¡Hola de nuevo mis queridas lectoras!
Ha llegado el momento de presentar el primer capítulo de esta historia de piratas. Han pasado siete años por lo que recordar que Sakura antes tenía 5 añitos solamente y Sasuke 8. A lo largo de la historia, que más o menos contará con 25 capítulos, los personajes irán creciendo, así volverán a haber saltos de tiempo, pero no os preocupéis porque lo avisaré como en esta ocasión.
A las chicas que me habéis dejado un review:
Ponzha, setsuna17, LunaTsuk-chan, alexiel_uchiha, Xoxo y Bibi Uchiha, me alegra un montón que os haya gustado el prólogo y muchíismas gracias por haber escrito, de verdad que me ha animado un montón el recibirlos. Me pone muy contenta de que os haya gustado y espero que os siga gustando la historia de ahora en adelante ^^ .En cuanto a nanami11: realmente no sé como haces para dejarme reviews tan largos pero es que lo leo y pienso "¡hay que mona, esta chica!" de verdad y bueno, One Piece ha sido uno de mis animes favoritos y algo de influencia sí que tiene pero solo en cuanto a lo del Fruto del Diablo, lo demás todo ha salido de mi coco xD Sesrena: a mi también me gusta muchísimo piratas del Carube, he visto la peli un millón de veces jajaja pero la historia de Will y Elisabeth es diferente a la que van a vivir Sasuke y Sakura, pero no te decepcionará :) y Rimiish: me encanta Disney, a pesar de que no me pega mucho, y también los piratas, así que espero que te guste aunque las bonitas y perfectas historias de Disney no vas ser mucho reflejo de esta historia, ahora cuando lo leas lo comprenderás :)
Como siempre los personajes no son míos y digo lo mismo que la mayoría, si lo fueran os puedo asegurar que Sasuke estaría a estas alturas con Sakura ^^, pero como son de Masashi Kishimoto, tendré que dejar de soñar con eso TT_TT
Ahora que es el momento de leer, imaginaos estar en medio del mar, donde todo es posible. Piratas, princesas, aventuras y algo de magia.
~She's a princess, He's a pirate~
—¡Arriba Princesa!—gritó mientras zarandeaba a la pelirosa que se hallaba profundamente dormida en su cama… hasta hacía unos minutos.
Sakura entreabrió los ojos somnolientos para volver a cerrarlos después de que el sol de la mañana la deslumbrara por completo. Los rayos entraban con fuerza y calor a través del cristal de su gran ventana. No dudó un segundo en cerrar los ojos, molesta por la luz.
La niña se giró llevándose las sábanas con ella y se tapó entera con un gruñido que indicaba que no tenía ganas de levantarse en ese momento.
—Oh, vamos Princesa, tiene que ir a la escuela, ¿quiere llegar tarde?—le dijo la mujer burlona pero cariñosa poniendo las manos en su cintura.
Sakura murmuró algo incomprensible y se tapó con más fuerza en un débil intento de seguir durmiendo.
La puerta se abrió y una pequeño gatito se abalanzó contra la cama haciendo que la pelirosa que había dentro se sobresaltara y finalmente, terminara de despertarse.
Quitó las sábanas de en medio malhumorada y les hizo una mueca de disgusto a la mujer y a la gatita.
—Estaréis contentas, ya habéis conseguido que me despierte—dijo enfadada con el entrecejo fruncido señalándolas mutuamente. Y con esto, se levantó torpemente y cerró un poco las cortinas para que no pasara tanta luz y se volvió,— me gustaría tener un poco de intimidad— las miró para que comprendieran la indirecta y se retiraron de la enorme habitación de la muchacha que estaba parada en medio de esta todavía medio dormida.
Con cuidado, se llevo la mano al cuello y tocó con cuidado el colgante que descansaba ahí desde hacía años. Todavía estaba un poco sorprendida, pues hacía muchísimo tiempo que no soñaba con el día en que conoció al pequeño pirata. Desde ese día su vena rebelde y aventurera había ido creciendo y soñaba con el día en el que él viniera y se la llevase, tal y como había prometido en aquella ocasión. Sin embargo, en los siete años que habían pasado desde aquello, había aprendido muchas cosas, y aunque le gustara escuchar historias sobre piratas, ya no le atraía tanto la idea como cuando era pequeña, pero claro, había una gran diferencia. Las historias que se cuentan a una niña de 5 años no son las misma que se cuentan a una chica de 12, las primeras eran fantásticas e inocentes, llenas de cosas bonitas, sin nada malo. En cambio, las segundas, pese a ser igual de fantásticas, estaban llenas de oscuridad, maldad y muerte. Su padre, siempre le decía que los piratas eran muy, pero que muy malos. Que no merecían ni vivir. De hecho, le contó que la familia que había gobernado el Reino de Cristal había sido asesinada de forma sádica y cruel por ellos. Por esto, le dijo que nunca hiciera tratos con piratas, puesto que lo que querían ellos era utilizarla y después asesinarla. Pese a todo, muchas veces se escapaba a los acantilados para poder contemplar el mar, que le atraía con la fuerza de un imán. Le gustaba ver las olas rompiendo contra las poderosas rocas, el reflejo de la luz que se reflejaba en él y el misterioso horizonte. Tantas veces había soñado acerca de lo que podría haber después de aquella línea que separaba el cielo del mar, los misterios a los que se vería sometida y a las aventuras que podría vivir.
Nada más lejos de la realidad, pensó con un suspiro de resignación apartándose de la ventana. ¿A quién iba a engañar? Sabía de sobra que nunca saldría de allí, era una princesa, una dama, alguien distinguido y elegante, con honor. Su vida estaba escrita como las de las demás nobles: su educación, un trabajo importante, dinero, poder y un marido que ella no elegiría. Era fácil, sencilla y tremendamente aburrida. Aunque las mujeres pudieran trabajar, siempre se verían con menos importancia con los de los hombres. Y eso era así, punto. Por eso todos los muchachos de su escuela se pavoneaban de todo lo que tenían delante de las chicas que tenían belleza y dinero. En el mundo en el que ella vivía, todo era un negocio, hasta la felicidad. Esa era la razón por la que quería irse de allí, se sentía fuertemente atada, apresada, encerrada, sin alas y sin libertad, sin derecho a elegir lo que ella realmente quería.
Volvió a mirar el extraño colgante y tuvo la sensación de que palpitaba, de que le estaba diciendo algo, como si fuera capaz de transmitirle algo. Una sensación extraña la embargó en cuando tocó el cristal con fuego, como si fuera una especie de premonición, como si le estuviera avisando de algo que iba a pasar. Pero tras volver a dejar el colgante reposar en su cuello, esa sensación disminuyó, por lo que prefirió hacer como si no hubiera pasado nada.
Otro suspiro más y se vistió con el uniforme de su colegio señorial, elegante pero demasiado femenino. En cualquier otra escuela, un uniforma constaba de una falda, una camisa y una chaqueta. En cambio, este era un vestido de color azul claro hasta las rodillas con medias blancas y zapatos de charol. A ella no le gustaban los vestidos, las faldas cortas sí, pero ir vestida como una aristócrata más le ponía de los nervios.
Se colocó frente al espejo y se recogió el pelo en un moño. Las estrictas normas lo requerían, otro fastidio que había añadirle a la lista de por qué no le gustaba se princesa.
Con un ágil movimiento, salió de su habitación para llegar hasta el gran comedor en el que normalmente solo comían cinco personas, pero habían por los menos 50 sillas. Por supuesto, eran muy útiles las 45 sillas restantes, eran perfectas para sostener el aire.
En cuanto se sentó, por lo menos 12 personas le atendieron y le trajeron en una bandeja de plata fina, con un desayuno con el cual por los menos 5 personas comerían, un desperdicio de comida.
Cuando hubo terminado, salió al inmenso jardín de la entrada donde la esperaba un precioso y costoso carruaje hecho de cristal y zafiros, como la princesa del País de Cristal que era, lo que llevara tenía que hacer referencia a esto.
Otras dos figuras femeninas salieron al exterior, ambas vestidas igual que la muchacha, pero eran más mayores, más esbeltas, más femeninas, pero no tan bonitas como ella.
Yuri la Delicada y Ran la Elegante, sus dos hermanas hacían gala de sus nombres en cualquier momento. Las dos con un color de pelo muy claro, casi blanco, en contraste con ella, que su pelo era demasiado llamativo. Las dos eran el mismísimo reflejo de cómo era una princesa actualmente, educadas, elegantes, hermosas… y una cantidad de adjetivos positivos seguidos de todos los negativos que había, que no eran pocos.
—Buenos días querida Sakura—la saludó Yuri mientras subía al carruaje con una sonrisa dejando a todos los jardineros idiotizados. La mayor, con sus 17 años, atraía como un imán al sector masculino de la capital y a muchos nobles de otras.
—Hola querida hermana— saludo Ran con una sonrisa, esta no provocaba el mismo efecto que la mayor, pero con sus 15 años ya estaba siendo muy valorada por todos.
—Buenos días—saludó respondiendo a la sonrisa de sus hermanas.
Cuando estuvieron las tres montadas, el coger se puso en marcha y los caballos empezaron a correr en dirección a la escuela.
—El buen tiempo esta llegando, me pregunto si nuestro padre nos dejará ir a la playa este fin de semana— comentó esperanzada Yuri con su delicada voz mientras veía a través de las ventanillas la potente luz del sol que se reflejaba en todo el lugar.
—Por supuesto, segura que podemos convencerle de hacer una fiesta con todos los adolescentes que pertenecen a la nobleza, ¿no sería algo maravilloso? — dio una idea Ran que hizo que la mayor asintiera y que Sakura bufara, ganándose una mirada de reproche por parte de las otras dos.
—¿Se puede saber que tienes en contra de todo lo referente a los nobles, mi querida hermana pequeña?—le preguntó un poco irritada Yuri.
—¿Para qué lo queréis saber? Si después de todo no me vais a hacer caso igualmente— le contestó rebelde la muchacha mientras desviaba su mirada al mar.
—No sé por qué tienes que ser tan grosera hablando— la regañó la mayor haciendo gala de sus modales de señorita.
—Si sigues hablando y actuando como una de la plebe nunca conseguirás un buen marido— le advirtió con seriedad Ran y Yuri asintió dándole la razón.
—Tan solo tengo 12 años, no estoy interesada en maridos ni en nada de eso y no sé qué tenéis en contra de la gente normal, os aseguro que hay chicos más guapos fuera de la corte— les aseguró Sakura frunciendo el ceño y las otras dos suspiraron resignadas.
—Creo que nuestra madre se pasó un poco con las historias— comentó Ran viendo por dónde iba la pelirrosa pequeña.
—Si sigues obsesionada con los piratas no llegarás a ninguna parte— le advirtió Yuri con seriedad.
—Yo no estoy obsesionada con los piratas—se quejó Sakura sacando la lengua a sus hermanas que la fulminaron con la mirada ante ese gesto.
—¡Ya hemos llegado, señoritas!— les avisó el chofer cuando detuvo el carruaje en frente de la gran puerta del colegio.
Un edificio de cristal de colores se alzaba ante ellas, imponente, único. Los jardines que lo rodeaban se componía de bonitos sauces llorones, y bajo sus grandes, espesas y verdosas ramas, una variedad de hermosas flores multicolores resplandecían bajo la luz del sol. Las pistas de deporte, el gimnasio, la piscina, el salón de actos tenían su propio edificio, que tenían forma de invernadero.
Los carruajes aparcados eran a simple vista lujosos, caros y ostentosos, se podía apreciar la economía de los estudiantes de esa escuela con sólo ver cómo eran traídos al colegio. No por nada era la mejor institución de enseñanza de todo el País de Cristal, los mejores profesores, los mejores métodos para enseñar, todo lo mejor se encontraba allí.
Claro, que todo lo que reluce no es oro… para algunos. Sakura estaba cansada de aquel lugar, los profesores eran demasiado estrictos y exigentes. Los chicos y las chicas se tenían que relacionar con las leyes de cortesía dictadas. Una muchacha no podía hacer de su mejor amistad un muchacho. Aquello estaba mal visto. Las jovencitas de aquella escuela tenían que ser auténticas damas elegantes, femeninas, delicadas, dulces, amables, etc, etc, etc. Y a Sakura no le gustaba comportarse así, no era su naturaleza el ser distinguida y cursi. Desde pequeña había sido inquieta, extrovertidas, aventurera y valiente. Sin embargo, tras pasar casi 10 años de su vida allí, su personalidad se había vuelto más amena, tenía momentos pacíficos y dulces bastante escasos, por cierto. Lo que sus padres nunca se hubieron imaginado es que a la pelirosa, lo único femenino realmente que se le pegara completamente era su manía de comprar. Así era, Sakura no podía resistir el no comprarse algo que le gustara, y después modificarlo a su gusto. En definitiva, Sakura era el peor ejemplo de princesa que se le podía mostrar a nadie.
Las tres princesas se bajaron de la bonita carroza sonriendo galantemente, pues sabían que todos los estudiantes se habían girado al verlas llegar. Podían haber estado estudiando allí toda su vida, pero el deslumbramiento que producían sobre las personas seguía intacto. Sakura nunca entendía por qué no la podían ver como a una chica normal, es decir, tan solo tenía 12 años, no tenía curvas, sus rasgos eran infantiles y no sobrepasaba a las demás chicas de su curso. Aún así, los demás la veían como si fuera un valioso y precioso cuadro. Pero el problema es que ella no era un cuadro y estaba dispuesta a demostrarlo, aunque ello supusiera algún tipo de amonestación, que por supuesto, a ella le daría exactamente lo mismo.
Yuri y Ran se adelantaron haciéndole sombra, como siempre. Ellas no tenían la culpa de ser así, tan absolutamente perfectas. Claro que, a veces se pasaban un poco.
Sakura se despidió vagamente de ellas y se fue a su clase. Tenía mucha suerte con respecto a esta, le daba vista directa a los parajes que ocultaban la Scarlet Beach, la playa más misteriosa, y sin embargo, una de las más bonitas de la zona. Claro que lo de misteriosa era lo que más ganaba y no era un misterio tipo leyenda urbana. No, por esa playa misteriosamente entraban todos los piratas y malhechores a la ciudad. Nadie sabía cómo, puesto que estaba muy vigilada. Pero de alguna manera, aquella playa era el puerto perfecto para los piratas. Por eso a Sakura siempre le había gustado tanto. Una vez, se escapó de su casa y entró de forma furtiva a la playa, la cual estaba rodeada por neblina. Lo que nunca olvidó, justo antes de que la pillaran, fue que había un saliente de un acantilado un poco extraño. Se preguntó si era por ahí por donde los piratas entraban.
Se sentó en su mesa y colocó todas las cosas para el comienzo de la clase. Otra vez tendría que escuchar el mismo sermón de todos los días junto con los comentarios de sus compañeros, que por lo general no solían ser muy inteligentes, precisamente.
Una chica que se encontraba en medio de un corro de gente se volvió y sonrió a Sakura al mismo tiempo en que se acercaba a ella.
—¡Buenos días, Sakurita!— la saludó tan enérgica como acostumbraba a ser.
—¡Buenos días, Tenten!—la saludó la pelirrosa con una sonrisa de oreja a oreja.
Se sentó a su lado para hablar, como compañera de mesa y mejor amiga. Realmente Tenten era la única que la conocía de verdad y eso era muy agradable. Podía pasarse horas y horas hablando con ella sin aburrirse. Además, ambas asistían a las mismas actividades fuera del colegio.
—¿Vas a ir esta tarde a entrenar?— le preguntó, pues a veces la pelirosa faltaba y prefería estar prevenida cuando eso pasaba.
—Si—afirmó Sakura con el símbolo de la victoria— ya sabes que me encanta luchar con la espada, es genial.
—Menos mal, no me apetecía estar sola con todos los muchachos mirándonos— suspiró aliviada la castaña.
El tipo de actividades que ambas realizaban diferían mucho de las actividades que las demás muchachas hacían. Lo normal en una señorita era ir a clases de poesía, literatura, canto, costura, piano o algún tipo de instrumento… en fin, actividades que resaltaban la feminidad de una jovencita. Sin embargo, las dos chicas había elegido actividades que hacían de todo menos resaltar lo femeninas que eran: artes marciales y manejo de armas. A Sakura le gustaba en particular la espada. Con los años de entrenamiento había adquirido su propio estilo, y eso le encantaba. Tenten había desarrollado la pasión por las artes marciales. Ambas habían destacado mucho, pero había sido la pelirrosa a la que habían admirado por su destreza. Sakura había empezado con esto por una razón muy sencilla pero muy estúpida según se mirase: una pirata tenía que saber manejar algún arma, ¿y qué mejor arma que una espada?
Las clases siguieron normales, como cada día. Al final de la jornada, ambas jovencitas se dirigieron al comedor del centro, donde había un murmullo habitual. Una muchacha al verlas les hizo gestos para que se sentaran junto a su grupo.
—¿Qué tal, chicas?—les preguntó nada más sentarse.
—Muy bien, pero ya sabes, las clases son un rollo— contestó con naturalidad Sakura.
—Hay un cotilleo de última hora—les avisó con una sonrisa intrigante, de esas que te hacía no querer esperar a que siguiera hablando. Las muchachas le prestaron atención.— Bueno, pues resulta que el otro día vino el barco mercante con algunos daños, pero lo peor de todo, es que ¡les habían robado todo!
—Piratas— aseguraron todas a la vez con mala cara, todas odiaban a los piratas. Sakura se removió un poco inquieta en su asiento, pero nadie lo notó.
—Exacto—afirmó y continuó— y resulta que ese barco se esta dirigiendo a nuestra ciudad, es decir, que piensan atacarnos.
—Entonces toda la marina debe estar alerta, espero que les den caza y acaben todos ajusticiados, como Dios manda— dijo Tenten con los labios fruncidos.
—Pero, es que resulta que no todo acaba ahí— les explicó con alzando las cejas para hacerse la interesante— la bandera de esos piratas, al igual que todas era negra con una calavera, pero había algo más en esa bandera.
Todas la miraron interrogantes esperando la respuesta. El corazón de Sakura empezó a latir rápidamente, el presentimiento de esa mañana se había vuelto a alojar en ella, algo que había estado esperando desde hacía mucho tiempo, y casi rezó para que fuera lo que estaba pensando.
—Una hoja— aclaró y algunos gritos de horror, sorpresa y miedo salieron de la boca de sus amigas.
—La Onix Sheet— afirmaron todas a la vez.
Todo el comedor se quedó en silencio absoluto, no se escuchaba ningún tipo de murmullo, tampoco se oía el ruido al comer, ni siquiera a un insecto sobrevolando sus cabezas. No se oía nada. Pero todos las miraban, las habían escuchado. Aquellas tres palabras eran tabú, y el solo hecho de mencionarlas llamaba la atención a cualquiera. Porque todas esas palabras derivaban a otra que era, de lejos, mucho peor: piratas.
—No es nada, no es nada—aclaró Tenten con voz despreocupada levantándose y cortando el silencio que se había formado—es que estábamos hablando de lo malos que son los pir… esos salvajes, ¿no os parece?
Automáticamente todas las cabezas se volvieron y un nuevo murmullo se instauró en el lugar, dejando a la mesa de chicas de lado. Todas suspiraron aliviadas, habían sido muy descuidadas al haber dicho algo en relación con los piratas tan alto.
—Madre mía, ¿habéis visto sus caras?— exclamó una de ellas un poco apurada.
—Parecía como si nos fueran a denunciar o a colgar— dijo otra burlona, no parecía tenerle miedo a la opinión de los demás.
—Es normal, ya sabéis que cualquier relación con los piratas te puede llevar a la horca, y además pueden ser un problema muy serio para la ciudad, ya visteis lo que les pasó a los antiguos reyes— dijo Sakura un poco nerviosa pero sabiendo que llevaba razón, se volvió a su amiga— ¿estás segura de lo que dices?
—Uno de los que iban en el barco era el primo del hijo de mi mayordomo— aclaró con una sonrisa, y todas la miraron con cara acusadora. Se llevó una mano al pelo agitándolo,— ya dije que era un cotilleo, de todas formas puede o no puede ser verdad, quien sabe.
—Realmente espero que no lo sea— rogó Tenten al cielo, cosa que hicieron todas menos una.
Sakura realmente quería volver a verlo. Se preguntó si seguiría siendo el hermoso niño del que se había hecho amiga, el mismo que dijo que la protegería, el que le dio su colgante de fuego, su primer amor infantil. Sabía que estaba prohibido, que era tabú, impensable, pero era su sueño. El sueño de ser pirata e ir por el mundo viviendo aventuras, atravesando océanos, batallando contra otros piratas. Ser como la Princesa de Agua. Sería genial… pero aquello no podría cumplirse jamás, puesto que ella no era una chica cualquiera, y tenía que luchar contra los piratas no ser una de ellos.
—Bueno, de todas formas si fueran ellos, nuestra valiente y guapa princesa nos puede salvar, ¿no?— dijo con una sonrisa guiñándole el ojo y Sakura le sonrió casi arrogantemente, no había estado entrenando todos estos años para nada.
—Que tiemblen los piratas como se enfrenten conmigo— bromeó la pelirosa riéndose y todas las demás la acompañaron. El ambiente se volvió considerablemente más relajado y pronto el tema de la Onix Sheet quedó tan aparte como las marginadas de la escuela.
Cuando el reloj marcó las 4:30 de la tarde, tanto Tenten como Sakura se despidieron de sus amigas y se montaron en el coche (de caballos) que las esperaba para llevarlas al gimnasio de la ciudad. En media hora empezaría su entrenamiento y no podían llegar tarde, eran las normas. Una vez que llegaron al lugar, se dirigieron a los vestuarios para vestirse adecuadamente, y de ahí a coger el arma con la que practicarían ese día. La pelirosa se cogió la espada que tenía reservada, puesto que la suya no podía sacarla de su casa; y la castaña cogió un par de cuchillas.
El entrenamiento fue duro, agotante, pero muy beneficioso. Los mayores se sorprendían con el talento del manejo de espada que tenía Sakura, ya que esta estaba muy avanzada en su uso y era capaz de vencer a sus superiores. Era la alumna estrella, la invencible preadolescente, la princesa de la espada. Después de cuatro horas y media de entrenamiento, Sakura se fue a su mansión, dejando a Tenten con sus hermanos, quienes todavía estaban entrenando.
El viaje de allí a su casa no fue muy entretenido, pero hubo un suceso del que Sakura no se olvidaría en su vida. Pasó por el puerto y vio a los barcos mercantes recién llegados. El chofer estaba preocupado puesto que su hijo iba en uno de esos barcos, así que le pidió permiso a la pelirosa, quien dio su aprobación. Cuando el hombre se bajó a ver a su hijo, la muchachita se puso a husmear un poco por entre la mercancía recién llegada. Con su pequeña excursión llegó hasta el famoso barco del que se decía haber tenido un encontronazo con los piratas de la Onix Sheet. Curioseó un poco por entre todas las cajas, todas le parecieron de lo más normal: comida, ropa, productos, objetos de valor. Nada interesante, por lo que no pudo entender por qué los habían asaltado si ellos llevaban lo mismo que cualquier otro barco mercante. Después de seguir investigando un poco por ahí decidió regresar, ya le había dado suficiente tiempo a su chofer. Sin embargo, una pequeña caja de aspecto estropeado le llamó la atención y se acercó. Sabía que estaba mal hacer eso y que la castigarían si alguien se enteraba. Pero aquel cofre viejo la atraía como un imán, como si la invitara a abrirlo. También sintió el colgante palpitar en su cuello, urgiéndola a hacerlo. Indecisa, miró hacia los lados para comprobar que nadie la miraba. Cuando estuvo totalmente segura, lo abrió. No pudo evitar sentir un poco de decepción al encontrar una pequeña fruta de aspecto azulado. Creía que se trataría de algo más importante, pero tan solo era una fruta más. Aunque no supo reconocerla, debía ser una de tipo exótico para investigar y analizarla. Suspiró con derrota y volvió a cerrar el cofrecillo, Lo dejo en su sitio y de dio media vuelta. Estuvo a punto de irse, pero pensó que si habían guardado la fruta allí era por algo.
Un ruido de sus tripas le reveló que tenía hambre. Y cuando se dio cuenta de esto miró la caja con insistencia. Tal vez no pasaría nada por comérsela, total debía de ser una fruta corriente que alguien habría guardado allí por equivocación. Cogió la frutilla entre sus dedos, realmente era insignificante, pero tenía hambre y algo le saciaría.
Se la llevó a la boca y la mordió. El sabor que tenía era dulce y ácido, una combinación sabrosa y explosiva. Le encantó, así que se la comió degustando el magnífico y único sabor que poseía. Una vez que se la acabó se sintió extraña, pero no supo identificar el por qué. Sentía algo recorrerle el cuerpo, como un hormigueo general. Pero era una sensación agradable, se sentía eufórica e inmensamente feliz. Tenía ganas de gritar al mundo la felicidad que sentía para que ellos también estuvieran igual de contentos que ella.
De repente, unas voces la sacaron de su ensoñación y se dio cuenta de que la fruto la había producido un efecto raro. Se preguntó si sería alguna fruta que podía servir para hacer algún tipo de droga, puesto que según le había enseñando, las drogas producían en las personas falsos sentimientos de felicidad y euforia. Se sintió realmente mal, ¿y si se había drogado sin querer? Sería algo espantoso. Por lo que decidió olvidar lo que había pasado por su propio bien..
Dejó la cajita tal y como la había encontrado y se marchó corriendo hacia su carroza, donde el chofer la esperaba.
—Ha tardado un poco en llegar, señorita— la regañó indirecta y preocupadamente.
La pelirosa sonrió y se encogió de hombros mientras subía.
—Es que cuando estoy tan cerca del mar pierdo la noción del tiempo— contestó bromeando para disimular un poco, y le funcionó bastante bien.
El resto del trayecto fue igual que el de todos los días, al igual que lo que hizo después de llegar. Todo en su vida era pura rutina, todo perfectamente controlado. Lo que no sabía es que ya nada volvería a ser como antes.
La brisa marina le acariciaba la cara y le desordenaba su rebelde cabello negro azulado. Sentado en la barandilla derecha con una pierna estirada apoyada en esta, la otra fuera del barco y con la espalda apoyada en la pared externa de la sala de navegación del barco, se hallaba uno de los mejores piratas a bordo de la Onix Sheet.
Su rostro parecía haber sido esculpido por los dioses, convirtiéndolo en un perfecto Adonis. Su belleza, mezclada por elegantes rasgos dignos de un aristócrata y la sensualidad salvaje de un corsario, era muy conocida por todos los mares y océanos, tanto como si había estado como si no. Sin embargo, también era destacado por tener apariencia de ángel, pero ojos y poder de demonio. Muchos barcos habían ardido bajo la intensidad de sus poderosas llamas y muchos otros piratas que se habían atrevido a desafiarlo habían perecido gracias a su voraz e invencible fuego. Nunca había dudado a la hora de matar a alguien. Tenía el poder de la más tórrida llamarada, pero su corazón y mente eran más fríos que el hielo polar. Sus méritos lo habían llevado a tener un cartel puesto en cada pueblo y ciudad con un " Wanted" y la recompensa por su captura o muerte era la friolera cantidad de 600000$. Siendo apenas un adolescente de quince años tenía a toda una flota de la Marina en su búsqueda, algo, sin duda, inédito.
Su barco y su tripulación eran su única vida y familia. Aunque a veces no se terminaba de sentir a gusto con tanta gente, pues él muchas veces prefería estar solo y reflexionar en paz. Sasuke Uchiha no era alguien cálido, expresivo, sociable o gracioso. No era una persona que se abriera con facilidad a los demás, aunque tenía sus propias razones de esto. Pero pese a no tener ninguna de esas cualidades o similares a estas, el pirata de fuego era uno de los más estimados por su tripulación. Su humor era un tanto negro, sus conversaciones dignas de escucha y su mente fría le permitía elaborar los planes más brillantes. Siempre que se encontraba con aspecto de estar dormido, en realidad, era porque estaba maquinando y reflexionando un nuevo plan de asalto a algún barco, el robo de un botín importante o la búsqueda de algún tipo de tesoro único.
Como en aquel preciso instante. Mientras disfrutaba de la suave brisa del mar, se encontraba pensando en una estrategia de ataque para el plan que llevarían acabo en un par de días. Este era simplemente perfecto, no había ninguna falla en él. Podrían realizar todas y cada una de las misiones que cada uno tenía asignada. Además el podría empezar con el oscuro objetivo que había elegido llevar a cabo.
—¡Sasuke!— le gritó unos de sus compañeros sobresaltándolo, como cada vez que alguien lo interrumpía cuando estaba concentrado. Abrió sus ojos negros un tanto irritado y sin cambiar de postura, giró la cabeza para mirar al muchacho que había decidido por iniciativa propia el ser su próxima víctima.
—Se puede saber qué quieres ahora— le preguntó secamente, pues cuando lo sacaban de esa manera de sus pensamientos solía estar de muy mal humor.
—Parece que estar de mal humor… ¡como siempre!— exclamó Naruto con una sonrisa seguida de una risa provocada por su propia mientras se acercaba al muchacho, que lo fulminaba con la mirada.
—No me molestes, idiota— le insultó mientras volvía cerrar los ojos para ignorar al rubio que se había quedado de piedra al ver como era ignorado e insultado.
—Jo Sasuke, realmente has destrozado mi pobre corazón— dramatizó fingiendo estar herido por sus crueles palabras, pero luego volvió a sonreír como si nada de esto hubiera pasado— pero no te molestaría si no hubiera una buena razón.
Sasuke le miró con gesto de cansancio, realmente podía llegar a ser tan pesado.
—Habla— le ordenó con voz seria para que no se anduviese por las ramas, algo muy típico de él. Capaz era de darle una "buena" sorpresa después de haberle dicho cosas inútiles e inservibles que solo le hacían perder el tiempo.
—Nuestro queridísimo capitán Kakashi, te llama, así que date prisa que ya sabes que no le gusta esperar— le contestó con una sonrisa zorruna. Sasuke al oírlo se levantó de un salto y le dio un buen golpe en la cabeza. Cómo lo sabía, ahora tendría que correr, pues aunque su capitán fuera paciente, con la impuntualidad gratuita no lo era.
—¡Cómo no me lo has dicho antes, estúpido zopenco!— le gritó enfadado y el otro le miró con ojos de pena haciéndose la víctima, en consecuencia, volvió a recibir otro más.
—Me has pegado dos veces, mala persona— simuló lloriquear mientras hacía como si se quitara unas lagrimillas de sus ojos. Sasuke se vio tentado a darle otro más a ver si conseguía ajustarle el cerebro bien en su cabeza. Pero una persona notablemente más irritante que Naruto hizo su puesta en escena. El muchacho se preguntó si lo estaban haciendo a propósito para conseguir que llegara tarde.
—¡Naruto, deja en paz a Sasuke!— gritó una rubia con voz nasal y chillona mientras se acercaba a donde ellos estaban. Ambos adolescentes la miraron.
Ino podría ser el estereotipo de modelo perfecta. Alta, rubia, ojos azules, cuerpo escultural y guapa. Sin embargo, su falta de inteligencia para ciertas cosas hacían que esa perfección se rebajara notablemente para aquellas personas que no consideraban el físico muy importante. Las otras simplemente la admiraban por su hermosura.
—¡Oye Ino tú no te metas!— le reprendió el acusado poniéndose de pie y encarando a la chica que tenía en frente.
—¡Me meto porque estamos hablando de mi querido Sasu!— rebatió Ino cogiendo a un irritado Sasuke por el brazo como si fuera su presa. Él chico la miró disgustado entrecerrando su ojos. No le gustaba que lo tocasen demasiado.
—¡Sasuke no es tuyo, a ver si te das cuenta, rubia tonta!— le increpó Naruto cogiendo al moreno del brazo y soltándolo de las garras de la pirata.
—¡Sasuke, mira lo que ha dicho! ¡¿A qué tu eres mío!— le preguntó con insistencia en su escandalosa voz para derrotar a Naruto en la batalla que habían empezado.
—¡Sasuke no es tuyo ni lo será nunca! ¿¡A que no!— interrogó al aludido para que afirmara lo que él había exclamado.
—¡AY!— gritaron adoloridos ambos piratas por el quemazón que acababan de ganarse.
Los brazos de Sasuke desprendían un enérgico y activo fuego que él mismo había creado para librarse de los chicos que lo tenían cogido y que tiraban de él como si fuera un juguete por el dos niños se pelean. Esta situación lo había hartado. Él no era un juguete, era un pirata, un pirata con poderes pirotécnicos, y estos poderes pirotécnicos salían a la luz de forma espontánea al sufrir una alteración negativa del humor y en ese momento, se encontraba de muy, muy mal humor debido al comportamiento de los dos rubios. Ambos lo habían cogido como presa y habían empezado a tirar de sus brazos cada vez con más fuerza. Gracias a sus llamas, ambos lo habían soltado de forma inmediata.
—Primero, yo no soy de nadie, ¡¿me oís!— Empezó a hablar muy enfadado— segundo, no me gusta que me traten como a un objeto, ¿¡queda claro!— Ambos muchachos asintieron un tanto asustados al ver cómo habían puesto a su amigo— y tercero, ¡me estáis haciendo llegar tarde, estúpidos!
Diciendo esto, se alejó de donde se encontraba para ir al camarote de su capitán, que seguramente no lo recibiría de buenas por culpa de la discusión entre Ino y Naruto. Odiaba llegar tarde, porque eso significaba imperfección y para él, todo tenía que ser perfecto. Por ello, sus planes y estrategias eran alabados por los mayores de la tripulación, porque no podía haber ningún error en ellos.
Entró por la sala de navegación y subió por las escaleras que se encontraban al traspasar la puerta contigua a la del exterior. El barco por dentro podría llegar a ser un laberinto si no lo conocías bien, puesto que en cada pasillo había decenas de puertas que conducían a más pasillos. De esta forma, si algún enemigo se atrevía a asaltar el barco nunca podría llegar a su objetivo, fuera cual fuera.
Sasuke tuvo que caminar por diez pasillos diferentes de pisos diferentes hasta dar con la puerta que guardaba su destino. Tocó esta un par de veces y la abrió.
El camarote de su capitán era digo de ver. Lejos de cuantos rumores sádicos y perversos corrían acerca de Kakashi Hatake, el gusto de este por la decoración interior era algo innegable. Aunque según él se la había copiado de alguna mujer que tenía dicho poder por el diseño de interiores. La habitación simulaba una habitación japonesa, con el papel beige con dibujos de plantas y paisajes de dicha cultura recubriendo las paredes. Los mueble de un suave color caoba. El tatami en uno de los extremos de la habitación. Las cortinas claras que cubrían los ojos de buey. La mesa de patas cortas con una tetera y unas cuantas tazas de porcelana. Algunas estanterías con libros. Un escritorio en uno de los lados. Y, por supuesto, toda una colección de armas que el mismo capitán usaba expuestas en la pared, añadiéndole un toque de peligro entre tanto objeto elegante.
—Me alegra que no hayas llegado tarde— dijo la voz de Kakashi en cuanto Sasuke, sorprendido por sus palabras, entró a la estancia, cerrando la puerta tras de sí.
—Creí que me dirías lo contrario, capitán, me he retrasado— dijo con la vergüenza y la frialdad entremezcladas. Kakashi se dio la vuelta, llevaba su máscara de color azul oscuro puesta desde la nariz hasta el cuello y su particular parche sobre su ojo izquierdo, dándole una imagen siniestra en contraste con la habitación.
—Contaba con que Naruto te retrasaría— le explicó con una pizca de humor. Se sentó sobre uno de los cojines que rodeaban la mesa y con un gesto le indicó que le acompañase. Sasuke se apresuró a hacerlo.
—¿Para qué me has llamado?— le preguntó con voz monótona, puesto que por lo general, las visitas a su capitán no eran impredecibles y con la vista puesta en el plan que estaban llevando a cabo, seguramente querría hablar de este para ultimar los detalles.
—En dos días llegaremos a la ciudad,—empezó Kakashi mientras servía té en una de las tazas— sabes que tenemos que actuar de forma rápida y que los demás querrán divertirse— dijo mientras le ofrecía una taza, Sasuke entendió lo que significaba "divertirse" y no le desagradó, después de su propio objetivo acompañaría a los demás, cogió la taza y le dio un sorbo, era té verde— entraremos por la Amethyst Cave, como bien dijiste, solo unos pocos saben cómo llegar, pero dejaremos el barco en la cueva, de esa manera no podrán secuestrarlo.
—El problema será si tenemos que hacer una huida rápida— repuso el muchacho tras reflexionar un poco ante lo que había dicho su capitán.
—¿Qué propones tú?— le preguntó con una mirada crítica y analizadora, sabía que no lo decepcionaría al elaborar algo mejor, que era su intención.
—Podríamos dejar el barco en la cueva, como en un principio—empezó Sasuke desplegando un mapa que tenía guardado en uno de los bolsillos de sus pantalones, luego señaló el punto en que decía con el dedo y luego recorrió el mapa marcando una ruta— debería haber varios de nosotros aquí y aquí— indicó las zonas— así podrían alertar a los piratas que se quedaran en el barco para entrar en la playa y recoger a los demás en caso de que hubiera cualquier sospecha de huida.
—Efectivamente, esos puntos son estratégicos y no nos descubrirían— afirmó con una voz alegre pero a la vez maligna, este último tono sabía Sasuke de sobra que lo hacía por darle emoción a aquello.
—A pesar de todo, debemos de ser precavidos, es mejor hacerlo por la noche o a la hora del crepúsculo— sentenció con voz firme, puesto que no se arriesgaría a llevar a cabo su cabo a plena luz del día, puesto que había una probabilidad de un 5% de que los descubrieran y por muy poco que esto fuera no lo iba a hacer.
—Así se hará, iros preparando todos—afirmó y luego se despidió indirectamente. Sasuke entendió el mensaje y dejó la taza en la mesa. Luego se levantó hizo una brevísima inclinación para dar media vuelta y marcharse.
Tras volver a recorrer la infinidad de pasillos necesarios, llegó nuevamente a cubierta. Se fijó en que había más gente desde que se había marchado. En cuanto dio un paso que reveló que se encontraba allí, varios pares de ojos se clavaron fijamente en él, pero esto no le intimidó. Una pelirroja se acercó a él.
—Bien, Sasuke, mi hijo me ha dicho que has ido a ultimar los detalles del plan— le dijo Kushina con voz alegre y ojos soñadores, parecía igual de emocionada que una niña de cinco años al preparar su fiesta de cumpleaños— cuéntanos todo lo que habéis acordado— le pidió con una sonrisa incentiva.
Sasuke la miró con gesto de cansancio. Realmente no era una buena idea decirle que no a Kushina, pues sino, se enfadaría al más puro estilo masculino, y no era algo agradable de ver ni de experimentar.
—¿Estáis todos? No quiero repetirlo dos veces— advirtió tajante con seriedad mientras se aproximaba a donde estaba el resto.
—Tranquilo, no tendrás que hacerlo—le dijo con voz tranquilizadora Iruka mientras ejercía esa misma emoción de relajación en él gracias a su poder carismático.
Sasuke miró a todos que lo miraban insistentes e impacientes, parecían tan ansiosos como él mismo. Sabía que muchos habían estado deseando llevarlo a cabo durante años, pero no había sido hasta unas semanas antes que se decidiese que se haría definitivamente.
—¿Estáis todos? No quiero repetirlo dos veces— advirtió tajante con seriedad mientras se aproximaba a donde estaba el resto.
—Tranquilo, no tendrás que hacerlo—le dijo con voz tranquilizadora Iruka mientras ejercía esa misma emoción de relajación en él gracias a su poder carismático.
Sasuke miró a todos que lo miraban insistentes e impacientes, parecían tan ansiosos como él mismo. Sabía que muchos habían estado deseando llevarlo a cabo durante años, pero no había sido hasta unas semanas antes que se decidiese que se haría definitivamente.
—Bien, como sabéis, dentro de dos días llegaremos a la ciudad de Cristal. Dejaremos el barco en la Amethyst Cave, ya que es el único sitio en que estará seguro, sin embargo, algunos se tendrán que quedar—avisó de primeras y vio como algunos hacían muecas de disgusto, por lo que explicó el por qué— en caso de que tengamos que hacer un escape de emergencia alguien tiene que recogernos, no pretenderéis llevar a los marines hasta el barco para que no secuestren, ¿no?— muchos de ellos asintieron dándole la razón y otros simplemente murmuraban entre ellos, Sasuke sacó el mapa y lo extendió para que todos pudiesen verlo — bien, los que se queden en el barco serán alertados por otra tanda de dos o tres que se colocarán aquí y aquí—señaló los puntos estratégicos e infalibles— mientras los demás entraremos a la ciudad por la Scarlet Beach, hay un pasadizo justo debajo de un conjunto de palmeras que forman una W, entre ellas existe una trampilla donde se accede a dicho pasadizo que recorre la ciudad de forma subterránea, por lo que he sido informado, hay un barco que permite el desplazamiento por el agua.
—¿¡Pretendes que naveguemos por una cloaca!—exclamó Ino asqueada y muy disgustada al imaginarse el mal olor que habría ahí abajo. El muchacho puso los ojos en blanco, desde luego, la rubia no había elegido un buen momento para querer aparentar ser fina.
—Ignórala— le sugirió Asuma con voz grave mientras lanzaba una mirada de reproche a Ino que bajó la cabeza avergonzada,— ¿a qué hora va a ser todo esto?
—Empezaremos a movilizarnos en la hora del crepúsculo, así no habrá ninguna posibilidad de que nos descubran— explicó con calma mientras con un lápiz de color rojo les marcaba la ruta que iban a seguir— aquí hay un callejón donde podremos salir sin que nadie nos vea, este desemboca en la Sapphire Plaza.— indicó mientras ponía una cruz sobre esta— ahí daremos el golpe, cada uno tendrá su misión por los alrededores de esta. El capitán nos ha dado su permiso para divertirnos todo lo que queramos después de cumplir.
—Eso si no nos pillan antes— repuso Sai con una falsa sonrisa provocando que Sasuke lo fulminara con la mirada, aquel chico de piel albina siempre conseguía ponerle de los nervios con sus comentarios.
-¡Qué dices, Sai!—exclamó Naruto proporcionándole un puñetazo flojo el brazo al susodicho— los planes de Sasuke nunca han fallado y si él dice que podremos divertirnos es que lo podremos hacer.
—No sé porqué te empeñas en llevarle la contraria a Sasuke siempre, pero no lo hagas, es problemático para todos— añadió Shikamaru aburrido y Sai quitó la sonrisa para volver a la indiferencia.
—Tendremos como máximo el amanecer, antes de que el Sol salga por el horizonte tendremos que haber vuelto todos al barco, ¿entendido?— todos asintieron.
Sasuke sonrió de lado, él al igual que los demás, estaba impaciente por llegar, había muchas cosas que tenía que resolver en esa ciudad.
—Bien, pues a partir de eso, todo está listo, tendremos que elegir quién se queda— dijo Tsunade mirándolos a todos, — ¿quién no tiene una misión asignada?
—Yo no tengo— contestó un Lee triste por no poder participar junto con sus compañeros.
—Yo tampoco— se unió Ino, que parecía ser la única que estaba encantada por no participar, puesto que había llegado agotada de la última misión que había tenido hacía poco y necesitaba tiempo para reponerse.
—Entonces vosotros dos junto conmigo os quedaréis en el barco— decidió Tsunade.
—Yo y Sai seremos uno de los grupos para hacer guardia— dijo Iruka mientras Sai asintió con la cabeza afirmándolo.
—Yo estaré en el otro grupo—indicó Obito, quien se había unido cinco años atrás a ellos.
—Yo le acompañaré—se sumó Shino mientras observaba a sus bichos.
—Ya está todo listo y preparado, espero que hayáis entrenado lo suficiente como para estar a la altura— advirtió Ibiki Morino, otra adquisición de la Onix Sheet, era uno de los más viejos del barco, pero aún así peleaba como si tuviera el cuerpo de un crío.
—Ibiki tiene razón, esto puede llegar a ser un poco peligroso— indicó Kurenai que acababa de llegar, ganándose una mirada de reproche por parte de la mayoría— tranquilos, yo ya me sé el plan de memoria.
—Y esta vez no dejéis que os quiten nada, que os recuerdo que tenemos que recuperar el Kori-Mizu Fruit, que ha sido un grave error el haberlo perdido— dijo Tsunade con voz dura y los participantes en esa misión apartaron su mirada, ya sabían que el haber perdido ese Fruto del Diablo había sido un fallo muy grave, puesto que era el único que había y les había costado demasiado encontrarlo para después haberlo perdido.
—Lo recuperaremos— aseguró Sasuke aunque no había sido partícipe de dicha misión.
Tras un rato más para aclarar todo lo que fuera necesario, que significó alguna que otra discusión entre diferentes ideas, cada uno se retiró. Sasuke se quedó con Naruto. De tal forma que ambos bajaron a la cocina, pues empezaron a tener hambre. La cocina del barco estaba bastante completa, y además tenían a Ayame, que aunque no fuera pirata, era una excelente cocinera. A la cocina era fácil acceder, siempre tenían que coger el segundo pasillo, la segunda puerta y así hasta llegar a la puerta de destino.
—¿Qué tal, chicos?— les preguntó la mujer con una sonrisa dulce y tierna que la caracterizaba. En ese momento la habían pillado mirando al horno, lo que significaba que se tenía que estar haciendo algo en él. Un delicioso aroma les llegó hasta su nariz.
—¡Muy bien! ¿Qué es lo que estás cocinando?—le preguntó Naruto al percibir el peculiar aroma de la comida, él tomó asiento junto con Sasuke en una de las mesas.
—Ahora mismo un bizcocho de chocolate—contestó sonriendo y a Naruto se le hizo la boca agua al imaginarse a él mismo comiéndoselo.
—¿Hay algo que podemos comer?— le preguntó Sasuke, Ayame asintió.
—Si tenéis mucha hambre, he preparado boquerones enharinados y gambas fritas, ¿os apetece?— contestó a sabiendas de que ambos dirían que sí sin pensarlo siquiera. Efectivamente asintieron con avidez y la cocinera les llevó un plato con ambas cosas. Nada más poner el plato sobre la mesa, el rubio se abalanzó y Sasuke hizo lo mismo pero de forma discreta. Ambos felicitaron a Ayame por lo bien que la había salido.
—Estoy deseando que llegue pasado mañana— le dijo Naruto mientras se zampaba un boquerón.
—Yo también— asintió el moreno cogiendo una gamba.
—Safss qu manñchanña tgefnenmosh qwue enñgtrfemnar— continuó el rubio con la boca llena, haciendo que fuera casi imposible entenderle y Sasuke le propinó un pequeño golpe amistoso en la cabeza.
—No hables con la boza llena, idiota— lo regañó disgustado.
Naruto se tragó todo y respondió burlón:
—Soy un pirata no un noble fino.
—Eso me trae sin cuidado estúpido, lo que no quiero es que me caigan trozos de la comida que estás masticando, guarro— le explicó irritado por la insinuación. Si había algo que Sasuke detestara era sin duda alguna la gente de la aristocracia y tenía muchísimas razones para hacerlo.
—Bah, tonterías,— dijo restándole importancia mientras se volvía a llenar la boca de comida.
—No tienes remedio, eres un perdedor— suspiró Sasuke dándole la razón añadiendo un pequeño incentivo de pelea al final. La reacción de Naruto fue la que él esperaba.
—¿A quién llamas perdedor, amargado?— le preguntó en voz muy alta con el entrecejo fruncido pero con una sonrisa zorruna— ¿acaso quieres pelea?
—No merece la pena, ya sabes que te ganaré— contestó ignorándole para que se cabreara.
—¡De eso nada, imbécil! ¡Ahora mismo te lo voy a demostrar!— exclamó levantándose de un salto.
—Chicos si vais a armar lío fuera de la cocina—les echó Ayame sin perder su amabilidad y ambos muchachos salieron fuera.
Después de unas cuantas horas, ambos estaban agotados por haber peleado. Pero satisfechos, sabían que nadie les podría vencer.
Sasuke se subió a la cofa del palo mayor para poder observar las estrellas y poder pensar y reflexionar sin que nadie le molestara. Había sido un día agotador pero provechoso, ya todo esta listo, dos días más y vería uno de sus objetivos cumplidos.
Y hasta aquí llega este capítulo. Espero que os haya gustado, como veis varias incógnitas se han metido de por medio, también hemos podido ver la gran diferencia que existe entre ambos protagonistas. Ahora que Sasuke planea atacar la ciudad donde vive Sakura pra conseguir un oscuro objetivo, ¿qué creeís que hará Sakura? ¿Se reconococerán? ¿Cuál será ese objetivo que espera cumplir Sasuke? ¿Qué le pasará a la ciudad?
Todo esto y mucho más en el segundo capítulo de esta historia llena de piratas y aventuras: ~Reencuentro~
Sé que esto puede resultar un poco decepcionante, pero atención! He subido la portada de SAsuke de Pairetsu no ai a mi página de DeviantArt aquí os dejo el enlace por si os queréis pasar ^^ http:/ . com/ art/ Sasusaku-Pairetsu-no-ai-167658404 también he dejado el enlace en mi perfil por si acaso no se puede acceder desde aquí
Mil gracias por leer y si queréis dejarme un review de esos que hacen que te suban la moral un poco xD Aunque si poneís simplemente, "Conti" o "me ha gustado" también vale xDD
Un beso! :)
