Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 2
Su mente repasaba su nueva misión, una y otra vez. Ya había realizado trabajos similares, seducir a diplomáticos, hombres de negocios, militares de alto rango, entre otros. Para al final hacer lo mismo, eliminarlos rápida y sigilosamente, sin dejar huella ni ninguna otra pista. Su verdadero nombre es un secreto de estado, oficialmente ella no existe, y su gobierno negará toda evidencia de su existencia.
El lápiz labial se deslizó por sus labios, llenándolos de su tinte. Amadeus, así es como la llaman sus superiores, desde el momento que pasó de ser una niña normal, a ser lo es. El delineador decoró sus ojos, sus cabellos eran peinados con delicadeza. Podrá ser una mujer peligrosa, pero eso no le niega el derecho de verse bien.
El encrespador alineaba sus pestañas, su rostro cubierto con maquillaje la hacía verse hermosa. Confiaba que su objetivo fuera como sus víctimas anteriores, los cuales siempre caían embobados por su imagen, para al final pagar el precio con su propia vida. Ella era un fruto delicioso, sabroso en toda la extensión de la palabra, pero era un fruto prohibido.
Sus órdenes eran concisas y directas, averiguar cuánto saben de la operación secreta que realiza La Federación Revolucionaria del Este, para luego eliminar al embajador sin que Los Territorios Aliados del Oeste sepan qué le pasó. El Comandante Red, le autorizó a usar cualquier táctica con el joven diplomático, al igual que en sus misiones anteriores si tenía que sostener relaciones sexuales con él, podía hacerlo, todo con el fin de conseguir toda la información que pueda de él. Además no sería la primera vez que llega a tales extremos, con algunos de sus objetivos anteriores tuvo que hacerlo para cumplir con su misión.
Una delgada pero afilada daga, permanecía oculta dentro de su ropa. Con su vestido listo, y con su maquillaje terminado, sus pies se introdujeron en sus zapatos de tacón mientras que el perfume, la impregnaba con su fragancia. Un revólver calibre nueve milímetros, permanecía cargado y listo en su bolso, además de tener instalado un silenciador.
Amadeus salió de la habitación de hotel donde se hospedaba, a causa de las muertes que ella ha provocado se ha conseguido enemigos, que en un par de ocasiones la han intentado matar, pero hasta ahora ha salido airosa. Al abrir la puerta, se encontró con un soldado de la armada, quien la llevaría hasta la locación donde comenzaría su misión.
Al bajar al lobby del hotel de cinco estrellas donde se hospeda, vio a una niña caminar tomada de la mano de su madre, Amadeus las siguió con la mirada, hasta verlas subir en un elevador. Si su madre la viera ahora, si supiera lo que ha hecho, tal vez sentiría vergüenza por su hija. Al salir completamente del hotel, una limusina aguardaba por ella.
Mientras viajaba, repasaba los documentos con la información que se le entregó. Son Gohan, ese era el nombre de su próximo objetivo. Una serie de fotografías, ilustraban el informe sobre él. Amadeus abrió el mini bar de la limusina, antes de comenzar quería entrar en calor. Una copa fue llenada con vodka, y su garganta sintió el calor de la bebida mientras descendía dentro de ella. El vehículo se detuvo, era el momento en que Amadeus comenzaba con lo suyo. Se había planeado que llegara con un pequeño retraso, sólo para complementar la actuación a la hora de presentarla con el embajador, además que sería la supuesta sobrina del Comandante Red.
– Disculpen la demora, pero el tránsito es terrible a estas horas–pronunció al estar cerca de los hombres, Black suspiró aliviado al verla, Red sólo miró con lujuria a la chica, a él le encantaría tener unos años menos y ser un poco más alto.
– Tranquila sobrina, aún no ha empezado lo más importante–dice el hombre con parche en el ojo–permítame presentarle a mi sobrina señor embajador, su nombre es Amadeus.
Tal como la agente lo pensó previamente, el hombre se quedó mudo al ver su cuerpo. Ella teniendo experiencia de sobra con hombres, vio divertida como los ojos del joven durante un segundo, bajaron a la altura de sus senos, sólo para mirarla a la cara más tarde. Ella extendió su mano hacia el hombre, el cual la tomó algo dudoso.
– Es un gusto conocerla señorita, mi nombre es Son Gohan–expresó el embajador.
– El gusto es mío–respondió la ojiazul.
– Comandante Red, no sabía que tuviera familia mucho menos una sobrina–alegó Gohan.
– Como usted comprenderá señor embajador, por motivos de seguridad debo proteger mi integridad al igual que la de mi familia–respondió Red.
– ¿Por qué tanta protección?... ¿acaso ha pasado algo que ponga en peligro su vida? –consulta.
– Bueno al ser una figura pública, además de ser la cabeza de una nación siempre aparecerán sabandijas, dispuestas a ganar algo valiéndose del poder de otros–alega.
– ¿Alguna de esas sabandijas como usted las llama, han intentado algo contra usted?
– Una sabandija que trabajaba para mí, intentó hacer algo pero por motivos desconocidos desapareció sin dejar pista alguna–al escuchar eso, Amadeus sonrió sabiendo de qué hablaba.
– ¿Me equivoco si adivino que esa persona era el General Blue?
– El General Blue fue un miembro importante de nuestras fuerzas armadas, lastimosamente comenzó a tener ideas que no son compatibles con la forma de nuestra nación, su misteriosa desaparición incluso me tomó por sorpresa, se realizó una investigación para dar con él pero esta no dio resultados–contestó el dignatario– ¿pero cómo supo usted de la desaparición del General Blue?
– Varios rumores llegaron a mis odios, y bueno siendo un militar tan conocido era obvio que cualquier cosa sobre él, se supiera–respondió Gohan, hace varios meses Los Territorios Aliados del Oeste, se enteraron de lo sucedido gracias al espionaje sobre su vecina nación, claro que ellos lo negarían.
– Yo llegué a conocerlo un poco–la mujer expresó–aunque no nos conocimos muy a fondo–ella le dio una mirada con complicidad a su supuesto tío, él sólo sonrió ante la mirada que le daba su aparente sobrina.
Gohan asintió al escucharla.
– Tal vez nos hubiéramos conocido mejor–dijo al recordar algo del pasado.
La puerta de la habitación se abrió de una patada, dos figuras forcejeaban, luchaban con sus brazos pero sobre todo, con sus bocas unidas. El olor a alcohol era fuerte entre ellos, aún más en el hombre de corto cabello rubio. La pelinegra sin dejar de besarlo, lo encamina hacia el borde de la cama.
Ella se separó de él para empujarlo para que cayera sobre el colchón, luego caminó hacia la puerta cerrándola con llave. Ella le regaló una mirada de fingida necesidad, una necesidad que sólo un hombre podría llenar. Parada frente a la cama, lentamente comenzó a soltar las amarras de su vestido rojo.
El General Blue le sonrió mientras soltaba su corbata, y después el cinturón de su pantalón. El vestido cayó revelando la parte superior de su cuerpo, ella no usaba sostén. Sus redondos y suaves senos, quedaron al descubierto. Blue miró fijamente a la joven mujer frente a él, que él sea varios años mayor que ella no le disminuía las ganas de estar con una mujer.
Vio complacido como la mujer se terminaba de desnudar frente a él, quedando libre de toda cadena. Al caminar los dedos de sus pies se hundían en la suave alfombra del suelo, y gateó sobre él al estar en la cama. No tardaron mucho en besarse de nuevo, ella le quitó uno a uno los botones de su camisa.
Sus pantalones cayeron hasta sus talones, las sábanas pronto los cubrió a ambos. En el fondo ella sentía muchísimo asco, él estaba completamente ebrio y su boca tenía el sabor del alcohol. Pero después de todo esa era su misión, y la cumpliría. Hicieron el amor toda la noche, aunque ella fingió la mayoría del tiempo, sin duda el General no era un experto con las damas.
Desnudos y bañados en sudor, ella reposaba sobre el pecho de él. Cuando prosiguió con su trabajo, tal como Red se lo ordenó.
– Me prometiste contarme tus planes, se un buen chico y dímelos–ella acerca su boca al oído de Blue–si lo haces tal vez juguemos de nuevo–Amadeus le susurró antes de morderle el lóbulo de su oreja.
– Eres una mujer hermosa y persistente–le respondió mientras le acariciaba el rostro–pero sobre todo insaciable…me encantan las mujeres como tú.
Él delineaba la cara de ella con su dedo índice, cuando Amadeus lo tomó con su boca antes de besarlo de nuevo. Todo sea en nombre de su misión.
– Ese patán y egocéntrico de Red, está llevando a esta gran nación al abismo–dijo soberbiamente–nadie parece querer hacer algo para detenerlo, pero yo sí, nuestros viejos rivales de Los Territorios Aliados del Oeste, poco a poco comienzan a superarnos en tecnología militar, y eso es inadmisible.
– ¿Qué piensas hacer al respecto? –le preguntó, mientras se acurrucaba más en el pecho desnudo del hombre.
– Un grupo de mis soldados más leales, está preparando una operación de intervención–respondió–entrarán en la casa de Red para eliminarlo, cuando esté muerto yo tomaré el poder de forma inmediata…y ahora que lo pienso, necesito una primera dama, y creo que encontré a la ideal.
Amadeus lo miró complacida, ya sabía mucho pero necesitaba más.
– ¿Cómo se llaman tus colaboradores?...me gustaría conocerlos–dijo rodando sobre él para mirarlo directo a la cara.
– Eres una chica curiosa, no tenemos ni veinticuatro horas de conocernos y ya quieres que te diga todo de mí, debes llevar las cosas con calma querida–afirmó el General Blue.
Y eso era cierto, él estaba en un hotel alejado de la capital de la nación planeando su traición. Cuando fue al bar a tomar algo, sentado en la barra bebió solo pero no por mucho tiempo. Vio como una mujer joven con un vestido rojo caminó hacia él, los tacones de sus sandalias golpeaban con fuerza el piso.
Ella se sentó a su lado, piándole fuego para su cigarrillo. Blue sacó un encendedor, y le encendió el cigarro. La misteriosa mujer aspiró un poco del cigarrillo, y después escupió con suavidad el humo en la cara de Blue. A él no le pareció molesto, todo lo contrario, eso lo hizo querer conocerla más. Ella le dijo que le encantaban los hombres vestidos con uniforme, y mucho más si son militares.
Blue la invitó a beber, y se conocieron mejor. Él no sospechaba que ella lo conocía todo sobre él, pero sólo fingía desconocerlo. Tomaron de todo un poco, y cuando menos lo notaron. Ya se estaban besando apasionadamente en el elevador, con destino la habitación de él para pasar la noche juntos. Minutos antes él alardeó sobre tener grandes planes para el país, y así se fueron al cuarto del hotel instantes luego.
– Sabes, me gustaría que tú–ella lo silenció con un dedo, mientras se levantaba de la cama–si no te molesta, desearía tomar una ducha el calor me está matando, y si quieres puedes acompañarme.
Amadeus caminó hacia su ropa tirada en el suelo, y tomó su bolso. Y se metió al baño cerrando la puerta parcialmente, Blue aceptó la invitación y desnudo salió de la cama caminando hacia el baño. Cuando abrió la puerta, una ráfaga le atravesó el pecho. El impacto lo empujó hacia el suelo, muy herido pero con vida miró hacia adelante.
Amadeus aún desnuda, le apuntaba con una pistola. El humo salía por el silenciador, y ella se le fue aproximando cada vez más. Su propia sangre lo ahogaba, y él la escupía repetidamente.
– Tus supuestos hombres leales, no lo son tanto–le dijo la mujer–uno de ellos le contó todo a Red, y él estaba furioso así que me envió por ti, ya sabes con que intenciones.
Blue intentó hablar, pero su sangre no lo dejaba.
– Deberías lavarte la boca más a menudo, tu aliento es asqueroso–ella disparó otras dos veces, el silenciador hizo su trabajo y en completo silencio lo eliminó.
Con Blue muerto, ella usó su teléfono celular para llamar a Red.
– Está hecho, el objetivo fue eliminado…sólo falta que se deshagan del cuerpo.
– Buen trabajo Amadeus, de eso me encargo yo, puedes irte a donde quieras hasta nuevo aviso–le dijo Red antes de colgar.
Amadeus vio el cadáver, y al recordar la noche que pasó con él, el asco la invadió, tenía ganas de vomitar. La mujer se tomó una pastilla anticonceptiva, no quería quedar embarazada de alguien tan asqueroso. Se dio una buena ducha, y mientras se fumaba otro cigarro abandonó la habitación.
– ¿Qué te sucede sobrina? –le preguntó Red.
– Nada tío, sólo recordaba algo sin importancia–ella le respondió.
– Bueno, acompáñenos señor embajador, la cena ya está servida en la mesa.
– Gracias, además así podremos tratar algunos temas que interesan a mi gobierno.
– Claro, ya hablaremos sobre mucho–le dijo al darle la espalda.
Mientras se alejaban, Red pensó algo malhumorado.
"Creo que me caía mejor el embajador Krilin, por lo menos él era de mi misma estatura, pero este cuatro ojos es un gigante a mi lado"–meditó molesto, cómo odiaba ser tan pequeño.
Volando a una enorme altura, un avión espía fotografiaba a las tropas de La Federación en tierra. El avión pertenecía a la Fuerza Aérea de Los Territorios Aliados del Oeste, al ser un avión de alta altitud estaba equipado con cámaras fotográficas. Sin embargo no poseía ningún tipo de armamento ofensivo, estaba completamente desarmado.
Volaba a esa altura, para evadir las ondas del radar. El avión espía, fotografió la gran cantidad de efectivos militares cerca de la frontera. Estaban instalando muchas estaciones de misiles tierra-aire, entre otros campamentos. La gran cantidad de misiles balísticos, hacía sospechar a los pilotos que las cabezas de esos misiles no eran convencionales, podrían ser armas de destrucción masiva.
Usando cámaras de infrarrojo, vio la gran cantidad de soldados ubicados en la zona. El avión vio su misión terminada, y así giró de regreso a su país, esperando regresar a salvo. Sin embargo al girar, bajó levemente su altitud. Y sin que lo supieran, fue detectado por el radar de las tropas en tierra, alertándolos sobre su presencia.
– Coronel Tao Pai Pai–el encargado del radar, le da un saludo militar al recién llegado.
– ¿Qué es todo ese escándalo? –preguntó el hombre al mando de la operación.
– Señor, el radar ha detectado un avión sobrevolando sobre nosotros, y no es de los nuestros–respondió señalando la pantalla del radar–será mejor notificar al Comandante Red y…
– ¡No!...no es necesario molestar al Comandante–le afirma–nosotros podemos arreglar este asunto, ordene que disparen misiles tierra-aire de inmediato, derriben ese maldito avión ahora.
– Sí señor.
Varias unidades de lanzamisiles, se prepararon lanzando dos misiles guiados por calor. Las alarmas comenzaron a sonar en la cabina del avión, los pilotos buscaban desesperados a los misiles pero no los veían, pero sabían que iban por ellos. El piloto subió mientras su copiloto, buscaba a las amenazas.
Pronto vio la estela del misil, aunque era de noche…era como ver la luz de un cigarro serpenteando en el cielo. El copiloto alertó a sus superiores por medio de la radio, al mismo tiempo el piloto disparaba bengalas con la idea de engañar al misil, estaban en las líneas enemigas y cerca de cruzar la frontera.
El segundo misil se unió al primero, las bengalas no funcionaron. Si no hacían algo, los iban a derribar. El piloto soltó el tanque de combustible externo hacia el suelo, al chocar éste generó una explosión que atrajo la atención de uno de los misiles, impactando en el piso. Pero el segundo, no cayó en la treta…y siguió pisándoles los talones.
La aeronave militar se ladeó, pero el misil se les acercaba. El copiloto lo perdió de vista, pero cuando lo vio fue muy tarde. El misil salió de la nada e impactó de lleno en el costado derecho del avión, la explosión destruyó el fuselaje de la nave partiéndola a la mitad. Los pilotos intentaron eyectarse, pero el sistema falló y ambos murieron al chocar contra el suelo.
Tao Pai Pai sonrió satisfecho al ver la explosión en el cielo, por el momento ya no había más moscas molestando sus instalaciones.
Un trío de hombres uniformados, caminaban en casi perfecta sincronía. El primero solicitó permiso para entrar, desde el interior la voz de la presidenta se lo permitió. La presidenta al ver la presencia de los militares, sospechó que no le traían buenas noticias. Fastidiada les ordenó que dijeran el motivo que los trae, y así lo hicieron.
– Señora presidenta–comenzó a decir el militar–hace aproximadamente veinte minutos, perdimos contacto con uno de nuestros aviones espías, que patrullan la frontera…según la última transmisión recibida, fueron atacados por el ejército de La Federación, y sospechamos que han sido derribados.
– ¿Saben algo acerca de los pilotos? –preguntó la mujer de pelo azul.
– Nada señora presidenta, suponemos que han muerto–le informa.
– ¿Cómo puede estar tan seguro?...ellos pudieron haberse eyectado de la cabina.
– Por eso mismo señora presidenta, cuando un piloto se eyecta la silla eyectora envía una señal, pero esta no ha sido detectada, por lo que creemos que fallecieron.
– Ya veo, suspenda cualquier otro sobrevuelo en la zona, nuestro nuevo embajador está ahora con el Comandante Red, no quiero que él mal interprete lo que pasó, y le cause algún daño a Gohan–les ordenó.
– Como usted diga, señora presidenta–los oficiales salieron de su oficina, la situación ya tuvo su primer momento violento.
Los comensales ya habían tomado su lugar en la mesa, cada uno con sus respectivos cubiertos en sus manos, degustaron de la cena. Los empleados de la embajada de Los Territorios Aliados del Oeste, estaban a la derecha, y al lado opuesto sus anfitriones. Nadie decía nada, hasta que un hombre se le acercó al Comandante Red susurrándole algo al oído.
Gohan tragó el contenido de su boca, mientras veía al Comandante ser informado sobre algo. El embajador notó como Red se sobresaltó, y reaccionó de manera extraña. Red parecía estar molesto al principio, pero sonrió triunfante después.
Pero el embajador sintió como si alguien lo mirara, disimuladamente mientras tomaba otra copa, vio a la sobrina de Red mirarlo fijamente, era como cuando un depredador vigila a su presa. Amadeus literalmente lo devoraba, ella seguía por enésima vez sus tácticas de presión. Primero intenta entablar una comunicación no verbal con su objetivo, para que este se sintiera atraído hacia ella, en sus misiones anteriores le funcionó, pero a este individuo parece que no le interesara.
A Gohan le parecía extraña la sobrina de Red, él desde antes de venir a este país, había estudiado a Red. Y nunca en todos los informes que había leído sobre él, se mencionaba algo sobre una sobrina. Además Red y la susodicha sobrina, no se parecen en nada. Él era bajito y pelirrojo, y ella era ligeramente más alta y pelinegra. Algo no calzaba aquí, pero no entendía del todo qué era.
Cuando la comida fue consumida por completo, el Comandante Red le pidió al embajador que por favor lo acompañara a su oficina, Gohan por fin tendría la oportunidad de hablar sobre los temas que lo han traído, pero al parecer Red quería hablarle sobre otros temas.
– ¿Por qué su gobierno se ha dedicado a irrespetarnos? –le pregunta Red.
– Perdone pero no le comprendo–respondió el diplomático.
– Su gobierno viola las fronteras, sus aviones irrespetan nuestro espacio aéreo y eso es una ofensa hacia nuestra soberanía–alegó el pelirrojo.
– Eso no es cierto–contestó.
– No crea que soy tonto señor embajador, hace pocos minutos se me informó sobre que un avión de su fuerza aérea, penetró ilegalmente nuestro espacio aéreo, el cual al no solicitar permiso para ingresar fue considerado una amenaza para nuestra nación, por lo tanto fue derribado–expresó el Comandante.
Gohan guardó silencio por un momento, el tonto secretario de defensa Vegeta y sus vuelos de reconocimiento, están poniendo en riesgo su trabajo aquí. Conociendo a Vegeta cuando sepa que una de sus aeronaves fue destruida, de inmediato tomará la acción como una declaración de guerra, trayendo abajo sus negociaciones.
– ¿Por qué no dice algo, señor embajador?... ¿acaso pensaba que no sabríamos nada sobre sus intentos de espionaje?
– Debo admitir que se me había informado sobre dichos vuelos–reconoció pero rápidamente añadió–pero yo no los autoricé, ni tampoco los comparto, pero todo tiene relación con el tema que me ha traído aquí.
Red lo escuchó.
– A mi gobierno le preocupa la masiva movilización de tropas hacia la frontera, nos resulta incómodo que una gran cantidad de tropas y demás vehículos armados, se encuentren a pocos metros de nuestro territorio–explica el diplomático–la población civil aún no está enterada sobre esto, por el motivo de evitar el pánico generalizado.
– Como le dije una vez a su predecesor, el embajador Krilin, simplemente estamos mejorando la seguridad de nuestra nación, lo cual no debe ser motivo de preocupación para su gobierno–le contestó secamente.
– Tanto a la presidenta Briefs como a mí, nos gustaría saber exactamente qué amenaza la integridad de su país, como para enviar todo un destacamento armado a nuestra frontera común–dijo Gohan, explicándole la postura de su gobierno.
– Me temo señor embajador, que ese tema es demasiado importante como para revelárselo a una potencia extranjera, por lo que no le diré nada al respecto–respondió apresuradamente.
– No veo porqué tanto hermetismo, si se trata de algún enemigo u opositor a su gestión, estoy seguro que nosotros podremos ayudarlo en lo que requiera–intentó persuadirlo para conseguir más información.
– Agradezco su interés, pero nosotros por nuestra cuenta somos capaces de resolver este asunto…y le repito que las tropas de La Federación, en ningún momento intentarán cruzar la frontera.
– ¿Tengo su palabra de que será así? –le preguntó no muy convencido.
– Puede confiar en ello–respondió sonriente.
– Me sigue preocupando el problema del avión destruido, nadie mejor que usted sabe que dicha acción puede considerarse como una provocación de guerra, la palabra guerra no me gusta pero...
– Ustedes son los responsables de eso–lo interrumpió–fueron ustedes los que violaron el espacio aéreo, la culpa de la muerte de los ocupantes de dicha nave son ustedes, nosotros sólo nos defendimos de un invasor en nuestro territorio, agradezca de que no tomamos medidas más graves como invadir su país.
– ¿Por qué, acaso ha pensado en hacerlo? –Gohan sugirió directamente, a lo que Red no respondió.
A Gohan le hubiera gustado hablar más con él, pero el Comandante dio por terminada la velada. Parece que las negociaciones, serán para después.
Un Gohan desanimado entró en su oficina, todo su personal junto con él había regresado a su embajada. Su primera conversación no fue como esperaba, consiguió muy poca información de las verdaderas intenciones de La Federación. Nada salió como lo deseaba, sin embargo continúa intrigado por la supuesta mejora en la seguridad en la frontera, como argumentó el Comandante Red.
Además que aún se debe discutir sobre el derribo de un avión, principalmente por la muerte de los pilotos, lo cual no ha sido mencionado del todo. El hombre golpeó el escritorio frente a él, dos personas habían muerto durante su primera reunión como diplomático. Aunque no es su culpa, siente que esto sólo acarreará más complicaciones.
La falsa sonrisa de Red, le hace dudar sobre sus palabras. Tal vez lo mejor sería hablar de inmediato con la presidenta Briefs, e informarle cómo van las cosas aquí. Y así le pediría el pequeño favor de investigar algo, como por ejemplo la misteriosa sobrina de Red. La llamada Amadeus.
– ¿Han encontrado los restos de la nave? –Preguntó por teléfono un hombre alto y negro–debemos saber si fotografiaron algo que nos comprometa.
El pelirrojo de baja estatura escucha impaciente, mientras fumaba un habano.
– Pues sigan buscando–dijo Black.
– Pásame el teléfono–lo interrumpió Red.
Black de inmediato acató la orden.
– Escúcheme bien Coronel Tao Pai Pai, será mejor que no llame más la atención de nuestros curiosos y temerosos vecinos, aún no estamos del todo listos para atacar–el Coronel le respondió con un sí–y otra cosa más, la próxima vez que tome una decisión sin consultarme o informarme primero, puede considerarse muerto…¿entiende?
– Sí señor–la llamada terminó.
– Creo que estamos esperando demasiado, nuestras tropas están listas…además tenemos instalado el equipo para neutralizar sus comunicaciones, si lo ordenamos ahora la invasión puede comenzar–alegó un impaciente Black.
– Primero veamos qué saben nuestros vecinos–dice el líder.
– ¡Pero para qué! –gritó–ahora es el momento, tomémoslos desprevenidos es nuestra oportunidad para…
– ¡Dije que aún no! –vociferó aún más fuerte–no sabemos que les ha dicho el embajador al respecto, puede que nos estén esperando.
– ¡Pero…pero…pero!
– No comas ansias Black, sólo espera un poco–la mujer de ojos azules le dijo, después de soplar el humo de su cigarro–te comportas como un niño–se rió un poco mientras cruzaba sus piernas.
– La famosa Amadeus, a pesar de ser muy hermosa hoy demostraste que tus encantos no sirven–respondió el hombre negro.
– ¿Qué dices? –preguntó molesta.
– Hoy, el embajador sólo te miró una vez cuando te le presentaste, después de eso ni te volvió a ver–afirmó el hombre–ya no eres tan buena como piensas.
– Esta fue sólo la primera impresión, necesito más tiempo para relacionarme con él lo suficiente como para eliminarlo–se defendió mientras fumaba un poco más.
– ¿Más tiempo?...pero se suponía que los hombres caían a tus pies con sólo la primera mirada–reaccionó–acéptalo, a él no le interesas…mejor deberías trabajar en un burdel.
El comentario molestó mucho a la mujer, y rápidamente sacó de entre su vestido un arma. Pero Black se le adelantó, y usó su propia arma para apuntarle a la cabeza.
– Te lo dije preciosa, no eres tan buena como crees–dice triunfante.
– Te equivocas cariño, siempre estoy a tres pasos delante de ti–le sonrió, mientras le señalaba con su mano izquierda hacia abajo.
Black vio que la mujer sostenía con su mano derecha su arma, apuntándole directamente en la zona de su entrepierna, lugar universalmente conocido como el punto débil de un hombre.
– Quita esa sucia arma de mi cara, antes de que tu amiguito lo lamente mucho–dijo mientras que con su pulgar, le retiraba el seguro al arma.
– ¡Basta ya ustedes dos! –Gritó Red–bajen sus armas ahora mismo, me sirven más con vida que muertos–los dos bajaron sus armas lentamente–ahora Amadeus confieso que fue muy decepcionante tu actuación hoy, espero que mejores en el futuro y ya puedes retirarte.
– Sí señor–la mujer se puso de pie, pero antes de irse se le acercó a Black para darle un burlesco beso en la mejilla. Ambos se susurraron insultos muy fuertes, hasta que ella se retiró y el sonido de sus tacones se perdió en la lejanía.
– Esa mujer debería estar muerta–dice Black.
– Tal vez más adelante, pero por ahora no–Red afirmó.
Un nuevo día había llegado, y en el asta, la bandera de Los Territorios Aliados del Oeste ondeaba dentro de los límites de la embajada. Sus franjas de color morado y blanco, adornadas con numerosas estrellas, eran iluminadas por los rayos del sol. Al ser una sede diplomática, no cualquiera podía entrar. Para hacerlo, primero se debía pedir permiso al máximo representante del lugar, es decir, al embajador.
Precisamente, una mujer que se bajó de un automóvil enfrente de la embajada. Pensaba hacer eso, para poder entrar e entrevistarse con el embajador. La mujer de cabello largo y negro, no descansaría hasta que sus ojos azules vean en persona, al embajador.
Fin Capítulo Dos
Le doy las gracias a: Esplandian, Lilia Takarai, Yuki Nekoi, Oyuky Chan y a Kpyn3, por sus comentarios en el capítulo anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
