Ya volví con el siguiente capítulo! Espero que os guste ^^
Dos meses después, un agitado Jinete llegaba cabalgando veloz a la ciudad. Traía una importante aunque desagradable carta. China había entrado en guerra con Mongolia. Y lo que era aún peor, iban perdiendo, por lo que solicitaban el apoyo militar de todos los jóvenes de entre 18 y 30 años obligatoriamente. Obviamente esta noticia llegó también a casa de los Zi Shu, donde los padres de Yao sufrieron por él, era un chico que pese a ser sirviente estaba acostumbrado a una vida acomodada en palacio, y realmente, como decía Mei, le faltaba musculatura. Pese a todo la asistencia al ejército era obligatoria para todos sin excepción, por lo que no pudieron hacer nada para retenerle. Una de sus últimas noches antes de partir, Yao y Mei pasearon en el jardín como era costumbre, solo que esta vez ya no habían risas.
- Dicen que el ejército mongol está compuesto por gente fría y sin escrúpulos... ¿Estás asustado?
Yao negó. - Realmente estoy preparado para darlo todo por China, por su gente y su bienestar, por... ti...- Mei no pudo contenerse y le abrazó con verdadera fuerza, Yao respondió algo sorprendido, acariciando su cabello para recomfortarla. - No te preocupes, estaré bien... nosotros los chinos somos unos perfectos espadachines, ¿Qué saben hacer los mongoles esos? ¿Dar golpes a diestro y siniestro hasta que atinen algo? Son unos incopetentes -Yao rió tratando de quitar hierro al asunto, pero Mei seguía preocupada.
-Prométeme que volverás, no te perdonaré que no lo hagas. -La mirada de la joven era firme y sincera, estaba llena de preocupación pero también de confianza, confiaba en que su amigo volviera pronto a casa.
-Te lo prometo...
Mei sonrió feliz, pero no obstante aún tenía que asegurarse. Se quitó el colgante que llevaba al cuello y se lo colgó a Yao, mirándole entre sonrojada y seria. -Es mi amuleto de la suerte, ¡Tienes que devolvérmelo!
Yao sonrió ampliamente y besó su mejilla -Te lo devolveré cueste lo que cueste, sé lo malvada que puedes ser si no te devuelven algo .- Y esta vez ambos rieron, relajándose bajo el luminoso cielo que adornaban los típicos fuegos artificiales de año nuevo.
- Dentro de poco tendrás 18 años...
-Va, por eso no te preocupes, no pienso casarme sin mi mejor amigo, te esperaré - Sonrió dulcemente la taiwanesa. Yao se sentía aliviado, aunque no sabía exactamente si por el deseo de estar junto a Mei el día de su boda, o por que no deseaba que se casara con cualquiera.. o mejor dicho, con alguien que no fuera él.
Al día siguiente, Yao partió junto al ejército a su desconocido destino. No sabía a ciencia exacta a dónde iban, contra quien lucharían, o cómo sería aquello, pero lo daría todo por volver, lo daría todo por cumplir la promesa que le hizo a Mei.
Pasaron otros dos meses y apenas habían noticias de la guerra, pero el cumpleaños de Mei se acercaba. Un día, su padre se acercó a hablar con ella:
- Mei, querida, ha pasado medio año desde que te comenté lo de tu compromiso, y aún no hay señales de que vayas a comprometerte con nadie... por tanto, ya me he puesto en marcha para buscarte un buen pretendiente. Como sabrás, con este follón de la guerra se nos ha hecho casi imposible encontrarte un marido, pero sabíamos que te negarías aún más si esa persona era mayor... - Mei suspiró aliviada, por un instante creyó haberse librado, al menos, hasta que acabara la guerra. Su padre tomó aire y prosiguió. - Por ello, hemos acordado tu matrimonio con un príncipe japonés. Tiene tan solo 20 años, es apuesto y buen guerrero, y además su familia es rica y poderosa. Ahora mismo China depende bastante de Japón, por lo que un matrimonio con alguien de su casa sería bastante conveniente.
A Mei se le cayó el mundo encima, sabía que iba en serio, pero no esperaba una noticia así, y más sin saber nada de Yao. Estaba confusa y asustada, tanto que no pudo callarse. - No me casaré hasta que vuelva Yao
Su padre se sorprendió bastante, y levemente enojado preguntó - ¿Se puede saber a qué viene eso? Es tu responsabilidad casarte, sobre todo antes de envejecer y que busquen otra más joven! Tu belleza no es eterna.
- No me importa, no quiero que me busquen por mi belleza o mi riqueza, si no por quién soy yo, y Yao me aceptaba y me quería tal y como era!
En ese momento su padre lo entendió todo, y con una maliciosa sonrisa decidió hacer un trato. - Está bien, espereramos a que el joven Wang vuelva de la guerra para celebrar la boda, pero estarás comprometida desde ya, aceptarás ese matrimonio y no se te ocurrirá ni plantearte cambiar a tu pretendiente por Yao, ¿Te parece?
Mei estaba algo afectada y dolida, pero sabía que no tenía otra alternativa, y al menos así cumpliría la promesa que le había hecho a su amigo, o mejor dicho, amor secreto. - Está bien... acepto, me casaré con el japonés a cambio de que la boda se celebre cuando vuelva Yao
- Perfecto, aunque... eres consciente de que tal vez nunca vuelva, ¿no?
- ¡Claro que volverá! ¡Me lo prometió!
- Inocente criatura... eres libre de creer lo que quieras, pero si al cumplir los 20 años no ha vuelto, te casarás, no creo que tu marido quiera esperar tanto
- Ni si quiera me conoce...
- Cierto, la próxima luna organizaré una cena con su familia para que os conozcais, se llama Kiku Honda, espero que hagais buenas migas - Y dicho esto, su padre se retiró a sus aposentos, dejando a la pobre Mei más preocupada que nunca, rezando que Yao volviera sano y salvo, no le importaba que pasara con ella si al menos podían estar juntos.
Pasó un año exactamente, la joven Mei ya iba hacia los 19, y apenas tenían noticias del ejército. Tan solo recibieron una carta de aviso cuando el pelotón de Yao se asentó en la frontera, pero de eso hacían ya 10 meses. En China, los rumores decían que gracias al sacrificio de un pelotón habían conseguido tender una emboscada a los invasores y que con suerte, en unos meses, la guerra acabaría con la victoria china.
- Espero que ese no sea el pelotón de Yao... - Comentó un día Mei a su madre mientras paseaban por el poblado.
- No te preocupes hija, incluso en el trágico caso de que le hubiera pasado algo, nos hubiéramos enterado. - Pero bastó decirlo para que al poco de llegar a casa recibieran nuna carta, era del ejército.
- Señores Wang... es para ustedes - Sus padres abrieron temerosos el sobre, y tenían razón en hacerlo, pues en la carta se decía que efectivamente el pelotón junto al que luchaba Yao había sido el que tendió una emboscada a los mongoles, y que, desgraciadamente, no se había encontrado nadie con vida, fueron aplastados por una avalancha por lo que no se pudo ni buscar sus cuerpos. Su madre rompió a llorar desconsoladamente, y también Mei, quien tuvo que huir a su habitación para que no vieran lo que sufría, para que no vieran lo que sentía.
Continue...
¿Os gusta cómo sigue? Ojalá que sí, porque su destino ya está escrito(?) Bye!
