I- Empezar de nuevo

Habían pasado dos semanas desde la última pesadilla de Luke. Dos semanas de sueños tranquilos y normales que no le despertaban en medio de la noche con el corazón acelerado y la boca seca. Dos semanas de descanso que le daba su subconsciente y que agradecía enormemente, pues bastantes preocupaciones tenía ya en el mundo real como para añadirle aquella pesadilla recurrente.

Hacía año y medio que había vuelto a Baticul, tres años y medio desde la caída de Van y la muerte de Asch. Incorporarse a la corte había sido bastante difícil, sobre todo teniendo en cuenta que todos le daban por muerto. Su madre se había desmayado al verle entrar por las puertas de la mansión Fabre, y tanto ella como su padre habían adquirido la costumbre de mirarle continuamente de soslayo cuando pensaban que no les veía, o prolongar más de lo necesario cualquier clase de roce, como si temieran que su hijo fuese a desvanecerse de un momento a otro. Guy, que había vuelto con él a la Capital de la Luz, se esforzaba por devolver las cosas a su cauce, bromeando y aliviando cualquier tensión que pudiera surgir, ignorando la huella que había dejado su ya ausente lápida en la tierra; pero Luke lo conocía demasiado bien como para dejarse engañar. Para su amigo también era difícil aceptar que Luke estuviera de vuelta.

¿Y de qué se extrañaba, en cualquier caso? Había estado dos años desaparecido. La gente había tenido dos años para llorarle, aceptar su muerte y pasar página. Muchos seguramente lo habían conseguido. Y ahora, Luke estaba de vuelta, desbaratando una vez más sus esquemas mentales.

Había tratado de mantenerse ocupado desde su regreso para evitar pensar él mismo en los dos años que estuvo fuera. Y lo estaba consiguiendo: su tío, el rey Ingobert, le había nombrado embajador, un puesto que aun en tiempos de paz no le dejaba demasiado tiempo libre. Y los pocos ratos libres que tenía los invertía en ir a ver a sus amigos o entrenar hasta agotarse, de forma que por la noche le fuese más fácil conciliar el sueño. Pero pese a todo, de vez en vez tenía aquellas recurrentes pesadillas en las que veía morir a Asch una y otra vez.

Asch. Otro de los motivos por los que intentaba no tener tiempo para pensar en lo ocurrido. El cuerpo de su original, que había traído consigo al volver a la mansión, yacía ahora junto al sitio donde había estado su propia tumba. No en el mismo lugar, porque no eran la misma persona, como Luke se había esforzado en explicar a cualquiera que quisiera escucharle (y a los que no, también). En la lápida se podía leer: Asch (Luke fon Fabre). El primero. Junto a ella había un pebetero donde chisporroteaba una pequeña llama que se mantenía encendida por un arte fónica. El funeral había sido discreto, familiar y sencillo; Natalia se había encargado de organizarlo todo.

La princesa de Kimlasca lo estaba llevando con bastante dignidad, pero para ella también estaba siendo duro. Especialmente ahora que tanto ella como Luke eran mayores de edad y su compromiso volvía a surgir en las conversaciones. Por lo que Guy le había contado, Natalia había pasado dos años difíciles, y Luke lo entendía perfectamente: la joven había peleado a muerte contra su padre biológico, había perdido a su verdadero prometido (y con él, a la persona de la que de verdad estaba enamorada) y ahora una boda que ni Luke ni ella estaban seguros de desear planeaba sobre ellos como un buitre. Y pese a todo, Natalia seguía al pie del cañón, encargándose personalmente de que a ninguno de los ciudadanos de su país le faltase trabajo, techo y comida que llevarse a la boca, apoyando a Anise en sus reformas de la Orden de Lorelei, ayudando en la integración de las réplicas en la sociedad. Luke la admiraba por ser capaz de llevar tantas cosas a la vez.

Claro que Tear estaba ayudando mucho. Otra cosa que también había sabido por boca de Guy: Natalia y Tear se habían vuelto inseparables. Cada vez que una de las dos corría el riesgo de caer en una depresión, la otra conseguía sacarla a tiempo del agujero. Se habían hecho grandes amigas, tanto que a veces daban miedo. Más de una vez las había pillado Luke murmurando a sus espaldas y riéndose disimuladamente de alguna broma privada que luego se negaban a explicar, poniendo como excusa que eran "cosas de chicas". Pero aun a pesar de la poca confianza que le inspiraban sus conspiraciones, Luke se alegraba de que se llevasen tan bien. Sobre todo porque su propia relación con Tear sólo podía calificarse como rara.

Desde su vuelta, Tear y él parecían no saber cómo comportarse cuando se quedaban solos en presencia del otro. Habían conseguido mantener una conversación más o menos larga en una ocasión, un mes después de que Luke regresara. Ella le había preguntado dónde había estado, y él se había negado a responder. Habían discutido, y cuando Luke quiso darse cuenta, Tear estaba llorando. Luke la había abrazado entonces, diciéndole que todavía no podía responder a sus preguntas pero prometiéndole que no volvería a irse, y Tear le había besado. Había sido tan rápido como tierno, pero sobre todo, desconcertante. Porque Luke se suponía que estaba prometido con Natalia, y Tear lo sabía perfectamente. Más desconcertante había sido que Tear se disculpase acto seguido y le pidiera que no hablasen de aquel beso, petición que Luke seguía respetando.

Luke no sabía si Tear seguía sintiendo lo mismo por él, ni si quería averiguarlo. Tenía sus propios sentimientos que resolver antes de poder ocuparse de los de otras pers...

-Luke, ¿me estás escuchando?

La irritada voz de Natalia desde el otro lado de la mesa lo sacó de sus cavilaciones de golpe, devolviéndole a la cruda realidad: estaba en una reunión importante en el palacio real y no podía permitirse seguir soñando despierto. Menos mal que una parte de su cerebro sí había estado atenta a la discusión que estaba teniendo lugar.

-Claro, Natalia, disculpa. No sé qué pensar sobre lo del centro de enseñanza especial para réplicas, la verdad- dijo, rascándose la melena pelirroja-. Suena demasiado como si los estuviéramos apartando de los demás.

-Bueno, es posible que así sea, pero no me negarás que necesitan una enseñanza diferente- replicó Natalia.

-No lo niego, no lo niego, yo mismo puedo dar fe de ello. Sólo digo que... lo abordemos de otro modo.

-Tendré que meditarlo- aceptó la princesa casi a regañadientes. En la cabecera de la mesa, con el duque Fabre a su diestra, el rey Ingobert se aclaró la garganta.

-Bien, pospongamos el asunto de las réplicas. Pasemos al último punto: la sucesión.

El silencio se apoderó de la amplia sala. Luke y Natalia evitaron mirarse.

-Sé que es un tema difícil, pero no podemos posponerlo mucho más- dijo el rey, paseando los ojos de uno a otro-. Ha pasado más de un año desde que ambos sois mayores de edad.

-Padre, todavía estáis en perfectas condiciones para seguir reinando- intervino Natalia.

-Lo sé, hija mía, y sé que es duro pediros esto, pero el pueblo empieza a preguntarse por qué no se oyen campanas de boda en el horizonte. Vuestro compromiso no puede demorarse mucho más.

Luke bajó la mirada. Sabía que algo así iba a terminar sucediendo, pero eso no lo hacía más fácil de aceptar. No es que Natalia no le gustase, se había criado con ella y la consideraba como una de sus mejores amigas. Pero ahí se acababan sus sentimientos por ella. No quería casarse con Natalia. No estaba enamorado de ella, y ella tampoco lo estaba de él. Su corazón pertenecía al verdadero Luke fon Fabre, cuyo cuerpo descansaba bajo tierra en el jardín de la mansión, no a su... réplica.

Levantó la cabeza y cruzó una mirada con Natalia, que tenía la angustia pintada en el rostro. Después se giró hacia sus padres, que lo observaban claramente ilusionados, y finalmente se volvió hacia el rey.

-De acuerdo- aceptó-. Lo hablaremos, pero dadnos una semana para poner en orden nuestros pensamientos al respecto. Este tema es más complicado de lo que creéis.

Ingobert asintió y Natalia lo miró, traicionada y herida. Luke se encogió en su asiento.

-De acuerdo, pero que sólo sea una semana.

Tal y como esperaba, Natalia se las arregló para quedarse a solas con él poco rato después, en uno de los jardines del palacio real. No llevaba su arco a mano, pero aun así, Luke sabía que si la joven princesa estaba de mal humor, la cautela nunca estaba de más. Y Natalia estaba, claramente, muy enfadada.

-No puedo creer lo que has hecho hoy en la reunión- fue lo primero que le soltó, poniendo los brazos en jarras. Luke fue a responder, pero ella siguió hablando-: No tenías ningún derecho a decidir por mí. Tendrías que haber hablado conmigo antes de hacer nada, podríamos haber encontrado una forma de...

-Natalia- interrumpió Luke con voz suave-, sabes tan bien como yo que no hay ninguna forma de evitar esto. Estamos prometidos y somos mayores de edad.

-¡Yo no me prometí contigo!- exclamó ella, pero se mordió el labio justo después de decirlo al ver la mueca de dolor que atravesaba el rostro de Luke-. Lo siento. No quería decir eso. No debí decir eso. Lo siento. Es que...

Luke sacudió la cabeza y le puso una mano en el hombro.

-A mí también me duele que no esté, pero tenemos que seguir adelante. No podemos llorarle para siempre, ¿qué diría él si nos viera así?

Natalia sonrió con algo de tristeza.

-Seguro que nos llamaría desechos, o algo así.

-No, eso me lo llamaría a mí. Contigo seguramente sería más delicado.

"Estás totalmente en lo cierto, desecho."

Luke se sobresaltó. Por un momento habría jurado que... Pero no, eso era imposible. Debían de ser imaginaciones suyas, su subconsciente atacando a traición otra vez.

-En cualquier caso, lo de la boda- dijo, sacudiendo la cabeza-. Creo que cuanto más lo pospongamos, peor será para todos. Tengo tan pocas ganas de casarme como tú, pero... Tú eres la princesa y yo soy tu prometido. Seguramente si no hubiera sangre real de por medio no pasaría nada, pero el caso es que... la hay. Tu padre tiene razón.

Natalia desvió la mirada y Luke le apretó el hombro.

-Piensa que sólo es un matrimonio de conveniencia. Y al menos nos llevamos bien- dijo, intentando animarla-. Porque nos llevamos bien, ¿no?

Ella sonrió y soltó una risita.

-Claro que sí, tonto.

Luke sonrió también y la abrazó, revolviéndole el pelo como si fuese una niña. Natalia protestó y le dio un par de puñetazos en el pecho, pero era más por costumbre que por molestia. Después se despidieron, pues ya era casi de noche y Luke tenía que volver a la mansión Fabre.

En el camino de vuelta, el buen humor que hubiese podido recuperar con Natalia fue desvaneciéndose al mismo tiempo que un incipiente dolor de cabeza se instalaba entre sus sienes. Cuando llegó a casa, la jaqueca se había intensificado tanto que ni siquiera tenía ganas de cenar, sólo podía pensar en dejarse caer en su cama y esconderse entre las sábanas, pero ni siquiera llegó tan lejos. Apenas había cerrado la puerta de su cuarto a sus espaldas cuando una violenta ola de dolor sacudió su cabeza, y hasta que notó algo duro contra la mejilla no se dio cuenta de que había caído al suelo cuan largo era. Gruñó y se encogió, enterrando las manos en su revuelta melena.

-Basta... Basta, por favor, basta ya...

Entre el dolor, le pareció oír algo, tal vez una voz llamándole. Era casi igual que cuando Lorelei intentaba contactar con él, pero no era él, estaba seguro. Intentó aferrarse a esa voz y dejar a un lado todo lo demás.

"¡Luke! ¡Luke, escúchame!"

Sí, le estaban llamando. Dentro o fuera de su cabeza, no lo sabía, pero alguien le llamaba. Luke se hizo un ovillo en el suelo, jadeando y cerrando los ojos con fuerza para concentrarse.

"Luke, ¿me oyes? ¿Puedes oírme?"

Qué raro, aquella voz sonaba como la suya. ¿Qué clase de alucinación estaba teniendo?

"Estúpida réplica, ¡no es una alucinación! ¡Escúchame, maldito desecho!"

No, no era su voz, pero la conocía. El dolor de cabeza desapareció. Luke abrió los ojos de golpe, y juraría que su corazón se había saltado un latido.

"¿Asch?"

"¡Por fin! Creía que no lo conseguiría nunca" suspiró la voz de Asch, aliviado. "Llevo dos semanas intentando contactar contigo."

"Pero... ¿Cómo es posible? ¿Cómo puedes estar vivo? Tu cuerpo, yo... Lo vi, lo llevé de vuelta, estuve en tu... en tu funeral y..."

"¡Silencio!" ordenó el otro, airado. Luke obedeció y respiró hondo para calmarse. "Yo tampoco lo entiendo. Pero sí, podría decirse que... estoy vivo."

Luke sonrió y se incorporó de golpe.

"¡Natalia no se lo va a creer! Y padre y madre, ¡verás qué sorpresa se llevan! ¿Dónde estás? ¿Voy a buscarte?"

Asch guardó silencio.

"Bueno, no tienes por qué verlos inmediatamente, supongo. Pero al menos deberías decirme dónde estás, así puedo ir mandando un Albiore a por ti. ¿O estás por aquí cerca?"

Asch seguía en silencio. Luke empezó a desesperarse.

"Asch, ¿sigues ahí?"

Lejano, muy lejano, le llegó el eco de una risa sin rastro de alegría.

"Claro que estoy aquí" replicó Asch. Luke frunció el ceño, su voz sonaba extraña. Amarga. "No te has dado cuenta, ¿verdad? No puedo alejarme ni aunque quiera."

"¿De qué estás hablando?"

"No tengo cuerpo, estúpida réplica. Estoy dentro de ti."

Esta vez sí, el corazón de Luke se había parado una fracción de segundo. Y luego había empezado a latir desenfrenadamente, al mismo tiempo que su mente intentaba procesar la información.

"Dime que se trata de una broma."

"Ja, qué más quisiera yo."

"¿Pero cómo...?"

"¡Que no lo sé, maldición! ¡A mí no me preguntes!"

Luke respiró hondo y cerró los ojos. Si se concentraba podía notarlo, una presencia no del todo extraña en algún lugar de su alma. Era distinto a cuando Asch y él se comunicaban telepáticamente, se sentía mucho más... cercano. Respiró hondo de nuevo.

"¿Cuánto tiempo llevas ahí?" se atrevió a preguntar.

"No lo sé. Hace dos semanas que me di cuenta de que seguía existiendo, pero... puede haber sido mucho más. Puede que desde que..." Asch enmudeció y Luke comprendió a qué se refería.

"¿Cómo es posible que no te dieras cuenta de que existías? ¿Me estás tomando el pelo?"

"Cállate, no has estado muerto, no tienes ni la más remota idea de cómo es."

"¿Ah, no? ¿Y cómo es?"

Silencio.

"No lo recuerdo" admitió Asch. Luke aprovechó la pausa en la conversación para levantarse y sentarse en el borde de la cama, que sin duda era más cómoda que el suelo.

"Asch."

"¿Hm?"

"¿Puedes ver algo?"

"Todo lo que veas tú. En general, todo lo que percibas también me llega a mí."

Otra pausa. Luke se dejó caer de espaldas sobre la cama, dándole vueltas a la situación. Todavía le costaba creer que su original hubiese acabado dentro de él (cosa que además sonaba realmente mal, ahora que lo pensaba), pero seguía sintiendo su presencia ahí dentro, en algún lugar de su alma. Y lo cierto es que se alegraba de que estuviese ahí, aunque complicase las cosas bastante.

-¿Qué vamos a hacer?- preguntó en voz alta.

"No lo sé. Tú dirás, es tu cuerpo, puedes hacer lo que te dé la gana con él."

Luke dejó escapar un bufido. Asch seguía siendo de lo más irritante.

"Vale, pues creo que de momento sería mejor que nadie supiera esto. Ya habrás visto que la situación por aquí es... delicada."

"Como dije, es tu cuerpo. Haz lo que te venga en gana. Y ahora, vete a dormir y déjame descansar."

La voz de Asch enmudeció, y Luke notó su conciencia deslizarse lentamente hacia algún rincón oscuro y silencioso. Sólo después de un rato de silencio se dio cuenta de que su original se había dormido.