CAP.2.
A la mañana siguiente, cuando Pansy se dirigía esta vez puntual a la primera clase del día, notó sin agrado que muchos la miraban al pasar. No le pareció muy extraño, ya que era plenamente consciente de que la noche anterior había dado suficientes motivos para que se la quedaran mirando, o para que murmuraran todo tipo de cosas al pasar por su lado. A pesar de que lo sabía no le gustaba y se sentía incómoda. Y así transcurrió el resto del día, y de la semana. Lo único que hacía era levantarse para ir a clase, prestar atención, tomar apuntes, acudir a comer y pasar el resto de la tarde haciendo cosas en solitario dentro de su sala común, o acudiendo a la biblioteca. No quería hablar con nadie después del "incidente". Se sentía bastante avergonzada pero su apariencia distante y fría no aparentaba el bochorno que sentía en su interior, simplemente procuraba parecer indiferente ante el hecho de que fuera el cotilleo más jugoso de todo Hogwarts y se limitaba a continuar con su estancia en el castillo sin hablar más de la cuenta con los demás, exceptuando a Rose, que a pesar de todo lo que Malfoy había dicho delante de ella, seguía a su lado.
-Pansy ¿te encuentras bien? – le dijo Rose cuando Pansy consiguió zafarse por completo del profesor Snape, hacía ya una semana, y se dirigió a toda prisa echa una furia hacia su sala común – Cariño, sabes que me lo puedes contar todo, somos amigas, ¿recuerdas?
Pansy le había dirigido una mirada de desdén mucho más dura de lo que le hubiera gustado, y se apresuró a asegurar – Me tiene hasta las narices, Rose.
La chica la cogió del brazo un instante y la hizo parar, mirándola a los ojos con expresión realmente compungida.
-Te lo dije, Pansy. Te dije que algún día explotarías soltándole a la cara todo lo que sientes. Ese niñato lleva tratando a la gente como una mierda desde que tiene uso de razón, y yo se que tú no estás hecha para aguantar a ese tipo de gente, en el sentido de que sé perfectamente por qué te empeñabas tanto en aguantarle. Pero nadie puede aguantar eso, es malsano y lo sabes. Se merecía mucho más que una bofetada.
Y Rose la abrazó cálidamente. Pansy intentó devolverle el abrazo de una manera torpe y esbozó lo que a ella le pareció una sonrisa, pero lo que en realidad había quedado como una mueca forzada, aunque Rose no le prestó demasiada atención.
Ahora se encontraba de nuevo en la biblioteca, dos mesas más a la derecha de donde se encontraba Hermione, enfrascada de lleno en un gigantesco libro de pociones avanzadas. En realidad Pansy no estaba estudiando, ni leyendo, ni nada que pudiera suponer algún ejercicio intelectual, simplemente se había sentado allí a ojear unos cuantos libros y a disfrutar del silencio de la biblioteca mientras dejaba el tiempo pasar.
Después de haberse pasado más de 10 minutos mirando por la ventana, dirección hacia el lago, le pareció buena idea dirigirse hacia allí. Así pues se levantó y de pronto una mano en su hombro la obligó a caer de nuevo en su silla, sobresaltándola. Se dio media vuelta para ver de quien se trataba, bastante enfurruñada por el susto.
-Profesor Snape – dijo cuando vio al profesor de pociones de pie a su lado, aún con la mano en su hombro, que apresuró a quitar y a llevarse uno de los dedos a la boca, en señal de silencio. Después le hizo otro gesto con la mano para que le siguiera.
"¿Qué es lo que querrá este gilipollas…?" pensó Pansy, y le acompañó de mala gana hasta la salida de la biblioteca, donde la paró en seco.
-Señorita Parkinson, esta noche patrullará conmigo.
"Mierda, es verdad, lo había olvidado"
-¿Tiene que ser obligatoriamente esta noche? – preguntó la chica sin disimular su frustración. Esa misma noche había quedad con Rose para hacer una escapadita nocturna por los terrenos de Hogwarts y divertirse un rato, no le hacía mucha gracia.
-¿Acaso está en posición de quejarse, señorita Parkinson? – siseó Snape con semblante arrogante y mirando con desdén a Pansy – después del episodio de violencia que protagonizó la otra noche no está en posición de quejarse de absolutamente nada que la imponga.
-Bueno – dijo la chica molesta, intentando hacer caso omiso de la actitud de su profesor. El semblante que había en ella no era muy diferente del de Severus. – se lo merecía.
Severus torció la boca en lo que pareció ser una especie de sonrisa sarcástica y de suficiencia.
-Puede que el señor Malfoy lo mereciera, no voy a interferir en vuestros asuntos personales amorosos– dijo gozando cada palabra que decía – a lo que quiero llegar es que no deberías mostrar en público tus azorados y pasionales sentimientos debido a que… dejas muy mal a Slytherin.
-No volverá a pasar – contestó la chica lo mas amablemente que pudo.
-No sé por qué me da la impresión de que ha venido con ganas de fastidiar a su propia casa este curso. Déjeme advertirla que no estoy en condiciones de permitir tal cosa.
-Seguro.
-A las 10 y media en mi despacho. Que pase un buen día señorita Parkinson.
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Pansy Parkinson
Y se marchó con esa especie de mueca asonrisada perfectamente sarcástica y arrogante que solo él posee. Y allí me quedé yo, más tiesa que un ajo seco, ese maldito narigudo me había arrebatado lo que iba a ser mi primera noche de diversión en esta mierda de castillo. SÍ, muy típico de Snape, llegar y masacrar tus esperanzas y tus sueños cuando menos te lo esperas, es lo que suele hacer en su tiempo libre. ESO y engrasarse más su ya grasiento pelo. A veces me pregunto cómo alguien tan experto en pociones es incapaz de prepararse alguna poción revitalizadora o anti-grasa, no sé, debería resultarle relativamente sencillo. No sé por qué es profesor, la profesión que le pega es la de verdugo, o algo similar.
De todas maneras me apresuré a acudir a la cita para quitarme de líos con Snape y librarme de una vez por todas de ese "favor" que me hizo al no castigarme, el cual miro con más detenimiento y me parece mayor castigo que cualquier otra cosa. Y cuando llegué él ya estaba allí, esperándome con ese semblante tan puñeteramente arrogante y los brazos cruzados, mirándome con sus asquerosos ojos. Sin embargo, aún teniendo todas estas sensaciones tan desagradables sobrevolando mi cabeza, no sé por qué mis estúpidos músculos de mi estúpida cara le profirieron una sonrisa. ¡¿Una sonrisa?! ¿En qué mierda estás pensando Pansy? Creo que le debió parecer gracioso, porque su sonrisa macabra y siniestra llena de pletórico sarcasmo apareció de nuevo, y más fuerte que nunca. Me sentí ridícula y estúpida y quité mi sonrisa de golpe, lo cual debió quedar aún más ridículo y estúpido.
"Contrólate Pansy" me tuve que decir a mi misma "es solo el narigudo grasiento de Snape" y recordé enseguida el asco que le tenía a ese hombre, hecho que bastó para que los nervios no volvieran a aflorar en mí en toda la noche. ¿Nervios? ¿He dicho nervios? Bueno pues no eran nervios, era una especie de malestar general, entiéndase que nunca me podría sentir nerviosa en presencia de ese "hombre" (por llamarlo de alguna manera), en todo caso asqueada o disgustada o simplemente sumida en emociones neutras, o desquiciada, pero nada fuera de lo común.
El caso es que cuando llegué a su lado se dirigió a mí con un casi inaudible "Buenas noches" al que respondí con otro "Buenas noches" cargado de un falso entusiasmo. Echó a andar como un vampiro por la oscuridad, y digo esto porque más que andar parece que va deslizándose sobre el suelo, lo cual me produce un irritante desconcierto ya que las personas normales y humanas andamos, no nos deslizamos. Me miró con un poquito de desdén (tampoco mucho, aún no tenía demasiados motivos y es algo normal que hace a todo el mundo) y me dijo "camina más rápido" a lo que yo le respondí "¿nos vamos a pasar toda la noche caminando por los pasillos?" pregunta a la cual NO me respondió y di por hecho que se trataba de un SÍ muy rotundo. Di gracias a Merlín a que iba delante de mí y no podía ver, ni siquiera intuir, las miradas de odio que le tiraba aunque eso cambió cuando en una especial y violenta mirada cargada de ira por mi parte se giró y me respondió con una mil veces peor que la mía. Cada vez estoy más segura de que no es humano.
Y la noche siguió siendo tan terriblemente aburrida como había sido hasta entonces. Todo era pasear, mirar, escudriñar, rebuscar entre clases por si había alguien… Deseaba tener un poco de conversación, hubiera sido amable por su parte, ya que es el jefe de mi casa creo que está obligado a proporcionarnos diversión. No necesariamente como nuestro bufón, aunque sería realmente divertido.
-¿Profesor? – le pregunté tan encantadoramente que ni él pudiera haberse resistido, de no ser porque NO es humano. Noté que me miraba de reojo a través de la luz de la varita - ¿Qué piensa del sustituto que le han puesto a Hagrid?
-Ni me va ni me viene. – dijo. Y jamás pensé que el gran Severus diría una frase tan taaan intelectual y elocuente que apenas podía llegar concebirse en mi mente. Fue tan poco satisfactoria esa respuesta…
-Yo pienso que hace sin duda un mejor trabajo que el de Hagrid – y me miró como si realmente yo acabara de descubrir el fuego, todo sarcásticamente, claro. Entonces la conversación dio un repentino giro cuando me preguntó tranquilamente:
-¿Qué es lo que pasó con Malfoy? – Sí, así sin más – Jamás he visto a un alumno que sea capaz de montar los mismos teatritos que nos proporciona de tanto en cuando el señor Potter.
"Ehhhhh, ¿perdona? ¿Comparándome con Harry Potter? Esto se pasaba de castaño a oscuro"
-Pues verá… - intenté explicarle muy calmadamente, haciendo yo también una sonrisita sarcástica – me harté de él. Simplemente ya no podía soportarle más.
-Podías haberte ahorrado el mencionar ese pequeño detalle sobre su padre.
Y en ese momento me tocó la vena sensible que me juzgara, EL, precisamente EL. Y estuve tentada a soltarle que no solo le habría dicho lo de su padre, sino lo de el mismo, habiéndose metido a mortífago como lo había hecho, sin embargo no me dieron tiempo para gritarlo a los cuatro vientos ese día.
-Draco se merece todo lo que tiene – dije misteriosamente, y creo que conseguí captar la atención de Snape, que me miraba con un poquito menos de expresión neutra. – Pero, entiendo porque tiene esa debilidad por él, ahora por lo menos.
Me miró muy mal.
-¿Cómo dice? – actuaba tan mal… quería parecer sorprendido pero no lo conseguía.
-¿No se siente en la obligación de protegerlo? – sí. Yo quería llevarle hacia el tema del juramento inquebrantable.
-¿Por qué tendría que sentirme obligado a proteger a cualquiera de ustedes? – dijo regodeándose de mi impertinencia. Su cara de incredulidad quizá significaba que aún no sabía nada de ningún juramento, así que ahora me doy cuenta de que hablé más de la cuenta, pero… que se joda Draco. – Realmente es usted más lerda de lo que me imaginé.
OMG.
¿Me había llamado lerda? En ese momento no lo entendí del todo bien, pero después de resonar 5 veces con un eco siniestro en mi cabeza empezó a hacer mella en mi sistema y creo que me empezó a salir humo de la cabeza. MENUDO GILIPOLLAS. Yo tampoco hubiera pensado nunca que realmente era tan SUBNORMAL. Me enfadé mucho. Aún lo estoy. Decidí que fue el momento de estallar.
-¿Cómo se atreve a llamarme lerda? – dije un poco histéricamente. Reconozco que a veces soy más sutil que eso, pero el Snape de mierda me supera – Soy su alumna, y además no soy tal cosa.
Severus esbozó una sonrisa idiota y se me quedó mirando como si fuera un retrasado mental (que lo es).
-Que sea mi alumna es indiferente. Se ha comportado de una manera tan infantil y patética que…
-¿Qué? – le interrumpí sin piedad y me paré en seco, mirándole directamente a los ojos de manera feroz - ¿Infantil dice? ¡Y usted qué coño sabrá! – (bien, si, me pasé un poco de la raya en ese instante…y en otros que vienen ahora…) – Malfoy lleva toda la vida jodiendo a todo el mundo, yo ya simplemente no estoy dispuesta a soportarle más, eso contando que ahora es uno de los cachorritos del Señor Tenebroso y me da asco su sola presencia.
Ya está. Le había dado en el punto fuerte de su curiosidad y se me quedó mirando un poco sorprendido, debo admitir. Aprovechando su momento de desconcierto intenté relajarme y parecer NO muy irritada por lo que acaba de decir, como si ni siquiera hubiera oído lo que había dicho antes. Creo que ese es el truco para sobrevivir a Snape, hacerle ver QUE TE PASAS POR EL CULO todo lo que te dice.
-¿Qué quieres decir? – me dijo un poco crispado – Espero que te des cuenta, señorita Pansy, de que esa acusación es REALMENTE MUY GRAVE.
"No… ¿de verdad? La situación en sí es bastante grave de hecho".
-Me gustaría que fuera mentira, pero es tal y como lo oye. Draco ahora es un mortífago – le dije tranquilamente echando a andar de nuevo por los pasillos. Vi que me seguía pero se había quedado en silencio, como recapacitando sobre mis palabras.
-¿Cómo lo sabe? – me preguntó intentando aparentar indiferencia ante el tema.
-El mismo me lo dijo.
Y no volvió a hablar en toda la noche.
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Severus Snape.
La había visto llegar de lejos, tampoco es una persona muy silenciosa que digamos. Me pregunté a mi mismo que era lo que estaba haciendo allí, con esa mocosa, cuando podría estar tranquilamente en mi despacho, pero luego lo recordé. Con mucho pesar. Cuando estaba a dos palmos de distancia creí ver que me sonreía. Qué horror. Intenté hacerle ver que quedaba patética sonriendo. De pronto dejó de hacerlo. Se le vio el plumero. Realmente puede que se trate de una persona que vive de las apariencias, como acusaba Draco. Nos saludamos y comenzamos a caminar por los pasillos.
Todo iba genial hasta que abrió la boca. La gente me molesta cuando habla, es incómodo, muy incómodo. Me preguntaba trivialidades además. Decidí preguntarle abiertamente sobre el tema de Draco y el numerito que habían montado ese día, pero parece que eso la ofendió un poco, cosa que me no me importa lo más mínimo. Es más, pensé que eso la tendría callada por un buen rato.
En vez de eso la conversación dio un giro bastante marcado y nos adentramos por un terreno que al parecer resultaba peligroso. Estaba comenzando a interesarme por lo que decía, como para no hacerlo cuando te están diciendo que Draco Malfoy ahora es un mortífago. Sí, sí…
Esa mocosa puede que hasta tenga razón. Malfoy está perdido, muerto. Lucius… menudo gilipollas, pero en realidad a mi no me incumbe lo que haga o lo que deje de hacer.
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A la mañana siguiente todo fue como si nada hubiera pasado. Pansy se había cruzado con el profesor Snape después del desayuno y éste solo le había dedicado un "buenos días" tan desprovisto de interés como siempre, sin la menor señal de que se hubiera alterado ahora que sabía que Draco Malfoy era un mortífago. Ni ella misma había dormido tan tranquila como lo hacía antes de saberlo. A la hora de comer Pansy tuvo que soportar de nuevo las miradas indiscretas que se cernían sobre ella, con un aura de curiosidad y de desconcierto, miradas que se alternaban entre ella y Draco.
Y Draco… no había aparecido en todo el día.
El resto de la semana transcurrió con aparente normalidad. El profesor Snape ya había puesto el primer examen del curso y los Slytherins salían del aula con cara de pocos amigos. Había sido un examen complicado pero Pansy y Zabini habían salido medianamente convencidos de su aprobado. El siguiente examen sería de Transformaciones.
Al día siguiente Pansy se enteraría de la nota que había sacado en el examen de pociones. Extrañamente se sentía un poco nerviosa, ya que realmente agitaba su estado de ánimo el saber casi con absoluta certeza que había aprobado un examen de pociones de séptimo curso, con Snape, teniendo éstos tanta fama de difíciles y eso la exaltaba bastante. Esa mañana se sentía de buen humor. Rose la había despertado con un leve y armonioso canturreo y la había traído un zumo de calabaza a la cama, cosa de la que Pansy se extrañó pero le pareció tan beneficioso que ni siquiera preguntó el motivo. Se bebió el zumo de un trago y saltó de la cama.
-¡Pansy! – dijo Rose a su amiga, llena de vitalidad - ¿quieres que hoy te haga uno de esos peinados que a ti tanto te gustan y te favorecen?
Pansy sopesó la idea mirándose en el espejo.
-De acuerdo, Rose – dijo sonriendo a la chica, que bailaba grácilmente alrededor de Pansy.
Durante esos últimos días Pansy había tenido que aprovechar la amistad de Rose para no quedarse aislada del mundo, y tener alguien con quien conversar y compartir. Lo que en principio estaba pensado para cubrir formalidades había acabado por convertirse casi en una verdadera amistad, aunque Pansy prefería no pensar en ese tema, pues cada vez que lo hacía se sentía vulnerable. De todas formas disfrutaba viendo a Rose moverse de aquí para allá, moldeando su pelo, al fin y al cabo siempre había sido una chica coqueta.
-Pansy... me encanta tu pelo – decía la chica maravillada – es tan hermoso…
-Es difícil de peinar – dijo Pansy simplemente, sintiéndose por dentro tan alagada que inconscientemente se irguió en el asiento, con una sonrisa.
-Ojala fuera tan bella como tú… - dijo Rose con un tono de nostalgia en la voz.
-Tú también eres muy guapa, Rose, y yo no es que sea tan bella como dices – contestó Pansy.
-Gracias, pero realmente eres muy bella, querida.
Cuando terminó y Pansy se miró al espejo salió con un aire de superioridad y elegancia muy por encima de lo acostumbrado en ella. Se movió por los pasillos con la elegancia de un cisne y la sutileza de la serpiente, consiguiendo captar miradas en ella, esta vez de admiración.
En clase de pociones había un inusual revuelo. Todo el mundo comentaba en voz alta como sería realmente los resultados del pasado examen, excepto Pansy, que se sentó al lado de Rose y la felicitó por el trabajo que había hecho con su pelo. De pronto toda el aula quedó en un silencio sepulcral, debido a la entrada del profesor Snape, que portaba consigo una carpeta repleta de pergaminos que todos supusieron; eran los exámenes.
Pansy esperó a que llegara a su nombre, que como iba en orden alfabético saldría de los últimos, mientras miraba expectante las reacciones de sus compañeros al ver la nota. El corazón se le aceleraba, podía sentirlo. Vio como Snape se posaba delante de su mesa, cogía un pergamino con sus pálidos dedos y lo miraba sin entregarlo aún, después de unos segundos en los que Pansy pensó que se le saldría el corazón por la boca el profesor la miró a los ojos, y la chica creyó distinguir un brillo de burla en ellos, y entonces el hombre dejó caer con suavidad la hoja de pergamino en su mesa…
-¡¿Qué?! – no podía creerlo. Se negaba enteramente a creerlo. Miró y remiró la nota, buscó otro nombre que no fuera el suyo, pero nada, la realidad era duramente evidente. Aún así se negó a creer que esa fuera su nota, no podía ser. Estaba casi segura de que el examen estaba aprobado. El profesor la miró con mala cara al oír su protesta - ¡No puede ser!
Todo el mundo la miraba, incluidos los Griffindors que compartían la clase con ellos. Estaba furiosa.
-Señorita Parkinson… - siseó Snape en tono desafiante - ¿tiene acaso alguna discrepancia con la nota?
-Por supuesto que discrepo – le espetó la chica, perdiendo los modos – No me parece para nada que mi nota sea de suspenso, teniendo en cuenta el examen que hice.
Severus Snape la miró como si acabara de cometer el mayor sacrilegio de la historia y hubiera hecho algún maleficio imperdonable.
-¿Y desde cuando tiene usted la suficiente capacidad para juzgar MI trabajo? – siseó Snape, empezando a subir la voz.
-Desde que su trabajo se convierte en injusto.
Severus la miró con profundo odio, pero la chica no fue menos y le devolvió la mirada encolerizada que ahora tenía.
-Señorita Parkinson, discutiremos esto en su debido momento, esta tarde en mi despacho y ya veremos lo que es justo… o no lo es.
Dicho eso continuó dando la clase, aunque la cara de pocos amigos habitual había pasado a ser más notable.
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Pansy Parkinson
Yo me había despertado tan contenta, estaba casi convencida de que iba a aprobar ese examen. Cuando vi aquel suspenso, marcado en rojo y desmesuradamente grande en comparación con lo habitual noté el pulso acelerado de mi corazón más que nunca y noté como el veneno me recorría las venas. Hubiera matado a Severus Snape allí mismo de no ser porque después, quizá, me hubieran matado a mí. Pero lo deseada. De verdad que lo deseaba. ¿Por qué tiene que ser tan hijo de puta? ¿Qué le he hecho yo? ¿Acaso es una especie de venganza por dejar mal a su casa con la pelea que hubo entre Draco y yo? ¡Que me lo hubiera dicho! No. Mejor me humilla. Sí. Ha preferido humillarme delante de todos, que mejor opción que esa.
Para colmo me dice que tengo que visitarle por la tarde, para "DISCUTIR" el tema, ojalá pudiera hundirle mi puño en su cara.
El caso es que fui a su despacho y salí como una exhalación de mi sala común. Iba tan furiosa que se me había deshecho el peinado que Rose me había hecho por la mañana y la capa no la llevaba puesta, se me había olvidado, sinceramente. Cuando toqué no esperé a que me diera permiso para llamar abrí de un portazo la puerta y me quedé allí de pie. En ese momento me dio igual todo, eché a un lado los modales, y me dio igual que fuera profesor, y más aún, me dio igual que fuera Severus Snape.
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-¿Qué manera es esta de irrumpir en el despacho del jefe de su casa, señorita Parkinson? – dijo él, sin siquiera apartar la vista del periódico que leía ni inmutarse lo más mínimo. Esa actitud pasiva ponía aún más furiosa a Pansy – siéntese – y lo dijo casi como una orden.
La chica se dejó caer bruscamente sobre la silla, enfrente de Snape, que siguió sin levantar la vista.
-¿Se puede saber que bicho le pica últimamente? – preguntó mirando a la chica por primera vez y dejando a un lado el periódico – me da la impresión de que disfruta dando el espectáculo. Quizá no hago mal en recordarla que Hogwarts no es un circo – y profirió una sonrisa de suficiencia.
La chica intentó serenarse al hablar.
-Tengo motivos para formar esos espectáculos, que dice usted. – dijo la chica.
Severus la miró con falsa curiosidad.
-¿Si? – Siseó – le repito que no debería emitir conclusiones precipitadas y aceptar la nota que le pone un profesor en un examen. Hasta lo que sé, yo sigo siendo el profesor y usted la alumna, cuando pueda tener otro cargo, será otro cantar.
-No me hace falta ser profesora para saber que mi examen no se merecía un suspenso – dijo la chica, exasperada.
Severus Snape la miró con inexpresividad.
-No es mi problema que crea usted que el mundo gira alrededor suyo, ni que sea la primera vez que suspende un examen, que realmente, de haber sido REALMENTE JUSTO no hubiera sido el primero ni el último que suspendía en mi asignatura.
-Claro… - dijo la chica socarronamente – pero como soy de Slytherin, me ha aprobado, ¿cierto?
-Cierto.
-No sé cómo puede ser tan hipócrita y tan retorcido. – Severus se levantó de golpe de su silla, con la incredulidad pintada en el rostro. Pansy también se había levantado – usted mejor que nadie sabe que soy de las mejores en pociones, no sé cómo se permite el lujo de decir que debería haber suspendido antes, cuando es falso.
-¿De verdad te crees de las mejores en pociones? – dijo Severus, muy amenazadoramente y acercando su cara a la de la chica lentamente – entonces no tendrás inconveniente en pasar una semana haciendo pociones para mi uso y disfrute personal, ¿me equivoco?
La chica estaba en cólera.
-Ah… - dijo – supongo que se refiere a pociones para quitarle toda esa grasa del pelo. En realidad si tengo inconveniente, tengo mejores cosas que hacer.
Severus se quedó helado, y al instante su expresión cambió al odio. Daba la impresión de que Pansy había tocado en uno de sus puntos sensibles y le costaba contenerse.
-Mi pelo está perfectamente, a pesar de todo aprecio su preocupación. – siseó Severus que ahora se encontraba a escasos 50 centímetros de la cara de Pansy, que le perforaba con la mirada. – Sin embargo me parece que una semana de retención haciendo lo que tan bien se le da no va a venir mal.
-Eso es injusto, y usted lo sabe.
-Quizá debería empezar esta misma noche – dijo Snape, casi gritando - haciendo una poción para mejorar su abominable peinado.
-¡Me he peinado! Es solo que se me ha…destrozado.
Dicen que después de la ira te suele invadir un sentimiento de dolor abrumador. Y eso es lo que estaba pasando en Pansy. Después de sentirse humillada y en declive por una nota que a su juicio había sido injusta y además había quedado expuesta al ridículo, ahora se sentía impotente y desolada, arrepentida de su actitud que tan cara le acababa de salir. Cuando fue consciente de todo lo que se le había echado encima no pudo reprimir venirse abajo. Cayó desplomada en la silla y dejó que unas cristalinas lágrimas brotaran de sus ojos verdes, húmedas y silenciosas.
Y mientras toda esa transición de un sentimiento a otro ocurría, Severus la había observado, y ahora el también parecía más calmado, aunque no menos irritado por el comportamiento de la chica. El se sentó de nuevo.
-Espero que esto sirva de precedente para que no vuelvan a ocurrir semejantes escenitas de rabia. Debe saber que en su posición siempre lleva las de perder y no estoy dispuesto a aguantar las rabietas de una adolescente. Contrólese Parkinson.
La chica le miró con los ojos anegados en lágrimas, en ellos había escrito la palabra "disculpa". Pero para Severus debió ser más que eso, porque se quedó de nuevo helado cuando recibió la mirada desolada de la chica. Se levantó y calmado del todo posó una mano en el hombro de la joven, aún turbado, casi como un autómata. La chica soltó todas las pinzas que atenazaban su pelo aún y lo dejó caer libremente por sus hombros. Severus quitó la mano del hombro de la chica al sentir el contacto del cabello y agarró su brazo fuertemente, como si quisiera tirar de ella hacia arriba y levantarla.
-Vamos – dijo con la voz ronca por la turbación – levántese y no llore más.
La chica le miró de nuevo y pareció que el hombre se estremecía sin poder evitarlo, apartó la mirada.
-Profesor… - la chica buscaba incesante la mirada de Severus, se levantó tirada por el brazo de Severus y se acercó a él, parecía también llevada por una fuerza del subconsciente, como si realmente no fuera ella quien lo hiciera.
El profesor al ver que la chica se aproximaba retrocedió sin saber que decir, parecía tan perplejo que apenas podía moverse con soltura.
-Profesor… -repetía dulcemente Pansy – perdone mi comportamiento por favor. Cumpliré el castigo que me mande sin rechistar, pero perdóneme.
Severus parecía incapaz de articular una palabra.
-No… - la chica rompió a llorar más fuerte – no quise decir nada malo sobre su pelo.
Y entonces, como una sacudida, como un golpe fiero y rápido, Severus pareció salir del trance en el que se hallaba sumido. Logró mirar de nuevo a los ojos llorosos de la chica y tomó una actitud sería e inexpresiva otra vez.
-Señorita Parkinson, le ruego que vuelva a su sala común. No es necesario que venga esta noche, pero mañana a las 7 la espero en mi despacho con motivo de su retención, espero sinceramente que no vuelva a haber más altercados.
La chica no dijo nada pero se secó las lágrimas y asintió, marchándose con aire melancólico.
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¿Qué diantres fue aquello? No tengo ni idea de lo que me sucedió desde el primer momento que la vi entrar en mi despacho. La cosa ya se está poniendo peliaguda sin duda. Me pregunto qué narices le pasa a la gente de este castillo, ¿acaso hay un virus que vuelve loco a todos los alumnos y Pansy Parkinson es más proclive a su infección? Esa chica… antes no la recuerdo tan malhumorada, tan quisquillosa, tan repelente y asquerosa. Me viene con sus aires de adolescente pija y malcriada exigiéndome una explicación del porqué de su suspenso. Aunque bueno, quizá he bajado un poco su puntuación, pero… la suya y la de todos. Ni un solo alumno ha aprobado, ella no iba a ser menos.
Realmente, puedo llegar a entender que Harry Potter vaya con esos aires de arrogancia y superioridad, al igual que su padre. A decir verdad esas cosas se llevan en los genes, por repugnantes que sean, pero me cuesta entender que mosca picó a Parkinson para comportarse de tal manera, siendo sus padres personas bastante respetables. No voy a negar que esté intrigado y molesto por su actitud de mocosa impertinente. De veras me puse furioso cuando se atrevió a discrepar, ¿a qué altura hemos llegado? ¿Desde cuándo el alumno se toma a pitorreo el buen juicio del profesor? Vamos, lo he afrontado, quizá no sea el más bondadoso profesor de pociones, pero por lo menos merezco el respeto de los alumnos, y es lo único que pido. ¿Por qué me molesto tanto por Parkinson? Llevo unas horas cuestionándomelo, y la única conclusión a la que he llegado es que esta nueva actitud suya me da un quehacer y me intriga… y hasta me divierte ver como la niña se pone morada de rabia cuando no consigue lo que quiere… ¿es eso tan malo? Yo creo que no.
Pero esta tarde ya ha a rebosado el vaso con la última gota. Ha entrado en mi despacho sin esperar si quiera a que dijera el típico: "pase" y ha cerrado MI puerta de un portazo. He decidido ignorar ese comportamiento tan inapropiado a sabiendas de que eso aún la pondría aún más furiosa. Casi me divertía pensarlo. Le pregunté directamente que mierda le pasaba en su penosa y desquiciante vida de adolescente, con motivo de hallar la raíz de su mal comportamiento y por descontado, todo lo atribuyó a su calificación en el examen. Y yo sabía aún así que eso, más el descontrol hormonal que hay dentro de ella era la causa, quizá esté en esa parte del ciclo…
La niña me respondió con una altanería inusual y me sentí… enfadado. Si. De verdad, poca gente logra irritarme como lo hace Harry Potter, pero ahora creo que ha nacido una rival y ambos luchan por mi odio y aversión, aunque mi odio y aversión pueden ser repartidos equitativamente para cada uno. Al final todo acabó en una especie de descarada pelea verbal en la que (como no) se metió con mi desafortunado cabello y anteriormente había mencionado que era un hipócrita y un retorcido, creo recordar. No entiendo por qué la gente se empeña en hacerme creer que mi pelo es graso, cuando no lo es. Aunque en el fondo la admiré en ese momento por atreverse a algo de tanta envergadura como esas palabras…Vaya, me puse furioso y creo que lo notó porque empezaron a desencadenarse cosas extrañas. Para empezar le respondí a esa grosería, aprovechando que acababa de darme cuenta de que iba despeinada se lo eché en cara, cosa que como yo había imaginado le sentó bastante mal. Sé que las chicas adoran su pelo como para sentirse ofendidas si te metes con él. Después pareció que alguien le hubiera quitado el chip de "mala leche" y le hubiera insertado el chip de "arrepentimiento excesivo", con lágrimas incluidas. La niña se echó a llorar tan desconsoladamente delante de mí que me pareció insoportablemente patética. Desgraciadamente eso solo fue durante los primeros segundos, porque después de verla llorar así, me miró con unos ojos… de no se… no podría describirlos. PEOR QUE UN CORDERO DEGOLLADO y no sé, me sentí en la tediosa obligación de consolarla.
¿Qué mierda me ha picado a mí también? Me siento mal. La he tocado. Le toqué el hombro en señal de consuelo y ella siguió llorando como una magdalena y yo lo único que podía hacer en ese momento era vivirlo como en cámara lenta, con una parte de mí diciéndome: ¿Qué cojones haces? Y la otra diciéndome: consuélala, mírala. De verdad estaba aterrado, incluso llegué a pensar que me había lanzado algún tipo de hechizo que me hiciera sentir un leve remordimiento por ella. Me quedé sin habla, totalmente turbado. No quería hacer las cosas, pero las estaba haciendo. Estaba consolándola como un patético imbécil. Y he de decir que me sentí bastante ofendido y ofuscado cuando, a pesar de todo, la chica no paró de llorar y ni siquiera era consciente de que mi mano estaba en su hombro, un acto que a mí me cuesta 100% de esfuerzo mental. Pero estaba tan atontado que no entendía nada, me sentía simplemente en la OBLIGACIÓN de consolarla. Intenté levantarla, para consolarla, incluso pensé que llegaría a darle algún tipo de abrazo o algo así, pero eso sería tan horrible que ni atontado como estaba lo hice, aún así había algo extraño en su expresión que me hipnotizaba a mi también, se había levantado dirigiéndose hacia mí con esa cara…Quisiera que hubierais visto su cara, me quedé helado al ver su expresión de tristeza, sus palabras… se me estaban clavando como cuchillas, su mirada me devorada, creí enloquecer, en ese momento no me pude imaginar otro ser más dulce y más bello que ella. En realidad todos sabemos que Pansy es la viva imagen del veneno que corre por la mujer. Es como un basilisco, ¿Qué hacía ella comportándose de ese modo, y por consiguiente haciendo que me comportase yo así? No podía articular palabra, estaba embobado con su súplica. Qué asco joder. No por ella, porque Pansy no da precisamente asco, sino asco por mi reacción. He pensado que esa mocosa era una especie de diosa que necesitaba mi ayuda. Me quiero morir. Estoy dispuesto a saber qué clase de hechizo nos han lanzado, se que su comportamiento también es anormal.
Ni siquiera soy coherente ya en mis pensamientos. Y me acabo de dar cuenta de que la he "llamado" por su nombre, al relatar…
Mencionó de nuevo mi pelo y fue como si otra vez volvieran a ponerme mi chip común y tuve fuerzas para echarla de mi despacho, y aquí estoy relatándolo aún con pesar. Aun que ahora que lo pienso más detenidamente, solo ha sido una tontería. Al fin y al cabo soy humano y creo que poseo algún sentimiento, por eso al verla en ese estado tan patético me han dado ganas de ayudarla a no ser tan patética. Al fin de cuentas es una Slytherin.
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