SE LE CAYÓ EL TEATRO, TÍA...

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-Todo está bien William, ella ya está aquí en la mansión y tu tía ya sabe de tu decisión de adoptarla.

-¿Qué dijo?

-Pues no le pareció, hizo su gesto de molestia y llamó capricho a tus decisiones, pero lo importante es que capricho o no, la señorita Candice ya es una Andley.

-Exacto George, lo que quiero es que vaya entendiendo que me han otorgado un poder que definitivamente pienso usar. De ahora en adelante tendrá que respetar mis "caprichos"...

O.·°·.o.·°·.o.·°·.O.·°·.o.·°·.o.·°·.O

-¡Todo esto es hermoso Dorothy! ¿Segura que son todos míos?

-Segura, señorita Candy, el señor William ha mandado comprar todo esto para usted...

-Y ¿hasta cuándo me vas a seguir hablando de usted Dorothy?

-Es mi trabajo señorita... al igual que bañarla, vestirla y peinarla.

-Nada más falta que me des de comer en la boca y me arropes en las noches mientras me lees un cuento. ¡Olvida eso Dorothy! ¡Yo ya soy una señorita de trece años! Tú eres mi amiga, te convertiste en eso desde la casa de los Leagan, siempre me apoyaste y cuidaste...

-Era mi trabajo...

-Sí, pero tú lo hiciste con amor. Yo te quiero mucho Dorothy, promete que no me bañarás, ni me vestirás, ni me hablarás de usted... lo demás puedo soportarlo.

-Lo prometo Candy.

-Dame un abrazo.

Candy y Dorothy se abrazaron olvidándose de si una es la empleada y la otra la niña rica. Sólo importaba la hermosa amistad que ahora las unía.

-Bueno Candy, la señora Elroy dejó indicaciones para ti, empieza leyendo este libro, trata de memorizar lo más que puedas. Es la genealogía de los Andley. Hay un apartado, aquí, mira... menciona la historia de Escocia, sus tradiciones, su cultura, el significado de su música. Como se divide en Ceòl Mór y Ceòl Beag, que en gaélico significan música grande y música pequeña.

Los gaiteros son los hombres que tocan las gaitas, pero puedes encontrar en la música escocesa desde gaitas y punteros, guitarras, violines, acordeones, el clarsach que es un tipo de arpa escocesa... todo viene aquí; mira, los castillos principales, el territorio de Glasgow...

-Dorothy, ya me mareaste...

-¿Lo dices en serio Candy?

-Sí Dorothy, ¡es que pareciera que a la que le apasiona Escocia es a ti!

-Pues sí Candy, hay una historia detrás de eso... algún día te contaré.

-¿Por qué no ahora Dorothy?

-Porque tienes que estudiar muchachita, anda...

Después de estar dos horas sentada leyendo Candy se quedó dormida de aburrición sobre el libro. Escuchó que tocaron a la puerta de la biblioteca y alcanzó a levantar el rostro de las páginas ensalivadas de la genealogía Andley. Lo limpió con discreción y lo cerró rápidamente antes de que la tía notara su descuido.

-Candice, espero que hayas cumplido con lo que te he encomendado. Has leído el libro, supongo...

Candy no recordaba nada de lo que había leído, pero recordaba perfectamente lo que Dorothy le había resumido y lo recitó tal cual se lo dijo a ella...

-Muy bien Candy, ahora me interesa que estudies la genealogía.

-Tía abuela, no le veo caso a que ella la sepa, de todas formas su nombre nunca estará en ésas páginas...

-¡Eliza! Aunque no lo creas necesario, ella debe aprenderlo, estúdialo Candice.

-¡Sí señora!

-¿Cómo me llamaste?

-Es decir... sí tía abuela...

-Mucho mejor...

Después de que la tía Elroy y Eliza salieron de la biblioteca Candy ya estaba dando marometas para estirar el cuerpo. Cuando se levantó de sus contorsiones en el alfombrado lugar se encontró con tres galantes figuras que la observaban de pié.

-¡Jajajaja, Jajajajajaja! Candy, ¡esa parece la danza de un gusano!

-¡Cállate Stear! ¡Déjala tranquila! Tal vez es el vestido que le irrita con la tela... ¿tienes comenzón Candy?

-Yo... eh, ¡no Archie! No es comenzón... ¡Qué vergüenza! Sólo me estaba estirando y como hay alfombra quise recostarme y descansar mi espalda.

-Vamos Candy, lo que sea que hayas estado haciendo no debes avergonzarte, nosotros debimos tocar antes de entrar, discúlpanos.

-No hay nada que disculpar Anthony. ¿Ustedes conocen la genealogía Andley?

-¡Ay! no me digas que te puso a estudiarla... ¡eso es obsoleto!

-Sí Stear, pero si ustedes me platican me será más fácil entenderla...

Anthony tomó el pesado libro en sus manos y Candy rogó porque no lo abriera pues lo encontraría húmedo, pero sólo lo acomodó de nuevo en la repisa donde siempre se colocaba.

-Deja esto por hoy Candy, venimos a buscarte porque tenemos una sorpresa para ti.

-¿Para mí? ¿Qué será?

Archie quiso vendarle los ojos con una delicada pashmina que llevaba él como parte de su atuendo, pero Anthony no lo dejó. Él con el pretexto de taparle los ojos con sus manos la llevaba muy cerca de él mientras la abrazaba por la espalda, de vez en cuando incluso se daba el gusto de oler su cabello de tan cerca que estaba. Stear y Archie se conformaron con tomarle de las manos para guiarla por el camino.

-Ya casi llegamos bonita...

Dijo Anthony, mientras Stear y Archie lo miraban serios.

-No quiero caerme...

-Si te caes yo te cargo en mis brazos hermosa...

Esta vez fue Archie el que comentó, mientras Anthony lo miró con bastante molestia.

Cuando llegaron al jardín de las rosas, había una agradable mesita con sus sillas y mantel muy elegantes; con té, galletas, pastelitos de chocolate, cóctel de frutas, cereales y malteadas que habían preparado para ella.

-¡Todo esto es para nosotros Candy!

-¡Qué deliciaaa! ¡Gracias!

-De nada princesa, es un placer verte tan feliz...

Anthony y Archie voltearon a ver a Stear con enojo.

-¡Hey ni me vean así! faltaba yo de decirle algo galante a nuestra bella dama...

-Ya chicos, suficiente, me encantan sus halagos, pero no creo que sea correcto, mucho menos si va a ser motivo de discordia entre ustedes. La tía abuela no está muy contenta con mi adopción, si los ve discutir por mi causa va a terminar echándome de la casa.

-Tienes razón Candy, tendremos más cuidado.

Desde un ventanal de la planta alta, Eliza y Neal observaban la agradable tertulia que tenía lugar sin haberlos requerido.

-¡Eso no me parece! Debieron tomarlos en cuenta.

-Si tía Elroy, eso es una grosería...

-A mí no me preocupa en lo más mínimo. Es más, agradezco no estar con Candy aunque me pierda de sus grandiosos postres. Comiendo a ese ritmo, será una obesa antes de que acabe el año...

-Ya veo porque estás tan tranquila hermanita. Aunque yo sí quería pastelillos...

-Buscaré a Dorothy para que nos traiga algunos, ¡enseguida regreso tía abuela!

Eliza sin ninguna intención de ir a buscar a Dorothy, se dirigió al ala oeste de la mansión, donde encontró al joven pariente que robó sus pensamientos toda la noche anterior y la mañana de ese día...

Caminó directo a la habitación donde lo había visto y de nuevo sin tocar, giró de la manija para encontrar el cuarto vacío, sin ropa de cama, sin adornos, libros, ni nada de lo que ella había visto anteriormente.

-¡Aaaaaggghhh! ¡No puede ser! Ya se fue, no quería preguntarle a la tía abuela, pero tengo que saber quién eres Wilbert y dónde encontrarte...

Mientras tanto Albert se reunía con George para revisar y firmar una serie de documentos que tenían que ver con la ampliación de unas empresas en todo el país.

Pronto sería también su presentación como el patriarca de los Andley y tenían que preparar todo justo antes de la recepción que tendría lugar en la mansión de Chicago.

-No hemos dado la bienvenida a Candy como se debe.

-Puedes hacer un evento aquí en Lakewood o aprovechar tu presentación como patriarca en Chicago para presentarla como tu hija.

-Creo que presentarla el mismo día que yo, sólo aumentaría las habladurías y le restaría importancia a ella. Además, no quiero presentarla como mi hija... ¡Eso me espantaría buenas prospectos George! Organizaremos algo para ella aquí en Lakewood, creo que es lo mejor...

-Como tú quieras William, ¿te parece bien en la cacería de zorros? Ya se acerca la temporada...

-Sabes bien que odio que maten a los animales. Mientras yo sea el jefe de los Andley ni esa cacería ni ninguna otra se llevará a cabo. Espero que hayan disfrutado mientras estuve en Londres porque eso aquí no lo verán más.

-Tienes razón, olvidé lo mucho que valoras la vida de la naturaleza... entonces habrá que pensar en algo para presentar a Candy. Bueno, te dejo William, voy a regresar a mi apartamento, también te sugiero que descanses, mañana será un día pesado, tenemos que revisar lo de las compañías acereras.

-Lo olvidé por completo, mañana nos vemos...

En cuanto salió George, Albert se metió a tomar un baño para relajarse. Tenía ganas de salir al bosque, pero lo haría bañadito y fresco.

Eliza seguía merodeando por el pasillo y George en su distracción no se dio cuenta de que la chamaca espiaba cualquier actividad en el solitario corredor.

Eliza caminó despacio, sin hacer ruido, con un andar casi felino, tratando de detectar un ruido, una señal del visitante Wilbert. Escuchó ruidos en una habitación más del fondo y giró la manija de la puerta, ésta vez sin éxito pues el seguro estaba puesto. Se las ingenió para ver por el orificio de la llave, y lo que vieron sus ojos, es algo que para ella valió la espera en el sucio, húmedo, terrorífico y abandonado pasillo.

Se sentía realizada, impresionada, feliz. No le importaba llegar con la tía abuela y Neal sin Dorothy, sin pastelillos y sin la excusa perfecta para justificar su tardanza... mientras seguiría los pasos de este hombre que despertaba en ella sensaciones que ni el atractivo Anthony había despertado en sus más pecaminosos sueños.

Albert terminó de vestirse y Eliza se alcanzó a esconder detrás de un grueso pilastrón de mármol. Lo observó salir del cuarto; a pesar de vestir con fachas es encantador, su fragancia es deliciosa, su cabello mojado hasta el hombro, es la visión más perfecta que Eliza ha podido contemplar, claro, no tan perfecta como el día que lo conoció.

Lo siguió hasta salir por una puerta al final del pasillo, todavía después fue tras él.

Cuando vio que Albert caminaba muy rápido y con paso largo, se dio cuenta que no lo alcanzaría, sólo que cometió el error de cerrar la puerta del pasillo al salir y tuvo que rodear toda la mansión para poder regresar.

Llegó la hora de comer, todos estaban sentados esperando a Eliza.

-Me parece una descortesía por parte de Eliza hacernos esperar...

-Sí, como si no pudiéramos empezar sin ella...

-No he pedido sus opiniones Archie y Stear. La vamos a esperar. Además de eso jovencitos, ustedes no pueden hablar de descortesías, hace un rato celebraron una reunión con aperitivos y postres y no invitaron a Eliza y Neal, eso señores, es una descortesía. Tampoco podrían quejarse de tener hambre, sería imposible ante semejante banquete que degustaron hace rato...

Minutos más tarde, llegó Eliza por la puerta principal y su vestido delataba mucho de sus recientes actividades. Toda cantidad de espuelones de la maleza, espigas y restos de hojas del campo decoraban su vestido.

-¿Dónde te has metido Eliza Leagan?

-Tia abuela, yo nunca encontré a Dorothy. La busqué por todos lados y jamás apareció.

-Lávate y ven a comer. Deberías ir a cambiarte de ropas, pero algunos tenemos hambre, no esperaremos más por ti.

Albert terminó su caminata y trató de regresar por el pasillo, pero no lo logró, la puerta estaba cerrada. Esperó a que oscureciera un poco más para poder escabullirse por la entrada principal.

-Ojalá nadie me vea, con la servidumbre no hay problema, pero tengo cinco sobrinos y Candy, de los cuales debo ocultarme todavía. Aunque todo esto me parezca una ridiculez. ¡Vaaa!, no me importa ya si alguien me ve. Son tonterías que a estas alturas me esté escondiendo...

Cuando comenzó a oscurecer entró a la mansión y sigilosamente planeaba dirigirse al pasillo del ala oeste.

-¿Quién es usted y qué busca aquí?

Albert giró y se encontró con Anthony, por fin, después de años de no estar cerca.

-Yo... soy...

-¡William! ¿Qué haces aquí? ¡Alguien puede verte!

-¿Lo conoce usted tía abuela?

-¡Anthonyyy!

-Se le cayó el teatro tía, ya no tiene caso ocultar nada.

-Anthony... él es William Andley, hermano de tu madre que en Santa paz esté descansando.

Anthony y Albert se miraban serios, perplejos, el parecido entre ellos era impresionante. Albert se acercó a Anthony, extendió sus brazos y Anthony respondió emocionado a ese gesto, abrazó a su tío y se limpió las lágrimas.

La tía abuela lloraba mientras se sostenía del barandal de la escalera.

Dorothy y Amelia se acercaron a ayudarla, la llevaron a sentarse y le ofrecieron un té para tranquilizarla. Anthony y Albert se acercaron a ella.

-Tía, conserve la calma. Esto tenía que suceder, somos una familia y es mejor así. ¿Porqué mantener esa expectación, ese secreto, que se gana con ello? Ya muchos años estuve lejos de ellos, por favor, olvídese de la dichosa presentación.

-Voy a mi habitación, mañana hablamos...

Para ese momento ya bajaban Candy, Archie, Stear, Eliza y Neal.

-¡Albert!

-¡Wilbert!

Exclamaron Candy y Eliza al mismo tiempo impresionadas...

-Candy...

-Candy, ¿tú sabes quién es él?

-Claro que lo sé Anthony, ¡es mi amigo Albert!

Lo que no sé, es que hace aquí a estas horas, pensó Candy.

-Es un familiar Candy, no es sólo tu amigo, y no se llama Albert, su nombre es Wilbert...

Dijo Eliza mientras se acercaba a él y lo tomaba del brazo.

-¡No entiendo nada!

-Yo tampoco Stear...

-Señor Albert o Wilbert, ¿nos podría explicar que pasa aquí?

-Claro que sí, eso es lo más adecuado, pasen a la sala por favor...

Después de que Albert aclaró todas las dudas, y explicó los motivos por los cuales estuvo aislado, todos entendieron su presencia en la casa y el gran parecido que tenía con el abuelo William Robert Andley, con Rose Mary y con Anthony.

Eliza no podía estar más fascinada, el hombre de sus sueños resultaba ser ahora el patriarca de la familia. Eso para ella era tener una mina de diamantes frente a ella, ahora más que nunca estaría dispuesta a hacer cualquier cosa por ser su mujer y su esposa.

Candy no podía creer lo que estaba escuchando, la persona sencilla, libre y despreocupada que conoció en el bosque era ahora su padre adoptivo, jefe de esa importante familia y su más grande benefactor.

¿Cómo poder agradecerle? si en las dos caras de la moneda siempre representó para ella una bendición...

Mientras los ojos de Eliza destellaban de interés y lujuria, los de Candy lloraban emocionados.

-Candy... no llores pequeña...

Candy corrió a los brazos de Albert y lloró, lo abrazaba mientras él también emocionado la cubría con sus brazos y besó su frente. Fue esa noche la primera vez que Anthony sentiría unos celos enormes al ver el gran afecto que se tenían Albert y Candy, lo tranquilizó el que Albert la hubiese adoptado y fuera unos diez años mayor que ella.

-Ya sé que no soy tu padre, en realidad no quiero serlo, soy muy joven para tener hijos, pero tú eres mi protegida, mi familia. Nada te va a faltar en esta casa y nadie va a poder tratarte de mala manera o subestimarte. Eres una Andley y tienes todo mi respaldo y cariño pequeña Candy.

-¡Gracias Albert! Tú también tienes todo mi agradecimiento y todo mi cariño...

La voz de la tía abuela retumbó de nuevo en la sala.

-Creí que ya estarían todos en sus habitaciones, Candice, esa no es manera adecuada de agradecer a William por tu adopción. No es propio de una señorita decente abrazar de esa forma a un hombre. Haz el favor de retirarte a tu alcoba, de igual manera todos los demás se retiran. William, en vista de que todo está aclarado, no es necesario que regreses al ala oeste, he pedido a Dorothy y Amelia que preparen la habitación principal. Ahora todos a descansar, no es hora de estar conversando.

-Es importante lo que estábamos hablando tía.

-Lo sé William, pero son las 10 de la noche, hace una hora deberían estar todos durmiendo y eso te incluye. Hasta mañana.

Albert se molestó por la actitud de su tía, seguía empeñada en tratarlo como a un niño, él ya era un hombre, poco a poco tomaría su rol y las decisiones serían de él. Se despidió de todos y retiró a su cuarto.

Dorothy y Amelia ya estaban por terminar.

Amelia tendía la cama envidiando las blancas sábanas que recibirían el cuerpo del hombre que muy a su pesar le robaba el sueño.

Albert llegó antes de que ellas salieran.

-Oh, disculpe señor William, ya estamos terminando.

-No te preocupes Dorothy, aquí espero.

Albert estaba de pié en el umbral de la puerta, observaba discretamente a Amelia, quien nerviosa terminaba de sacudir las mesitas del cuarto.

-Vamos Amelia, el señor debe estar cansado...

-Sí, Dorothy, ya he terminado.

-Amelia, le pido de favor me proporcione una jarra con agua...

-Sí señor, enseguida voy por ella.

Albert, quería en realidad estar un momento a solas con Amelia, hacía cerca de un mes de no verla y encontrarla ahí en su habitación precisamente le inquietó demasiado.

Amelia regresó minutos más tarde y con sus manos un poco temblorosas por los nervios, depositó la charola con la jarra y los vasos en una de las mesitas de servicio del cuarto.

-Permiso señor, buenas noches...

-Espera, Amelia... no te vayas todavía.

-¿Se le ofrece algo más?

-Sí, cierra la puerta por favor.

-Pero...

-Vamos Amelia, -Albert cerró la puerta al verla dudar -no somos niños, deseas esto tanto como yo. Necesito tus besos, tus caricias, como antes...

Amelia moría de ganas por besarlo, también por ser su mujer, aunque esto último no podría ser, a ella le convenía disfrutar de ese monumento de hombre sin el riesgo de quedar embarazada y meterse en problemas.

-Está bien William, será como tú quieras.

Amelia era muy hermosa, aún siendo una empleada del servicio tenía rasgos muy sensuales. Sus ojos color café oscuro, pero muy expresivos, su piel morena pero exquisitamente suave, labios gruesos y delineados, su cuerpo tenía unas atractivas y bien formadas curvas, su cintura estrecha, la cadera y el busto en su proporción perfecta. Sus posaderas... ni hablar de ellas, Albert estaba fascinado con la vista que tuvo de todo eso cuando Amelia acomodaba los almohadones en su cama.

Albert deseaba a esa mujer, deseaba poseerla por completo, pero su convicción era fuerte. Estaba seguro de no querer hijos, mucho menos ir embarazando a las empleadas.

Sabía que se exponía demasiado a que en un momento no pudiera controlar sus instintos y terminara por hacerla su mujer, pero estar a solas con ella en su habitación era irresistible.

Albert se acercó a ella, le acarició el rostro mientras ella disfrutaba de esa simple caricia cerrando sus ojos. Después se acercó a su boca, comenzó el roce de labios, la mezcla de las respiraciones. Tanto tiempo sin besar a una mujer, después de que estaba acostumbrado a eso... le producía sentir esos besos como un paraíso. Se perdían ambos en la sensación de embriaguez que la suavidad de sus labios y lenguas húmedas provocaban al juntarse.

Albert la pegó a su cuerpo... quería sentir más, probar más.

Comenzó a besar su cuello, ella estaba incómoda, había tenido una larga jornada de trabajo y no se sentía limpia ni fresca para dejarle una buena impresión a Albert.

-Espera, es que... no estoy preparada...

Dijo agitada Amelia, que con dolor de su corazón interrumpía lo que al parecer sería la noche de su vida.

-¿Por qué Amelia?

-Hoy trabajé mucho y... no estoy limpia.

-¿Eso es todo el problema?

-Es suficiente...

-Ven... puedes tomar una ducha en mi baño...

-William, no...

-Eres mi amiga y no quiero que te vayas... anda, te espero.

O.·°·.o.·°·.o.·°·.O.·°·.o.·°·.o.·°·.O

Gracias!

Locadeamor: Si, ya empezó Eliza de acaparadora, y en efecto Albert ni le hará caso.

Lizita: Gracias por tu comentario. Y por darme la oportunidad de llegar a su imaginación. Lo aprecio bastante.

Mari silenciosa: Gracias amiguita! Ya seee, tu eres de las mías! Por qué limitarnos a uno si podemos querer a ambos... claro en el mundo Candy eh? Jejeje. Un abrazote!

Glenda: Gracias por tus comentarios, trataré de estar actualizando pronto, me divierto escribiendo tanto como ustedes leyendo. Besos!

Mercedes: Gracias! Espero te siga gustando.

Eliza-Sq: Gracias por comentar, al parecer ni le importaron los vestidos porque su interés ya está puesto en otro lado...

Rosima: jajajajaja, Eliza, es para darle un antagonista a la trama...

Lizbeth Haruka: En efecto amiguita, me encantan los tres, no diré en que orden. Pero los tres son maravillosos y cuando conocí este mundo de fan fiction vi la oportunidad de plasmar mi amor platónico por cada uno de ellos. Gracias por tus comentarios, son realmente especiales para mi y muy muy importantes.

YAGUI: Gracias por estar al pendiente, un abrazo!

Bunny: gracias por seguirme y leer esta historia!

Anahi78: gracias por tu comentario tan pícaro! Ya se están encontrando más... ya ves?

Phambe: ¡holaaaa! Hermosa que gusto que me hayas dado la oportunidad y me sigas leyendo. Desde que tuve la idea de hacer este fic, me prometí no involucrar a mi hermoso Terrence. Hice un Anthony fic y ahí si sale perdiendo el amor de Candy... pero a que no adivinas con quién se queda... con una tal Sandy, que resulté ser yo misma! Jejejeje, que abusiva verdad? No voy a meter aquí a Terry, por si quieres continuar leyendo, ¡cosa que para mi sería un honor! tampoco voy a dejar que Anthony y Stear mueran. A ver cómo le hago... Gracias y te mando un abrazote!

nina: gracias por tu bellisimo comentario. Así como agradeces de corazón por este fic, yo agradezco de corazón que haya lectoras tan bellas como tu y nos levanten el animo con sus palabras! Por esto vale la pena escribir... gracias!

Adoradandrew: pues si quería su tanda! A ver si se le hace... lo que pasa es que Albert, no quiere dejar regadero de hijos, por eso se detiene. Gracias por comentar!

Mizuki Leafa: gracias por tu comentario, por leer este fic de Albert. No será pervertido, pero es un hombre y tiene deseos. No será infiel tampoco. A ver que tal me va... no tengo nada escrito, sólo se me va ocurriendo al ir por mis hijos a la escuela o mientras hago mis quehaceres... jejeje. Saludos amiga!Gracias!

Muchas gracias también a quienes leen y no comentan y a quienes me han agregado a favoritos!