—Forgotten—
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A: —.Harry Potter—Fanfiction-net—
Disclaimer: Todos los personajes que reconozcan son propiedad de la saga de—Harry Potter— Y a su respectivo autor: —J.K. Rowling―Yo solo los tomo prestados sin ningún fin de lucro para la creación de este Fan Fic.
Titulo: —Forgotten—
Autor: Notas Break de: CaraDeMimo-DiZereon
Pareja: Draco/Hermione DraMione 506/1909
Categoría: T (+17)
Género: Ficción, Ooc, AU.
—"Inicio de Recuerdos"— Los diálogos en cursiva, indican ser parte del recuerdo junto a toda la narrativa que lo sigue.
—Narrativa normal—
Resumen: La desaparición del problema, es la ayuda para la oscuridad. Pero que será de Draco Malfoy, cuando comprenda que más que desear su muerte, solo ansía que el señor de la noche no la transforme en su eterna y única consorte. Reteniendo el aire, recordó el momento de su infancia en el que ella declaro que quería a ese hombre, mismo que le respondió que también la quería "—Pero yo no te quiero así—", se quejo aquella vez, y él con una sonrisa respondió: "—Yo tampoco te quiero 'así'—" ¿Cómo podía, él, Draco Malfoy, competir contra algo tan fuerte?, tal vez apartándola de él lograría vencerlo. Ahora, ¿Cómo sacarlo de la jugada?, no podía arriesgar, y no se caracterizaba por ser precisamente valiente.
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Advertencia: Tomar en cuenta esta lectura y seguirla pese a la categoría corre por riesgo del lector. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
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«« "MI AMOR POR TI, ESTÁ TEÑIDO DE ODIO" »»
["Illuminata"]
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Segundo Exordio
Phigaro corría de un lado al otro tratando de despertar a todos sus hermanos en el castillo; era indispensable que pusieran cara de póker, pues si su señor intuía algo, lo más seguro era que no llegarían a acabárselas. Su corto cabello negro le picaba en la frente, algo que paso por alto, ya que el roce era superficial y para nada molesto.
Con sus piernas largas cubiertas por un sencillo pantalón oscuro, apuraba sus pasos, sus pies descalzos rosando las piedras que pisaba.
Al final del corredor por el que andaba, vislumbró la luz de una lámpara que alargaba la sombra de alguno de sus hermanos. Frunciendo sus labios, aumentó sus pasos. Cecil salía de la recamara de Hermione.
—Tenemos un grave problema—dijo Phigaro nada más ver su rostro. Cecil le miró levantando una de sus cejas, y sin comprender aún a que se refería llamó con un ademán a alguien dentro del cuarto. France, el hermano mellizo de Francesca, salía con su morena piel cubierta de telas majestuosas, una sonrisa torcida en sus labios. — ¿Qué haces aquí? —Preguntó Phigaro confundido, France abrió su boca dispuesto a responder, cuando Phigaro negó con sus manos—olvídalo, tengo mayores problemas para preocuparme de tu presencia en la casa de nuestro señor.
— ¿Si? —Preguntó Cecil—, dime qué es eso que tan alarmado te tiene. Y espero que, a no ser que esos licántropos hayan regresado por más, sea algo que amerite toda mi concentración.
Cecil, le vio impasible, su voz denotando fuerza ante Phigaro, que con su piel blanca, su joven rostro y su baja estatura, le hacían ver como un chaval de no más de 19 años de edad. Sin duda, cualquiera podía notar, que Phigaro era uno de los hermanos menores.
—Nuestro señor está de vuelta—, respondió con rapidez, y girando sobre sus pies se dispuso a avisarle a los demás.
—Carajo—dijo France, y Cecil fue capaz de secundarlo con un asentimiento de cabeza.
¡Las cuatro de la mañana! —pensaba Antonne molesto, consciente de que si no apuraba el chofer del carruaje, estarían en el castillo cerca de las ocho. Y sinceramente él quería visitar los aposentos de la pequeña, después de desechar a los Malfoy en el primer cuarto de invitados que se cruzara en su camino. Seguramente no pondrían queja alguna, ya que todos ellos cabeceaban entre ratos. A Lucyus por ejemplo, le había estado observando pestañear, mismo que lo hacía solo para evitarse la pena de dejar caer su cabeza hacia el frente, sus manos en su largo bastón apretaban con fuerza la fina y pulida madera. Seguramente sus dedos estarían adormecidos por la falta de circulación.
Narcisa, había sucumbido al agotamiento, y pese al traqueteo de las ruedas sobre el camino empedrado, su mente se embarco en un mar de sueños, en el que aparecer, era la protagonista de un heroico rescate. Todo señalaba que el héroe de su aventura era nada más [algo sorprendente, había que añadir] y nada menos, que Lucyus Malfoy. Alzando una de sus cejas, ignoró deliberadamente el "¿Lucyus, que poción utilizas para mantener tu largo cabello, tan brillante?", que escapó de los labios de la dama.
Miró al polluelo de los Malfoy, que dormía con la cabeza recargada en el regazo de Narcisa. Parecía demasiado feliz entre sueños. Tan… infinitamente feliz, que ignorar su alegría era para Antonne una grosería. Después de todo, cuando la felicidad termina es porque algo muy, muy malo, tiene que suceder.
Por ejemplo, que un vampiro te seque hasta la saciedad, dejando tu cuerpo cual pasa, libre de gota alguna de sangre. Bueno, tal vez no era buena idea hacer eso, con ambos padres mágicos allí presente. Los aurores habían sido alertados de que la familia Malfoy pasaría una corta estancia en el castillo Milan. Ya que no podía secarlo, no estaría mal darle un susto de muerte.
Antonne miró intensamente a Lucyus, esperando el momento preciso en que por fin le venciera el sueño. Llevo menos de un cuarto de hora para que al fin, el patriarca de la familia sintiera que no podía más, para pasar a recargar su cabeza sobre la de su esposa, misma que recargaba su nuca en el hombro de Lucyus. Con una sonrisa, Antonne se acomodó recto en la butaca. Se inclinó hacia delante librando el corto espacio que le separaba del pequeño Malfoy.
Gozando de anticipación, coló un susurro en los oídos de Draco, quien se removió inquieto frunciendo su pequeño ceño. Milan sonrió victorioso y susurró unas cuantas palabras más.
— ¡NO POR FAVOR! —gritó Draco a la par que se levantaba de un salto de su lugar. Narcisa y Lucyus abrieron los ojos en un santiamén y Milan contuvo una sonrisa.
Los tres observaron a Antonne, que miraba a través de la ventana del carruaje, como una cuadrilla de pequeños sangre tibia eran acarreados cual rebaño, un hombre tomando la mano de un pequeño, quien sostenía la mano de otro niño y asi hasta llegar a una mujer. La camarilla siendo escoltada a demás por otro hombre aun más imponente que el primero.
Narcisa vociferó una queja abrazando a su hijo, y Lucyus solo negó, más despierto que hace veinte minutos.
Antonne reconoció a los niños del pueblo, ¿Qué harían a esas horas de la mañana caminando en una zona tan desolada como esa?, el único lugar habitable de las cercanías, a parte del pueblo, era el castillo De Milan. Talló sus sienes. No podía estar pasando nada grave. Seguro. Su familia era capaz de proteger la zona, incluso de invasores licántropos. Por los cuales estaba empezando a desarrollar un aborrecimiento tal, que era difícil de explicar. Había leído "EL PROFETA", dos días atrás, donde se daba a conocer que una manada salvaje de hombres lobos, rondaba las cercanías de los bosques de Gistoon. Si fuera algún otro bosque, poco le hubiera importado. Pero por poco más que coincidencia, ese bosque era cercano al castillo De Milan.
Hubiera sido la mayor diversión retorcerle los huesos al alfa de esa jauría.
Soltando el aire que no necesitaba, observó a Draco que ahora abrazaba por la cintura a Narcisa, mientras ella le hacía mimos en sus albinos cabellos.
—Canario —dijo Antonne de pronto, captando la atención de los tres rubios. Narcisa frunció los labios al notar que se refería a Draco.
— ¿Trata de decir algo, noble Milan? —Pregunto Narcisa con sarcasmo.
—Claro, Narcisa—respondió tuteándola—, trato de decir que Draco parece un canario que no para de piar hasta que el sol cae, y lo mejor—añadió con ademanes de manos exagerados, donde su larga camisa de seda blanca dejaba de cubrir sus puños, pues con los dedos extendidos simulaban una explosión de alegría—, sus curiosos cabellos parecen el plumaje de uno.
Draco miró sin comprender del todo a que se refería ese hombre, que desde que le vio no paraba de lanzarle miradas amenazantes, quizá en un intento por callarlo. Pero por favor, él es Draco Malfoy, y a un Malfoy nada lo calla… a menos claro que sea un rey de la noche añorando romper tu cuello. "Es inevitable"—pensó Draco observando como Narcisa trataba de ganar una batalla perdida desde antes de empezar; Antonne parecía todo una leyenda, con su pálida piel, su imponente presencia. Esos largos y negros cabellos que dos meses atrás vio amarrados en una larga trenza y que ahora descansaban sobre su hombro amarrados en una coleta baja como la de su padre, parecía pedir a gritos que le preguntaran algo.
Y siendo Draco Malfoy, una oportunidad así no podía dejarla escapar.
— ¿Por qué ya no amarra sus cabellos en una trenza? —preguntó interrumpiendo a Narcisa, que barbullaba penosamente haber sucumbido ante Antonne.
El vampiro le miró con sus grises ojos brillando. Parecían por momentos molestos. Obsequiándole una última mirada a Draco, observó su cabello negro sobre su hombro. — "No hay forma de que acepte frente a este polluelo que no sé como trenzarlo" —pensó entrecerrando los ojos.
— ¿Tienes algún problema con mi cabello, polluelo? —decidió responder con otra pregunta.
Draco negó con avidez, su cabeza meneándose de un lado a otro. Sobre sus piernas, sus manos se apretaron y mordiendo sus labios extravió su mirada en sus zapatos.
—Es solo que me gusta—dijo por lo bajo. Un gruñido por parte de Lucyus y un hipido de sorpresa de Narcisa lograron una sonrisa en Antonne.
—Oh, valla—dijo tratando de no reír, y buscando en Draco un punto positivo en su apariencia señaló—, me gustan tus ojos.
Lo bueno de ser solo un chaval era 'eso', nunca encontrarías dobles intenciones en las palabras. Por lo que con una emoción desbordante Draco levantó su cara y con una sonrisa que parecía deslumbrar la carrosa dijo: — ¡Es porque se parecen a los suyos ¿Verdad?!
Oh, la expresión en los rostros de los padres era algo que debía archivar en su memoria, nada como ver el horror implantado gracias a que tu propio hijo parecía admirar mas a un ser de sangre fría que a su propio padre. —Claro, canario, supongo que cuando seas mayor podrás comparar mis ojos a los tuyos—esta vez obsequió la sonrisa más cálida que había en su repertorio de sonrisas ensayadas.
— ¿Podré parecerme a usted? —preguntó nuevamente Draco, casi un himno de alegría pareció salir de su garganta ante la emoción que se le figuraba parecerse a Antonne.
"Debería agradecer Lucyus a Merlín" —pensó el vampiro sin dejar de sonreír, Malfoy padre se había atragantado por un momento con su propia saliva, gracias a que su inconsciente polluelo dijo algo que aun no comprendía.
—Pero tendría que morderme ¿No? —Siguió Draco para sorpresa de los mayores presentes, aun más para Antonne que creía que el pequeño no sabía lo que hablaba—. ¿Duele mucho?, espero que no. No quiero que me quede una de esas horribles marcas después de que me muerda, seria penoso ¿Sabe?, un vampiro siempre debe lucir guay, como los reyes tallados en mármol, o esos genios de la grandeza. Un vampiro tiene que ser puramente bello. —Draco paró de hablar después de orarse santo y sacro en menos de diez segundos, la expectación en todos era latente, un suspiro les alertó de que el menor todavía no terminaba—. Quiero crecer pronto. Sería un problema convertirme en vampiro a esta edad.
¿Debía decir algo?, seguro que sí, pero ¿Qué? Malfoy padre parecía libido ante la cháchara de su hijo, y Narcisa no se veía diferente. Sin poder evitarlo por más tiempo, una refrescante risa escapó por sus labios, divirtiéndose de lo lindo. Hacía días que no reía de esa forma. No podía reír sinceramente si no era por Hermione, y el polluelo sin duda se había ganado solo un poco de su aprecio. A ver si a la hora de la verdad, Draco recordaba que era aquello que añoraba a su corta edad.
—Claro—dijo Milan con diversión—, solo no olvides recordármelo, ¿Sí? — a saber, quizá en un futuro el pequeño Malfoy sería prometedor.
El castillo de Milan era todo un desorden, vampiresas corrían de un lado a otro acarreando entre sus manos sestas de ropa sucia que las sirvientas tenían que lavar para borrar el olor a humano que había en ellas. Los vampiros sacudían las telas de arañas que los mayordomos no podían alcanzar en el recibidor.
Un grupo de tres novicios vampiros se encargaban de peinar la zona, en espera de la aparición de algún carruaje con el escudo de la familia.
Cinco jóvenes damitas acomodaban el féretro donde uno de sus hermanos se hallaba. Sumido en un profundo descanso. Y cerca de ellas, Mathy y Francesca trataban de encontrar un medio para lograr que Hermione permaneciera despierta has las nueve de la mañana. El reloj interno de los seres sobrenaturales marcaba muy prontamente las cinco del amanecer, y no lograban terminar con el barullo que habían logrado durante la noche.
—Te digo que es la única salida, querida. Nuestro señor no se tragara nada de lo que digamos.
— ¿Pero café Francesca? —Pregunto agitada Mathy, observando cómo sobre el trono de mullidos cojines, Hermione cerraba sus ojos, incapaz de mantenerse despierta por un segundo más—. No me hagas pensar que por la noche has cambiado los papeles con tu hermano. Suena a algo que solo él haría.
— ¿Yo? —Pregunto France que se acercaba por los poco iluminados pasillos—, jamás me atrevería a ofrecer el café humano como una vía de escape—respondió con una sonrisa risueña, mientras rodeaba por los hombros a su hermana, al ser más pequeña en estatura, France descansó su mentón sobre la coronilla de ella—, y dime, Francesca, ¿Qué te has metido esta vez para tener tan estúpida idea?
— ¿No es nuestro señor suficiente razón para recurrir a nuestro último recurso? —pregunto Francesca con calma, contraste a la desesperación que había en sus pupilas.
— ¡No olvidáis también que tienen que buscar una excusa para esa blanca piel que ahora se carga la pequeña! —gritó Phigaro que pasaba corriendo con un par de escobas en sus brazos.
Mathy se llevo las manos a sus labios. Girando, con su vestido de estar revoloteando al aire, se acercó corriendo hasta Hermione, que dormía plácidamente con su cabeza sobre el reposa brazo del trono. Francesca y France la siguieron para observar mejor a la pequeña.
— ¡No puede ser! —Exclamó Mathy con horror—, Phigaro tiene razón. ¿Ven esas arreboladas mejillas? —Preguntó a los dos que estaban a su espalda, ambos respondieron con un sonoro "por supuesto"—. Hace un mes no se veían tan rojas. —se quejó.
Francesca susurró por lo bajo y después dijo observando a Hermione—Es por su piel Mathy, creo que se ve más blanca.
— ¿Tú crees? —ironizó France, mirando a Francesca como si no fuera de este mundo—, si no me lo dices, no lo habría notado.
—Claro, eres tan tonto que no lo notarias.
Mathy y France no pudieron más que negar. A veces Francesca era un poco lenta.
— ¿Como arreglamos esto? —Preguntó Mathy.
— ¿Alguien ha visto Hogwarts una historia?, no lo encuentro en el salón "prohibido" de la biblioteca—ese era Cecil, que haciendo comillas con sus dedos, se acercaba a France, Francesca y Mathy. La última le miró con odio, y devolvió su atención a Hermione.
—Tengo cosas más importantes en las que preocuparme, que tu tonto libro de magos. —se quejó Mathy enfurruñada.
—Es que no lo entiendes—gimió Cecil tratando de que le atendieran debidamente—, la última vez que se extravió, fue Pierre quien me lo devolvió, y a que no adivinan de donde asegura que lo sacó.
Los tres le miraron por sobre su hombros, en espera de tan "ansiada respuesta".
— ¿Nadie? —preguntó con cierto tono de sorna bailando en sus palabras—Hermione lo tenía escondido bajo su cama. Si nuestro señor se entera de que lo ha leído seguro nos mata.
La expresión en los rostros de los vampiros presentes, no cambió a ningún gesto. Sin embargo. Como soldados dispuestos a una guerra, los tres se irguieron con gráciles movimientos.
—Café, será. —dijo Mathy. —Vallamos a la recamara de Hermione.
—No deberíamos preocuparnos por ese libro—dijo France con voz seca, igual de dispuesto por encontrar "HOWARTS UNA HISTORIA" —después de todo, nuestro señor solo matara al guardián de la biblioteca.
Cecil tembló por dentro, pues había parte de verdad en eso.
—Oh, hermano querido. Desde que te marchaste muchas cosas han cambiado en este castillo—dijo Francesca meneando una mano como si decirle algo no valiera la pena.
—La llegada de una sangre tibia… ¿Por ejemplo? —tanteó France.
—Si, por ejemplo—respondió Francesca sin apartar su mirada del camino que los llevaría a las recamaras principales—, no dejar que se acerque a los niños del pueblo es otro de los cambios.
—Supongo que, con los niños que se fueron a altas horas de la madrugada no tendrán ningún problema, ¿Verdad? —preguntó France con una sonrisa burlona. Cecil, Francesca y Mathy se tensaron por breves segundos.
—No creo que se entere—aseguró Cecil.
—Claro que no se enterará. Así que traten de olvidar lo que ocurrió hace tres noches— sugirió Francesca.
— ¿Y qué sucedió hace tres noches? — preguntó su hermano, mientras negaba con una sonrisa casi imborrable.
—Fuimos a ver a un hipogrifo herido—respondió a lengua suelta Francesca.
Franqueándola, Cecil y Mathy aguantaban sus ansias por silenciarla a la antigua, ¿Notaria su señor que Francesca estaba fría en un féretro después de que el padre de la muerte hubiera reclamado su no vida con la forma de Cecil y Mathy?
— ¿Y no deben hacerlo? —siguió France.
—Claro que no, se supone que Hermione no puede conocer el mundo mágico.
— ¡Boca suelta! —chillaron al unisonó el par que la franqueaba, cansados de que hablara sin parar.
— ¡Oh, vamos! —Se quejó Francesca—. Es mi hermano, no puede ser un peligro.
— ¿¡Olvidas que es uno de los siete reyes de la noche Francesca!? —exigieron saber Cecil y Mathy, France parecía más divertido con la situación.
—France…—susurró Francesca— ¿No era De Caccerelli Versace, Di France Gigi, el Quinto Rey de la Noche? —preguntó como si nada.
—Hermana mía, ¿Has olvidado el nombre con el que me bautizó, Boulanger Miller, Du Leafh Milan Di Antonne?
—Tanto sonido en francés me marea France—se quejo Francesca—claro que no lo he olvidado.
Cecil negó con la cabeza, pensando que era una tontería que el habla natal de Francesca lograra marearla, ¿No se llamaban ambos hermanos Francesca y France en honor a su país de nacimiento?
—Ilumíname querida—pidió France haciendo una falsa reverencia.
—Pues claro, Caccerelli Versace, Du Leafh Gigi France.
—Debe de sonarte el nombre, querida.
—Se parece al tuyo, claro, pero sin el titulo de "Du Leafh".
Milan observó como el sol hacia su aparición, con las cortinas aun sin correr, Antonne se aventuró a observar la salida del astro naciente, los segundos que fueran. Era un vicio, un ansia por saludar a su eterno rival que le privaba de su luz al ser sirviente de la oscuridad y la luna. El naranja profundo bañó por breves segundos la superficie, en la lejanía del horizonte podía distinguir una de las grandes torres de su castillo, donde seguro la luz se filtraba por las ventanas, obligando a los habitantes del lugar a correr las cortinas.
Cinco minutos más, y su piel comenzó a arderle, sin apuro corrió las cortinas, bajo las atentas miradas de los Malfoy.
—No deberías hacer eso—dijo Lucyus, mirándolo con extrañeza. El vampiro sencillamente se encogió de hombros, y cerrando sus ojos se dispuso a esperar con paciencia llegar pronto al castillo.
Las ruedas siguieron con su humilde traqueteo, Narcisa acariciaba los cabellos de su hijo, mientras Lucyus paseaba la mirada en la pequeña abertura que dejo en su lado de la ventana para mirar.
Draco simplemente era un pequeño que se dejaba hacer, en el mundo mágico no se sabía mucho acerca del heredero Malfoy, lo más obvio era que revistas de cotilleo despotricaran contra el hijo de un mortifago. Lucyus parecía haberse hecho cargo de cada una de las molestias que ensombrecerían su presencia ante su hijo. Parecía (ciertamente), que el pequeño mantenía en un pedestal a su padre, dejando de lado esa absurda idea de volverse un sirviente de la noche.
Para Draco, su padre era el hombre más justo del mundo mágico. Un hombre de imponente figura, destacables logros. La mención de mortifago en la misma oración en la que se mencionaba el nombre Malfoy, era para Draco una infamia, una insolencia tal que no merecía el menor de los perdones. Lucyus siempre decía, muy secamente "Son solo basura del mundo, que no soportan la idea de ser menos que yo", la llamada envidia.
Cerca de las ocho del día, la carrosa arribo al castillo Milan, pasando sobre el gran puente que suponía la puerta libre de las barricadas del castillo. Se adentraba al baluarte, donde con sorpresa se observaba que donde serian los espacios que antaño ocupaban mercaderes, un ligero baño de arboles, cubierto por las ligeras sombras que ofrecían, el suelo cubierto de pasto presentaba una naturaleza tal que podía llamar a la sorpresa.
Draco observo con asombro, desde su lado de la ventana (la cual había desprovisto de sus cortos telones gracias a la poca filtración solar), como cada vez más cerca, los imponentes muros del castillo se erguían majestuosos, cada una de las torres igual de magnaticos.
—Sabes, Draco—llamo su atención Antonne que miraba al igual que él, con ansias el castillo—, un rey debe proteger a sus súbditos. Un castillo es el lugar adecuo para protegerlos de sufrir guerras en los que el rey se ve obligado a intervenir.
El joven Malfoy, notó un brillo distinto en los ojos del vampiro, no era capaz de saber qué era eso diferente, y sinceramente no le parecía que mereciera importancia. La carreta se detuvo entonces, frente a las sombras de la imponente entrada al castillo.
Sin ceremonia alguna, el chofer abrió las puertas del carruaje con ayuda de un mozo que había recorrido el viaje con ellos. Los ocupantes salieron, la dama Malfoy siendo ayudada a descender con ayuda de Lucyus, que tomándola delicadamente por su baja palma, hacia galantería de sus modales aristócratas.
Draco, impaciente, bajo de un brinco del mismo lado del que Milan lo hizo. Las puertas se abrieron de par en par dejando a la vista a dos jóvenes atractivos.
Inclinaron sus cabezas ante la presencia de su señor. Y con un susurro que Draco llegó apreciar el par de vampiros le miraron con ansias.
—No esperábamos que la amabilidad de nuestro señor se excediera agradablemente, al traernos tan apetitosos suvenir—la voz ronca de uno que pareció relamerse unos largos colmillos.
—Qué más quisiera yo—dijo con palpable decepción Antonne, llevándose una mano a donde suponía tenía que latir un corazón—, pero lamento que sepan, son invitados bajo mi protección.
Draco los miró sonreír, como si Antonne estuviera bromeando.
—Si me permiten, me retiraré a las recamaras. Los señores Malfoy se ven un poco atraídos por la naturaleza del castillo—dijo Milan observándolos sobre su hombro, como Narcisa jalaba de los puños de Lucyus, invitándolo a caminar alrededor de la zona.
—Si no es un inconveniente, mi esposa y yo declinaremos la oferta de un descanso. —se escuchó la voz de Lucyus, que se inclinó débilmente, y girándose a Draco añadió—será mejor que descanses Draco.
El nombrado frunció los mofletes y regresó su mirada a Milan, que parecía estar ocupado en despachar al par de jóvenes de parecido indiscutible el uno con el otro.
—Espero que haya tenido un agradable viaje nuestro señor—dijo uno de los dos.
—Por supuesto—respondió Antonne mirándoles con reproche—ahora si me…
—Debió enterarse de la situación cercano a los bosques—dijo el otro prontamente sin dejar concluir a su señor.
—Por supuesto—dijo molesto Antonne levantando una ceja y cruzándose de brazos—, confió en que lo pudieran…
—Por supuesto mi respetado señor—le interrumpieron nuevamente, esta vez ambos jóvenes hablando a la vez.
—Como supuse, ahora si…
— ¿No te parece magnífico Gabriel? —Preguntó un joven al otro—Nuestro señor es capaz de confiar nosotros.
Antonne estaba por responder bajo la atenta mirada de Draco, cuando Gabriel continúo el monologo: — El corazón me duele, Ángel—dijo con dramatismo, e imitando como si un puñal le fuera enterrado siguió con profundo dolor—. Es tan… ¡Magnifico! Nuestro señor Antonne es todo un rey.
Las palabras barbotearon de sus labios como una canción celestial, y de sus ojos una dulzura fingida logró chivar la paciencia de Antonne.
— Podrían moverse—pidió entre ordenó, el vampiro mayor; siendo secundado por Draco en un silencioso apoyo.
—Pero Gabriel, olvidas que no tenemos corazón—dijo Ángel, sin moverse ni un centímetro de la puerta, esta vez ambos juntaron sus manos e imitando lágrimas exclamaron a la vez— ¡Porque somos vampiros!
—Si, como pude olvidarlo—dijo con voz irónica Antonne, y amenazándolos con la mirada farfulló—. Juro que si están tratando de ocultarme algo, la clemencia no existirá en mis acciones.
Una amenaza total, Milan comprendió muy pronto que algo grave debió pasar para que los gemelos más astutos de su familia salieran a recibirle, había sido una sorpresa hallarlos más despiertos que un búho, aun más con las ganas apabullantes de iniciar una conversación tan trivial como aquellas. Sabia, gracias a que por años habían convivido compartiendo sangre, que los hermanos "Gahel", no eran devotos a mantener los ojos abiertos durante las cálidas mañanas, su despertar con regularidad rondaban la media noche. Siempre argumentando que amaban demasiado la palidez de su piel como para arriesgarse a salir durante las tardes, preferían flojear hasta que las campanas de la noche alcanzaran en el reloj la esperada media noche.
Ese par de jóvenes de espesas melenas doradas, y achocolatados ojos, tan parecidos a un par de cachorros de leones, gustaban de hacer de las suyas cerca de las limitaciones del bosque De Gistoon, preparando siempre trampas para aquellos indeseados y armándose de todo lo que pudieran arrebatar a los cazadores.
— ¿Le ha sucedido algo? —preguntó de pronto tragando con preocupación.
—Según los recientes acontecimientos ella se encuentras descansando en su recamara—respondió Ángel.
—Es muy temprano para que duerma. —dijo Milan pensativo.
—Se sabe que ha pasado la noche en vela, tras esperar a una de las damas que suele hacerle compañía—explicó esta vez Gabriel, mirando al interior del castillo.
Un estallido de gritos llamó la atención de todos, desde el corredor, sombras presurosas parecían perseguir con ahincó a una pequeña.
— ¡Espera Hermione! —pidió Francesca corriendo con tanta rapidez que al dar la vuelta en el pasillo no logró evitar estrellarse contra la pared.
—No seas idiota y sepárate de ahí—ordenó Mathy que daba la vuelta con velocidad, capaz de atrapar a la pequeña, pero tan temerosa de lastimarla al tomarla que trataba de refrenarse—. ¡Espera ahí Hermione!
— ¡No dejen que escape!
Desde fuera, Milan, Ángel, Gabriel y Draco, escuchaban con cierto interés las quejas de las personas que parecían competir en una carrera, donde además el premio parecía ser una pequeña de cabellos castaños y ondulados, sus hebras tan espesas y despeinadas que daban a su aspecto de vestidos ligeros y mangas arremangadas, la imagen de una rebelde niña de seis años.
Sin esperar esa reacción, Draco fue tomado por sorpresa al observar una agradable sonrisa en Antonne, que acuclillándose y abriendo los brazos recibió a la pequeña, alzándola en el momento que se estrellaba contra su pecho.
— ¡Antonne!
Las alarmas que Draco había tratado de ignorar desde que hubiera visto a todas esas personas correr, se dispararon por la invasión de esa pequeña, a la cual Milan parecía adorar con profunda devoción. Draco frunció el ceño, y escupiendo sus palabras se dirigió a Antonne— ¿Quién es ella?
Caminaba enfurruñado, sus rojos labios fruncidos y sus rubias cejas tan juntas que era difícil saber si alguna vez habían sido dos muy aparte, sus ojos grises escondidos por sus largas pestañas, gracias a que el sol le obligaba a guiñar. A su lado, la niña (que es tremendamente molesta, en su propia opinión) no paraba de hacer gala de todos sus conocimientos.
—Y Antonne dice que es peligroso internarse en el bosque a menos que no valla con mis padres.
— ¿No te cansas de hablar? —preguntó Draco con cara de fastidio, pues por sugerencia de Antonne tuvo que seguir a la tal Germino, para conocer los alrededores del castillo.
—Antonne dice que es bueno hablar; dice que el conocimiento se expande y las palabras adquieren un significado cuando encuentras a alguien capaz de sostener una conversación civilizada, ¿Eres civilizado Draco?, porque Antonne dice que hay que ser civilizado, como en las grandes ciudades; tienes que saber actuar conforme la sociedad lo dicta, es bueno tener etiqueta ¿Sabes?, mi madre Francesca dice que no es importante, que igual si eres alguien hermoso jamás se fijarían en esos detalles, pero creo que el tío France tiene más razón, si no tienes sentido de la educación, nadie va a ser educado contigo. Padre Cecil dice que de los libros puedo aprender grandes cosas, por eso leo mucho ¿A ti te gusta leer Draco? A mí me fascina, se hablan cientos de cosas entre las páginas, he aprendido de las guerras civiles y todas esas revueltas, ¿Sabes de los revolucionarios?, se supone que luchan por una causa justa y que…
Draco gruñó molesto, incapaz de hacerla callar, sus puños se apretaron y su rostro pareció formar un rictus de congestionamiento. Su cara se puso roja de furia a un punto tal que llama la atención de Hermione.
— ¿Te sucede algo Draco? No te ves muy bien—preguntó mirando con fijeza su rostro de un momento a otro tomó sus manos entre las suyas, queriendo que dijera que le sucedía— ¿Qué tienes?, ¿Te duele algo? Podemos ir al castillo si te sientes mal. Antonne nos puede contar uno de sus fabulosos cuentos si quieres dormir. Te vez muy rojo pareces un tomate.
— ¿Disculpa? —Habló por fin Draco, cada vez más y más molesto—. Eres una molesta Germonia, —le dijo con intención de que se detuviera pues había empezado a tirar de sus manos con dirección al castillo— ¿No te cansa ser…? una… una—increpó a un furioso, y soltándose de su agarre con brusquedad, estiró sus manos al suelo— ¡Debe ser molesto ser una tu!—gritó furioso, cerrado sus ojos con avidez, y tomando una bocanada más de aire, continuó su retaría de palabras— ¡No hay nadie que quiera saber que es una revoluciona! ¿Y quién es esa Francesca?, ¡Dudo que Francia este salvo de una mujer que no tiene etiqueta! ¿No te cansas de hablar? ¡No me interesa lo que digas, cabello de estropajo! ¡Eres la niña más fea que he visto!
En ese punto Draco había acabado con todo el aire que tenía en sus pulmones, su rostro no parecía querer librarse de ese tono rozase que adquirió por el calentamiento de su sangre. Entre respiraciones largos, vio como Hermione le miraba con sus ojos acuosos.
Creo que no debí decirle nada" —pensó una vez terminado su desquite, y vio con horror, como ella trataba inútilmente de parar las lagrimas que desbordaron de sus grandes y achocolatados ojos, las pequeñas palmas de sus manos, tallaban con fuerza hacia arriba, en un vano intento por no llorar, el hipido que emitió fue débil, pero presente. Mordiendo sus pequeños labios rosados, parecía tratar de no decir nada más. Draco notó muy tarde que no debió haberle gritado de la forma que lo hizo.
"¿¡Que hago!? ¡Si madre se entera que hice llorar a una niña no me va a perdonar!" —mirando a todos lados, con aire preocupado, repaso el espacio abierto, esperando que no hubiera nadie presente y que le riñera por hacerla llorar.
—No soy Germonia—dijo de pronto la niña atrayendo su atención.
— ¿Qué? —preguntó Draco extrañado.
—Que mi nombre no es Germonia—dijo mordiéndose sus labios, las lagrimas aun en sus mejillas, mismos que estaban inflados.
A Draco le pareció más calmada, y esperaba que pudiera seguir así.
—Pero Antonne dijo que así te llamabas—dijo bajo, con sus labios fruncidos, que bien, estaba preocupado, no significaba que iba a cambiar su actitud hacía ella.
—Pero no me llamo así—dijo ella con terquedad—. Tú te llamas Draco, y no por eso te digo Bardo. —dio como ejemplo.
— ¡Oye!, Mi nombre es DRA-CO, no Nardo. —se quejó él frunciendo nuevamente su ceño.
—Bar-do—le corrigió ella—pero no importa, después de todo eres un grosero—esta vez ella fue quien frunció el ceño, y bajando hasta tomar el vuelo de su vestido entre sus manos, dio medio giro y corrió hasta el bosque.
— ¡Hey, espera!, ¿¡No dices que no podemos entrar ahí sin uno de tus padres!? —preguntó echando a correr tras ella, y solo por un momento miró hacia atrás, sabía que podía dejar que ella fuera sola, y regresar sin ella al catillo. Si le preguntaban dónde estaba Germania, el solo les diría que de pronto se puso a correr, dejándolo atrás—. ¡Espera Germonia! —volvió a girar incapaz de dejarla a su suerte.
— ¡No me llames asi! —gritó ella, internándose al fin bosque— ¡No me sigas!
— ¡Estás loca Germoni! —dijo desesperado por que parara, y llamándola de distintas maneras para probar suerte y recordar cómo se llamaba.
— ¡Es HERMIONE! —gritó con fuerza sin detenerse— ¡HER-MAIO-NEE!
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Notes Break:
¡Hey!
Aquí nuevamente, muy feliz por lo review, los alertas y los favoritos; ¡Que genial que la idea haiga sido recibida de una manera… ¿buena?! Nhaaaa, ¡Agradable! Ciertamente me hacen muy feliz. No esperaba que realmente comentaran, ya que la idea en sí no parece muy consistente, pero quisiera que sepan que tengo todo planeado, la historia seguirá superficialmente el trama de los libros de J.K. se tendrán en cuenta las amistades, y todo eso. También la guerra… La pregunta es como la desarrollare (risas), bueno, yo sí que estoy segura, solo espero que no desesperen ya que la historia está por comenzar a desarrollarse de una forma algo… lenta (¿?), ya ven pues, que Draco y Hermione están teniendo sus primeras complicaciones, fue gracioso (creo), las maneras en las que le llamo Draco a Hermione. Me reí yo solita de mis propios delirios (vergüenza). Si tienen más dudas no duden en preguntarlas; si entran en mis posibilidades no dudare en responderlas.
Lizzie Agradecería que le aclarara la siguiente duda: ¿Antonne quiere que Hermione sea su esposa o su mujer?
Mi aparente respuesta: (escéptica) pues en un reciente interrogatorio en el que sometí a Antonne a una entrevista de fuerza, él se atrevió a decirme lo siguiente: …
—No es algo que debería importarte—me dijo Antonne mirándome con sus intensos ojos grises—, ¿Quién me asegura que no venderás la primicia a la prensa?, he visto lo que haces con los demás interrogatorios.
En este punto solté una maquiavélica sonrisa, y le dije: —Yo jamás vendería algo tan personal.
— ¿Eso dice quien me amarro las manos tras la espalda y me tiene aquí con una lámpara dañándome los ojos?, ayer era muy feliz mientras abrazaba a la pequeña.
— ¡Yo no te tengo amarrado! —dije golpeando la mesa frente a mí.
—Ya, y estas cuerdas son imaginarias—me dice Antonne con sarcasmo, lo miro con fingida dulzura.
—Deberías agradecer que no te amordace.
—Si lo hicieras sería imposible responderte, ¡Ustedes humanos y su incapacidad de comprensión!
— ¡Hey, no te desvíes del tema!
—A saber…
Y debido a las leyes que protegen a los vampiros no logre sacarle muchas palabras. Asi que Lizzie, no desesperes, aunque puedo asegurarte que no estás lejos de tener una respuesta parecida a mí idea, por lo que no es difícil responder lo siguiente, si, Antonne pretende que Hermione en un futuro sea su cónyuge, verás, los vampiros son de tiempos muy remotos. Imagínate pues que Antonne puede tener más de quinientos años, entonces tendrías que echar un vistazo al pasado; si bien Antonne a adoptado las maneras que se tienen con la actual civilización (nos referimos de los 80's en adelante), aun guarda ciertas características. Las cónyuges por ejemplo, o consortes; eran las mujeres de un solo hombre. Vamos a dar por hecho que ya muchas sabían este dato. En la antigüedad el hombre podía tener tantas mujeres como pudiera mantener. Por lo que llegamos a la siguiente conclusión: en el castillo De Milan, Antonne tiene a sus consortes, que son las vampiresas o algunas de ellas. Muchas pensaran en este punto que Antonne es un… algo. Pero conforme se desarrolle la historia habrá dudas que se responderán solas.
Si tienen alguna otras dudas, cuestiones o, preguntas; no duden en hacérmelas saber, tratare de responderlas (como ya mencione) hasta donde mis capacidades me lo permitan. Verán, es que hay dudas que solo se pueden responder adelantando partes de la historia (risas), y por el momento prefiero dejarlo en suspense.
Quisiera agradecer a:
Review: Lizzie, Colmillos, MariielenaMalfoy, nicole castillo.
Los que le dieron Alertas: Hermy Evans Black, adrmil, anisaberu-chan, jdhernandez6.
Y los que me añadieron además a Favoritos: Colmillos, Hermy Evans Black; aniali1234, dany16; jdhernandez6.
Gracias sinceramente. Oh, una cosa más, este, no suelo actualizar con mucha regularidad; por lo que no sería bueno prometerles algo pronto. Aunque puede que sean capaces de hacerme cambiar de parecer… no sé, comentando tal vez (risas).
Bueno sin más que añadir, y esperando que el capítulo sea de su agrado me retiro.
Nos estamos leyendo.
Ciao!-
18/05/13
