Siento el retraso. Ya sabéis. Muchos fics, poco tiempo. Tengo que empezar a terminar alguno.
Bueno Muffy, es un regalo, después de todo. Además, la trama no da para una larga historia.
Natsukussaphire, no te niego que me he pasado los antecendentes por el forro pero es que... básicamente nos situamos antes del capítulo previo al final de la última temporada, y la escena del ataque a Henry sería larga y tediosa. Es fácil de imaginar, no le des más vueltas. Se metió en medio y le cayó el rayo.
Nimbus, me ciño a un orden o habría fics que se me quedarían descolgados. Aquí tienes otro capítulo. A ver si voy acelerando, pero no dejan de pasarme cosas que me retrasan.
Natacha, ya dije desde el principio que aunque no será una historia muy larga, no va a ser un One-Shot. Lo que he mostrado tampoco daba para serlo. Aquí tienes la continuación que esperabas.
Bueno, Kykyo, he simplificado algo la idea, pero en lo esencial es lo que pediste, así que me alegra que te guste. Habrá mucho porn, eso te lo garantizo.
¡La alcaldesa mirando culos furtivamente! Sí, con esa frase estuve sembrado, RagaMuffin47. Es de lo mejorcito.
Anaid... ¿o debería decir Diana? Siento no haberlo hecho realmente pronto, pero capítulo nuevo.
Como digo, espero poder actualizar antes, Katamae.
Gracias a ti por dejar review, jkto. Ver la gente que me deja uno de forma constante siempre me anima a escribir.
K.E, después de conectas me toca "The Queen and the wicked Swan", y luego ya le toca a la séptima manzana. En una semana a lo más tardar debería subir capítulo. Aunque creo que ya subí uno desde que dejaste ese review.
, como ya dije, no es un One-Shot. Así que aquí tienes la continuación, puedes levantarte. Un par de capítulos habrá, tranquila.
Diana, de nada, de verdad, ha sido un placer escribir esta. Espero que os guste la continuación.
No te rindas, Love. En serio que quiero recibir ese privado y contestarlo. En cuanto al review, sí... el estrés es malo. Y me parece que el pirata y el ladrón se van a quedar a dos velas.
15marday... ya sabes cómo acaban estas historias. Pero lo divertido es avanzar hasta allí.
LiliMtgz, aquí avanza. Aún tienes un poco más que leer, créeme XD.
Regina Mills
Volver a dormir sola me hacía sentir demasiado triste. Había un vacío a mi lado. "Un vacío para Emma", decía una vocecita en mi cabeza. Negué y suspiré, dándole la espalda al hueco como si realmente la mujer rubia estuviese allí. La mujer a la que no podía apartar de mis pensamientos, hiciera lo que hiciese. Ese maldito hechizo me estaba venciendo. Tenía que pensar en Robin… y sobretodo… no debía quedarme dormida mientras mi mano se metía bajo el pantalón del pijama mientras la imagen de la sheriff se iba volviendo cada vez más nítida en mi mente.
Caí en el mundo de los sueños sin remedio. Inconsciente a dónde me encontraba por unos momentos. Tardé en darme cuenta de que era mi despacho. Me miré en el espejo, encontrándome vestida con uno de mis trajes de color gris. Miraba mi reloj. Emma llegaba tarde. Estaba furiosa. Cuando la vi entrar por la puerta me crucé de brazos y la miré severamente.
_ Llegas tarde._ Le dije, mirándola._ Te esperaba hace diez minutos.
_ Yo… lo siento._ Decía la rubia, dejando una cesta sobre la mesa._ Espero que no tengas mucha hambre.
Se acercó y me dio un beso en los labios. Respondí, con naturalidad, para acto seguido empujarla sobre la mesa. Ella me miró, con miedo en los ojos, y sentí como eso me enardecía.
_ Tengo que castigarte._ Mi voz sonó cargada de poder, satisfecha.
_ No… ¡Regina no, por favor!_ Contestó ella, sin poder ocultar una estela de deseo a pesar de ello.
Me senté sobre la mesa y le hice un gesto. Ella se mordió el labio y apoyó su estómago entre mis piernas. Yo le desabroché el vaquero sin pensármelo demasiado y se lo bajé, dando un leve tirón a sus bragas para dejar sus nalgas a la vista. Elevé la mano y tras un rápido movimiento, mi palma golpeó sobre una de sus nalgas. Ella emitió un pequeño grito contenido.
_ Sabes lo que hemos hablado, Emma._ Le dije, severa._ Si no te portas bien, te caerán más azotes.
_ Lo… lo siento, alcaldesa._ Dijo, bajando la mirada al suelo, y con un hilo de voz.
Yo continué con mi castigo. De vez en cuando, entre azote y azote, acariciaba el trasero enrojecido de Emma. Ella emitía un sonido que estaba entre un gruñido molesto y un gemido de gozo. Cuando su trasero estuvo de un tono rojo que finalmente pareció convencerme, le hice un gesto para que se separara y ella se puso en pie. Sus pantalones y sus bragas cayeron al suelo y ella, el lugar de subírselos, se quitó las botas y lo dejó todo a un lado.
_ ¿He sido una niña buena?_ Preguntó, pasándome la cesta.
Yo la observé, comprobando el contenido. Había bollos, un termo de café, y mermelada. Una idea perversa surgió en mí mientras cogía aquel frasco de mermelada y lo observaba. Me relamí. No iba a necesitar los bollos.
_ Sí… y te has ganado una recompensa._ Dije, compasiva._ Sobre la mesa, Sheriff.
_ A la orden._ Dijo, haciendo el saludo.
Ese gesto quedaba ridículo, y no sólo porque estuviese desnuda, sino porque ya empezaba a apreciarse una acuciante humedad en su sexo. Yo me acerqué y le quité la cazadora y la camiseta sin demasiadas concesiones. Fue ella misma la que se quitó el sujetador y me dejó comprobar lo duros que estaban sus pezones. Tiré levemente de ellos, provocando que la rubia gimiese. Estaba deseando que le diese castigo, eso era evidente.
_ Sobre la mesa._ Repetí, impaciente.
Emma se movió de la forma más sensual posible, dándome una panorámica de su trasero enrojecido. Me pasé la lengua por los labios y abrí el frasco de mermelada. Tomé la cuchara y eché un par de cucharadas sobre su piel, que extendí con la mano. Se la llevé a los labios y Emma la lamió diligentemente hasta limpiar todo resto de mermelada.
_ Eres una buena chica._ Dije, tomando su mentón para que me mirara y besarla en los labios.
Me dejé caer en el suelo y me senté lamiendo la mermelada que Emma me estaba ofreciendo. Mi lengua estaba recorriendo su piel mientras miraba su sexo mojado en mis pausas. Una de mis manos lo asaltó, invadiéndolo con dos dedos. Emma no se contuvo a la hora de gemir.
Me quedaba una mano libre, que comenzó a entretenerse con mi sexo. Mi lengua se entretuvo largo rato con la mermelada, sacando a Emma múltiples gemidos sonoros que llenaban el despacho. Finalmente, cuando terminé con ella me relamí. Emma tomó sus nalgas entre sus manos y las separó. Yo no me lo pensé y metí la cabeza dentro.
Emma lanzó un hondo suspiro y la oí escuchar "Joder, sí". Estaba siendo vulgar… y más tarde tendría que castigarla. ¿Cómo si no iba a aprender? Mi lengua recorrió el interior de su trasero como si de su casa se tratase, y Emma no tardó en empezar a gemir rítmicamente ante mi trato. Nunca le había hecho eso a nadie pero en aquel sueño para mí parecía de lo más natural.
Mis uñas se clavaron en sus nalgas sin compasión, pues la mano que se ocupaba de su sexo ahora estaba ocupada sujetándola. Emma ya había comenzado a masturbarse a sí misma para compensarlo, sin embargo. Su orgasmo no se hizo esperar, y lanzó un hondo y largo gemido que yo no tardé en continuar cuando sentí el mío.
Me puse en pie y la rodeé con los brazos, aún algo agotada. Sonreí y mordí su oreja.
_ Eres mía, Sheriff._ Le susurré.
_ Siempre, contestó.
Abrí los ojos, sobresaltada y notando cómo mi mano acababa de dejar de moverse sobre mi sexo, tras alcanzar el orgasmo al igual que en mi sueño. Sólo cuando me encontraba con mis dedos a unos centímetros de mi boca me di cuenta de lo que estaba haciendo.
_ ¡Maldita sea!_ Exclamé, apartándolos.
El olor a sexo inundaba la habitación. Mi cuerpo estaba agradablemente sudoroso y caliente. Y la imagen de Emma con el trasero lleno de mermelada no se iba de mi cabeza. Debía luchar. Debía ser fuerte. Cerré los ojos con fuerza y me volví a dormir, esperando que Emma no volviese a aparecer en mis sueños. ¿Estaría pasando ella por lo mismo? La idea me temía y, para mi desgracia, excitaba a partes iguales.
Emma Swan
Me debatía contra las sábanas como si de mis mortales enemigos se tratasen. No dejaba de pensar en los labios de Regina, en sus ojos… en el contorno de su pecho. Me sentía tan y tan caliente. Dormir casi desnuda no ayudaba. Mi mano terminó por meterse bajo mis bragas y los tocamientos, que empezaron siendo casi casuales, terminaron por una masturbación en toda regla. Terminé cerrando los ojos con expresión de vicio y entregándome a un sueño que sabía que sería ardiente.
Me encontraba en un carruaje. Pero no uno lujoso ni mucho menos elegante. Estaba metida en un cubo de madera sin ventanas, rodeada de otras mujeres que, al igual que yo, llevaban un saco como única vestimenta y se encontraban sucias y con el cabello enmarañado.
La puerta se abrió y me encontré ante el castillo que, por lo que sabía, en su día había sido de mi abuelo, y que más tarde pertenecería a Regina. Mis ojos, sin embargo, se fueron directamente hacia la mujer que acababa de aparecer, bajándose de su propio carruaje. Era Regina. Y si bien la había visto con sus trajes de reina otras veces, en ninguna otra esto había hecho que mi sexo empezase a chorrear como lo estaba haciendo en aquel momento.
_ Espero que la mercancía… sea de su gusto, señora._ Decía un hombre bajo y nada agraciado al que Regina miraba con asco.
¿Qué quién era? Pues mi amo. ¿He comentado que yo y las otras chicas somos esclavas? Quizá debía hacerlo antes. Regina, sin embargo, va mirando una por una a las chicas. Y yo tengo ganas de saltar y decirle "Elígeme". Pero las cadenas me lo impedían. Cuando se quedó parada delante de mí sentí que me costaba respirar. Ella me observó, y se dirigió al hombre.
_ Quiero ver su cuerpo._ Dijo Regina, decidida.
Mi amo se acercó y desabrochó el hilo que mantenía el saco sobre mi piel, de modo que este cayó y reveló toda mi anatomía. Regina, con aspecto frío y analítico, llevó sus manos a mis pechos y comenzó a sopesarlos y estrujarlos. La reacción de mi cuerpo no tardó en darse.
_ Veo que te excitan mis caricias._ La voz de Regina, autoritaria y exigente, no hizo más que empeorar la situación.
_ Sí…_ reconocí._ Es usted muy hermosa y sabe cómo tocarme.
Regina llevó entonces sus dedos a mi sexo, empapándolos con mi flujo y se lo llevó a los labios. Más de lo que podía soportar. Finalmente me dejé vencer.
_ ¡Por favor, lléveme con usted!_ Le supliqué, desplomándome en el suelo._ ¡Quiero servirla!
Regina sonrió, entre pícara y perversa y unas monedas cambiaron de manos. Tiró de mi pelo con rudeza y me llevó a su carruaje, obligándome a sentarme junto al cochero. Mis vergüenzas estaban a la vista de todos.
_ Cuando llegue al castillo quiero que la acicaléis y preparéis para recibirme._ Fue lo último que me dijo antes de meterse en el carruaje.
Tardé un largo rato en verla de nuevo. Las doncellas me habían bañado, y me habían dado un vestido. Sin embargo, no podía olvidarme del dolor que había sido sentir cómo pasaba el hierro al rojo sobre mi piel para dejar escrita para siempre en ella la frase "Propiedad de Regina Mills", justo por encima de mi culo. Después de esos cuidados había acabado en la alcoba de la reina, esperándola sobre su cama.
Ella tardó en llegar, pero cuando lo hizo, no hubo saludo o presentación. De un tirón, rompió el vestido desde mi corpiño, revelando la desnudez que ninguna criada se había molestado en cubrir, y ella metió la cabeza entre mis pechos.
_ Tu nombre._ Dijo, sin sacar la cabeza.
_ Emma._ Dije, sin dejar de mirarla.
_ Emma._ Repitió._ Quiero que colabores con esto, ¿Entiendes? Si te quedas parada sin hacer nada, no me interesa.
_ Lo siento, majestad._ Dije.
Mi mano buscó su pecho sin ninguna reserva, sobándolo sobre aquel elegante vestido mientras me esforzaba por encontrar el cierre. Regina soltó un bufido y con un movimiento de su mano la ropa desapareció.
_ Demuéstrame qué sabes hacer._ Dijo, tumbándose sobre la cama y apartándose la larga melena en que se había convertido su pelo sin el moño.
Yo me lancé sobre ese sugerente pecho sin pensármelo más tiempo y empecé a morderlo. No quería ofenderla, pero acababa de pedirme que me emplease a fondo, y para mí eso implicaba que las formas quedaban en segundo plano. Sus pezones tuvieron que enfrentarse a los cariños de mi boca, al tiempo que la reina finalmente gemía de gozo.
Hizo un gesto con la mano y noté como algo pesado aparecía entre mis muslos. Bajé la vista un segundo y encontré lo que a simple vista parecía un miembro masculino. No necesité más indicaciones para saber lo que se esperaba de mí. Aparté las piernas de Regina y empecé a penetrar su encharcado sexo sin compasión, aún con la cabeza entre sus pechos.
Cuando Regina se derramó, yo no tardé en hacer lo mismo. Y me quedé observándola, con mis ojos crispados por la lujuria y el deseo. Sabía que había hecho un buen trabajo, y ella estaba complacida. Hubo un gesto de su mano, y el miembro desapareció de mi entrepierna y apareció en la suya. Cuando quise darme cuenta estaba tumbada sobre la cama, con el culo en pompa, y fue la reina la que invadió mi sexo sin pedir permiso.
Gruñí de placer mientras la reina me recordaba cuál era mi sitio, bajo ella, siendo sometida. Ese era mi lugar y no querría cambiarlo por ningún otro. La reina se entretuvo clavando sus uñas sobre mis nalgas y apreciando la marca de propiedad cuyo dolor había sido olvidado por mí. No obstante, cuando Regina obtuvo su segundo orgasmo, pasó su mano sobre la quemadura, y esta se curó sola, dejando las palabras totalmente legibles pero indoloras.
_ Eres un buen trozo de carne, después de todo._ Me dio, rodeándome con los brazos.
_ Soy tuya…_ Le susurré.
_ Pues claro que eres mía…
Regina Mills
El sonido del timbre resonaba por la casa. ¿Qué hora serían? ¿Las tres? Quizá. No quería contestar, pero el timbre no dejaba de sonar, y no tardó en colmar mi paciencia antes de hacerme bajar. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme a Emma al otro lado de la puerta.
_ ¿Qué haces aquí?_ Le dije. Ella pasó sin dar explicaciones y cerró la puerta tras de sí.
Estaba tan cansada que no percibí el brillo de lujuria en los ojos de Emma hasta que se abrió la gabardina que llevaba y la dejó caer, revelando que no llevaba nada debajo. Deseé que aquello fuese otro sueño calentorro, pero no. Aquello era bastante real. Emma Swan, completamente desnuda, estaba en mi recibidor… y yo en lo último en lo que pensaba era en decirle que se tapase.
