"Preludio de una noche de bodas"

Be: Suyalet

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Es una noche fría en el planeta Vegeta excepto en el bar principal de la ciudadela. "Takeo" el hijo de un noble general importante en el ejército, apostó lo único que le quedaba en sus bolsillos...y perdió—Ya no tengo más...—

Los hombres bebían y reían a carcajadas, las copas y jarrones de metal chocaban entre si. Ebrios y locos de alcohol y erotismo a causa de las bellas esclavas que bailaban en la pista y entre las piernas de los corpulentos guerreros.

El joven Takeo bajo su mirada, le dolía la cabeza de solo pensar en la herencia de su familia perdida en la jugada. "Su padre lo mataría".

—Aún, hay algo que no has perdido—

Takeo levanto la mirada. En el transcurso del juego de apuestas su retante no había articulado una sola palabra, estaba cubierto con una capucha negra que no dejaba mostrar su rostro. Pero el muchacho palidece al reconocer la voz ronca del hombre, él cual en su pecho sobre su armadura destello con arrogancia el símbolo real.

Takeo titubeo, su borrachera se le bajo de golpe, e iba a inclinarse pero unos hombres lo rodearon y no le permitieron levantarse para hacer la reverencia.

Hubo un momento de silencio, solo se escuchaban los susurros en el bar, algunos sayayines que estaban en actividades poco, indecorosas, con sus amantes empedernidas. Pararon lo que hacían para ponerse de pie, firmes. El rey que ahora tan solo era el príncipe poco faltaba para que subiera al trono. Los miraba con mera tranquilidad y sonrió con una leve risa sonora. De repente levanto su mano llamando al mesero.

—Hombre sirve una copa del buen vino a estos muchachones, la cuenta corre por mi parte...—

—Como diga...alteza—

El futuro rey tomo un sorbo de su copa lamiendo sus labios, alzando su copa. —¡¿Porque esas caras?, parecen que han visto un fantasma!— Dijo el rey riendo con sorna.—Solo vine a beber una copa de vino y quien sabe...—

El joven príncipe tomo a una mujer de la cintura pegándola a su cuerpo. —Emborracharme y pasarla bien con una hembra—

Vegeta hizo un ademán a sus guardias para que lo dejaran solo, el mesero repartió las copas de vino a todos los presentes.

—¡Salud, y que la fiesta continúe!—

Los hombres gritaron. "Viva el futuro rey de Vegeta".

El príncipe regreso a su aciento acabándose el vino de un solo trago y soltando a la mujer no sin antes darle una nalgada. —Por hoy basta de formalismos—

Dijo limpiando su barba. Takeo en todo momento no dijo nada ni se levantó de su aciento, se mantenía en un silencio sepulcral.

—Con todo respeto alteza...¿qué es lo que pretende?—

Vegeta le sonrió, en sus ojos había un extraño destello como " te tengo donde quería ".

—No lo se. Tu dime—

Takeo tosió recogiendo sus cartas. —De que le serviría una mansión, si usted es dueño de todo el planeta—

Vegeta lo miro con seriedad. —Ese es mi asunto...—

El joven heredero al trono se relajo en su aciento de madero azul gastado.

Takeo suspiro pesado.

—¿Qué es lo que quiere de mí?—

Vegeta trono su cuello, suspirando luego para mirarlo. —Solo una partida más—

Takeo lo miro incrédulo. —¡Pero...no tengo más...!—

Vegeta, arqueo una de sus cejas, apoyo su mentón en su mano. Sus ojos ocultaban algo y Takeo temía averiguarlo.

—Si hay algo más... "Hannasa" tu apetecible hermana menor—

Takeo por poco y cae de su aciento. —¡¡¡No puedo hacer eso!!!—

—No te queda opción, aun me debes mucho dinero—

Vegeta se le acerco intimidándolo. —te propongo algo. Todo o nada—

Takeo trago saliva con nerviosismo y penso un momento.

—"Lo...are"—

Titubeo en su respuesta pero era lo único que el futuro rey necesitaba oír. Un trueno partió el cielo nocturno del planeta Veguita una tormenta se avecinaba.

...

Era ya muy tarde la joven mucama llamada "Letona" esperaba ansiosa al joven Takeo, que desde la tarde desapareció sin decir nada.

—¡¿Mujer que haces levantada tan tarde?!— Dijo la cocinera "Albra" una señora algo regordeta con ya varios años encima que solo son contados con la experiencia y sabiduría que cargaba en sus ojos ámbar. Tomo un jarro de vidrio azul y vertió en una especie de tasa un líquido negro que humeaba. Y Letona lo tomo.

—Es Takeo...Digo el joven Takeo aun no a regresado y ya es muy tarde—

Albra suspiro apoyando su brazo en la mesa de mármol de aquella lujosa y grande cocina. Tomando de su tasa. —Mala la hora mi niña en que te fijaste en ese muchacho...—

Letona por poco y se atragantó. —¿Qué dices, solo soy la mucama?—

—Tú lo has dicho, solo eres la mucama así que no te hagas ilusiones—

Letona se mordió el labio inferior. Bacilo tratando de cambiar de tema, y persuadir a Albra. —Oye y de qué es este té negro es algo...amargo—

Albra río un poco. —No es té, es café—

—¡¿Café?!—

—Si. Es de un planeta muy lejano llamado Tierra, o planeta azúl que acaba de ser descubierto hace poco—

—¡oh!— Dijo Letona disimulando lo amargo del 'café'. —Te tengo un chisme—...

Vestidos rojos, vestidos verdes o vestidos lilas. Era lo que agobiaba a la señorita de la mansión, y su rigurosa madre que siempre caminaba un abanico rojo que combina con el carmín de sus finos y delgados labios.

—¡oh mi hermosa Hannasa!. Creo que este te quedara muy bien—

Hannasa estaba centrada en su taburete frente al camerino caoba, lleno de lujosas joyas y costosos perfumes. Gimió de molestia cuando su madre apretó uno de los listones de su vestido rojo vino. —madre ¡basta! falta mucho para esa tonta ceremonia—

—¡¡¿TONTA CEREMONIA?!!— Grito exaltada la madre de la joven, la cual fruncio su ceño con molestia. —¡Niña tonta!, estamos hablando de la ceremonia en la que el príncipe escogerá a su futura reina—

—¡¿Y porqué eso debería importarme?!—

Su madre se rasco la cabeza con suma desesperación. Su hija era una terca por completo.

—Hanna...— "Silka" pronuncio el nombre de su hija pero esta le ignoró. —¡Hannasa!—

La joven de cabello negro bajo la mirada. —mamá...yo no quiero casarme—

—Esa no es tu decisión—.

Hannasa se estremeció cuando sintió las delgadas pero fuertes manos de su madre apretar levemente sus hombros.

—sabes que no tenemos mucho dinero, tu padre se lo gasto para ayudar a tu pobre hermano cuando se metía en problemas—

Hannasa se levanto furiosa. —¡¿Y soy yo ahora quien tiene que pagar sus errores?!—

—Hannasa si te casas con el hijo del rey saldremos de nuestros problemas de una vez por todas—

—dirás sus problemas, ¿y porque no mejor Takeo se casa?—

—¡Claro que si!, con la joven "Lana" que esta podrida en dinero—

Hannasa lo miro incrédula. —¿Con mi única amiga?. ¡¡¡SON UNOS MALDITOS OPORTUNISTAS!!!—

—¡¡CALLATE!!...— Silka abofeteo a su hija que volteo la cara por el golpe. Hannasa jadeo de ira por el ardor en su mejilla.

De repente en la entrada de la gran casa se escucho un estruendo.

—¡¿Qué fue eso?!— Dijo asustada Letona que se dirigió a la puerta junto con "Nando" el hijo mayor de Silka.

—¡Quedate detrás mio Letona!— Dijo el hijo mayor en un tono de protección, colocando su brazo fuerte frente a ella para que retrocediera. Y si más abrieron la puerta.

—¡Dios mio!—

Soltó la joven mucama cubriendo su boca asustada, cuando en el suelo bajo la fuerte tormenta yacía el cuerpo de Takeo tirado con terribles hematomas y laceraciones en todo su cuerpo. Temblaba de dolor, a los pies de los soldados del rey. Letona de inmediato fue a socorrerlo, pero Nando la detuvo temeroso.

—¿Qué quieren?— Pronuncio Nando con Letona en sus brazos.

—¡¿Dios mio ahora que hiciste Takeo?!— Grito asustada Silka que llego corriendo entre los grandes pasillos, al escuchar el "tumulto" del piso de abajo. Nando pidió ayuda de un guardia de la mansión para que protegiera a su madre. Hubo un momento de silencio donde solo se escuchaba el salpicar de la fuerte tormenta, acompañado de murmullos y los sollozos de Silka.

Cuando uno de los soldados hablo.

—Hemos venido por la señorita Hannasa—

La confusión reino en el lugar.

...

Abrió sus ojos grises, todo le daba vueltas sus cabellos negros oscuros colgaban goteando de su cabeza, la tormenta azotaba su espalda con furia, como la vergüenza que sentía en la manera que fue raptada de su hogar. Napa la lleva en su hombro, aun no habían llegado al palacio real.

Hannasa recobro el conocimiento, la sangre se le había subido a la cabeza por la forma en que la lleva el soldado de alta elite, lo que causo un leve desmayo.

—suel...tenme— Dijo a duras penas. De repente sintió que detuvieron su trotar, tuvo que contener las ganas de vomitar.

—"Llevala que la cambien la ropa y lo demás ya sabes..."—

Las voces iban y venían para Hannasa, Napa la bajo y se la entrego a una mujer que era otro soldado. Solo unos minutos le bastaron para analizar la situación. Forcejeo con la mujer, que la tomo con fuerza de los brazos, pero Hannasa estaba herida, si herida, su sangre hervía en rabia con su orgullo herido. Uso maniobras que su padre en entrenamientos le enseñó. Dándole un cabezazo a la guerrera fracturándole la nariz.

—¡MALDITA MOCOSA!—

Hannasa en cambio le dio una patada en la quijada. —No por nada soy de clase alta y lo sabes ¡estupida de clase baja!_

La ojos grises escupió en la cara a la mujer soldado tirada en el suelo, y sin mas pisoteo su cola de la mujer, y se fue corriendo entre los pasillos que eran mas grandes y lujosos que los de su casa. Se mordía la lengua de coraje su vestido se le pegaba al cuerpo, por la humedad, cosa que le fastidio ya que no le permitía moverse con rapidez. Su sombra se movía rápidamente entre los pilares, desorientada corría y corría persuadiendo a los soldados; los relámpagos vislumbraban su figura fugaz que se movía de manera audaz. Hasta que choco con algo realmente duro. Juro por un momento que había chocado con un muro pero no fue así.

Se encontró atrapada en unos fuertes brazos que eran como dos tenazas que la apretujaban de sobremanera, sus pequeñas manos se posaban en un pecho firme y musculosos.

—¡SUELTAME MALDITO BASTARDO!—

En respuesta Hannasa escucho una leve risa sonora tan profunda y gruesa pero limpia.

—¿A donde cree que ibas?—

Hannasa reconoció la voz en la oscuridad, y levanto la mirada encontrándose con los profundos ojos negros del futuro rey que la miraba con escrutinio, Hannasa sintió un deja de excitación en su vientre pero lo asocio con el terror. Y sin mas Vegeta la beso, no fue un beso suave sino un beso salvaje lleno de furia, Hannasa se retorcía entre sus brazos como un gusano en la sal.

Sintió el asqueroso sabor alcohol y hierro en su boca, Vegeta le había mordido los labios. Hannasa con la rabia que le enfermaba el alma le mordió la lengua causando que por fin el futuro rey la liberara.

Vegeta la miro con confusión, limpiándose la sangre de la barba que brotaba de su boca. Hannasa se limpio la boca y lo cacheteó.

—¡¡¡ASQUEROSO, ATREVIDO!!!!. ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA HACERME TODO ESO, RAPTARME Y LUEGO QUÉ?—

Vegeta recupero su postura y la tomo de un brazo con rudeza. —Lo dejare pasar por esta vez Hannasa— Dijo el príncipe refiriéndose a los insultos y demás.

—¡GUARDIAS!—

Llamo Vegeta, en un minuto aparecieron dos escoltas y la mujer que Hannasa había golpeado hace rato. Vegeta se dirijo a esa mujer. —Braci llevatela a mis aposentos pero antes cambiala de ropa...apesta a animal salvaje—

—Si 'mi' alteza—

Hannasa fruncio sus labios desde cuando Braci tenia esas confianzas. Braci se la llevo con fingida sutileza. —Vamos "prima" querida que te vas a resfriar—

Hannasa no dijo nada dejándose llevar por la morena de ojos grises como los de ella solo que más oscuros. Cuando desaparecieron entre los pasillos Hannasa la enfrentó.

—¿Acaso eres la puta del rey?. Que diría mi tía de todo esto—

—No seas quejumbrosa, yo no digo nada de tus aventuras con los clase baja—

Hannasa guardo silencio, y trató de darle una bofetada a su "adorada" prima. Pero Braci la tomo de la muñeca con mucha fuerza doblándola de dolor.

—Por cierto ya no soy clase baja acendi. ¡Y si sigues comportándote así, te mostrare el porque soy soldado personal del futuro rey!— Soltó lascivamente, y sin mas la encerró en una de las habitaciones del palacio ante los gritos de Hannasa.

...

Letona curaba las heridas de Takeo con sumo cuidado empedernida, ante la mirada celosa de Nando. Silka secaba sus lágrimas mirando a través de la ventana del balcón.

—Eres un imbécil Takeo...—

—¡Basta Nando!— Callo Silka a su hijo mayor. —¿No vez lo mal que esta el pobre?—

—¡¿Y que hay de Hanna?!...—

—¿Eso qué?—

—¡¡¡¿...COMO QUE ESO QUE MAMÁ?!!!. EN ESTE MOMENTO EL PRÍNCIPE DEBE ESTARLE HACIENDO QUIEN SABE QUE TIPO DE COSAS—

—Yo no me preocuparía tanto, el futuro rey es un caballero como su padre—

Nando trataba de dijerir sus palabras. —Como sea madre...iré por ella—

—¡Estas loco!. ¿Acaso quieres morir a manos del futuro rey?—

Nando se cruzo de brazos. —El hecho de que sea el futuro rey, no le da derecho de hacer cierto tipo de cosas—

—mmm...la verdad si.—

Silka desenvolvió su abanico rojo, mirando nuevamente por la ventana. En sus ojos escondía una chispa peligrosa que miraba una oportunidad ante el rapto de su hija. "En mejores manos no puede estar". Pensó para si misma la mujer despiadada.

"Lo que ella no pudo conseguir, Hannasa lo hará".

...

Mientras tanto en lo cuarteles generales dos soldados conversaban acostados en sus literas.

—¡Estoy enamorado!—

—¿Tú?. Amigo no bromees—

—Solo que hay un detalle...ella es prohibida—

—¡No tienes remedio, te metes con mujeres casadas!—

—¡No!. Ella no esta casada—

—Bueno. ¿Entonces?—

—La van a comprometer—

—¡Tienes ceberos problemas Bardock!—

Ambos rieron con sorna.

—Bardock—

—Dime Toma—

—¿Y que pasara con Gine?—

—Nada. Esa intento de soldado no me atrae. Otra mujer es quien tiene mi cuerpo y mente—

—¿Qué ahora eres poeta?—.

La seriedad torno en el rostro del muchacho de la cicatriz.

...

Fue la noche más terrible de su vida, encerrada en un cuarto lleno de costosos lujos pero para ella era el presagio de su terrible destino.

Hannasa se encontraba tirada, aferrada a la puerta de su jaula de oro. No es que no tuviera la fuerza suficiente para tumbar la puerta, el problema era su prima Braci que la vigilaba toda la noche era un impedimento silencioso de su escape. "Nada podía hacer". La ventana era una buena opción pero una mala decisión.

—"No puedo tentar el carácter de el futuro rey"—

El príncipe Vegeta era alguien volátil de carácter muy duro; si lo hacía enfurecer sería capaz de hacerle cosas inimaginables. Trago saliva, sintiendo la fría gota de sudor bajar por su cien. Tenía su oído pegado a la puerta metálica, escuchó la respiración de su guardia. Abrazo sus rodillas divagando en sus efímeros recuerdos, lo que quedaba de la noche. Recordó como conoció a la realeza, levantó la mirada observando la cortina azul transparente bailar ante el viento, que acariciaba tan dócil como un amante sus cabellos negros como la tinta. Una lágrima de rabia bajo por su mejilla, su nariz se puso roja como una manzana.

""Fue una noche de fulgor deseo y pasión. Recordó Hannasa su error de adolescencia. Era una una chiquilla mocosa e insolente, en lo único que pensaba era en entrenar y los lujos de su casa. Esa noche era de fiesta en el reino.

El príncipe, "su príncipe" había vuelto de una peligrosa misión, justo el día en que cumplía su segundo ciclo de vida que eran veinte años. Hannasa siempre fue muy cercana a Vegeta gracias a que su familia tenía contacto con la realeza. De niños Vegeta y Hannasa eran como una especie de "amigos" prácticamente crecieron juntos. Pero su responsabilidad de príncipe los alejo.

Hannasa usaba un vestido rojo como la sangre, el príncipe la miraba desde su mesa llena de comida, los demás sayayin bailaban, comían y bebían del buen licor.

"Miradas cómplices se pasaron entre Vegeta y Hannasa."

Cuando todo acabó se fueron a charlar a uno de los inmensos jardines del palacio real. Recordaron buenos momentos y travesuras de infancia.

—Hanna. Te vez preciosa. La adolescencia te sentó bien—

Hannasa río con altanería. —¡Basta Vegeta!—

Vegeta y Hannasa se besaron con deseo, pero era nada más que eso...deseo.""

Ladeó la cabeza al recordar eso. Hannasa apretó sus dientes. —"Lo tuvo que arruinar"—

Desde ese momento, las intenciones de Vegeta eran menos discretas.

—"Solo fueron un par de besos en la boca y en el cuello y ya"—

Se levantó del suelo y suspiro. Fue hace tantos años que ya lo había olvidado.

Mientras tanto como una llamarada que devora sin piedad todo a su paso, se esparció el rumor a oídos peligrosos, de "el pajarillo encerrado en la jaula de oro".

—Con que sí...—

Dijo una mujer alta, delgada y de cabello largo en puntas hasta la cintura. Su cola se movía peligrosamente.

—¡Si!— Contestó el mensajero. La mujer de mirada fría apretó sus puños con rabia. Sería ella quien desplumaria ese pequeño pajarillo encerrado en la jaula de oro.

...

Una mirada furiosa y cansada, unos pasos que avanzaban por los escalones de blanco lino a pleno amanecer. Los guardias se hicieron a un lado dándole paso al viejo "Arcom" que vestía en sus elegantes ropajes cubierto con una armadura impecable. El viejo hombre de barba crespa y cabello corto se detuvo frente al trono donde yacía el ya viejo rey vegeta.

—¡Tan magnífico como siempre mi rey...!— Dijo Arcom haciendo una reverencia. El rey se relajo en su trono con una mirada aburrida.

—Dime viejo amigo que es lo, ¿qué se te ofrece?—

Arcom miro directamente a los ojos al rey...

Hannasa despertó en la cama sobre las suaves sabanas de seda, había sido una noche larga los rayos del sol rojo se colaron por el pequeño ventanal, acariciando su rostro. Hannasa suspiro al sentir la calidez del sol. Quizo abrir sus ojos e imaginar que todo había sido una horrible pesadilla, pero no. Se levantó de golpe y arreglo las sabanas, no quería dar la idea de que estaba "cómoda". Paso al menos una media hora, el estómago de Hannasa protesto feroz por el hambre.

Se paro frente a la ventana observando que se encontraba en lo alto de una torre. De repente se escucho de la puerta como el pasador de metal puro, se retiraba automáticamente al escucharse el 'bip, bop, bip' al ingresar una contraseña. La joven no volteo a ver de quien se trataba.

—Veo que ya despertaste Hanna...—

El ahora príncipe Vegeta estaba de brazos cruzados a unos metros tras ella. Hannasa pudo escuchar un suspiro pesado de parte del hombre.

—¿Qué quieres?— Dijo en tono frío la mujer.

—Disculparme—

—¡¿Qué?!— Hannasa esta vez volteo a ver bastante conmocionada.

—Si. No debí encerrarte de esa manera estaba...tu sabes pasado de tragos—

—Como si eso fuera suficiente._

Hannasa era de un duro carácter cuando algo no le gustaba lo decía el problema era que lo pensaba después de decir.

—¿A que te refieres?—

—Me refiero a que no solo el hecho de secuestrarme ya es grabe sino el hecho de apostar contra mi hermano para ganarme—

Vegeta fruncio su ceño y se le acerco tomándola de los hombros, Hannasa se estremeció.

—¡¡¡SUELTAME!!!—

Grito Hannasa empujándolo de la nada. Vegeta gruño desairado.

—¡¡¡¿QUÉ DIABLOS TE PASA MUJER?!!!—

Hannasa lo fulmino con la mirada. —Quiero saber una cosa. Ahora que ya estas sobrio y consiente...¿me dejaras ir?—

Hubo un momento de silencio, Vegeta la miro y se hecho a reír y luego a carcajearse.

—Hanna siempre tan graciosa_

Vegeta la recorrió con la mirada. Su cola ladeaba de un lado a otro como un felino acorralando su presa. Hannasa se sintió indefensa, el príncipe se le acerco tomándola con fuerza no lastimosa de los brazos.

—Mujer, si quieres irte solo dame lo que quiero—

Hannasa abrió sus ojos ante las palabras del futuro rey. Ese fue el detonante para sacar el 'alter ego' de la joven sayayin.

—¡¡¡MALDITO IDIOTA!!!—

Le dio sin mas una patada en la entrepierna, Vegeta se retorció de dolor pero fue mas la ira que sintió ante aquel acto indignó. Vegeta se repuso y la tomo del cabello enredando sus dedos en los mechones negros de Hannasa, quien grito adolorida.

—¡Maldita sea mujer, me gustas mucho yo no quiero forzarte a nada pero no me dejas opción!— Príncipe le halo la cabeza hacia atrás dejando a su disposición el cuello blanco de la joven. —Escucha muy bien mujer, yo le gane al imbécil de tu hermano—

—¡Maldito!—

—Si quieres tu libertad voy a cobrar la deuda de tu hermano, tú y tu familia se quedaran en la calle—

Hannasa jadeo de dolor y coraje, Vegeta se lamió los colmillos, Hannasa contuvo la respiración.

—¿Qué...pretendes hacer Vegeta?—

—Marcarte como debí hacerlo hace años atrás—

Hannasa palideció, al sentir el filo de los colmillos de Vegeta posarse en la piel crema de su cuello...

"—¡Detente Vegeta!—"

Partió como un trueno en la habitación, la voz grave del rey, deteniendo el acto de su hijo, quien soltó a Hannasa casi de inmediato.

—¡¿Padre?!—

El rey miraba severamente al príncipe quien bajo la mirada.

—Hannasa hija—

Dijo Arcom. La mujer sin pensarlo se abalanza a los brazos de su padre.

—¡¡¡PAPÁ!!!—

Hannasa oculto su rostro en el pecho de su padre, llena de lágrimas. Él había llegado justo a tiempo antes de que la desgraciaran.

—Dejenos solos...—

Ordeno el rey con voz firme. Arcom tomo a su hija de la mano saliendo de la habitación. Lo último que vio Hannasa fue la mirada que Vegeta le dedicó de "si no es hoy sera mañana", y la puerta se cerro.

Se escucho un golpe seco, un puñetazo. Vegeta volteo la cara, su padre lo había golpeado. —¿En que diablos pensabas, no puedes comportarte así. A caso quieres que te deshereda?—

—Lo siento padre no volverá a pasar— Dijo el príncipe con fingida sinceridad. La cual su viejo padre noto.

—Eso espero, recuerda que te casarás con "Carolu" la hembra sayayin que se te prometió al nacer—

Dicho eso el rey dejo solo a su hijo en la alcoba. Vegeta furioso le dio una patada a una butaca destruyéndola.

—¡No puedo creer que una simple mujer me ponga así!—

Vocifero el futuro rey.

...

Salieron del pabellón. Arcom halaba a Hannasa de la mano. Unos ojos negros como el carbón la miraban con escrutinio, Hannasa los miro solo por unos segundos. Aquellos ojos guardaban frialdad. "Si fueran navajas se le hubieran enterrado en el cuerpo". Pensó la ojos grises.

—¿Quién es esa mujer papá?— Dijo en voz baja Hannasa.

—Es Carolu. La prometida del rey—

—¡¡¡¿Ah?!!!— Expreso Hannasa sorprendida. Lo último que observo fue como aquella mujer subía en una nave esférica.

Llegaron a casa por fin. Letona la mucama fue quien los recibió. Aidra la cocinera preparo un festín para celebrar el regreso de Hannasa. Todos se encontraban reunidos en la mesa familiar, nadie decía nada cosa que el general Arcom notó.

—¡¿Y Takeo. No piensa bajar?!— Dijo Arcom. Silka su esposa lo vio con mala cara.

—¡Esta enfermo!.—

—Pero si aun no le e dado su lección— Arcom levanto un dedo dirigiéndose al guardia.

—Ve por él—

Silka se levanto de su asiento. —¿Qué pretendes hacer Arcom?—

Arcom tomo vino de su copa antes de contestar. —Ese niño mimado tuyo, le debe una disculpa a Hanna—

—¿Cómo puedes ser tan cruel?. Él pobre apenas y camina por la golpiza que le dieron—

—No puede caminar, pero puede hablar—

Silka cerro la boca ante las palabras de su marido, retomando su lugar en la mesa. En las escaleras se escucharon pasos pesados y unos gritos de agonía, era Takeo que lo habían sacado de su habitación, gritaba por el dolor y humillación que sentía al ser cargado por el guardia. Hannasa se tapó la boca y contuvo las lágrimas por ver el estado en que se encontraba su hermano menor. Su cuerpo amoratado, su pómulos hinchados por los puñetazos y un ojo teñido en rojo.

—¡Por los dioses, papá por favor ya basta!— Chillo "Suyapa" la hermana mayor de Hannasa. Hannasa en cambio no tuvo palabras para expresar lo que sentía apenas y podía digerir lo que veía. Arcom a oídos sordos de las mujeres de su familia se levanto de su asiento tomando bruscamente del cabello a Takeo que ahogo un gritó.

—Pídele disculpas a tu hermana—

—¡Arcom ya basta no sigas con esto!— Insistió Silka colocando una mano en el hombro de su marido. —Estoy segura que él lo siente...—

Arcom quito la mano de Silka con brusquedad. —¡Si es así que lo diga!—

Takeo tiritaba de la fiebre. Hannasa ya había tenido bastante presión el último día. Se levanto de su asiento dando un golpe en la mesa, llamando la atención de la familia. —¡¡¡EL ÚNICO CULPABLE AQUÍ ES EL IDIOTA DEL HIJO DEL REY!!!!—

Todos guardaron silencio...

Arcom la miro con seriedad y sonrió. —Takeo ya puedes retirarte—

El soldado tomo al joven Takeo para llevarlo devuelta a su habitación pero Arcom gruño.

—¡Dejalo que el solo se valla!—

Silka grito furiosa y Suyapa trato de agarrarla de la cintura para que no se abalanzara contra su marido. —¡¡¡¿ERES UN DESQUICIADO ARCOM COMO PUEDES?!!!—

Takeo a duras penas y pudo dar un paso al escalón pero cayo y se comenzó a arrastrar. —No...te preocupes..mamá. Se que...puedo solo—

—¡Mi niño no!_ se lamentaba Silka.

—Yo se que...él nunca...me quiso no...lo necesito— dijo Takeo en su agonía.

Arcom rodó sus ojos con fastidio."Que exagerados". Pensó el viejo guerrero.

...

En el palacio el príncipe Vegeta observaba la capital desde su alcoba, estaba de brazos cruzados. Respiro hondo, al sentir una presencia tras suyo.

—¿Qué quieres?—

—"Advertirte. Futuro rey"—

El príncipe volteo al ver a la protegida secreta de su padre. Sus ojos naranjas brillaban como dos brazas pasivas en la obscuridad.

—¿De qué?—

—"No puedo decir mucho"—

La mujer era alta y delgada cubría su bello rostro con una capucha negra. Ella tenia la costumbre de aparecer y desaparecer como un fantasma.

—Entonces vete, tu presencia me lastima y lo sabes Sharoto—

—"No puedo. Tu padre me mando"—

El príncipe río con sorna. —¡Claro!. De que otra manera hubieses ido donde mi—

—"¿Porqué te gusta esa chiquilla?"—

—Ese es mi problema...ahora vete—

—"Príncipe..."— insistió.

—¡¡¡VETE ASQUEROSA DITROLLANA!!!.— La corrió el príncipe dándole un manotazo que la princesa ditrollana esquivo. —¡Tú para lo único que sirves es para contener la guerra que creo tu repugnante raza!—

Charoto no dijo nada solo desapareció entre las sombras sin que Vegeta se diera cuenta. No sin antes decir. —"Ustedes los sayayin son unos trogloditas de mente serrada"—

—¡¡¡PERRA TRAIDORA!!!— Grito furioso el príncipe tirándole una butaca que se rompió en pedazos en la pared donde la ditrollana desapareció.

—"Quien ahora me interesa es Hannasa. Y sera mía"_

La mañana llegó. Todos continuaron como si nada hubiera pasado, Hannasa en cambio se dio una escapada, donde se quedo a ver con su guerrero. Camino tras los cuarteles generales hasta toparse con él.

—¡Bardock!—.

Continuará...