¡Hola de nuevo!

Regresé con material nuevo, espero que les agrade y antes de que comiencen a leer, quiero agradecer enormemente a mi querida Beta... Konnyxa, aquí lo cargo, recién recibido del beteo jeje

Los personajes no son en su totalidad míos, pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los distorsiono y juego con ellos a mis anchas jeje

Nos leemos en un par de semanas nuevamente...

Capítulo 2:

Demente.

— ¿Japón? —preguntó Rosalie subiendo una de sus cejas. Ambas chicas estaban en ropa cómoda y fresca sentadas en la cama de Isabella, la rubia con una mota de algodón llena de removedor de esmalte la pasaba por las uñas de los dedos de sus pies e Isabella con un esmalte negro pintaba cuidadosamente sus propias uñas.

—Sí, Japón —contestó sin levantar la mirada, teniendo extremo cuidado con los bordes del más pequeño de sus dedos del pie; cuando terminó de limpiar el borde, cerró el frasquito de esmalte y lo batió en su mano, observó entonces el rostro asombrado de su mejor amiga. — ¿Qué?

— ¿Debo preguntarte, Isabella? —la ironía no faltó en el tono de la rubia, Bella rodó los ojos.

—Te diré lo mismo que le dije a Charlie, no tengo curiosidad de conocer Japón.

Rosalie Hale dio una carcajada al aire, su cola de caballo rozó delicadamente su espalda, haciéndole un poco de cosquillas en las áreas que su top deportivo no cubría, Bella rodó los ojos obstinada.

—No, no quería conocer Japón, la meca de la tecnología no es lugar para mí.

—Boba —dijo Rose sacudiendo su cola de caballo y viendo los frasquitos de esmalte, decidiéndose entre el rosa fuerte y el beige tierno—. Sé que eres un desastre con la tecnología, pero no lo decía por eso, lo decía por ir a conocer, salir de este bendito rancho, alejarte de todo esto.

Bella ya había terminado la labor en las uñas de sus pies, levantó la mirada para encontrarse con aquellos ojos azules y penetrantes que esos últimos días no la dejaban.

David le sonrió guiñándole un ojo, estaba recostado en la ventana de la habitación de Bella, con brazos cruzados y actitud tranquila y apaciguada.

Bella no sabía si al irse del rancho David la seguiría, desde que había ocurrido aquel fatal accidente no había dejado la casa de su padre, abandonó los estudios casi terminados de veterinaria, se instaló en el rancho y juró que nunca más tocaría un caballo en su vida.

Su rechazo hacia los animales era opacado solamente por la enorme labradora, negra como la noche, que amaba sobre todas las cosas. Había renegado de su profesión, pero de aquella perrita jamás denigraría.

— ¡Bella! —llamó Rose con exasperación, Bella sacudió la cabeza.

—No quiero alejarme de aquí Rose, eso todos lo saben.

Rosalie Hale no dijo nada más, sabía que la conversación iba a terminar en David Forthman, el divertido, encantador y muerto prometido de su mejor amiga.

— ¿Rosa o beige? —preguntó cambiando el tema. Bella respiró profundo, agradecida por el cambio.

—Rosa, definitivamente rosa.

Rosalie frunció un poco los labios. — ¿Seguro? ¿No crees que el beige sería mejor? —Bella puso los ojos en blanco, Rosalie siempre con sus inseguridades tontas, infundadas o bien sin sentido y a todo nivel; negó con la cabeza, señalándole el frasco rosa. La rubia frunció los labios, no muy convencida y a regañadientes destapó el pequeño frasco, iniciando meticulosamente su pedicura.

Bella volvió a voltear hacia David que con mirada resignada le lanzó un beso.

Khloe tocó la puerta con delicadeza, ambas chicas levantaron la cabeza con curiosidad.

—Niña Bella.

—Dime Klo.

—El joven Black acaba de llegar, preguntó por ti, y preguntó, no muy educadamente, por su increíble rubia novia.

Bella imaginó por completo la mueca de Klo y sacudió la cabeza resignada, tenía tiempo sin ir al rancho, pero Jacob siempre se las arreglaba para decir comentarios de Rosalie que hacía sonrojar a todo el personal de la casa, y enfadar muchísimo a Khloe, por lo que la buena ama de llaves lo detestaba y no tenía ningún inconveniente en hacerlo saber.

—Dile que suba Klo —respondió Rose. Cuando Bella volteó a verla, ella tenía una sonrisa de oreja a oreja; su pedicura quedó olvidada mientras con torpeza y ansiedad tapaba el frasco de esmalte y se quitaba los protectores de sus pies.

—Señorita Hale, no es de niñas decentes recibir las visitas de varones en el cuarto, suficiente con dejarlo entrar aún sin el señor Swan en casa, pero sé que fue amigo de la familia.

Rosalie bufó obstinada de los modales y la educación del siglo XV de Khloe. Bella, ignorando el afán de su amiga por ir a ver a su novio, se colocó de pie y caminó —sobre sus talones para no dañar su pedicura— hacia la puerta, la abrió y le sonrió con cariño.

—Claro que lo sabemos Klo, solo que Rose lo olvidó, dile por favor a Jake que bajamos en unos minutos, ofrécele una limonada ¿sí?

Klo rodó los ojos.

—Acaba de llegar, no debe tener sed.

Bella rió por lo bajo, Klo de verdad que detestaba a Jacob, le dio un beso en la frente y le susurró:

—Entonces solo dile que ya bajamos.

Khloe caminó por lo largo del corredor dejándolas en la habitación, Rosalie bufó obstinada buscando con desespero sus sandalias.

—Lo detesta ¿verdad?

Bella respiró profundo encogiéndose de hombros con una mueca de disculpa.

Rosalie rodó los ojos con exasperación, se dejó caer de rodillas en el suelo y escondiéndose bajo la cama buscando sus sandalias.

—Antes le gustaba —dijo entre dientes la rubia. A pesar del esfuerzo al estirarse para tomar sus zapatos, no pudo ocultar el tono amargo, ella quería mucho a Klo, pero detestaba que lo tratara mal.

—Lo aceptaba mientras David aún estaba —contestó Bella viendo hacia sus pies.

Rosalie alzó la cabeza de la impresión, dándose un golpe en la parte trasera de su cabeza. Murmuró una mala palabra, pero el golpe no le preocupaba, se mordió la lengua mientras salía de su escondite; su intensión no era nombrarlo, pero sin querer lo había traído a la conversación.

—Lo siento, no quería… —dijo negando sutilmente.

Bella levantó el rostro y con mirada tristona se encogió de hombros.

—No podemos vetar el nombre de David, era el mejor amigo de Jake, era mi prometido, no podemos simplemente borrarlo. Khloe se preocupa por mí, cree que la presencia de Jacob me recuerda irremediablemente a David y ella detesta todo lo que me pueda herir, hablaré con ella, no te preocupes.

—No le digas nada —agregó Rosalie forzando una sonrisa y acercándose un poco a ella—. La verdad no importa, Jake es… ya sabes, Jake —dijo encogiéndose de hombros—. No vale la pena alterar a Klo con esto, no le digas nada.

Bella intentó sonreírle a su amiga, sabía que la intensión de la rubia no era ponerla triste, era tierno aunque sus intentos eran fatuos. Ya había pasado mucho tiempo desde la pérdida de David y se negaba a ser víctima de lástima, había veces en las que sucumbía a la pérdida, como el día de la gala, pero el resto de los días ella podía con su recuerdo, podía con su etérea presencia.

Como si David leyera su mente, Bella sintió la suave brisa helada envolviéndola, sonrió sinceramente a su novio fantasmal. Rosalie la observó con sorpresa y algo de escepticismo, su amiga seguía siendo la chica dulce aunque no tan divertida y alocada de antes, sin embargo a veces Bella se veía distraía y fuera de lugar, como si algo la esperara o la llamara. Rosalie no sabía como lidiar con esa faceta de su amiga, siempre que Bella se desconectaba, la rubia la veía asustada y con cejas levantadas.

Bella nunca le contó a su amiga de la presencia de David, Rose era muy superficial y aunque la adoraba como amiga, no quería ser víctima de sus miradas juzgándola y llamándola loca.

Bella acomodó su expresión y le dijo a Rose para salir de la habitación, la rubia pasó por alto la actitud extraña de su amiga y, metiendo sus pies en sus sandalias sin amarres, caminó fuera.

— ¿Nunca le vas a contar a ella que me ves?

Bella se agachó quitando el protector de sus dedos.

—Sabes que no puedo hacerlo —susurró.

No me gusta cómo te mira. —Bella sonrió, aún sin contar con la presencia física de su prometido, éste la defendía.

—No me importa. Aún creyendo que estoy loca, sigue siendo mi amiga.

David se cruzó de brazos esperando a que Bella lo observara, cuando lo hizo, ella le dedicó un suspiro resignado. David frunció los labios.

Voy a dejarte sola unas horas para evitar que te vean como una loca, ve con Jake y con Rose, diviértete un poco.

Bella abrió sus ojos espantada, David se acercó helándole los huesos.

No me voy a marchar, solo me voy a alejar un momento. —Desde que Bella se había desecho de David por tres días se había arrepentido terriblemente, cuando escuchó aquella canción mientras bailaba con Charlie, el recuerdo de su prometido se afianzó en su memoria, agarrándose como hiedra de metal en su corazón. Al recuperarlo se dio cuenta nuevamente que su vida sin la presencia de David sería muy sola y triste. Desde aquella noche de la gala no había permitido que su espíritu la dejara, lo llamaba y buscaba constantemente y el pobre chico con tal de no hacerla sufrir hacía lo que su novia le pedía.

Bella negó de nuevo con ojos muy abiertos, David suspiró frustrado.

Lo prometo —volvió a jurar, pero Bella negó más rápido esta vez, David suspiró frustrado.

— ¡BELLA! —Se escuchó desde abajo, Rosalie la llamaba. David le dio paso primero diciéndole con la mirada que no la dejaría, y Bella caminó por el pasillo volteando constantemente a sus espaldas.

Bajó sin dejar de observar a David tras ella, en el último escalón ya se sentía un poco más confiada de que su prometido no la dejaría, caminó en sus sandalias planas hasta la primera sala, por las voces, supo que Rose y Jacob se encontraban ahí.

Rosalie ya no se veía tan risueña como cuando había abandonado de la habitación, Bella la observó con cautela, estaba cabizbaja y movía con insistencia sus dedos.

— ¡Hey Bells! —gritó escandaloso Jacob, acercándosele, abrazándola y alzándola por la cintura.

—Hola Jake —respondió y se removió de sus brazos. Él era muy brusco con sus demostraciones de cariño. El enorme y moreno chico la dejó bajar de sus brazos, la tomó por los hombros y la sacudió no muy sutilmente.

— ¿Todo bien?

—Sí Jake, por Dios ten cuidado, vas a desgarrarme un musculo —se quejó, el chico echó su cabeza atrás en una carcajada, pero la soltó.

—Blondie —dijo a Rosalie que alzó su mirada de inmediato—. Tráeme una bebida ¿sí?, hace un calor infernal aquí adentro.

Bella lo observó con cejas alzadas.

—No seas patán, Jacob.

El aludido soltó una risa y se acercó a su novia.

—No lo soy Bells, ella sabe que la amo, ¿verdad cielo? —las palabras eran dulces, pero su tono y actitud, no lo eran. Jake le pasó un brazo por la cintura de Rosalie pegándola a su costado, besó su sien haciendo que la rubia se estremeciera un poco; ahí Bella apartó la mirada, no quería observar demostraciones de cariño, se distrajo con las paredes y enormes cuadros de la sala, Jacob entonces susurró en el oído de la rubia: —Ya que me dejaste esperando aquí y solo, deja de demorarte y ve por mi maldita bebida.

Mantuvo la sonrisa en sus labios y volvió a besarla en la sien esta vez más brusco. Rosalie cerró sus ojos y asintió, alejándose de inmediato hacia la cocina.

Bella que aún seguía distrayéndose para no ver a sus amigos, escuchó como Rose caminaba hacia la cocina dejándola sola con Jacob.

—Tiempo que no venía al rancho —dijo el moreno observando sus alrededores—. ¿Charlie? —Bella antes de darse la vuelta, vio como David observaba a su amigo con cierta… ¿rabia? Frunció el ceño hacia el fantasma de su prometido.

— ¿Bella? —Ella volteó de inmediato a ver a Jacob, se veía igual que siempre, descuidado y desaliñado; su trabajo de entrenador de caballos encajaba perfectamente con su atuendo, jeans verduscos de corte ancho y tela rígida, camisa de botones, que en algún momento fue blanca impecable y ahora simplemente estaba limpia, mangas largas arremangadas hasta los codos con los tres primeros y dos últimos botones abiertos.

Tenía un cinturón de cuero negro, grueso y ligeramente pelado en algunos puntos por exceso de uso que le sostenía los pantalones en su sitio, el mismo contaba con una enorme hebilla de plata mostrando el perfil de dos caballos que corrían a envestirse, sus pies los resguardan unas botas enormes y resistentes, de color negro con algunas manchas de barro en los costados.

Era tan diferente a David, ambos se conocieron gracias a sus profesiones, en los primeros años de Jake como entrenador uno de los caballos a su cuidado se había envenenado por error, el inexperto y aterrado chico nuevo llamó de emergencia al veterinario de la hacienda donde trabajaba, pero este no se encontraba y el que acudió al llamado fue el doctor David Forthman, recién graduado y de la misma edad de Jake.

El caballo murió debido al veneno y Jacob perdió su empleo, ambos se emborracharon ese día por sus respectivos fracasos y desde ese momento se volvieron amigos inseparables.

Jacob se había dedicado a beber y parrandear mientras decidía qué hacer con su vida, al poco tiempo David había encontrado, gracias a las influencias de su familia, un nuevo trabajo, por lo que no pudo acompañar a su amigo todo el tiempo a sus juergas. Jacob, aburrido como una ostra, optó por conquistar a una chica del bar, para pasar una noche diferente.

Conoció a una rubia exuberante pero extremadamente insegura a la que fue demasiado fácil llevarla a un hotel, no eran compatibles más allá del sexo. La chica acababa de terminar una relación y sin pensarlo se metió de lleno en los pantalones de Jake, para poder llenar su propio vacío.

Lo que no sabía Jake, era que su nueva conquista, Rosalie Hale, al saber que el hombre que se había fijado en ella en aquel bar, estaba buscando empleo como entrenador de caballos, prácticamente lo arrastró al rancho del padre de su mejor amiga, estando segura de que Charlie Swan lo contrataría y así el chico no se apartaría de su lado por haberle encontrado empleo.

Necesitaba de verdad el trabajo, aunque fuera por iniciativa de la desesperada rubia. David rio divertido al enterarse que Jake había accedido a no dejar a la chica la mañana siguiente tan solo por un empleo. Jake, en medio de la furia por su burla, lo arrastró con él al rancho del tal Swan.

Cuando ambos llegaron al rancho, Charlie les dijo que aunque no necesitara un entrenador en el momento, podía emplearlo por ser el novio de la mejor amiga de su hija mayor, Jake aceptó aunque eso significara mantener a la chica con la que se había acostado en una noche de tragos y había resultado especialmente melosa y empalagosa, como novia formal, pero la necesidad apremiaba y a pesar de todo la chica era realmente hermosa.

Charlie les dio al chico y a su amigo un tour por la hacienda interesándose visiblemente por la profesión de David, diciéndole que su hija iba a empezar los estudios de veterinaria.

Los tres fueron directamente a las caballerizas para echarle un ojo a los sementales y ahí sucedió lo inevitable.

Bella estaba cabalgando a Luke, un pura sangre negro como la noche, con el pelaje tan brillante que le dibujaba reflejos tornasoles al pelaje, ella vestía como toda una vaquera: jeans desgastados, camisa de cuadros anudada en su estómago dejando su ombligo al descubierto, botas de cuero marrones, puntiagudas y de suela de madera que llegaban hasta sus rodillas, su cabello recogido en una coleta con un sombrero de cuero tan negro como su caballo.

Bella cabalgaba a Luke con estilo y clase, lo detuvo limpiamente al ver a su padre y con gracia se bajó del semental entregándoselo al capataz para que lo devolvieran a su caballeriza mientras saludaba a los visitantes. Sabía de la visita del nuevo novio de su mejor amiga, suponía que era alguno de los hombres que estaba con su papá.

Besó la mejilla a su padre con una sonrisa en los labios; David se había quedado petrificado al verla, tanto así que el mismo Jake le dio un codazo para hacerlo reaccionar. Bella, asintiendo a algo que su padre le decía, se giró para saludar a los caballeros.

Cuando los vio de frente, su boca se quedó abierta perdiendo la sonrisa que había dibujado, en ese momento pidió al cielo que el novio de Rosalie fuera el moreno y no el rubio, porque al verlo se había quedado sin aire.

David la veía aún más extasiado y le agradeció al mismo cielo que Jake hubiera encontrado a aquella rubia con la que no combinaba, para que el destino lo pusiera frente a aquella chica hermosa y castaña.

Para ambos fue amor a primera vista.

—Hey —dijo Jacob tronando sus dedos—. ¿Estás bien? Pareces perdida.

Bella sacudió la cabeza.

—Estoy bien Jake. Charlie está de viaje con Alice y Charlotte —contestó a la pregunta que él le había formulado.

—Hummm —contestó, balanceándose sobre sus talones—. ¿Vas a ir con nosotros al pueblo? Mañana comienza el rodeo, será divertido —dijo para llenar el silencio incómodo. Ella lo vio con asombro y él se encogió de hombros, Bella negó de inmediato.

—No, no quiero salir de casa.

David, cambió la mirada fruncida que aún le dedicaba a su mejor amigo, para observar a su chica con carita decaída.

Linda, ¿por qué no vas? Eras excelente en el movimiento de rienda (*) no tienes que inscribirte, pero puedes ir a ver.

Bella rodó sus ojos obstinada.

—Dije que no quiero ir —su tono fue serio y malcriado. Jacob alzó sus cejas sorprendido por las palabras de la chica, Bella se dio cuenta de que para los ojos de Jake pensaría estaba hablando sola, David alzó una ceja en advertencia.

No puedes contestarme sin pensarlo antes linda, todos creerán que hablas sola.

Bella rodó los ojos de nuevo con exasperación y regresó la mirada a un sorprendido Jacob.

—No me gustaría salir de aquí, eso es todo, Charlie se pone ansioso cuando lo hago.

Se encogió de hombros y le dedicó una medio mueca a David que estaba detrás de Jake, este volteó un poco para ver a quien veía la chica, alzó sus cejas de regreso a ella cuando se fijó que estaban solos.

—Lo que digas Bells. —Su expresión había cambiado por completo.

Bella se quería golpear por tonta, para ella era tan normal hablar con David, pero para el resto de las personas no. El personal de la casa tenía la delicadeza de no decir nada y por eso a veces no se controlaba, y en este momento detestaba la expresión de "agarren a la loca" de Jake.

Rosalie llegó salvando el momento, le extendió un vaso enorme y húmedo lleno de limonada, Jake lo tomó sin siquiera darle las gracias y vació la mitad del mismo de un solo trago.

— ¿Nos vamos? —preguntó a su chica luego de tragar su bebida, la rubia alzó sus cejas asombrada.

—Acabas de llegar. —Jacob la vio a los ojos, todo rastro de asombro se había marchado, quedando en cambio una mueca entre irónica y burlona que le produjo la osadía de su novia.

—Niña.

Khloe entró a la sala y tres pares de ojos se centraron en ella, ya que Jacob no dejaba de ver a la rubia.

—Charlie está al teléfono, hija.

Bella sonrió al ama de llaves y haciéndoles una seña a sus amigos se retiró al estudio de Charlie para tomar la llamada.

Cuando Jake y Rosalie se quedaron solos, la rubia volteó hacia el moreno.

—Nos vamos —declaró él de nuevo sin darle derecho a réplica. Rosalie abrió su boca para protestar, pero volvió a cerrarla cuando él no la dejó seguir, quería irse de ahí, no le gustaba como Bella se comportaba.

—No me gusta esta casa, te dije que no quería venir e insististe e insististe, ¡así que nos vamos!

—Por Dios papi, es mi mejor amiga, tenía años que no venía —dijo exagerando—. No puedes pedirme que no la vea —agregó a su declaración un pequeño pataleo, dándole con sus palmas abiertas a sus muslos, Jacob la ignoró.

—Mejor amiga un cuerno, esa chica no es ni la sombra de lo que fue. —Su voz era baja, pero apremiante—. Entiendo que David murió, pero que lo supere.

Rosalie lo vio con asombro, Bella amaba a David, ¿cómo iba a simplemente superarlo? Jacob sacudió la cabeza al ver la expresión de horror en los ojos de la rubia.

—No seas exagerada, Blondie. Si tú murieras tampoco me echaría a morir, la vida continúa.

Rosalie no pudo evitar el jadeo que salió de sus labios, a pesar de que los cubrió con sus manos, Jacob puso los ojos en blanco con clara exasperación.

—No voltees esto, estoy simplemente hablando, esta casa me pone nervioso, tu amiga parece loca contestando preguntas que nadie le hace, siempre está con la mirada perdida y eso me fríe las entrañas.

Los ojos de Rosalie se llenaron de lágrimas.

— ¿Por qué eres tan insensible conmigo? ¿Cómo no vas a llorarme si muero?

Jacob alzó las manos y rodó los ojos con desespero.

—Estaba simplemente hablando Blondie, no hagas un drama.

— ¿No vas a llorar por mí si muero? —Jacob no podía creer lo que estaba escuchando. Rose era demasiado exagerada, habían pasado mucho tiempo de su relación peleando por que ella siempre malinterpretaba lo que él decía y él era la persona más brusca para decir las cosas, pero Jacob estaba incómodo en esa casa y ahora no le importaban las lágrimas de la rubia, en eso momento simplemente quería salir de ahí.

—Mira —dijo enseñándole las palmas de las manos—. Piensa lo que quieras, no tengo tiempo para lidiar con tus bajas de autoestima, yo me largo de aquí, puedes bien venir conmigo o te quedas, me da igual.

Rosalie lo veía sin creer sus palabras, Jacob volvió a rodar los ojos.

— ¿Te quedas o te vienes Blondie? —Ella no contestó—. ¡Bien! —Tomó su chaqueta y caminó hacia la entrada, cuando tomó la manija ésta estaba helada, la soltó de inmediato, la temperatura en Dallas era de 30 a 32 grados, no había manera de que pudiera estar tan fría, un escalofrío le recorrió la espalda, aterrado giró con rapidez la manija y sin despedirse de nadie se marchó.

Desde que había muerto David había regresado en contadas oportunidades al rancho, de alguna manera se sentía culpable de la muerte de su amigo, aunque nunca lo dijo ni lo diría, por eso se había alejado sutilmente de los Swan, no podía con la melancolía de Bella, lo que le había dicho a Rose era cierto, de la chica risueña, feliz y divertida no quedaba nada.

Pensar en la rubia lo hizo resoplar, era demasiado exagerada y la verdad lo tenía cansado, había continuado la relación porque en verdad era hermosa y tenía un cuerpo de infarto, pero era demasiado insegura y lo perseguía hasta el cansancio sin importar como la tratara. Suspiró tomando el volante de su doble cabina; la belleza de Rose se veía mermada fuertemente por sus repentinos y enormes cambios de humor.

Decidió, mientras los cauchos levantaban una ola de piedritas en el camino, que hoy no lidiaría con la rubia, la dejaría que se le pasara su repentino ataque sola, mientras él se iba a tomar unos tragos solo en algún bar.

.

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Rosalie veía con asombro la puerta entre abierta por donde se había marchado Jacob, sus ojos nadaban con dramatismo sin poder creer que la había dejado.

—Charlie te manda saludos Rose, a ti también Jak… —Bella detuvo sus palabras girando en redondo en la sala—. ¿Dónde está Jake?

El sollozo bajito, tipo niño asustado, no se hizo esperar.

—Se fue.

— ¿Para dónde? —El asombro de Bella era por los ojos aguados de su amiga—. ¿Pelearon?

Rosalie lloró con dramatismo acercándose a abrazar a Bella, ella por reflejo la abrazó sin poder ocultar el asombro en su rostro, levantó la mirada buscando a David, este simplemente negó con algo de exasperación.

—Ya amiga, ya —dijo Bella dándole unos toques gentiles en la espalda—. Todo estará bien, no te preocupes.

No tenía idea de lo que le sucedía, pero esas eran las palabras universales para calmar a las personas. David suspiró ruidosamente y se alejó con desdén de la sala, dejando a ambas chicas solas.

Bella le ofreció de la limonada que Jacob dejó, Rosalie negó con asco.

—Rose, ¿qué fue lo que pasó?

Entre lágrimas, Rose negó con la cabeza, no quería hablar de su conversación sobre la muerte con su amiga, sorbió por su nariz y en voz baja dijo: —Quiero irme a casa, ¿puedes hacer que alguien de aquí me lleve? Jacob se fue y… —Se encogió de hombros, Bella acarició su cabello recogido.

—Claro, ya te consigo un auto. —Y dejándola sola se encaminó a la cocina para buscar a alguien del personal.

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Edward estaba tranquilo en el enorme rancho, el lugar era realmente hermoso y acogedor, aunque no había tenido tiempo de explorarlo por completo. Emmett le había dado las indicaciones necesarias de seguridad a los alrededores de la enorme casa; la chica a la que le tocaba vigilar era bastante particular, pero la había visto tan poco que no podía estar de un todo seguro.

Después del bochornoso episodio cuando conoció al dueño de la casa, no había cruzado palabra con ella, llevaba apenas un par de días en el rancho y se había limitado a saber que estaba en casa gracias a la amable ama de llaves.

—No te preocupes Edward, mi niña es un amor, te darás cuenta de que es una excelente persona.

Edward sonrió a la mujer, tomando un sorbo de su jugo de naranja helado, luego de probar le contestó:

—No necesito que sea buena persona, Señora. —Colocó el vaso a medio llenar en el mesón y completó: —Mi trabajo es protegerla, nada más.

Khloe sonrió a medias, estaba picando unos pimientos para el almuerzo, Edward estaba sentado en uno de los altos bancos frente al mesón de mármol esmeralda.

—Había pasado mucho tiempo desde que mi niña tenía visitas, voy a preparar asado negro, es el favorito de Bella. —Edward no supo qué contestar, por lo que simplemente inclinó un poco la cabeza en asentimiento. Khloe seguía picando vegetales para ponerlos en una olla encendida donde el aceite repiqueteaba gracias al fuego.

— ¿Y qué me cuentas sobre ti, Edward? —Preguntó, él respiró profundo y se encogió de hombros, Khloe dio una risa—. No eres muy hablador ¿cierto? —Edward respondió con otra sonrisa, esta vez apenada—. Oh vamos, distráeme un poco, Sara salió con Seth al pueblo, vendrán en horas y me voy a dormir aquí cocinando, no querrás que me queme aquí ¿no? —Esta vez la risa de Edward fue más alta.

—A ver —dijo enderezándose un poco—. ¿Qué le gustaría saber?

Khloe sonrió enormemente y continuando con sus labores, se dio la vuelta y con cuidado echó los vegetales picados sobre el caliente aceite, moviéndolos con una paleta de madera, preguntó: — ¿Cómo conoces a Emmett?

Edward alzó sus cejas, esa era fácil. —Nos entrenamos juntos en el ejército, también fuimos compañeros en la armada y trabajamos juntos en seguridad.

— ¡Wow! —Dijo Khloe con asombro, tapó la olla para evitar el repiqueteo del aceite y se regresó al mesón a picar ahora un poco de cebolla—. Lo conoces entonces hace años. —Edward asintió.

—Casi quince años, más o menos.

—Dios, pero tienes cara de bebé. ¿Cuántos años tienes? —Edward rio de nuevo sacudiendo la cabeza.

—Treinta y dos, señora. —Khloe no dejaba de sonreírle.

—Por Dios, no me llames señora, soy vieja pero mi espíritu es joven. Dime Khloe, o Klo. —Edward volvió a reír; contar con aquella señora era una buena compañía en esa enorme casa, mientras trabajaba en algo que había prometido no volver a hacer, pero que la necesidad lo hacía faltar a su palabra.

— ¿Y tienes familia Edward? —Continuó Khloe llevando ahora las cebollas a la olla—. ¿Esposa, hijos?

El humor de Edward se nubló de inmediato—. No —contestó serio. Khloe se dio cuenta del tono y volteó algo asombrada, pero unos pasos dirigiéndose hacia ellos, lograron que Klo distrajera su atención.

—Klo, ¿dónde está Seth? No lo encuentro.

Edward se puso de inmediato de pie, esa era la voz de su protegida y momentánea jefa.

Khloe le dedicó una sonrisa cariñosa, Bella se sorprendió un poco al ver el escolta ahí.

—Está en el pueblo con Sara, necesitaba algunas cosas del supermercado. —Khloe se refería al chofer de las chicas y a su ayudante en la cocina, una joven flaca y no muy agraciada que era la nieta de una prima lejana.

Bella asintió. — ¿Sabes cuando vuelven?

Khloe negó lanzando esta vez las cebollas picadas a la olla, el repiqueteo del aceite las hizo callar unos segundos.

—No, mi niña —dijo con mirada dulce—. Mañana empieza el rodeo en el pueblo y todo debe estar patas arriba, además, iban a comprar muchas cosas.

Bella asintió mordiéndose el labio, Rose quería marcharse y si Seth no estaba no le dejaban otra opción.

Torciendo los ojos volteó hacía donde Edward seguía de pie, con la espalda derecha y su jugo de naranja esperándolo sobre el mesón.

—Señorita —dijo con una pequeña inclinación al ver que ella le dedicaba una mirada. Bella se sentía aún apenada por el bochornoso primer encuentro que tuvieron, cuando ella lo confundió con un espíritu, adicionándole que el nuevo empleado había sido testigo del berrinche que le había armado a su papá tras puertas del estudio, indicándole de manera no muy educada ni sutil que no necesitaba escolta.

Por lo que, sentía vergüenza de verlo a los ojos, aunque fuera la hija del jefe.

Sin embargo Edward, como todo personal de seguridad y confianza, no demostró ni por un segundo haber recordado aquellos dos episodios.

Bella tragó grueso intentando esconder la pena, él estaba un tanto sorprendido, ya llevaba 3 días en aquella casa y esta era la primera vez que la loca hija del dueño le dirigía la palabra.

—Necesito que lleve a mi amiga a su casa. —Bella mantuvo su expresión parca. Edward frunció un poco la boca, la primera petición que hacía aquella chica y debía negarse.

—Lo siento señorita, pero tengo órdenes expresas.

Bella parpadeó extrañada.

— ¿Órdenes expresas? ¿De qué está hablando?

Edward habló con seriedad y serenidad.

—No puedo dejarla sin vigilancia, señorita —aclaró—. El agente McCarthy y su padre fueron más que específicos en ese detalle.

Bella rodó los ojos furiosa.

—Pues ni Emmett, ni Charlie están ahora, de hecho, están a miles de kilómetros y horas de distancia, por lo que la que está a cargo de la casa soy yo y si le digo que lleve a Rose a su casa, la lleva.

Luego de decir las palabras en voz alta se sintió una perra, ella nunca denigraba a la gente, de hecho odiaba los clasismos, pero las palabras de aquel hombre vestido como Emmett siempre lo estaba, la hicieron salirse de quicio; captó con el rabillo del ojo la expresión asombrada y recriminatoria de Khloe, mordió sus labios con furia y entre dientes murmuro.

—Por favor. —En un intento de apaciguar su repentino ataque de mando.

Edward sin inmutarse exteriormente por las palabras de la joven volvió con su rostro impasible.

—Lo lamento señorita, pero las órdenes fueron claras, no puedo dejarla sin protección, así sea en esta casa.

Bella cerró sus puños con fuerza dispuesta a decir otras cosas para nada educadas y no ser amable, pero la sensata y pacífica Khloe intervino frenando la lluvia de sarcasmo e ironía que la chica tenía preparada en su boca.

—Mi niña —llamó el ama de llaves haciendo que volteara inmediatamente hacia ella—. No pelees, sabes cómo es tu padre cuando te deja sola, además, Edward solo está haciendo su trabajo. —Bella abrió su boca indignada, ¿se iba a poner del lado del escolta? El ama de llaves, conociendo la expresión de aquella chica que adoraba y había visto crecer y ayudado en su crianza, completó: — ¿Por qué no vas también?

La propuesta de Khloe fue tan repentina que Bella olvidó su mal humor, parpadeándole al ama de llaves con asombro y terror, negó despacio y Khloe se acercó a ella tomándola de las manos, eran más o menos de la misma estatura, la melena siempre recogida de la ama de llaves, mostraba canas de sabiduría y edad, sus ojos de un gris pálido siempre dispuestos a escuchar y mimar con las mejores malteadas y galletas, ella no tenía idea de el don de Bella, la chica nunca se lo había dicho, porque pensaba que no le creería y que, por preocupación, la terminarían encerrando en un manicomio.

Bella no salía de casa, eso nunca resultaba bien, pero ¿cómo le explicaba a Khloe el verdadero motivo de su resistencia a dejar el rancho?

—Si usted nos acompaña no hay inconveniente señorita, la orden es clara, mantenerla bajo mi vista —la voz del escolta la hizo saltar de repente. Khloe, aprovechando la falta de respuesta de su niña, sonrió enormemente y sacó del bolsillo de su siempre prense delantal de falda un pequeño trozo de papel.

—No quise darle esto a Sara, ¿podrías comprar estas medicinas por mí?

Extendió la pequeña nota, Bella aún estaba petrificada. Edward tomó el papel dedicándole una sonrisa a la agradable Khloe, la guardó en el bolsillo de su camisa blanca, colocándose de pie tomó con un movimiento elegante la chaqueta que descansaba en el espaldar de la silla vecina.

Rosalie apareció caminando con cautela en sus tenis hacia la cocina.

—Bells —llamó y suspiró al encontrarla. Estaba exhausta, había dejado de llorar, pero su nariz estaba aun enrojecida—. ¿Vamos?

Bella no tuvo de otra que asentir.

Edward se encaminó hacia la puerta trasera y les dijo con una inclinación de cabeza: —Iré por el auto señorita. —Y sin más se retiró. Rose cerró sus ojos agradecida y le sonrió agradecida a Khloe con la que compartió un abrazo apretado y prometiendo que regresaría pronto, salió de la cocina para buscar su bolso, Bella parpadeó hacia el ama de llaves, Khloe le sonrió con consideración.

—Ve por tu bolso mi niña, ve —la instó haciéndola salir de la sala, Bella no tenía un bolso preparado, tomó su carnet de identificación y la tarjeta de crédito, acompañando a una silenciosa Rose.

Edward estacionó la Rand Rover frente al suelo empedrado al frente de la casa principal de la hacienda, con elegancia bajó para abrirle la puerta a las chicas, Rose trepó al asiento trasero y Bella la siguió sin entender cómo demonios había llegado ahí. Khloe las despidió con una sonrisa y un saludó amoroso mientras Edward se subía al todo terreno, encendiéndolo.

Cuando arrancó, Bella volteó instintivamente a la casa y encontró a David asomado en el segundo piso de la casa, su rubio ex prometido la vio con expresión de sorpresa, ella no pudo dedicarle ninguna mirada más allá de la de miedo e incertidumbre que tenía, mientras el auto se alejaba de la casa.

Pasaron por el largo y empedrado camino para poder llegar a la salida de la hacienda, Rose vio por su ventana, como colina abajo en las caballerizas y algunos entrenadores hacían correr los caballos en círculos.

—Nunca volviste a montar —dijo con la mirada distraída en el pura sangre chocolate, con que se encabritaba en medio de sus caminatas, Bella no se volteó a ver.

—Nunca me gustó del todo montar, eso es más cosa de Alice. —La rubia volteó a verla.

—Eso no es cierto y lo sabes —dijo en tono de reprimenda, Bella la ignoró—. Sabes a que me refiero, montarlos, cuidarlos —continuó Rose, Bella la interrumpió.

—Ya no me interesa Rose.

La rubia entendió la indirecta y cerró el pico, haciendo el viaje en un silencio sepulcral.

Finalmente recorrieron los kilómetros que separaban la casa principal de la carretera, Bella observó por la ventana como dejaban atrás el enorme arco en ladrillos y hierro forjado que rezada en letras cursivas "Los Cisnes" el nombre de la hacienda de Charlie.

Aquella hacienda había empezado como una loca idea de una pareja de recién casados que amaban los caballos, donde después de mucho esfuerzo habían logrado construir una pequeña casa y comprar un par de sementales, Bella tendría apenas unos 5 años cuando Renée y Charlie se establecieron como hacendados de Dallas, Texas. Ella amaba los animales y adoraba caminar por las hectáreas de la hacienda, poco a poco Charlie fue comprando terrenos y así logró tener una enorme hacienda; ellos eran adinerados, pero era el producto de trabajos fuertes y forzados, hasta que un día encontraron petróleo en sus tierras, eso los llevó a la fortuna enseguida, aunque también llevó a la separación de sus padres.

— ¿Hacia dónde, señoritas?

Las palabras del escolta sacaron a Bella de su ensoñación, parpadeó regresando al auto mientras Rosalie le indicaba a Edward a dónde se dirigían.

Mientras se perdían por la carretera seca y calurosa, Bella fue sintiéndose cada vez más ansiosa, se decía a sí misma que había sido una tonta en no descartar esta situación, no le gustaba salir de casa, no le gustaba ver gente nueva, empezó entonces a tronar sus dedos con cierta desesperación. Ya la vía seca y árida se estaba acabando, mostrando diferentes viviendas en medio de la nada, el escolta bajó la velocidad en una curva y a Bella le pareció ver una sombra tras un cactus, cerró sus ojos con fuerza, para el resto del viaje obligarse a ver sus rodillas.

En un momento no muy lejano, fue inevitable que el gentío se hiciera presente, en el pueblo se celebraba el rodeo anual, estaban preparando las calles con flores, guirnaldas y la gente vestida como vaqueros caminaba sin cuidado por las calles, niños con enormes sombreros, con globos de helio amarrados a sus manitas, madres vestidas con cuero y sombreros y los hombres con cervezas en sus manos, con sonrisas demasiado grandes.

El acceso a la calle principal del pueblo estaba cerrada, ahí estaba el gran estadio donde harían las diferentes competencias, Edward con lentitud y con toques de la bocina de la camioneta, fue abriéndose camino hacia donde le había indicado la rubia.

Antes de salir del pueblo, llegaron a la pequeña casa que la rubia compartía con su novio, Bella se dio cuenta de que Jacob estaba ahí, se sintió confundida con la situación, ya si Jacob iba a casa podía haber llevado a Rose con él y así ella no hubiese tenido que salir.

Edward se bajó del auto abriendo la puerta de la rubia, ambas amigas se despidieron pero no tan cariñosamente, ambas tenían preocupaciones en sus cabezas. Rose estaba asustada porque sabía que iba a terminar peleando con Jake y Bella se sentía más nerviosa y ansiosa que nunca, cada sombra que veía la hacía apartar la mirada nerviosa, creyendo que se trataría de algún visitante no vivo.

Por eso se mantenía en la seguridad y encierro de la hacienda, allá conocía a todos los empleados y sus fantasmas eran constantes, David y Nana eran los que más veía, a ellos estaba acostumbrada ellos no la asustaban.

Pero cuando veía a nuevas personas, no sabía si eran vivos o muertos, siempre habían espíritus deambulando por ahí y cuando se daban cuenta de que tan solo ella podía verlos, la seguían pidiéndole ayuda y normalmente no se marchaban hasta que la encontraran.

Bella no sabía cómo manejarlos, ella veía espíritus hacía aproximadamente dos años, pero había sido consciente de ello quizás hacía un poco más de un año. Después del accidente, Bella estuvo en coma por algún tiempo, para cuando despertó, lo primero que vio fue a David a su lado, sonrió aliviada de verlo sano y salvo y no se cansaba de preguntar como se había salvado del aparatoso accidente, a lo que él respondía tan solo con una sonrisa.

Cuando su familia estaba con ella, David no lo estaba, las veces que preguntaba por él siempre terminaban cambiando el tema, ella no insistía porque en lo que todos se marchaban él venía silencioso a visitarla y a quedarse con ella en la habitación.

Por lo que Bella dejó de preguntar por él a su padre y a su hermana, creyendo que Charlie lo odiaba por pensarlo culpable del accidente.

Todo cambió el día que regresaron a la hacienda, David no aparecía ni iba a verla, cuando Bella no aguantó más, preguntó por él a Charlotte, su madrastra, la exótica y tan diferente a su madre. La mujer le dijo de una manera nada sutil que David había muerto en el accidente.

Bella rio diciéndole que estaba loca, que David la había ido a ver todos los días a la clínica, Bella fue a buscar a su padre pero lo que hizo Charlie fue afianzar con terror las macabras palabras de Charlotte, ella negó y negó y Charlie y Alice la llevaron al cementerio, Bella se arrodilló frente a la tumba de su prometido, mientras su padre y media hermana le contaban que el chico había muerto en el accidente y que no había llegado vivo al hospital. Bella gritó y lloró desconsolada, diciéndoles que era mentira que él había ido a verla, que él estaba vivo.

Se alteró tanto, que gracias a la debilidad consecuencia del accidente, se desmayó en brazos de su padre que la trasladó de nuevo a la hacienda e hizo que los médicos fueran a atenderla.

Para cuando abrió los ojos nuevamente estaba en su habitación, David sentado en la cómoda al frente de ella, Bella lo vio y sus ojos se aguaron, se dio cuenta por primera vez que aún vestía igual, con la misma ropa con la que habían salido aquel día; él dulcemente le hizo ver que ahora siempre se vería igual, intentó tocarla llenándolos únicamente de frío y con una sonrisa le explicó que no estaba loca, pero que ahora era diferente.

Ver a su abuela y a su novio no era problema ni inconveniente alguno, pero la incertidumbre de ver a algún otro la mantenía en una zozobra eterna.

El Rand Rover volvió a frenar y Bella frunció el ceño sin abrir los ojos, acababan de arrancar de la casa de Rose, era imposible que hubieran llegado a "Los Cisnes" quiso espiar por un ojo pero no sucumbió a la tentación.

Pero no pudo evitar espiar por uno de sus ojos cuando su puerta fue abierta por el escolta.

— ¿Señorita?

— ¿Qué demonios hace?

Edward alzó sus cejas, acomodó su corbata dejando la puerta entreabierta. —Khloe le pidió que le compráramos unas medicinas, esto es una farmacia. —Señaló hacia atrás donde Bella pudo observar una pequeña cabaña con paredes blancas y una cruz roja dibujada.

— ¿No puede ir usted solo? No quiero bajarme. —Edward respiró profundo mordiendo un poco su labio.

—Ya le expliqué señorita, no puedo dejarla sola. —Bella sintió hervir en rabia.

— ¡Demonios! —Soltó y se bajó del auto—. Salgamos de esto de una vez entonces.

Edward le dio paso primero ignorando sus modales, Bella abrió la puerta de la farmacia y su cuerpo volvió a enfriarse gracias al aire acondicionado del local.

— ¿Bella? ¿Bella Swan?

Ambos visitantes voltearon a escuchar su nombre, pertenecía a un hombre mayor que Charlie, cabello negro canoso, un tanto jorobado pero de mirada alegre.

—Dr. Gerandy —saludó ella con una inclinación.

—Muchacha, tiempo sin verte, llegué a pensar que te habías mudado. —Bella sonrió incómoda mientras se terminaba de acercar al mostrador—. ¿Hace cuánto no venías? —insistió el hombre mientras Bella doblaba más y más el papel con el nombre de las medicinas de Klo.

—No… no sé, ¿un año quizás? —Se encogió de hombros extendiéndole el papel al farmaceuta que no lo tomó.

—Yo diría que más Bella, ¿hace cuánto fue el accidente?

Hasta Edward, que no tenía idea del accidente que la chica había sufrido, levantó sus cejas con sorpresa por la poca delicadeza del farmaceuta, no le vio la cara a su protegida pero la pudo adivinar porque el rostro del hombre tras el mostrador se tornó un tanto verde.

—Lo siento Bella, estoy viejo, no, no pienso lo que digo, por favor disculpa.

Bella no dijo nada, respiró profundo y extendió de nuevo el papel.

—Las medicinas están a nombre de Khloe Danish.

El hombre asintió con el rostro de color vino tinto y tomando la prescripción se adentró al área de medicina para buscar los medicamentos.

Bella estiró su cuello y volvió a sonar sus dedos de manera brusca, Edward se estremeció un poco por el sonido, le producía escalofríos.

Bella pasó una mano a la parte posterior de su cuello y masajeó con fuerza, Edward se dio cuenta de lo tensa que estaba.

—Señorita.

— ¿Ah? —Bella volteó con ojos abiertos.

—Allá hay un banco, por qué no espera ahí mientras yo retiro las medicinas de Khloe.

Bella asintió sorprendiéndolo de inmediato, por fin la chica no había sido grosera contestándole, Bella aún masajeando su nuca, caminó al banco de la entrada, se sentó y dejó caer su cabeza hacia sus rodillas.

—Disculpa, ¿puedes darme un permiso? —Bella levantó la mirada de inmediato, un niño de unos 12 años o cerca estaba frente a ella, vestía ropa vieja pero limpia, su cabello estaba humedecido, señal de que hacía no mucho se había dado una ducha, en sus manos una botella de gaseosa.

Bella parpadeó y el chico señaló tras ella el destapador, estaba sujetado a una liga muy larga que a su vez estaba asegurado al banco donde ella estaba sentada, sacudió la cabeza un poco aturdida.

—Claro, ten —dijo y luego de extenderle el destapador, rodó los ojos por descuidada y tomó la botella destapándola.

—Gracias señora —dijo el chico educadamente, Bella se sintió por primera vez desde que había salido aliviada, le sonrió al chico que no conocía y lo despeinó en un ademan cariñoso, observó detrás del chico y vio que un hombre vestido de obrero estaba de pie junto a la puerta, veía al chico con cariño y se parecía bastante físicamente.

—Es mejor que vayas con tu papá —dijo la chica—. Te está esperando. —Señaló tras el chico, este después del sorbo de su bebida frunció el ceño.

—Vine con mi mamá. —Señaló hacia afuera, en efecto una señora vestida con un vestido de tela de jean, lo esperaba, ambos compartieron una sonrisa y un saludo, Bella sacudió la cabeza.

—Me pareció… —Pero al regresar la mirada a donde había visto al hombre no había nadie.

—Mi papá murió hace unos meses, todos los días mi mamá le prende una vela en la iglesia, hoy me dejó venir a comprarme una soda, hacía mucho calor.

Bella no contestó, la sangre de su rostro se drenó y de inmediato bajó la mirada a sus rodillas, sintiendo como temblaba, sabía que ese hombre era el padre del chico, estaba segura.

—Gracias de nuevo, señora.

Bella asintió torpemente y sacudió su mano despidiéndose. El chico la dejó sola; Bella temblaba, su cuerpo sabía que algo iba a pasar.

¿Puedes verme?

Se tensó de inmediato, la voz era asombrada y con un dejo de vergüenza por hacer el ridículo, Bella no levantó la mirada.

Sí puedes verme, me viste cuando estabas hablando con mi hijo, por favor… ¿puedes oírme? ¡Mírame!

Bella dio un respingo y negó violentamente, ¡por eso no quería salir! Quería estar en casa, quería a David con ella, no quería lidiar con muertos.

Por favor.

La voz era ahora agónica.

Sé que estoy muerto, llevo demasiado tiempo aquí perdido, por favor, eres la única que me ha visto, necesito hablar con mi hijo, con mi esposa, por favor…

Bella se colocó las manos sobre sus orejas mientras se balanceaba de adelante hacia atrás.

—Señorita.

— ¡AHHH!

El grito fue fortísimo, Bella se sacudió del agarre de su brazo con violencia, había olvidado por completo donde se encontraba y al escolta.

Edward apartó la mano con cautela, su mirada expresaba una disculpa por haberla tocado, sin embargo la vio a los ojos con cejas levantadas, Bella sudaba frío y temblaba ligeramente.

— ¿Se encuentra bien? —preguntó, el hombre que había visto antes estaba detrás de Edward, al verlo Bella escondió la mirada de nuevo hacia sus rodillas con un nuevo temblor, Edward no podía dejar de verla de manera extraña.

— ¿Señorita?

—Vámonos, por favor —susurró, cuando intentó ponerse de pie, sus piernas fallaron. Edward, arrugando la bolsa de papel de las medicinas de Khloe, la tomó por la cintura estabilizándola.

— ¿Se encuentra bien? —Bella se sacudió con violencia de su agarre.

—Solo lléveme a casa. —Edward se encaminó hacia afuera, cuando volteó para mantenerle la puerta abierta de la farmacia, Bella había vuelto a poner las manos sobre sus oídos.

Por favor, sé que puedes oírme, puedes verme…

—Que se vaya, por favor has que se vaya —susurraba camino a la camioneta.

— ¿Disculpe? —la voz del escolta la hizo salir de su mantra, subió la cabeza por reflejo y el espíritu desconocido estaba detrás del escolta.

— ¡Maldita sea! ¡Déjame en paz! —gritó con fuerzas, Edward se quedó en el sitio con la mano estirada a la manija, Bella abrió por sí misma la puerta y se encaramó en el asiento cerrando con más fuerza de la necesaria, Edward no podía ocultar su asombro, estaba aturdido.

Volteó como un acto reflejo y escaneó toda la zona con sus ojos, no había nadie más allá de los transeúntes que ni cerca de ellos estaban, el personal de la farmacia estaba arreglando los productos en los estantes, pero no había nada sospechoso.

— ¡Súbete en el maldito auto! —la voz se oyó un tanto distorsionada por la misma carrocería blindada, pero las palabras fueron claras. Edward sacudió la cabeza y caminó hasta la puerta del conductor, no sin antes escanear el área una segunda vez.

Bella hacía mucha presión en sus oídos, tanto que lograba escuchar ligeros pitidos, pero por más que los escuchara la voz de aquel hombre gritando por favor la perseguía por toda la vía.

Edward aceleró cuando le fue permitido y entró por el enorme arco y el camino de piedras, Bella no esperó a que la camioneta se detuviera por completo y abrió la puerta lanzándose sobre las piedritas, pasó por un lado de Khloe, que borró la sonrisa de sus labios al verla tan apurada y asustada.

—Jesús, ¿qué pasó? —preguntó al escolta que bajó con un poco más de calma, le sonrió al ama de llaves y se encogió genuinamente de hombros.

—No sé, señora. N-no había nadie, pero algo o alguien la fastidió, busqué, pero le juro que no había nadie.

Khloe volteó hacia donde su niña se había perdido escaleras arriba.

—Esa niña me rompe el corazón —suspiró ruidosamente—. Pero pasa, ven, debes estar muriéndote de calor con ese traje, no sé por qué Charlie se empeña en que usen eso en este clima. Pasa y quítate la chaqueta, yo veré qué le pasa a mi niña.

Edward le sonrió con cariño e hizo lo que le dijeron, cuando se quitó la chaqueta le entregó la bolsa con sus medicinas y Khloe le sonrió, dándole unas palmadas en su brazo. —Casi lo olvidaba, tengo que apagar el horno, ven muchacho, acompáñame.

Ambos fueron a la cocina, Khloe le explicaba que las medicinas eran para sus articulaciones y para sus riñones, Edward asintió y observó como Khloe sacaba el asado del horno.

—Los chicos se fueron antes de que estuviera lista la comida, pero no importa, ojalá mi niña quiera comer. —Edward observó la nostalgia de sus palabras y pudo advertir que Khloe sinceramente amaba a su niña.

Khloe meticulosamente sirvió una bandeja con comida más que suficiente para dos personas, había asado, puré y vegetales cocidos, en otro plato una porción enorme de torta de chocolate con chispas y un enorme vaso de gaseosa chispeante, la bandeja se veía pesada y Edward amablemente se ofreció a llevarla.

Ambos subieron las escaleras, era la primera vez que Edward lo hacía desde que le dieron el tour de bienvenida para que supiera la seguridad en la planta superior, Khloe le indicó a quienes pertenecían las habitaciones tras las puertas que iban pasando, al final abrió una que dio con una antesala.

—Esta es la sala de la habitación de las niñas, aquella puerta es la de Alice, esta es la de mi niña Bella. —Señaló la puerta derecha, Edward asintió, cuando Khloe fue a tomar la bandeja el teléfono sonó, el ama de llaves sacudió la cabeza.

—Ya le dije a Charlie que necesitamos más personal, cuando Sara no está tengo que hacer todo yo. —Sacudió la cabeza con cansancio—. Llévale tú la comida ¿sí? Yo voy a atender. —Y sin derecho a réplica se marchó, Edward se vio en la mitad de la ante sala, solo y con una bandeja en sus manos, sacudió la cabeza y caminó hasta la puerta de la derecha. Teniendo cuidado con la bandeja, se las arregló para tocar la puerta, mientras lo hacía resopló, él, ex armada, experto en puntería y excelente en artes marciales, estaba ahí en una hacienda en los confines de Dallas sirviéndole de niñero a una chica que tenía serios problemas.

—Señorita —llamó con un ligero toque.

No puedo. No puedo hacer eso, ¡lo sabes! —Edward frunció el ceño, la chica estaba hablando… sola. Se acercó un poco más a la puerta.

¡No! Por supuesto que no le pregunté. ¿Qué querías que hiciera? ¡Estás loco!

Tocó la puerta de nuevo, seguramente la chica estaba hablando por su celular, una exasperada Bella abrió la puerta.

— ¿Qué pasa Klo? —Al no ver a Klo tras la puerta se asustó bajando el tono un poco—. ¿Qué hace acá arriba? No tiene autorizado subir a las habitaciones. —Edward sacudió la cabeza, la chica tenía ambas manos libres, ¿entonces con quién hablaba?

—Lárguese de aquí arriba —dijo y al verla las manos frunció el ceño—. ¿Comida?

Edward respiró profundo para no contestarle lo que se merecía esa chiquilla.

—A Khloe le dolían las manos, Sara no está y me ofrecí para ayudarla. —Extendió la bandeja y Bella la tomó incrédula.

—Esas no son sus funciones.

— ¿Estaba hablando por teléfono? —Bella parpadeó por lo repentino del cambio de conversación.

—Ehh, no. No tengo celular. —Edward frunció aún más el ceño.

—La escuché.

—Edward, es Emmett, está llamando desde Japón, quiere hablar contigo —la voz del ama de llaves interrumpió, Edward acomodó su compostura y haciéndole una pequeña reverencia a la dueña de la casa, se retiró.

—Tomaré la llamada abajo —informó a Khloe que asintió y fue hasta su niña sonriéndole, Bella siguió la espalda del escolta con ojos muy abiertos, la había escuchado hablar sola y había sido testigo en primera fila de su ataque de histeria en el pueblo. El toque de Khloe la hizo parpadear hacia su madre putativa, le sonrió genuinamente y se apartó dejándola pasar a su habitación, David estaba ahí, le sonrió a ambas cuando Khloe la intentaba convencer de comer y sonrió aún más cuando Bella tomó de primero la torta de chocolate.

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.

Edward bajó las escaleras con precisión, fue hasta la oficina que era de Emmett o del personal de seguridad, cerró las puertas tras él y fue directo al teléfono.

—Hey Bro —la voz de Emmett era fresca pero con un toque de autoridad y fuerza características en él, Edward pasó por alto el comentario y cerrando los ojos dijo:

—Me la vas a pagar cabrón, ¡esta tipa está loca! ¡Me pusiste a escoltar una loca!

(*) El movimiento de rienda es una disciplina en los rodeos, es similar al adiestramiento dentro de la equitación. En esta prueba caballo y jinete en equilibrio conjunto, son sometidos a distintas pruebas. En ellas, la docilidad y la destreza del caballo sumada la pericia del jinete.