TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap 2: Sayonara

John

Tuvieron problemas con la herida de bala de Dean, hubo infección y con la pérdida de sangre no había quedado otro remedio que llevarlo al hospital. Tuvo que sacarlo a escondidas de allí cuando, investigando el supuesto accidente de caza, la policía de Minneapolis descubrió que tenían identidades falsas, por lo que el mayor aunque fuera de peligro aún necesitaba reposo, pero al menos habían controlado la infección. Se quedaron unos días en casa del Pastor Jim.

John estaba viendo venir la petición de Sam desde que el muchacho se matriculó por libre en el último curso del instituto en Fairmont, Minnesota. El chico había sacado unas notas excelentes, sobre todo si tenía en cuenta su estilo de vida y la dificultad de asistir a las evaluaciones obligatorias.

Pero su hijo tenía razón, si no podía asistir al menos al último mes de clases, todo su esfuerzo por tener un buen expediente académico se vería truncado y John no había podido darle muchas cosas a su hijo, a sus hijos, al menos podía darle esto a Sam.

En todo caso Fairmont no estaba muy lejos de Blue Earth, si el chico tenía problemas por estar solo podía acudir a Jim, y ahora tenían el dinero de los DiPietra.

- Dean se puede quedar conmigo, así se recuperará mejor – sugirió el pequeño al verle casi convencido

- Estoy perfecto – su hijo mayor estaba bastante lejos de estar perfecto, pero nunca lo reconocería – pero si tiene miedo a quedarse solo, lo que sea por el chiquitín

- Dean – murmuró molesto su hijo menor

- Tú lo has querido Sammy – John siguió la broma del pecoso – Dean se queda contigo

- ¡Papá! – era el turno del herido para quejarse

- Es una orden

- Sí, señor – aceptó a regañadientes.

- Caleb tiene una casita a las afueras de Fairmont y me ha dejado la llave, está vacía, pero creo que será mejor que os quedéis en la ciudad y no tengáis que coger el coche – Dean se enfurruñó aún más al comprender que su padre se llevaría el Impala – no pongas esa cara, ese brazo necesita reposo y Bobby me ha pedido ayuda con un caso que le tiene desconcertado.

- ¿Desconcertado? ¿tío Bobby? – replicó el castaño retirándose el flequillo del rostro incrédulo

- Sí, yo también me he sorprendido un poco hijo, es raro que no sepa a qué se enfrenta o al menos quién puede saberlo – sonrió John - ¿Cuánto falta para que acabe el curso? ¿dos meses?

- ¡Dos meses! ¡Papá! – Dean se levantó bruscamente de la silla y no pudo evitar llevarse la mano al brazo herido, en su queja sorprendida

- Está decidido, y ponte el cabestrillo – riñó su padre – estableceremos en Fairmont el cuartel general una temporada, hasta que tu hermano se gradúe.

Los dejó en la cabaña de su amigo, estaba bastante mejor de lo que Caleb había dicho, en cuando la conectaran al suministro eléctrico y llenaran la nevera sería perfectamente habitable. De eso ya se encargaría Dean, podía estar tranquilo en ese aspecto.

Sus hijos eran adultos prácticamente y aunque los había dejado solos más tiempo del que había pasado con ellos, bastante más del que los había dejado al encargo de otra persona, siempre tenía esa voz presente en su memoria que le advertía que podía ser la última vez que los viera.

Puso en marcha el motor del Impala y echó un vistazo a la puerta dónde ambos muchachos le despedían con un "Ten cuidado" de Sam y un "Llámame si la cosa se pone fea" de Dean. Replicó con un "manteneos a salvo" y se marchó.

Sam

La cabaña era un completo desastre, dos camas con somier de muelles y colchones de los que encuentras mejores tirados en la calle, cuatro sillas desvencijadas, una mesa coja, y varios armarios metálicos sin cerradura que probablemente el joven cazador amigo de su padre había usado para guardar armas u objetos esotéricos.

También había algunos libros de ocultismo y la cocina era un refrito de muebles rescatados de algún vertedero. Esperaba que cuando conectaran la electricidad el frigorífico, la televisión y las lámparas funcionaran.

- Necesito un escritorio – murmuró apesadumbrado – y una silla

- ¿por qué no te vas a la biblioteca? – sugirió el mayor dispuesto a mover uno de los armarios metálicos hacia el cuarto

- ¡Eh, deja eso idiota! – se levantó como un resorte de la silla que crujió alarmantemente - ¡te vas a hacer daño!

- Es solo un rasguño mamá

- Dean, tengo mucho que estudiar, no puedo estar pendiente de que el idiota de mi hermano se crea Rambo y vuelva a abrirse la herida – Sam a veces pensaba que su hermano era un completo desastre, como ahora, le fulminó con la mirada – ¿o me vas a decir que puedo confiar en que no te meterás en líos?

- Tranquilo Sammy, el idiota de tu hermano no se va a interponer en los estudios del futuro premio nobel de la mala leche – replicó el mayor comenzando a enfadarse – si tanto te estorbo ¿Para qué narices le has dicho a papá que me quedara contigo?

- Oye, yo no he dicho… - Dean le volvió la espalda, y la disculpa de Sam murió antes de llegar a insinuarse en su mente – Es Sam, Sammy es para niños pequeños, estate quieto, y no hagas nada.

Empezaba a creer que era mala idea lo de permanecer tanto tiempo allí. Apenas llevaban unas horas y ya habían discutido. Cogió sus libros, sus apuntes y murmuró que se iba a la biblioteca. Su hermano no contestó.

No iba a tener fácil estudiar un rato esa tarde, a la preocupación por lo que pudiera estar tramando Dean para vengarse (no descartaba que le llenara la cama de polvos pica-pica) se unió el que aún no tuviera el carnet de estudiante del Instituto. La bibliotecaria le dijo que sin carnet no podía dejarle entrar y hasta que no fuera a la secretaría al día siguiente no podría recogerlo.

- Pues empezamos bien – gruñó con su mochila al hombro pensando ir al instituto, si estaba abierto quizás le dejaran sentarse en las gradas

- ¿La señora Grimes no te ha dejado entrar a ti tampoco? Esa mujer se cree la guardiana de la cripta – la muchacha, bastante más bajita que él y de cabello negro le sonrió – no te he visto antes por aquí.

- Me acabo de trasladar, me llamo Sam – el chaval sonrió y ella le devolvió una sonrisa alegre – estoy en el último año del instituto.

- Yo también, me llamo Rachel – miró la mochila descolorida y rasgada - ¿hijo de militar?

- Si – no tenía pensado mentir, en cierta manera no estaba mintiendo, era la respuesta más convincente precisamente por la dosis de verdad que tenía - ¿cómo lo has sabido?

- Tienes el tipo, de vez en cuando aparece alguno de vosotros, soléis ser tranquilos, más maduros que el resto de los chicos y no os preocupáis demasiado por la moda – la chica se arregló un mechón oscuro que se había soltado de su coleta yendo a parar entre sus ojos – además tienes el aire de chico duro que no aguanta muchas tonterías.

- Tu tampoco pareces muy preocupada por las cosas de chicas – sugirió al notar que no llevaba maquillaje ni laca de uñas.

- Sabrás tú lo que son cosas de chicas – se burló Rachel – en fin, ya que no puedo consultar la enciclopedia para mi trabajo de ciencias me vuelvo a mi casa, mañana te veré en el instituto, supongo.

- Sí, supongo

Ella se fue tarareando y Sam pensó sorprendido que acababa de hacer su primera amiga en Fairmont.

Dean

Su hermanito era un pequeño capullo arrogante, ¿Cómo que se estuviera quieto?, ¿Quién se creía que era? El joven cazador empujó el armario con la espalda hasta ponerlo junto al que acababa de dejar en el dormitorio.

Se limpió el sudor con el brazo sano, y quitó los colchones de las camas. Olían a polvo y a otra cosa en la que no quería pensar, seguro que Caleb dejaba que sus perros se subieran a las camas. Resopló, le costaba mucho más hacerlo todo con una sola mano, pero no iba a quitarse el cabestrillo y usar el brazo herido, él sabía cómo estaba de mal y no le iba a dar la satisfacción al niñato sabelotodo de hacerse daño de verdad por no hacerle caso. Un "te lo dije" más y se pegaría un tiro entre las orejas.

¿Dos meses aguantando la cara de vinagre de Sam? Sin papá por medio para controlar el mal genio adolescente del renacuajo (o al menos compartirlo) iban a ser dos meses muy largos. Sacó los colchones al porche, para que ventilasen un poco, ya le ayudaría a meterlos cuando volviera aunque tuviera que aguantar sus "siempre lo hago yo todo".

Examinó el cuadro eléctrico, tenía dos opciones, ir a la oficina local de la compañía y dar de alta el suministro, con lo que tardarían al menos una semana en tener electricidad después de pagar el enganche o, (¡bingo!), encontró la toma pirata que robaba energía del alumbrado público, Caleb tampoco era de los que seguían las reglas. En unos minutos tenían electricidad, el motor del viejo frigorífico protestó antes de ponerse en marcha de nuevo pero funcionaba, la mitad de las bombillas también. El televisor dio un par de chispazos y murió.

- Perfecto – gruñó pensando en cómo distraería el tiempo mientras Sam estuviera estudiando. Al menos se había ahorrado unos cientos de dólares, quizás en la tienda de empeños tuvieran algo que funcionara por ese precio.

No le gustaba Fairmont, no por nada en especial, en realidad no le gustaba ningún sitio dónde tuviera que pasar dos semanas seguidas (salvo quizás el desguace de Bobby: entre la grasa de motor, el olor a metal y gasolina y el rock clásico era el único sitio junto con el impala dónde se encontraba a sus anchas). Quedarse allí tanto tiempo iba a ser como una condena. Suspiró, tenían algunos alimentos, quizás debería meterlos en la nevera y hacer una lista de lo que pudieran necesitar.

- Genial, esto va a ser genial – se quejó en voz alta.

_ Continuará