¡Hola! Al fin terminé de corregirlo ¡wi! Me enfermé, estuve con fiebre estos días, por eso me demoré en terminarlo, no volverá a pasar. :) Oh, creé un tumblr para únicamente subir fics, es "Keshily|.|tumblr|.|com" por si a alguien le interesa (Deben quitarles los | para que los lleve al link). Ahí avisaré que ya hay actualizaciones etc. Bueno, espero sus opiniones, ¡los quiero!
Aclaraciones: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Himaruya Sensei. Esta historia en sí es un Alternative Universe, que como tal no tiene nada que ver con la trama original de la serie.
–Diálogos de los personajes.–
«Pensamientos de los personajes.»
Francis es Francia.
Matthew es Canadá.
Lovino es Romano.
Antonio es España.
Advertencias: Se suma el spamano a la historia, y en este capitulo estará presente, muy presente. Heh :D
"Cuándo juntas una rosa blanca, y una roja, ¿Qué es lo que sucede?. Una mezcla de sentimientos".
I
. . .
Refunfuñando se giró hacia el otro lado de la cama y arrastró consigo el cobertor y las sabanas, que las ubicó sobre su cabeza.
El sol le estaba golpeando la cara de manera casi agresiva, y todo producto de que había olvidado cerrar la cortina la noche anterior.
Genio Matthew, eres un genio.
Suspiró. Abatido se destapó el rostro y pasó el dedo sobre su IPhone, comprobando que recién eran las 7:05 am. Quería seguir durmiendo…
De pronto su vista se posó en el pequeño florero de cristal; dentro estaba la rosa que ayer se le había quebrado el tallo. Volvió a suspirar.
No pudo evitar recordar al francés peculiar que había conocido. Le había agradado…Era muy amable e interesante. Quizás hoy luego de la universidad podría ir a saludar, o invitarlo a tomar el té y comer hotcakes…
Un momento. No estaba bien, no tenía por qué ser tan asfixiante con una persona que había conocido hace algunas horas, y menos con su vecino. Creería que era extraño y acosador…No. Y eso no era lo que quería Matthew. Él quería ser su amigo, solo eso.
A lo mejor, se había encariñado un poquito de más, porque era la única persona que le había hablado directamente y con tanta amabilidad en un buen tiempo, además, el hecho de que compartiera algo de interés en las flores y que no lo encontrara estúpido ni aburrido lo hacía sentir feliz y comprendido.
Y asintió convencido. No tenía caso preocuparse, las cosas se darían, y si volvía a encontrárselo alguno de estos días, lo invitaría a su casa.
Estaba decidido.
Con un último suspiro se levantó –para su pesar– de su cómoda cama nueva, colocó bajo sus pies fríos y pálidos unas pantuflas de oso que eran sus favoritas, y caminó hacia la cocina.
Sus ojos amenazaban con cerrarse a cada paso que daba, se había acostumbrado a dormir hasta más por allá pasadas las 11 am este último tiempo. Las vacaciones, la mayoría del tiempo, estuvo en su hogar, y junto a su madre y su hermano, aprovechando cada instante que tenía con ellos. El dulce recuerdo de la sonrisa bella y tranquila de su progenitora y su hermano le hizo sonreír también, aún somnoliento.
Era la primera vez que estudiaba en un lugar tan apartado de casa, pero ambos estuvieron de acuerdo en que era una oportunidad que Matthew no debía desperdiciar.
Gracias a una beca, y conexiones con el antiguo instituto allá en Canadá, Matthew con sus ejemplares notas se había ganado un puesto en la mejor universidad especializada en Botánica de Francia, y podía estar orgulloso de ello.
En unas horas tenía que ir a la primera clase en su nueva universidad y créanlo o no, Matthew estaba teniendo un poco de problemas, si a emoción se trataba. Se debatía entre tenerla, o no tenerla. Por un lado estaba la opción de un nuevo comienzo, tener nuevos amigos, conocer gente, y así. Pero por el otro, seguía el miedo de que fuera igual que siempre; todos pasando de él, y de su presencia.
–El jugo…El jugo…–Tarareó abriendo la puerta del refrigerador y entre buscando en la mercadería que había dentro. Cuando encontró la caja, vertió una buena porción en un vaso, y luego le dio un sorbo. Era jugo de naranja, perfecto para beber en la mañana.
Preparó un desayuno simple y liviano; tostadas con mermelada de frutilla y jugo. Casi nunca despertaba con demasiada hambre, prefería llevar dinero y comprar algo para más entrado el día, así comió con tranquilidad mientras miraba la tv.
–Creo que me salvé por hoy…–Rió suavemente.
Estaban transmitiendo las noticias matutinas, se aseguró de colocar atención si había problemas con el metro, pero para su alivio no ocurría nada fuera de lo normal.
Era su día de suerte.
Estiró sus brazos y con último bostezo se fue al baño para ahí darse una ducha, y poder terminar de alistarse.
. . .
Las dos horas pasaron rápido, mucho más rápido de lo que Matthew esperaba y quería. Ya los nervios habían aumentado, y una considerable cuota de emoción estaba presente en su pecho.
Se encontraba de cuclillas en el piso de su habitación, metiendo dentro de su mochila los últimos libros, su estuche y cuadernos que necesitaba. Cuando terminó deslizó el cierre hacia el otro lado y la cerró.
Cerró la puerta tras de sí con la mochila al hombro, tomó sus llaves y su billetera, y abandonó su nuevo hogar.
Para ser tan temprano en la mañana el aire estaba muy cálido y agradable, pero él sólo esperaba que no empeorara durante el transcurso del día… Bufó acomodando el cuello de su camiseta. Se había colocado ropa demasiado abrigadora para ocupar siendo finales de primavera en Francia, al parecer.
Cuando salió a la calle un sol abrazador y brillante le recibió, yendo directo a sus ojos tras las gafas. Tuvo que entrecerrarlos cuando miró al cielo, tan despejado como el día anterior, y bajó la mirada, porque quedaría ciego si seguía mirando directamente hacia esa dirección por más tiempo.
Encontró las escaleras al subterráneo después de cinco minutos, y las bajó con tranquilidad. El día que llegó a Francia se encargó de conocer los alrededores, y también el metro, y todo el recorrido que debía hacer hacia la universidad (digamos que no quería pasar un mal rato y perderse el primer día), tal cual cómo lo había recomendado Alfred.
Sonrió con orgullo cuando llegó sin problemas su tren, y lo abordó como si lo llevara haciendo desde toda la vida.
Por dentro eran muy modernos, amplios y limpios. Había mucha gente a esa hora de la mañana, pero no tanta como para no encontrar algún sitio desocupado para tomar asiento.
Y lo encontró, e incluso había más sin ocupar, cosa que agradeció para poder dejar su mochila a un costado y poder vigilar que nadie la robara.
En una de las paradas, un gran tumulto de personas entró y terminó de llenarlos casi todos, menos uno, el que se encontraba al lado de Matthew –que ya había tenido que colocar su mochila en sus piernas para mayor seguridad–, pero eso fue hasta que un chico más o menos de su edad entró apresurado segundos antes de que se cerrara completamente la puerta.
–¡Maldición, maldición! ¡Maldito Antonio!–Gruñó dejándose caer con estruendoso ruido a un lado de Matthew. Él se encogió con susto. Daba miedo. Dios. Se veía completamente furioso–. Cuando lo vea juro que lo mataré…
Y Matthew tragó con dificultad. No parecía estar bromeando…
Así se lo pasó el resto del "viaje" si se le puede llamar así, escuchando hablar al joven castaño por teléfono en italiano, como pudo reconocer, bastante enfadado. Al rato después Matthew se percató de que tenía también un rulo gracioso en su cabeza, y se movía de arriba y para abajo mientras gritoneaba a la otra persona al otro lado de la línea, llamado Feliciano, como también pudo asimilar entre tanto palabreo.
Cuando la melodiosa voz de una mujer, avisó que era la parada en que él debía bajarse, lo agradeció tanto; el calor dentro, la gente amontonada, y más el chico castaño echando humo por las orejas no estaba ni cerca de ser lo mejor del mundo.
Estaría llorando agradecido si no hubiera tantas personas en el mismo vagón.
Salió con rapidez, porque ya quedaban solo 20 minutos para entrar y no podía llegar tarde. ¿En qué momento se había atrasado tanto? Ni idea, pero, ¡No podía atrasarse!
Con torpeza pasó de entre las personas y corrió fuera, con urgencia de aire limpio y fresco. Tal fue su alivio, que cuando pudo escapar de la gente, dio una inhalación profunda y exhaló.
Esto no lo habían dicho en las noticias.
Nuevamente emprendió camino, y se dirigió hacia la universidad. Desde lejos pudo divisarla, al igual que días atrás, la universidad se veía majestuosa y bella. Rodeada de verdor, la entrada estaba llena de flores y plantas de todo tipo.
Matthew pudo respirar nuevamente cuando vio marcadas las "9:01" en la pantalla de su móvil. Le quedaban 9 minutos todavía, lo había logrado.
Coloco sobre el marco de la puerta una mano con la intención de empujarla, pero otra se interpuso antes de que pudiera lograrlo.
–Oh. Lo lamento.
¡Era el chico gritón del tren!
–N-no… No importa…–Balbuceó Matthew. De repente había empalidecido.
–¿Estás bien? Te ves un poco pálido.–Dijo el castaño frunciendo el ceño–.Ah, lo lamento. ¿Querías entrar?
Matthew asintió.
Y él rodó los ojos, a lo que Matthew le pareció una mueca maleducada, pero no hizo comentarios.
–¿El gato te comió la lengua o qué? Pasa.–Empujó la puerta e hizo espacio para que Matthew entrara, cosa que hizo sin chistar, y esperó a que el castaño hiciera lo mismo.
–Lo lamento…–Susurró de repente. El canadiense no entendió pero lo miro interrogante. ¿A qué se refería?–. Hablo de que… Hoy no ha sido un buen día, o comienzo. Maldición… Tuve un problema con mi novio y eso me coloca de mal humor… Lamento si te incomodé o algo.
Matthew sonrió tímido y se encogió de hombros. Todos teníamos mal días, y que él lo sepa no era un crimen… Pero. ¿Qué?
–¿Novio?–La palabra salió sin querer de su boca, y luego se tapó sus labios con una mano. –.¡Lo siento!
Se puso colorado, y miró hacia otro lado para que no se notara el obvio sonrojo que teñía sus mejillas. Había hablado de más. –Digo… Sí. Sí. Mi novio. Como sea. ¿Hacia qué salón vas? Es mi primer día, pero… p-podría acompañarte.
Matthew miró en su bolsillo un papel, y lo leyó en voz alta. –5b. ¿Y el tuyo?
–5b también.
Después de todo, Lovino, Lovino Vargas como se había presentado luego, resultó ser alguien muy amigable, aunque tenía un humor bastante fuerte y sobre todos si tenía un mal día (como era hoy). Por lo que pudo comprender, Lovino había decidido estudiar esto por inspiración de su abuelo, que desde pequeño lo había criado rodeado de amor a las plantas y al campo. El caso de Matthew no se alejaba ni se acercaba del todo, puesto que su madre también le había introducido en su afición a la naturaleza.
Se la pasaron hablando de temas triviales, prestando atención a las clases y en el acto de inauguración.
El día marchaba de la mejor manera, había hecho un amigo, las clases se le hicieron entretenidas, interesantes y de calidad. Los profesores eran muy amables, bueno. La mayoría. Pero en general todo perfecto. Se sentía en su ambiente, en su "naturaleza" para hacerlo más simple; se sentía feliz.
Era diferente a lo que se esperaba.
En el almuerzo conocieron a una chica llamada Elizabeta, una joven de cabello castaño claro, largo y sedoso. Le gustaba utilizar flores en su cabello, leer mangas, y tocar el piano. Actualmente no tenía novio, porque ella creía que suficiente tenía con sus dos mejores amigos que se la llevaban discutiendo todo el día. Con eso basta y sobra.
Extrañamente los tres se llevaron de maravilla, y bueno, podía decir que había hecho otra amiga, ya eran dos.
Ella les había contado que estaba viviendo en Francia desde que sus padres se habían separado, y tuvo que venir hasta Paris, porque la custodia la había adquirido su padre, y su madre se había quedado en Hungría. Le podía visitar todos los veranos, y les comentó que si querían, alguna vez podrían visitarla junto a ella.
Lovino por su parte, había comentado que llegó a vivir en este país hace unos meses atrás, pero con la compañía de su hermano Feliciano el que solo le causaba problemas, al igual que el "idiota" de su novio español.
Matthew pensó en su hermano que se había quedado en Canadá, y en cuanto lo extrañaba. Alfred podía ser muy hiperactivo, torpe e inmaduro, pero era su hermano después de todo, y estar lejos de él, debía admitir, era muy extraño.
Al finalizar las clases, Lovino, Matthew y Elizabeta salieron juntos hacia la calle. Elizabeta debía ir hacia la dirección contraria al subterráneo del metro, así que cómo, los ambos restantes debían tomar el mismo tren, decidieron volver a casa juntos.
–¡Nos vemos mañana chicos! ¡Salúdame a tu novio de mi parte Lovino! ¡No hagan tantas cosas sucias!–Le guiñó un ojo, movió sus manos hacia ellos y se marchó riendo en voz alta. Ella sabía que Lovino debería estar rojo como un mismísimo tomate, y se fue satisfecha por ello.
–Maldita Eli…–Gruñó entre dientes. Matthew rió bajito y le hizo una seña para que comenzaran a marcharse.
–Ella solo está bromeando, tranquilo…
–Lo sé, lo sé. No es con ella la que estoy enfadado, es con Antonio–Bufó. La pelea de la mañana había sido absurda, lo sabía. Pero de todos modos el debería haberlo detenido o algo. Ugh. ¡Como odiaba que fuera tan lento a veces!
–¿Tu novio no es así? Quizás, deberías hablar con él, o discutir sobre sus diferencias.
–Sí, así lo creo. Por eso mismo tengo pensado ir a verlo ahora mismo…–«Y disculparme»–.Estos primeros días no tenemos tantos trabajos, creo. Entonces no hay problema que pase el resto de la tarde allí, si es que todo se soluciona.
–¿Dónde vive?–Preguntó Matthew. Para esos momentos ya habían llegado al subterráneo, estaban comprando los boletos.
–No se la dirección exactamente. Solo se llegar ahí y está–Se encogió de hombros–. Está viviendo hace un mes en ese lugar, por recomendación de un amigo–Arrastró la última palabra con rencor, y es que, ¿para qué mentir? A Lovino no le agradaba demasiado Francis, y menos el hecho de que junto al cabezota blanca alemán se fueran de fiesta a esos clubes que tanto odiaba.
Y desde ahí había partido todo. Que ni siquiera le mandara un mensaje, por lo menos de aviso a que nuevamente se iría a emborrachar con sus inútiles mejores amigos. Así, hubiera tenido el tiempo suficiente de arrastrarlo de vuelta a casa, y darle una bien merecida reprimenda.
Matthew quien miraba como Lovino arrugaba el papel rodeado de un aura oscuro suspiró y se ubicó a esperar que el tren llegara. En un día parecía haberse acostumbrado perfectamente a la personalidad del italiano, y también a la de Elizabeta, situación que se repetía en los casos de los últimos mencionados, refiriéndose a la personalidad callada y tímida de Matthew, aunque él no lo supiera.
–¡Oh!–Exclamó.–Aquí está, Lovino apresúrate.
–Mierda, espera.
Ambos entraron, pero esta vez se conformaron con estar de pie.
–¿En cuál estación te bajas?
–Mmh…–Subió la cabeza y miró el letrero en el techo que indicaba todas y cada una de las estaciones, con su respectivo orden y recorrido–.Uno, dos…tres. En esa–Apuntó–.¿Y tú?
–¡Ehh! E-esa también.
–Eso es bueno, no es agradable estar aquí solo, parado entre medio de gente maloliente y desconocida–.Rió sarcástico, ganándose malas miradas por parte de una que otra persona, que alcanzó a escuchar el amargo comentario.
. . .
–Entonces…Tu novio, ¿Antonio?–Si mal no recordaba, ese era su nombre–. ¿Vive en este…mismo edificio?
El italiano estaba igual de confundido. No se esperaba que su nuevo compañero de universidad viviera en el mismo edificio que su novio de hace 2 meses.
–Así parece… ¿Tú no lo conoces?–Matthew negó–.Ya veo…De todas maneras estás viviendo aquí hace solo una semana ¿no?, es normal que no te lo hayas encontrado antes.
El castaño dijo con simpleza, mientras iban subiendo las escaleras para llegar al segundo piso, en donde estaba el departamento de Matthew.
–B-bueno, tienes razón, yo solo conocí a uno de los vecinos…Él era muy amable, y también le gustaban las flores…
–¿Toris? Creo que él tenía una maceta de orquídeas antes, pero Feliks olvidó regarlas cuando fue de visita donde su familia, y terminaron marchitándose.
–No, no era él, pero que lastima… Supongo que él se sintió muy mal, yo me sentiría así, por lo menos.
–Sí, estuvo lloriqueando por eso un buen tiempo. Y claro, enfadado con Feliks, también. ¡Maldición!–Se quejó ya cansado. Al fin estaban en el pasillo–.No estoy en forma, dios. Sigo sin entender cómo pueden vivir sin unos ascensores de mierda en este lugar.
–Es cierto, el primer día fue un problema subir mi equipaje…N-no quiero ni recordarlo, al otro día mis piernas dolían un montón.
Ellos seguían hablando, metidos en su propio mundo. De una de las puertas salieron dos personas; la primera era Francis, que charlaba con la segunda, que era un extrañamente decaído Antonio –quien se le conocía por su personalidad alegre y positiva–, pero hoy no estaba ni cerca de serlo.
–Mon ami, ánimo. Seguramente mon petit pronto te llamará, está todo bien–Francis trataba de reconfortarlo con palabras de apoyo, pero nada parecía dar efecto en el español, que seguía con cara de muerto viviente.
–Vamos, sabes que eso es imposible–Contestó con un acento típico peninsular–.Tú no lo viste Franci, él realmente quería asesinarme. Esto no tiene buena pinta, de seguro nunca más podré volver a acompañarlos otra vez. No hasta que me perdone.
El francés cerró sus ojos y se acomodó el cabello tras su oreja. No había caso, intentara lo que intentara Antonio seguía preocupado.
–La verdad es que yo prefiero las rosas rojas, se podría decir que esas son mis favoritas…–Antonio al escuchar esa voz se giró, y para su sorpresa se encontró con Lovino acompañado de un chico rubio y de tez muy blanca.
–Lovi…–Susurró, y sin pensárselo se echó a correr hacia él, apresándolo en un abrazo de oso que dejó sin aire a los dos.
Matthew se apartó a tiempo y quedó casi pegado a la pared, también con sorpresa.
–A-Antonio…–Logró articular con dificultad. Los brazos de su novio le estrujaban contra sí; se negaba a soltarlo–.B-basta idiota…
–¡Lo siento, lo siento, lo siento! Perdóname Lovi, te prometo que nunca más saldré si es que así lo quieres, pero no te enojes nunca más ¡por favor!
Lovino rodó los ojos, quiso parecer lo más irritado posible, pero dentro de sí estaba que moría del alivio de que Antonio no estaba enfadado como él lo creía. –Ya, ya. Pero, ¿Podrías soltarme? No puedo respirar, tarado.
El moreno de ojos verdes, avergonzado se separó, y Lovino dio un paso atrás, para luego cruzarse de brazos y bufar. Matthew miraba la escena muy curioso, eran un par muy extraño, pero para mayor extrañeza, los dos, quedaban perfecto el uno para el otro. No podía explicarlo.
A veces sentía un cosquilleo de envidia cada vez que veía a una pareja tan feliz, y que se quisieran tanto entre sí. ¿Cuándo Matthew conseguiría eso? ¿Cuándo tendría una probadita de lo que era el amor verdadero, que nunca había vivido? Las rosas rojas, de un rojo intenso significan "un amor para toda la vida", ¿Pero y sí el nunca encontraban aquel tipo de amor?
–¿..Matthew?
Dio un saltito del susto cuando vio a su vecino francés sonriéndole muy cerca, demasiado cerca. Tan cerca que los restos de su barba podía verlos con mejor claridad, o como su boca se arrugaba en las esquinas cuando sonreía, o como se veía tan apuesto con el cabello tomado hacia el lado.
–Oh, yo… Lo lamento, no quise asustarte–Se disculpó con ineptitud–.Pero estabas distraído viendo a esos dos, lamento el espectáculo que presenciaste, acostumbran a comportarse así, no hay de qué preocuparse, nada serio–Dijo como si del clima se tratase.
–No, no es su culpa…B-buenas tardes señor Francis.
–¡¿Señor?!–Exclamó dramático–.¡No me llames señor, me siento viejo! Además estoy soltero, que quede claro.
Le guiñó un ojo. Y bueno, Matthew enrojeció. No supo distinguir entre si fue porque lo había llamado señor, y se sintió ridículo, o por esa sonrisa juguetona que ahora adornaba su rostro.
–Ah… L-lo lamento, Francis–Intentó corregirse, aun así era raro.
–Mejor, ¿ves?–Asintió no muy convencido–.Y, no sabía que eras amigo de mon petit Lovino, ¿Se conocen?
«Eso es un poco obvio, tan solo te conozco a ti hace un día». –S-sí, somos compañeros en la universidad de botánica, cayó la coincidencia de que ambos veníamos hacia aquí, y nos encontramos con que su n-novio–dijo más bajito–, también vivía en el mismo lugar.
–Oh…Comprendo.
Y se hizo el silencio.
Si bien no lo parecía, a Francis le costaba de una manera casi tortuosa saber que decir al muchacho rubio, estaba midiendo bien sus palabras, se notaba que era alguien muy fácil de espantar… No quería eso. Por extrañas razones, quería acercarse más, saber que pasaba por su mente, como se sentía, y tener una conversación tranquila. Nunca antes le había pasado igual. Y le frustraba.
–¡Matthew!–Llamó Lovino, caminando hacia ellos con mirada sospechosa–.¡Oye tú! ¡Francés pervertido! Ni se te ocurra hacerle nada a Matt, o te las verás conmigo.
–Pardon?
Francis se veía confundido, acción que no pasó desapercibida para Lovino, que se volvió a Matthew, que tenía la misma expresión.
–¿No te hizo nada?
–Vamos, Lovi. Eres muy exagerado, Francis solamente estaba charlando con su amigo. ¿Él es verdad? El chico que conociste ayer. ¡Soy Antonio, gusto en conocerte! Francis me habló hoy, vieras, no paraba de decir cosas buenas de ti, me dio un poco de envidia, porque él no suele decir esas cosas sobre mí–negó–,¡Y eso que somos amigos desde pequeños!
Matthew intentaba llevar el hilo de la charla, pero el español hablaba demasiado, y muy rápido.
Francis colocó una mano sobre el hombro de Antonio, mientras que la otra estaba en su frente. –Ya, demasiada información. Nunca digo nada bueno de ti, claro, porque si lo digo sería vergonzoso hacerlo frente a frente.
–Aw, ¿Eso significa que si has dicho cosas buenas de mí?
–Ya cállate bastardo, me avergüenzas.
–¡Lovi!
Francis soltó una carcajada. –Mon petit Lovino está celoso~.
–¡Silencio barbas!–Rugió rojo como un tomate.–¡Quién iba a estar celoso de ti, genio!
Así siguieron un rato, charlando, discutiendo, Lovino explicando cómo llegaron a conocerse, también de que se hicieron amigos de Elizabeta, y se enteraron de que ella era amiga de Gilbert, persona la cual Matthew no tenía idea de quien era.
–Yo nunca pensé en que era Francis el tipejo que conociste–Dijo–.Lo describiste como alguien amable, y que le gustaban las flores, a éste francés pervertido solo le gustan las faldas y los traseros.
Francis se tapó el rostro con vergüenza. No quería que Matthew se llevara esa impresión de él.
–Francis es alguien muy amable… A-Además, el conocía varias flores que tengo fuera de casa…
–Como sea–Bufó y agarró el brazo del español.–Creo que será mejor que entremos, se hará tarde, y es un poco raro que estemos charlando aquí en medio de un pasillo.
–Sip. De seguro la viejecita chismosa dirá algo en la junta del Sábado–Respaldó Antonio asintiendo.
–¿Junta?
–Lovino habla de la junta de vecinos, mon cher. Se hace cada cuanto tiempo, para discutir problemas, quejas y todo lo que pase en el edificio. Es un buen método para colocarnos todos de acuerdo, pero siempre…
–¿Siempre hay excepciones?
–Exacto–Francis sonrió por la asertividad de Matthew–.Y esa excepción es la señora ya de edad mayor, que vive al lado de tu departamento.
Matthew se imaginó una señora con aspecto tétrico, y con afán por la magia negra. Muy parecida a la que personificaban como antagonistas en las películas de Disney. Con dedos largos y llenos de callos, una sonrisa gélida, fría hasta el alma y carente de dientes. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿La bruja de un cuento de hadas vivía contigua a su hogar?
–¡Te has puesto pálido!–Soltó el español riendo.–No es para tanto, a que te la has imaginado como la bruja de "Blanca nieves", ¿No?–Exacto. Había acertado–.No es tan mala. En el fondo es una buena señora.
–A mí no me agrada, nunca más volveré a colocar un pie en el mismo lugar donde esté esa vieja endemoniada. A la próxima irás solo idiota.
–¡Pero!
–Pero nada, ya muévete, tengo hambre. Prepárame algo de comer y quizás lo piense–Antonio hizo un puchero, y asintió como niño pequeño. Lovino se despidió con su mano de Matthew, y luego de Francis–.Nos vemos mañana Matt, te enviaré un mensaje cuando esté saliendo para que nos encontremos en el subterráneo. Cuídate.
–¡Chau Matthew! ¡Fue un gusto! ¡Espero volver a verte pronto por aquí!
–Ah, y te estaré vigilando francés pervertido–Siseó–.Ya lo sabes.
–Como digas, mon petit…–Rodó los ojos.
Ambos; tanto Francis como Matthew dijeron adiós. Los otros dos por su parte, entraron a lo que supuso, era el departamento de Antonio, y luego la puerta se cerró de un portazo.
–Vaya, como decía…–Se aclaró la garganta, pensando que decir–.Yo…
–C-Creo que también me iré…Todavía tengo que regar las plantas, y ordenar mi cuarto…
–¡Ah! ¿Claro?–¿Por qué se sintió tan decepcionado de un momento a otro? ¿Qué quería de Matthew? Tenía esperanzas de seguir charlando un rato más, que triste…–.Bueno, nos vemos mon cher.
–N-nos vemos…–Se arregló la mochila en su hombro, se giró por última vez, dobló hacia su izquierda y cruzó el pasillo hacia su casa. Al final no se atrevió a decirle nada sobre ir a cenar, o quizás beber una taza de té con él.
Se lo estuvo pensando todos los minutos en que ellos tres charlaban. Sin embargo nunca encontró el momento, ni las palabras adecuadas. Y sí ahora… ¿Y si se devolvía e iba a decirle de una buena vez por todas?
Se detuvo a medio camino y apretó sus puños. ¡Era tan débil y penoso! No era capaz de ni siquiera entablar una simple conversación normal, ni tampoco amistar con alguien sin tener que ser la otra persona que de él primer paso. ¿Hasta cuándo seguiría así?
Decidido, con sus cejas finas fruncidas, se había dado vuelta, y ahora estaba dispuesto a todo, pero chocó de lleno con alguien.
–Qué…
¿Qué estaba pasando? Se había llevado un buen golpe en su nariz con el marco de sus gafas. Ouch.
–Matthew–Él aludido levantó el rostro con asombro. Su nariz estaba rosada, haciendo juego con sus mejillas–.¿Quieres ir a mi departamento mañana luego de clases?
–¿C-cómo?–Tartamudeó. Sintió como toda la sangre se acumulaba en un solo lugar; su cara.
–Lo sé, es un poco raro, sí. Pero no encuentro otras palabras–Hizo una pausa–, estuve intentando decírtelo pero simplemente no podía, no sé la razón. Es incómodo, nunca me había ocurrido antes…
–…–No sabía que decir. Estaban iguales.
Se quedó quieto, Francis movía su pie impaciente, y evitaba la mirada violeta de Matthew. Se veía…
Nervioso.
–Y… ¿Bien, mon cher?
–Claro. Digo, sí. La verdad es que también quería invitarte, pero no pude…–Admitió riendo suavemente, igual cómo lo había hecho ayer. Esta situación… Era tan ¿estúpida?
Francis pudo respirar otra vez. Estaba tan aliviado, wow. Como nunca en su vida. –Entonces, ¿a las cinco y media está bien?
–Mm…–Tarareó con el dedo en sus labios–¿A las seis está bien?
La verdad es que debía pasar a la tienda a comprar algunas cosas, tenía una idea genial.
–Parfait!
Esa noche ocurrió algo muy insólito. Luego de despedirse, decir adiós un par de veces hasta llegar a tropezarse con sus pies, ninguno de los dos, al recordar los hechos de ese día pudo borrar la sonrisa que se había formado en sus labios desde que habían acordado la hora. Sus corazones latían ansiosos, ansiosos por un nuevo comienzo.
Continuará
Ojalá hayan disfrutado de este capitulo. Antes que nada, una aclaración. La frase del comienzo se refiere al significado de la rosa blanca-roja, por si había dudas. Esop. ¡Chau! Nos vemos en una semana~.
