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Los personajes son propiedad de Kishimoto, solo la trama y uno que otro personaje son míos.

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Capitulo 1. Niñera

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—Eres la chica con menos problemas amorosos que he conocido jamás.—se quejó Ino, haciendo una mueca y metiéndose una galleta a la boca.

Me encogí de hombros restándole importancia, y cogí una papa frita. No podía negárselo o contradecírsela, mi vida era lo más fácil a la vista de mis amigas. ¿Amor? ¿Qué es eso? ¿Se come? Nunca me había enamorado y mucho menos sufrido por amor como muchas de las jóvenes de mi edad, o para no ir tan lejos como mis amigas.

—Quien como tú, Saku. Tu mayor preocupación es quedarte sin internet.— le apoyó Tenten, mientras tomaba un sorbo de jugo de uva.

Sonríe y negué con la cabeza.

—Es que no sabes cómo me trata "Inter" se va cada que quiere, y regresa cuando se le antoja. Me mantiene pendiente de su regreso. —me burlé.

Ino y Tente estallaron en risa, sonreí aun más y también me les uní.

Es verdad que nunca en mis 16 años, había sufrido por amor. Bendición o maldición, nunca me había enamorado. Y no es que fuera asexual o algo por el estilo, sino que, como decirlo, no le pongo mucha atención a lo que me rodea, sumándole que son muy mala recordando rostros y mis estándares de hombres están basados en literatura del siglo pasado, el enamorarme es casi imposible. Además, los únicos rostros que memorizo son de los que veo a diario, o sea mis amigos, familia y de a cajón, el de los profesores. Y mis amigos son solo amigos, nada más ni nada menos, a ellos no los veo de esa forma, y las otras dos opciones son aun más lejanas. Los chicos que me habían llegado a interesar por motivos que yo misma desconozco dejaron de interesarme y otros simplemente deje de verlos. Así que, he ahí el por qué estoy sola. Forever alone, según mis amigas.

Ino golpeó sonoramente la mesa, haciendo que la miráramos de inmediato.

—¿Y ahora qué te pasa, Ino?— le preguntó asustada Tenten.

—¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Ya sé que hare! ¡Soy un genio! — exclamaba Ino con alegría, y asentía con la cabeza dándose la razón.

—¡Hey! ¡Deja de hacer eso! ¡Estamos en público! ¡Por tu culpa nos miran raro! —le reñí.

Por semejante golpe todos en el comedor de la escuela nos estaban mirando como si fuéramos bichos raros. Bueno raras, si, pero bichos, no. Tenten negó con la cabeza, ya acostumbrada a las excentricidades de nuestra amiga. Yo solo suspire, parecía tan normal cuando la conocí.

—¿Y ahora que le ocurrió a Ino? —preguntó una nueva voz en la mesa, Matsuri. Una amiga que por cuestiones desafortunadas había quedado en otro grupo. Jaló una silla y se sentó junto a mí. Quedando frente a Ino y Tenten.

—Lo mismo que siempre, Matsuri. Comió demasiados dulces.— explicó Tenten soltando un suspiro de resignación.

Mire a Matsuri y asentí con la cabeza. Ella rió.

—¡Que dulces ni que nada! ¡Soy un genio! ¡¿Cómo no lo pensé antes?! —chilló Ino.

—¿Te digo? — pregunté con burla.

—¡Grrrr! ¡No uses tu sarcasmo conmigo! —gruñó Ino, frunciendo el ceño.

—No arrugues la frente, Ino, te pondrás más vieja.—comentó como si nada Tenten.

Ino ahogó un grito, mientras que Matsuri y yo soltamos una carcajada, Tenten sonrió victoriosa.

—Señoritas les agradecería que guardaran un poco silencio y se comportaran debidamente. —nos riñó una voz ronca y masculina.

Todas volteamos a ver el origen de esa voz, topándonos con el prefecto. Un señor de unos 50 años, alto, cabellos canosos y mirada severa. Nadie dijo ni pio. Después de unos segundos incómodos, el prefecto carraspeó.

—Srta. Haruno, preséntese inmediatamente en la oficina de la directora.— dicho eso, se fue.

Tres pares de ojos se enfocaron en mí. Sabía a la perfección que se vendría una ola de preguntas en un dos por tres.

—No tengo la menor idea.— solté rápidamente alzando ambas manos.

—Quizá quiera hablar sobre los concursos.— dijo Matsuri encogiéndose de hombros.

—¿En receso?— preguntó incrédula Ino

—Además a la directora le importan un comino los concursos, falta un mes.—comentó Tenten agitando la mano.

Ino asintió con la cabeza apoyando a Tenten. Me levanté e hice una mueca de disgusto.

—Mientras sean peras o manzanas, tengo que irla a ver. No vaya a hacer que me regañe por no ir corriendo a verla. —solté sonriendo.

—Mira que con el carácter que se carga, yo ya estaría en su oficina. —comentó Ino.

—Eso es cierto.— apoyó Matsuri

Tenten solo asintió. Puse los ojos en blanco, decían que me apurara y me retenían ahí. Nos les dije nada más y salí de la cafetería rumbo a la dirección.

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Al abrir la puerta negra con letras rotuladas en color dorado, sentí el aire frio golpear mi cara, era refrescante. Caminé entre los pasillos hasta llegar con la secretaria de la directora, una mujer joven de cabellos negros y sonrisa dulce, al verme suspiró aliviada, sonriente, se levantó de su silla. Casi corrió hasta donde yo estaba, me arregló el cabello y mi uniforme, yo simplemente me mantuve muda, sin saber que decir. La mujer se dio cuenta y me guiñó un ojo.

—Ya me lo agradecerás.— aseguró. Dio dos pasos hacia atrás y me observó con cuidado, cuando estuvo segura de que me veía como ella quería, volvió a sonreír. — Así darás buena impresión.

Arqueé una ceja, ¿buena impresión? ¿A quién? ¿Y con qué motivo? La mujer notó mi suspicacia y ensanchó su sonrisa. Se volvió a sentar tras su escritorio, descolgó el teléfono y marcó un par de números.

—Ya está aquí la Srta. Haruno.— dijo Shizune.

—Dile que pase, por favor, la estamos esperando.

La voz de la directora sonó… ¿Cómo decirlo? ¿Dulces? No me lo creía. Quizá nuestra directora estricta había sido cambiada por otra más blanda y dulce. Espera, espera, espera, dijo ¿"la estamos esperando"?. De pronto un nudo se formó en mi garganta. Tenía un mal presentimiento. Me arme de valor, camine hasta la puerta de esa oficina y la abrí.

Lo primero que vi al entrar fue una penetrante mirada, por un momento me quede helada, sin saber que hacer o decir. ¿Y cómo no estarlo? Si, frente a mí, un atractivo muy atractivo, joven de más o menos mi edad quizá, me miraba fijamente con sus ojos negro intenso. Era hipnótico. Adictivo. No recordaba donde estaba ni que iba a hacer. Eran una droga. «Concéntrate y deja de mirarlo» dijo mi Inner. Me armé de valor y con una fuerza sobre humana a parte mis ojos de los suyos y los fije en cualquier punto que no fueran ellos. Fue entonces que recordé donde estaba. En la dirección. «Saluda y trata de recuperar algo de tu dignidad» me riñó mi Inner de nuevo.

—Directora Senju.

Hable lo más normal que pude a pesar de sentir seca mi garganta. La mujer detrás del escritorio estaba seria, como molesta diría yo. Bueno, aunque siempre está molesta. Sin embargo, justo ahora ese era un asunto irrelevante. Podía sentir una penetrante y pesada mirada sobre mí. No había duda alguna de quien se trataba, pero no me atrevía a mirarlo de nuevo sin correr el riesgo de quedar como una polilla atraída por una brillante y cegadora luz. Una luz con una jodida mirada sexy.

—Señorita Haruno, ¿Y su corbata? —me preguntó irritada, sacándome de mis pensamientos.

«Piensa rápido, piensa rápido». ¿Qué le podía decir? "Mire directora, esa corbata es como una correa para perros", no, eso no podía decírselo sin correr el riesgo de que se pusiera colérica y me echara a patadas de su oficina. «Receso, estabas en receso y la cagaste, eso pero con otras palabras» aconsejó mi Inner.

—Como estábamos en receso la he manchado por accidente. —confesé tratando de sonar como si nada o al menos para que me creyera.

—Debería de tener más cuidado para la próxima.— aconsejó la directora no muy convencida.

Sonreí. Había funcionado. Escuché como el joven atractivo carraspeaba "casualmente". La directora ahogó un chillido. Cero que desencajé la mandíbula al ver como las mejillas se le sonrojaban a la estricta y malhumorada mujer que tenía frente a mí.

Pedófila pensé.

—¡Oh, lo lamento! — se disculpó rápidamente. — Joven Uchiha, le presentó a la Srta. Haruno, Srta. Haruno le presentó al joven Uchiha.— nos presentó de inmediato.

«Mierda, tengo que verlo de nuevo». Suspiré y lo miré con recelo. Nuestras miradas chocaron de inmediato.

Sentí mi estomago removerse.

—Uchiha. —hizo una pausa y sonrió con picardía. — Sasuke Uchiha. —se presentó estirando su mano hacia mí. Su voz era sexy, firme, delicada, sensual, como un susurro al oído.

«¡No te dejes intimidar o parecerás una colegiala enamorada! ¡Concéntrate y síguele su juego!» Exigió mi Inner.

Con la elegancia debida tomé su mano y la estreché. Una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, desde la coronilla de la cabeza hasta la planta de los pies. Sentí como mi pulso cardiaco se aceleraba, parecía el aleteo de un colibrí. Me aferré de quien sabe qué para que mis mejillas no se sonrojaran. Quería, no, necesitaba, aparentar tranquilidad. Me mojé los labios y hablé lo más normal que pude.

—Haruno. —hice una pausa como él, y trate de sonreír, pero con un toque de burla en vez de picardía. — Sakura Haruno.

Sus ojos mostraron su sorpresa, y su sonrisa se ensanchó provocativamente. Lo había tomado por sorpresa y eso le había gustado. Y aunque lo negara, también me había gustado.

—Lindo nombre, Sakura.— dijo pronunciando con tono muy, muy sexy mi nombre.

Pero la cereza del pastel fue el beso que depositó en el dorso de mi mano sin dejar de mirarme ni por un segundo. Sentí el hormigueo que dejaron sus labios en mi piel. ¡Dios! ¡¿Cómo lo hace?!Me pregunté. Pudo haber un terremoto en ese lapso de tiempo pero estaría muy ocupada observando y detallando el rostro de aquel joven; piel blanca y tercia, ojos negros, labios carnosos y bien definidos que sonreían coquetamente, un lunar cerca del ojo izquierdo que lo hacía ver jodidamente sexy. Era uno de los jóvenes más guapos -el más guapo, para ser franca- que había conocido, no quería ni imaginarme como seria en un par de años…

«La directora» me recordó esa voz en mi mente. Entonces caí en cuanta de que aun no soltaba mi mano. Tosí un poco al mirar mi mano siendo sostenida por la suya. Él rápidamente captó mi mensaje y me soltó como si quemara.

—¿Para qué me llamó, Directora? —pregunté volteándose a ver a la susodicha, y tratando de ignorar por completo al sexy joven que estaba a menos de un metro de mi.

—Necesito que sea tutora del Joven Uchiha hasta que se ponga al corriente con las clases.— musitó

Mis piernas flaquearon en ese momento. ¿Esto era castigo divino? ¿Ser niñera de este sexy joven? ¿Por qué yo? O mejor aun ¿Por qué de él? Ahora que pensaba mejor eso ultimo, ¿Por qué eso de ser niñera, digo tutora?

Sin pensarlo, hablé:

—¿Desde cuándo los nuevos estudiantes necesitan tutores?

—¿Algún problema con ello, Srta. —replicó la mujer frente a mí, frunciendo el ceño y mirándome molesta.

La había regado. Permanecí en silencio unos segundos, pensando mejor lo que diría.

—Solo era curiosidad, directora. No es algo que se acostumbre hacer, y hasta ahora ha funcionado.— expliqué tratando de excusarme.

—Será una nueva medida para el mejor rendimiento de los estudiantes transferidos. ¿Tiene algún problema con eso?

Claro que lo tengo, ¿Cómo planea que sea tutora de aquel joven? No podre ni pensar con claridad pensé con molestia. Tenía que pensar en alguna excusa que me evitara estar cerca de él.

—No hay inconveniente con ello, simplemente creo que debería de buscar a alguien más, puesto que yo estaré indispuesta dentro de una semana, ¿recuerda? — eludí embozando una sonrisa de satisfacción.

¡Bendito sea el concurso ese de Física!

— Es verdad. —susurró irritada la directora, buscó entre su carpeta y sonrió.— Entonces lo hará la Srta. Ino Yamanaka.

—Ella está en la lista también. —contesté

Posiblemente Ino terminaría con su actual novio por, ¿Cómo se llamaba el sexy pelinegro de ojos ónix? ¡Ahhh! ¡¿Cómo pude olvidarlo?!

—Tenten Ama, entonces.

¿Tenten? ¿Cómo tutora? ¡Ni pensarlo! Ella no tiene paciencia, pero tratándose del sexy pelinegro quizá haría una excepción, pero igual estaba atada de manos como nosotras.

—En la lista. —respondí

—Temari Sabaku.

—En la lista.

—¿Y Kabuto Yakushi?- preguntó casi con suplica la directora.

¿Kabuto? Sonreí, creo que la directora ignoraba la orientación sexual de ese estudiante. Un sexy pelinegro seria acosado.

—Él no está implicado en ninguna de las actividades.—respondí.

—Perfecto. Entonces, cuando dejes de asistir a clases, el joven Kabuto tomará tu lugar. ¿De acuerdo, Srta. Haruno?

La sonrisa de mi rosto decreció un poco, ¿a caso aun estaba atada a él? Bueno, ese concepto no me disgustaba, pero siempre había detestado al tipo de chica que se dejaba controlar por sus alborotadas hormonas, y ahora, viene ese chico y pone de cabeza mis emociones. Solo atiné a decir que si con la cabeza.

— ¿Le parece bien, joven Uchiha? —preguntó sonriente la directora.

Ojala dijera que no. Sería un tormento estar cerca de ese chico. Lo miré de reojo y lo pillé mirándome con una sonrisa que no supe como traducir.

—No tengo problema. —aseguró.

—Entonces, a partir de este lunes y hasta el viernes, Srta. Haruno ayude al joven Uchiha en todo lo que necesite para ponerse al corriente en las materias.

La sentencia de muerte estaba establecida. El mundo se me vino encima. Maldición o bendición; ya todo estaba decidido. Sería la niñera del sexy pelinegro mientras se pone al corriente. Sería una larga semana.

—¿Algo más? — Vacilé

—Nada más, retírate.

Era mi idea, o me corrió sin discreción alguna. Apostaría lo que fuera a que la directora solo quería pasar más tiempo con él. Pues, después de, prácticamente, echarme, fijó su vista en el atractivo joven, embozando una sonrisa que jamás había visto en ella. No creí necesario despedirme de ninguno de los dos, así que simplemente salí de la oficina. Una vez afuera me recosté en la puerta y deje escapar un ligero suspiro.

—Es muy guapo, ¿no te parece? —comentó la secretaria de la oficina, sonriendo al ver mi expresión.

Hice una mueca y asentí con la cabeza.

—Puede llegar a ser perturbador. —confesé.

—Lo sé, a la directora casi le da un infarto cuando ese joven vino a inscribirse a esta preparatoria. Es lo más cercano a una celebridad.

—¿Una celebridad?

—No se muchos detalles, pero, escuche cuando la directora chillaba emocionada que un ricachón vendría a estudiar aquí. Por eso le está facilitando mucho, bueno, demasiado, las cosas. —comentó haciendo una negativa con la cabeza.

Fruncí el ceño. Así que "Será una nueva medida para el mejor rendimiento de los estudiantes transferidos". Ya decía yo, que la directora no daba un paso en falso. Ahora todo encajaba, era por dinero y para conseguir contactos y palancas.

—Entonces hasta si un perro tiene dinero, ¿debe ser tratado como Sr. Perro?

Shizune me miró con reproche, como si hubiera dicho la peor de las blasfemias. No dije más y salí de la dirección. Respire profundo. Todo siempre se trata de dinero. No me sorprendería que el joven, cuyo nombre olvide, sea arrogante y presuntuoso. Debe de estar acostumbrado a hacer su santa voluntad. Chasqueé la lengua y camine hasta mi salón, ni bien había caminado un par de metros cuando escuché que gritaron mi nombre. De inmediato, me detuve. Busque el origen del sonido y vi a lo lejos a Naruto que venía corriendo hacia mi dirección. No tuve otra opción más que esperar a que llegara.

—¡Hey, Sakura-chan! — me saludó de nuevo, ya estando a un metro de distancia. Tomó una bocanada de aire y prosiguió. - ¿Qué hacías en la dirección?

Me encogí de hombros y agité la mano, restándole importancia. No tenía ganas de hablar sobre ello.

—Cosas de la directora, pero dime, ¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo mientras no estaba?

Naruto negó con la cabeza.

—No, nada. El mundo siguió girando sin ti.- se burló

Sonreí y puse los ojos en blanco.

—Ja, ja, ja. Muy chistosito. Sabes que sin mí ustedes están perdidos.— aseguré, ensanchando mi sonrisa.

—Claro, claro. Como digas, Sakura-chan. —agitó su mano y soltó una carcajada. — Bueno, al grano, yo te quería preguntar si tienes resulto el libro de literatura. No es que este perdido, ni nada por el estilo. Pero, ya sabes, me facilitarías las cosas…

Lo mire unos segundos, mientras él estaba callado, no pude aguantar más y comencé a reír. A los segundos, él se me unió.

—Claro, claro, pero no soy necesaria.

—Vamos, ¿Qué quieres escuchar? ¿Qué te necesitamos? Está bien. —Se aclaró la garganta, me tomó de las manos y comenzó a dramatizar— ¡Oh, Sakura-chan, por favor no nos dejes nunca! ¡No seriamos nada sin ti! — No soporté y empecé a reír.— ¡Yo sin ti no sería nada! ¡Por favor no nos dejes, ni me dejes! ¡Mira que si nos dejas nosotros y yo…!

De pronto, se detuvo. Al principio pensé que aun tenía una pizca de dignidad y por eso se había callado, después de unos segundos dejé de reírme y fue cuando lo noté. Naruto estaba muy callado, observando fijamente detrás de mí. La curiosidad me ganó y volteé. No sé por qué, pero la sangre se me heló. Era el pelinegro sexy. Tenía el ceño ligeramente fruncido y una mirada fría. Una mirada que se dirigía hacia donde nosotros estábamos, primero pensé que no nos veía a nosotros, mire a los alrededores y no había nadie, ya todos estaban en clases. Había otra opción: nos miraba a nosotros. Volví a observarlo y ahora mi miraba a mí. No supe como traducir esa mirada, pero era una mezcla de molestia, decepción, indignación y no sé qué más. Vi como sus carnosos labios se movían, pero no supe que dijo. Le dirigió otra mirada a Naruto y se fue. Unos segundos después me atreví a hablar.

—¿Lo conoces?

—Ni idea. — respondió sin mirarme.

—¿Entonces por qué se miraban de ese modo?

Se encogió de hombros y me miró.

—Yo solo correspondí a como me miraba, parecía molesto por alguna razón. ¿Tú lo conoces?

Dude en que responder, pero después de todo, no lo conocía.

—No.

Hizo una mueca y se relajó. Sin querer, yo también relaje mis músculos. Aun no sabía por qué me había tensado, o preocupado que me mirara de esa forma tan intensa. Ultimadamente, no había sido grosera ni nada por el estilo.

—¿Entonces me prestas el libro? –preguntó Naruto volviendo a la normalidad.

Negué con la cabeza.

—Aun no lo resuelvo.

Soltó un suspiro y se masajeó el puente de la nariz.

—Ya veré como lo consigo. Nos vemos, Sakura-chan.

—Claro, Naruto.

Lo vi alejarse hasta que entró a su salón. Me quede parada unos segundos, cerré los ojos y respire profundo, pero ni bien iba inhalando cuando la mirada del pelinegro se me vino a la cabeza. Maldije por lo bajo, y regresé a clases. A partir del lunes algo me decía que mi vida daría un giro, y no necesariamente bueno. ¿Niñera, eh? Al menos es guapísimo señaló mi Inner. Sonreí. Tenía que admitir que vaya que lo era.

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Bueno aquí les dejo el primer capitulo de la historia, espero les guste. Dejen sus comentarios ;)

Nos vemos :*

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