Disclaimer: Nada es mío.
Aquí vengo con la segunda de las 30 viñetas. Esta me costó más, es más larga y casi ni puedo considerarla viñeta xD pero lo es, espero que os guste.
Tabaco.
Olía a clase cerrada. De esas tantas en Hogwarts que jamás se usaban si no era para castigo. Era un hedor a humedad y tinta vieja al que, por supuesto, los merodeadores estaban más que acostumbrados. Pero Lily Evans, por mucho que intentase aparentar lo contrario, se sentía inquieta.
Llevaban cinco minutos sentados cada uno en una esquina, mientras los pies de la pelirroja tamborileaban el suelo con impaciencia. Sirius silbaba tranquilo, estirando su brazo, varita en mano, para intentar dar con una pequeña araña de la estantería. Parecía murmurar por lo bajo, pero Lily ni podía ni quería entenderlo; su mente estaba demasiado preocupada en su expediente.
-Evans… -como respuesta, la chica se cruzó de brazos, mirándose los zapatos. Él negó con la cabeza-. ¿Sabes una cosa? De todas las personas con las que he compartido castigo, tú eres la más aburrida.
Ante esta confesión, sus ojos verdes se clavaron en él, escrutadores.
-Encima tendré que ser simpática ¿no? Te recuerdo que si estoy aquí es por tu culpa.
El merodeador bufó frustrado, llevándose las manos a la cabeza.
-Que nooo… que te estoy diciendo que…
-Mira, Black. Déjame en paz.
-¡Pero que los cigarrillos eran de James, te lo juro!
Ella chasqueó la lengua, descruzando sus brazos e incorporándose en la incómoda silla.
-Potter, otro que tal anda –masculló irritada-. Entonces tendría que ser él quien estuviera aquí y no yo.
El chico rió.
-Bienvenida a la justicia británica, chica.
Apretó los labios, fastidiada, y volvió a su huelga de silencio. Sirius apenas pudo aguantar un par de minutos.
-¿Piensas estar callada todo el rato? Podemos estar aquí horas ¿eh?
-Me da igual.
-Claro. Si en vez de yo fuese James os divertiríais más.
Lily consideró que la forma en que le fulminó con la mirada había sido suficientemente explícita, pero a Sirius la pelirroja empollona le intimidaba más bien poco. Ella aprovechó ese momento en el que parecía dejarla en paz para cruzarse de piernas, cerrar los ojos y desear con todas sus fuerzas quedarse dormida. Pero entonces
-¡Black¿qué estás haciendo?!
-¿Hmm?
-¡Esconde eso!
-¿Esto? –dijo tranquilamente, con la cajetilla en la mano a medio abrir. Lily aún se preguntaba de dónde la había sacado-. ¿Por qué?
-¿No decías que eran de Potter?
-Eran suyos. Y estos son míos.
La prefecta se frotó los ojos con desesperación.
-Black. Te lo diré una sola vez. Esconde eso antes de que nos metamos en más problemas.
-¿Más? Nah… -se llevó el cigarrillo a los labios y lo encendió, sacando el humo por la nariz-. No seas sosa. Si tú no me diviertes me tendré que divertir yo¿o qué?
-¿Cómo podéis llamar diversión a destrozaros los pulmones con eso?
Sirius la observó en silencio unos instantes, como si meditara su pregunta. Lily estuvo apunto de sentirse satisfecha, pero una nueva bocanada de humo salió de su boca, y suspiró resignada. Él sólo sonrió de lado y, sin un ápice de disimulo, levantó su silla hasta colocarla justo al lado de la suya, en la misma esquina.
-¿Tú nunca lo has probado, no?
Su voz sonó ronca, y el olor a tabaco la inundó, haciéndola mirar a sus lados inquieta.
-Claro que no –respondió en un susurro, temiendo que la oyeran.
-Ese es tu problema. Tienes una extraña obsesión por perderte las cosas divertidas… -Lily frunció el ceño, y él dejó caer la colilla en el suelo, como si le importase una mierda que pudieran pillarles. Se llevó el cigarrillo a la boca, y la pelirroja lo siguió con la mirada-. ¿Sabes? Dicen que el tabaco es como el sexo. Una vez que empiezas no puedes parar.
Hablaba despacio, dejando el humo escapar lentamente. Lily se llevó una mano a la nuca.
-Tendrías que probarlo.
Lily le miró con los ojos como platos, sin terminar de saber cuál de las dos cosas le estaba sugiriendo que probara. Sirius rió entre dientes, adivinando sus pensamientos.
-Me refiero al tabaco. El resto se lo dejo a James o me capará.
-Tienes una extraña obsesión por pensar que Potter y yo vamos a…
-Cállate –la cortó más serio, y ella habría replicado de no ser porque de repente, tenía el cigarrillo delante de sus ojos-. Pruébalo.
La pelirroja tragó saliva, mirándolo analíticamente como si se tratase de un libro más. Pero uno de la sección prohibida, desde luego; si no, no conseguiría provocarle ese cosquilleo de culpa. Detrás de él, Sirius sonreía.
-No.
-No puedes censurar algo que noconoces, Evans –la incitó, alzando una ceja-. Y nadie se muere por una calada.
Mirada verde y gris se encontraron; desafiantes, quizás, o incitantes. La sabelotodo-Evans, esta vez no teníarespuesta para ello. Tragó saliva y frunció el ceño.
-Vendrá McGonnagal y nos verá.
-No hasta dentro de catorce minutos –aseguró, convencido.
-¿Y tú cómo lo sabes?
-Porque me han castigado ya muchas veces, y esa vieja loca no aparece nunca antes de las seis.
La mente de Lily quiso decir algo como "no llames vieja loca a la profesora McGonnagal" o "aparta ese cigarro de mi vista" pero todo cuanto hizo, sorprendiéndose a sí misma, fue agarrar el cigarrillo con manos temblorosas. Parecía, sin embargo, decidida, y Sirius no pudo evitar sonreír; era gracioso verla cogiéndolo con los dedos pulgar e índice,y ni el mismo Adán con la manzana prohibida habría tenido esa expresión en su cara.
-Así no… -la corrigió, arrebatándoselo.
Lily no se permitió sentirse estúpida por no saber fumar, pero sí hubo de reconocer que la forma en la que el cigarrillo prácticamente equilibraba entre los dedos del chico parecía casi profesional. Dudó unos instantes, notando el cigarro cerca. "Una calada no mata a nadie", había dicho. Y era cierto.
-Di algo y te mataré –le avisó.
Y Sirius en vez de responder, le acercó el cigarro y, torpemente, Lily aspiró. No, no sabía fumar, y se tuvo que limitar a mantener el humo en su garganta unos instantes, con los ojos cerrados. Por primera vez el tabaco no era solo mal olor, era sabor. Sabor cálido, aromático, abrasador. Quemaba. Más que eso: ardía. Y, a su vez, sentía los dedos de Sirius presionando sus labios, sujetando el cigarrillo. "…dicen que el tabaco es como el sexo". El cosquilleo en Lily se hizo más fuerte, y soltó el humo tosiendo.
Un portazo, y el ruido de alguien caminando deprisa por el pasillo. "McGonnagal", pensaron los dos, y separando las sillas y apagando el pitillo deprisa, Lily quiso matarle.
-¿Así que hasta las seis nada, eh? –masculló intentando en vano esconder las colillas. Sirius rió, mientras los pasos de la profesora se sentían cada vez más cercanos.
-Algo tenía que decir para que lo probaras –se explicó despatarrándose en su silla-. Pero ha merecido la pena ¿eh?
Lily se encontró sin respuesta.
