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Picahielo
Que no haya piedad
Capitulo II
-Bueno, entonces creo que no hay más nada para decir, señores-dice comandante general de las fuerzas aliadas Dwight David Eisenhower -El día D deberá esperar un poco más, pero nos dará un poco de tiempo para poner apunto todos los detalles.
-Comunicaré a mis fuerzas la decisión entonces-informa el mariscal británico Bernard Law Montgomery
Los hombres dan por terminado el encuentro y deciden retirarse.
-Sir-murmura Alfred antes de que los hombres se retiren-¿Cuántos días exactamente piensa que esto puede retrasarse?
-No muchos con suerte, Jones. Quizás mañana mismo podrámos comenzar. Quizás no. Lo siento, se que estás ansioso, pero con estás condiciones climática seriamos un festín para las defensas alemanas.
Alfred no dice nada, solo asiente.
El comandante general pone una mano en su hombro asustándolo un poco.
-Necesitamos que esta operación sea perfecta, muchacho. Si esto sale bien, hemos ganado. Y quien sabe, quizás aquí esté lo que estas buscando. Fe, Jones. Es lo único que nos puede dar fuerzas en momentos así.
-Sobre eso, comandante general…-murmura el mariscal británico-los hombres están empezando a hacer preguntas. Todos sabemos lo importante psicológica y anímicamente que es la presencia de nuestros representantes durante la guerra. El ejército canadiense quiere saber el paradero del suyo. Saben que los de su clase se recuperan más rápido, no puedo seguir diciéndoles que está herido. Ya han pasado 11 meses.
Alfred se muerde el labio. Arthur, a su lado, siente ganas de abrazarlo. Es algo que nunca haría en un contexto así, ni que Alfred jamás le aceptaría. Pero no quita que lo siente.
-Lo siento-continúa-sé que es un asunto delicado. Y como tal, necesito saber que decirles a los hombres. El ejército canadiense está bajo mi cargo.
-Dígales que su recuperación se ha complicado.-responde Eishenhower
-Pero, Señor-…-
-Cuando termine está operación veremos que más decir. Pero de momento, dígale eso.
-No. Dígales la verdad. Dígales que no sabemos donde está. Dígales que el eje lo tiene. Dígaselo a todos de hecho. Estoy seguro que eso les hará luchar más fuerte mañana.
Alfred decide irse, estaba sintiendo sus manos empezar a temblar, y eso nunca era buen indicio.
La furia, la ansiedad, el miedo, el caos. Todo iba fluyendo por sus venas.
Una parte de sí tenía fe en que el día D le traerías al menos una respuesta. Tenía esperanzas de que terminada la guerra, terminaría el martirio.
Pero otra parte de sí, tenía pánico que no.
-Yo hablaré con él-escucha que Arthur dice a los otros.
Pero Arthur sabe darle su espacio y él se ha vuelto tan imposible de alcanzar ya, que ha desistido hace rato de intentar hablar con él.
