Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto. Y han sido utilizados sin fines de lucro.
Aquí va el segundo capítulo, espero que el primero les haya gustado.
Revelaciones.
La luz de la luna le daba a la aldea un aspecto especial que nunca antes había apreciado. Luego de varios meses la molestia se transformo en cariño y la arena era una caricia en sus pies. Sakura había pedido un reemplazo, y Hinata era diferente… Quizá demasiado. Por primera vez, en mucho tiempo se sentía sola. La vista desde el tejado era asombrosa, podía notar cada detalle a su alrededor, e incluso ver su balcón. Respiro profundamente intentando poner su mente en orden, pero la nostalgia era un enemigo implacable, el peor que había tenido, al punto de verse ante el precipicio de la inminente derrota.
-Lo encontraste. Susurro una voz a su espalda.
La sorpresa la invadió. No había sentido su presencia. Pero allí estaba, era él.
-Me ha tomado por sorpresa Lord Kazekage. Discúlpeme no entendí lo que quiso decirme.
El sonrió, se había resignado al "Lord Kazekage" hacia tiempo y, aunque los demás lo llamaban Gaara sama, ya no le molestaba, hasta lo encontraba divertido.
-Mi lugar favorito, lo encontraste. Repitió suavemente.
-No lo sabía, lo siento… De todos modos ya me iba. Mi casa no está lejos. Expreso la muchacha levantándose con torpeza y nerviosismo.
-Lo sé. Afirmo él, al mismo tiempo que noto el grave error que cometía.
-¿Lo sabe? Inquirió ella regresando tras los escasos pasos que había dado.
Gaara se inmuto, ella lo había atrapado. Sentía como su sangre comenzaba a hervir, mientras su corazón palpitaba más y mas. Eso era nuevo, jamás lo había sentido. Luchaba desesperadamente por controlarlo, mientras veía sus ojos, esos orbes negros que se clavaron en los suyos, esa mirada profunda que esperaba una respuesta y solo obtenía un sepulcral silencio.
-Supongo, que cuando llegamos debió vigilarnos uno por uno, Después de todo, su trabajo es proteger la villa. ¿Verdad? Continúo ella llevando la vista al cielo y sentándose nuevamente.
-Así es. Logró decir, acomodándose junto a ella tomando cierta distancia, sabiendo que mentía descaradamente.
-Entonces dígame: ¿Descubrió el escondite de los planos?
-¿Planos? La miró extrañado.
-Los del túnel que estamos construyendo desde la roca para invadir Suna, están justo en mi balcón. Aclaró entre risas.
-¿Un túnel en la arena?... Recuérdame que los temas de infraestructura los trate con otra persona. Sumándose a las risas de la muchacha.-En tu balcón no hay nada, aclaro, solo tú.
-¿Solo yo? Repitió clavando su mirada en el.
Otro error, el segundo en solo minutos… Su mente era un torbellino. ¿Desde cuándo no pensaba antes de hablar? Su presencia lo tensaba, lo había hecho siempre, pero ahora era diferente. La estaba conociendo, no hablaba con la ejecutiva de la roca, lo hacía con la mujer de la cual no sabía nada excepto su nombre y la que ahora aguardaba una réplica de la que esta vez no podría escapar. Respiro hondo… Miro su balcón Y hablo:
-Solo tú y tus hábitos… Dijo mientras la imaginaba. "Sales a la barandilla, ves el cielo durante unos minutos… Enroscas mechones de tu largo cabello en tus dedos… Lo acercas a tu rostro y hueles su perfume como si fuera un ramo de flores frescas. Luego caminas con pausa al otro extremo, como si nada te importase, te apoyas en el barandal y solo te dedicas a observar la ciudad."
Kohana se sonrojó. El relato fue suave y pausado; como si realmente la estuviese narrando lo que veía. Por un instante se sintió desnuda, tan vulnerable que por primera vez en su vida había cedido ante los ojos de alguien más. Esa mirada aguamarina había logrado atravesarla por completo.
-Voy a tener que cerrar la ventana más temprano. Comento logrando descomprimir la incómoda y tensa situación con una torpe y divertida mueca.
-Kohana… ¿Por qué sigues llamándome "Lord Kazekage"? Te he pedido que no lo hicieras y, aun así, no he logrado que cedas.
Ella rio recordando la primera vez que lo había hecho.
-El Tsuchikage no se enoja cuando lo llamo con honoríficos, es más, le agrada. Acotó evadiendo una respuesta directa.
-No te ofendas pero, tu Kage me lleva como cincuenta años, dijo él.
-cincuenta y tres anuncio ella sin pensar.
Gaara la miro de manera inquisidora.
-No todos los aldeanos conocen con exactitud la edad de su líder ¿Cómo es que tú sí?
-Bueno… todos saben la suya. Se apresuro evitándolo nuevamente.
-Eso es porque cuando tienes la edad de Oonoki todos te respetan por cómo te ves. Cuando tienes la mía, tienes que luchar para que dejen de verte como un mocoso que juega a ser el Kage… Pero aún no me has respondido.
Ella agacho la cabeza. ¿Qué debía responder? Estaba confundida, toda su seguridad había desaparecido. Podía mentirle, inventarle una excusa para salvar la situación. Pero no quería, ya no quería esconderse, lo había hecho durante mucho tiempo, ya no más.
-¿Cómo quiere que lo llame? Cuestiono antes de comenzar.
-¿Aquí?... Solo dime Gaara.
-Gaara… ¿Realmente crees que me regresaron a casa luego de la primer batalla, tengo un sueldo mejor y un departamento más amplio que el de los demás solo porque le caigo bien a mi Kage?
-No lo sé, dímelo tú. Respondió el joven.
-Mi abuela murió en la tercera guerra. Y mis padres, en misiones de espionaje y reconocimiento a manos de shinobis de esta aldea. Nunca tuvimos donde llorarlos… Supongo que soy lo único que le queda. Logro decir.
Vio como su rostro había cambiado, a causa del evidente dolor, y de sus profundos y ahora vidriosos ojos asomaron dos pequeñas lágrimas que llegaron a acariciar sus rosadas mejillas.
-Así que eres su nieta. Agrego el Kazekage. ¿Qué haces aquí? Tan lejos de él.
-Dime: ¿Qué mejor manera de proteger lo que amas que alejándolo de ti? Donde no puedan usar eso a su favor porque nadie sabe qué significa… Ni siquiera hago lo que he elegido, casi siempre lo han hecho por mí. Ella sonrió en medio del llanto.- ¡Esto es patético! Ni siquiera me agrada mi casa.
-¿Por qué me lo dices? Yo podría usarlo. ¿Por qué arriesgar tu caja de cristal cuando ahí estás segura?
-De hierro, de rejas, de madera o de cristal… Sigue siendo una caja. Quizá no quiera estar segura, o tal vez, solo tuve un mal día… Buenas noches, Gaara sama.
La habitación era pequeña, no pasaba mucho tiempo allí así que no le importaba. Solo dos fotografías y un reloj de arena lo adornaban, no necesitaba más. Se tumbo en la cama mirando fijamente el techo. ¿Por qué lo había hecho? Hablarle de ella, de su cabello. Se sentía un idiota. Pero, de alguna manera había logrado que aquella mujer abriera su corazón, compartiera su alegría, su dolor y que le confiara su secreto mejor guardado. La alegría lo invadió y repaso la noche una y otra vez, segundo a segundo hasta quedarse profundamente dormido.
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¿Y qué tal? Se viene el final. Ojala este les haya gustado.
Próximocapitulo:Latempestad
