Como decía, actualizar en vacaciones y rápido no es mayor problema(?) Ahí va el segundo capítulo en el que podrán compadecer a Gilbo... *** 2. [HORA DE LA COMIDA: ¡BUENA SUERTE, PRUSIA!]

Si bien algo estaba muy grabado en la mente del chico albino agredido por una sartén voladora y la tiza fantasma, era el curioso método que fascinaba al enfermero de la escuela. Un sistema raro. Sencillo, había unas cuantas normas a seguir, porque para impresionar al chico que se ocupaba de los incidentes médicos del instituto y hacer que curara una herida, tenía que pasar por unas cuantas inspecciones quien fuese el desafortunado accidentado.

El hombre de rasgos occidentales y piel apiñonada que se hacía cargo, era bastante estricto. Lo suficiente como para darte dos opciones si tan siquiera ibas a verle con una cortadita en el dedo pidiendo una curita.

Primera: Tenías que salir de enfermería e ir directo al invernadero para que tú mismo te curaras haciendo mezclas con plantas medicinales.

Y segunda: Alegaba que para tener derecho a una curita, la herida debería tener dimensiones más grandes. ¡Esa era una amenaza para abrirla más!

Fuera la opción que fuera, la enfermería del instituto no era muy amena, no era para bromear.

Pero bueno, ambas cosas las había aprendido el joven Representante de la caída Prusia a la mala.

Cuando sus amigos, el rubio y el castaño le enseñaron al noqueado y medio desangrado chico al enfermero… lo único que hizo fue medirle las heridas.

-Tiene derecho a un vendaje-Susurró y comenzó a curarle. Miró a los chicos intrigados.-¿Y ustedes qué? Largo, si no quieren que me distraiga y su amiguito termine requiriendo sutura.-Ambos chicos salieron de inmediato y fueron a sentarse a los sillones de espera, con la esperanza de que Gilbert no tardase tanto en manos de ese… singular enfermero.

-Esta vez se pasaron con Gilbo…-Habló el moreno de orbes verdes, representante de España. El otro simplemente asintió, haciendo una mueca de molestia al escuchar los quejidos del chico dentro de enfermería.

-Espero que esta vez aprenda…- Habló el rubio de Francia. Ambos se quedaron viendo fijamente un momento y comenzaron a reír.

-Ni de coña aprende, Francis…-El aludido hizo un gesto dudoso, posando uno de sus codos en la recargadera, deteniendo por un costado su cabeza.

-Quien sabe tal vez el enfermero se emocione experimentando con el "espécimen" albino y le saque la crayola que se metió hace dos años por la nariz…-Sería mentira decir que ambos estaban llorando por la risa que se manifestaba en ese momento. Recordar la apuesta de la crayola en la nariz era hablar de los tiempos en los que Gilbert era tranquilo…

La risa fue cortada de tajo cuando salió el chico de ojos rojos con un vendaje en la cabeza, riendo como idiota. Francis se quiso reír de su apariencia, pero Antonio, el español le dio un codazo y le susurró al oído:- No te burles de un héroe de guerra…- Y ambos volvían a taparse la boca para evitar reírse.

-¿Qué? ¿Tengo monitos en la cara?-Dijo indignado y haciendo un puchero de inconformismo, dirigiendo su mirada hacia arriba, como si intentara mirarse el vendaje.

-¿Decías que si tienes morada la cara?-Dijo el rubio muy bajo, para que sólo escuchara Antonio. El de ojos azules tuvo que voltearse tras decir aquello, de ninguna manera quería disgustar a su buen amigo Gilbert, porque contentarlo significaba una tarea titánica.

El Prusiano estaba desesperándose y antes de que saliera con cualquier tontería más, el Español se levantó de su asiento, tras contenerse un poco, habló-No es eso, Gilbert… sólo alabamos tu valentía por soportar un golpe de una sartén… y la tiza que te hizo un tercer ojo…- Era prácticamente imposible que Francis se dejara de joder de risa con cada cosa que alegara Antonio, así que se excusó para ir al baño, a buscar un poco de tranquilización mojándose la cara en el lavamanos.

-El magnífico yo tiene hambre, Tonio –Hablo bajito y cerrando los ojos por el dolor que le molestaba y le paralizaba más de la mitad de la cara, su estómago gruño debido a la nula cantidad de alimento, el moreno se enterneció y le acarició el cabello.

-Cuando salga Francis nos vamos a comer algo ¿Vale?-Como si fuera magia, el Francés salió con un aspecto más bien renovado y ahora con una media coleta, definitivamente, se veía bastante bien –Mira que ya ha salido…- Sonrió y le dio una ligera palmadita al herido.

-¡Ahora, vamos a comer, el genial yo no puede estar esperando más!-Se encaminaron hacia el pasillo que llevaba al comedor. La mayoría de los estudiantes se supone que ya deberían estar comiendo o a lo menos, deberían aún estar formados con su bandeja.

Caminando lentamente por el pasillo, escucharon a lo lejos:

-¡El último que llegue le toca comerse los scones de Inglaterra!

-¡Ven acá maldito chino!-

-¡Hong-Kong, tarado, Hong-Kong!-

-¡Vamos, Su-san, no quiero comer… eso!-

-¡Puaj! Pobre de quien le toque comerse esas cosas…-Dijo Gilbert, haciendo un además de asco.

-Pobre Arthur, le ofrecí unas clases de cocina gratis y hasta la fecha se lo toma a mal… ¿No sabe acaso que es por el bien de quienes le rodean? ¡Puede matarnos!-Los otros dos asintieron al oír a Francis decir la verdad, la verdad y nada más que la verdad.

Se detuvieron en seco cuando vieron pasar a cuatro chicos y un ave a su lado–Esos bastardos casi nos matan…-Habló en tono despectivo el chico de los vendajes, quejándose de que el primero en haber pasado le había golpeado con ligereza el brazo.

No tomaron mucha importancia y siguieron caminando, el comedor aún estaba mediamente lejano y entre más tiempo hacían, menos probabilidad de postre quedaba.

Segundos más tarde, al español se acordó de algo, un tanto gracioso. –Chicos, chicos… Una vez le pedí al Inglés que le sirviera el desayuno a Lovino, era cereal. Simple, sólo agregas leche y ya ¿No? –Ambos asintieron – ¿Y qué creen?- Al mismo tiempo, contestaron con un interesado "Qué" a la interrogante –¡Que al ponerles leche, se incendió el tazón!-Ninguno de los tres aguantó la risa y comenzaron a desvanecerse prácticamente en el suelo. Gilbert era como el rey del drama, se tiró sobre la alfombra y comenzó a golpear el suelo de tanta risa. Ninguno de los amigos se había dado cuenta de que venía Mathias a toda carrera por el pasillo, y cuando Gilbert se incorporó…

-¡Cuidado…!-Gritó el danés, pero no evitó el impacto contra el albino, que de nueva cuenta, terminaba dañado. Ahora, con la cabeza contra el suelo y quien sabe cómo, un pisotón en la espalda. –Perdón, perdón…- Ni siquiera lo ayudó a levantarse y emprendió su carrera otra vez.

Ni Francis ni Antonio se habían dado cuenta, hasta que escucharon unos quejidos dolosos y la frase "Espero que comas scones, bastardo…" Gil se estaba retorciendo de dolor en el piso, así que sus amigos lo levantaron.

-¿Y ahora…?-Preguntó Toño, asustado porque de la nariz le escurría un poco de sangre. No sabían si su amigo se estaba riendo o estaba llorando, Francis gritó aterrado.

-¡Le acaban de meter más la crayola!- Aquel gritito desesperado, lejos de preocupar más al español, lo dejó con la impresión de seguir riéndose. Era gracioso, aunque tuvieran la imagen de un medio muerto prusiano delante.

-Oigan, mejor ya llévenme a comer algo. Parece que el día está maldito…-Gimió el chico y Antonio dejó de reír tanto. Le sacudió el polvo de la sudadera a su amigo y se percató de un ruidito inquietante; el estómago gruñendo de Gil.

Después de las debidas disculpas, Antonio y Francis se rolaron la tarea de cargar sobre su espalda a esa patata blanca hasta el comedor. Allí dentro, se encontraban todos los grupos de amigos, degustando sus comidas, conversando… (en caso de los de segundo, a esperar su muerte) y hasta se estaban peleando los lugares de jefe de habitación.

Por ser los chicos más populares del colegio (Después de cierto grupo de amigos con talentos musicales…) tenían ya un lugar entre la mesa más grande, en medio. Los tres se sentaron juntos y los curiosos se aglomeraron para ver cómo había quedado así el pobre, pobre Gilbert.

-Toma, bastardo- Le aventó una charola con alimentos un chico castaño con un rulito al español, que, lejos de molestarse o incomodarse, sonrió y acarició la mejilla de ese muchacho.

-Eres muy adorable, Lovi…-El otro se sonrojó y se volteó, para sentarse a su lado, restándole importancia.

-Cállate, bastardo de los tomates…- Susurró y dio un mordisco indignado a una manzana. Canalizando su sentir en aquel fruto. Como si eso tapara su sonrojo, sin duda lo hacía ver más tierno dentro de la imaginación de Antonio.

-Señor… -Se acercó una chica de piel morena y coletitas bajas, con listones rojos. Se dirigía al muchacho rubio de francia, con una charola de comida. –Como vi que no había llegado, le traje su comida…-Le dijo con una bonita sonrisa.

-Oh, ma cherié, no te hubieras molestado-Le mandó un beso y ella se volteó directo a su lugar, al llegar y sentarse, se escucharon vítores de varias chicas.

-Bien… ¿Y quién le trae al siempre increíble Prusia…?- Parecía que nadie lo había escuchado. O que lo evitaban. Gilbert se sintió como en una de esas películas de vaqueros norteamericanas, donde no hay nadie y de repente pasa una noria –Desgraciados…- Cuando iba a levantarse por su comida, vio a una de sus peores pesadillas (o así lo denominaba porque nunca había cruzado palabra con él, ni lo deseaba) Berwald, el rubio con gafas lo observaba desde lo alto, con la mirada más fría que pudiese haber visto. Gilbert agradeció haber pasado al baño de enfermería.

-P´rdón-Dijo. ¿Un albino puede ponerse blanco de pánico? Pues parecía que sí, porque ni respondió.

-P'rdón p'r lo que h'zo M'thias…-Ofreció una botella pequeña que Gilbert ni se tomó la molestia de agarrar. De pronto, toda la atención de la mesa se enfocaba en ellos dos, cuando la voz de un tercero irrumpió esa aura oscura que se había formado.

-En verdad, perdona a Mathias, no era su intención saltarte…-Ofreció su charola con comida ¡Y doble porción de postre! –También nos gustaría que aceptaras esto-Tomó la botella de las manos del rubio intimidante y se la pasó al chico de los vendajes. –Es vodka Sueco, de lo mejor que hay, espero que aceptes nuestra disculpa… verás, Mathias vendría a disculparse, pero está muy ocupado atragantándose con… - bajó la voz- Scones…-todos hicieron una reacción de asco, excepto quien fallara en mirar la pequeña curva en la comisura de Oxenstierna.

Gilbert se notaba ya más relajado, e incluso agradeció su amable trato para con el genial representante de la esperanza Prusa.

-¡Entonces, nos vemos! ¡Moi, moi!-Tino guiñó el ojo y se fue con dirección a su mesa.

-Buen pr'vecho…-Berwald hizo una leve reverencia y también se volteó.

-¡Kesese! Esos dos también son geniales, obvio, no tanto como yo… -Y ni tardo ni perezoso, se abalanzó sobre el pudín de chocolate y arrasó con ambas porciones. Si el día de ese chico había comenzado con el pie izquierdo, el hecho de doble postre y vodka lo comenzaba a cambiar para bien y aunque estuviese todo lastimado, Gilbert recuperaba esa vitalidad que le había sido salvajemente arrebatada.

-Incluso trajeron una botella de alcohol… me pregunto cómo es que la habrán pasado…-Habló con un poco de envidia un rubio cenizo con una bufanda de rayas, el representante de Holanda.

-Basta, hermano… -Lo silencio una rubia con una cinta verde en el cabello, muy linda, por cierto –¡Mejor, hay que brindar por la salud de Gilbo!-Gritó y todos elevaron su vaso de agua, a excepción del aguafiestas de antes.

El chico prusiano destapó la botella y la elevó. –A mi salud ¡Brindemos!- todos chocaron sus envases y dieron un trago largo. Al albino le cambió la cara, de morada decaída a morada, pero feliz.

-¡Esto sí que es vodka, señores! No que los orines Rusos… ¡kesese! –Un silenció inundo todo conforme hablaba Gilbert. –¡Deberían prohibir el vodka Ruso, como los scones de cejotas!- A lo lejos, un Danés se quejó, el albino rió fuerte y dio otro largo trago. Falló en sentir el codazo que le dio Francis -¡Vodka Sueco, vodka Sueco, vodka sueco! ¿Qué esperan…? ¡Aplaudan! ¡Alábenme! ¡Elógienme!-

-Kol kol kol kol kol kol – La sangre del prusiano se congeló en sus venas.

Siempre le habían dicho que hablaba en los momentos más desafortunados, siempre le habían dicho que callado se veía más… genial. Siempre.

Pero Gilbert era de esos chicos que sencillamente no pueden mantenerse callados, y que decían todo lo que pensaban, ante todos su actitud era la de un libro abierto, un libro del que todos podían leer sin necesidad de conocerle.

Pero siempre, siempre que decía algo irracional o sin pensar, tenía la mala suerte de decirlo bien alto y cuando todos estaban callados.

Nunca le había tomado importancia que le viesen mal si aquello no les parecía a los demás, pero reflexionando lo que acababa de decir, eran esas, tal vez, sus últimas palabras.

Si quien hubiese contestado con ese semejante tic verbal no fuese quien es, seguramente Gil contestaría con unas malas palabras, sin tomarle importancia. Pero el dueño del "kol kol kol" era nada más y nada menos que el chico de Rusia.

Era cosa simple. Rusia, rusos, Ivanes ¡Iván Braginski! Un muchacho grande, temido y respetado por todos.

-¡Es la unión soviética!-Gritó uno de los gemelos castaños y salió corriendo con un plato de pasta del comedor.

"La unión soviética" era el nombre que había sido otorgado por los chicos del instituto para la banda que siempre seguía a Iván, sea cual fuere la situación. Un grupo donde estaban sus hermanas y algunos camaradas… por no decir subordinados.

-¡Veneciano!-Grito aterrado su contraparte -¡Espérame!- Se levantó de la mesa y agarró del cuello de la camisa al español -¿Qué esperas?, ¡protégeme, bastardo!-Y ambos salieron corriendo. Los chicos de nuevo ingreso no sabían nada de nada, pero aún así, estaban asustados.

-Hey, Gil…-Susurró Francis –¿Puedes correr?- Preguntó nervioso, como ideando un plan en su cabeza.

-¡¿Crees que puedo correr?!-Respondió exaltado. El francés suspiró y se levantó de su asiento, con valentía, se acercó sólo un poco a los chicos y chicas que estaban detrás del gran y temible Ivan Braginski.

-¿Qué has dicho acerca de en vodka de la Madre Rusia?-Avanzó al frente una chica realmente preciosa, pero aterradora, con la piel blanca y cabello platinado… y… con un cuchillo en mano…

-¡Es Natalya!-Gritó tan desgarradoramente que asustó a bastantes curiosos y después Francis desapareció como el polvo. La mujer, se fue detrás de él, persiguiéndole y cortando el aire con su cuchillo.

-Valientes amigos que me consigo…-Gilbert no sabía si lo adecuado era apretar los puños o darse el más épico facepalm. A lo lejos estaba su hermano, quien no perdía ni un segundo de vista a su herido hermano mayor, desde que empezó a decir toda la sarta de tonterías.

-Estabas diciendo algo acerca de Rusia… da- Sin saber cómo, la botella vacía de Vodka Sueco se hizo mil trizas. El albino se asustó bastante, pues si lo comenzaban a perseguir, sabía que no existía escapatoria. ¿Así terminaría su vida? ¿Con el estómago medio vacío y sin volver a ver renacer la magnífica Prusia?

Iván sacó una tubería y comenzó a balancearla, mientras sonreía y canturreaba "Kol kol kol kol"

-¡Espera, Iván!-Todos voltearon a ver la vocecita proveniente de una mesa alejada, se iban acercando tres chicos juntos. Si, el tercero en agredir al albino y los chicos de la comida y vodka.

-Es de mala educación interrumpir, pequeño Tino-Sonrió, pero muy a sus adentros el representante de Finlandia, sabía que esa sonrisa no era más que una advertencia, una bomba de tiempo. Aprovechó el hermano de la víctima escogida para aproximarse más y más al herido.

-Lo sé, lo se… ¡pero hoy, como no te había visto no había podido darte … esto!-Cerró los ojos y le mostró un girasol, uno bastante grande y muy bonito, de colores amarillos profundos. Sintió peso sobre su cabeza y maldijo su acto de valentía "Ahí van mis posibles 1.80 m…"

-¿Y bien?-Abrió los ojos y empezó a sentir cómo se disipaba el aura oscura. Sus acompañantes se movieron de lugar, para con el albino. Sólo por precaución, Tino siempre iba listo con cosas que le gustaban al chico ruso. No quería que su segura muerte fuera traída por un muchacho quien históricamente debería ser su archienemigo.

Si Tino había logrado entrar en esa escuela, era para alivianar las cosas entre sus países, no para convertirse en un mártir más.

-Ll'vate a tu h'rmano…-Ordenó el rubio intimidante al chico de origen Alemán que se había acercado. El otro asintió y cargó al estilo nupcial a Gilbert, que era muy liviano, porque al parecer su alma había huido de su cuerpo.

-¡Nosotros crearemos la distracción, mientras tú huyes!-Al parecer, en ese momento, el representante de Dinamarca había echado todo por la borda… pero tal vez el Ruso estaba muy distraído siendo elogiado por Tino. Todas las miradas acusatorias de los chicos del comedor se dirigían a Mathias, fulminantes.

Pero el ruso aún no se daba cuenta, seguía aplastando placenteramente la cabeza del finlandés.

-Señor Rusia…-Atrás de Braginski había un chico pequeño, un castaño que temblaba como el pudín que había devorado Gil –Están huyendo…-comentó, mientras tiraba levemente de la bufanda de su mayor.

-¡Letonia!-Gritó otro de lentes, llevándose dramáticamente las manos al rosto.

-Kol kol kol kol…-Misteriosamente, la luz del instituto se fue por escasos segundos.

-¡S'lgan!-Gritó el rubio representante de Suecia y de inmediato, el Alemán estaba corriendo por el pasillo. En el acto, se colocó en medio del pequeño rubio que lucia preocupado por la presión en su cabeza y el ruso.

Iván se limitó a sonreírle a las tres distracciones nórdicas y a darle a cuidar su girasol a un muchacho de melena castaña. El ruso salió arrastrando la tubería del comedor, siendo seguido por sus camaradas.

Tras haber presenciado todo el show, una voz irrumpió en alto-Esto es un problema… - Se lamentó un chico de cabello largo, muy negro y atado en una coleta, con rasgos orientales –Por ningún motivo me gustaría dirigirle la palabra a ese engreído ruso…- suspiró y trató de concentrarse en cualquier cosa.

-¿E'tas bien?-Preguntó el sueco, acariciando el cabello del valiente que había distraído a Iván. -¿No te h'zo d'ño?-Volvió a acercarse, esta vez palpando con cuidado sus hombros.

-Para nada, estoy bien-El de orbes violetas sonrió y un flashazo lo hizo ver molestas lucecitas –Sólo espero que Gilbert no tenga problemas…- "Y que mi estatura no se vea afectada…" pensó.

Vaya, otra vez esos dos habían sido víctimas de Hungría y su cámara…

Mientras tanto, hermano mayor y hermano menor reposaban en los jardines de la escuela, esperando el timbre que anunciara el término del almuerzo, para que todos fuesen a sus asambleas, con sus asesores, para elegir jefes de grupo y de habitación.

El de ojos rojos descansaba pensando en cuántos días habría vacaciones de nuevo. No era posible, el primer día de su tercer año y él ya rogaba por irse a descansar a casa.

-Prométeme que no volverás a hacer algo así- Le habló indignado, muy indignado . Aunque su expresión era algo neutral, no podía dejar pasar ese comportamiento de su hermano mayor. Algo que le habían contado de la crayola incrustada no era más que un mito, hasta ese día. Ver a su hermano hacer tonterías, debería ser por algo… -Juro que algún día te sacaré ese objeto, bruder…-Lo abrazó y Gilbo no entendió, pero asintió. Poco después, sonó el timbre.

-¿Vienes?-Preguntó ofreciéndose a cargarlo.

-No, gracias, quiero evitar a ese no increíble tipo…-El Alemán asintió y se marchó con dirección a las salas antes indicadas.

El prusiano esperaría sentado en una jardinera, hasta que terminasen las elecciones y poder marcharse a dormir…

¿Que tal?

El mundo es rubio(?)

¡Es difícil manejar muchos personajes! -se ahorca con su corbata(?)

Espero que les haya gustado, no me maten por poner a Prusia tan... ¿Idiota? realmente él no es torpe, sólo que no sabe cuando dejar de fingirlo.

Y Rusia es un lindo personaje w

Meh(?) -cerebro seco.

A quien me diga qué página de fb administro como Tino, le hago un ONE SHOT de lo que quiera.

Yael & trollstaff fuera!