Luchare por tu amor.

Capitulo 2:

Edward:

¿Qué importancia puedes tener todo esto de la boda cuando mi esposa está en otra habitación con dolores fortísimos causados por el cáncer?, además me estoy casando con un chiquilla, a la que yo no le daría ni dieciséis años, ¿Qué cree me padre que soy un pedófilo o qué?, y ok tengo que admitir, la chica es hermosa, sus cabellos color caoba parecen brillar, aprisionados en el peinado que le realizaron, su piel se ve suave y lozana invitando a ser acariciada, y sus ojos parecen dos posos de chocolate derretido, en los que fácilmente se podía perder.

Pero Jessica estaba esperándome para que le hiciera compañía, y ella me necesitaba. Cuando al fin termino el estúpido paseo en el tarantín, nos condujeron a uno de los cuartos, ¿Cómo esperaban que yo tuviese cabeza para tener relaciones con alguien, estando mi mujer en otra habitación deseosa porque yo le sostenga la mano y así poder dormir?

Estuvimos allí de pie sin decir nada unos segundos hasta que yo me empecé a dirigir al balcón, me pasaría a la otra habitación por el palco y me iría con Jessica sin que nadie me molestara ni contradijera…

Bella:

No era que estuviera deseosa de acostarme con un completo desconocido pero, me pareció algo raro que, el que ahora es mi esposo se estuviera encaminando hacia las cortinas que cubrían la vista hacia el balcón sin siquiera dirigirme una mirada o una palabra, y como si estuviera apurado por estar en otro sitio. Por lo que me aclare la voz y le dije.

-¿Príncipe Edward, adonde se dirige?- ruborizándome hasta las orejas.

-¿No es obvio?, me voy para estar con mi otra esposa, que me está esperando.- replico cortante y sin mirarme a la cara.

-Pero tú no puedes hacer eso, es… nuestras noche de bodas.- dije mientras miraba al suelo, roja como un tomate por estar entre la vergüenza y indignación.

-¿Y qué?, tengo cosas más importantes que estar contigo.- ¿pero que le sucede a este sujeto?, no fui yo la que decidió esto, yo hubiera preferido quedarme en Londres con mis padres, amigos y con… Jacob…

-Oye, se que tú al igual que yo, no escogiste esto, que hubieras preferido que todo siguiera como antes, pero si no consumamos este matrimonio y no aparece una mancha de sangre en las sabanas, como lo escribió el profeta Mahoma en el Corán, el deshonor y la desgracia caerán sobre mi familia, y todo va ha ser tu culpa por no querer seguir con las leyes del islam.- solté todo eso casi a mil palabras por segundos, y ya bastante molesta por la actitud del príncipe, como si este matrimonio hubiera sido arreglado por mí en lugar que por nuestros padres,… bueno mas el de él que por el mío.

-Mira, niñita, si fuera por mí, ahora no estaríamos casados, mi otra esposa no estaría tirada en una cama con cáncer, y de seguro estaríamos arrullando ya a nuestros hijos, pero no es así, y acostúmbrate porque en la vida nada es como nosotros la queremos, y por lo general nunca tenemos control sobre lo que nos toca. Por ejemplo, ¿crees que yo habría escogido una niñita mocosa como tú para casarme?, es demasiado obvio que no.- dijo volviéndose con los brazos cruzados y expresión molesta.

-¿Niñita?- pregunte, ¿Qué le pasaba a él, aparte de amargado veía casarse con una persona algunos pocos años menor una aberración?

-Y si tanto quieres tu prueba de castidad, pues aquí la tienes.- continuo, y tomo el cuchillo de plata que estaba junto al tazo repleto de frutas, se dirigió a la cama, revolvió las mantas, para luego hacerse un pequeño corte en la mano y la cerro en un puño, del cual broto un hilo de sangre que cayó en la cama simulando la marca de lo que debió haber sido la prueba de mi primera entrega a un hombre.- y ve a jugar con muñecas en lugar de estar pensando en matrimonio y todo lo que eso conlleva.

Me quede como en una especie de shock, este sujeto de verdad pensaba no seguir las reglas de nuestra religión, cuando volví a mí, él ya había desaparecido por entre las cortinas del balcón, y una frase llego a mí, mientras veía como ondeaban las cortinas por la brisa de la noche, mi matrimonio va a ser un completo y total infierno. Desilusionada por lo que me había tocado vivir, me encerré en el baño, el cual estaba decorado con velas y pétalos por doquier, y una tina redonda de aguas perfumadas.

No tenía el más mínimo ánimo de meterme allí, por lo que me limite a sentarme en el suelo, abrazándome las piernas contra el pecho fuertemente, y llore silenciosamente, imaginándome lo que sería de mi vida de ahora en adelante, ¿Qué habré hecho para merecerme esto?, ¿Qué habría hecho enojar tanto a Alah?, entonces alce la vista y vi que en mi muñeca estaba la pulsera con el lobo que me había regalado Jacob. Tal vez Alah me estuviera castigando por haber traicionado a quien sería mi esposo. Me la arranque y la presione en mi puño.

Agudice el oído a ver si ya se había ido las personas que entraron a la habitación momentos después de que yo entrara al baño, y al parecer ya se habían retirado porque no se escuchaba nada, por lo que me puse de pie, me vi en el espejo y con un pañuelo que había en el lavabo me intente arreglar el maquillaje que se había corrido por las lagrimas. Al salir me lleve la gran sorpresa de que la señora Esme se encontraba en la (ahora tendida de nuevo) cama, con las piernas cruzadas y una expresión de disculpa en su rostro en forma de corazón.

-Niña, no sabes cuánto siento el comportamiento del príncipe Edward,-dijo.

-No es su culpa señora Esme, tal vez, yo hice algo que hizo enfadar a Alah.- respondí encogiéndome de hombros.

-Oh no, Bella, no has sido tú, Edward estaba renuente a conseguir a una segunda esposa, pero tranquila mi niña, todo se solucionara cuando Jessica se mejore de su enfermedad… o.- me contradijo pero al final termino con un hilo de voz el cual yo seguí con lo que sabía que pasaría una vez, la primera esposa de mi esposo se mejorase.

-Y él se divorciara de mí,- solté un suspiro de tristeza.- una pregunta…- la señora Esme alzo la vista invitándome a que siguiera.- ¿Cuántos años creen que tengo?, o, ¿Cuántos años tiene Edward?- la mujer que tenia al frente de mí me miro sorprendida pero de igual manera respondió.

-Bueno Carlisle no va a permitir que se divorcien, y en cuanto a la edad, yo te doy unos diecisiete o dieciocho años pero por la madura que sueles comportarte se que era mayor, ¿no es cierto?- yo asentí.- en cuanto a Edward, él tiene veinticinco.

-Solo me lleva, lo que se podría decir que son, cuatro años y medios, y eso no es cantidad suficiente de tiempo como para que él me diga niñita,- refunfuñe,- ¿Qué se cree él?, ¿Matusalén? ¿O qué?- suspire frustrada y me senté en una de las butacas que había en la habitación.

-No te preocupes Bella, ahora porque Edward esta algo molesto con su padre por esto, pero ya verás que en cuanto te conozca un poco mas todo estará mejor.-me consoló, luego de un rato me soco de la habitación y me condujo por el palacio hasta la que sería la habitación de Edward y mía… pensé entrando a la recamara con un suspiro…

Holas a todos mis seguidores lindos y bellos, aquí les traigo un nuevo capítulo de mi nueva historia, que estoy escribiendo solo para ustedes, espero que ustedes la disfruten leyendo, así como yo disfrute escribiéndola, nos leemos… Ah y no se les olvide darse una pasadita por mis otras historias: "Recuperando el amor ."; " Total e irrevocablemente enamorado."; "Vuelve a mí."; y "El regreso de Edward" Chaito… besos hasta pronto los quiero mucho.