No me pertenecen ni Card Captor Sakura, ni Transformers.


Card Captor

Prologo II

Los Ángeles estaba bañada en brillo y en una gama colosal de colores en medio de la noche. Entre los rascacielos levantandose hacia el cielo se hallaba una imponente torre algo parecida a una aguja gigante con un gran mirador circular techado en la parte superior, los miles de paneles de vidrio a los cuatro lados de la torre brillaban en la noche, su moderna arquitectura daba a entender que se trataba de una de las maravillas mas recientes de la ciudad.

La luna, grande y brillante luna llena iluminaba ligeramente la noche desde el cielo. En una azotea cercana cuya vista da a la torre se encuentra una silueta que usaba una capucha y una capa negras que ocultaban su identidad, debajo de la capa llevaba un traje marrón que daba la impresión de ser una armadura. En sus manos sostenía una especie de báculo azul en cuyo extremo superior se parecía al pico de un ave. Al lado de la figura volaba un pequeño ser, pero aun en la penumbra no se distinguía su rostro.

Unas cartas de apariencia rara caían del cielo como si fuera lluvia de plumas. Soplaba un viento suave y cálido. La persona encapuchada abrió la boca murmurando algo, mas no salio ningún sonido. El ser que levitaba a su lado volvió ligeramente hacia el. El encapuchado avanzo un paso adelante al borde del edificio, dos alitas diminutas salieron de sus tobillos, la figura levanto la cabeza un poco permitiendo a algo de luz iluminarle el rostro revelando a un muchacho como de quince o dieciséis años con ojos y cabello castaños además de algo que parecían símbolos celtas pintados profesionalmente en la parte baja de su rostro. Acto seguido dio un gran salto en el aire.

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El sonido de música de heavy metal a todo volumen sonó estruendosamente haciendo que el chico que estaba dormido en la cama se despertara de sobresalto, tras calmar sus nervios volteo a su derecha para ver a su padre, Ron Witwicky oprimiendo el botón de apagado de la radio que suponía que había puesto intencionalmente junto a donde estaban sus oídos.

- Levantate Sam, vas a llegar tarde - dijo con una sonrisa de oreja a oreja en su cara.

Sam le dirigió una mirada entre divertido y enfadado a su padre antes de finalmente levantarse de su cama; amaba a su padre y todo eso, pero a veces quisiera que se dejara de bromas. Fue al baño y comenzó a cepillarse los dientes. Tras haber terminado se fue a su cuarto a cambiarse de ropa, vistiéndose con una camiseta azul oscuro con una camisa marrón sobre esta dejando los botones abiertos además de unos vaqueros y tenis.

Bajo las escaleras a paso tranquilo, cogió su mochila del sofá en el cual lo había dejado la noche pasada y camino a la cocina. Vio a su madre, Judy Witwicky preparando algunos huevos fritos mientras su padre tomaba un sorbo de café y leía el periódico de ese día.

- Buenos dias -

- Buenos dias Sammy - dijo su madre sonriente.

- ¡Al fin! ¡me parecía que bajarías en tres horas mas! - comento su padre aun con esa sonrisa de payaso.

- Papá, la escuela esta a nueve cuadras nada mas -

- No es razón para quedarse acostado como un oso perezoso -

- Ya Ron, deja de molestarlo - intervino su madre aunque también divertida por las ocurrencias de su esposo.

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El camino a la secundaria no era largo, estando a solo unas cuadras Sam podía facilmente solo caminar hacia el edificio rectangular que se hallaba al final de la calle, siempre aprovechaba ese lapso de tiempo para pensar un poco o charlar con su amigo de la infancia, Miles; pero el se encontraba temporalmente fuera del país con su familia. Aun si estuviera ahí Sam no podía dejar de pensar sobre aquel sueño tan raro.

- "¿Quien habrá sido ese?" - pensó mientras la imagen el encapuchado volvía a su mente. Súbitamente recordó la parte en el que un rayo de luz le daba en la cara develando su rostro.

- "Era... ¿yo?" -

Sam se extraño por la revelación, mas sintió que alguien lo observaba y volteo rápidamente, no había nadie. Volvió hacia adelante para encontrarse cara a cara con una chica de larga cabellera negra que le llegaba a la parte baja de la espalda y ondulada en la parte inferior, sin mencionar sus ojos azules radiantes; estaba vestida con unos jeans, tenis blancos, y una camiseta rosa debajo de una sudadera purpura. Apareció tan repentinamente que Sam casí se vuelca para atrás.

- Buenos dias Sam - dijo con alegría.

- ¡Madison, de donde saliste que no te vi! - Madison sonrió antes de hablar.

- Llegué hace un rato, estabas como zombie mirando en hacia allá atrás - señalo con el dedo la calle vacía detrás de Sam.

- ¿Como cuanto tiempo me quede asi? -

- Solo unos minutos, ¡pero anda vamos que se hace tarde! -

Madison le agarro de la mano y le hizo correr detrás de ella. Siguieron su camino sin notar a un viejo camaro amarillo con franjas de carrera negras que se ocultaba tras la esquina y curiosamente sin conductor.

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- Hey, Sam - le saludo un chico de cabello negro, polera roja y jeans cuando el y Madison estaban en el área de los casilleros sacando algunos libros para su primera clase.

- Hola, Trevor - dijo Sam.

- Buenos dias - dijo Madison.

Trevor fue a su casillero al lado de Sam, el de Madison estaba justo en frente de ambos, como tenían que verse siempre que venían por sus cosas no les costo entablar una amistad. Madison era hija de una pareja de empresarios muy exitosos, además de algo sobreprotectores, Sam no tenia idea de como los convenció para que la dejaran ir por su cuenta a la escuela; Trevor era hermano menor adoptivo de un capitán del ejercito, como el se hallaba de servicio en el medio oriente ayudaba a su cuñada, Sara a criar a la hija de esta de solo unos meses, Anabelle junto con su madre.

- He, Madison ¿es una nueva cámara? - pregunto Trevor al ver guardada una cámara de vídeo muy moderna dentro del casillero.

- Si, es para grabar la carrera de bicicletas de montaña que habrá esta tarde - dio una media vuelta alzando con una mano la cámara y la otra la puso en su mejilla ilusionada, apareciendo un fondo multicolor (muy al estilo Tomoyo) detrás de ella - ¡Voy a grabar la carrera de principio a fin! ¡Hasta que llegue el final con la bandera a cuadros! - exclamo con su voz alegre y con los ojos grandes y brillando como estrellitas, dando unas vueltas de alegría. A Sam y Trevor la miraban bastante extrañados al estilo anime.

- ¡Bien debo irme mi clase va a empezar! - Madison guardo la cámara en su mochila y camino con un puño hacia arriba y moviéndolo como si estuviera vitoreando algo.

Cuando se fue Trevor le comento:

- ¿Donde le cabe tanta emoción al grabar o tomar fotos de algo? -

- Ya conoces a Madison, le encanta grabar todo acontecimiento especial, incluso si solo es entregar un regalo a la persona que te gusta - en lo ultimo Sam le dirigió una mirada de burla a Trevor quien solo se irrito ante el gesto.

- Ni me lo recuerdes - gruño mas sin embargo Sam continuo.

- Grabo todo el asunto con Mikaela y se lo mostró a casí todas las chicas del colegio - una vena sobresalio en la frente de Trevor denotando su enojo.

- Tuvimos que esconderte entre todos los chicos por semanas - Sam apenas contenía la risa ante el recuerdo de tan hilarante acontecimiento.

- ¡Ya anda que sino nos castigan por llegar tarde! - le exclamo colérico. Sam soltó una pequeña carcajada mas decidió que era mejor parar por ahora.

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La clase de historia tenia la fama de ser la mas mortalmente aburrida en la escuela; el profesor a cargo de esta, el Sr. Brown era increíblemente monótono al explicar el avance de la materia pero muy estricto. Afortunadamente Sam y Trevor se sentaban en la parte media del aula, así que no tenían que morirse de aburrimiento en la primera fila.

Mientras el Sr. Brown explicada mortalmente lento como se inicio la república romana, Sam solo miraba a la ventana a su lado que daba a un pequeño bosque que se hallaba al lado del edificio. Movía su mano con el bolígrafo en una de las paginas en blanco de su cuaderno abierto; seguía pensando en aquel sueño con el en medio de una ciudad (Los Ángeles según recordaba), aquella vestimenta, ese ser que volaba a su lado, las cartas y el enorme salto.

- Vaya que cosa es esa - dijo Trevor algo extrañado mirando los garabatos de Sam.

Sam miro al cuaderno y vio que no había hecho garabatos al azar, había dibujado una especie de oso de peluche con la cola larga que terminaba en una bolita esponjosa, además de unas alas pequeñitas saliendole de la espalda.

- ¿Q... Que es esto? - dijo en voz baja algo aterrado. Entonces sintió un golpe en la parte trasera de la cabeza.

- ¡Auch! - se levanto y volteo a ver Trent, continuo bravúcon en la vida de Sam que ocultaba bajo su manga un popote que había usado para lanzarle una bola de papel ensalivado.

- ¡Señor Witwicky, ¿Cuantas veces tengo que decirle que no interrumpa mi clase? - el Sr. Brown lo miraba colérico - ¡Castigado, después de clases iras a la direccion para que te den uno que te corrija! -

Sam intento protestar pero al ver la expresión decidida y asesina del profesor se decidió por volver a sentarse y tratar de ignorar la expresión de satisfacción de Trent.

- ¿Seguro de que no puedes venir Sam? - dijo Madison con tristeza mientras los tres hablaban fuera del edificio ya a la hora de salida.

- Si Madison, la gargola de Brown me castigo y ya sabes como es el -

- Bueno - Madison saco su cámara y sus ojos volvieron a llenarse de estrellitas - ¡Me encargare de grabar esa carrera junto a Trevor para mostrártela! - Sam cayo estilo anime.

- En ese entonces nos vamos, buena suerte con el castigo - dijo Trevor mientras ella y Madison se alejaban.

Sam los despidió con la mano antes de volver a entrar y recibir su castigo.

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Sam entro por las puertas de roble de la biblioteca siguiendo a una señora de edad algo avanzada que vestía con un atuendo rosa estilo de los años cincuenta.

- Muy bien joven Witwicky, usted se encargara de organizar los libros regresados hoy a la biblioteca - dijo la señora con rigidez.

- "¿Solo organizar libros? pensé que seria mas difícil" -

- Aquí estan - dijo señalando la mesa de la bibliotecaria, donde se elevaba una versión de libros de la gran muralla china.

- ¡¿QUÉ? ¡NO TERMINARE NUNCA! -

- Tal vez así lo piense dos veces antes de volver a hacerse castigar - dicho esto la señora giro en sus talones y salio de la biblioteca vacía dejando a Sam junto al montón de libros.

Sin mas remedio comenzó tomando una pila de libros que le superaban hasta mas de la cabeza y se dirigió a su sección correspondiente. Durante horas Sam fue de aquí para allá, llevando libros, tirándolos, ordenándolos, etc.; tuvo muchos problemas al subir las escaleras para poder poner los libros en orden, en mas de una ocasión estuvo a punto de volcarse hacia atrás varias veces. Finalmente solo le quedo un libro.

Acababa de poner el ultimo libro en su estante, notó un ruido extraño unos bloques mas allá, bastante similar a los de crujidos de las tablas de madera bastante viejas al pisarlas sin cuidado.

- ¡¿Hola? ¡¿Hay alguien alli? -

Sam camino con cuidado por los estantes, iluminados aun por la luz del sol que ya se ocultaba detrás de la silueta de la ciudad. Tras un rato caminando, descubrió que el sonido venia de un rincón aislado de la biblioteca, en un pasillo de estantes acomodados en forma de "U" creando un callejón sin salida. Con cautela miro dentro de este rincón, preparado por si era alguien que no tuviera buenas intenciones, mas no vio nada. Confundido ya se retiraba cuando un tenue resplandor amarillo le llamo la atención. Provenía de uno de los libros, en la parte inferior derecha del librero del fondo, oculto a simple vista. Se agacho y estiro su mano hasta alcanzarlo y sacando un libro rojizo, mas bien carmesí, de tapa dura con bordes de bronce. Sam sintió una sensación muy rara al sacar el libro, era como si sostuviera una de esas cajas envueltas en papel de regalo en época navideña, donde se hacían orificios para permitir respirar a los cachorros o gatos que eran puesto allí, lo sabia ya que su chihuahueño, Mojo había llegado de la misma forma la navidad pasada; se trataba de la sensacion de que adentro había un ser vivo, pero a la vez diferente, ya que no había ningún movimiento ni respiración, solo la sensacion cálida de un cuerpo. Ese libro a juzgar por su tapa era antiquísimo, se parecía a esos manuscritos de la época medieval, aunque este no tenia signos de vejez, parecía hecho ese mismo día, incluso el bronce aun se sentía resbaladizo y recién pulido.

Inspeccionando el libro mas de cerca, vio una asombrosa gama de detalles: En la cubierta de este, se hallaba lo que parecía un león cuya cara no expresaba ninguna agresividad, mas bien daba la impresión de ser bastante benigno, además este tenia una clase de casco con una especie de rubíes carmesí en su cuello y la cabeza, con otra similar pero mas pequeña adornaba la oreja derecha de la fiera, todo el conjunto daba la impresión de ser una armadura. Más un par de alas como las de las aves surgían de lo que seria su lomo. De estas alas salían unas cadenas que decendían hasta un sol de bronce en la parte inferior del libro; entre las dos puntas de ambas alas se encontraba una luna creciente, igualmente de bronce pero mucho mas pequeña que el sol. Sobre todo esto había un listón de bronce que rezaba "The Clow".

Dio un vistazo a la parte posterior de dicho libro, se hallaba impreso un símbolo en forma de circulo, con complicadas lineas cruzadas entre si con simetría perfecta, en el centro descansaba el mismo sol de bronce con otra luna creciente, pero que estaba dentro de un circulo vació y que se ubicaba en el lado derecho del símbolo y sus puntas miraban hacia arriba. Abajo de este, siendo el primer símbolo superpuesto intencionalmente, se repetía el mismo, solo que mas pequeño y con la luna apuntando a la derecha. Abajo se hallaba la misma luna apuntando hacia arriba de cuyos lados emergian dos alas extendidas y algo mas desordenadas que las del león en la tapa. Abajo, al final el mismo listón rezaba de nuevo "The Clow".

El libro estaba cerrado con una cerradura compuesta por una hebilla de bronce, conectada con la otra tapa con una cinta de cuero carmesí. Pero al pasar el dedo por la abertura donde debía ir la llave, esta lanzo una chispa dorada y el libro se abrió por completo. Tal fue la sorpresa que Sam casi tira al suelo el libro, mas mayor fue su asombro al ver en vez de cientos de paginas escritas un mazo de cartas a las cuales las paginas servían de apoyo. Estas cartas reposaban en un hueco perfectamente rectangular donde debían de ir las ya mencionadas paginas. El reverso de la tapa mostraba una inscripción aparentemente hecha con pluma y tinta tradicional. Pero Sam mostró poco interés en este mensaje, ya que las cartas que se hallaban dentro del libro eran las mismas en apariencia a los de su sueño.

Las cartas rectangulares, de fácil manejo para la mano humana, tenían el mismo símbolo del libro, solo que la luna apuntaba a la esquina inferior izquierda y toda esta era suspendida en la parte superior izquierda del libro, con estrellas de seis puntas a cada esquina y con un borde de apariencia broncinea resaltado como cuadrado donde iban las estrellas, además del color carmesí como fondo detrás del símbolo. Sin pensarlo dos veces, Sam saco la primera carta del mazo, sintiendo aun mas fuerte esa calidez que solo brinda el don de la vida.

Volteandola vio lo que aparecía una mujer con orejas de elfo, cejas delgadas y largas, una especie de signo en su frente parecido a unas alas que apuntaban hacia arriba de color verde jade, sus manos estaban crusadas y apuntando hacia arriba. En sus hombros habían una especie de mechones plumosos, naciendo de ellas dos alas de hada largas que cubrian el cuerpo de la mujer, aunque a un principio la confundió con hojas de árbol. Su cabello de dividía en dos mechones largos que se entrelazaban y acababan casi al final de la imagen. Esta imagen de fondo azul marino estaba rodeada por un borde delgado de bronce. Arriba emergía la mitad inferior del ya característico sol con la expresión "風". A mitad de altura en ambos lados se alzaban suspendidas dos estrellas de seis puntas, al final de la imagen la luna apuntando a la izquierda. Un borde de bronce mas ancho se ubicaba en la silueta de la carta, siendo mas pronunciado en la izquierda y la derecha. Y finalmente un listón de bronce abajo de la luna, con dos palabras escritas en ingles "The Windy".

Sam curioso por la apariencia tan extraña de la carta, leyó con algo de dificultad las palabras ... pasando desapercibidas las nubes que comenzaron a formarse a sus pies.

- El Vi... Vie... ¿Viento?-

Dichas estas palabras una luz dorada exploto debajo de sus pies, la carta despidió un brillo azulado y de ella salieron varias corrientes de viento, esparciéndose por todo el lugar. La sorpresiva ventisca forzó a Sam a cerrar lo ojos, y cubrirse el rostro de los múltiples libros arrastrados por la corriente de aire como si fueran hojas, las ventanas temblaron ante la tempestad de adentro. Tras un instante Sam volvió a abrir lo ojos y vio para su horror que una a una las demás cartas volaban del libro impulsadas por las corrientes de aire. Tal era su velocidad que cuando puso su mano sobre el hoyo para impedirles la salida, ya solo quedaban unas dos cartas dentro del libro.

Las que lograron huir sin embargo se arremolinaron por la habitación y pasaron atravez de estantes, mesas, sillas, y hasta paredes como si se trataran de cosas irreales, en lugar de girar y deslizarse al azar para aterrizar en el suelo. Cuando la ventisca paso, Sam se desplomo de rodillas en el suelo de parquet de la biblioteca, atónito, incapaz de comprender como había sucedido esto.

Tras unos minutos recordó las cartas que había logrado retener, saco las otras dos del libro y les dio una rápida ojeada: la primera además de Viento, mostraba a una mujer de cara alegre usando una diadema de hojas y un vestido cubierto por enredaderas, The Wood o Bosque como le entendió, tenia la expresión "樹"; la segunda solo mostraba a un conejo de forma atolondrada con unas alas transparentes en la espalda, The Jump o El Salto, con la expresión "跳".

- Por lo menos no se fueron todas... pero... ¿que diablos fue eso? - dijo para si respirando agitadamente y sosteniedo firmemente las cartas.

Entonces se dio cuenta que el libro brillaba de nuevo. Sam lo tiro a un lado como si fuera una bomba de tiempo. Se levanto y retrocedió hasta que su espalda dio con el librero, cuando un pequeño ser comenzó a emeger de la portada. La figura era pequeña, amarilla, idéntico a un osito de peluche en miniatura a excepción de las alas de su espalda y la cola delgada y alargada con una nubecilla de pelo blanco al final. La criatura levito en el aire como a un metro sobre el libro, parecía inconsciente ya que tenia la cabeza hacia abajo.

Sam pensó en que seria mejor irse de ahí, pero desafortunadamente la cabeza redonda y esponjosa de la criatura se levantó y abrió sus diminutos ojos.

- ¡Hola, hola, hola! - dijo la criatura animosamente.

- ¡¿Quien... Que demonios eres? - exclamo Sam todo alterado.

- ¡Soy Kerberos, la Bestia del Sello que mantiene sellado este libro mágico! - dijo Kerberos inflando el pecho, estaba de mas decir que le tenia mucho orgullo a su titulo.

- ¿Bestia del Sello? - Sam se quedo bastante extrañado - No pareces tan importante, eres como un juguete de peluche -

A Kerberos se le salio una venita de la cabeza.

-¡¿A quién llamas peluche?- grito exageradamente haciendo que Sam se apretujara mas contra el librero.

- ¿qué estabas haciendo custodiando en ese libro de todos modos? - preguntó Sam esperando distraer la atención del tema.

- Como te lo dije, yo soy la Bestia del Sello, resguardo estas cartas dentro de este libro para que no sean usadas por fuerzas malignas... - al terminar de explicarse Kerberos levanto el libro con magia y dio un rápido vistazo al libro hueco y vació. Tardó como dos segundos para mirar el libro antes de voltear hacia Sam, y darle otro vistazo al libro. Una mitad de un segundo después, dejo estallar un gritito de horror algo cómico.

- ¡Las cartas se han ido! ¡¿Como, cuando, por qué? - dijo empujando su cabeza dentro del hueco desesperadamente en busca de las cartas, y gritandole a los cielos. -¡¿A DONDE FUERON?"

Sam vio sobresaltado como el peluche rebuscaba tan intensamente que el libro se volcó quedando este debajo de el. Le dio un vistazo a las cartas en su mano y toco el hombro de la "bestia" del sello.

- ¿Te refieres a esto? - dijo al agacharse y extenderle las cartas.

Kerberos miró sobre su hombro, antes de soltar un grito de alegría y alivio, casi corriendo a abrazar las cartas

- ¡Oh, gracias, gracias, sí se trata de algunas de ellas, muchas gracias! - dijo llorando lágrimas de alegría. La Bestia del Sello recuperó la compostura antes de proseguir - ¿Y las otras cartas? -

- Bueno... una historia divertida. Pues al sacar la primera carta del mazo leí la palabra "Viento"... -

- ¿Sí? -

- Entonces no había esta repentina ráfaga de viento... -

- Si ¿que mas? - el peluche asentía con cada frase.

- ... Y antes que que puediera detenerlas casi todas se fueron volando -

- Ya veo -

Se rieron al unísomio, Kerberos fue el primero en parar de golpe. Simplemente miró a Sam con una cara de incredulidad, antes de ...

¡¿QUÉ FUE LO QUE DIJISTE? - exclamo, con la esperanza de haber oído mal.

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Después de casi tener que sofocar a Kerberos, este finalmente logro calmarse, decidiendo seguir la charla en un lugar mas privado. Metiendo el libro en su mochila con las cartas, además del guardián (dejándola medio cerrada para que no se asfixie) y poner algo de orden a los estantes, partieron direccion a casa de Sam. Gracias a la noche de padres de familia sus padres ya lo esperaban listos para ir a la escuela no sin una reprimenda extra, pero Sam se quedaría solo en casa por la noche, así que no había peligro de que fueran descubiertos.

Al llegar Sam saco al peluche y al libro puso el ultimo sobre la mesa del comedor. El guardián voló estirando las piernas en el aire.

- ¿Qué tiene de malo que un par de cartas? -

- Estas no son cartas normales - respondió Kerberos.

- Claro, como no note la ventisca dentro del edificio y la luz dorada - dijo Sam sarcásticamente.

- No te hagas el listo conmigo, niño. Estas son las Cartas Clow, y al liberarlas acabas de traer el caos a este mundo -

- Está bien calmate, en primer lugar ¿que es una "Carta Clow"? y en segundo lugar ¿que es tan peligroso de ellas? -

- ¿Realmente no lo sabes, verdad? - dijo el peluche con un suspiro.

- Oye, solo abrí el libro. ¿Crees que lo se todo? Hablando de que la curiosidad de mato al gato -

- Se dice que cuando el sello se rompa, y las cartas escapen, una catástrofe caerá sobre este mundo... - el guardián recitó las palabras de memoria - Las cartas fueron creadas por un mago llamado Clow Reed, de poderes increíbles por cierto -

- ¿Un mago? ¿Acaso son de verdad? - preguntó Sam. Kerberos asintió antes de continuar.

- Cada carta tiene vida propia, con variados pensamientos y personalidades. Cada una de ellas poseen poderes increíbles, pero cuando ellas hacen lo que les de la gana... -

- ¿Que haría más fácil atraparlas? Con toda la tecnología que existe quizás... - el guardián negó con la.

- Eso es lo que las hace tan peligrosas, los métodos convencionales y las maquinas no son rivales para ellas. Para contenerlas, Clow creó el libro y me puso en la portada y me encomendó mantenerlo sellado. En cualquier caso, tenemos que recuperar todas las cartas. ¡Y ya que tu fuiste quien las libero, tendrás que ayudarme! -

- ¡Qué! ¿Por qué yo? - Dijo Sam en sorpresa y desacuerdo.

- Fue tu culpa, por lo que tienes que compensar tu error - dijo totalmente decidido.

Sam miró a la "Bestia" - Pero ¿no se suponía que tenias mantenerlas debidamente selladas? -

- Sobre eso, me quedé dormido -

- ¿Por cuánto tiempo? -

- Creo que noventa años -

- ¿Y te haces llamar la "Bestia del Sello"? - dijo Sam mientras le salia una gotita en la cabeza.

- ¡Todo puede suceder en la vida! ¡¿deacuerdo? - Gritó de pie en una pose dramática -De todas formas, si te las arreglaste para encontrar y abrir este libro indica que tienes algunos poderes mágicos -

- ¿Yo? ¿Mágia? - Sam casi se cae hacia atrás de la risa - Lo siento, pero ¿no es eso un poco exagerado? Sólo un estudiante de quince años común y corriente -

- El libro nunca miente. Entonces, ¿cuál es tu nombre? -

- Sam -

- Bien Sam, parate allí - dijo el peluche apuntando a un espacio entre el merco de la puerta y el sofá.

Sam hizo lo que le dijo y se paro en ese lugar. Kerberos levito en el aire como si estuviera en trance. Una tenue luz dorada ilumino su silueta. Casi al instante todo el cuarto desapareció y so quedaron el, Kerberos, y el libro mágico, sobre el cual levitaba el peluche; Además del símbolo de Clow con la luna y el sol. Sam miró nerviosamente de un lado a otro, algo asustado por el repentino cambio en el ambiente.

- Llave del sello -

Al decir esto un orbe de la luz emergió de la cerradura del libro. Este avanzo hasta quedar frente a Sam. Dentro del orbe se hallaba una extraña llave. El mango era de color bronce y tenia forma de un pico. La punta del pico era de un cristal azul plateado. Donde estaban los ojos habían dos astillas de gema del mismo color del pico representaban unos ojos alargados. Un par de alas en miniatura, punte agudas y plateadas surgían de las gemas.

- Aquí hay alguien dispuesto a aceptar esta misión.

Es un muchacho. Su nombre es Sam.

¡Oh llave, otorgale a este chico tu poder!

¡LIBERATE! -

El orbe se amplio hasta bañar el lugar con su luz totalmente. La llave se extendió y creció. Oyó al guardián diciéndole que sostuviera la vara. Abriéndose paso entre la luz, finalmente sintió esa llave convertida en lo que parecia ser un báculo y lo agarro firmemente. La luz se acrecentó y la vara creció más. Desde el objeto, un suave viento cálido soplaba contra su rostro.

- ¡Muy bien! ¡Ha nacido un nuevo Cardcaptor! - Anunció Kerberos. Sam simplemente se quedó mirando el báculo. La luz, la oscuridad y el viento desaparecieron. Estaban de nuevo en la su casa.

- Cielos... - fue todo lo que podía decir. El báculo era casí similar a la llave. Con la excepción de su palo largo, de color azul, alas mas grandes y mas alborotadas y de lo que solía ser de los dientes fue sustituido por una punta de bronce, pero lo que mas le impacto fue que era el mismo báculo de su sueño.

- Es algo diferente a como la recuerdo pero servira - dijo el guardian asintiendo con la cabeza.

- Bueno, que mas da, Ke... ¿cuál era tu nombre? -

- Es Kerberos. Pero llámame "Kero" para abreviar -

- Bueno, Kero espero que hagamos un buen trabajo - sintió a su estomago gruñir - aunque en este momento me muero de hambre.

- Yo también, noventa años dormidos si que le abren el apetito a uno - Kero se paralizo al ver como Sam sacaba una barra de chocolate de su mochila y estallo en alegría - ¡SI, CHOCOLATE! -

Sam estuvo un tanto extrañado por dicha reacción, le entrego el chocolate a Kero quien comenzó a engullirlo.

- "Para ser tan pequeño come como si fuera león" - pensó mientras una gotita surgía en su cabeza al ver como deboraba otro dulce de su mochila - "Con ese apetito me va a dejar en bancarrota" -

Continuara...


Bueno otra parte ya hecha, Sam ya fue nombrado Card Captor, aunque solo tiene tres cartas en su poder. Aqui hay algunas notas del cap:

Madison Taylor: En la versión en ingles de Card Captor Sakura, "Cardcaptors" es el nombre por el que se llama a Tomoyo. Ella es casi idéntica a Tomoyo del anime solo que no esta tan obsecionada en grabar SOLO a Sam, pero sigue siendo tan radiante como es caracteristico.

Trevor Lennox: Mejor amigo de Sam aparte de Miles, como ya es mencionado antes, es hermano menor adoptivo del Capitan Will Lennox, tras morir su padre adoptivo, su madre igualmente adoptiva ha mantenido una constante presión sobre Trevor para que sea mejor según sus términos, no es rebelde pero no lleva una relación familiar tan "estrecha" que digamos.