Disclaimer: Banana Fish pertenece a Akimi Yoshida.
Pairing: AshEi (Ash Lynx x Eiji Okumura).
Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ OoC ǀ Crack ǀ Drama ǀ Fluff ǀ Lenguaje vulgar ǀ Lime ǀ ShortFic ǀ Uso de sufijos japoneses.
N/A: Me siento emocionada escribiendo esta historia. Todo sea por un fandom más amplio en español.
Anteriormente…
Eiji Okumura, de diecinueve años, es envuelto por su mejor amigo Yut-Lung a asistir a un centro nocturno como su acompañante en una cita doble que concretó en un sitio web. Eiji, quien no está acostumbrado a esos lugares, acaba bebiendo de más y el alcohol le otorga la valentía suficiente para irse con un desconocido a su departamento. El resultado obtenido es despertar desnudo en la cama de un extraño, siendo evidente lo que sucedió. Asustado, prefiere evitar lo más posible la confrontación con dicho sujeto, resultándole más sencillo despedirse de aquel rubio de ojos verdes.
ǀ Because I'm Stupidǀ
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Capítulo 2: Tea
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—Ei-chan, por aquí.
Siguió a Ibe de cerca, afianzando a su vez el agarre con el que sostenía su maletín. Una vez que estuvieron a la par, el hombre le comentó por décimo cuarta vez de qué iba el trabajo para el que lo habían contratado; y Eiji, tan amable como siempre, de nueva cuenta escuchó toda la historia como si se tratara de la primera vez.
Shunichi Ibe era un fotógrafo reconocido y la persona que le ayudó a descubrir su vocación. Como mejor amigo de su fallecido padre fue invitado infinidad de veces a la casa de los Okumura, esa continua convivencia marcando a Eiji de por vida. Desde los primeros recuerdos que tenía con el hombre siempre iba incluida una cámara de por medio, y cuando Eiji tuvo la edad suficiente fue Ibe quien le regaló su primera kodak. Actualmente era su mentor, ayudándolo a sentar bases en el mundo de la fotografía a la vez que le proporcionaba un sueldo para que continuara haciendo su alcancía para ingresar a la universidad el año próximo.
Eiji se convirtió en su asistente, ayudando en el transporte y a armar las escenografías en caso de que se requirieran; una que otra vez también tomaba las fotografías. Sentía como si hiciera poco mas por el momento era suficiente. Sabía que Ibe verdaderamente ponía su fe en él así que cualquier trabajo que le pusiera, por más insignificante que pudiera parecer, lo haría con gusto.
Esta vez la agencia que requería de sus servicios quedaba ubicada en una zona céntrica, siendo el edificio más imponente de la manzana. A Eiji siempre le sorprendía lo soberbio que llegaba a ser el mundo del modelaje, no limitándose solo a las vestimentas de las personas sino además a todo lo que les rodeaba. Pasó saliva, tratando de no sentirse tan fuera de lugar en ese ambiente. Continuó tras Ibe en todo momento, desde que se registraron en la recepción hasta que los guiaron al foro donde la sesión sería realizada.
Apenas les dieron su espacio, entre los dos comenzaron a montar el escenario y a preparar la iluminación. Pocas veces hacían esfuerzos tan estrafalarios ya que normalmente Ibe aceptaba trabajos más referidos a la fotografía periodística que a la de farándula. No obstante, como fotógrafo freelance, había tiempos buenos y tiempos malos, y su actual situación lo llevaba a aceptar cualquier encargo; además el mismo Ibe llegó a mencionarle que, más que un trabajo, estaba devolviendo un favor.
Aunque Eiji iba más encaminado al apartado cultural, no por ello se quejaba. Cualquier experiencia que adquiriera era buena. Dicha filosofía la había aprendido luego de pasar por múltiples empleos; desde un supermercado, un callcenter, una cafetería, hasta llegar a ser el asistente de Ibe. Además, tampoco era como si ver a un montón de chicos bonitos modelando fuera una tortura, de hecho era todo lo contrario.
La sesión iba encaminada a una marca de ropa por catálogo para su temporada otoño-invierno, al menos algo así había entendido. Según palabras de Yut-Lung —experto conocedor en esos temas, al menos mucho más que él— era una marca exclusiva para varones. Eiji reconocía eso como un incentivo.
Les dio el tiempo de almorzar algo ligero antes de que la agente llegara. Esta se acercó primero a Ibe, saludándolo de manera muy efusiva, para luego dirigirse a él.
—Mi nombre es Jessica, un gusto —le saludó de igual manera, incluso besando su mejilla —. Nunca te había visto con Shunichi. ¿Tú eres...?
—Eiji Okumura, un placer conocerla.
—¡Que encantador niño!
—Tengo diecinueve —corrigió.
—¡¿En serio?! —replicó, sorprendida.
Que todos asumieran que era más joven era algo a lo que incluso Ibe ya se había acostumbrado.
Los modelos comenzaron a llegar luego de eso. Jessica se alejó de donde ellos para asistir a sus muchachos mientras Ibe y Eiji ajustaban los últimos detalles para dar inicio a la sesión; el último deleitándose la pupila de manera discreta.
Pronto la sesión dio comienzo. A pesar de su corta edad, los chicos parecían ser todos unos profesionales, al menos eso fue lo que pensó Eiji mientras los veía acatar al pie de la letra todas las peticiones de Ibe. No importaba si pedía que sonrieran más, que bajaran la cabeza o que cambiaran de perfil, esos muchachos obedecían sin rechistar. Todo iba tan bien que Ibe le dejó tomar algunas fotos, inclusive que decidiera el ángulo y la postura de un modelo en cuestión. Con ese simple hecho se sintió realizado.
Como los modelos necesitaban cambiar de vestuario tuvieron que parar un rato, tiempo que aprovecharon Ibe y él para descansar. Eiji vio por el rabillo del ojo a Jessica acercarse mas esta se detuvo a mitad de camino a contestar una llamada. Al terminar, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, se encaminó de nuevo a donde ellos.
—Mi estrella llegará aquí en nada —anunció, su expresión más fascinada que antes —. ¿Crees que puedas cambiar el fondo por algo más oscuro, Shunichi? Mi lince debe resaltar en todos los sentidos.
—No se preocupe, lo haré yo. —Eiji se ofreció.
Jessica le sonrió para luego volver a dejarlos. Eiji no perdió más tiempo y mientras Ibe volvía a ajustar su cámara, arrimó un banco para poder quitar la manta gris de la escenografía; después tomó de entre sus materiales un telón negro. Soltó un suspiro antes de subirse de nuevo al banco y rogó a todos sus dioses conocidos no caerse en su labor.
Minutos después volvió a escuchar detrás suyo la voz de Jessica. Debía darse prisa.
Cuando terminó de colocar el nuevo fondo sonrió para sí mismo.
—¡Listo, Ibe-san! —declaró en voz alta, girándose a donde el hombre.
Pero al cruzar la mirada con esa persona casi se cae del banco.
En medio de Jessica e Ibe se encontraba un muchacho que a todas luces gritaba ser ese modelo estrella del que la agente tanto fanfarroneaba. Cabello rubio, técnicamente dorado; piel blanca e inmaculada; alto, fornido, sus rasgos tallados por el mismo Miguel Ángel; y como cereza del pastel, dos bellos jades en lugar de ojos. Todo él en conjunto habría sido otro deleite para su vista sino fuera por el hecho de que esas características ya las había visto en otro hombre.
Ibe se acercó para ayudarlo a mantener el equilibrio e internamente Eiji agradeció ese gesto, de no haber sido por él se habría caído y dado todo un espectáculo. Luego de que le preguntara por su estado, ambos se dirigieron a donde los otros; Eiji también le agradeció que lo ayudara a espabilar, de otra manera se habría quedado parado como idiota contemplando a aquel adonis.
Conforme avanzaban sus pasos la imagen de ese chico se iba haciendo cada vez más nítida, disipando cualquier duda que Eiji aún pudiera tener. «Mierda, mierda, mierda» repetía en su mente. Era el mismo, no había duda alguna, ¡era él! El modelo estrella de esa campaña y el chico con el que se acostó hace tres meses eran la misma jodida persona.
¡¿Cómo se suponía que tenía que actuar?!
Una vez que estuvieron frente a frente, Jessica fue la encargada de presentarlos.
—Él es mi lince: Ash Lynx. —Eiji ni siquiera prestó atención al juego de palabras, sintiéndose mucho más torpe que otras veces en su vida —. Y este chico es el asistente de Shunichi…
—Eiji, ¿no es así? —interrumpió el adonis y el aludido casi se ahoga con su propia saliva.
¿Cómo mierda sabía su nombre? Estaba por hiperventilar. Aunque yéndose por lo más obvio, lo más seguro es que debió decírselo en algún momento de aquella noche. Tuvo una leve punzada de culpa ya que, para él, hasta ahora, el modelo había sido solamente el rubio al que se tiró.
—Sí, Eiji. Solo Eiji —trató de sonar natural. No iba a dejar que ese tipo lo metiera en una encrucijada, menos iba a levantar motivos para que Ibe le cuestionara después.
—¿Te pongo nervioso? —No obstante, al parecer no iba a dejársela fácil.
Mientras aquel le miraba de manera altanera Eiji no pudo más que pasar saliva otra vez. ¡Por supuesto que sí! Teniéndolo de frente y tan cerca, hablándole con ese tono de voz, imágenes de lo ocurrido esa vez se agolpaban en su mente una tras otra. Eiji se recordó a sí mismo bailando con él, yendo en su auto, llegando a su departamento, comiéndose a besos, follando en su cama… ¡Alto! Debía dejar de pensar. A ese paso lo único que iba a conseguir era una incómoda erección y que los colores se le subieran al rostro.
La sonrisa en el rostro del adonis era tan suave que apenas y la notaba. Cuando Eiji estaba a punto de replicar el comentario, Ibe decidió romper la atmosfera con el llamado de que ya debían retomar la sesión. Aquel tipo debió tomar aquello como una victoria. Asintió a la petición de Ibe y se encaminó junto a Jessica para buscar su vestuario. Eiji también se alejó de su mentor antes de que comenzara con sus cuestionamientos. No quería lidiar con ellos, al menos no por ahora.
Él y los otros modelos regresaron al set en pocos minutos. Durante esa segunda parte, Eiji trató de mantenerse alejado del bullicio. Se recargó en un muro cercano para observar con atención, tratando de enfocarse nada más que en el trabajo de Ibe. Uno a uno los modelos fueron pasando. Cuando fue el turno del adonis rubio, desvió la mirada; analizando su situación actual era mejor ignorarlo.
Pronto Jessica se le unió también; se colocó cerca suyo pero manteniendo una distancia prudente. Eiji tan solo esperaba que no fuera a preguntarle nada acerca de lo sucedido hace rato.
—¿Es guapo, no? —musitó Jessica a su lado, con la vista clavada en el modelo.
Eiji no supo qué contestar. Que era guapo era innegable pero tampoco quería parecer interesado.
Sin embargo, aun así…
—Disculpe, señora Jessica.
—Puedes decirme solo Jessica —pidió ella —. Mi esposo está muerto para mí la mayoría del tiempo así que es como si estuviera soltera.
Eiji no quiso indagar en eso, su curiosidad iba encaminada hacia otro punto.
—Jessica, entonces —sonrió. Pasó su mirada de ella al adonis rubio, deteniéndola en él —. ¿Cuál dijo que era su nombre?
De nueva cuenta apareció esa punzada de culpa la cual ahora se debía a que, cuando se lo presentaron, no volvió a prestar atención a su nombre. Era un completo desconsiderado tomando en cuenta que el modelo todavía recordaba el suyo.
—Ash Lynx —repitió ella —. Igual te suena de alguna revista.
En realidad era la primera vez en su vida que escuchaba ese nombre. Al juzgar por el supuesto apellido supuso que se trataba más bien de un alias artístico, aun así lo que más llamó su atención fue el nombre como tal. Ash. Ceniza. Corto y directo. A decir verdad iba con él, sin embargo, por alguna razón, aquel nombre y la imagen de ese chico no le terminaban de encajar.
—Entonces debe ser popular. —Fue lo primero que se le ocurrió decir.
—Lo es, por eso es una lástima que este trabajo sea temporal —soltó un suspiro cansino —. Solo modela para tener una entrada de dinero mientras termina la preparatoria.
—¡¿La preparatoria?! —repitió Eiji al borde del colapso, llamando la atención de todos los presentes.
Al destino le encantaba burlarse de él, ¡su suerte sí que podía empeorar! Ahora, para agravar todavía más la situación, el modelo resultó ser tan solo un estudiante de colegio. Joder, justo ahora podía imaginárselo perfectamente entre las aulas de clases y yendo a un McDonald´s luego de la jornada escolar.
Tomando en cuenta que él se había graduado hace dos años, de alguna manera ese detalle le hacía sentir como un corrompedor de menores aun y cuando Ash Lynx se viera mayor.
—Es tu caso a la inversa. Creo que tiene diecisiete. —Jessica rio.
Sí, todo iba de mal en peor.
La sesión terminó por transcurrir lenta. Entre querer evitar a Ash y ayudar a Ibe quedó exhausto; el ambiente siendo más desgastante que todo en sí.
Al final, antes de irse, Ash se despidió de todos. Llamó «vieja» a Jessica, le dio un apretón de manos a Ibe, gestos de palma a sus colegas y únicamente a Eiji le guiñó un ojo.
Eiji esperaba que nadie lo hubiese notado.
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El trayecto en el auto de Ibe fue silencioso hasta que...
—Entonces… ¿te gustó Ash?
Eiji tosió del nerviosismo.
—¿Ehhh? ¡Por supuesto que no!
—Es que parecía como si se hubiesen estado coqueteando. Aunque, bueno, tampoco conozco esa faceta tuya.
La situación no podía ser más vergonzosa. Eiji deseó que se lo tragara la tierra, el mar o por lo menos el concreto de las calles de Nueva York.
—No fue así, Ibe-san —trató de justificarse.
—¡Pero que no te de pena, Ei-chan! Mira, yo que ya soy mayor y que tengo muy en claro que me gustan las mujeres, tampoco es como si fuera ciego como para no darme cuenta de lo guapo que ese chico es. Así que, si te gustó, no tiene nada de malo. Aunque siempre pensé que tu «tipo» era otro.
No contestó nada a ello, principalmente por la vergüenza y también porque supuso que ese era el intento de Ibe por reconfortarlo; aunado a ello tampoco deseaba hacer el asunto más grande de lo que debía de ser.
Lo que ahora necesitaba era desahogarse y solo existía una persona en el mundo con la que podía hacerlo.
—Ibe-san, bájeme en la siguiente calle.
—¿Qué no me habías dicho que debías regresar lo más pronto posible a casa?
—Solo iré a ver a Yut un rato nada más. Yo llamo a mi madre, no se preocupe.
Sí, su mejor amigo era a quien necesitaba.
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Si tuviera que describir a su mejor amigo en pocas palabras, utilizaría la bien conocida frase de «lobo con piel de oveja». A pesar de ser mayor que él por poco menos de dos años, Yut-Lung lo superaba con creces en astucia e ingenio... y dinero. Los Lee se pudrían en riqueza.
Yut todavía no era independiente pero pasaba la mayor parte del tiempo solo en su lujosa residencia. Eiji sabía que no habría problema alguno si llegaba sofocado y gritando su nombre a los cuatro vientos. Tan solo se contuvo en el lapso en el que el ama de llaves lo recibió y guio hacia el jardín donde Yut se encontraba. No obstante, en cuanto estuvo frente a su mejor amigo, no pudo contenerse más.
El más joven se quedó mirándolo con una ceja alzada sin entender ni una sola frase. Acarició su largo cabello, esperando calma por parte del otro. Comenzó a irritarse cuando vio que esperar no lo llevaría a ningún lado.
—Eiji, maldita sea, no te entiendo. ¿Qué pasó?
—Es que… es que… yo no lo planeé y… y…
—No me digas que volviste con el estúpido de mi hermano.
—¡No!
—¿Entonces?
—¡Por Kami! —gritó, exasperado —¡El chico con el que me acosté aquella noche es el modelo estrella de la campaña en la que Ibe-san está trabajando!
Al ver que al menos ya habían llegado a un punto, Yut lo invitó a sentarse e incluso le ofreció un poco de té.
—Dale un sorbo y cuéntame con calma.
Eiji bebió la tila de golpe.
—Es modelo y tiene diecisiete años, ¡solo diecisiete años! ¡Tiene tu edad! ¿No será compañero tuyo, acaso? ¡¿Seguro que no lo conoces?!
—Ya te lo había dicho. Tomando en cuenta tu descripción, no lo habría dejado vivo de conocerlo.
Eiji tan solo arrimó la taza de té para que Yut volviera a llenarla. Volvió a terminársela en un santiamén.
—Todo es culpa de él. ¿Qué tenía que estar haciendo allí? ¡Es un niño! —Eiji continuó con su monólogo. Yut rodó los ojos.
—Y tú muy adulto.
—Debe ser igual de precoz que tú —espetó.
—Oye, sé que sigues molesto por lo de esa vez, pero lo que pasó no fue mi culpa. Quien se embriagó fuiste tú.
—Lo que pasa es que también me debes estar pegando tus mañas. Yo jamás fui de irme con alguien que apenas y conocí.
—Si lo dices por las citas por internet…
—Tú también tienes la culpa, sabes. ¿Cómo pudiste confiar en alguien cuyo seudónimo es «Blanca»?
—¿Eso que tiene qué ver?
Eiji en ese estado no iba a llevar la conversación a ninguna parte. Yut-Lung soltó un suspiro; volvió a acomodar su cabello y le sirvió más té al otro.
—Sé que estás ansioso y por eso voy a ignorar todas las cosas malas que dijiste sobre mi persona. Código de mejores amigos, si quieres llamarlo así. —Se hizo el digno, papel que le salía de manera espectacular —. Ahora, Wang-Lung está por llegar y no quiero que escuche tus lamentos de dama recién desvirgada. Salgamos y así también te despejas con el aire fresco.
Eiji no pudo negarse. Yut siempre sabía cómo mantener controlada la situación.
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Como Eiji era el del problema, Yut decidió que visitaran su cafetería predilecta. Luego de pedir un vaso de té helado y agua mineral respectivamente, Eiji volvió a contarle la historia con mucha más calma.
—Siempre te lo he dicho: los amoríos de una noche jamás quedan solo en eso —concluyó Yut-Lung luego de que Eiji terminara su relato.
Su dictamen no lo tranquilizó en nada.
Eiji tenía en claro que, en efecto, cometió un error, pero así como el mismo Yut-Lung infinidad de veces, supuso que de igual manera podría continuar con su vida como si nada.
Después de que su amigo lo acompañase al médico para descartar cualquier enfermedad venérea, decidió que cerraría dicho capítulo y continuaría con sus planes. Jamás se imaginó que llegaría el momento en que tendría que afrontar la realidad y que el tipo de aquella apasionada noche regresaría para recibir un nombre, un apellido e incluso hasta una profesión.
—¿Y tendrás que seguir viéndolo? —cuestionó Yut luego de darle un sorbo a su agua.
—No lo sé realmente. Ibe-san no me ha contado sobre si tendrá más trabajos con esa agencia.
—Igual no debes ponerte tan paranoico. Tal vez es solo cosa de esa vez y ya —trató de relajarlo, quizá solo estaban armando una tormenta en un vaso de agua —. Pienso que ya sería demasiada coincidencia que lo vieras de nuevo.
—Tal vez.
Revolvió el interior del vaso con la pajilla, meditando las palabras. Sí, la paranoia había podido con él y no estaba siendo racional. Lo más seguro es que Yut tuviera razón y ya no volviera a verlo luego del encuentro de hace un par de horas. Vamos, Ash Lynx era solo un adolescente de preparatoria el cual vivía en una atmósfera muy diferente a la suya.
Mientras trataba de convencerse de su propia conclusión, observó cómo el seño de Yut iba frunciéndose de a poco. Escuchó la campanilla que alertaba la llegada de un nuevo cliente y supuso que aquella persona no debía ser del agrado de su amigo.
—¿Quién es? —cuestionó en voz baja a la vez que se volteaba para verificar.
En efecto, no cabía duda: su suerte era cada vez peor y las coincidencias sí podían romper sus propios límites. De pie cerca del umbral se encontraba el mismísimo Ash Lynx, acompañado de un chico con una extravagante cresta púrpura.
Eiji quiso pasar desapercibido, volteándose para encarar a Yut-Lung de nuevo. No obstante, Ash pareció haberse percatado de su presencia ya que escuchó sus pasos acercándose. Mierda, mierda y mierda otra vez. Era normal haberlo visto una vez, pero dos veces en el mismo día y con tan poca diferencia era demasiada casualidad.
Se encogió en su asiento y contó mentalmente hasta diez en un intento para tratar de calmarse, no obstante, una nueva sorpresa recayó sobre sí al momento en que fue Yut quien se paró de la silla para encararlo.
—¿Acaso ahora me espías, Ash? —soltó en ese tono altanero que Eiji le conocía muy bien; ese tono de voz mezclado con falsa cortesía con el que denotaba superioridad.
Ash Lynx tan solo le sonrió en respuesta; Eiji identificando la altivez en su gesto.
—Podría decir lo mismo, ¿no lo crees?
Todo el nerviosismo de Eiji desapareció en segundos. Se giró hacia el acompañante de Ash buscando alguna respuesta, mas este solo se encogió de hombros.
Ahora entendía menos que nada.
—¿No me dijiste que no lo conocías, Yut?
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Espero que les haya gustado, nos leemos en el siguiente capítulo.
Trataré de actualizar al menos dos veces por mes, una a mediados y otra a finales justo como ahora en septiembre :3
¡Gracias por leer!
