Hermione llegó a la puerta del aula de pociones. Estaba entreabierta, las antorchas apagadas, y parecía que no había nadie dentro, pero la joven anduvo con seguridad hasta colocarse frente a ella.
-Soy yo.- dijo en un susurro casi inaudible. Al momento, la puerta cerrada se materializó frente a ella. La voz de él se escuchó al otro lado.
-Adelante.- con un cosquilleo agradable en el estómago, Hermione tiró de la gran argolla de metal y entró.
Ahora las antorchas estaban encendidas, no había chimenea allí abajo pero un aire cálido llenaba la habitación, y al fondo, detrás de su mesa abarrotada de royos de pergamino, estaba su profesor. No la miró.
Ella se acercó sin hacer ruido y se colocó detrás de él para leer por encima de su hombro las correcciones que iba haciendo al trabajo de algún pobre Hufflepuff de segundo: "Incompleto" -¿De verdad pensaba que con sólo cuatro propiedades del ópalo iba a hacer la vista gorda?- "Mal expicado" -A estas alturas y duele ver como redactan.- "Decepcionante" -Esta directamente se la ha inventado.- Estiró el brazo y cogió suavemente su pluma negra con una amarga sonrisa en los labios. -Sus... pen... so.- fue diciendo suavemente la vez que escribía.
-Cualquier profesor renunciaría viendo los pergaminos de estos pequeños inútiles.- dijo con cansancio masajeándose las sienes. Hermione le cogió el relevo y él suspiró apreciativamente. Después de un minuto largo ella lo soltó por fin y se inclinó para darle un beso antes de sentarse en frente suya.
Los dos siguieron trabajando cada uno con sus cosas unas tres horas hasta que él suspendió al último alumno y ella dió por finalizado el estudio de ese día.
-¿Has acabado?- preguntó Snape levantándose. Hermione asintió. Tras asegurarse de que no había nadie fuera, los dos salieron hacia el dormitorio de él.
-Ni uno solo que valga la pena.- volvió a comentar él. -Siempre ha sido así, un alumno inteligente por cada mil insuficientes.-
Los ojos de Hermione brillaron viendo la oportunidad. -¿Siempre? ¿Tambien era igual cuando tú ibas al colegio?-
Él no contestó enseguida. Unos metros más adelante se volvió hacia ella.
-No soy tan viejo, si es eso lo que estás insinuando.- le dijo friamente. Ella se quedó cortada hasta que él medio sonrió.
-¿Qué quieres saber?-
-Nada, sólo cómo era Hogwarts entonces...- contestó ella tímidamente.
-Entonces...- repitió Snape. -sigues hablando como si mi época de estudiante hubiera pasado hace siglos... Pero sí. Era igual entonces.
Los que se preocupan por desarrollar su inteligencia marginados, y los que no piensan, pero se les da muy bien revolverse el pelo y jugar al quiddditch, se llevan la admiración de todos.- Severus se había puesto repentinamente blanco de furia. -Patético.- comentó con desprecio recuperando su frialdad habitual. Hermione se preguntó si estaría hablando de Harry y de ella.
-También hay gente que valora la inteligencia. ¿Qué me dices de los Ravenclaw?- comentó la chica para disimular el silencio que se había formado mientras ella razonaba y él esperaba una respuesta.
-Te digo que no les motiva nada. Estudiar tiene sentido si te apasiona algo, si lo haces por conseguir algo. Los Ravenclaw estudian por estudiar, son ratones de biblioteca sin una meta clara. No tienen fuerza.- Hermione se quedó impresionada, nunca lo había visto de ese modo. Y lo que era aún más interesante, parecía que Snape siempre había tenido una "meta clara", y dudaba mucho que se tratara de convertirse en profesor de pociones teniendo en cuenta que aunque le gustaba el mundo de las pociones, odiaba a los estudiantes. ¿Un proyecto de vida frustado quizás? Tenía que seguir investigando.
Pero, por la mañana, Hermione se levantó en su propio cuarto, ya hacía tiempo que no pasaba la noche entera como cualquier estudiante. Y es que el día anterior, Snape se había hartado de sus preguntas a cerca de su vida y amablemente la había echado de su habitación. Necesitaba un plan B.
(...)
¡Lo había hecho!
Mientras corría por el pasillo con el corazón a mil por hora y con la capa de Harry, se sentía, al mismo nivel, emocionada y asustada. Ay Dios... Había robado. ¡Hermione Granger había robado!
Llegó a la torre de Gryffindor y subió corriendo hacia su dormitorio. Una vez allí lo sacó. Se mordió el labio, se sentía culpable de nuevo. Sólo echar un vistazo. Se dijo a sí misma para animarse a seguir con el plan. Sí, lo haría. Con los ojos brillantes volvió a guardar el giratiempo en su funda. Todavía no era el momento, debía esperar a la noche.
Durante la clase de transformaciones, evitó por todos los medios la mirada de la profesora McGonagall. Era imposible que se hubiera dado cuenta de que faltaba uno de los giratiempos, pero la joven se sentía mal por haber traicionado su confianza y haber usado la llave de su despacho para, como seguramente la profesora diría, "cometer una insensatez."
La hora había llegado, Hogwarts dormía.
Para acabar de convencerla, Snape llevaba toda la tarde de un antipático insoportable. Todo porque había vuelto más serio de la cuenta de su última reunión con Dumbledore, debía volver a dar información falsa de la órden a Voldemort. Cada vez que lo hacía se arriesgaba a que descubrieran que era un espía y su vida peligraba. (-¿Por qué no renuncias? ¡Dumbledore no puede esperar que arriesgues tu vida cada semana por él y luego no hacer caso de ninguna de tus propuestas para el colegio!-) había dicho ella. Él le había contestado que no entendía nada, que sólo era una niña, y que no sabía por qué la metía en sus problemas. Demasiado negros para ella, demasiado fuertes. Todo era un error, bla, bla.
¡Estúpido! Ella no era una niña... tenía quince años, es verdad, pero era muchísimo más madura que todos los chicos de su edad. Se lo demostraría... demostraría que podía entenderlo en cuanto lo averiguara todo sobre él. Y eso le llevaba a su magnífico plan.
Bajo la capa invisible de Harry, éste chico nunca hacía preguntas para dejarle la capa, anduvo en silencio por los corredores hasta la sala de trofeos.
Por fin encontró lo que buscaba: "1975. Severus Snape. Premio por su trabajo de investigación en venenos." En la placa había una foto de un Snape sonriente, con quince años. Hermione lo miró sonriendo. "1978. Severus Snape. Mejor expediente de su promoción." Snape con dieciocho años la miraba sombrío pero orgulloso desde esta nueva placa.
Ahí estaba, Snape como estudiante. Con una simple operación matemática, la chica calculó como utilizar el giratiempo para viajar veinte años atrás.
La sala de trofeos se disolvió en un torbellino de colores a su alrededor, luego todo comenzó a cambiar rápidamente, a tal velocidad se movía la sala de trofeos que no lograba distinguir nada. Hermione sintió vértigo, nunca había hecho un viaje tan largo en giratiempo.
Por fín sus pies aterrizaron en un mundo quieto y a velocidad normal. Seguía siendo de noche, pero la sala había cambiado. Era bastante más pequeña, y las placas que había colgadas eran de hace más tiempo, los alumnos más antiguos llevaban gorros y túnicas con estampados que ya no se veían en ninguna tienda. La joven rió entre dientes, parecía que después de todo, sí hacía "siglos" desde la época de estudiante de su querido profesor.
Miró la vitrina de los estudiantes actuales. Al lado de la placa de Snape por la investigación en venenos, mucho más nueva y brillante que la úlima vez que la miró, había no una si no cinco placas en las que aparecía James Potter por premios relacionados con el quidditch. Con el rojo y el dorado de estos y las impresionantes fotos de James cazando snitchs, apenas se veía la humilde placa del profesor.
Hermione recordó de pronto que Harry le había contado hacía tiempo que Severus y James eran enemigos en el colegio. La conversación con Snape sobre los inteligentes y los jugadores de quidditch cobró sentido de repente. La chica sonrió orgullosa de su pequeño descubrimiento.
Se echó la capa invisible sore la cabeza y salió de la sala. La sala común de Slytherin estaba en las mazmorras así que por allí debía estar durmiendo el joven Severus.
Mientras pensaba donde pasar lo que quedaba de noche hasta que los alumnos salieran de sus salas comunes para acudir a las clases, escuchó el rasgueo de una pluma dentro de un aula vacía, luego un suspiro frustado, un hechizo para borrar tinta susurrado, y otra vez la pluma. Cruzando los dedos, la chica se asomó al aula. ¡No podía creer en su suerte! Allí estaba él.
Hermione lo miró con curiosidad a través de la capa. Escribía muy concentrado, con la cara casi pegada al papel. La joven se acercó aguantando la respiración y se inclinó para ver la letra del futuro profesor. Era tan diminuta como la suya propia, pero bastante más emborronada.
De pronto él miró en su dirección como si puediera verla, y Hermione reprimió un gritito de sorpresa. Lentamente se alejó hacia la puerta, pero el chico se levantó y mirando hacia todos lados con la varita en alto gritó:
-¡Sé que estais aquí con la estúpida capa! Si no me dejais en paz se lo contaré al profesor Slughorn.- Amenazó al aire.
Hermione nerviosa tropezó con un libro que estaba en el suelo, justo a tiempo logró recuperar el equilibrio sin que se le cayera la capa, pero había hecho un ruido seco que por supuesto el joven escuchó.
-¡Protego!- gritó, ahora sí, apuntándola con la varita.
Hermione salió despedida de la habitación y cayó al suelo. La capa se le escurrió. La cara del chico, tensa y con una mueca de concentración, se relajó en una de extrañeza al ver la melena castaña que surgía a media altura en el aire.
-¡Accio capa!- la capa voló hasta la mano de Severus si que Hermione lograra hacer nada por evitarlo. Los ojos de él se abrieron con sorpresa y se ruborizó.
-¿Quién eres tú y por qué me espiabas?- le dijo apuntándole al cuello.
