Una historia Policiaca
Por: Diyeim
Segundo Capitulo.
Advertencia: LEMON…espero que les guste
Estación de policía. Marzo 7 jueves 4.10 pm
Sanosuke Saito estaba muy concentrado en su labor.
- Que estás haciendo Sanosuke.- Pregunta una hermosa policía, de cabellos largos y uniforme negro corto.
- Resuelvo un crucigrama, pero llevo tres días intentando dar con esta palabra no soy capaz.- la mujer mira al hombre con cara de lastima.
- Déjame ver. – la muchacha mira el papel y sonríe- Es sencillo... Idiota.
- Te dije que me ayudaras no que me insultaras.- dice con rabia el joven.
- No te estaba insultando IDIOTA, Idiota es la palabra de tu estúpido juego, "Palabra que comienza en I termina en A y designa falta de inteligencia". Acaso no es evidente IDIOTA.- el joven mira el crucigrama y luego a la joven.
- Pero me acabas de decir idiota dos veces. – asegura a la muchacha sentada al frente en su escritorio.
- Si Idiota, te acabo de decir idiota ¿y qué?
- ¿Y Qué? ¿Y qué? Déjame mostrarte lo que este idiota sabe hacer.
En un brusco movimiento el policía hace que la joven caiga del escritorio a sus piernas, para después asfixiarla con un apasionado beso lleno de caricias candentes que se deslizaban por las piernas de la joven y jugaban con el ruedo de su falda, la mujer no se quedaba atrás y acariciaba el cuello del muchacho con ansiedad. Desde la puerta un veterano oficial disfrutaba de la apasionada escena acompañado del humo de su cigarro, humo que fue percibido por los jóvenes que pronto recuperaron la compostura.
- Qué bonita escena, que tal si los viera el jefe.- calla un momento- ¡oh pero si yo soy el Jefe!- dice con sarcasmo.
- Tengo que entregar unos informes, permiso. – dice la joven mientras que se acomoda la falda y huye del lugar no sin antes guiñarle un ojo al muchacho que la tenia aprisionada unos momentos antes.
- ¿Si papa que necesitas?- pregunta el joven para llamar la atención.
- ¿Aun no encuentras a Aoshi?
- Oye cual es el problema con Aoshi.
- Tiene algo que es mío y nadie me quita lo que es mío.- Concluye el policía con frialdad.
- Bien, ya veo- dice con convencimiento sabiendo muy bien como es su padre cuando decide recuperar algo- no, nada del tipo. Y si me disculpas voy a sacar unas copias.
El muchacho se levanta, recoge unas hojas y se dispone a salir pero el policía lo detiene.
- No pienso arreglar la fotocopiadora una vez más Sanosuke.- advierte el hombre
- ¿Por qué piensas que soy yo quien la ha dañado?- pregunta indignado el joven
- Me crees idiota cabeza de pollo, desde que te casaste con Megumi ya he tenido que arreglar ese aparato 9 veces, sabes, yo le di su verdadera función al cuarto de copiado, pero ustedes son unos destructores.- asegura
- ¿Estuviste ahí con mama?- dijo con repulsión el joven sintiendo un leve escalofrío al ser confirmada su pregunta- me rehusó a imaginarte haciéndolo con mama en la copiadora.
- Y como crees que te procree, ¿por osmosis? – dice el viejo- Toda la vida te has negado a imaginar cómo hice para que vinieras al mundo, no sé, pero, parece que te impresiona imaginar a tu madre en la posición de Megumi.
- Calla Saito, santo cielo, la mujer de la que hablas es mi madre, y descuida no volveré a fotocopiar nada ahí- al imaginarse a sus viejos en esas el joven siente un último escalofrío y huye del lugar en medio de la risa de su padre.
Mansión Makimashi. Marzo 7 Jueves 9.20 pm
Misao acabada de entrar a su habitación, allí el detective Aoshi Shinomori estaba prisionero, amarrado de la cama, yacía indefenso en espera de que la joven hiciera algo.
- ¿Y bien?- pregunta el hombre.
- Y bien ¿qué?- responde la niña mientras se quita los zapatos y las medias.
- Pensé que respondería mi pregunta, estoy esperando.- afirma
- Oh!... y lo haré... en privado... Algún día. ¿Se siente demasiado incomodo?- pregunta la estudiante mientras comienza a desenredar su trenza viéndose en el inmenso espejo que había frente a la cama.
- Que puedo decir las sogas no son mi estilo.- la niña sonríe, y desabrocha su camisa, para dejarla caer en el suelo.
- ¿Qué piensa hacer? - dice el detective intentando buscarle algún sentido a la situación pero sin quitarle los ojos de encima.
- No es acaso evidente mi querido señor Aoshi. - la corta falda verde queda en el suelo mientras la muchacha se acerca a su tocador y coge un arma, un Kunai, para luego dirigirse hacia el joven- Me imagino que debe sentirse algo humillado con esta situación, quizás no le guste la idea de que una niña pretenda tomarlo por la fuerza,... pero... ya se acostumbrara.- Misao empezó a jugar con su dedo dibujando el contorno de la barbilla del joven y luego deposito un beso en sus labios. Beso que no fue correspondido.- ¿No hay diferencia entre besarlo a usted y a un cubo de hielo? - se pregunto con fingida ingenuidad- No lo creo, déjeme mostrarle que yo puedo derretir los polos
La niña volvió a besar al joven obteniendo la misma respuesta, no le gusto para nada la obstinación del muchacho, así que decidió jugar con él. Traviesamente empezó a recorrer el cuerpo del joven con su arma, y poco a poco la ropa de Aoshi se hacía añicos ante el filo de esta, en cada pedazo de piel que quedaba descubierto la chica depositaba un beso, sensual e "inocente".
Aoshi intentaba controlarse, no quería perder en este juego, pero la pequeña mocosa sabia cuales eran los puntos débiles de un hombre, en los cuales se centraba con obstinación, Misao quedo satisfecha cuando logro desnudar por completo al detective, volvió a besar sus labios siendo estos inexpresivos para ella, y aunque sintió rabia sus traviesas manos ya habían logrado su objetivo.
- Quizás su mente se niegue a aceptarlo pero su cuerpo parece no estar tan de acuerdo con la resistencia.- la muchacha ríe, mientras acaricia su entrepierna- Confíenselo señor Aoshi el estar allí atado, y el que una mujer lo esté desvistiendo con un arma corto punzante debe ser muy excitante.
- Eso se lo enseño su padre- la niña lo miro con rabia.
- Le mostrare lo que me enseño mi padre señor Aoshi.
La pequeña empieza a recorrer el pecho del joven con su lengua, entrecortando su recorrido con pequeños besos, la respiración del muchacho se vuelve irregular demostrando que se está dejando llevar por los sentidos, Misao mira con deseo los ojos del detective que poco a poco mostraban aquella mirada lujuriosa, que era tan tierna y bella en Hiko, y tan raramente seductora en Himura, pero que en él, de alguna manera, no lograba ser ni tierna ni seductora, pero igual la incitaba a seguir con su juego de caricias y besos que hacían hinchar de deseo el cuerpo del joven.
Aoshi hacía ya un buen rato había perdido su parte racional, y ahora solo se dedicaba a disfrutar de aquellas sensaciones que lo invadían, esto haciendo caso a algo que alguna vez escucho que Sanosuke le decía a su mujer y que al parecer Misao había aplicado con muy buenos resultados, "En caso de violación, relájese y disfrute", y bueno, sí bien Misao no era su tipo, tampoco era fea, aunque si le incomodaba el hecho de que fuera una niña, pero eso era algo que podía obviar teniendo en cuenta las circunstancias. Además no podía negar que la situación era más que excitante.
Misao sabía lo que hacía y podía leer la impaciencia en la mirada de él, ella misma estaba a punto de explotar, pero sin más se detiene, se levanta de la cama, toma su cepillo de dientes y se dirige al baño ante la mirada atónita del hombre que no da crédito a lo que ve, después de un buen rato, en el cual Aoshi la maldijo imaginándose que estaría haciendo, la chica sale, toma una de sus pijamas, la más larga y calorosa, se la coloca y toma una cobija que prontamente extiende sobre el joven, soltando una pequeña sonrisa al ver como se levantaba una tienda de campaña sobre aquella céntrica parte de su cuerpo, segundos después, Misao se monta en la cama, le da un besito de buenas noches en la frente al muchacho y se acuesta a dormir como una niña buena en su regazo. Aoshi que ya había entendido el mensaje, intentaba meditar entre maldiciones para calmar la dolorosa frustración que lo embargaba y le carcomía, y aunque logro calmar su cuerpo su mente seguía maldiciendo a la mocosa insolente que realmente sabia jugar con él. Y mientras él pensaba eso, Misao intento conciliar el sueño, diciéndose alegremente "Para hacer explotar la pasión, solo se debe incitar manipuladoramente, el deseo".
Mansión Makimashi Marzo 8 Viernes 9:30 am
La pervertida y joven Misao despertó, y al abrir los ojos se topo con el escultural y desnudo torso del joven detective que aun dormía. La pequeña sonrío maliciosamente al ver la inocente expresión en el rostro de Aoshi Shinomori "hoy será el día mi pequeño glacial, el día en que te derretiré por completo, porque después de lo que te hice sufrir anoche estarás ansioso de recibir descanso y regocijo" pensó mientras que besaba el costado de Aoshi haciéndole despertar.
Los ojos del detective se posaron fríamente sobre la muchacha, que con aquella maldita expresión volvía a tentarlo y a retarlo a resistir, Aoshi sentía un odio muy grande hacia aquella maldita criatura, pero al mismo tiempo, totalmente proporcional a su odio crecía en él un deseo que temía fuera incontrolable, la coqueta manera con que ella lo hacía llegar al límite para después dejarlo en ascuas parecía ser más excitante que el acto mismo, a la mitad de la noche ella volvió a jugar con él dejándolo insatisfecho, mientras ella desaparecía para luego regresar, el joven imaginaba que era lo que ella hacía en sus mágicas desapariciones, y por eso la odiaba aun mas, y ahora de nuevo se acercaba a él con esos labios jugosos y esa mirada pecadora y excitante.
- Que sucede señor Aoshi lo veo muy pensativo esta mañana.- dice sonriente la joven.
- Solo intentaba hacerme a la idea de que su padre le ha enseñado todo esto.
La expresión de niña traviesa cambia por la de una mujer enojada.
- Oh por favor, tan difícil se le hace pensar que puedo imaginar todo lo que he hecho, me subestima como Saito.- dijo exasperada- Si, bien mi padre fue un gran maestro, pero yo soy una alumna superior, no puede ser de otra manera, tanto para los negocios como para el sexo, o si no ¿Cómo podría ser un digno heredero de la familia Makimashi?
Misao se levantó de la cama y salió de la habitación furiosa, ante la sorpresa del detective que cada vez estaba más desconcertado por la actitud errática de la mocosa.
Estación de policía. Marzo 8 Vierns 10:15 am
- Todo está listo señor Saito mañana será el día en que destruiremos finalmente la red del Onniwabanshu desde la raíz.- anuncio un joven de aspecto servil
- Si… si… desde la raíz- dice con desgano el policía.
- ¿Parece no estar muy convencido de esto, pasa algo capitán? –pregunta el joven cadete a su mayor.
- Dime algo Shuro, ¿Crees que Misao pueda ser realmente la líder del Onniwabanshu?
- No.
- Valla, ni siquiera lo dudaste.- resalta
- Es una mocosa en toda la extensión de la palabra si acaso llega a estar al tanto de alguna de las operaciones será porque quien la manipula así lo quiere. eso es evidente.
- Si… si, no puede ser de otra manera- concluye el policía, no muy convencido.
Mansión Makimashi. Marzo 8 Viernes 11.35 am
- Shouzo espero que ya hallas solucionado ese maldito inconveniente con el grupo Sanada,- Menciona una muchacha de uniforme verde - no quiero que esos miserables se vuelvan a atravesar en alguna de mis operaciones, la próxima que a esos bastardos se les ocurra toparse en mi camino, lo lamentara de por vida.
- Descuide señorita Misao todo está bajo control tanto el grupo Sanada como los Caballeros Negros se mantendrán a una distancia prudente de nosotros, la técnica de intimidación que usted sugirió fue muy persuasiva.
Misao revisaba unos papeles en su escritorio mientras hablaba con su secretario, un muchacho joven y alto al que Hiko le había salvado la vida y que ahora le era fiel como un perro, aunque Misao no confiaba plenamente en él, alguna vez el abogado de su padre le dijo: "No confíes ni en tu sombra porque cuando se oculta el sol desaparece."1 Y ella era muy obediente, cuando le convenía.
- Cada vez me sorprende mas esta organización, mi padre fue muy inteligente al tener comiendo de su mano a un buen número de parlamentarios y al montar a uno de los nuestros como presidente, Kouji por su fidelidad seguiría a mi padre hasta el infierno y me seguiría a mí como un idiota con solo pedírselo, primero hundiría a la patria que al Oniwabanshu, con ese poder cualquier persona me tendría miedo.
- Si Señorita Misao pero ¿cree que las operaciones salgan bien?, hemos tenido problemas con la policía últimamente, en especial con ese tal Saito.
- Ah... ese tipo…. – dice con desgano- descuida, pasado mañana me encargare de él, ya he ignorado lo suficiente el hecho de que ese maldito matara a mi padre. - Misao esquivo la cautelosa y a la vez interrogativa mirada del joven con un ademan sutil pero tajante.
- Por el momento manda a Kaoru para que se encargue de entregar personalmente el embarque de Chile y dile a Kenshin que despache las armas al Congo lo más pronto posible, no podemos dejar que el Rey se las compre a alguien más… también quiero que el licor que teníamos destinado para la zona norte valla a la sur de la ciudad. Lleva al equipo azul contigo, quiero que la tropa Seikijou se prepare para salir de inmediato para los sectores beta y gama esos malditos ladronzuelos del Shinsengumi no se podrán revelar en mi contra por mucho tiempo.
- ¿Algo más señorita Misao?- pregunta el secretario.
- Nada más por hoy Shouzo.
El joven comienza a alejarse para cumplir con las indicaciones pero pronto es detenido por la joven.
- Shouzo quizás algo más... no quiero que me molesten en los próximos dos días tengo algo que terminar y no quiero interrupciones.- El joven miro con un dejo de sospecha a su ama.
- Si señorita Misao se hará como usted diga.- Responde mientras que se aleja con una mala espina clavada en el pecho.
Mansión Makimashi. Marzo 8 Viernes 9.30 pm
En la mañana Aoshi había sido atendido como un rey, un rey amarrado pero como un rey, aun recordaba la extraña escena.
...Flas back…
- Buenos días señor Aoshi espero que tenga hambre. - dice sonriente la misma mujer que hacia una hora había salido furiosa del lugar.
- Veo que mejoro su genio.
- No se deje engañar por las apariencias señor Aoshi, - y diciendo esto un destello de furia aparece en sus ojos- espero que disfrute su nutritivo desayuno,- la joven deposita en una pequeña mesa una variedad de platos que traía en un carrito de bufete- necesitara mucha energía para lo que haremos en el día de hoy.- agrega en un tono insinuante.
Aoshi mira la mesa y a la sonriente estudiante y no puede evitar pensar tres cosas sin sentido. Primero; Como se suponía que iba a comer con las manos amarradas, porque realmente tenía hambre. Segundo; De donde había sacado el uniforme si cuando salió de ahí tenía una estúpida pijama de osos. Tercero; Porque demonios tenía alzada la falda por detrás.
Misao no sabía por qué razón Aoshi, fuera de no decir nada, estaba tan interesado en el espejo, al mirar en él se dio cuenta de la vergonzosa situación, su falda estaba alzada dejando ver su ropa interior, inmediatamente se la arreglo con gesto de timidez en medio de un sonrojo general que desconcertó nuevamente al joven.
- Bueno y quiere comer sí o no. – dijo la muchacha intentado cambiar el tema.
- ¿Me soltara las manos?
- No. Yo le daré de comer. Y después le daré un refrescante baño.
Al escucharla decir eso sus sospechas se afianzaron, "planea seducirme con la comida" pensó, "y más tarde lo hará con el baño, de verdad no se da por vencida" pero para su frustración y sorpresa la mujer le dio la comida como si fuera un niño pequeño y lo baño como a un enfermo haciéndolo sentir incapaz e inútil, eso realmente lo había enfado.
Fin Flas Back...
Y luego había tenido el descaro de decirle "Espero que haya disfrutado su baño". Realmente no la entendía, Hiko la había criado de una manera muy extraña, unas veces parecía una niña inocente y frágil y otras una mujer fuerte y decidida, quizás ese contraste fue el que lo hizo aceptar ese maldito caso.
Los pensamientos del detective son interrumpidos de repente por la minifalda verde de Misao que se desplazaba por la habitación lentamente.
- Lo veo muy concentrado de nuevo y según mi experiencia siempre que hace eso es porque está pensando en mi o en mi padre- la niña sonrió, pero el detective guardo silencio.- ¿Le molesta tanto mi presencia?- pregunto con una inocencia que su mirada desmentía – ¿Preferiría estar en ese sucio escritorio esperando un miserable caso para demostrar que es el mejor?- los dedos de ella empezaron a recorrer el firme abdomen del joven- ¿ o quizás preferirías la compañía del Lobo antes que la mía?- por una muy sensual razón le era evidente que prefería estar con ella que con su amigo el lobo, lo que le estaba haciendo esta arpía aunque le doliera admitirlo era muy agradable.
En ese momento los dedos de la joven rozaron su entrepierna. ¿Cómo no iba a preferir ese infierno de tentaciones que su monótona vida? En esa pregunta hallo la respuesta al porque había aceptado ir a la mansión Makimashi, la monotonía, eso era, aquella era la razón que lo había llevado allí, cansado de la monotonía se había dejado envolver en este juego y para bien o para mal y aunque no quisiera admitirlo le estaba gustando.
- Parece que ahora si siente mis caricias Señor Aoshi.- la joven estaba feliz al fin había conseguido un gesto por parte del muchacho que realmente la complaciera, él había contenido la respiración entrecerrado los ojos y exhalado lo que se podría clasificar como un suspiro.- ahora si aceptara el hecho de que puedo derretir el hielo.
El detective contuvo una vez más el aliento, bien, era cierto que se había admitido a si mismo que le gustaba el juego, eso no quería decir que dejaría que ella ganara, así que cuando la joven poso sus labios en su boca el joven no respondió a su beso aunque quería hacerlo, la niña sintió la negativa e hizo un último esfuerzo por ablandar la coraza del joven, nada funciono. Finalmente se alejo de él y se acerco a su tocador, en medio de una rabia inmensa, busco su pequeño Kunai sobre la mesa y miro su reflejo en el enorme espejo pensando. "Qué es lo que pretendes Makimashi esto fue lo que te enseño tu padre" al evocar su recuerdo cerró los ojos y se mordió el labio inferior para luego dirigirse a la cama donde se encontraba el joven y con aire resuelto dijo:
- Bien señor Aoshi usted gana, pero no sabe de lo que se perdió por su maldita obstinación, - la niña respiro profundamente y prosiguió- tiene media hora para largarse y yo que usted daría por sentado que esto nunca sucedió, Makimashi Misao nunca amo, odio y mato a su padre, nunca lidero su organización, usted nunca estuvo aquí amarrado en una cama como un prisionero mientras que una menor de edad lo seducía. Si esto le quedo claro no tendremos problemas, sino me veré en la penosa necesidad de que, de usted, solo quede el nombre sobre una lapida. – la imperiosa voz de la joven resonó en la habitación dándole énfasis a lo dicho.
La niña no supo qué clase de mirada era la que él le dirigía, tampoco le interesaba averiguarlo, lo desamarraría y luego se iría y con él su capricho, y para superar su frustración siempre quedaba Himura. Misao corto la soga de los pies y se dirigió a las manos cuando estuvo cerca de ellas se detuvo conteniendo el aliento para luego mirar en medio de la incredulidad a aquel hombre que seguía viéndola con aquella mirada indescifrable.
- ¿Desde cuándo? – murmuro Misao casi sin aliento.
- Himura no sabe hacer nudos - fue lo único que recibió por respuesta.
La niña siguió mirando al hombre, aun sostenía la daga y la sensación que invadía su pecho no tenia nombre. El había deshecho el nudo el mismo día que Kenshin lo hizo. Traducción nunca estuvo amarrado, "¿pero entonces que hace aquí, debió de haberse ido, o al menos haberme tomado, tal vez si estaba trabajando para Saito o quizás...?" Misao se detuvo en sus pensamientos y abraso una idea deleitosa para su alma.
- Entonces enséñame lo que sabes hacer con sus manos – dijo la joven en medio de un gesto vacío- MÁTEME señor Aoshi.- sentencio con un dejo de alegría.
El detective la miro un momento parecía una estatua allí erguida con la daga en una mano y la mirada vacía. Cerró los ojos un momento pensando lo que haría, se imagino ahorcándola, y después dijo:
- Claro que te enseñare que saben hacer mis manos Makimashi Misao. - y en un movimiento brusco atrajo a la niña hacia la cama haciendo que se le cayera el Kunai de la mano para después apoyarse sobre ella. Misao miro con miedo al detective, pero al mismo tiempo con alegría, ¿De qué se quejaba si ella misma había pedido que la matara?, al fin dejaría su pasado atrás iría al infierno y todo acabaría, busco la mirada de su asesino, quería ver en él el fuego del odio y del descanso que la muerte significaba para su alma, pero se topo con un fuego muy distinto que hizo que su corazón se detuviera.
- Ahora voy a ser tu maestro - sentencio con voz ronca - y te enseñare lo que mis manos pueden hacer, después que derrites el hielo.
- ¿Qué es lo que acaba de decir señor Aoshi?- pregunto con incredulidad la muchacha.
Aoshi guardo silencio y miro a Misao, que demonios estaba haciendo, que demonios pensaba hacer, la niña lo observaba entre sorprendida y complacida pero al mismo tiempo la miserable sabandija parecía decirle con la mirada " tu no serías capaz de hacerlo" el detective en ese momento tomo conciencia de lo que quería, él deseaba borrar la certeza de esos malditos ojos, quería hacerle pagar por todo lo que tuvo que resistir, deseaba desquitarse la frustración que lo embargaba quería tenerla así se odiara después, ella había despertado su lado animal ahora correría con las consecuencias.
El detective la beso apasionadamente robándole el aliento, apretándola con fuerza contra él, lastimándose los labios; Misao sintió la brutalidad del beso que la abrumo por completo, qué era eso, nunca había sentido tal ardor, lujuria, pasión y deseo en un beso, ni su padre, ni Himura se le podrían comparar, después de la sorpresa inicial la joven rodeo al hombre con las manos y los pies aprisionando su escultural cuerpo en un abrazo, sintiendo el contacto de su piel.
Aoshi empezó a desabrochar su camisa con furia haciendo que los botones volaran, pero de repente detiene su furiosa marcha y empieza a desvestirla lentamente, "tengo tiempo" pensó e hizo que sus manos tocaran con suavidad el cuerpo de la muchacha despertando ante aquel contacto sus poros, la ropa desapareció demasiado lentamente para el gusto de Misao, Aoshi había pasado de un brutal amante a uno tierno y delicado pero igualmente excitante, su lengua recorría el cuerpo de la niña y algunas veces sus dientes aparecían para hacerla vibrar, la respiración era totalmente irregular, el calor era casi asfixiante, la ansiedad aumentaba y aquella sensación que nace en el vientre que promete y pide el placer recorría su cuerpo con furia.
Aoshi lo sabía, sentía que el momento había llegado, el momento que había esperado, el momento de la venganza, tomo suavemente las manos de Misao y las guío por encima de la cabeza de esta, y con un movimiento rápido las ato a la baranda de la cama, Misao por el mar de sensaciones que la invadía solo vino a entender lo que pasaba cuando sintió que el joven súbitamente se levantaba de la cama y se acercaba a la ventana para apoyarse en el tocador, su cuerpo, con la excitación a flor de piel era tenuemente dibujado por el ultimo matiz de la tarde, mientras que sostenía el kunai que ella había dejado caer en las manos.
"¡Por el cielo que está pasando!"pensó la joven al sentir las ataduras " ¡será acaso que Aoshi es un sadomasoquista, una cosa era morir otra muy diferente ser torturada!" las manos de Misao empezaron a temblar mientras que el temor invadía su sangre " ¡tiene mi arma entre sus manos!" ahora si estaba asustada, intentaba no demostrarlo, sin éxito, en un apoteósico esfuerzo logro regular su respiración y controlar la hoguera entre sus piernas, miro a Aoshi y colocándose alguna mascara de tranquilidad que no le quedaba bien, dijo:
- ¿Que pretende... hacer?- dijo desafiante aunque su respiración la traicionaba. Por otra parte Aoshi ya había logrado manipular su respiración y un poco la excitación de su cuerpo, y para causarle un escalofrío total a la muchacha sonrío.
- Darte un castigo - dijo, y se acerco a ella en medio de aquella sonrisa.
Misao quiso gritar pero algo se lo impedía, quería que se la tragara la tierra, pero estaba sobre una cama, la agitación, el deseo, el miedo recorrían su cuerpo y por un momento sintió pánico total ante la sonrisa de Aoshi que expresaba tanta locura como satisfacción, cerró los ojos en un intento de escapar, de despertar en su cama y creer que todo había sido un sueño, mejor dicho una pesadilla, de repente sintió el filo de la daga en uno de sus pechos y la lengua de Aoshi en el otro, y después de unos segundos de confusión donde el miedo y el placer la embargaban, por fin entendió el mensaje de Aoshi al sentir de nuevo como el joven se separaba de ella, ya sabía en qué consistía su dichoso castigo, el maldito deseaba darle una cucharada de su propia medicina, dejarla frustrada deseándolo.
- ¡MALDITO!- grito- ¡MISERABLE!- volvió a decir mientras pataleaba en la cama con euforia.
Aoshi sonreía, realmente nunca en su vida se había divertido tanto, la mujer empezaba a llorar como un niño chiquito al que le quitan un juguete.
- ¡Ven aquí miserable sabandija y termina con lo que empezaste! - exigió la muchacha en medio de una pataleta.
- Suplica y tal vez acepte, recuerda que ahora soy yo el que tiene las manos libres. - Misao volvió a maldecir.
- ¡Un Makimashi nunca suplica!- dijo con un pedante orgullo y agrego en voz más sumisa, dulce y hasta llorosa, colocando ojitos de ternero huérfano – pero... puede pedir un favor.- el chico sonrío esa mujer le era algo imposible.
Aoshi al no poder resistir mas su propia excitación decidió poner fin a su castigo, colocándose encima de ella y empezándola a besar con euforia, ella contesto de la misma manera agradeciendo al cielo y al detective que su castigo hubiera terminado, Aoshi soltó sus ataduras permitiendo que Misao se aferrara a él, deslizándose suavemente por su mejilla Aoshi susurro en su oído " Esto hubiera dolido... me alegra que no me toco hacerlo a mi" ella sonrío tímidamente y un fugaz recuerdo paso por su mente siendo olvidado en el momento en que Aoshi empezó a entrar en ella, la delicadez que con que lo hizo fue tal que la niña se sintió virgen de nuevo, y mientras las arremetidas de deseo y pasión se armonizaban, Misao susurro "HIKO", Aoshi escucho ese nombre pero pretendió ignorarlo, pero cuando se acercaba el momento del clímax "HIKO" volvió a decir la muchacha como una exhalación, y finalmente en medio de un gemido de placer. "HIKO" fue el grito al llegar al éxtasis, sus cuerpos aun temblaban y sus células segundos antes extra sensibles se encontraban aturdidas, Aoshi salió de ella y se tumbo sobre la cama permitiendo que Misao se acomodara en su regazo, las respiraciones de ambos se calmaban al unísono, Misao se aferró de nuevo a aquel cuerpo que segundos antes había sido solo suyo y deseo tenerlo por siempre. Aoshi por su parte noto que Misao había quedado dormida, admiro el cuerpo de aquella joven precoz y tuvo la certeza de que nunca cambiaría y por un segundo deseo que aquella perpetua niña no fuera tocada por nadie más que él. Sin embargo recordó un poema.
XXXV
Después de los excesos
de aquella noche de pasión, mi amada,
tras los últimos besos
Tal vez rendida pero no saciada,
- rojas como un incendio sus mejillas-
Hermosa, jadeante,
Apoyó la cabeza en mis rodillas,
y se puso a pensar... en otro amante.
Julio Floréz
De repente Misao abrió suavemente los ojos.
- Me llamaste Hiko.- dijo sin preámbulos Aoshi, la sonrisa en la cara de la joven desapareció ante tal afirmación.
- ¿Mientes acaso?- pregunto sorprendida.
- ¿Tendría por qué hacerlo?- cuestiono
Misao se alejó del regazo del joven se sentó a unos centímetros de él, abrazando sus pies contra el pecho.
- Que puedo hacer Aoshi para borrarlo de mí, está en mi mente, está en mi piel, está en mi alma.- dijo sin cambiar el tono reservado de su voz pero dejando resbalar una solitaria y cristalina lagrima- aun lo amo, amo a ese miserable que me ha condenado al infierno, quiero convencerme de que lo odio, que fue por odio que lo mate, que no fue un acto de amor que lo haya asesinado. - Misao conservaba una serenidad espantosa en su voz- Quiero olvidarlo, quitármelo de la mente y del corazón - Misao miro directa y decididamente al joven- se mi maestro Aoshi Shinomori, y enséñame a olvidarlo, con tu cuerpo borra a ese miserable de mi piel.- propuso seriamente al detective.- te daré lo que me pidas. Te pagare si así lo deseas, se parte del Onniwabanshu.
- Quieres que sea uno de tus secuaces.
- No, solo uno de los míos.
- Uno de tus amantes.
- Mi único maestro.
- Crees que yo borrare el recuerdo de Hiko.
Quiero creerlo- afirmo con seguridad, lo que paso desapercibido para ambos fue el hecho de que habían sorteado la distancia que antiguamente los separaba, y ahora estaban frente a frente, sus respiraciones chocaban, el silencio que nació entre los dos se vio aumentado por el choque del viento contra las ventanas. Finalmente el detective hablo.
- Olvídalo, mañana en la mañana me iré.
Misao desvío su mirada, conocía esa respuesta desde antes de haber formulado la pregunta, pero nada perdía haciéndola, aun así le dolió, le dolió la idea no poder volver a tener a ese hombre en su ser, le dolió él que precisamente él fuera el primero en negarle un capricho.
- Pero la noche es joven - agrego el detective mientras que tomada delicadamente el rostro de la joven- y aun puedo darte una última lección – Aoshi beso a Misao con un fuego renovado- te enseñare que cuando estés conmigo, solo debes pronunciar mi nombre.
La volvió a tender sobre la cama con delicadeza, pero besándola con ferocidad, mientras tanto, la luna se alzaba en el cielo para observar a dos seres que presos de la pasión desgarraban sus cuerpos como animales, en medio de besos y caricias asfixiantes, y así prosiguieron su exhausta marcha hasta el amanecer.
1 Guillermo Noreña.
