero la emoción se notaba incluso en sus hermosas pupilas plateadas.

Ella apretó sus labios, cavilando, algunas arrugas aparecieron en su frente.

No… no sé.

No, no, no… ¿por qué tenía que cambiar de opinión? El corazón se le oprimió de sólo pensar que se negaría. Rayos jamás ninguna mujer lo había hecho sentir así, todo lo que él quería lo conseguía sin problemas, pero ahora parecía un idiota temiendo ser rechazo por primera vez en su vida y lo peor era que era una mujer que si le interesaba en realidad.

Con cada segundo que pasaba sentía que iba a morir de la desesperación. Su intensión al verla, no había sido esa, pero ahora ya no le importaba. Ahora se daba cuenta, lo mucho que le había hecho falta, no sólo por el sexo si no por la compañía, por sus comentarios, sus sonrisas. Lo que había necesitado todo este tiempo, era únicamente a ella.

Ya les hemos hecho mucho daño a Harry y Hermione, no creo…

Ya no se trata de ellos, si no de nosotros —soltó exasperado.

Aún así, ellos…

Dime que no quieres estar conmigo —instó presionando. No la tocó, sólo restó el espacio entre ellos, hasta quedar a un suspiro de su boca.

Draco no hagas esto —pidió, ladeó su rostro evitando aquella mirada que la hipnotizaba.

¿Hacer qué…? ¿Pensar en nosotros? No era eso lo que tú querías que hiciera, que no sólo pensara en mí.

Si, pero…

¡Joder, Ginevra! Ahora soy yo él que te exige que pienses en nosotros… porque puede que si no lo haces ahora, después no lo habrá jamás.

¿Exigir y amenazar? ¿Ese es tu concepto de dialogar? ¿De querer que yo te crea? —bufó, lo pasó resoplando molesta—. No has cambiado en nada.

Él se pasó las manos por sus mechones plateados jalándolos ligeramente, la miró avanzar con pasos furiosos lejos de él, rumiando Merlín sabrá qué. Podía dejarla ir y dejar que su vida siguiera su curso, él seguiría divirtiéndose con una y con otra, hasta que encontrara la adecuada para casarse, pero había algo en ese futuro que no le cuadraba y eso era porque faltaba esa testaruda pelirroja que había venido a voltear su mundo por completo.

Sabía que aunque intentara olvidarla, lo más probable es que no lo lograra, ella lo perseguiría como una sombra noche y día, torturándolo como lo había hecho hasta ahora, en las semanas que no habían estado juntos.

¡Con mil demonios…! —exclamó.

Fue tras ella y ahí estaba el ex príncipe de Slytherin, el sex symbol del Colegio y sobre todo un Malfoy, yendo como un sensiblero tras una Gryffindor, pero no tras cualquiera, era la pobretona, la cabeza de zanahoria, la hermana del Come-babosas.

¡Habráse visto eso! Afortunadamente estaban en el mundo muggle, porque nadie que lo conociera podría creer la surrealista escena que se estaba desarrollando junto al Támesis, bajo el cielo estrellado de Londres, ya que un Malfoy jamás se rebajaba a rogar, ni a perseguir de esa forma a una mujer, las mujeres se volvían locas por ellos, no al revés.

Espera… —pidió, la tomó del codo, pero ella se jaloneó buscando zafarse.

¡Suéltame!

¡Carajo Weasley! Escúchame…

¿Para qué…? ¿Para qué sigas…?

La atrajo por la nuca hacía él, plantándole un beso que la dejó sin aliento y con el mundo dándole vueltas. Ni siquiera había tenido oportunidad de rechazarlo, él la había besado con tanta fuerza, que había sido totalmente abrumador y exquisito, su lengua acarició sus labios con avidez pidiendo una entrada que ella no pudo negarle, apenas su lenguas se tocaron sintió una explosión de sensaciones que le hicieron recordar cuánto había extrañado los besos de Malfoy, sus manos recorriéndola, enardeciéndola, su cuerpo pegado al suyo…

Demonios, era tan difícil negarse a sí misma que no quería estar con él.

Sus piernas se volvieron débiles, pero no importó porque ella tenía de donde sostenerse, su café cayó al suelo salpicando sus zapatos, pero nada de eso les importó. No mientras sus bocas siguieran unidas, devorándose la una a la otra, buscando dominar el ritmo, se aferró a él como si creyera que en cualquier momento él fuera a desaparecer o a romper su beso diciéndole que tenía que irse.

No fue hasta que sus pulmones se quedaron sin aliento que el beso culminó con él como ganador, mordiendo su enrojecido labio inferior arrancándole un sonido de aprobación.

Una sonrisa lenta y provocativa distendió los labios de Draco, sus ojos vagaron por el rostro sonrosado, observó las pequeñas manchas espolvoreadas por el tabique de esa pequeña y graciosa nariz, sus ojos le gritaban tantas cosas al mismo tiempo.

No cabía duda de que al amor lo separaba una línea delgada del odio, y ellos eran la prueba vivida de eso.

Eres un maldito… sucia serpiente…

Y tu eres una testaruda, que deja mucho que desear para ser Gryffindor, ¿dónde esta tu valor?

¿Qué? Yo…

Entonces admite que no puedes vivir sin mí.

Eso quisieras, hurón… te recuerdo que él que vino a buscarme fuiste tú —acentuó sus palabras clavando su dedo índice en su torso.

Yo no…

Tenías que ser Slytherin.

Y tú una Gryffindor, cabeza de zanahoria.

Que te tiene loco.

Tal vez…

¿Cuándo admitirás qué…?

No tengo que hacerlo, pensé qué eras más inteligente —murmuró con ese tono petulante que lo caracterizaba.

Mirando los ojos grises del ex Slytherin, comprendió lo que él había callado todo este tiempo, no le sorprendía que le costara tanto expresarse pero al menos una vez le gustaría escucharlo decirle esas dos palabras que toda chica quería escuchar de la persona que amaba, pero él no era de esos debía aceptarlo.

Ella golpeó sus hombros a modo de queja. —Lo soy, pero tú eres un cerrado que…

Él dejó escapar un quejido exagerado. —¿Cuándo dejarás de ser tan salvaje?

Quizás cuando uses un tutu rosado y muevas ese culito pálido en el Ministerio…

Entrecerró sus ojos, el rictus de su cara se volvió de desagrado aunque sus labios mantuvieron su sonrisa característica.

Ingenioso Ginevra.

Ella le sonrió sacando su lengua en un gesto un tanto infantil.

Se quedaron callados, escuchando el suavemente movimiento del agua, mientras la brisa arrastraba las hojas de los árboles a lo largo de la calle, moviendo las hebras de sus cabellos.

Yo estoy dispuesto, si tú lo estás —dijo rompiendo su mutismo.

Aquella afirmación provocó un vaivén de emociones en su interior, trató de imaginarse lo que sería estar sin él por más tiempo y eso le provocó un espasmo de dolor, no tanto físico si no de otra clase, de los que marcan el alma y dejan una herida profunda en el corazón.

No, no quería estar sin él, tenía claro que no le estaba proponiendo «un felices para siempre», pero si un presente juntos, libre de engaños a terceros y por ahora eso le bastaba, con el tiempo verían a dónde los llevaría eso.

Sí —respondió sintiendo que la alegría comenzaba a alejar los malos ratos que vivido en el pasado, aún tenían mucho que enfrentar pero al menos ahora estaban juntos con todo lo que eso implicaba.

Malfoy curvó sus labios en esa sonrisa suya tan arrogante, como provocativa que lograba dejar a más de una aturdidas y totalmente a su merced.

Sabía que caerías rendida a mis encantos… después de todo, soy perfecto —manifestó con el ego hasta el cielo, sintiendo su corazón latir ante aquel sentimiento desconcertante y cálido que sólo ella había logrado despertar en él.

Ella rodó sus ojos, podía tolerar sus momentos de soy lo mejor, un dios griego y demás siempre que estuviera con ella, aunque eso no quería decir que no lo pusiera en su lugar de vez en cuando.

Que más quisieras…

Su sonrisa se ensanchó, se inclinó una vez más y le obsequió un beso como ninguno otro, cargado de sentimientos.

Después de una largo rato se separaron él llevó sus labios cerca de su oído, y mientras trataba de calmar su respiración, aspiró su perfume asquerosamente dulzón y le susurró aquellas palabras que ella tanto había esperado, dejándola totalmente perpleja, su corazón voló dentro de su pecho, elevándose sobre las ráfagas de alegría que la recorrían.

*º*º*º

Ginevra arribó al Ministerio, estar ahí le traía tantos recuerdos. Después de pasar las pruebas de seguridad se dirigió a donde se encontraba la oficina de su marido, tomó el elevador junto con otras personas, por un momento había tenido la esperanza de toparse con su padre o alguno de sus hermanos, pero no había sido así.

Algunas personas la saludaron mientras caminaba en los pasillos, después de todo no era una mujer que pasara desapercibida.

Al llegar se encontró con Blaise Zabinni, gran amigo de su esposo. Poco después de que Draco y ella volvieran a estar juntos, se había visto obligada a convivir con esas serpientes, descubriendo que después de todo no eran tan malos, ni molestos. Bueno claro esta que no todos, seguía sin poder llevarse con algunas personas…

Les había costado meses entenderse, pero ahora tenían una relación envidiable, nadie creería que antes eran némesis.

—Pelirroja, ¿has venido a verme?

—Blaise… —reprendió sonriéndole, él siempre tan coqueto—. ¿Cuándo entenderás que lo nuestro no tiene futuro?

—Mmm nunca, quizás uno de estos días decidas deshacerte del grinch con el que te casaste y vivir la vida al lado mío, créeme yo podría mostrarte tantas cosas.

Ella rió divertida. —No lo dudo, pero tendré que declinar tus propuestas.

—Bueno… tú te lo pierdes —contestó haciéndose el indignado—, y ¿a qué debemos tu visita?

—Vengo a ver a Draco… ¿esta ocupado?

Él se giró mirando a Anne la secretaría, haciéndole una muda pregunta, que ella respondió con un simple nombre en un susurro. Blaise enarcó sus cejas, ligeramente sorprendido, volvió su rostro hacia la pelirroja sonriéndole.

—¿Qué? ¿Qué fue eso? ¿Con quién esta?

—Nada… sólo esta atendiendo un asunto con un cliente.

—¿Qué cliente?

Su pregunta fue contestada cuando una mujer que parecía toda una barbie salió de la oficina de su marido, la cual no tardó en reconocer. Ese cabello tan sedoso y rubio, cayendo en rizos perfectamente hechos, con esa carita de inocencia perfectamente perfilada, labios rosados y ojos aceitunados, con un vestido negro que se ceñía a su figura, resaltando sus atributos.

No podía ser otra que Astoria Greengrass.

Habían estado en el mismo curso en Hogwarts y tenía claro que alguna vez Draco se había sentido atraído por ella, o al menos eso era lo que decían las malas lenguas, él nunca le había contado sobre sus amores, amiguitas o demás relaciones que había tenido con otras mujeres en el pasado.

El punto era que para nada le había gustado verla salir de la oficina de su marido y menos usando aquel modelito. Los celos bullían en su interior, pero se obligó a mantener una expresión serena, no sin cierta dificultad.

—Hablamos después.

Zabinni asintió, mientras una sonrisa burlona se escurría en sus labios. «Para nada envidio a Draco en este momento, la que se le va ha armar…».

*º*º*º

Ginny entró escrutando cada rincón y detalle del lugar que estuviese sospechosamente fuera de lugar, encontró a su esposo sentado frente a su imponente escritorio negro, sumido en unos pergaminos, su corbata estaba ligeramente aflojada y los primeros botones desabrochados.

Sus ojos se volvieron dos rendijas de recelo, en el ambiente aún se respiraba el perfume cítrico de Astoria, arrugó su nariz.

—Sweden, ¿cuántas veces tengo que decirle que no entre a mi oficina sin antes tocar? —repuso arrastrando las palabras, sin alzar su mirada.

Al no obtener una respuesta, elevó su rostro topándose con la hermosa figura de su esposa, acercándose a él con movimientos lentos y seductores, sus labios rojos dibujaron una sonrisa pícara.

Ginny disfrutó de la turbación momentánea de Draco al verla. Se detuvo frente al escritorio recargando sus manos en él, mientras se inclinaba un poco, mostrando un poco del escote que lucía ese día.

—Señor Malfoy…

Él no pudo evitar dirigir su mirada hacia la turgencia de los senos, se entretuvo en la piel pecosa que dejaba al descubierto su blusa, tragó en seco. Su cuerpo se sacudió en respuesta, recordándole que llevaba días sin acción. Respiró profundamente buscando calmarse, pero al parecer el oxígeno no llegaba con la rapidez que a él le hubiera gustado a su cerebro.

—Ginevra, ¿qué haces aquí? —soltó un tanto brusco, apartando la vista.

Ella se enderezó, moviendo con su mano un par de hilos rojos que caían en su rostro.

—¿No es obvio? Vine a visitarte —profirió, rodeó el escritorio, recargándose en él, cuando estuvo cerca de la silla de Malfoy.

—Ten cuidado, son documentos importantes —amonestó, logrando que se moviera para que él pudiera retirarlos.

—Pudiste avisarme.

—Si lo hubiera hecho, no sería sorpresa —comentó notando que él no parecía muy feliz al verla, su sonrisa se marchitó como una flor bajo el sol incandescente. Hundió ligeramente sus hombros haciendo que su apariencia de fragilidad creciera—.Te he extrañado, casi no te he visto…

—Sabes que tengo mucho trabajo —explicó estresado, dejando a un lado sus papeles, cuando ella no agregó nada más, volteó a verla con interrogación, tenía esa expresión taciturna que él detestaba, no soportaba verla así y saberse el causante.

Le quitó el bolso de las manos que apretaba con fuerza, dejándolo sobre su escritorio, la tomó de las manos haciendo que se recorriera, dejándola frente a él aún recargada en su escritorio.

—Yo también te he echado de menos.

Las esquinas de su boca se acurrucaron en una sonrisa que le llegó hasta sus hermosos ojos. —¿Ah si?

Los labios de Draco se curvaron hacia arriba mostrando una sonrisa petulante. —Ven…

Él había esperado un simple beso, pero al parecer ella tenía otra idea. Se sentó a horcajadas sobre él, afortunadamente la falda que llevaba le permitía esa clase de maniobras y había que agradecer que la silla fuera lo suficientemente grande y resistente para no tirar a ambos por el peso.

—No sabía que estuvieras tan necesitada —señaló malicioso, colocando sus manos en su estrecha cintura.

—Y yo no sabía que te excitaras con tan sólo tenerme en tu oficina —habló altiva. Se había sorprendido al darse cuenta de su estado, primero se había sentido satisfecha de sí misma, porque aún podía lograr que eso ocurriera, pero aquella sensación se desvaneció al recordar que no había sido la única mujer que él había visto en ese lapso—, ¿o se debe a tu otra visita?

Él dejó de mover sus manos, se quedó quieto tratando de averiguar de dónde venía aquello, el tono celoso de Ginevra lo había intrigado. Su ceño se frunció y desfrunció en un par de segundos, hasta que recordó que segundos antes de que ella llegara había estado con Astoria y todo cobró lógica.

Draco dejó escapar una risa aterciopelada, sus ojos grises relucieron. —¿Celosa?

—¿Debería?

Observó la sonrisa que curvó los labios masculinos: arrogante, maligna y divertida.

—Los negocios no me la ponen dura —le soltó con descaró sobre sus labios.

El color rojo que adquirió la cara de Ginny nada tenía que ver con el de su cabello, él no esperó a que ella dejara salir algún comentario de esos que los harían seguir con su pequeña discusión.

La silenció con un beso lento, degustando el sabor de sus labios. Ginny enredó sus dedos en sus hebras plateadas, se inclinó más sobre él, obligándolo a recargarse en el respaldo de la silla que rechinó un poco.

Ginny suspiró ansiando más, la estaba torturando con esos roces asertivos haciéndola olvidar donde se encontraban y que en cualquier momento podrían descubrirlos. Draco chupó sus labios, de forma casi instintiva, entreabrió su boca permitiendo que él la recorriese, derritiéndose ante los embistes de su lengua.

Sus labios se acariciaron una y otra vez, en un encuentro de besos apasionados, ardientes buscando saciarse el uno del otro. Draco dejó que sus manos comenzaran a delinearla encima de su ropa, recorriendo toda su figura a placer, haciendo que ella temblara entre sus brazos.

La necesidad de aire los forzó a separarse, jadeantes, acalorados y deseosos de más. Unieron sus frentes recuperando algo más que el aliento, sus conciencias lentamente volvieron al estado on.

Ginny acarició su rostro con las puntitas de sus dedos delineando sus perfectas facciones aristocráticas. Era demasiado atractivo, debía reconocer que los años sólo hacían que se viera aún más imponente, más apetecible, no debería existir tanta belleza en un hombre y menos en un Slytherin.

—¿Admirando mi perfección? Yo se que soy irresistible…

—Cállate y bésame.

Draco esbozó una sonrisa malévola, pero en lugar de hacer lo que ella había solicitado dejó que sus labios tocaran con suavidad su garganta, obligándola a echar a un lado su cabeza.

Ginny jadeó suavemente, cerró sus ojos dejando que las sensaciones se intensificaran, su pulso se aceleró de manera incontrolable, el deseo la recorrió al sentir las manos de Malfoy colándose debajo de su falda, acariciando sus piernas, encendiendo su piel.

—¿Qué traes debajo? —preguntó directamente al lado de su oído, su voz sonó tan sedosa como una caricia y totalmente peligrosa. Sus manos se detuvieron antes de llegar a esa zona tan delicada, en espera de su respuesta.

Ella abrió de golpe sus ojos. —Draco, no estarás pensando…

—¿Qué? —enarcó sus cejas, mientras se acercaba a morder sus labios, provocándola.

—¿Estás loco? Alguien podría entrar y…

—Nadie lo hará —descartó—. ¿Qué es lo hay debajo de tu falta?

Los ojos de ella brillaron al ver que no podría hacerlo cambiar de opinión y en el fondo el peligro de que los encontraran aumentaba su excitación. Le sonrió seductora, dejando que sus dedos bailaran alrededor de su corbata, deshaciéndose de ella.

—¿Por qué no lo averiguas?

Sus ojos se oscurecieron, podía sentir el deseo en el espeso líquido que le recorría las venas, la tomó de la cadera y la colocó en su escritorio. Ginny soltó un gritillo ante la sorpresa.

—Pero tus papeles…

—Ahora no —le cortó, se incorporó colocándose en medio de sus piernas, le subió la tela de su falda lentamente, recreándose con cada centímetro de piel expuesto hasta que llegó a su ropa interior, era una pequeña prenda de encaje lila. Él gruñó en respuesta.

El bulto en sus pantalones palpitó. Atacó nuevamente sus labios en un beso febril, cargado de deseo, mientras sus manos se perdían en su espalda baja, sus caderas se encontraron en los puntos exactos, una descarga de placer los recorrió, haciendo que despegaran sus labios gimiendo.

—Nos escucharan —exclamó Ginny, sin permitirle dejar aquella danza exquisita, se abrazó a su espalda con fuerza, dejando escapar pequeños sonidos.

—Tiene un hechizo silenciador —expresó, entre besos ardientes.

—Ah… Draco.

Él escucharla lo encendió aún más, el deseo latigueó la zona sur de su cuerpo, haciéndolo gruñir apremiando el movimiento de sus caderas. Sus labios se perdieron por el mentón de Ginny, bajando por la zona de su cuello yendo hacia su escote.

Ginny sintió el duro golpe bajo sus pantalones presionando contra sus muslos, cada vez con más fuerza, el cálido aliento de Draco cerca de sus pechos le erizó hasta los vellos de la nuca, él sacó una de sus manos de su falda para ayudarse a deshacerse de esa estorbosa blusa.

De repente un sonido agudo seguido de la voz cantarina de Anne Sweden, inundó la habitación por encima de sus jadeos.

—La señora Malfoy esta aquí, desea verlo.

Eso los dejó helados, ninguno se atrevió a moverse, ambos parpadearon como si no creyeran lo que habían escuchado.

—¿T-tu madre? —exhaló agitada, totalmente horrorizada.

Vaya forma de córtales el rollo, literalmente les habían vaciado un balde de agua fría.

—Diablos…—Se alejó de ella como si le quemara.

Ginevra se puso de pie de un salto, al tiempo que el pomo de la puerta se movía.

—¿Por qué no espero tu respuesta? —inquirió escandalizada, se arregló sus ropas y su cabello. Se giró hacia los ventanales, corrigiendo los desperfectos de su maquillaje, menos mal que aún no se habían quitado la ropa, o al menos lo necesario.

—No lo sé.

Draco hizo lo propio con su traje, recogió su corbata guardándola en un cajón. Se colocó detrás de su silla, buscando esconder su notorio estado de excitación, su madre no tenía que saber que estaba teniendo un serio problema en sus pantalones.

Arregló sus papeles, justo al tiempo que Narcissa hacia su entrada, siempre tan elegante con su andar único, ella siempre hacia que caminar pareciera lo más femenino y fácil del mundo, era como si no tocara el suelo.

Les brindó una sonrisa mesurada, pasando sus ojos azules de uno a otro y algo en ese gesto le hizo creer a Ginny que sabía exactamente lo que minutos antes había estado ocurriendo en el lugar.

Merlín, quería que la tierra se abriera y la tragara, pidió en silencio que el sonrojo en sus mejillas hubiera descendido o sería un claro detalle que los pondría en evidencia.

—Madre… —habló, en otra ocasión hubiese ido hasta ella, pero ahora eso no era algo recomendable, así que se limitó con realizar una pequeña reverencia.

—Buenas tardes, hijo. Ginevra, es una sorpresa encontrarte aquí, aunque me alegro de que estén juntos.

—Seño…Narcissa —corrigió, aún había veces en que se le olvidaba que ahora podía llamarla por su nombre, se dio un golpe mental.

—Toma asiento, ¿deseas algo de tomar? —preguntó cortésmente, Draco.

—No, sólo estaré unos minutos.

—Entiendo —aguardó expectante, mientras Ginevra a su lado torcía sus dedos nerviosa.

—Sólo pase a confirmar su asistencia a la cena que se hará unos días en Wilshire.

—Ahí estaremos —respondió él por los dos. Ginny le lanzó una mirada poco discreta, mientras su ceño se fruncía, odiaba que él tomara decisiones por los dos.

—¿Estás de acuerdo Ginevra?

Volvió su atención a la mujer, relajando su gesto, ya arreglaría cuentas con él más tarde. —Sí —declaró con una media sonrisa.

—Bien, los veremos ahí.

—De acuerdo —corroboró.

—Debo irme, nos vemos más tarde en la Sociedad de Caridad —agregó, mirando a su nuera.

—Sí.

—Hasta luego —repuso, caminó hasta la puerta, estaba por salir cuando se giró hacia ellos—. Draco a menos de que ahora estés usando labial, es mejor que te quites esa mancha que tienes en tu boca…

Él se tensó automáticamente, maldiciendo para sí.

—Y querida… espero que no lleves ese conjunto más tarde, esta algo arrugado —indicó, con eso salió de la oficina.

Ginny cerró sus ojos avergonzada, se llevó las manos a la cara. —Por Gryffindor…

Malfoy se acercó a ella, retirando sus manos. —Ya, no te martirices.

—¿Qué? Tú madre se dio cuenta de lo que habíamos estado haciendo.

—Lo sé.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

Él hundió sus hombros. —No podemos hacer nada.

—¿Qué va a pensar de mi?

—Déjalo ya… no pensara nada.

—¡Ah! —suspiró, miró el techo afligida, para después regresar su mirada furiosa a él—. ¿Y por qué dijiste que asistiríamos a esa cena? Ni siquiera me lo preguntaste.

—Porque sabes que debemos ir.

—¿Debemos?

—Es sólo una cena, Ginevra.

—No me gusta que no consultes conmigo las cosas —recriminó sulfurada.

—Lo haré la próxima vez, ¿contenta?

Ella le lanzó una mirada de incredulidad, resopló aún medio molesta pero finalmente asistió. —Es mejor que me vaya —anunció, caminó hacia el escritorio para tomar su bolsa—, aún debo ir a ver a mis padres, y después tengo que pasar a la casa para cambiarme, no quiero que tu madre me sermoneé, aunque tiene razón mi falda…

Él tomó su varita de su saco, con una idea muy clara en la mente y también en su cuerpo. Su mano derecha serpenteó la cintura de su esposa, afianzándola cerca de él.

—Draco ¿qué…? —Ni siquiera logró terminar de articular su pregunta, su esposo había asaltado su boca, reclamando cada rincón como suyo, desarmándola al instante.

Segundos después sólo supo de un jalón familiar en su estómago, se separó de él emborrachada por sus besos, sus ojos se abrieron al doble, él los había aparecido en su casa, en su cuarto.

Dejó caer su varita, la cual rebotó para después rodar por la alfombra. —Es hora de que terminemos lo que empezamos.

Ginny sintió su cuerpo encenderse de nuevo con un deseo que la dejó sin aliento, soltó su bolsa, para colocar sus manos en el torso de Malfoy, deteniendo su avanece. —¿T-tú trabajo? —preguntó, antes de dejarse llevar por las caricias y los labios de Draco que devoraban su cuello.

—Llegaré tarde, no me esperes despierta —informó. Fue todo lo que dijo y al parecer le basto, porque no hubo quejas cuando invadió su boca, ni cuando la cargó obligándola a rodearle con sus piernas.

Caminó con ella hasta su cama, cayeron sobre ésta, pero él se detuvo con sus manos. Ginny desenredó sus piernas, mientras él seguía embotando sus sentidos con aquellos besos húmedos y calientes que la dejaban temblorosa y necesitada.

Entre besos y caricias ardientes, fueron deshaciéndose de la ropa que tanto les estorbaba, impidiéndoles amarse. Él se detuvo a admirar su conjunto de lencería, que resaltaba todos sus atributos perfectamente. Sus manos se encargaron de bailar por todo su cuerpo produciéndole estragos sobre su sistema nervioso, dejándola totalmente desnuda debajo de él.

Draco depositó pequeños besos en su cuerpo, hasta llegar a su estómago plano, era admirable que no estuviera gorda con ese apetito feroz que tenía, tenía un buen metabolismo, aunque mucho tenía que ver que había jugado Quidditch durante varios años y sabía que seguía haciéndolo en sus ratos de ocio con su familia.

Besó un pequeño lunar que tenía, antes de soplar en su ombligo, causando que ella se retorciera, riendo un poco, como si el aire cálido le hiciera cosquillas. Lo tomó de su cara obligándolo a elevarse nuevamente para quedar a su nivel, Ginny besó sus labios casi con desesperación.

Rompieron el broche de sus bocas después de un rato, jadeantes. Ella aprovechó el momento para tocar el pecho de Draco, ausente de vello, tan perfecto que parecía haber sido cincelado por el mismo *Bernini, ni siquiera las pequeñas marcas que le había dejado el setumsempra arruinaban su belleza, en esos momentos entre la cordura y la razón, si creía que él fuese un dios.

Sus cuerpos se encontraron, piel contra piel, la sensación fue sublime. Se besaron larga y profundamente, antes de que Draco se hundiera en su interior por completo, haciendo que se ondulara contra él, suspirando su nombre una y otra vez, mientras sus uñas marcaban su costado.

Él tembló gruñendo una maldición, se sentía tan bien estar dentro de ella, como su cuerpo se apretaba contra él. Se balanceó contra ella una y otra vez en un ritmo agónico que los llevó al límite, ambos suspirando palabras entrecortadas.

Draco se giró en la cama con ella, dejando que fuera ella quien los llevara hasta el final. Ginny se alzó hermosamente sobre su regazo moviéndose suavemente, mientras él acariciaba sus curvas, deteniéndose en sus pechos tan suaves como el satín, adorándolos, poniendo atención en su puntas rosadas.

Tenerla así era la visión más erótica y perfecta, detestaba que las mujeres estuvieran sobre él, creyendo que lo dominaban, rara vez había dejado que aquello sucediera, pero cuando había conocido a Ginevra eso le había dejado de importar, ella podía estar arriba las veces que quisiera.

Él movió su cabello rojo a un lado, deslizó sus manos por la espina dorsal provocándole un escalofrió de placer, soltó ruiditos de aprobación, mientras echaba su cabeza hacia atrás disfrutando del vaivén de sus cuerpos, apoyó sus manos en el abdomen de Draco buscando un soporte para sus movimientos que se volvían cada vez más frenéticos, él la ayudó colocando sus manos en los huesos de su cadera.

Ella se cernió sobre él, casi sin aliento. —Te amo —susurró contra sus labios, él la besó absorbiendo su jadeó cuando la oleada de placer la atravesó, haciéndola temblar completamente.

Él separó sus bocas exhalando con fuerza, todos sus músculos se tensaron, su cuerpo se sacudió por completo mientras la liberación lo recorría en ráfagas de placer, perdió la noción del tiempo y el espacio, el éxtasis lo dejó lánguido y totalmente satisfecho, con el corazón martillándole con fuerza y la tibia figura de su esposa aún sobre él.

Los estragos de placer aún los envolvían, cuando ella se separó, él resintió dejar de sentir su peso, pero ella se acurrucó a su lado, abrazándolo.

*º*º*

Draco supo que se habían quedado adormilados después de un rato, cuando sintió que ella se alejaba de él.

—¿A dónde vas? —cuestionó incorporándose un poco, para observar como una bata de seda cubría su esbelto cuerpo.

—Es tarde, debo arreglarme.

Él soltó una maldición al ver la hora, tenía mucho trabajo esperándolo en su oficina. Se levantó con una velocidad que envidiaría cualquier superhéroe, entró al cuarto del baño donde poco después el sonido de la ducha se escuchó.

Ginny sonrió para sí, mientras comenzaba a recoger el desastre que habían hecho. Poco después él salió envuelto en una nube de vapor con una toalla negra enredada a su cadera.

No tuvo que andar por la habitación, ya que su esposa le había preparado la ropa.

—¿Llegaras muy tarde?

—Es lo más probable.

Hubo un largo silencio, Ginny se recargó en el dosel observándolo cambiarse, notando las marcas rojas de sus uñas aún en su pálida piel.

—¿Qué clase de negocio tienes con Grengrass?

Él ni siquiera se detuvo, se colocó la camisa negra, abotonándola. —¿Sigues celosa? —le respondió enarcando su rubia ceja, una esquina de su boca se curvó malamente.

Ella dejó escapar un bufido de indignación, mientras lo miraba de forma severa.

—Nuestros padres tienen negocios en común, ella comenzó a interesarse debido a que no tienen hermanos y ninguna se ha casado, su padre al parecer no ha tenido buena salud últimamente. Él fue el que me pidió que la asesorara sobre la cuestión legal y financiera de su empresa.

Ginn arrugó su ceño, mientras se cruzaba de brazos. —¿Tenías que ayudarla tú? ¿Por qué no lo hace Blaise o Theodore?

—Son negocios Ginevra —manifestó con simpleza, metiendo su camisa dentro de su pantalón para después colocarse el cinturón que tenía una hebilla de serpiente—, ¿qué te preocupa? Nunca has sido tan celosa.

Ella voceó sin que nada saliera de su boca, descruzó sus brazos mientras andaba por la habitación, él mantuvo su mirada fija en ella siguiendo su andar nervioso.

—No sé… —respondió con sinceridad —es que ella es… muy bella, es todo lo que tus padres hubieran querido para tu esposa y saber que entre ustedes pudo haber algo, no sé… ni siquiera se lo que estoy diciendo. ¿Parezco una demente, no?

Una risa grave y melodiosa llenó el lugar, logrando que ella lo mirara enfurruñada, estaba sincerándose ante él, confesándole sus temores y él se reía desvergonzadamente de ella.

—Ginevra, Ginevra… no está pasando nada entre ella y yo —aclaró, ella alzó su mirada notando en sus labios esa sonrisa ladina que lo hacía ver tan sexy. Besó su frente ceñuda, logrando que ella se relajara y lo abrazara.

Ese era su gesto que podía ser tan simple, pero que ella sabía bien que significaba: «Te amo».

*º*º*º

Continuará…

*º*º*

*Everything canción de la banda Lifehouse.

* Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 7 de diciembre de 1598 - Roma, 28 de noviembre de 1680) fue un escultor, arquitecto y pintor italiano.

¡Gracias por leer!

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*º*º*

Esperamos que les guste esta segunda parte.

Esta historia fue posible gracias a Karlyzhaa G Black, que nos dio la idea para llevarla acabo y a todas las personas que pidieron una continuación.

Gracias a los que se dieron tiempo de comentar, nos alegraron el día con sus palabras: Rose Dark, fran malfoy, Karlyzhaa G Black, Maryel Tonks, adrybruja, Lily Potter Malfoy, monica, Lol . peace, Primrose Darcy, maribel chan y Carito.

*º*º*º

* Ojala puedan pasar a leer nuestras otras historias sobre esta pareja.

.:::*Perfect Gentleman (Long fic)

.:::*You and I (One shot)

.:::*Sentimiento oculto (One shot)

.:::*Just to be close to you (One shot)

* ¨ )¸.·´¸.·´¨)
(´¸.·*´¯`*»— — The darkness princess & Lady Muerte.