Llevaba cuatro días en esa cama y ya se estaba hartando de estar acostado, aunque pareciera irónico. Toda su vida durmiendo e intentando hacer el vago todo el tiempo disponible, y en cuatro días se había cansado de una cama cómoda y dos personas que atendían todas sus necesidades. Las heridas le habían afectado más de lo creía. O a lo mejor eran esas personas…
- Aomine, ese es mi nombre, y acertaste con la edad, tengo 16.
La mujer le sonrió con tanta efusividad como el niño. Ahora que se fijaba, los dos tenían un montón de cosas parecidas, aunque el pelo y los ojos del pequeño eran de un color que nunca había visto antes en alguien juntos. Pero quien era él para hablar, aunque el chico le ganaba en raro con sus cejas.
- Aomine- kun, esto te va dolor bastante – le iba a contestar que no le importaba el dolor, cuando la mujer le echo encima un liquido extraño… y tenía que reconocer que si no estuviera acostumbrado a tener que actuar duro delante de los demás, hubiera dado un grito, contentándose con solo gemir – Entonces, Aomine-kun, de 16 años, me toca a mi presentarme. Mi nombre es Kagami Aika, y no te preocupes por aguantar el dolor. Tus heridas estaban ya en un estado horrible cuando te encontró mi hijo y estos días has estado a punto de no lograrlo. Una de las balas paso demasiado cerca del corazón.
- Yo soy Taiga – respondió el pequeño – encantado de conocerte, y tengo 8 años. ¿Cuál es tu nombre completo?¿cómo llegaste allí?¿te apetece algo más de hielo?
- Taiga, Taiga, tranquilo. Las preguntas se las debes de hacer de una en una y ya sabes que no debes de ser muy curioso con lo que les pase a los demás. No sabes si quieren contártelo.
Viendo la mirada arrepentida del pequeño, sintió una extraña sensación en el pecho.
- Aomine Daiki, y no se ha donde te refieres que llegue. No me acuerdo de mucho después de salir de la capital, donde …
- Eso está un poco lejos, ahora estamos cerca de la frontera.
- Decidí dirigirme hacia el oeste como mi moto y …
- ¡Woah! Tienes una moto – vale que el chico era simpático, pero le estaban dando unas ganas de pegarle una…por interrumpirle continuamente – ¿y tu moto donde esta?¿la vendiste?
- No, no la vendí.
- Qué raro, te encontré a ti solo y sin nada encima.
Espera, ¿qué? Su moto, su preciosa moto, su niña bonita…¿Cómo que no estaba? ¿Quién había sido el desgraciado que se la había quitado? ¡Como se atrevían, no se imaginaban lo mucho que le había constado conseguirla! Pero cuando los encontrará lo iban a pagar caro, tan caro que no se les ocurriría meterse con nadie en su vida.
- ¡MI MOTO! ¡Los matare!¡Serán cabrones! – Estaba hirviendo en ira hasta que vio la mirada de la mujer (Aika, ¿verdad?). fue entonces cuando recordó las palabras del crío – Espera, ¿sin nada encima? – La sola mirada que le dieron le valió de respuesta, más una risita que hizo que el calor que sentía se multiplicará varias veces más.
Desde ese día se dedicó a la buena vida. Es decir, no hacer nada mientras que tenía dos personas que se ocupaban de todas sus necesidades. Comida a la cama, cura cuando la necesitaba, momentos incómodos (Aika con mirada traviesa de vez en cuando, los baños de esponja, tener que ir al baño acompañado,…). Y ya estaba harto, poco más y empezaría a pegarle patadas a las paredes. Si Aika le dejará levantarse para hacerlo, claro está. Había intentado discutir con ella, pero era como hablarle a un pared. Todo lo que decía. Era devuelto y ni siquiera escuchado. No fue hasta el día número seis que Taiga, le dijo:
- Déjalo, según Tatsuya, todas las madres son iguales. No puedes discutir con ellas, porque siempre tendrán razón. Lo llevo intentando, y nunca me ha salido. ¿O a ti sí que te funcionaba?
- No lo sé, no tengo madre – al ver la mirada intrigada de Taiga, siguió hablando – me crié en la calle y me abandonaron al nacer.
- Si quieres podemos compartir a mi madre.
- Idiota, no se puede compartir una madre.
- Si que se puede – respondió Taiga con una brillante sonrisa – Tatsuya y yo también la compartimos. Él tampoco tenía madre, pero ahora la compartimos y somos hermanos.
- Pero yo no quiero ser tu hermano – no sabía de dónde venía esas fuertes ganas de meterse con el pequeño, pero les seguiría la corriente, parecía divertido – no me gusta tu apellido, me gusta más el mío. Además tendría que cuidarte.
- ¡Idiota! No serías capaz de cuidar a nadie
Ese día cuando Aika llego a casa, se los encontró todavía discutiendo por tonterías. Poco a poco, según pasaban los días Taiga empezó a hacerle preguntas, inocentes, mientras que le contaba cosas sobre él y su madre y su hermano Tatsuya. Así se enteró que Aika se dedicada a hacer medicinas y a curar a los enfermos. Por lo visto era experta en ese ámbito. Y que Taiga estaba orgulloso de su "hermano", creía tenido suficiente para el resto de su vida de oír el nombre de Tatsuya. Y sus comentarios de listillo, esos nunca acababan. Parecía tener una respuesta lista para todo lo que le dijera. Pero de todas maneras su humor había mejorado bastante cuando por fin Aika le dejo levantarse y empezar a hacer algo de ejercicio, sobre el día doce, por su pronta recuperación.
Al día catorce, Taiga empezó a faltar de casa. No es que le preocupará ni que se sintiera solo, que va. Eso no tenía nada que ver. Era normal que el chico fuera a jugar con sus amigos ¿no? Y que desapareciera durante todo el día. Y que regresará casi de noche. Maldita sea, a quien quería engañar. Estaba empezando a coger cariño al jodido crío de cejas raras y a sus conversaciones y a la clara admiración que había en sus ojos cuando le contaba una historia. Nada subía más la moral que alguien que escuche cada una de tus palabras. Aunque había intentado no influir al crío para mal. Parecía un jodido ángel algunas veces, aunque seguramente tenía que ver con la edad en la que estaba.
Mientras el crío no estaba hablo más con Aika, mientras la ayudaba. Así se enteró que tenía 33 y ella le enseño un poco de medicina. "La suficiente para que cualquiera pueda sobrevivir" habían sido sus palabras. También se entero de otras cosas más personales, como que no era de ese lugar, sino originaría de Limes, de donde se había marchado por propia voluntad. Cuando Aomine le pregunto cómo había abandonado un reino tan prospero y verde por ir al destierro al infierno, ella empezó a hablar más. Le conto la desgarradora verdad dentro de un reino que se presentaba como perfecto para el resto del mundo, pero en el que sus habitantes eran tan desgraciados como los demás. Donde no había libertad personal nada más que para los más ricos, y el resto eran prácticamente esclavos. Aomine no podía decir que no entendiera la situación. Muchos pensaban que en un lugar donde haya riquezas, todo el mundo es feliz, pero eso solo se piensa cuando no se conoce la verdadera naturaleza de los hombres. Por que en verdad cuando hay riquezas no se tiende a compartir sino a acaparar. La historia de Aika se volvió más triste al volverse más personal. Ella misma había sido casi una esclava a manos de un hombre muy poderoso, de quien no dijo nombre ni nada más. Solo que consiguió escapara años después, poco antes del nacimiento de Taiga, arriesgando su vida
- Taiga es mi mayor tesoro, y no podía permitir que creciese en ese ambiente –Ojala la persona que le había tocado llevarlo en su barriga hubiera pensado lo mismo, que lo hubiera querido tanto como para no dejarlo en la calle – pero ahora tu y Tatsuya también sois mis niños.
En ese momento que supo que en verdad estaba bien compartir su madre con Taiga y el jodido mocoso llamado Tatsuya.
Y los problemas se desataron al día siguiente. Tendría que haberlo supuesto, el día anterior (día veinte y no los estaba contando) Taiga llego a casa más nervioso y con más energías que de costumbre, lo había oído dar vueltas toda la noche en la cama. Salió al día siguiente antes de que amaneciera. Pero siempre que sucede algo grande, aunque notes las sensación de que los problemas se avecinan, no te queda claro hasta que todo está encima de tuyo. Y ese momento llego cuando un niño de pelo negro entro gritado en la casa. Al principio nada estaba claro, no entendía quien era ese niño ni por que estaba allí, y el otro estaba tan nervioso que ni siquiera podía decir nada. Por no hablar de algunos golpes que tenía encima. No fue hasta que Aika lo nombro como Tatsuya que empezó a preocuparse de verdad. Según lo que entendió del crío, Taiga se había metido en un problema, pero es ataque de pánico no ayudaba mucho. ¿Estaba mal pegar a un crío con un ataque de pánico? Porque ganas le estaban entrando a ver si espabilaba. Fue finalmente Aika con una de sus hierbas raras la que consiguió calmarlo (tenía que conseguir en algún momento esas hierbas, parecían muy eficaces)
- Taiga esta en problemas, con una banda de bandidos – ante la mirada atónita de los otros dos, continuo – llevábamos días buscando una moto que robaron – su jodida moto – y resulta que la habían robado los bandidos de Bulla Felix que se esconden las montañas. Empezamos a preguntar, y fue lo que nos dijeron, que tenían una moto nueva de un modelo que aquí no habíamos visto y de color azul – Joder, en que se habían metido – Ayer nos dijeron que hoy iban a ir al pueblo, y Taiga quiso ir a verlo. Dijo que era la moto de su nuevo amigo, que su amigo tenía mucho cariño, que su amigo le gustaría saber quién la tenía. Cuando llegamos al pueblo nos cogieron enseguida, y nos metieron para el bar, y nos empezaron a golpear. Me golpearon muy fuerte y me sacaron por la puerta, y los vecinos me sacaron de allí, pero Taiga sigue dentro del bar. No sé que le están haciendo, y los demás no me dejaban volver a entrar. Tenéis que ir rápido, lo tienes que salvar – dijo mirándole el jodido enano.
Escucho el sollozo ahogado de Aika, y vio su cara de desesperanza. Pero ella no le iba a pedir ayuda, lo sabía. Era demasiado buena persona para pedirle que fuera a arriesgar su propia vida para matar a otras personas.
- ¿Tienes algún tipo de arma?¿Algún medio de trasporte? – pregunto mientras veía la mezcla de pesar y alivio que surcaba su rostro.
- Sí, tengo un caballo, ve a por el Tatsuya – dijo mientras se dirigía a su cuarto, de donde salía con una magnifica arma y municiones. Era un revolver grabado, un arma preciosa, y a la vez de gran calidad – lo compre el otro día para dártelo. No tenías nada cuando te encontramos, pero tus manos tenían callos que demuestran que estas acostumbrado a empuñar un arma, a veces pareces incomodo y muestras gestos de que echas de menos tener un encima. No te la había dado porque pensaba que si te acostumbrabas a no tener una era mejor, que podrías ser más feliz. Perdón, no quería meterte en problemas – mierda, ella estaba a punto de empezar a llorar.
Tatsuya llego con un gran caballo. Eran caballos especiales, más resistentes al calor y rápidos que los de los otros reinos, según lo que había oído decir, además de valer una fortuna. Casi tanto como su moto. Y estaba menos acostumbrado a montarlos que su moto. Pero para esto valdría, pensaba mientras se monto en él
- Gracias, es preciosa. ¿Por dónde es el pueblo?
Llego al pequeño pueblo, no muy lejos, una sola calle principal, bastante ancha, con pocos comercios. Vamos, lo típico, aunque no es que se pudiera esperar mucho más de un espacio entre las paredes del acantilado. Era un buen sitió para esconderse del abrasador sol la mayor parte del día, pero habría horas que sería un horno. A ambos lados de la calle había varios vehículos aparcados, y algunos caballos atados. Fue entonces cuando vio su moto y se dirigió al bar. Era ahí donde había dicho de jodido mocoso que tenían a Taiga. Mierda, iba a darle una paliza al chico cuando viera. No tenía que meterse en asuntos de mayores, se lo merecía por hacerle enfadar
Pero cuando entró en el bar, su enfado se alejo del chico al ver el espectáculo que tenían montado. Y su ira se multiplico por diez. Joder. Había recibido palizas de niño, pero él había sido un pequeño cabrón. Pero Taiga no se merecía lo que le había hecho. No solo se había dedicado a golpearle, también se habían entretenido con un cuchillo. Había tres hombres sentados en una mesa, con el crío a sus pies. Y se estaban entreteniendo dándole patadas suaves. Pero paciencia, tenía que observar primero la situación antes de meterse en una pelea.
- Venga, chico, sigue peleando, diviértenos un rato más.
- Déjalo, si lo matas no podremos sacar nada de él, y sabes que al Jefe no le gustan nada perder dinero. Con un chico sano a esta edad se puede sacar más dinero de lo que te piensas.
A la mierda la paciencia, estaba sobrevalorada.
- Oye, quita tu jodido pie de encima de crío, ¿quieres? – dijo con su mejor tono medio amenazante medio "no-me-importa-tu-jodida-mierda"
- ¿O si no qué, niño?
- Te quedaras sin él.
¿Por qué tiene que ser la gente tan susceptible? Pensó mientras los tres cabrones empezaban a disparar. Tres tiros y tan rápido como había empezado, así termino, bastante fácil por cierto. Esas sabandijas no llegaban ni de lejos a su nivel. Cuando se agacho a coger a Taiga, oyó un pequeño sonido que estaba haciendo.
- ¿Qué?
- Tres no… cuatro
Y antes de Taiga hubiera terminado de hablar, otra persona salió desde las habitaciones de arriba y disparó. Para Aomine fue como si esa parte del espacio-tiempo se hubiera parada, todo a cámara, pero siendo incapaz de reaccionar, mientras veía venir la bala y veía como Aika se ponía en medio de él y la bala. Solo fue capaz de cogerla mientras caía y de dispara al que quedaba. Comprobó la herida de Aika, viendo que la bala había entrado, pero no salido, y que había entrado en el hombro. Era peligrosa, pero no mortal. Podría ocuparse de ella cuando llegará a casa, Tatsuya entro corriendo en el bar, y le dijo algo que le helo la sangre:
- Mientras llegaba vi como uno de ellos que también llegaba y al ver lo que paso se fue con su moto. Va a avisar a su jefe seguramente.
- Mierda – maldijo en voz baja. Esto no hacía más que mejorar, tenía que ir tras él pero no podía dejarlos solos – ¿Dónde está le gente?
- No vendrá nadie, me extraña mucho que antes me ayudaran. Todos están demasiados asustados para hacer nada. Felix descenderá con el resto de la banda cuando se entere.
Tatsuya estaba ocupándose mientras de Taiga, y entre los dos, la moto y el caballo consiguieron llevarlos a la casa. Allí saco la bala y vendo las heridas de Taiga, algunos cortes algo profundos y muchas marcas de golpes. Después habló toda la noche con Tatsuya sobre los bandidos. Con él se enteró que eran doce, pero que Felix seguramente hubiera matado al que había escapado, ya que no sería la primera vez que mataba a alguno de sus subordinados y que les gustaba tenerlos en su puño. Y que extrañamente Felix tenía aspecto de rata. Cuando el niñato se fue se dedico a pensar, como solucionar ese problema, el día anterior le había dado un medicamento bastante fuerte a los dos, con lo que todavía estaban K.O.
Sobre el mediodía llego Tatsuya con noticias, al pueblo había llegado un caballo con un cadáver encima, el bandido del día anterior, con una nota encima para él. En ella le acosaban de dañar su honor (Ja, ¿en serio?¿quién les había enseñado esas expresiones?¿y desde cuando una escoria de un calaña tenía honor?) y hablaban de un duelo (Alguien ha leído demasiadas novelas románticas, pensó) o de compensación en forma de la mujer y el crío. Y encima lo llamaba pequeño gato ¿Por qué?. En serio, ¿con quién pensaban que se estaban enfrentando, con una rata?¿quién sacrificaría a las personas que más quería en ese mundo para salvarse el mismo?
Cuando había conseguido por fin mandar al mocoso a su casa, poco antes de la hora, intentando tranquilizarlo de sus intenciones, se dio cuenta de que Taiga había despertado y estaba leyendo la nota.
- Aomine… no puedes ir. Te mataran.
- Taiga – mierda, el chico había empezado a temblar.
- A lo mejor si me entrego yo, no querrán a Mama.
- Taiga.
- Pero son demasiados para ti.
- Taiga tranquilízate.
- Es mi culpa Aomine, no tienes que ir. No puedes ir – mierda, Taiga estaba llorando, el pequeño valiente que no había emitido ni una queja cuando la había curado estaba llorando.
- Taiga, no es tu culpa.
- No puedes ir. Te mataran, seguro de hay alguna trampa. No vayas por favor – se estaba haciendo tarde para marcharse y tenía que protegerlos – por favor, si vas, te seguiré
- Taiga, lo siento – e hizo lo que debía hacer, encerró al chico en la despensa, tenía que protegerlos, ellos eran lo mejor que le había pasado nunca.
Dejo al chico encerrado dentro, pero todavía después de montarse en la moto lo oía gritar. Se negó a mostrar que se sentía mal, era por el propio bien del chico, aunque dentro las emociones eran demasiada contradictorias, por un lado se encontraba esa parte de él que se sentía mal por lo que acababa de suceder, y por otra todavía notaba esa calidez que ahora se había multiplicado varias veces. ¡Maldita sea! En verdad había gente que se había preocupado por él. Daba igual lo que pasará ahora, e incluso si moría (cosa imposible, nadie sería capaz de derrotarle) estaría alegre. No se podía permitir volver a esa casa, dado que después seguramente o bien las autoridades o otra gente que quería hacerse un nombre le empezaría a acosar, ya había pasado antes por eso y no era el primer lugar del que tenía que marcharse, pero en ella dejaba lo mejor que le había pasado nunca y la sensación de por fin tener un lugar llamado "hogar". Esas dos maravillosas personas serían su hogar.
Se dirigió al lugar acordado, sabiendo que habría una trampa preparada. Esas escorias no eran lo suficientemente valientes para enfrentarse a él cara a cara. Solo tenía la esperanza de haber insultado tanto su honor que no se atrevieran a ir a por Aika y Taiga antes de que lo creyeran muerto. De todas maneras, harían falta todos ellos para que ocuparse de él.
Decidió dar un pequeño rodeo y esconder la moto detrás de unas rocas. Era mejor plan que adentrarse en el pueblo por entrada como quien no quiere la cosa. Vamos, no era tan jodidamente estúpido ni inocente para hacer eso. Dado su buen físico, decidió arriesgarse a hacer un poco de escalada y tratar de meterse en el pueblo por un lateral. Seguramente no lo esperaban por ahí. Ya en el pequeño callejón entre dos casas, observo la situación. No había nadie por la calle más que el jefe, y si, aspecto de rata incluido y otro de los bandidos, mirando cada uno a un lado de la carretera. Estúpidos. Vio a uno de ellos hablando por una pantalla con varias personas, y después negar a su compañero. Vale, por la llamada, había otros cuatro fuera. Serían dos a cada lado, vigilando cuando llegaba, suposición confirmada al ver a dos personas subidas en el tejado.
- ¡QUERIDOS AMIGOS, PARECE QUE EL PEQUEÑO GATITO NO LLEGA! ¿SE HABRÁ ACOBARDADO!
Intentaban convertir eso en una ejecución pública, y no le gustaba nada el tono en el que estaban hablando. Mierda, por las cuentas que había hecho antes, tenía que haber siete. ¿Dónde cojones estaba el otro? A menos que estuviera escondido dentro de una casa. Los hombres en el tejado eran demasiado visibles, y si intentaban convertirlo en un ejemplo, seguro que no querrían parecer lo suficientemente débiles como para arriesgarse a una traición tan visible. No veía ningún movimiento extraño en el otro lado de la calle, por lo que estaría escondido en este lado. Comprobó el arma que Aika le había dado. Buen arma para defender su hogar. No le quedaba nada por observar, ni podía hacer ningún otro plan más que luchar con sus propias fuerzas para sobrevivir. El no iba a hacer ninguna trampa. Era lo suficientemente fuerte y no era su estilo arrastrarse para acabar con la basura. Solo esperaba tener suerte y que las heridas no le molestarán demasiado.
- Aquí estoy, pequeña cucaracha – casi se echa a reír con la cara de asombro de los bandidos. Taiga seguro que hubiera hecho alguno de sus comentarios de listillo (no es el momento, ahora no pienses en ellos)
- Menos mal que te presentas – sí, claro, vaya intento de quedar bien, pensó para su interior – ya me estaba preocupando chaval. A lo mejor te lo habías pensado mejor antes de enfrentarte con nosotros, siendo como eres solo un niñato que se intenta hacer el adulto. No deberías meterte en los problemas de los mayores, niño, ni que esa mujer ni el crío fueran algo tuyo, además…
Lo bueno de enfrentarse alguien malvado es que siempre tienden a hablar primero y a jactarse de sus planes antes de que intenten llevarlos a cabo. Era más peligroso enfrentarse a alguien honesto, esos tendían a disparar sin hablar. Pero el discurso ya le estaba aburriendo y no había escuchado ni la mitad.
- Acabemos con esto, ¿queréis? – lo cortó con un bostezo. Llevaba hablando demasiado tiempo y le había dado tiempo a localizar al otro hombre escondido. No le habría costado tanto tiempo si no fuera porque casi todo el pueblo se estaba asomando detrás de las cortinas (putos cotillas sin ningún valor). Tendría que ser de los primeros de los que se ocupará. Ya tenía el arma apuntando hacia él. Pero el primero sería el puto jefe.-
- Tienes demasiada prisa en morir, muchacho.
Y así se desató un nuevo infierno. Si el jefe era rápido en desenfundar, él era todavía más rápido. No tuvo ninguna opción antes de que le metiera una bala en su estúpida cara. Con rápidos movimientos se giró para disparar al de la ventana, aunque antes de que le pudiera disparar recibió un disparo de plasma, y joder como dolía. Tras conseguir acabar con el de la ventana, se dirigió a refugiarse rápidamente detrás de uno de los vehículos que se encontraban aparcados en la calle. Solo quedaban cinco más, solo cinco y esto acabaría, se recordó mientras le caía prácticamente encima una lluvia de balas y descargas de plasma. Un disparo más y ya solo quedaban cuatro. Esto sería jodidamente más fácil si los malditos vecinos decidieran que tenían que luchar por su propia vida y se le unieran. Eso solo pensamiento le hizo casi colapsar, pero le dio nuevas energías. Porque siendo realista ¿desde cuándo confiaba él en otros para luchar arriesgando su propia vida?¿por qué iba a arriesgar su vida por proteger a otros sino no fuera por esas dos maravillosas personas? Habían dejado demasiado en él, y este era el momento de devolvérselo. Saldría con esta con vida y volvería con ellos algún día. Terminado con él otro que quedaba en la calle opuesta, se subió al coche rápidamente y desde ahí disparó al otro que quedaba en la calle, y saltó para subir al balcón de la casa más cercana, para poder desde ahí subir al tejado. Y la idea en su cabeza había parecido más fácil de lo que en verdad fue. Sus costillas todavía dolían y tuvo suerte de que los tiros que le alcanzaron no fue ninguno en algún punto mortal. Sosteniendo el arma con la boca, consiguió finalmente sostenerse a la cornisa y ascender al tejado, corriendo a refugiarse detrás de una chimenea. Joder, para ser escoria le estaban dejando bastante mal. Rápidamente relleno el cargador con la balas que le quedaban. Todavía le debían sobrar algunas para el camino o estaría jodido. Vamos Daiki, todo o nada, son solo dos, se dio ánimos mientras se impulsaba fuera de su refugió. Un disparo más le alcanzo en el brazo, pero tras dos rápidos disparos todo había acabado. Todo había acabado. Aika y Taiga serían libres y tendrían que temer a nada. El alivio descendió por todo su cuerpo, alejando un poco a la adrenalina, con lo que empezó a sentir el dolor. No, debía aguantar, tenía que alejarse del pueblo. Tan rápido como pudo descendió de los tejados, empezando a sentirse mareado, pero intensifico su velocidad para llegar cuando antes a su moto. Se metió por un lateral de una casa para evitar a la gente que empezaba a salir de sus casas a celebrar su victoria. Le daban ganas de reírse, esa gente era pequeños ratones, que le temían, pero se alegraban de que hiciera el trabajo sucio. Odiaba a ese tipo de gente. Cobardes y falsos, que no se atrevían a luchar sus propias batallas. Alcanzo su moto y se subió, conduciéndola a toda velocidad. Primero tienes que alejarte para que no los relacionen contigo, se repetía constantemente durante lo que le pareció una eternidad. Y aguantó, aguantó más de lo que cualquiera lo hubiera hecho, aunque él mismo no lo supiera. Lo hizo hasta que su cuerpo no pudo más. Solo entonces detuvo su moto y decidió tratar de vendarse las heridas, dándose cuenta de que no tenía ni las fuerzas suficientes para hacer eso. Se vio envuelto poco a poco en el frío y la oscuridad
- Mierda, tengo que lograrlo, lo tengo que hacer – no podía permitirse otra cosa. Debía regresar a su hogar algún día. Era una promesa.
Y así la oscuridad lo reclamó, mientras veía un par de botas acercándose.
