Cap. 2: Vida y Muerte

Aquella noche de finales de verano fue horrible para Hermione. Se revolvía en su cama, peleando con las sábanas mientras sufría una pesadilla relacionada con su operación de corazón. La anestesia no funcionaba, y ella sentía todo el dolor de la operación, cómo le arrancaban su antiguo corazón, y un gran vacío… De repente dio un brinco en la cama, y respiró profundamente, como si se ahogara. Acto seguido se levantó corriendo y se dirigió hacia la ventana para tomar aire, mientras sus ojos aún lloraban.

Desde que la operaron, ya casi hacia medio año, esas pesadillas eran recurrentes. Los médicos le habían dicho que era normal tras una operación tan fuerte y arriesgada, que los pacientes siguieran con miedo tiempo después. Sin embargo, Hermione sabía que había algo más. Su enfermedad de corazón era hereditaria, por tanto provenía de familia. El único problema es que ella no lo pudo saber hasta el último momento ya que era huérfana y se había criado toda su vida en un orfanato, sin que nunca nadie la adoptara. La única familia que había tenido en todo ese tiempo era Luna, su compañera de clase desde párvulos. Sus padres se portaron realmente bien con ella y muchas veces la invitaban a dormir a casa para que no tuviese que pasar tanto tiempo en el orfanato.

Desde muy joven, los 16 años, comenzó a trabajar como camarera y niñera, para ahorrar para la universidad, ya que sabía que al cumplir los 18 nadie se ocuparía de ella. En uno de esos trabajos conoció a Lavender, cuya madre era alcohólica y su padre las había abandonado, así que ella tenía que encargarse de su madre y su hermano pequeño. Se hicieron buenas amigas y juntas lograron desintoxicar a su madre y ahorrar dinero para Lavender, que también quería ir a la universidad pero nunca se había planteado que existiera esa posibilidad antes de conocer a Hermione.

Finalmente consiguieron sus objetivos: Hermione y Luna estudiaron trabajo social y comenzaron a trabajar en la casa de acogida, mientras que Lavender estudió administración y comenzó a trabajar como secretaria en una empresa. Después de que la madre de Lavender consiguiera un trabajo y pudiese cuidar de su hijo, siempre con una ayuda de Lavender, las chicas decidieron irse a vivir juntas y compartir gastos. Así llevaban ya varios años, los más felices de Hermione, aunque sabían que pronto Luna las abandonaría para irse a vivir con Neville.

Los últimos años habían sido los más felices para Hermione, disfrutando de su trabajo, de su independencia y de sus amigas. Sin embargo, esa estúpida enfermedad fue un gran bache, que volvió a recordarle de dónde venía. Además, el miedo ante una muerte inminente siendo tan joven la aterrorizó. Finalmente todo salió bien, y ahora sólo podía dar gracias de ello.

Tras despejarse con agua en el baño, Hermione decidió salir de la habitación y preparar el desayuno. Aquel sería su primer día de trabajo después de los meses de baja. La verdad es que echaba de menos a los chicos de la casa de acogida, aunque había pasado un buen verano de vacaciones con Luna y Lavender. Incluso hicieron un viaje a la playa, donde conoció a varios italianos interesantes. En esas vacaciones ella fue la única soltera, ya que Lavender había empezado a salir con Seamus.

Hermione sonreía recordando aquellos momentos del verano mientras preparaba el desayuno.

Horas después se encontraba junto a Luna trabajando en la casa de acogida. Los chicos le habían preparado una gran bienvenida, y Hermione se emocionó bastante.

Fue un día muy ajetreado y cuando volvió a casa, sólo quería descansar. Se tumbó en el sofá y conectó su portátil, para revisar su correo. Sin mucha sorpresa, recibió un email de su doctor, Draco Malfoy, para avisarle de la revisión que tenían a final de la semana. Sin embargo, leer ese correo le recordó a Hermione una idea que rondaba su cabeza desde hacía unos días.

No paraba de pensar en la persona que había muerto y había donado sus órganos, y que gracias a esa persona ahora ella estaba viva y sana. Quería realmente agradecerle de alguna manera, dirigirse a sus familiares, o algo por el estilo. Era una cuenta que siempre tendría pendiente. En realidad no lo había comentado con nadie, puesto que le dirían lo mismo que le dijo Draco cuando se lo insinuó: que era una locura y además ilegal. Sin embargo, una vez que a Hermione se le metía algo en la cabeza, siempre lo cumplía y era muy difícil cambiar eso.

Al final de la semana, Hermione se dirigió decidida hacia la consulta de su doctor.

Se saludaron efusivamente, pues después de lo sucedido ella y Draco se habían convertido en amigos, incluso había cenado en alguna ocasión con él y su esposa Pansy.

Procedieron a las pruebas, y una vez acabó el proceso, se sentaron al escritorio del doctor.

-Bueno Hermione, todo va muy bien. Me alegro mucho.

-Pues yo también-bromeó ella.

-Aún así recuerda tener cuidado en tu trabajo, no tener muchos sobresaltos por ahora, y cuidado con el ejercicio físico, debes ejercitarte pero sin pasarte…-un sonido del móvil le interrumpió-disculpa-añadió mientras descolgaba-¿Pansy? ¿Por qué me llamas en horario de trabajo? Ya te he dicho que… ¿¡Qué!? ¿¡Embarazada!?

Hermione, a su lado, alzó las cejas, sorprendida. Toda una noticia.

-Hermione, ¿me disculpas un momento?-se dirigió Draco hacia ella, tapando el altavoz del móvil y mirándola aún emocionado.

-¡Pues claro!-se rió Hermione.

El hombre salió apresuradamente del despacho, para poder disfrutar la noticia con su mujer. Una vez se cerró la puerta tras de él, Hermione se quedó sentada en su sitio, tensa y observando el informe que había sobre la mesa. Era su oportunidad, ahora o nunca.

Se abalanzó hacia la mesa y buscó la información. Al leer el nombre de su donante, le dio un vuelco el corazón. Ginevra Weasley, 23 años. Tan joven… sólo 1 año más joven que ella. Apuntó rápidamente la dirección así como otros datos, y volvió a su sitio. Poco después volvió Draco.

Juntos comentaron la noticia de Pansy, y Hermione disimuló su mala cara con una sonrisa. La información sobre su donante la había dejado trastornada, y empezaba a preguntarse si había sido buena idea.

Semanas después, tras sopesarlo varias veces, Hermione se decidió. Iría a conocer a la familia de Ginevra.

Era sábado por la mañana y aún sus compañeras no se habían despertado. Así era mejor, pues no tenía que dar explicaciones de a dónde iba.

La dirección que había tomado del informe de Draco la llevaban hacia una zona residencial a las afueras de Londres. Una vez dio con el lugar exacto comprobó que se trataba de una casa familiar, bastante vieja pero muy grande.

Dudó unos segundos en el coche antes de bajar, con las piernas temblando. Se acercó al porche del lugar y tocó al timbre. La puerta no tardó en abrirse.

Frente a ella se encontraba ahora una afable mujer regordeta y pelirroja, que secaba sus manos en un delantal de cuadros y la miraba expectante. Hermione se sintió caer el alma a los pies al comprobar que esa mujer debía ser la madre de Ginevra.

-Esto…-comenzó con nerviosismo-¿Esta es la residencia Weasley?

-La misma, ¿por?

-Verá, yo soy Hermione Granger, y… bueno… venía a hablar de un tema un poco delicado así que si pudiésemos sentarnos…

La mujer le miraba con extrañeza.

-Como comprenderá no voy a hacer pasar a una completa desconocida a mi casa.

Hermione asintió, comprendiendo.

-Es sobe Ginevra-dijo finalmente.

La cara de la mujer se desfiguró durante un momento, pero después la dejo pasar.

La dirigió hacia la cocina, donde preparó unas tilas. Hermione se lo agradeció, le harían falta.

-Yo soy Molly, querida, ¿de qué conocías a Ginevra?

-Bueno, yo en realidad no la conozco-la mujer volvió a mirarla con extrañeza-bueno, lo que quiero decir es que…-Hermione resopló-yo soy la chica que lleva el corazón de su hija, soy una de las receptoras de su donación de órganos.

La mujer se quedo paralizada durante algunos segundos.

-¿Pero cómo…?

-Sí, sí, sé que esto no debería pasar, que no deberíamos conocernos. Cogí el informe sin que mi doctor se diera cuenta, ya que deseaba conocerlos para darles las gracias y el pésame por su pérdida, siento que tengo una cuenta pendiente con ustedes y con Ginevra. Ahora, si quiere echarme de su casa, lo comprenderé perfectamente…

La mujer la observó en silencio.

-Ginny-acertó a decir.

-¿Qué?-preguntó Hermione, sin comprender.

-Ginny, ella prefería que la llamasen Ginny-dijo con lágrimas en los ojos.

Hermione se apenó tanto por aquella escena que abrazó a la mujer sin pensárselo 2 veces.

Después de eso, pasaron una tarde tranquila, bebiendo la tila y conociéndose. Molly era una mujer muy agradable y cariñosa, e hizo sentir a Hermione como en casa. Le contó muchas cosas de su hija, y Hermione pudo comprobar que fue una persona maravillosa. Después decidieron ir al cementerio para que la conociera.

Se montaron en el coche de Hermione y se dirigieron hacia el lugar.

La tumba de Ginny estaba decorada con unas flores muy bonitas y cuidadas, así como una foto de la susodicha, muy sonriente y rodeada por una gran melena pelirroja. Era muy guapa, y a Hermione le recordó vagamente a alguien, aunque no sabía a quién. Junto a la tumba de Ginny se encontraba la de Harry, su marido. Juntos habían muerto en un accidente de coche, y juntos los habían enterrado. Hacía sólo un año que estaban casados. Sólo al pensar en la historia, se le partía el corazón.

Arreglaron las tumbas con flores, y Hermione consoló en todo momento a la mujer. Después volvieron hacia la residencia Weasley, cuando ya casi anochecía.

-Me alegro mucho de que nos hayas buscado, Hermione. Es una de las cosas más bonitas que me podían pasar en este momento, conocer a la persona que sigue viva gracias a mi hija-dijo con la voz temblorosa.

Hermione volvió a abrazarla.

-Yo también me alegro. Es usted una mujer digna de admirar, y su hija era maravillosa. Me siento muy agradecida y muy orgullosa de llevar su corazón. Para lo que haga falta estaré aquí.

Ambas se miraron y se sonrieron, mientras se cogían de la mano.

-Querida, quédate a cenar hoy.

-No, yo no…

-Por favor, hoy vendrán mis hijos a cenar, y quiero que os conozcáis.

Hermione finalmente cedió, y acompañó a la mujer a la casa. Mientras preparaban la cena, la mujer le habló de su familia.

-Esta solía ser una casa con mucha vida, siempre los niños corriendo… ¡7 hijos, ni más ni menos!-ambas rieron-El mayor es Charlie, que es veterinario y vive en Rumania con su novia Mónica, luego está Bill que trabaja en un banco y vive junto con su esposa Fleur y su hija Victorie en Francia. El siguiente es Percy, que trabaja aquí junto con mi marido en el ayuntamiento. Él vive con su esposa Audrey y sus pequeñas Molly y Lucy, que son gemelas. Ahora sabrás que eso es algo bastante gracioso, ya que mis siguientes hijos, Fred y George también son gemelos. Dicen que esos genes suelen repetirse en la familia… George está casado con Katie, y Fred de novio con Angelina. Ellos trabajan aquí en Londres, en una tienda "Sortilegios Weasley" junto con…-pero la mujer no pudo terminar su frase ya que en ese momento aparecieron dos pequeñas idénticas que la abrazaban con entusiasmo.

-¡Abuela!

La mujer sonrió radiante y besó a las niñas. Hermione observó la escena con una patata mojada y medio a pelar en la mano, enternecida por la felicidad de aquella mujer con sus nietas. Al fondo de la sala se encontraban el que debía ser su marido, Arthur, y su hijo Percy y su esposa Audrey. Los tres miraban a Hermione con interrogación.

-Hola cariño-saludó Molly con un beso a su marido, y con un abrazo a su hijo y nuera. Las niñas pronto fueron a jugar a otra habitación.

-Familia, esta es Hermione, una buena amiga mía. Más adelante en la cena os presentaré su historia, cuando estemos todos-le mujer miró tiernamente a Hermione, y siguieron cocinando juntas.

-¿Quién falta, mamá?-preguntó Percy.

-Tus hermanos, que tienen que llegar de la tienda.

Percy asintió y se sentó en la mesa de la cocina junto con su padre y su mujer. Los tres comenzaron a hablar cosas sobre el ayuntamiento, y Hermione desconectó, sintiéndose un poco fuera de lugar a pesar de la cordialidad de Molly. La había llamado "buena amiga" y eso le hizo enternecerse.

A los pocos minutos aparecieron en escena más familiares, en esta ocasión los gemelos Fred y George.

-¡Hey, mamá!-saludó uno de ellos.

-¿Y vuestro hermano?

-Intentando aparcar el coche, no había mucho sitio debido a un coche desconocido que…-pero el chico dejó de hablar al fijarse en Hermione.

-¡En fin! La cena está lista, id poniendo la mesa. Ahora os presentaré debidamente a mi amiga.

Los gemelos asintieron y se pusieron manos a la obra. Finalmente todos se sentaron a la mesa, incluidas las pequeñas, y esperaron al hermano restante.

-Sólo falta Ronad, querida.-le tranquilizó Molly.

Al escuchar ese nombre, a Hermione le pareció divertida la coincidencia. Pocos días antes había pensado que el nombre de Ronald era muy poco usual, y ahora en menos de pocos meses iba a conocer a dos.

-¡Ah, mira! ¡Por ahí viene!-exclamó Molly, sacándola de sus pensamientos.

Hermione se giró hacia la puerta trasera de la cocina, que se habría para dar paso al último de los hermanos Weasley. Iba con la intención de presentarse cordialmente cuando se topó de lleno con aquella cara. No podía creérselo.

Ronald Weasley había resultado ser "Ron".