Mentiras de ella, mentiras de él. Todos mienten en un ambiente común, en esa edad que muchos tan bellamente recordamos, y que algunos más lamentan. Adolescencia, la edad perfecta para aprender de los que saben, o aprender errando.

Capítulo II

Mentir

Había sido toda la mañana soleada, hasta después de que se escuchara el azotar de una puerta en la mansión Kagamine. Después de una comida común, el día comenzó a nublarse casi por completo, soltando fuertes vientos que golpeaban a las ventanas, y en muchas habitaciones hacía que las cortinas se elevaran bruscamente.

Nuevamente una puerta se azoto esa tarde. La misma que hacía poco había sido golpeada, fue lanzada con brusquedad.

El muchacho que estaba furioso comenzó a golpear una pared con toda la fuerza que tenía, sentía como si hubieran desgarrado su pecho y ahí hubiera un gran vacío. Comenzó a maldecir a todos por igual… golpeó de nuevo el muro, hasta que un líquido rojo comenzó a brotar de sus nudillos; por un momento paró, pero después de unos segundos, continuó, pareciendo que no sentía dolor alguno. Entre más golpeaba, más rojos sus nudillos eran, y conforme pasó el tiempo comenzaron a brotar unas lágrimas de sus ojos azules. Entre más lloraba, más fuerza iba perdiendo, hasta que se rindió ante el sentimiento de tristeza – no… - comenzó a susurrar entre gemidos – no es justo – pronunció débilmente. Se dejó caer al suelo, terminando recostado de lado con la mirada perdida en la pared que daba a la puerta y con ríos de lágrimas cayendo sin parar. Su respiración comenzó a controlarse, hasta quedarse dormido.

Kagamine Len sufría por un sentimiento que él había conocido en la persona equivocada, y que sabía iba a lamentar. ¿A quién le diría lo que sentía por ella? Estaba seguro de que el solo comentar la idea lo marcaría de por vida. Llevaba dos años guardando ese profundo secreto, y durante todo ese tiempo, nunca había sentido algo como eso, jamás…

Kagamine Rin no sabía qué hacer, en especial al estar frente a la puerta de la alcoba de su hermano. Levantó una mano temblorosa, dispuesta a tocarla, pero al final se arrepintió. Se dio la vuelta y entró a su propia habitación, cerrándola con seguro. – Veamos… debo de hacerlo entender que no sentía seguridad con lo de Kaito – pensó. – Ya sé, le diré que no parecía nada serio y por eso no le había querido decir. Aunque – lo reflexionó por un instante. – De nuevo le estaría mintiendo. Pero… ¿por qué le afectó tanto? No… más bien, ¿por qué no se lo pude decir?

Ahí ella recordó las palabras de su amiga y casi hermana, Meiko. "Si le dices, puede que le cueste mucho aceptarlo, pero si no lo haces y se entera por alguien más, le va a doler, porque creerá que tú ya no confías en él". Las palabras sonaban con la elegancia que ella hablaba en muchas ocasiones. – Le llamaré y le pediré un consejo – tomo esa decisión como conclusión. Sacó su móvil para encontrar el número de la mujer, tomó el teléfono que estaba en su base y comenzó a marcar la serie de largos dígitos de celular. Esperó… un tono… dos tonos… tres tonos… y no había respuesta. Después de unos segundos más, el buzón contestó. "Estás llamando al celular de la gran Meiko, no puedo contestar; deja tu mensaje y dependiendo tu importancia para mí, tal vez te regrese la llamada"

– Ah… - Rin miró el aparato de forma extraña – esa Meiko y sus mensajes – comentó para después colgar el aparato. – Nunca cambiará – rió de buena gana. Poco después tornó de nuevo su expresión seria. – Creo que debo arreglar esto sola – suspiró.

Se lanzó a su cama, aún con el móvil en la mano izquierda. Sintió como vibraba y poco después escuchó la musiquilla. "Tiene un mensaje de KAITO" leyó en la pantalla. Lo abrió y leyó en su mente "Hola pequeña, ¿qué pendiente tienen?" cuando habla en plural se refería a ella y a su hermano. - ¿Pendiente? Nada que yo sepa. – contestó en voz alta, para luego escribir un mensaje de respuesta "¿Por qué lo preguntas?". Al poco tiempo llegó otro mensaje. "Porque Len me dijo que no podía salir por un pendiente" Rin se quedó helada. – Si, con esto me confirma que lo sabe – llegó a la conclusión al fin. Quiso cubrir a su hermano, no supo porque, pero al final lo hizo "Lo que pasa es que mis padres querían termináramos de acomodar las habitaciones. Debo hacer lo mismo, te hablo en la noche, ¿si? Te a…" – amo… - pensó. Borró la última palabra y la cambió por "quiero". Mandó el mensaje y recibió uno último. "Yo también te quiero, estaré esperando tu llamada". Cerró al fin el aparato y volvió a recostarse, dejando el celular en la cama.

Habían pasado un par de horas desde que el rubio había caído dormido en el suelo; comenzó a abrir sus ojos pesadamente - ¿qué paso? – se preguntó mentalmente. Con un tanto de pereza se levantó, para después comenzar a sentir un ardor en sus manos. Miró sus nudillos, encontrándose con las heridas que hacía poco se había hecho. Trató de recordar como cayó al suelo o por lo menos como se lastimo de esa manera. Pensó un buen rato, mientras buscaba una venda en una pequeña caja que tenía una cruz roja en la tapa. – Debió darme un ataque de ira. Para quedar en blanco como estoy, es lo único que se me ocurre. El psicólogo dijo que era controlable, siempre y cuando yo fuera a terapias pero como mis padres no creen que tenga problemas de control, dejé de ir – suspiró, mientras tomaba la venda y se dirigía al baño de su alcoba. Con mucho cuidado lavó sus manos, sintiendo ardor cuando caía el agua sobre las heridas; una vez limpias sus manos, sacó una pequeña pomada que guardaba en un cajón. La aplicó con mucho cuidado, para después ponerse la venda que había partido en dos para cada una de sus manos.

Regresó a su alcoba y se recostó en su cama por un momento; volteó la mirada a su escritorio, encontrando su computadora. – Mínimo con eso podría relajarme un poco – pensó. La encendió, dejando que cargara toda la información necesaria, mientras que él se dispuso a buscar en un cajón unas hojas. Sacó unas partituras escritas a mano con su propia letra y una que otra anotación de su maestro de música, las colocó al lado de su monitor y fue en busca de una pluma.

Una vez que todo parecía listo, abrió su programa favorito de música, un sintetizador de instrumentos. Leyó en la primera pantalla que salía: "Últimos proyectos abiertos: AD. R&L"

- Esa canción… es la que estaba escribiendo para Rin y para mí – recordó. Por un momento se sintió tentado a abrir el archivo, cuando sonó la puerta. – Quién – dijo fuerte.

- Soy Rin, ¿puedo pasar? – se mordió el labio por dentro. Suspiró y se levantó para quitar el seguro. Una vez que su hermana escuchó eso, abrió la puerta, para contemplar como su hermano se sentaba frente al computador. – Len – le habló, él solo emitió un sonido dando a entender que la escuchaba pero sin quitar la vista del monitor. – Yo quería hablar contigo, preguntar por qué estás tan molesto conmigo. Creo saber cuál es la razón, pero preferiría que tú confirmaras mi sospecha – habló lo más serena que pudo. Len comenzó a teclear algo, pareciendo que la había ignorado por completo. - ¿Len?

- Si te escuché, si lo sabes, dime, ¿por qué crees que estoy molesto? – miró las manos de su hermano. ¿Hasta ese punto él se había enojado? Ni si quiera ella lo había visto explotar, pero sabía que siempre terminaba con alguna herida.

- Es por Kaito, ¿cierto? – su hermano aplaudió.

- Bravo – dijo con sarcasmo – acabas de ganarte el premio mayor.

- Len, lo lamento, debí habértelo dicho pero… - él la interrumpió.

- Pero no lo hiciste. ¿Qué no se supone que no hay secretos entre tú y yo? – le reclamó.

- ¡Perdona! De verdad no sé por qué no pude hacerlo – la rubia quiso comenzar a llorar.

- Y lo que es peor de todo, él tampoco tuvo el coraje de decirme que estaba contigo. Bonitos amigos tengo. – continuó reclamando aún con mucha molestia. Rin también estaba por estallar, le dolía lo que le decía. - ¡Por eso me dejaste, para poder estar hablando con ese… ese…! – no hallaba la palabra.

- ¡¿Cómo puedes hablar así de tu propio amigo?! – explotó ella, aún con lágrimas en los ojos. Len la miró. - ¿Y qué hay de ti? ¿No hay nada que me hayas ocultado? – él negó. - ¡Mentira! – la expresión del rubio cambio por completo, ella… ¿sabía su mayor secreto? - ¿Crees que no lo sé?

- Rin, yo… - ahora ella le interrumpió.

- Tú también tienes a alguien especial, ¡lo sé! Pero nunca me has querido decir, van casi dos años, ¿no? – se sintió descubierto, no tenía nada contra eso.

- ¿Sabes quién es? – le preguntó él con la cabeza baja. Rin miró hacia otro lado.

- Eso es lo que aún no logro descubrir – el muchacho levantó la cabeza rápido, aliviado. – Es, Miku, ¿verdad? – le cuestionó. Si, Miku era bonita y todo, pero no podía compararse con su hermana. Él solo le negó.

- Rin, no es ella, temo que la chica en la que estoy interesado nunca se ha fijado en mí. Solo quiero que sea feliz. Por eso jamás te he hablado de ella – media verdad, media mentira… - pero, sabes, yo también me tomé muy apecho esto. Yo también te debo una disculpa – media mentira, media verdad…

- Len… - pronunció con calma su nombre y lo abrazó con cariño. – Te lastimaste por mi culpa – le dijo soltándose del abrazo y tomando sus manos.

- Estaré bien, no te preocupes – la tranquilizó. Se sentaron en la cama del muchacho. – Ahora que todo está dicho, vienen las reglas – le indicó.

- ¿Qué? ¿Cómo que reglas? – le preguntó ella molesta.

- Si, es mi amigo y mi hermana, así que van a haber reglas. Uno, debes decirles a nuestros padres y Kaito debe presentarse formalmente como tu novio. – Rin suspiró y asintió. – Dos, ya no me salgas en las mañanas con la excusa de que vas al baño. Solo dime que vas con él. Tres, como él termina este año, sé que lo vas a querer ver así que yo te dejo donde te veas con él y Kaito te tiene que traer de regreso.

- ¿A qué hora? – preguntó.

- Eso lo veremos dependiendo de nuestros padres. Y cuatro… - se lo pensó mucho.

- ¿Qué es?

- Nunca te olvides de tu hermano, ¿sí? – Rin le sonrió sinceramente y lo abrazó de nuevo.

- Eso es imposible Len, imposible.

Mentir… a veces es la mejor solución, ocultar lo que es querer a esa persona que está junto a uno. Kagamine Len habría que mentirle a la persona que más quería para poder mantenerla cerca. Debería mentir respecto a lo que pensaba respecto a uno de sus mejores amigos, pero, él no tenía la culpa, ¿o sí? – Al final de cuentas, Kaito no sabe lo que siento por ella – su silencio sería su castigo por lo que él mismo consideraba su pecado. El crimen que jamás debió cometer, el mayor error de su vida, el dolor eterno de su corazón. – Amor, tu nombre es mi delito – no pelearía por ella, no la alejaría de nadie, reprimiría su corazón hasta que dejara de amarla.

Reprimiría su corazón, hasta dejar de amar a Kagamine… no, hasta dejar de amar a Rin.


Y… lo prometido es deuda, el segundo capi está entre nosotros xD.

Pues, muchas gracias a toda la gente que está recibiendo con los brazos bien abiertos esta historia de su humilde servidora. Ya corregí unos detalles del primer capi, porque se me pasaron y ni me enteré je. En verdad, muchas gracias a todos, sus buenos comentarios me ayudan a seguir ^^. Todos los capítulos de esta historia no pasaran de tres páginas para que pueda actualizar más rápido, así que, no se sorprendan si salen capítulos muy cortos xD. De nuevo gracias a todos los que leen, y esperen a lo que sigue porque esto se pondrá mucho mejor =D. ¡Hasta la próxima!