Capítulo 2

Café Meyerhold

Había sido otro día interminable. Bella captó las miradas de asco de Edward y algunas burlas que le dedicó Jessica, siendo lo único en lo que se detuvo a pensar durante el día. Las palabras de los profesores en cada clase eran un ruido de fondo, como una radio encendida para llenar un espacio silencioso.

En la última clase Bella trató de levantarse rápidamente para irse, pero tropezó con su propia silla. No llegó a caerse, pero sus libros se desparramaron por el suelo.

Lauren pasó a su lado, pisó uno de los libros y siguió su camino. Bella se quedó juntando sus cosas sin mirar a su alrededor. Sentía como si un calor subiese hasta su cabeza, nublándole los pensamientos.

Al final de la tarde condujo hasta el Café Meyerhold, donde había quedado previamente con Angela. No le entusiasmaba mucho la idea, pero al menos esperaba distraerse un poco.

Estacionó la camioneta a unos metros del lugar, apagó el motor y se quedó echada sobre el asiento. Miró hacia fuera, estaba ventoso y comenzaban a caer algunas gotitas de lluvia.

Resopló mientras escuchaba las gotas golpeando el techo, pero finalmente salió del vehículo. Cerró la puerta encaminándose hacia el Café Meyerhold.

Tras ingresar se encontró en un lugar relativamente oscuro, con varias mesas repartidas en un espacio no muy grande. Había pequeñas lámparas en las paredes, y una barra que ocupaba parte del centro del lugar, con un acceso que daba a la cocina. En los taburetes había varios sujetos bebiendo whisky.

Bella miró a un lado y otro, hasta que vio a Angela ubicada en una mesa junto a la ventana que daba a la calle. Sobre el vidrio podía leerse "Café Meyerhold".

Angela la vio y se levantó con una sonrisa para saludarla, tras lo que se sentaron.

—Buena elección, Bella —observó Angela.

—Gracias...

—Necesitaba relajarme un poco, estos últimos días...

—Meses —apuntó Bella, con pesar.

Angela hizo una pausa, como pensativa.

—O años —completó ella.

—Sí, es como si no durmiese —dijo Bella.

Ordenaron un par de tazas de café. Bella sintió que las ataduras aflojaban un poco, a medida que pasaba el tiempo iba hablando con mayor soltura.

Angela también era una chica atormentada por el horripilante entorno de ese instituto. Sus amigos no siempre la escuchaban y eso la hacía sentirse frustrada, lo que le recordó a Bella un poco a su relación con Jacob. Sumado a eso también reveló que era una víctima recurrente de Jessica y Lauren, entre otras personas.

Tras una segunda ronda de café, siguió una de café irlandés. Pasaba el tiempo, la charla era cada vez más distendida, y la próxima orden fueron copas de vino tinto.

—Oye, no está mal —comentó Bella.

—He probado mejores —contestó Angela sonriendo.

—Con mi paladar no podría notar la diferencia —dijo Bella.

Angela se rió.

—Terminemos esto y ordenemos otra marca. Ya verás la diferencia.

Bella hizo un gesto afirmativo. La cabeza le empezaba a dar algunas vueltas y ya le salía la risa fácil, pero estaba disfrutando del momento.

Tras los vinos a Angela se le ocurrió ordenar whisky. Bella no se negó, se sentía tan bien...

—Sabes... ese lugar es detestable —dijo Angela, más seriamente.

—Sí. Mi familia está rota, ese instituto es el mejor lugar que tienen para tirarme —expresó Bella con amargura—. Me gustaría volarlo.

—No eres la única —Angela acompañó con una sonrisa.

—¿Ah, sí?

—¿Alguna vez disparaste un arma? —preguntó Angela y dio un sorbo a su vaso.

—No —respondió Bella y negó con la cabeza.

—Yo tampoco. Mi padre tiene una pistola, pero no sé utilizarla.

—Mi padre tiene varias armas, es policía.

Los ojos de Angela se iluminaron.

—¿Y harás algo al respecto?

Bella la miró, con una sonrisa a medias, algo confundida.

—¿Respecto a qué?

—Al instituto. Quiero demolerlo, ¿tú no?

—Dije que sí. Pero, ¿qué estás pensando?

Angela se inclinó hacia delante, para hablarle en un susurro.

—Matarlos a todos.

Bella se quedó en silencio por un momento. Miró hacia fuera, meditando en todas las cosas que le habían sucedido en los últimos tiempos.

—¿Y cómo piensas hacerlo? —preguntó Bella.

—¿Estás conmigo o no? —replicó Angela.

No respondió inmediatamente. Bella dio un trago largo y apoyó el vaso casi con un golpe.

—De acuerdo. Pero déjame a Jessica y Edward a mí.

—Lo que quieras —dijo Angela sonriendo.

Bella se encogió de hombros.

—¿Lo haremos un lunes? —preguntó Bella.

Angela la miró con curiosidad.

—Digo, es que odio los lunes —explicó Bella acompañando con un suspiro.

—Bien. Necesitaremos las armas de tu padre y un lugar para practicar.

Bella pensó inmediatamente en Jacob y los bosques de Forks.

—Tengo una idea.

—Entonces lo dejaré en tus manos de momento —comentó Angela.

Chocaron los vasos y terminaron lo que les quedaba. Cuando se despidieron y Bella volvió a la camioneta, se quedó varios instantes sobre el volante. Había bebido demasiado, pero la última conversación le daba vueltas en la cabeza. Empezaba a sentir una fuerte ansiedad que le provocaba un temblor en la boca.

Respiró hondo, intentó centrarse pero su percepción flotaba en alcohol. Puso el motor en marcha y aceleró, tratando de conducir lo más lentamente posible. Su mente se inundó de imágenes, recuerdos, personas, nombres...