CAPITULO 2
Al terminar la clase de literatura los alumnos comenzaron a formar equipos para realizar la tarea que la profesora les asignó. Varios chicos se acercaron a Haruka para ofrecerle ser parte de sus grupos. Sin embargo, ella accidentalmente volteó a ver a Touya y Yukito quienes se ponían de acuerdo para entregar su trabajo.
— Disculpen... — se levantó de su asiento y se acercó a ellos —. Siento interrumpirlos. No sé si hay alguna posibilidad de que pueda trabajar con ustedes.
Todos los que le escucharon se sorprendieron ante su petición. Touya y Yukito se miraron desconcertados.
— Bueno... —sonrió ella—. Es que quería devolverles el favor de hace rato... ¡Me encanta la literatura y la historia! Por eso quería sugerirles un libro en especial...
— ¿En serio? —preguntó Yukito interesado— Por nosotros no hay problema, ¿verdad, Touya?
— No, claro que no —murmuró algo molesto. Haruka le observó emocionada .
— No te enojes —se acercó colocando su dedo índice en la nariz de Touya—. Te ves muy feo así.
Touya le miró extrañado, sin embargo notó que Yukito no le quitaba la vista de encima a Haruka. Ella también se percató de esto así que se alejó un poco.
— Bueno... Iré por el libro a la biblioteca. Nos veremos en la entrada, ¿si?
Haruka se acercó a otra de sus compañeras para preguntarte donde estaba la biblioteca y se retiró del salón junto con ella. Yukito le siguió con la mirada hasta que desapareció.
— Será mejor que vayamos a dejar nuestras cosas a los casilleros —dijo Touya llamando su atención.
Yukito accedió. Luego de ello ambos se dirigieron a la entrada de la escuela y esperaron a Haruka durante un buen rato. Touya, desesperado, observó su reloj varias veces. Tenía que verse con Sakura y ya se le habia hecho muy tarde. Yukito se ofreció a esperar a Haruka y quedar de acuerdo con ella en lo del trabajo para que él pudiera irse con su hermana. Touya dudó un poco en aceptar pero Yukito lo convenció; subió a su bicicleta y, luego de despedirse de su amigo, se marchó.
Haruka salió corriendo de la escuela. Como no sabia cual era el procedimiento para sacar un libro de la biblioteca se tardó casi una hora.
— Insisto... Soy una tonta —se murmuró a si misma al notar que ya ninguno de los dos estaba allí—. Bien... Tendré que hablarles por teléfono ... ¡Pero cómo diablos pienso hacerlo! ¡No tengo ninguno de sus teléfonos!...
Fastidiada de ser tan despistada se dirigió a casa. Mientras caminaba leía aquel libro que tanto trabajo le costó en conseguir: La Ilíada, de Homero. A Haruka le encantaba todo lo relacionado a literatura griega o romana. Era experta en la materia... Y como no serlo si era lo único a lo que se habia dedicado desde hacia varios años... Cuando leía no tenía idea de lo que sucedía a su alrededor, por ello no se percató de que era seguida de cerca por alguien que jamás se imaginó encontrarse en Japón.
— ¿Y ahora que voy a hacer? —se preguntó molesta deteniéndose frente al parque Pingüino. Decidió entrar al solitario lugar y sentarse en una de las bancas a descansar.
Un fuerte viendo inundó el ambiente. El sonido que producían las hojas le hizo recordar aquellos años en los que solía leer bajó los árboles del jardín de su casa. Una palabra escapo de su boca al evocar esos tiempos.
— Clow...
— Haz vuelto... —aseveró una voz masculina. Haruka miró a todas dirección hasta que encontró el origen de esa voz unos metros arriba de ella. El reconocer a ese ser le dejó perpleja—. Al fin...
— ¡Yu... Yue!...
Yue descendió hasta colocarse frente a ella. Se miraron fijamente unos segundos pero Haruka no pudo sostener más su mirada y decidió salir corriendo de allí. Sin embargo, Yue no se lo permitió.
— Esta vez no escaparás, Zora... —aseveró mientras volaba hasta ella para detenerla.
— ¿Qué es lo que quieres? —preguntó ella muy asustada, apretando el libro contra su pecho.
Yue no respondió, simplemente movió su brazo izquierdo y, utilizando uno de sus ataques, impulsó a Haruka unos metros atrás lastimándola seriamente. Ella no pudo observar como las hojas de su libro volaban por doquier.
— Esto fue por haberte marchado... —dijo Yue aproximándose.
— Yo... tenía derecho a ser feliz... ¡A no ver tu gesto de frustración cada vez que me acercaba a ti!... ¡A no sentirme rechazada todo el tiempo!
— Fuiste creada por Clow para un solo propósito y ahora que has regresado no volverás a escapar.
Haruka le miró desafiante. Yue cerró los ojos dispuesto a atacarle otra vez.
— ¡¡Eh!! —exclamó ella distrayéndole— ¿Touya?
Al escuchar ese nombre Yue observó de reojo por detrás para verificar si Touya estaba allí. Haruka aprovechó el momento para tomar un puñado de tierra y arrojarlo al rostro de Yue. De inmediato se apresuró a escapar.
Al recuperarse de tal sorpresa, Yue voló para buscarla por los alrededores pero al no sentir su presencia por ningún lado decidió regresar a casa esperanzado en volverla a encontrar. Por su parte, no fue sino hasta caída la noche cuando Haruka salió de su escondite dentro del parque.
— Pase lo que pase... debo encontrar a la dueña de las cartas... —murmuró sin disimular el dolor que le producía aquella herida en el brazo izquierdo— Si no lo hago... seguramente Yue me matará primero... Clow... Si estuvieras aquí...
Al terminar la clase de literatura los alumnos comenzaron a formar equipos para realizar la tarea que la profesora les asignó. Varios chicos se acercaron a Haruka para ofrecerle ser parte de sus grupos. Sin embargo, ella accidentalmente volteó a ver a Touya y Yukito quienes se ponían de acuerdo para entregar su trabajo.
— Disculpen... — se levantó de su asiento y se acercó a ellos —. Siento interrumpirlos. No sé si hay alguna posibilidad de que pueda trabajar con ustedes.
Todos los que le escucharon se sorprendieron ante su petición. Touya y Yukito se miraron desconcertados.
— Bueno... —sonrió ella—. Es que quería devolverles el favor de hace rato... ¡Me encanta la literatura y la historia! Por eso quería sugerirles un libro en especial...
— ¿En serio? —preguntó Yukito interesado— Por nosotros no hay problema, ¿verdad, Touya?
— No, claro que no —murmuró algo molesto. Haruka le observó emocionada .
— No te enojes —se acercó colocando su dedo índice en la nariz de Touya—. Te ves muy feo así.
Touya le miró extrañado, sin embargo notó que Yukito no le quitaba la vista de encima a Haruka. Ella también se percató de esto así que se alejó un poco.
— Bueno... Iré por el libro a la biblioteca. Nos veremos en la entrada, ¿si?
Haruka se acercó a otra de sus compañeras para preguntarte donde estaba la biblioteca y se retiró del salón junto con ella. Yukito le siguió con la mirada hasta que desapareció.
— Será mejor que vayamos a dejar nuestras cosas a los casilleros —dijo Touya llamando su atención.
Yukito accedió. Luego de ello ambos se dirigieron a la entrada de la escuela y esperaron a Haruka durante un buen rato. Touya, desesperado, observó su reloj varias veces. Tenía que verse con Sakura y ya se le habia hecho muy tarde. Yukito se ofreció a esperar a Haruka y quedar de acuerdo con ella en lo del trabajo para que él pudiera irse con su hermana. Touya dudó un poco en aceptar pero Yukito lo convenció; subió a su bicicleta y, luego de despedirse de su amigo, se marchó.
Haruka salió corriendo de la escuela. Como no sabia cual era el procedimiento para sacar un libro de la biblioteca se tardó casi una hora.
— Insisto... Soy una tonta —se murmuró a si misma al notar que ya ninguno de los dos estaba allí—. Bien... Tendré que hablarles por teléfono ... ¡Pero cómo diablos pienso hacerlo! ¡No tengo ninguno de sus teléfonos!...
Fastidiada de ser tan despistada se dirigió a casa. Mientras caminaba leía aquel libro que tanto trabajo le costó en conseguir: La Ilíada, de Homero. A Haruka le encantaba todo lo relacionado a literatura griega o romana. Era experta en la materia... Y como no serlo si era lo único a lo que se habia dedicado desde hacia varios años... Cuando leía no tenía idea de lo que sucedía a su alrededor, por ello no se percató de que era seguida de cerca por alguien que jamás se imaginó encontrarse en Japón.
— ¿Y ahora que voy a hacer? —se preguntó molesta deteniéndose frente al parque Pingüino. Decidió entrar al solitario lugar y sentarse en una de las bancas a descansar.
Un fuerte viendo inundó el ambiente. El sonido que producían las hojas le hizo recordar aquellos años en los que solía leer bajó los árboles del jardín de su casa. Una palabra escapo de su boca al evocar esos tiempos.
— Clow...
— Haz vuelto... —aseveró una voz masculina. Haruka miró a todas dirección hasta que encontró el origen de esa voz unos metros arriba de ella. El reconocer a ese ser le dejó perpleja—. Al fin...
— ¡Yu... Yue!...
Yue descendió hasta colocarse frente a ella. Se miraron fijamente unos segundos pero Haruka no pudo sostener más su mirada y decidió salir corriendo de allí. Sin embargo, Yue no se lo permitió.
— Esta vez no escaparás, Zora... —aseveró mientras volaba hasta ella para detenerla.
— ¿Qué es lo que quieres? —preguntó ella muy asustada, apretando el libro contra su pecho.
Yue no respondió, simplemente movió su brazo izquierdo y, utilizando uno de sus ataques, impulsó a Haruka unos metros atrás lastimándola seriamente. Ella no pudo observar como las hojas de su libro volaban por doquier.
— Esto fue por haberte marchado... —dijo Yue aproximándose.
— Yo... tenía derecho a ser feliz... ¡A no ver tu gesto de frustración cada vez que me acercaba a ti!... ¡A no sentirme rechazada todo el tiempo!
— Fuiste creada por Clow para un solo propósito y ahora que has regresado no volverás a escapar.
Haruka le miró desafiante. Yue cerró los ojos dispuesto a atacarle otra vez.
— ¡¡Eh!! —exclamó ella distrayéndole— ¿Touya?
Al escuchar ese nombre Yue observó de reojo por detrás para verificar si Touya estaba allí. Haruka aprovechó el momento para tomar un puñado de tierra y arrojarlo al rostro de Yue. De inmediato se apresuró a escapar.
Al recuperarse de tal sorpresa, Yue voló para buscarla por los alrededores pero al no sentir su presencia por ningún lado decidió regresar a casa esperanzado en volverla a encontrar. Por su parte, no fue sino hasta caída la noche cuando Haruka salió de su escondite dentro del parque.
— Pase lo que pase... debo encontrar a la dueña de las cartas... —murmuró sin disimular el dolor que le producía aquella herida en el brazo izquierdo— Si no lo hago... seguramente Yue me matará primero... Clow... Si estuvieras aquí...
