SOMBRAS DE LO QUE SOMOS
Cap I
"Conseguir transporte es fácil"
Viernes, 15 de enero de 1999
Sheridan (Indiana)
No podía dormir, Dean Winchester se levantó de la cama, seguía muy cansado pero al menos había dejado de temblar como si estuviese en un congelador. Acababa de hablar con su hermano, aún estaban a medio camino de Summersville, West Virginia.
Decidió que ya había tenido descanso más que de sobra, iría a comer algo y tomaría el primer bus que fuese hacia West Virginia. Pagó la habitación, e hizo un cálculo rápido del dinero que llevaba (apenas doscientos dólares) quizás se pasara primero por un bar de moteros al que habían ido alguna vez a las afueras de Cícero, le pillaba de camino.
No es que le volviera loco hacer autostop, pero se puso en la salida del asador de Sheridan dónde había almorzado, quizás alguien fuese en su misma dirección. Pasó más de dos horas esperando que algún coche parara. O ningún coche iba en esa dirección o los que iban estaban atestados. Cuando había echado a andar con su macuto al hombro pasó una camioneta.
La conductora frenó en seco cuando vio al chico hacer autostop. "Voy a Cicero chaval, si quieres sube". El rubio le dio las gracias y dejó su carga atrás. La mujer no dijo nada más, ni preguntó su nombre ni le dio el suyo.
No era mayor, unos veinticuatro o veinticinco años, cabello corto, ojos castaños, "si se arreglara sería bastante guapa" pensó el chico.
- Tengo que recoger a mi hermana de camino, vas a ir un poco apretado chaval – le dijo
- Probablemente seamos de la misma edad, no me llames chaval, llámame Dean – respondió
- Primero Dean, tú eres un mocoso que no llega a los veinte años…
- Veintiuno – Mintió
- Lo que tú digas – prosiguió sin creerle – y segundo, este es mi coche y te llevo gratis, así que te llamo como me sale del moño, si te parece bien, perfecto, y si no, me da igual chaval.
- OK abuelita, dime al menos tu nombre
- Gudrun – se rió al ver la cara de espanto del chico – Gertrude Braeden, pero por ser un nieto tan simpático puedes llamarme Ger
Una vez roto el hielo hablaron de todo y de nada durante un rato. Ger Braeden era la persona menos cotilla y entrometida que había conocido en su vida, lo que irónicamente, despertaba la curiosidad de Dean.
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Río Grande (Ohio)
Estaban prácticamente solos en el asador de Río Grande (Ohio) dónde habían parado a comer. Era la primera vez que Sam pasaba tanto tiempo con su padre sin que su hermano estuviese presente así que no sabía ni de qué hablar.
Aunque en lo de hablar no iba a tener problema, probablemente John Winchester era la persona que menos hablaba de todas las que había conocido en su vida, incluidos un matrimonio mudo que había compartido camping con ellos hacía algunos años.
Desde que entraran en el asador sólo había abierto la boca para pedir el menú del día y una cerveza, dejándole a él elegir lo que quisiera, estaba seguro de que si hubiese querido cerveza ni se hubiera inmutado, sólo que a Sam Winchester el sabor de la cerveza aún le resultaba demasiado amargo.
- ¿Qué piensas Sam? – los ojos de su padre se despegaron del paquete de fotocopias que tenía en la mano y le observaban ahora algo preocupados
Supo en seguida que era lo que pasaba por la cabeza del adulto. O al menos lo que quería creer que estaba pensando su padre. Dean.
- Espero que no se meta en líos – dijo inconscientemente
- ¿Tu hermano? no creo – replicó el adulto – me refiero al trabajo Sam, según lo que sabemos la Banshee teme al hierro, pero eso no aclara si es un espíritu humano o un ente sobrenatural…
El chico miró a su padre sin poder evitar el enfado que últimamente sentía ante la indiferencia de John por el bienestar de sus hijos.
- Por mi como si es una linda florecilla papá, atacó a Dean y le hizo mucho daño – No pudo evitar replicar
La fría mirada del cazador taladró a su hijo mientras la única camarera les traía las bebidas y el primer plato. "Gracias" musitó el adulto, cuando la mujer de mediana edad se fue, con una voz aún más fría que su mirada, John advirtió al muchacho.
- Esa no es forma de hablar a tu padre
- Esa no es forma de tratarnos papá, te comportas como si no hubiese pasado nada, vas a la caza de esa criatura como si fuera más importante que cuidar de nosotros – insistió el chico, aún furioso
- Te dije que te quedaras con él, yo tenía que acabar el trabajo, si tanto te importa ¿por qué no te quedaste? – si las palabras eran duras, la indiferencia con que fueron pronunciadas hicieron que el chico callase.
Sam miró su plato, no podía replicar a eso. Tenía que haberse quedado con Dean, no dejarlo solo, ahora entendía lo que le había dicho su hermano cada una de las veces que lo habían dejado solo en el motel o la pensión de turno "Ir de cacería con papá no es una fiesta, renacuajo, es un trabajo, y no de los más fáciles"
John supo una vez más que no había sido precisamente sutil con el chico. Cada vez le costaba más, cada vez era más difícil seguir adelante con todo eso de la caza. Cuando empezó a adiestrar a Dean había sido diferente, el niño estaba tan ansioso de su aprobación que se lanzaba decidido ante cada instrucción. Sam era muy distinto, el pequeño no le necesitaba. Lo supo cuando lo oyó decir su primera palabra.
Sam no dijo mamá (obvios los motivos), tampoco dijo papá aunque la muchacha que los cuidaba cuando comenzó a hablar creyera que fue eso lo que oyó. No, no dijo papá, no dijo papi, dijo Dee... Su pequeño nunca lo había necesitado como el mayor porque ya tenía alguien que había tapado esa carencia entregándose por completo.
Nunca pensó que fuera un error, o que fuera malo que el mayor se volcara tanto en el pequeño. Ahora seguía creyendo lo mismo. Aunque el que su rebelde hijo pareciera odiarle sí que le dolía, por mucho que lo ocultara tras su pose de cazador sin sentimientos.
