Capitulo II
El ACUERDO
- ¿CÓMO SE ATEVE A PEDIRME ESO? – la furia de Zuko se volvió incontenible. Katara esta sufriendo, la vida de ella y de su hijo estaban en peligro y ese hombre llegaba ahí con esa absurda propuesta. Si antes tenia pensado matarlo por haber llamado abominación a su hijo ahora pensaba cumplir esa amenaza.
- ¡Cálmate Zuko! – Iroh lo detuvo.
- ¡Déjame tío! Este hombre solo quiere separarnos a Katara y a mi, nunca estuvo de acuerdo con nuestro matrimonio y mucho menos con que tuviéramos un hijo – grito con furia.
- ¡Y ahora los dos están pagando por eso! – hablo fuertemente el Alto Sabio – lo que le pasa a su esposa ya lo veía venir.
- ¿Qué quiere decir? – preguntó Iroh.
- Los dos son maestros en sus elementos, y de los cuatro, agua y fuego son los opuestos naturales. El niño que esta esperando es un maestro fuego ¿verdad?
Zuko no dijo nada Iroh respondió – Eso creemos.
- Es por eso que ella esta pasando por esto. Su propio cuerpo rechaza al de su hijo y su hijo rechaza al de su madre. Son incompatibles.
- ¡Esas son tonterías! – dijo Zuko – Todos estos meses ella ha estado bien.
- ¿Esta seguro? – hablo el Sabio – ¿No le ha pasado nada a su esposa durante estos meses? – él sabia de las fiebres de la Señora del Fuego.
- Tuvo algunas fiebres – declaró Iroh. Zuko casi reprime al hablador de su tío.
- Entonces es peor de lo que imagine.
- ¿A que se refiere? – pregunto Iroh.
- Creo que su propio hijo la esta matando a ella. Si es un maestro fuego, las fiebres son provocadas por él y ahora que se encuentra en un estado mas avanzado de crecimiento también lo es su poder. Si continua así, la matara a ella y cuando muera su hijo también lo hará.
Al escuchar la predicción del Alto Sabio Zuko cerró sus puños con dolor. Los doctores le habían dicho lo mismo hace un momento. Katara moriría y su hijo también. Resultaba inevitable.
- ¿Usted sabe que hay que hacer? – pregunto Iroh después del silencio que se hiso.
- Si, pero como dije, solo lo hare si ella se va.
La furia de Zuko despertaba de nuevo. El doctor que acababa de salir de la habitación donde se encontraba Katara lo distrajo de querer sacarle a golpes al Alto Sabio la solución para salvar a Katara y a su hijo.
- La señora pide verlo – le dijo el doctor y Zuko entro sin perder tiempo.
En la enorme cama que los dos compartían desde hace unos meses, donde se demostraban su amor, estaba Katara recostada. Su frente perlada de sudor y una respiración profunda y pausada. Se veía cansada y débil. El no soporto verla así. Inmediatamente tomo su mano y beso su frente. Su cuerpo estaba demasiado caliente incluso para que un maestro fuego como él pudiera soportarlo pero a el no le importo el sostuvo su mano con firmeza.
- Debes aceptar – hablo con pesadez.
- No - Zuko cerró sus ojos con lamentación, ella había escuchado todo – Si el sabe como ayudarte cualquier otro también lo sabrá – le dijo.
- No hay tiempo Zuko – le dijo con calma - El tiene razón, si continuo así, ni yo ni el bebe lo lograremos.
¿Por qué pasaba esto? Todo iba bien, todo era perfecto. Y ahora de nuevo el destino se aferraba en separarlos, pero ahora no solo separaba a un hombre que se acababa de dar cuenta de su amor, ahora se separaría una familia. No quería hacerlo, la necesitaba a su lado. Cuando la creyó muerta juro que jamás se separaría de ella, por eso se caso en secreto, por eso la hiso su esposa, para que no hubiera manera de separarlos y ahora, su propio hijo estaba matándola y la única solución para salvarlos era alejándose de ella.
- No quiero separarme de ti Katara no quiero – su corazón se rompía y el no podía soportarlo.
- No importa en donde me encuentre Zuko. Yo siempre estaré contigo. Te amo. Pero en este momento lo que importa es la vida de nuestro hijo. El tiene que vivir. Hazlo por él – le suplicó.
¿Por qué eres tan buena? Tan bondadosa, te sacrificas por los demás. Zuko supo que desde que entro a la habitación, ella ya había tomado una decisión. Debía elegir. Aceptar y salvar la vida de su esposa e hijo pero jamás volver a verla a ella o arriesgarse a perderlos a ambos.
En ese momento una intenso dolor hiso que gritara con fuerza, el médico entro rápidamente, Zuko vio como Katara perdía el conocimiento otra vez mientras que un sangrado comenzaba a salir de su parte íntima. Salió inmediatamente de la habitación y se dirigió al Sabio.
- ¿Esta seguro que puede salvarlos a ambos? – Pregunto seriamente y sin vacilación.
- Solo si promete que ella se irá y jamás regresará. Nunca la volverán a ver ni usted ni su hijo, y el nuca sabrá de ella – demandó el anciano.
Su rabia era grande pero su amor por Katara y su hijo lo era aun más.
- Acepto.
Inmediatamente ordenó a mover a Katara al templo. El doctor no estuvo de acuerdo por el estado delicado en que se encontraba, pero fue el mismo Zuko quien la llevo ahí con el mas sumo cuidado. Ya en el templo vio una enorme pila de agua en medio del gran salón. El sabio le ordeno ponerla ahí. Zuko vacilo pero el doctor también estuvo de acuerdo. El agua podría ayudarle a bajar su temperatura. El sabio dijo que era para mantener un equilibrio entre los elementos o algo así, quiso quedarse a solas con la Señora del Fuego, pero Zuko se negó a apartarse de su lado y tampoco permitiría que el doctor lo hiciera. Se mantuvo sentado en el agua con Katara ligeramente acostada entre sus piernas, el doctor quedo frente a ellos junto con el sabio, al ver que no estaría solo como debería ser procedió no de muy buena manera con el ritual.
Colocó un ungüento en la panza de Katara diciendo frases en el antiguo idioma que solo los Sabios del fuego conocen. Después de eso la temperatura de Katara poco a poco disminuía hasta llegar a la normalidad, el doctor declaro que se estaba estabilizando. Zuko respiro de tranquilidad, pero el labor de parto comenzó. El doctor aparto al Sabio y se preparó para recibir al bebe. Nunca había hecho un parto bajo el agua pero no se dejo vencer por las circunstancias e hiso su trabajo. Después de varios intentos para que el bebe saliera, un llanto inundo la sala. A quien tanto esperaban llego al mundo. Cortó el cordón umbilical, y le entrego el nuevo príncipe a sus padres. Débilmente Katara lo tomó en sus brazos, Zuko la rodeó con sus brazos y toco a su hijo. Era tan pequeño. Una gran felicidad lo cubrió.
En ese momento Katara hiso que una cantidad de agua lo cubriera, comenzó a brillar. Había nacido prematuramente y no tenia la suficiente fuerza o desarrollo necesario para vivir, debía asegurarse de que estaba bien.
Zuko se encontraba de pie al lado de la cuna de su bebe. El doctor declaró que gracias a lo que Katara hiso, pudo sanarlo lo suficiente para que el pequeño ahora se encontrara fuera de peligro, pero debían cuidarlo. Dormía tranquilo cubierto con su mantita roja. ¿Cómo era posible que tan pequeño ser despertara tan grande amor en él? vio que se movía un poco y con sus pequeñas manitas comenzaba a tocarse en la cara haciendo una mueca de disgusto y poco después comenzó a llorar. El lo tomo en brazos con sumo cuidado, realmente sentía que podía lastimarlo, se veía tan pequeño y frágil en sus grandes brazos, al tenerlo en sus brazos le hablo, el pequeño reacciono a su voz y se calmo. Así es, reconocía a su padre.
- ¿Qué nombre le pondremos? – le pregunto débilmente desde la cama. Zuko se giro para verla. El llanto del bebe la despertó.
Pese a todo lo que paso, tuvo las fuerzas para usar su agua control y curar a su hijo, había estado sumergida en esa pila casi por tres horas, las primeras dos se estuvo debatiendo entre la vida y la muerte con la intensa fiebre hasta que se calmo, la siguiente estuvo en trabajo de parto, y al final ayudando a su hijo a sanar y fortalecerlo. Había hecho un trabajo admirable y aun así tuvo la fuerza para permanecer despierta unas horas mas sin despegarse de su hijo, hasta que el cansancio la venció.
Se acerco a su amada esposa con su hijo en brazos, el pequeño comenzó a llorar al escuchar la voz de su madre, al parecer quería estar con ella, al llegar con Katara se lo dio, ella inmediatamente comenzó a cantarle suavemente, después, el pequeño hiso lo que no había hecho desde que había llegado al mundo, abrió sus ojos, unas gemas doradas se fijaron en ella, a Katara se le fue el aliento, su hijo tenia los ojos de Zuko. Sonrió y Zuko vio el origen de la felicidad. Los ojitos amarillos se posaron en él, sonrió, su hijo seria idéntico a él, de eso estaba seguro.
- Su nombre será Ryu– hablo Zuko mientras contemplaba a su hijo que miraba a sus padres muy entretenido - Significa dragón.
- Ryu – repitió Katara y él pequeño pareció responder a su voz – mi pequeño dragón.
Ahí estaban las dos personas más importantes en su vida. Lo único que opacaba aquella felicidad era que Katara se iría y no la volvería a ver.
- Katara… - Se acerco más a ella con el corazón en la mano. Le dolía perderla.
- No digas más – lo cayó – No es tu culpa si no mía. Quiero que me perdones por haber sido tan débil y no haber podido soportar esto.
¿Débil? Ella no era débil, era la más fuerte de los dos. Ella era la que se separaría de su hijo y de su esposo, ninguna mujer se separaría jamás de sus hijos y ella lo estaba haciendo.
- No podre hacerlo sin ti – le dijo con tristeza.
- Por supuesto que podrás – tomo su rostro con una de sus manos - tienes un gran corazón Zuko y se que le darás el mismo amor que yo le tengo. Lo cuidaras bien, y harás de él una excelente persona – termino de decirle mientras miraba de nuevo a su pequeño en sus brazos.
La beso con vehemencia y la abrasó a ella y a su hijo como evitando así que ella se marchara, como si tratara de atraparla a ella y a su hijo para que nunca se separaran. Zuko había pensado no cumplir con lo que había prometido pero Katara lo hiso desistir de esa idea, le debían la vida al Alto Sabio y lo menos que podían hacer era cumplir con lo acordado. A los tres días y durante la noche, Katara partió al igual como su madre lo hiso años atrás, ella también lo dejaba. Pero no seria para siempre. Juro para si mismo. La traería de regreso.
La vista de Zuko se perdió en los jardines tenuemente iluminados por las antorchas. La vista era hermosa los arboles, cada vez que el viento los tocaba dejaban caer sus delicados pétalos cubriendo el suelo verde. La luna llena se alzaba en lo alto del firmamento.
- Katara – dijo Zuko mirando a la luna – El nombre de tu madre es Katara – lo volteo a ver - Y la amo mas que a mi propia vida, al igual que a ti.
Ryu se quedo un poco sorprendido. No esperaba que su padre le respondiera tan rápido pero también se sorprendió al escucharlo decir que la amaba. Por algún motivo se sintió muy feliz y ligeramente avergonzado, como si se enterara de algo demasiado íntimo para sus jóvenes oídos.
Papá la ama.
Deseaba saber mas sobre ella, pero por el momento se conformaba con lo que su padre le había dicho. Sonrió por las palabras de su padre y Zuko también lo hiso.
Deseaba contarle mas sobre su madre, lo fuerte y grandiosa que era. Pero su hijo no le preguntaría más, el lo había prometido y sabia que cumpliría su promesa. Seria él quien le contaría de ella. Y en un futuro no muy lejano la conocería. De eso estaba seguro. Se fueron a dormir, al fin y al cabo, su estancia en la ciudad iba a ser de unos días, podría aprovechar ese tiempo para hablarle de ella y de el porque no estaban juntos.
Cada suspiro, cada inhalación y exhalación permitía entrar a sus pulmones el aire que necesitaba para vivir, la esencia de la vida, el elemento que el dominaba, sin embargo, no era capaz de dar esa vida y tenia, por obligación hacerlo. Solo el hecho de ser el avatar ya era suficiente para sentirse único y especial, pero él, específicamente él tenia otra cualidad que lo hacia único. Era el último de los de su clase. El último maestro aire.
No podía odiar a los maestros fuegos por ello, por dejarlo completamente solo en el mundo extinguiendo casi por completo su elemento y a los suyos. Una persona le enseño que era mejor perdonar y vivir sin odio a dejar que ese sentimiento te pudriera por dentro, era curioso, su enseñanza como monje le decía lo mismo. Aun cuando despertó en aquella nueva era de guerra el nunca tuvo nada en contra de aquellos que dominaban el fuego, tenia incluso amigos en la nación del fuego, pero descubrir lo que hicieron cambió mucho su forma de pensar, aun así, al final, sus ideales dominaron, aunque pudo tomar venganza ya sea contra aquel príncipe desterrado que los seguía o incluso contra el mismo Señor del Fuego, él no lo hiso y eso solo demostraba lo fuerte que era.
Ahora ya no había una guerra que terminar, el mundo se encontraba en paz, sin embargo tenia otras responsabilidades ahora además de mantener el equilibrio. El solo pensar en ello lo desanimaba bastante.
- Cobarde
Aquella suave voz que alguna vez llegó a ser un poco molesta y llena de sarcasmo hiso que el maestro aire dejara sus pensamientos y se girara a verla.
- No soy un cobarde – reclamo por la ofensa de la maestra tierra.
- Si no lo eres entonces ¿Por que estas huyendo? – le reclamó.
- No estoy…
Se detuvo, no pudo terminar esa frase y en su lugar dejo salir un quejido. Debía admitirlo, estaba huyendo, escapando de aquellas obligaciones que lo han estado atormentando desde hace tres años. Había ido a Ba Sing Se para escapar momentáneamente de aquello que lo agobiaba poniendo como pretexto el visitar a su vieja amiga. Pero ella lo conocía mejor que nadie, especialmente por que ella era capaz de sentir los estados de animo de las personas y sabia en particular el porque se estaba escondiendo en la casa de té en esos momentos.
- Simplemente – trato de explicarse – deseo un poco más de tiempo.
Toph suspiro. Podía entender por lo que estaba pasando.
La responsabilidad del avatar ya no residía en poner fin a una guerra, ahora que había paz, una nueva responsabilidad se le fue impuesta, y solo él podía llevarla acabo. Continuar con el linaje de los maestros aire.
Aang era el último nómada aire que quedaba en el mundo. Tenia el deber de restaurar aquel elemento y por ello debía casarse y tener hijos que, al igual que él, debían heredar su control y así, regresar la existencia de los maestros aire en el mundo. La orden del Loto Blanco le había dicho de aquella responsabilidad y acepto en cumplirla, a la edad de trece años hiso aquel juramento sin tomar en cuenta las verdaderas complicaciones que eso traería. Ahora ya no era un niño, a sus casi veinte años Aang ya se encontraba mas que adecuado para cumplir con aquel deber. Pero aun no podía, por mas que quisiera, traer descendencia al mundo por que, para hacerlo, primero debía casarse y ese era su gran problema. Encontrar a aquella con la que uniría su vida.
Desde que cumplió los diecisiete la orden del Loto Blanco le estuvo presionando para que contrajera matrimonio y cumpliera con aquel deber, pero él aun no se creía listo para eso, Iroh lo apoyó, siendo el líder de la orden, diciéndole que se tomara su tiempo en encontrar a la adecuada, pero pasaba el tiempo y el seguía igual, soltero. Tampoco le faltaban admiradoras, el antes niño y ahora hombre atraía a varias chicas pero no veía en ninguna de ellas a la indicada por no decir que no se había enamorado. El sentía que si debía casarse lo haría cuando se enamorara profundamente y hasta entonces eso no había pasado. Sintió el amor una vez, con Katara, pero se dio cuenta que aquello era más admiración que amor el cual supero fácilmente.
Pero la orden estaba impaciente, e incluso le hicieron una lista de posibles candidatas, todas neutrales, es decir no poseían control, para de esa manera asegurar que el primer hijo heredara el control del padre. El había aceptado conocer a cada una, la lista original resulto ser de quince candidatas, pero el rumor de que el avatar buscaba esposa se corrió haciendo que muchas quisieran también la oportunidad de ser la elegida, aquello se salió de control y tubo que detener su búsqueda. Pero ahora la presión regresaba y la orden le exigía que encontrara esposa pronto, Iroh intervino por él nuevamente, pero solo pudo darle un año, después de eso, si no había encontrado esposa, la orden le daría una ultima lista de candidatas y el se vería obligado a elegir a una.
- Solo te puedo decir que no eres el único que ha pasado por algo así – hablo Toph – yo fui elegida por los padres de Sun Hee de entre una lista de posibles candidatas para ser su esposa. Y estoy segura que Zuko hubiera estado en tu misma situación si no se hubiera casado con Katara.
- Pero ellos dos no están juntos en este momento, ¿Crees que le obliguen a casarse nuevamente?
- ¿Crees que exista alguien en la nación del fuego capaz de obligarlo?
- No lo creo – rio - seguramente le prendería fuego al que se atreviera a sugerirle que se casara de nuevo - El amaba a Katara y ellos sabían que no existía otra mas que ella en el corazón del maestro fuego. Habían tenido un hijo y eso los mantenía unidos.
- A lo que quiero llegar es que tienes que darle una oportunidad a esto. Sé que es un poco difícil asimilarlo al principio, pero quien sabe, tal vez al final te sorprendas – le dijo con una sonrisa, ella había aceptado su compromiso y cuando menos pensó se enamoro de Sun Hee, ella sabia que él la amaba con sinceridad – Buenas noches Aang – dijo finalmente.
- Buenas noches Toph.
Observó a su amiga irse junto con Sun Hee y su hijo de dos años. Sus amigos ya tenían una familia, todos ellos se conocieron durante su cruzada por terminar la guerra y aunque algunos de ellos ya estaban predestinados a estar juntos, ya sea por obligación o no, al final cada uno de ellos era feliz. Fijo su vista en el cielo nocturno. Suspiró. Solo había una persona que le podía dar las respuestas que tanto necesitaba.
En medio de la noche Ryu se levantó. Casi toda la noche se la paso pensando en su madre, su papá la amaba de eso estaba seguro, pero entonces ¿por que no estaba con ellos? Debía haber pasado algo muy grabe para que ellos tuvieran que separarse, sin querer comenzó a extrañarla, un intenso deseo de conocerla lo cubrió. En esos momentos le dio sed y bajo hasta la cocina. El joven príncipe llego hasta donde estaba un jarrón con agua, apenas y pudo al cansarlo de la mesa donde se encontraba y tomando un baso se sirvió el vital liquido. Antes de beberlo escucho algo que llamó su atención. Un ligero rechinido de madera.
Dejo el baso de nuevo en la mesa y se quedo quieto, en completo silencio. Ahí estaba de nuevo el sonido, venia del fondo del pasillo, a esa hora no debía haber nadie levantado. La casa contaba con dos cocinas, una pequeña que estaba abajo para los sirvientes y una principal que era donde estaba él. Así que no podía ser un sirviente, no tenia nada que hacer ahí. La segunda opción era su padre, pero se le hacia demasiado tiempo para que no se descubriera. Fijo mas su atención en el fondo del pasillo. Una figura se movió y eso puso en alerta al pequeño. Inmediatamente regreso a la cocina. ¡Había alguien dentro de la casa! Cuando estaban en la Isla los guardias siempre se quedaban fuera de la casa. Era prácticamente imposible recibir algún ataque ahí, la casa estaba muy bien resguardada, antes de llegar a ella estaba un muro muy bien custodiado con una sola entrada principal y al atravesarlo todavía quedaba el kilometro de bosque para llegar a la casa, el sabia que en todo el lugar había guardias y seria prácticamente imposible que alguien entrara así como así.
Pero había un intruso en la casa y lo que más temía era que no estuviera solo. De alguna manera había logrado eludir a los guardias. Pero lo que mas le preocupaba eran sus intenciones. Tenia que avisarle a su padre. En su mente vio las posibles rutas para llegar con él a su habitación, no podía hacerlo por el mismo lugar por el que llego a la cocina, por ahí estaba el intruso. Recordó que existía una segunda escalera que daba acceso a la segunda planta por donde la servidumbre subía la comida. Esa era su ruta. De manera sigilosa y haciendo uso de sus habilidades de espionaje, se movió hacia su objetivo, la obscuridad de la noche le ayudaría. No llego a medio camino cuando alguien lo sujeto y lo arrastro a las sombras.
Quiso gritar pero la voz de su padre lo calmo. El también se había percatado de los intrusos. Ryu respiro tranquilo y cuando su boca se vio libre le dijo a su padre.
Hay alguien al final del pasillo – le susurro. Zuko asintió. Había dos más en la parte de arriba que él ya había noqueado. Cuando sintió la presencia de alguien inmediatamente se puso en guardia, atacó de manera silenciosa a los dos intrusos y después fue a ver a su hijo. Pero no lo encontró. Bajo inmediatamente por la escalera de servicio, se escondió al escuchar que alguien se acercaba y cuando vio a su hijo se tranquilizó. Ahora sabia que había uno más.
- Quédate aquí y no te muevas hasta que yo regrese – el pequeño asintió.
Se acerco sigilosamente por el pasillo. No había rastro del intruso. Pero al acercarse al comedor una llamarada lo atacó, el la esquivo con facilidad. Se acerco a él rompiendo sus ataques de fuego y comenzó a combatir cuerpo a cuerpo, no era estúpido como para contraatacar con fuego dentro de su propia casa e incendiarla. El extraño vestía de negro y su rostro estaba cubierto. Para Zuko no fue problema eliminarlo, pero tres más llegaron a la escena, lanzaron cuerdas hacia el Señor del fuego para atraparlo una de ellas se enredo en su muñeca, en ese instante jalo por la misma cuerda a quien la había lanzado hacia él y lo uso como escudo por los ataques de los otros. Lanzo por la ventana a uno de ellos lo que alerto a los guardias. Sabiendo que no tendrían oportunidad emprendieron la huida, pero Zuko no los dejaría escapar.
El y sus guardias los persiguieron por fuera de la casa. Los agresores se defendían lanzando llamas y enfrentándose a distancia con los maestros fuegos, en poco tiempo los tenían rodeados. Uno de ellos hiso explotar una bomba de humo que aprovecharon para poder escapar, cuando el humo se disipo no había rastro de ellos. Inmediatamente después una explosión llamo la atención de todos. La casa ardía en llamas.
- ¡RYU! – gritó Zuko al ver como el fuego devoraba su casa con su hijo dentro.
En el templo de los Sabios del Fuego. El Alto Sabio esperaba por las noticias. Su asiste un hombrecillo escuálido y ligeramente encorvado se acerco a él.
- Esta hecho su excelencia.
- Prepara la reunión para mañana con los demás sabios.
- Si su excelencia.
Al fin obtenían su merecido. Pudo tolerar que el príncipe Zuko se convirtiera en el Señor del Fuego, pero que hiciera su esposa a aquella princesa de la tribu agua era algo que jamás permitiría. Una unión como esa era inaceptable. Había hecho hasta lo imposible por deshacerse de ella, pero no contaba con el favor de todos los sabios y cuando trato de poner de su parte a los consejeros, todos se volvieron en su contra, solo unos cuantos compartían su opinión de desagrado hacia quien ahora ocupaba el nombre de Señora del Fuego. Pero al enterarse de que estaba embarazada no pudo soportarlo. Haberle dicho su opinión respecto a ese embarazo fue un gran error, el Señor del Fuego lo había amenazado a muerte.
Su furia fue incontenible pero buscaría su venganza. Trato de hacer que perdieran al niño pero fue en vano, sin embargo obtuvo un premio de consolación, ella se iría para siempre, a pesar de que el príncipe era un maestro fuego, el lo veía como alguien impuro. Se ordeno que no se volvería a hablar de ella jamás y tanto el Señor del Fuego como su tío o cualquier otra persona tenían prohibido hablarle de ella. Otra condición que se puso fue que él no saldría de la nación ni su hijo. Pero aquello lo rechazó Zuko, como Señor del Fuego era imposible que no saliera para establecer relaciones con las demás naciones, pero Katara lo había convencido de que aceptara. De todas maneras el tendría mucho trabajo con la restauración. Ambos cumplieron sus exigencias, y ella se marchó.
Pensó que después se casaría de nuevo, como su era su deber y dar otros hijos que asegurarían el trono, un hijo puro, como esperaba él, pero cuando se lo dijo tres años después, lo amenazó de nuevo.
- Ya cumplí con nuestra parte del trato. No se atreva a decirme que hacer ahora con mi vida. Yo ya estoy casado y ni usted ni nadie me va convencer de lo contrario. Que sea la última vez que discuto este tema con usted ¿Le ha quedado claro? – dijo muy seriamente por no decir molesto y amenazador.
Entonces supo que su plan no había funcionado del todo. Ahora que su vida estaba próxima a acabar, sabia o tenia la idea de que en el momento en que muriera ella regresaría. El Señor del Fuego nunca estuvo a favor de su idea y si él ya no estaba se vería libre para traerla de regreso, y no lo permitiría.
Antes de morir haría su última jugada.
Un dolor en su pecho la hiso despertarse abruptamente, respiraba con dificultad y de manera agitada, un sudor frio en su frente. Hiso respiraciones pausadas y profundas, su corazón latía con fuerza, se llevo su mano en a su pecho tratando así de calmarlo. Logro tranquilizarse, pero se sentía intranquila, algo no andaba bien, un extraño presentimiento la agobiaba.
Miro el fuego que mantenía cálida su habitación, sus llamas bailaban débilmente amenazando con apagarse en cualquier momento. Se levantó de su cama cubierta de pieles, suaves sábanas y edredones, hecho un vistazo por su ventana circular moviendo la gruesa capa de hielo que evitaba que el frio de afuera entrara a su habitación. Exhaló, su aliento se convirtió en una ligero humo, pronto amanecería, pero la obscuridad de la noche todavía seguía.
Las calles se hallaban solas, la vida de la tribu comenzaría en una hora más cuando los pescadores comenzaran a prepararse para salir en sus barcos para traer pescado y otras carnes, los barcos llegarían a los muelles con frutas, arroz y demás alimentos provenientes del reino tierra para abastecer el mercado local y las familias una vez que hubiese amanecido irían a comprar los suministros para el desayuno. Así era la vida en la Tribu Agua del Sur.
Caminaba por aquellas calles contemplando lo majestuosa que era. En todos esos años la habían reconstruido trayéndola a su gloria original, era por mucho según los maestros agua y viajeros mas esplendorosa que la tribu del norte, se sentía orgullosa cada vez que escuchaba eso, no era que quisiera competir con su tribu hermana pero el gran progreso que tubo en esos casi ocho años habían sido muy grandes. Tenían relaciones comerciales con el reino tierra. Gracias a la idea de Sokka de los congeladores habían logrado la exportación de pescado a todas las colonias del reino tierra e incluso a la nación del fuego. Aunque claro ellos no necesitaban de los congeladores si no que ellos mismos mantenían todo congelado, pero esa idea abrió a las posibilidades de que barcos comerciales contrataran a maestros agua para crear aquellos congeladores en sus propios barcos y así exportar demás alimentos. Eso llevo a la tribu en convertirse en una gran nación. Una nueva, pero floreciente y en crecimiento.
Habían sido unos largos ocho años pero había valido la pena. Llego a una explanada en la parte superior de la ciudad, la estructura de la ciudad era parecida a la de Ba Sing Se, estaba constituida por tres plantas mas no dividida por nivel social, en la parta baja se encontraba el muelle y por ende el mercado de abastos, ahí se encontraban casi todos los comercios de la tribu del sur, tanto locales como extranjeros, había de todo tiendas de armas, ropa, joyería y demás. En la segunda planta, la mas grande era la zona residencial, canales permitían el movimiento de las personas atreves de góndolas, lo que resultaba muy pintoresco, también era la zona donde había restaurantes. En la tercera zona se ubicaban las escuelas y centros de estudio así como el salón principal de eventos y sobretodo en lo alto se alzaba el gran palacio, donde la familia real y miembros importantes de la tribu vivían.
Katara se encontraba en una de las explanadas del palacio, donde podía ver toda la ciudad de hielo. Las luces del alba tocaban suavemente el cielo cambiándolas a un degradado amarillento y rosado.
- Es muy temprano para estar levantada.
Se dio la vuelta y vio a su maestro de espadas.
- Buenos días maestro Hyun – saludó al hombre que, desde joven le había enseñado a usar la espada y ahora se encargaba junto con Sokka a enseñar a los jóvenes en el arte de la espada así como también enseñaba fuego control a los pequeños que habían nacido ahora en la tribu. El hombre le devolvió el saludo.
Un silencio cómodo los envolvió y ambos contemplaban la ciudad de hielo que ahora despertaba.
- Algo te preocupa – le dijo después de un momento - Desde que regresaste solo vienes a este lugar cuando estas preocupada – de cierta forma el la conocía. Desde que llegó como refugiado y la casi niña princesa los recibió pudo leer con facilidad sus facciones.
Desde el momento en la vio reconoció la tenacidad y determinación en ella, estaban grabadas como hierro fundido en sus ojos, muy pocas personas poseían eso y él sabia reconocerlas, era un maestro después de todo, en su interior sabia que aquella niña seria capaz de hacer grandes cosas y así lo hiso, la tomo como su pupila sin que ella se lo pidiera y le enseño a pelear y a defenderse, tal vez no se convertiría en una maestra agua, pero no permitiría que se quedara del todo indefensa. Y había resultado ser una alumna ejemplar, aunque sus clases claro, eran en secreto en ese entonces. El día en que decidió partir con el avatar hiso lo mismo que hacia en ese momento. Se quedo sentada en una colina de hielo mirando su pequeña tribu. Recordó ese momento.
- ¿Qué hace aquí princesa? – le pregunto, ella estaba sentada abrazando sus rodillas, su vista estaba fija en la tribu.
- El avatar ha regresado. Por mucho tiempo he pensado que él es nuestra única esperanza de terminar esta guerra.
- No creo que sea eso lo que en verdad le preocupe – podía saber que había algo más.
- Siento que debo ir con él. Llevarlo al polo norte donde podríamos encontrar a un maestro agua que le enseñe y a mi también.
- ¿Cree que ellos le ayudaran? – pregunto un poco dudoso, en muchos años ellos ni siquiera se presentaron a ayudar a su tribu hermana, de echo él junto con los otros refugiados habían ayudado a levantar un poco más la decadente tribu, los hombres nativos de ahí habían partido a ayudar en la guerra y ellos no podían ir, no por que no quisieran, si no porque pondrían en peligro su propia seguridad. Además habían prometido al jefe Hakoda proteger la tribu en su ausencia. Pero nunca recibieron ayuda por parte de los del norte, y ahora tenía pensado partir allá. Una parte de él dudaba que los ayudarían así como así.
- Mi prometido es el príncipe Haack, el hijo del jefe Arnook del Norte – se sorprendió de la noticia, no sabia que estaba comprometida – Estoy segura de que ayudaran al avatar y que también podrían ayudarnos a nosotros.
- Si es así, ¿qué es lo que le preocupa?
Vio como ella abrazaba más sus piernas – No quiero abandonarlos a ustedes – podía sentir tristeza y nostalgia en sus palabras.
Se acerco a ella y coloco una mano en su hombro – Nunca nos abandonara princesa, usted ha hecho mucho por nosotros y no dejaremos que le pase algo a la tribu en su ausencia.
Cómo si fuera cosa del destino un barco de la nación del fuego llego esa misma tarde llevándose al avatar, ellos no pudieron hacer nada, no podían, se estarían descubriendo así mismos como maestros fuego, además la princesa había dado la cara por ellos enfrentándose sola a aquel muchacho con cicatriz, por un momento el supo quien era, era el príncipe exiliado. Se sorprendió verlo ahí preguntado por el avatar. Pero después de que se lo llevara la princesa había tomado su decisión. Se marcho junto con su hermano en el rescate del avatar y en llevarlo al polo norte. Su destino ya había sido marcado.
Fueron grandes las cosas que hiso y se entero de todo una vez que ella llego a defenderlos casi después de un año de su partida, cuando aquel almirante trato de atacar la tribu, Hyun lo conocía, era el ministro de guerra Shaiming, había sido ese hombre quien lo acuso de traidor y conspirador, obligándolo a huir de la nación del fuego.
Había terminado la guerra, habían logrado la paz, pero ella también había cambiado, ya no era aquella chiquilla que tenia refugiados de la nación del fuego a escondidas, ahora era un completa guerrera, una maestra agua excepcional y una gran devota a su tribu. Él, mas que nadie noto cuando había crecido y madurado.
Pero desde aquel ataque del ministro ella se quedo en el polo sur, pero su mirada era distinta, era como si le faltara algo. Casi siempre mientras reconstruían la ciudad iba a un lugar alto y solitario, donde pudiera contemplar su amada tribu. El aprendió a observarla en silencio y cuando vio que era la tercera noche que iba a ese lugar decidió intervenir.
Se entero entonces de las preocupaciones de ella. La principal era que su compromiso con el príncipe se había roto, fue ella quien lo rompió y ahora no sabia como entablar de nuevo las relaciones con la tribu del norte, aunque su maestro y abuelo Pakku le aseguraba que todo estaba bien, ella se sentía in merecedora de ir a la tribu del norte a la cual partirían al día siguiente de su cumpleaños número dieciséis, pues como Pakku le había dicho era su deber el restablecer aquellas relaciones pues había sido ella la que las había roto. Aunque le dio su consejo ella pareció relajarse un poco más, aun así sentía que había algo más en ella que le agobiaba.
- Maestro – le dijo aquella noche – Ahora que ha terminado la guerra y se haga la firma de los tratados de paz, ¿Piensa regresar a la nación del fuego?
Suspiro por la pregunta de la princesa y le respondió con toda sinceridad.
- Cuando supe que me encerrarían por traición, no dude en abandonar mi nación por mi propia seguridad y la de mi hija. Me dolió mucho lo que dejaba atrás y me costo tiempo aceptar que viviría aquí. No es como si estuviera en alguna aldea del reino tierra, este es un lugar demasiado extremoso para cualquier maestro fuego – Y así lo era, al principio le había costado adaptarse a la vida de la tribu agua y a su espantoso clima – Pero al final, una linda princesa me dio la bienvenida, me convirtió en parte de la tribu, y aun lo sigo siendo. A pesar de lo que soy, fui aceptado y no tengo como devolverles el favor por todos estos años en los que ustedes me dieron hospitalidad. Extraño mi hogar si le soy sincero, pero también considero este mi hogar – Katara escuchaba con mucha atención las palabras de su maestro – El hogar esta donde el corazón se encuentra, y nuestros corazones solo hallaran paz en su hogar, y en estos momentos mi corazón se encuentra en paz.
No pudo evitar sonreír por las palabras de su maestro. Tenia razón, el hogar de uno esta donde el corazón se encuentra.
- Su hija – hablo Katara – se acaba de comprometer ¿cierto?
- Si, lo hiso – Yuna se había comprometido con uno de los maestros agua que habían venido del norte.
Katara suspiró, y eso no paso desapercibido por su maestro, por algún motivo sentía que una de las preocupaciones de la princesa se debía al mal de amores. ¿Quién seria el afortunado?
Escupió el té encima de su hija cuando Rin, les conto sobre la pareja que hacían el príncipe de la nación del fuego y la princesa Katara. Simplemente no podía creerlo. El vio a ese príncipe cuando llegaron a la nación del fuego para la coronación, la firma de los tratados y la semana de las culturas. Ambos los habían recibido en el puerto cuando llegaron las comitivas de ambas tribus, sabia que después de su partida al norte, ella viajó a la nación del fuego para ayudar, junto con otras curanderas, a enfermos y soldados heridos. Pudo ver que su semblante era diferente estando junto a él. ¿Así que era eso? Pensó.
Escucho también lo que había echo cuando estuvo en la nación del fuego en calidad de prisionera y su "sacrificio" en la isla Ember - Es tan típico de ella - pensó el maestro. Una vez se había aventado al agua congelada solo para salvar a una foca-pingüino bebe que se había caído y no salía. Fue un acto tan estúpido, por que poco después de aventarse al agua congelada el animal salió por si solo, estuvo enferma por una semana, de no ser que él, con ayuda de su fuego control logro mantener su cuerpo caliente hasta llegar con los demás a la tribu hubiera muerto de hipotermia. Así que escuchar que había salvado una isla y casi muerto por ello no le sorprendió. Le contaron como había ayudado a Rin a que naciera su bebe y le había salvado la vida. También le dijeron que ese día estaba ahí el príncipe y el se había encargado de cuidarla. Vaya sorpresitas, pensó. Pero la mas grande de todas fue cuando el recién coronado Señor del Fuego anunciaba a su esposa. Escupió su bebida al escuchar su nombre. Esa niña no dejaba de sorprenderlo. Ahora era la Señora del Fuego, que novedad, no mas hacia falta que le dijeran que estaba ya embarazada pero esa noticia tampoco tardo en llegar, no había pasado ni una semana cuando anunciaron lo de su embarazo.
Fue una semana de enormes sorpresas y noticias nuevas para él. Pero se alegro también de que la familia Gong era cercana a la joven pareja y ellos no hacían mas que halagarlos y hablar bien de ellos. Él sabia que ella era una buena persona, una guerrera digna de pocos, que se haya convertido en la soberana de una nación, como la nación del fuego lo preocupaba, pero la admiración y el respeto que se había ganado de muchos de ellos era digno de admirar, prácticamente la aceptaban y aseguraban que no podía existir mejor persona que ocupara el lugar que ahora tenia.
Pudo ver el amor de ella hacia él y viceversa, tu hogar esta donde esta tu corazón y ahora el entendía donde se encontraba el corazón de aquella princesa. Pero las nubes de tormenta llegaron a ellos. La noche que llegó meses después, conto todo a familia y por orden de ella el también estuvo presente. Realmente no se esperaba su llegada. Ella les contó lo que había pasado y no pudieron mas que mostrar asombro e impacto por lo que escuchaban. Escuchar como ella había casi perdido la vida a causa de su embarazo y las egoístas intenciones de aquel hombre, realmente no tenia perdón, una ofensa como aquella significaba guerra, pero todos comprendieron que no podían acceder a eso. Ellos habían aceptado, y ella había sido la que había pagado mas caro.
No dudaba que el joven señor del fuego sufriera por ella, era su esposa y madre de su hijo después de todo y aunque ella dijera que el acepto de buena manera, algo le decía en su interior que era mentira. Conociendo como podían llegar a ser los maestros fuegos de impetuosos y algunos con temperamentos muy explosivos, él incluido, no dudaba que reaccionara con intenciones homicidas hacia el dichoso sabio, especialmente cuando les conto que su hijo no sabría de ella jamás y que su esposo y él tenían prohibido dejar la nación del fuego, eso había sido lo mas ridículo de todo, si fuera él habría matado a ese hombre y no fue el único en pensar eso.
Sokka manifestó los mismos sentimientos abiertamente, pero ella lo calmó. Le preguntó que si estuviera en su situación ¿No haría lo mismo? Aunque fuera difícil de aceptar le había salvado la vida a ella y a su hijo, el precio de no verlo era mejor que el perderlo para siempre, su hermano le había alegado que lo que estaba haciendo era casi lo mismo, pero ella de nuevo, con su gran y apacible calma le respondió diciéndole que estaba equivocado, su hijo vivía y estaba sano y salvo, además, de haberlo perdido, ellos jamás hubieran sido capaces de volver a tener hijos, no después de saber lo que eso implicaba, convirtiendo a su único hijo un gran tesoro para los dos. Fue lo mas duro y difícil que pudo haberles pasado, pero por alguna extraña razón, ella lucia calmada.
Solo en dos ocasiones había ido a ese lugar, donde sabia que de alguna manera buscaba tranquilizarse de los problemas que le agobiaban. La primera vez había sido una semana después de su llegada. Sabia que su preocupación se debía a su hijo que había quedado en la nación de fuego, les habían prohibido hablar de ella o mencionarla a su hijo pero nunca dijeron nada de decirle a ella noticias de él, que una muy buena amiga cercana a ella se encargaba de darle. En una ocasión le envió una pintura de su pequeño, lo que causo la mas grande alegría en ella, desde entonces no volvió a ir a ese solitario y frio lugar.
Pero una segunda vez se presentó y fue cuando el primer hijo de su hermano nació. Ellos eran ahora una familia, y ella miraba con nostalgia lo que una vez pudo tener. En esa ocasión sabía que era por eso que estaba ahí. El siempre la miraba en silencio, viendo como después de su momento en soledad, encontraba su propia fortaleza nuevamente y se recuperaba volviendo a ser la misma.
Sin embargo, aquí estaba otra vez, después de tantos años, volvía. No pudo mas que sentir curiosidad por saber que era lo que ahora agobiaba a la princesa.
- Es solo que…- trato de explicarse Katara – Siento algo extraño, como si algo malo pasara.
Eso era nuevo, casi siempre ella sabia el tópico de sus preocupaciones pero ahora no tenia ni idea de que era.
- Si no sabe que es, entonces no ha ser tan grave como usted cree – le respondió.
Katara sonrió, su maestro tenia razón, tal vez estaba exagerando un poco. se sacudió sus dudas y preocupaciones como siempre lo hacia en aquel lugar de calma y relajación para ella.
- Pronto cumplirá los ocho años ¿verdad? – le preguntó.
Su rostro se iluminó – Si, en dos semanas - hablar de su hijo solo le creaba aquella hermosa sonrisa y alegría – Ayu me envió una pintura, se ve tan grande.
- Apuesto a que será un muy habilidoso maestro fuego.
- Si, se que Zuko lo esta entrenando en fuego control.
- Oh, que su propio padre el Señor del Fuego le enseñe debe ser algo muy bueno. Entonces creo que se convertirá en un gran maestro – dio su opinión con alevosía y ella sonrió más.
- Si, estoy segura que lo será.
Cuando su vio su casa en llamas no dudo en ir inmediatamente hacia allá y apagar el fuego él mismo. De entre los escombros trataron de buscar algún rastro de su hijo o sobreviviente. El dolor fue grande cuando se dio cuenta de que era demasiado tarde y tuvo que aceptar lo inevitable. Sus hombres lo veían con angustia. Los cadáveres calcinados de los sirvientes se encontraban ahí, pobres, no se merecían aquel final, los guardias no podían soportar ver aquellos cuerpos renegridos con la carne quemada hasta los huesos. El Señor del Fuego se hallaba de rodillas sobre las cenizas de su casa lamentando su suerte. Fue un momento muy doloroso para todos, el sentía que había fallado como padre, ellos como su guardia, su trabajo era protegerlos y no lo habían logrado.
De entre los escombros pudo notar algo que resaltaba entre el negro y las cenizas. Estiro su mano y tomó aquello. Era el collar azul de Katara. Lo apretó en su mano cerrando con fuerza. Cerro sus ojos con dolor. ¿Qué había hecho? Le había prometido a Katara que lo cuidaría, que lo amaría y ahora… ¿Cómo le diría que su hijo había muerto? El dolor lo agobió. Acababa de perder lo que mas amaba en su vida.
- Señor encontramos esto – la voz de uno de los guardias lo hiso salir de su duelo, llevaba una pequeña sandalia en su mano. La reconoció a la perfección, era de Ryu.
- ¿Donde lo encontraron? – pregunto rápidamente.
- En la parte trasera señor, por los jardines.
Sin perder tiempo fue hacia allá. Logro ver un pequeño rastro de su hijo, Ryu estaba con vida y eso le regreso las fuerzas. Los guardias inmediatamente comenzaron a moverse para buscar al príncipe pero no encontraron nada. Zuko comenzó a sospechar que se habían llevado a su hijo, pero ¿Por qué? Si habían echo explotar la casa solo era para querer matarlo, un secuestro no encajaba en la ecuación. Después noto algo irregular. Se agacho para ver la tierra con mas detenimiento. Se puso de pie y miro a su alrededor, había montículos de tierra que no le parecían naturales de su jardín.
- No hay rastro de él a los alrededores – informo Issei, el capitán de los guardias imperiales - ¿Qué sucede mi Señor? – preguntó al ver el semblante serio del Señor del Fuego.
- Maestros tierra – respondió Zuko.
- ¿Cómo es posible? – preguntó confundido – ¿Qué hacen maestros tierra aquí? – comenzó a indagar y una horrible respuesta llego a su mente - ¿Cree que ellos lo hayan secuestrado?
- Es posible – respondió Zuko. Los maestro fuego los distrajeron y ellos aprovecharon para llevarse a su hijo.
- Pensé que teníamos buenas relaciones con los del reino tierra.
- No con todos, hubo unas revueltas después de la guerra, algunos ciudadanos de la nación del fuego fueron atacados por maestros tierra. Al parecer hay persona que no pueden olvidar.
Cuando se dio la iniciativa de la ciudadanía, hubo en algunos lugares que estuvieron en contra de ella. Ciudadanos del reino tierra no aceptaban a los de la nación del fuego, incluso hubo viajeros que sufrieron de asaltos y agresiones mientras se movían por el reino tierra. Tales actos obligaron a muchos a regresar a la nación del fuego, en algunas revueltas Aang tuvo que fungir como intermediario. Llegar a una paz fue difícil de lograr en esos años, pero pensó que al fin se había obtenido, pues ya eran mas de tres años en los que no se sabia de alguna revuelta.
- ¿Venganza? – dijo un poco conmocionado Issei – Creo que esto es ir demasiado lejos, atreverse a venir hasta aquí para secuestrar al príncipe es algo de mucho riesgo. Incluso si lo hacen por venganza hacia la nación del fuego.
- En efecto lo es – dijo seriamente – esto parecer ser más personal.
Miraba fijamente y con rabia el horizonte, su hijo había sido secuestrado por maestros tierra ayudados por maestros fuego. Querían hacer pagar las deudas de la nación con su hijo. ¡Bastardos! Jamás lo permitiría.
- Hay algo extraño en todo esto – comenzó a deducir Issei – Si querían secuestrar al príncipe ¿Por qué hacer explotar la casa? Y si su objetivo era matarlos porque no simplemente lo hicieron haciendo volar la casa en lugar de entrar en ella y ponerse al descubierto. Sabían que no tenían oportunidad contra nosotros, ¿Por qué arriesgarse de esa manera?
Zuko comenzó a indagar las palabras de su capitán a cargo de su seguridad llegando a un único resultado.
- Querían que lo viera – hablo – Ellos querían que viera como mi hijo moría.
- ¿Por qué hacerle creer eso si planeaban secuestrarlo a final de cuentas? - Todo era demasiado confuso. ¿Qué clase de plan enfermo era ese?
- Señor – uno de los guardias se acerco a ellos, se inclino y dijo – Hemos encontrado el rastro de los maestros fuego, han huido hacia el este. Y creemos que los que se llevaron a su hijo fueron hacia el sur.
- Vayan tras los maestros fuego, pero solo ustedes – ordenó - Hay que saber quien los envió. Envía un mensaje a mi tío y dile de la situación. Mantendremos todo esto en secreto, que el nos cubra en el palacio, nadie debe de enterarse solo nosotros ¿ha quedado claro? – hablo con seriedad.
- Si mi señor – respondió el guardia y se marcho de ahí.
- No entiendo, ¿Porque no desea que nadie se entere de esto? es más fácil encontrarlos si movemos a toda la flota real – hablo Issei.
- ¿Qué crees que pasaría si se llegasen a enterar de que el príncipe heredero ha sido secuestrado por maestros tierra? – Issei comprendió a lo que se refería - Acabamos de salir de una guerra, no permitiré que la paz por la que hemos peleado se venga abajo por esto. Además fueron ayudados por maestros fuegos. ¿Qué te quiere decir eso?
Issei abrió los ojos con sorpresa - Rebeldes – completó.
- Así es, a pesar de que fui convaleciente con los hombres que alguna vez apoyaron a mi padre, al parecer no todos me son fieles, ¡Fui estúpido al ser tan confiado! – Y así fue, gracias a Katara había obtenido la simpatía de muchos que ya no apoyaban la guerra y lo apoyaron en estos años de restauración, por lo tanto mucho de su trabajo fue fácil. Algunos nobles casi perdieron sus posiciones cuando los que fueron acusados de traidores regresaban y tomaban puestos importantes dentro de la nobleza. Ahora estaba pagando por eso. Por aquella autoconfianza que se impuso. Nunca hubiera sospechado las bajas intenciones que estaba generando – Que mi tío te mantenga informado de algún movimiento que ocurra entre los nobles, cualquier rumor, cualquier sospecha no duden en mantenerlos vigilados.
- De acuerdo – su señor tenia razón, si eran maestros fuegos podían tener aliados en la capital, era fundamental dar con los traidores – Enviare a otro grupo en la búsqueda del príncipe.
- No, Yo iré a buscar a mi hijo – dijo con seriedad.
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