Felicidades por tu calificación, Kohai! n.n
Capítulo 2: Regreso.
Lelouch P.O.V.
No era del tipo que acostumbraba a tener un sueño pesado, pero esta vez, había sucumbido completamente y sin preocupación alguna ante el. Ahora que C.C. no estaba y que sabía que no había nadie en varios kilómetros a la redonda, no vi objeción alguna. Así que despertar lo que era el mejor sueño que había tenido en varios años no era algo que me gustara. Apenas y noté a C.C. dormida sobre mi hombro pero el último grito del intruso terminó de sacarme de mis sentidos, volviéndome a la realidad con un doloroso golpe.
Diablos.
¿Pero que tenía a Jeremiah aquí? Ya estaba completamente despierto y el hombre no comenzaba a explicarse, podría tratar de asesinarlo si no se apresuraba.
-Habla, Jeremiah- ¿Necesitaba mi permiso, acaso?
Pero la expresión en su rostro no me gustaba. Ni siquiera que estuviera aquí, porque se supone que no deberíamos tener contacto para no poner en riesgo este secreto, pero vi a Anya parada unos metros detrás de él, esperando.
-Es Tokyo, your highness-
Si todavía mi cerebro estaba un poco nublado, ahora tenía mi completa atención.
-Ha sido atacado hace unas horas… con FLEIJA-
Lo miré por varios minutos con sorpresa, incredulidad y escepticismo. Escuché como C.C. retuvo su aliento ante esta información, pero… simplemente, ¡Esto no podía estar pasando!
Dejé que mi cabeza cayera en una de mis manos, sentí que Jeremiah se movió en ese momento. ¿Acaso cree que perderé el conocimiento? Pero realmente había una gran cantidad de voces en mi cabeza que me decían tantas y distintas cosas que era difícil concentrarme por más tiempo en el presente. Sentía cómo C.C. y Jeremiah hablaban sobre esto, pero en mi mente la posibilidad de que mi plan haya sucumbido tan rápido es una sentencia de muerte.
Las cosas no se suponían que debían ser así.
El mundo no debía entrar en caos, todos deberían ser felices, Nunally no debería pasar por esto… Nunnally no debería lidiar con esto.
Todo lo que di, las vidas que se sacrificaron. Los riesgos de todo lo que hice, los costos, los esfuerzos de todos aquellos que estuvieron conmigo hasta el final. El sufrimiento que causé y los títulos que adquirí para que la maldad del mundo muriera conmigo. ¿Habían sido para nada?
Por esto era que no me quería enterar del mundo exterior, por esto quería alejarme a la esquina menos poblada del mapa y aún así… aún así no serviría de nada. Ahora sabía que esa desgracia había pasado. Podía escuchar algunas palabras que decía Jeremiah como lluvia de FLEIJA, muertes, inesperado, caos. Y al mismo tiempo me encontraba sin poder reaccionar realmente a eso.
Sabía… ponía mi confianza en Suzaku. Que él podría manejar esta situación como la había mantenido por un año. Quería creerlo realmente pero mi mente me dictaba otras acciones a tomar. Acciones que no me gustaban y que había jurado no regresar a ellas.
Volver.
No puedo. Estoy muerto. El mundo se deshizo de mí para poder comenzar esta época de paz y vivir en plenitud.
Pero no hay paz.
Eso no significa que tenga que volver. El mundo está unido, Britannia debe unirlos, ¡Deben pelear! Deben…
Suzaku hubiera hecho algo desde el principio para detener esto.
No sé en realidad que es lo que pasó. Apenas escuché que Tokyo fue atacada con FLEIJA y todas estas conclusiones saltan a mi cabeza. Es inevitable comenzar a pensar en lo que se tiene que hacer para que esto se detenga, pero yo no debo participar. Yo no debo ir. Yo no quiero ir. Se supone que había cumplido, que mi condena había acabo ahí.
¿Por qué?
-Lelouch…-
Debo seguir dormido, esto debe de ser una pesadilla.
-¡Lelouch!-
Sentí algo frío en mi mejilla. Estaba de vuelta en la realidad y el sol se estaba ocultando dejando tonos naranja de rastro en el cielo. La mano de C.C. permaneció ahí hasta que tuve que mirarla. Por más de unos segundos pensé que no tendría el valor de verla a la cara en estas circunstancias.
Esto no era solo yo. No era mi tranquilidad, no era mi felicidad.
Era la de ella.
Aún cuando yo decidí morir y alejarla de todos aquellos momentos en los que me había seguido, ella logró salvarme porque lo que quería era que la acompañara y que no la dejara como todos los demás lo habían hecho. Ella quería estar a mi lado. Y al fin había conseguido todo lo que quería aquí, lo sé porque todos los días parecía más feliz y contenta que antes, que siendo una terrorista o una ocupante más en Ashford de la que nadie se había dado cuenta a excepción de Nunally.
Aquí podía ser realmente ella.
Y yo no quería quitarle eso.
Así que al girarme evité sus ojos, pero no por mucho. Esos ojos amarillos me atraparon en algo que no entendía.
No entendía por qué ella no estaba molesta, enojada. Triste o decepcionada. Ella me conoce. Debía saber todo lo que estaba pasando en mi mente y las estúpidas conclusiones a las que estaba llegando. Contra las que estaba peleando.
-Detente- dijo.
Nos miramos por unos segundos.
-Detente y deja de tratar de resolver este problema en tu cabeza…- me reprendió removiendo su mano de mi mejilla y levantándola sobre mi cabeza para darme un golpe. Si dolió. -… si sigues así perderás el conocimiento o comenzará a salir sangre por tu nariz-
-¿Qué?- no pude detenerme, ¿De dónde había salido eso? -¿Por qué me saldría sangre de la nariz?- pregunté.
Incluso Jeremiah la miraba con la misma pregunta escrita en su rostro. C.C. se encogió de hombros al contestar.
-Porque te golpearé si no te detienes. Estabas a punto de empezar a hiperventilar-
Las miradas de ambos no me permitieron contradecirla. Podía sentir como al paso de los minutos, el peso del mundo comenzaba a descender sobre mis hombros una vez más y la tranquilidad se esfumaba. No podía detenerlo.
-Volvamos adentro- sugerí.
El día había acabado y con el mi nueva vida.
Suzaku P.O.V.
No esperaba esto. Los japoneses no esperaban esto. Había sido completamente diferente a lo que cualquiera se hubiera imaginado y me preocupaba. Haciendo a un lado el hecho de que había perdido contra un desconocido, que no hice ningún movimiento para detenerlo, sentía que esto solo era un aviso. Y no tenía la más mínima idea de qué hacer de ahora en adelante.
Caminar por las recién atacadas calles de Tokyo no era una brillante idea. Los rostros de los ciudadanos britannian y japoneses me golpeaban. Destrucción se hacía más y más presente mientras avanzaba. Este se había convertido en un verdadero infierno.
El Knightmare blanco había sacado un arma grande y larga de entre la estructura de su espalda. Apuntó sobre el cielo de Tokyo por unos segundos antes de lanzar el proyectil y supe que todo había acabado. Sentí que alguien jaló de mi brazo para correr y encontrar refugio aún en contra de mi voluntad. El geass de Lelouch quemaba en mi mente para sobrevivir a esto, pero me había resistido hasta el último instante donde Rakshata me obligó a seguirla hasta un refugio en la base del edificio. Había mucha gente ahí ya, estaba Nunnally con ellos.
Esperamos por lo que pareció una eternidad, no había nadie fuera que nos dijera que era seguro salir.
Todos teníamos la incertidumbre de qué es lo que había pasado, si acaso ya había acabado y si éramos sobrevivientes.
Una cámara que Lloyd-san conectó a una agenda táctil que portaba nos mostró las afueras de la base. El Knightmare blanco había desaparecido.
Y al principio no dejé salir a nadie, no hasta que yo mismo comprobara que todo estaba bien.
Cargaba un radio en mi mano pero no me vi capaz usarlo al ver la ciudad de Tokyo después del atentado. Estaba en el techo de la parte más alta del edificio. Podía ver todo. Podía ver el silencio que estaba reinando sobre la zona y cómo parecía que esta había muerto.
El aire hacía que la capa de Zero puesta en mis hombros ondeara. La máscara me asfixiaba.
¿Cómo había permitido que pasara esto?
Todos salieron del refugio subterráneo. La alerta de FLEIJA fue levantada cuando nos aseguramos de que no habría más riesgos. Todou-san, Kallen, Gino… el Ministro Ohgi, todos llegaron a la base en cuestión de minutos después de esto. Estábamos preparándonos en la sala de control donde Cecile-san buscaba lo que las cámaras alrededor de la base habían captado. Lo que ese Knightmare en realidad había hecho, pues nos quedaba claro que esta había sido solo una advertencia.
Cuando puso en la pantalla al enemigo, pude ver cómo la mayoría le buscaba un origen o una razón para estar aquí. Cómo querían averiguar sus motivos para hacer esto en primer lugar.
Nadie pudo llegar a una conclusión en ese aspecto.
Así que continuamos admirando, impotentes, cómo de su gran arma salía un proyectil que voló sobre el cielo de Tokyo por unos segundos, antes de fragmentarse en cuatro pedazos más pequeños que a su vez se fragmentaron más y más. Al final solo parecían balas del tamaño de pelotas de tenis. Pero nunca se vio que una pelota hiciera esto.
Ninguno tenía idea de cómo FLEIJA había llegado a manos de este desconocido. Menos aún cómo es que lo estaba utilizando en esta devastadora versión, y lo peor de todo es que tampoco conocíamos su origen o motivos para esta hostilidad.
No sabíamos si éramos culpables, si lo merecíamos.
La gente de esta ciudad no lo merecía.
A medida que las decenas de proyectiles comenzaron a caer en edificios y calles de la ciudad, se hacía presente la característica luminosidad en la explosión, luego expansión y un gran vacío esférico que era dejado al final. Esto había arrasado con muchas partes de la ciudad sin distinción alguna, escuelas, hospitales, refugios. Si bien no era del tamaño de los anteriores FLEIJA, su devastación era idéntica.
Incluso hubo algunas estructuras que no soportaron los pedazos faltante a causa de la absorción de FLEIJA y sucumbieron ante su propio peso, causando incluso más destrucción y daño a los ciudadanos de Japón.
Esto es imperdonable.
No éramos una potencia en armas, a pesar de que el Imperio de Britannia mostraba su apoyo para abastecernos. Pero incluso Britannia había dejado de ser un peligro para el mundo y los demás países estaban contentos y más que de acuerdo con eso.
No se suponía que tendríamos que estar preparados para algo así.
¡Esto era una cobardía!
Estrellé mi puño en frustración sobre la mesa. Por la cara del Ministro y Todou-san, no soy el único que se sentía de esta manera. Pero más que daños a la ciudad y posibles víctimas, me sentí faltante a la promesa que le había hecho a Lelouch. Sé que lo demás también era importante, que nada se podría comparar con vidas perdidas de gente inocente, pero la vida de Lelouch también se había ido en esto, confiando en que esta paz al menos prevalecería algunos años.
Años.
Apenas y se cumplía uno desde aquél día. Solo UNO. ¿En qué parte nos equivocamos? ¿Qué dejamos fuera al planear el Zero Requiem?
-Ministro Ohgi-san, Zero…-
La voz de Nunnally nos sacó a todos de nuestros pensamientos. Ella parecía afectada al igual que los demás por lo sucedido, pero al mismo tiempo parecía ser quien tenía la cabeza más fría por el momento.
Era más parecida a Lelouch de lo que cualquiera podría pensar.
-Si me permiten, puedo llamar a mi hermana Cornelia Li Britannia, para prestar apoyo a Japón y enfrentar esta desconocida amenaza-
En sus ojos había la misma decisión que Lelouch una vez había mostrado, al declarar que se apropiaría del mundo y luego todo sería un lugar mejor. Esos ojos violáceos me recordaban tanto a los de él, como estuviera presente en este momento.
Toudo-san parecía bien con la idea, él era quien dirigía la mayoría de nuestra fuerza militar así que eso ya era un voto a favor. Todos sabíamos de lo que era capaz Cornelia y si esto solo era un aviso, necesitaríamos incluso más ayuda que solo la que Britannia pudiera prestarnos. Si queríamos erradicar el problema antes de que se convirtiera en algo más grande.
Desgraciadamente, aprendí en solo unos segundos que no debería lamentarme por no mantener este periodo de paz sin romperse por un largo tiempo. Pero si yo podía hacer regresar el tiempo al momento donde de nuevo las batallas, estrategias y engaños no eran necesarios, entonces así sería.
-Es un honor, su alteza- permití una leve inclinación a Nunnally. Todos en la habitación habían dado su aprobación a traer a la bruja de Britannia a Japón.
Nunnally sonrió.
Me aseguraría de mantener esa sonrisa ahí. Por ella, y por Lelouch.
C.C. P.O.V.
No creí que las cosas se dieran tan rápido. Tampoco que los preparativos se dieran en un tiempo record como este.
Lelouch se veía tan pensativo y todavía sorprendido por esta información que creí que no sería capaz de pensar con claridad mientras su cabeza estuviera llena de los peores escenarios que solo él podía imaginar. Lo de golpearlo iba muy en serio si no se tranquilizaba, por fortuna había entendido el mensaje o la mayoría de él, su rostro reflejaba un sufrimiento que… no me gustaba ver. Uno por el cual culparía al causante de todo esto, a quien me había arrebatado mi nueva vida.
Era imposible volver en el tiempo y arreglar lo que nos había salido mal. Eso lo tenía marcado en mi piel desde siempre.
Solo nos quedaba la resignación y tratar de hacer lo mejor con la actual situación, aunque esta no ponía contentos a nadie de los presentes. Incluso yo misma me encontré decepcionada por la forma en que las cosas se estaban dando. Tanto como ellos, yo había apostado que la paz duraría algunos años. Aunque alguien se empeñaba en darnos la contraria esta vez. Alguien que se había movido demasiado bien, para nuestra desgracia.
Anya tenía consigo esa pequeña agenda electrónica que siempre cargaba, logramos ver lo que pasó en Tokyo hacía unas horas gracias a un aficionado sin miedo a morir que había captado los momentos más importantes.
Un Knightmare blanco que surcaba el cielo y un arma de FLEIJA. Un arma que ahora había levantado la furia de los japoneses y supongo que del mundo entero.
-¿No se supone que FLEIJA solo es secreto entre Japón y Britannia?- preguntó Jeremiah con gran frustración, mirando de nuevo el corto video. Sin embargo nadie le respondió.
Lelouch seguía inmerso en su mundo mental y yo me dedicaba a observarlo, tratando de saber qué es lo que haría ahora.
Aunque no le tomaba a un genio averiguarlo, estaba siendo demasiado testarudo al negar la más válida opción de todas. No estaba buscando motivos para ir a Tokyo, para regresar. Estaba buscando los motivos para no hacerlo y eso era lo que yo no comprendía.
Sus deseos, más que por encima de otra cosa habían sido la paz del mundo por el bienestar de su hermana y un grupo limitado de personas. Esa idea había ayudado a todos al final. Pero ahora no sabía si su motivo seguía siendo el mismo, o si había algo que había cambiado en este año. Cualquiera de las dos cosas, él tenía que contestarlas y sea cual sea su decisión, todavía no lograba decirle que yo lo seguiría sin importar qué.
Pero supone que ya lo sabe. Somos cómplices.
Estaba simplemente sobre-calentando su cerebro con pensamientos inútiles y no podía hacer nada para detenerlo mientras Jeremiah y Anya estuvieran aquí. Esto es un tanto más personal y lo debía hablar a solas con él para que quedara claro.
Suponiendo que mis suposiciones eran correctas y que por una vez en la vida podría adelantarme a lo que pensaba, ordené a Orange-kun tener listo cierto medio de transporte. Él salió comprendiendo lo que yo quería hacer y se llevó a Anya consigo sin mucha protesta. Como esperaba, Lelouch no se había percatado de esto mientras seguía con sus pensamientos complicados.
Siempre lo hacía más complicado.
-¿Lelouch?-
Y me ignoraría hasta que lograra regresarlo a la realidad. Esto me tomaría gritarle cerca de 10 minutos.
-¡Lelouch!-
Cheese-kun decidió cooperar conmigo al ser lanzado por los aires directo al rostro del ex-emperador quien por la sorpresa, al hacerse hacia atrás hizo que la silla se parara sobre sus dos patas traseras y resbalara, enviándolo al suelo a él también.
No tenía 10 minutos.
Le había advertido a Jeremiah que no regresara hasta que yo lo dijera, escuchara lo que escuchara. Sabía que debía recurrir a estas tácticas. Y ahora Lelouch se encontraba en el suelo, sorprendido. Levantando a Cheese-kun de su pecho y mirándolo con curiosidad y algo de odio. Luego su vista se concentró en mí.
-¿Estás de vuelta o Cheese-kun necesita volver a noquearte?- pregunté mientras le ofrecía mi mano para levantarse. Solo me miró con algo de resentimiento antes de que preocupación comenzara a reclamar su mente de nuevo. No podía permitir esto. –Hay sangre en tu nariz- puntualicé. Agrandó los ojos en sorpresa.
-¿Dónde?-
Lo golpeé en el rostro.
-¡C.C.!- creo que ahora sí entendió el punto de todo esto.
-¿Me escucharás, Lelouch?- yo sé que desde el principio había estado escuchando. Todo en realidad. Pero no prestaba la suficiente atención a su alrededor para permitirme dejar clara mi postura y quitar un peso de encima de sus hombros.
Esta vez no se arriesgó a ni siquiera apartar su mirada de mí, una mirada llena de odio y resentimiento por el último golpe. Tomó asiento en una nueva silla, yo hice lo mismo a su lado y guardamos silencio por algunos segundos.
Él estaba desilusionado. Abatido. Yo solo podía hacer eso con él.
-¿Qué es lo que te está tomando tanto tiempo?- pregunté. Pláticas psicológicas no funcionarían con él, no lo hacían conmigo. Teníamos que hablar con la cruel verdad, así terminaríamos esto rápido.
Suspiró y dejó de acariciar el punto del impacto en su rostro. ¿Por qué creo que…?
-No has dicho nada al respecto-
Estaba, ¿Considerándome en esto? ¿Desde cuándo se preocupaba por eso?
-¿Por qué estás esperando que yo diga algo?- dejé que mi voz fuera tan fría y sin sentimiento como siempre que él adquiría la misma faceta –Yo soy tu cómplice-
Algo que no le había quedado claro. Levantó la vista y me miró, esperando a que continuara. Esperando a que le diera un verdadero motivo, cuando en realidad ese era todo, solo que no entendía todo lo que implicaban esas palabras.
-Lelouch…-
-Tienes que hacer lo que quieras hacer- me interrumpió, al menos estaba reaccionando –Simplemente no puedes seguir a las personas solo porque sí, si alguien se va al fondo del infierno no debes seguirlos a menos de que eso quieras también. C.C. –
Realmente no había entendido mi motivo hasta ahora ¿Verdad?
-No puedes atar tu vida a la de otras personas si eso al final no te hará feliz-
Por supuesto que mi idea de ser feliz sigue en pie y durante este año aprendí muchas cosas. Me permití ser feliz por un largo tiempo sin interrupciones, tal y como lo había querido antes.
Pero este no era solo mi momento de felicidad, no era solo el resto de mi vida. Él estaba conmigo ahora. Y si había algo que nos unía, más que nuestra manera de ser y la forma en la que ambos veíamos la existencia del mundo, era que también ambos anhelábamos algo de paz. Paz que habíamos sido capaces de encontrarla en este lugar, después de tanto tiempo.
Paz, felicidad y amor. La calidez de alguien a nuestro lado que pudiera entendernos, a nuestras extrañas maneras de hacerlo. Pero al fin lograrlo, lo que se nos había negado después de tanto tiempo. Después de todo estos años.
Desde que lo encontré, aprendí que más que un lugar, la felicidad y el amor eran compartir con quien queríamos distintos momentos. La paz, esta se encontraba al sentirse seguro a lado de otra o varias personas.
Lelouch no entendía que eso lo había encontrado con él.
Que no lo dejaría ir.
Y que no permitiría que se fuera, dejándome sola de nuevo. No mientras pudiera. A eso me aferraba.
¿Cómo podía hacérselo entender?
-Tú vas, yo te seguiré- aseguré de nuevo. Él quería ir, lo sé. Solo que se preocupaba por lo que pensaba al respecto.
Esa era una debilidad suya y al mismo tiempo lo que lo hacía especial. Él no actuaba nunca sin tener a alguien en su mente a quién ayudar. Pero debía decirlo de una manera en la cual entendiera.
-Si me dejaras aquí…- sostuvo la respiración -¿A quién le pediría dinero para pagar la Pizza?-
Una muy leve sonrisa apareció en su rostro. Sería suficiente por ahora, suficiente para incitarlo a dar el siguiente paso a lo que él quisiera.
-¿Solo la pizza, Hmm?- incitó con cierto tono derrotado, estaba recogiendo a Cheese-kun del suelo, lo encaré al verlo sobre mi hombro.
-Me ahorrará tiempo, ir a la ciudad es demasiado cansado. Cuando estoy de vuelta aquí ya tengo hambre-
Eso era cierto.
Lelouch P.O.V.
Al final ella había ganado el argumento. No quería estar sola. Y aunque sus motivos nunca son los suficientemente explícitos, la pizza la mantendría contenta por unos días hasta que averiguáramos que hacer realmente. Esta era una decisión demasiado precipitada y arriesgada, pero mi mente solo dictaba una cosa y era que no podría pasar por todo de nuevo, así que tendría que ayudar a detenerlo ahora que solo era algo pequeño, aparentemente.
Estaba poco actualizado con los eventos del último año. Esto no sería fácil.
Con sorpresa me di cuenta de que Jeremiah y Anya se habían adelantado a mis órdenes. Cuando C.C. y yo terminamos de recoger algunas cosas de importancia alrededor de la cabaña, ellos ya se habían ido y habían dejado un celular atrás, prometiendo comunicarse una vez que llegaran a Tokyo y encontraran un lugar seguro para quedarse. Con todos estos disturbios, no queríamos vernos sospechosos y entrar en el lugar equivocado.
C.C. esperaba en la puerta. La pequeña maleta con la que habíamos llegado ya estaba esperando también y Cheese-kun bajo su brazo izquierdo. Yo solo tenía conmigo un par de pertenencias importantes y un cambio de ropa para el camino.
Mi rostro era el distintivo más peligroso que tenía. Todo el mundo me conocía ahora.
-Odio estas cosas- argumentó C.C. mientras subía al caballo, yo acomodaba su maleta en el mío.
-Es la única manera de volver- señalé. No hacía mucho le había enseñado a montar, la necesidad de pizza era lo suficientemente fuerte para aguantara un viaje hasta Tokyo. Aunque la mayoría de las veces, a la mitad del camino terminaba pidiendo que alguien la llevara. –Te compraré una pizza cuando lleguemos- traté.
-Que sean dos-
Y ya estaba comenzando con sus manipulaciones.
Mi silencio le causó una sonrisa, al mismo tiempo que alaba de las riendas y comenzábamos nuestro camino. La noche nos ayudaría a pasar lo más desapercibidos posible.
Pero seguía pensando, no podía evitarlo. Simplemente no podía regresar, saludar a Suzaku y a Nunnally como si nada hubiera pasado. Presentarme frente a la orden de los Caballeros Negros y el mundo como si fuera la persona más inocente del planeta. Un disfraz era inevitable. Pero si quería hacer una mayor parte en esto, no podía evitar por mucho tiempo a Suzaku y estoy seguro de que comenzaría a sospechar, solo porque C.C. estuviera de vuelta.
Era demasiado listo para su propio bien.
Todo me ponía en un dilema, cualquier dirección que pudiera tomar, podría resultar errada. Para estar muerto eran muchos los problemas que comenzaba a cargar sobre mi espalda de nuevo.
Además, había comenzado a llover.
-Serán tres cajas de pizza- escuché a C.C. musitar mientras limpiaba el agua que corría por su rostro, y aunque el costo inicial de esto estaba aumentando, esta carrera bajo la lluvia era la excusa perfecta. Lo merecía.
-Es solo la mitad del camino- contesté. Y sabía que mientras más nos acercáramos a Tokyo, los riesgos aumentaban. En algún punto deberíamos dejar los caballos y continuar en otro medio de transporte, pero mientras debíamos aguantar la tempestad. Aunque era como si el mismo clima no quisiera que llegáramos a nuestro destino, completos.
La lluvia parecía hacerse más fuerte al paso de los segundos, tanto que el camino se borraba en ocasiones, haciéndonos disminuir la velocidad. Pero parar no era una opción, estábamos en campo abierto y no había nada para refugiarnos. Ni siquiera un simple árbol, aunque tampoco sería una idea tan inteligente dado el clima.
-Las cosas no pueden estar peor- musité para mí mismo. Entonces comenzaron los rayos.
Maldición.
Hubo uno especialmente fuerte que asustó a ambos caballos, haciéndolos detenerse repentinamente y parándose sobre sus patas traseras. Había un par de veces que en el pasado me tocó enfrentarme a esto, pero C.C. no. Resbaló de su caballo y vi con más que temor cómo golpeaba el suelo de manera poco sana.
El caballo salió disparado sin oportunidad de alcanzarlo.
Bajé del mío rápidamente. Debía recordar que ella no era más una inmortal.
Su expresión de dolor me detuvo un par de segundos a hacer movimientos más bruscos, pero luego la ayudé a pararse. Su espalda y falda estaban llenas de lodo. Me permití sonreír, mientras no me veía.
-Maldito animal-
No todos los días la escuchaba decir algo así.
-Ahora tendrás que venir conmigo- sugerí. Su cara de disgusto sería para una de las fotografías de Anya. –No es tan malo-
Estaba listo para subir primero a mi caballo pero otro rayo se hizo presente, este demasiado cerca y el sonido fue ensordecedor. El animal se asustó aún más y se movió frenético en todas direcciones. Incluso se levantó en dos patas y supe que cualquier movimiento sería peligroso. Di unos pasos hacia atrás, moviendo a C.C. también fuera del rango del caballo pero al pisar mal, mi pié se resbaló en el lodo.
Lo siguiente que supe era que había resbalado fuera del camino hacia uno de los lados. La ruta que seguíamos estaba entre algunos pequeños cerros y había resbalado unos metros por la ladera. El clima no nos había ayudado para nada. Así que me quedé en esa posición, mi espalda mojada y sucia, mis manos ardiendo de donde creo me había tratado inútilmente de detener y C.C. encontrando su camino a donde estaba. Ella también resbaló, eventualmente.
Era como si no debiera llegar a la ciudad. Como si el mundo me estuviera gritando que debía quedarme escondido por siempre.
Desde hacía tiempo dejé de creer en el destino, y que solo nos pasaba lo que nosotros poníamos en nuestro camino. Pero esto era ridículo. Como si nos observaran, como si se nos advirtiera que no siguiéramos porque lo que encontraríamos de nuevo, sería sufrimiento.
Quería un motivo para no seguir, para convencerme de que ésta no era mi lucha más, a pesar de lo que mi naturaleza me dictaba.
Aquí tenía el motivo.
¿Pero qué iba a hacer ahora?
-Este es el peor viaje que he tenido en largo tiempo-
Giré mi cabeza un poco a la derecha, C.C. estaba a mi lado, su típica mirada sin emociones enfrentando el cielo lluvioso.
Hemos llegado tan lejos.
C.C. P.O.V.
Sé que estaba considerando de nuevo el seguir, yo misma me encontraba analizando la situación y todas las trabas que estaban saltando sobre nuestro camino. Dándome cuenta de que los motivos para quedarse eran más fuertes, en cierta forma. Pero realmente nada se compararía nunca con el peligro en el que el mundo podría estar.
Lelouch no era conocido por tener deseos egoístas. Aunque, no sería malo que pensara en sí mismo algunas veces.
Ahora estábamos tendidos en el fango, la fría lluvia cayendo sobre ambos. Si no se decidía pronto, podíamos morir de hipotermia y no tendría que decidir ya nada. Pero por algún motivo que ninguno entendía, nos quedamos ahí. Quizás porque sabíamos que no teníamos otro refugio. Que el próximo pueblo todavía estaba un poco lejos. Cualquiera que fuera la razón, solo sentía mi cuerpo hundirse más en la tierra al paso de los segundos, mis manos enterrándose por sí solas en el lodo.
Como un deja vú.
-o-
La inmortalidad es un gran poder, que se puede usar de muchas formas si cae en las manos correctas. Pero también suele ser una maldición para el portador, que pierde la vida al cambiarla solamente por una existencia. Nunca tuve verdadero interés en conservarla, nunca me gustó, realmente. Pero ahora que había podido darle este uso, estaba más que contenta de haberla tenido.
Los dioses habían escuchado mi plegaria. Les di mi existencia eterna a cambio de la vida de Lelouch.
Estaba hecho.
Ahora, todo dependía de la rapidez de nuestras acciones.
Estar en una capilla tan lejos del lugar había sido la primera desventaja. Sé que ahora, todos aquellos que podrían ayudarme están cumpliendo con su plan de escape. Con su propia planeación después del réquiem.
Me vi con mucha suerte al recordar que Orange-kun me había dado una tarjeta con un número donde lo podría contactar después de que todo hubiera acabado, por si necesitaba algo. En estos momentos necesitaba un milagro, pero su ayuda bastaría, solo si estaba dispuesto a cometer un crimen más.
Estando al tanto de toda la historia del geass alrededor de Lelouch, no me tomó mucho tiempo explicarle la situación actual. Y a medida que continuábamos hablando por el celular, podía escuchar que ya buscaba un medio de transporte para llegar a mi ubicación. Solo le tomó un par de horas llegar a nuestro punto de encuentro y sin perder más tiempo, nuestro destino era la ciudad de Tokyo.
Lelouch le había dicho a Suzaku que una vez que todo se completara, no quería regresar a Britannia, pues ese nunca había sido su hogar. Prefería permanecer en Japón y compartir el suelo con quienes habían caído en estos largos años de rebelión, quizás creyendo que de alguna forma, compartiría su destino y dolor.
Para Jeremiah, esto no era estar cometiendo un crimen más. Él estaba más que feliz por el giro del final del réquiem, puesto que desde un principio no estuvo de acuerdo con la idea de Lelouch. Aunque como alguien que le había jurado su lealtad, tendría que obedecer. Incluso cuando todos creíamos que no era un final que mereciera después de todos los sacrificios que se hicieron, incluso cuando Suzaku se había opuesto a llevar a cabo tal drama.
Me detuve un momento a pensar en Kururugi Suzaku. Por qué no le había pedido ayuda a él en lugar de a Jeremiah, si hubiera sido mucho más fácil.
Pero solo segundos después llegó la respuesta y era que después de haber sido el causante de este desenlace, lo último que Lelouch hubiera querido era que el otro se diera cuenta de que había roto su promesa, que había sido en vano.
Aunque no era como si alguno de los dos tuviera la culpa de esto. Yo era la que había cambiado todo.
-Estamos aquí-
Entrar al jardín privado de la familia real de Britannia no había sido problema. Tampoco llegar al lugar donde Nunnally y Zero habían decido dar descanso al emperador Demonio.
Podía explicarse lo desierto del lugar, estaba lloviendo como si fuera el fin del mundo. ¿Quién en su sano juicio saldría bajo este clima?
Nosotros dos. Después de todo, teníamos un tiempo demasiado limitado y no podíamos esperar a que saliera el sol. Las 24 hrs estaban llegando a su fin y temía que todo esto terminara en vano.
Comenzamos a cavar.
No teníamos ningún tipo de instrumento, solo nuestras manos. La tierra sobre su tumba se hacía pesada por la lluvia y era más difícil de remover cuando se escurría entre nuestros dedos. Mis manos punzaban después de unos minutos, pero ni Jeremiah ni yo nos detendríamos ya. Podía verlo en su mirada, en la desesperación con la que continuaba. Por sus manos más grandes, él hacía más progreso que yo.
-¡Falta poco!-
Sé que estaba en lo cierto. Su exclamación hizo que energía y decisión fluyera con más fuerza dentro de ambos, llegando lo más rápido posible al fondo.
Era un bello ataúd. Costoso, elegante, fino. Blanco.
La ironía de esto es que Lelouch nunca fue de gustar de esos lujos. Él nunca se consideró un verdadero emperador.
Jeremiah saltó dentro, sentí temor cuando alargó su mano para abrirlo. ¿Qué temía en realidad? ¿Qué no lo hubiéramos logrado? ¿Qué todo haya sido en vano?
Y la imagen que nos recibió a ambos, era como estar dentro de un extraño sueño donde la lluvia torrencial pasó a segundo plano, mientras lo observábamos.
Todo estaba cubierto de pétalos de rosas blancas. Hermoso. Y él estaba vistiendo un fino y elegante traje blanco. El pantalón abotonado hasta un poco más arriba de su cintura. La gabardina tendida esplendorosamente a su alrededor, de un largo hasta sus rodillas. Con bordados dorados en todo el frente y la orilla que le daban un final elegante.
Su rostro tan tranquilo solo nos daba la impresión de que estaba dormido.
Por lo menos hasta que una de sus manos que descansaba sobre su estómago, se movió ligeramente, flexionando los dedos apenas visible.
Las 24 hrs habían acabado. Era tiempo de reaccionar.
Jeremiah pensó lo mismo que yo y de inmediato se inclinó aún mas, maniobrando en el pequeño espacio para sacar a Lelouch de su tumba y permitirle volver a respirar aire fresco. Yo sé que no pesaba mucho, pero me sorprendió la facilidad con la que el hombre logró salir después de tenerlo en sus brazos. Se hincó frente a mí, esperando una verdadera confirmación.
Pero este era el hombre que había logrado que mis emociones volvieran. Que mis deseos y sueños volvieran a importarme. Que volviera a derramar mis lágrimas solo por su tonto capricho de pagar sus pecados de esta manera.
-Está vivo…- musité.
Orange lo puso en mis brazos mientras se dedicó a rellenar la tumba de nuevo, con la esperanza de que nadie notara una verdadera diferencia en la forma en que la tierra estaba movida. Y aunque podría culparse a la lluvia, él se aseguró de mover la tierra en otros lugares, haciéndolo parecer más creíble.
Me sorprendía su dedicación a esta tarea. Pero entonces recordé mi parte en esto.
Lo que había dado por el hombre a quien todo el mundo odiaba. Mi inmortalidad, y 24 hrs de mi vida para traerlo de vuelta.
-Jacque Mate, Lelouch Vi Britannia-
-o-
Empapados era una palabra perfecta para describir nuestra situación. El por qué no nos levantábamos quizás era una buena pregunta, pero desde el suelo todo se veía tan tranquilo. Como si nada ni nadie pudiera hacer algo para perturbar este momento, como si solo estuviéramos bajo la lluvia y no camino a una ciudad que habíamos abandonado por el bien de todos. Eso era lo que pensaba al menos yo. Lelouch seguramente deambulaba en el mismo terrero pero solía analizar más las cosas de lo que cualquiera lo haría, creí que nos quedaríamos aquí por más tiempo del que teníamos planeado.
Honk. Honk.
¿Un auto?
Escuché a Lelouch reírse suavemente. ¿Entonces lo tenía planeado? Pero antes de que ambos nos levantáramos dignamente del lodo, alguien había saltado por la ladera hacia nuestra posición y solo había una persona que podía hacer eso en esta situación.
-¡Your Highness!- Jeremiah era un poco dramático cuando se trataba de Lelouch. Entendía la enorme lealtad que le tenía, además de haber jurado seguirlo en todo y en el más drástico de los casos, protegerlo con su vida. Pero de eso a estar por encima de Lelouch como algún tipo de padre preocupado, cambiaba mucho.
Nos ayudó a levantarnos a ambos. Al fin. Pero podía sentir el agua y tierra correr entre mis ropas, no era una sensación placentera.
El hombre tenía una enorme sombrilla que había posicionado sobre ambos, pero el frío no se iría. Justo cuando hizo el movimiento de quitarse su propia chaqueta menos empapada que nuestra ropa, y entregársela a Lelouch, él solo negó con la cabeza.
-Dásela a C.C.-
Jeremiah asintió sin protestar. Supongo que primero se la había ofrecido a él por cadena de mando, pero me la entregó gustoso a mi poco después. Estaba seca y tibia, era más que bienvenida.
Lelouch P.O.V.
Realmente no estaba esperando a Jeremiah. Su aparición había sido más por suerte que otra cosa. Supuse que cuando se diera cuenta del clima, él sacaría sus propias conclusiones, pero la rapidez con la que nos había encontrado era de admirarse. No hubo necesidad de preguntar de dónde había sacado ese auto. Todos tenemos nuestros trucos. Pero solo esperaba que no haya dejado a un inocente a la mitad del camino solo por apresurarse a encontrarnos.
-Es mío- dijo.
Estaba prestando más atención a las gotas de lluvia que se estrellaban en el parabrisas que no me di cuenta de lo transparentes que eran mis pensamientos. Aunque me intrigaba el hecho de que este hombre tenía un auto a su disposición aún cuando se supone también se había alejado del mundo exterior. O quizás Jeremiah estaba más que acostumbrado a su forma de trabajar bajo mis órdenes. Como sea, asentí levemente, realmente no queriendo dar una respuesta.
C.C. había encontrado cómodo el asiento trasero y después de unos minutos se había quedado dormida. O al menos eso aparentaba. Orange parecía más que preparado para esta situación y traía un par de frazadas dentro del vehículo, perfectas para un poco de calor. Aunque pensando en ello…
-¿Dónde está Anya?- pregunté.
Ellos partieron de nuestra cabaña juntos, C.C. les había ordenado adelantarse a mis planes y tenía entendido que su destino era la ciudad.
-En el Hotel, en Tokyo-
Sí llegaron a la ciudad. Pensar en lo que encontraríamos al llegar era perturbador. Lo que menos había deseado estaría presente. Caos, destrucción y dolor. Todo bajo la dirección de Nunally y Zero.
-¿Algún reporte?-
Jeremiah se acomodó mejor en su asiento, sus ojos nunca despegándose del camino. Por lo peligroso que podía ser bajo este clima o para evadirme, nunca pude verlo directamente mientras contestaba.
-Las Japoneses se ayudan entre sí mismos para salir adelante- contestó, ese no era del todo un buen comienzo –Hay grandes daños en toda la ciudad, pero no lo suficientemente grandes para no ser reparados en poco tiempo-
Estaba hablando a grandes rasgos. Nada por menor del verdadero daño pero no dándome datos precisos sobre todo lo que había pasado. Esperando que yo lo descubriera por mí mismo para valorar el verdadero problema en el que estábamos, pero con solo saber que había sido FLEIJA no podía esperar nada positivo.
Lo que no podía entender era por qué. ¿Quién?
¿De dónde había salido ese Knightmare Blanco y por qué tenía en sus manos el poder de FLEIJA? Quién lo controlaba y se había puesto voluntariamente en la lista de mis enemigos.
¿Hasta dónde sería capaz de llegar yo, para detenerlo?
Debía concederle un punto a Jeremiah, la ciudad devastada de Tokyo no podía describirse en palabras mayores. Huecos faltantes a cada pocos metros eran graciosamente increíbles y destructivos. Si se quisiera ser positivo, podría comparar Tokyo con un queso. Con todos esos agujeros en su estructura, aquí y allá sin ser planeados, pero ahí. Aunque estoy muy bien enterado de que el queso no se hace con armas que fueron declaradas ilegales hacía menos de un año.
La lluvia seguía insistente incluso en esta parte de la ciudad. Los daños hacían que fuera más molesta que de costumbre, al colarse donde no debía y causar más incomodidad a Japoneses y Britannian por igual.
No podía creer que esta era la misma ciudad que había entregado.
Antes de continuar hasta el hotel, le pedí a Jeremiah detenerse en cierta tienda. Usar el geass después de tanto tiempo era un poco abrumador. No era alguien que dependiera del trabajo de otros desde que vivía en Britannia, pero después de eso las cosas habían cambiado. Un joven príncipe exiliado podía darse cuenta de lo dura que era la vida si no se era de la realeza. Los verdaderos problemas que había en el mundo más allá de Pendragón. Por eso la mayoría de mis hermanos y hermanas habían tenido que aprenderlo por la mala cuando yo había sido emperador.
-Estamos aquí-
Muy cuerdo de Jeremiah pensar en esto. No era algo lujoso, tampoco una posada. Era un hotel promedio donde cualquiera podría entrar y nadie se preocuparía por verte a la cara. Nos abrimos paso directamente a la habitación, Anya había reservado nuestro lugar cuando habían llegado. Jeremiah tuvo que cargar a C.C. porque se negaba a bajar el auto y caminar por su propio pié. Incluso cuando llegamos a nuestra habitación no se inmutó cuando la dejaron en una de las camas.
Bien pensado por parte de Anya.
La habitación tenía un par de camas, aunque todos sabíamos que C.C. amanecería en la mía por capricho. No es algo que nos sorprendiera más.
Hoy había sido un día demasiado largo, todos éramos humanos y de nada serviría apresurar las cosas si no estábamos en condiciones de tomar decisiones acertadas. Despedí a ambos, su habitación quedaba a un lado. Mañana por la mañana empezarían las preparaciones importantes. Y no dejo de pensar si fue lo correcto.
Suzaku P.O.V.
Ya era de noche y no habíamos logrado mucho. No era como si esperara que huecos desaparecieran a nuestro paso y no quedara rastro de lo sucedido. Nunally estaba más que sorprendida y se sentía culpable por esto. Oghi también.
Además de montar refugios y arreglar que edificios con muchas habitaciones sirvieran como posadas en lo que acababa esto, no habíamos logrado nada más. Había heridos de todo tipo, pero por fortuna ningún muerto por el momento. Aunque eso no nos hacía sentir mejor. Toda esta gente había depositado su confianza en que sus líderes los mantendrían seguros, de que no habría más sufrimiento y les había fallado.
Zero era el centro de plegarias y peticiones.
-¡Ayúdanos, Zero!-
-¡Busca al maldito que causó todo esto!-
-¡Zero, Zero!-
No encontré nada.
No había rastros del Knightmare, no había mensajes de algún grupo o país alardeando el ataque. Seguíamos caminando a ciegas con un enemigo desconocido a nuestras espaldas. Me hundí en la oficina por algunas horas, buscando, ¿Qué habíamos hecho mal? ¿Quién podría tener represalias contra Japón? ¿Por qué?
Nadie encontró nada. Como esperaba. Y nadie pudo tomar acciones en contra, más que sobreponernos de este golpe.
Al final del día, habíamos regresado con un amargo sabor de boca. Deseaba más de lo que cualquiera creería, el subir al desaparecido Lancelot Albion y sacar el sufrimiento de los japoneses de esa persona que se había atrevido a usar FLEIJA. Era una guerra más personal, desde que se atrevió a interrumpir la paz.
Todos se encontraban decepcionados. Y yo me encontraba algo perdido respecto al siguiente paso.
Lelouch hubiera podido…
Kyaa! Segundo capi a petición de todos mis lectores! Muchas gracias a: ka13ms, ayd13, Keiian, Vegen Isennawa, Rossemary, EFIMEROS y anfernarusaku por los reviews, y en contestación general para todos:
-Sip, esto es una historia larga :D
-Mmm... ¿SuzaLulu? hehehe, no más ni menos de lo que se ve en Code Geass n.n
Y esperen sorpresas delante! Recuerden agregar alertas de Historia para saber cuando se actualiza el fic.
Any Vi Britannia se los ordena... :"!Dejen lindos reviews,ne?" Muñequitos de Lelouch para todos!
