Blanco como la nieve
Un fino haz de luz se cuela por la cortina de la ventana e impacta directo en mis ojos, la luz es incesante y brillante que podría jurar que veo a través de mis parpados. Me giro para protegerme y ganar talvez un par de minutos más de dormir, pero ahora me encuentro con un chillido agudo que retumba en mis tímpanos. Maldigo el despertador y el momento en que decidí colocarle una hora exacta para sonar. Abro mis ojos entre maldiciones para darme cuenta que ya son quince para las ocho de la mañana. Como un golpe fugas en mi cabeza recuerdo que tengo una cita con un cliente en menos de cuarenta minutos, salto de la cama para dirigirme al baño. El agua caliente es reconfortante en esta época del año donde todo es frío y congelado. Quince minutos ya estoy cambiado; vestido con un traje negro, camisa blanca, corbata gris con franjas más claras y mis zapatos italianos. Me preparo café, lo hago tan caliente porque se apenas cruce la puerta el clima invernal hará que su estado cambie, lo sirvo en un termo de mi equipo favorito de americano para mantenerlo lo mas caliente posible y me dispongo a salir de mi casa no sin antes colocarme mi gabardina y unos guantes. Estando en épocas desembridas uno debe cuidarse si es que quiere pasar sano la navidad y año nuevo.
Frente a mi el cielo esta cerrado, teñido en gris y blanco, el suelo tapizado de nieve me dificulta el caminar. Es cierto, hace un frío como ningún otro invierno en años pasados, pero, en mi interior un sentimiento calido me mantiene alegre, listo para seguir avanzando. Me dirigió a mi camioneta no sin antes saludar a mi vecina, una mujer de unos veintiséis anos, apenas un año menor que yo, de larga cabellera rubia y una tez que la misma nieve envidiaría. Somos buenos amigos por lo que bromeo por verla salir de su casa en pijama a recoger el periódico. Ella se defiende sacándome la lengua provocando que sonría, no es extraño que se siga comportando como una adolescente. Siempre he dicho que en alguna de nuestras otras vidas pudiera que ya fuésemos amigos ya que entablamos una buena relación el mismo día que se mudo a la casa de a lado, incluso cuando la vi bajar de su automóvil tuve una sensación de como si la hubiese visto en alguna otra parte, al final no tuvimos nada ni a nadie en común para sustentar que ella también aseguraba sentir que ya me conocía. Sonara loco, pero eso nos junto más. Me despidote ella y abro con mis llaves la portezuela de lado del conductor y me introduzco en el interior de mi camioneta, colocó mi termo en un portavasos bajo el tablero y me acomodo en mi lugar para después cerrar la puerta. Cuando estoy por echar andar el motor cuando un sonido, el timbre de mi celular, suena y vibra en el interior de mi gabardina, busco desesperando en que bolsillo lo introduje cuando porfin doy con el. Veo la pantalla y sonrío al ver que se trata de mi hermano menor.
— Hey, hermano, ¿Qué tal? — Saludo alegre mientras coloco el celular en un pequeño compartimente donde lo conectara con las bocinas de la camioneta, esto me permitirá conducir mientras hablamos.
— Aquí aburrido en el trabajo, ¿tú que me cuentas, Matt? — Escucho una voz alegre y llena de vida.
— Voy apenas con un cliente, estamos por ganar el caso.
— Bueno, no es de extrañar cuando han contratado los servicios del mejor abogado en toda la ciudad — Sonrío ante los ánimos que mi hermano siempre me demuestra.— Por cierto, antes de que se me vaya olvidar. Mi padre ha pedido que si de favor lo podrías acompañar hacer unas compras, tú sabes quiere buscarle algo a mamá.
— Por supuesto, saliendo de mi cita le marcó para ponernos de acuerdo.
— Gracias, hermano. Bueno, te dejo que me llámale residente de obra — Se despide mi hermano, y conociéndolo ni me inmuto al contestar puesto que es tan tierno que se colgara antes de que pueda decir una sola palabra. Así ocurre.
Estoy por llegar al lugar de mi trabajo, ubicado en un edificio en el centro de la ciudad tengo mi propio bufete de abogados. Que puedo decir, la vida es un regalo que se me ha brindado y del cual he podido disfrutar al máximo. Mientras subo por el elevador, que muestra un panorama de la ciudad con sus paredes de vidrio grueso, puedo pensar en todo lo que he vivido. Tengo tiempo, voy al último piso. Ver las nubes grises me hace pensar como estas pueden influenciar en las personas, son como una presencia de recuerdos infinitos de malos momentos. Pero no para mi, el cielo azul como el cielo blanco son parte de un mismo paisaje que no busca el bien ó el mal, que impiden la monotonía de la vida. Son tangibles señales de que todo es real, de que nada esta en línea recta. Influyen en ti como tu influyes en ellas, si tu corazón desborda tristeza estas nubes grises lo serán, pero si es lo contrario y vives con júbilo no serás afectado. Esbozo una media sonrisa ante lo que estoy pensando, ¿de cuando acá soy tan profundo? Lo que si es cierto es que vivo la mejor época de mi vida. Tengo un gran trabajo, mi familia esta unida y feliz, mi hermano tendrá pronto una bebe y con respecto a mi vida amorosa no me quejo. Todo embona a la perfección.
— Buen día, señor Ishida — Me recibe mi secretaria apenas salgo del ascensor.
Me da un reporte detallado de lo que tengo pendiente para el día y me informa que mi cita esta ya en mi despacho. Le doy las gracias para poder retírame por unas puertas amplias medio abiertas que me conducirán a mi despacho. Un amplio espacio donde tengo mi escritorio, una sala, libreros e incluso una televisión de cincuenta pulgadas. En el sofá alargado me espera un hombre elegante, canoso, edad madura y con un problema legal sobre su empresa. No pierdo tiempo en empezar hablar con el sobre como va el casó, en mi mente tengo a mi padre y el acompañarlo hacer sus compras, le explico que vamos ganando y lo siguiente que debemos hacer. Por supuesto que siendo su caso uno muy importante y jugoso en cuestión de dinero, le he prestado yo mismo mis servicios teniendo en mente que debo darle el tiempo que se necesite, pero, mi familia es primero. Cuando me despido de mi cliente veo el reloj de manecillas negras sobre la pared encima de las puertas y me doy cuenta que ha pasado una hora y media. Sin demorarme le marco a mi padre que me contesta con esa voz áspera. Nos ponemos de acuerdo en que lo recogeré en veinte minutos para ir al centro comercial de su preferencia.
— ¿Cómo has estado hijo? — Me saluda un hombre alto, fuerte, de mirada cansina y difícil pasar por alto, y rubio como yo.
— Mejor que el día anterior — Contesto sincero.
— No sabes que gusto — Me toma del hombro y me lo aprieta de forma cariñosa.
En el camino al centro comercial vamos platicando de trivialidades, e incluso mi padre bromea con una canción que suena en la radio. Verlo tan feliz me da gusto, recordar que el lucho para darnos lo mejor a mi madre, hermano y a mi solo hace que haber logrado mis metas y tener la posición que poseo ahora puedo brindarle a ellos lo mejor. El sueño de todo hijo. Estando en las tiendas mi padre busca lo que el creer que su madre le gustaría, si bien nunca ha sido bueno eligiendo la intención se agradece. Caminamos por los amplios pasillos viendo las vitrinas de las tiendas; zapatos, televisores, ropa, de todo. Mi padre se detiene en una botica mientras tanto yo me quedo parado frente a una vitrina que muestra dos maniquíes vestidos de negro, uno mas grande que el otro como si de una madre y un hijo se tratasen. Ambos sostienen unos paraguas, y no entiendo porque toda esa felicidad que me embargaba desde la primera luz que se filtro por mi ventana ahora se desvanecía siendo remplazada por un hueco en la boca del estomago. El reflejo de mi rostro coincide con el maniquí del hombre, siento como si fuera yo el que esta allí parada sosteniendo el paraguas. Mi entorno se transforma, nubes negras sobre mi me hacen darme cuenta que estoy en otro lugar. No se cuanto llevo parado viendo mi reflejo en un mundo desconocido, pero regreso a mi realidad cuando escucho que mi padre me llama a mi espalda. Verlo hace que todo vuelva a la normalidad.
— ¿Todo bien, hijo?
— Si, ¿porque no habría de estarlo?
— Es que tu rostro tiene señales de nostalgia— Me revela mi padre que se me acerca preocupado.— ¿Problemas en el trabajo?
Niego con la cabeza y le aseguro que todo esta de lo mejor. El recuerdo de mi reflejo esta latente en mi mente que quizás el decir que todo esta bien no es correcto. Sacudo mi cabeza, alejo todo mal pensamiento y dibujo una sonrisa. Mi padre parece satisfecho con mi renovada actitud y ambos nos vamos. Ya tenemos lo que venimos a buscar, salimos al estacionamiento justo en el momento en que pequeños copos de nieve descienden del cielo blanco, extiendo mi mano y uno se posa en mi palma. Se mantiene en su forma hasta que mi calor corporal la derrite. Me recuerda que época del año es, es tiempo de reír y no de llorar. Veo que mi padre se ha adelantado y le doy alcance pasando mi brazo por sus hombros, me animo a contarle un chiste. Hoy no hay cabida para entristecerse con lo irreal, hoy es día de disfrutar de lo real.
¡Hola!
Bien aquí esta el segundo capitulo. No se si este logrando lo que quiero, pero veo que no ha llamado mucho la atención por lo que esperare a ver como va este capitulo para enfocarme de lleno en esta historia.
Gracias a Evelyn SakuraMimi, Adrit126 y los que me dieron follow, han hecho que el segundo capitulo vea la luz n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
