Card Captor Sakura

Sakura / Syaoran

Advertencia: para personas con el criterio formado.


Capítulo II

Decisiones

Después de haber decidido que lo mejor era iniciarme sexualmente con alguien que no notara mi torpeza y se burlara de mi desconocimiento a la edad de 25 años, intentar ser yo sin ser demasiado "yo" era un reto que me estaba quedando grande. Lo de ir a citas definitivamente no era lo mío, y las conversaciones con Syaoran no parecían llegar hacia donde yo buscaba. No sabía si él estaba evadiendo el tema o simplemente no captaba los mensajes con segundas intenciones, así que cuando acepté ir a una segunda cita con él, trataría de que las cosas no siguieran su curso natural y forzaría la situación un poco, de modo que fuera en la tercera cita el momento donde por fin me desharía de mi karma. Me sentía mal por el chico, pero tampoco era que lo amenazaría con un arma y lo obligaría, si él lo quería bien podía negarse, aunque esperaba que no fuera el caso, porque estaba apostando todas mis cartas y mi tiempo en él.

Cuando nuevamente ofreció ir a buscarme a la puerta de mi casa, decliné y lo que concluyó acerca de mi negación me asombró porque dio justo en el clavo, y sus palabras textuales fueron: "Lo que tú no quieres es que te vean conmigo, ¿verdad?", sentenció y aquello fue tan cierto que no pude negarlo, aunque él pareció comprenderlo. Me alivió que aquello no fuera una carga para él porque había surgido inconscientemente, no tenía idea de por qué me molestaba tanto el hecho de que alguien me viera subiendo al auto de algún hombre, porque aquello era normal. Lo anormal era que aún no llevara novio a mi casa.

Syaoran en esa segunda oportunidad fue puntual, pero lo que no varió fue que la misma atmosfera de intranquilidad de la última vez surgió tan pronto subí a ese auto, y lo único que se oía era ese inconfundible sonido que me indicaba que debía ponerme el cinturón de seguridad. Me arrepentí nuevamente porque quizá de verdad estaba forzando demasiado las cosas… tal vez no sería del todo inapropiado que postergara la cita que tenía concertada. Había esperado años ¿no podría acaso esperar un poco más…?

Miraba por la ventana anhelando la libertad de las personas que veía a través de ella, y tan concentrada estaba imaginando que estaba en un lugar mejor, que no noté que Syaoran en algún momento había detenido el auto, y que al girarme porque él me había tocado el brazo para llamar mi atención, lo encontré más cerca de lo que lo había tenido en esas dos ocasiones que nos habíamos juntado. Traté de no sobresaltarme y actuar lo más natural posible.

—¿Estás arrepentida de haber aceptado juntarte nuevamente conmigo? – consultó perspicaz.

Me alejé un poco de distancia adquirida que había intentado obviar. Su cercanía en cierto modo me incomodó más luego de que dijo eso con tanta seguridad, porque no me gustaba que tuviera la razón. En realidad la cercanía con quien fuera me causaba eso, pero especialmente a quien me costaba mirar a los ojos y reconocía que con él me costaba un poco.

—Verás… no es que lo hagas demasiado fácil… - admití que estaba él en lo cierto. No sentía que debiera medir mis palabras con él.

Observé cómo se rió ante mi acusación y volvió a su posición inicial, más lejos de mí.

—Es porque eres tú – confesó alejándose él mismo.

¿Y qué si era yo? Seguí pensando en eso cuando él de desabrochó inesperadamente el cinturón de seguridad, abrió la puerta y se levantó. Lo que luego vi me dejó descolocada porque ciertamente no me esperaba que él fuera así de alto, y que la visión de su cuerpo completo variara desde esa posición de conductor a la de un transeúnte tan violentamente.

—Tengo sed ¿quieres algo? – ofreció.

Asentí y le pedí un jugo de sabor un tanto extraño, sabiendo que era muy posible que no lo encontrara sólo con la intención de molestar, a lo que él respondió con una sonrisa y fue a por ello. Me crucé de brazos y pensé en lo confiado que era y que me dejara en un auto como ese, con las llaves puestas siendo que sólo me conocía apenas. Se estaba tardando más de lo esperado y comenzaba a aburrirme todavía más en solitario y sin nada más que hacer que esperar por él. Concentré mi atención en un perro faldero que estaban paseando un poco más allá y me burlé de su aspecto ¿por qué tenían que vestir a los perros? El can estaba perceptiblemente disconforme y se iba hacia un lado ante la mirada de sus dueños que insistían en que caminara. Suspiré pensativa ante la imagen que segundos antes me había causado gracia y antes de que pudiera indagar más al respecto escuché el sonido de golpeteo en el vidrio que interrumpió mi concentración. Vi que era Syaoran quien había vuelto con unas bolsas y una gran sonrisa de triunfo en su rostro. Me entregó en la mano aquella lata del sabor que pedí que aunque me gustaba, no era realmente necesario. Siempre creí que finalmente me traería de otro, porque yo misma siempre terminaba conformándome con otro sabor. Noté además que era una de las marcas más caras…

—No era necesario que te gastaras tu mesada en esto… - le dije riendo.

Era esa alguna clase de prueba, ¿no...? ¿La pasé? – interrogó mirándome risueño.

Sonreí de vuelta y cuando puse mi dedo en el tab para abrir aquel preciado líquido que se me antojó horrores, pero él me la quitó y la abrió por mí.

—¿No se te rompen las uñas así? – quiso saber.

Miré mis largas uñas y me di cuenta de que nunca había reparado en dejar de hacer algo por cuidarlas. Era una suerte que siguieran intactas y casi perfectas, si lo consideraba de esa forma.

Tomé un sorbo largo muy agradada, gesto que no era nada femenino y lo sabía pero fue inevitable con el líquido en la temperatura adecuada para mi gusto. Noté por el rabillo del ojo que Syaoran se había acercado sin advertencia alguna nuevamente, y ante la impresión de que estuviera más cerca de lo que esperaba, un poco de jugo se escapó sin mi consentimiento de mi boca y antes de poder hacer algo para limpiármelo, él llevó su rostro todavía más cerca y arrastró sus labios desde mi mentón, por donde ya había llegado aquella gota, hasta de dónde había salido: la comisura de mis labios. Tenía que admitir que nunca esperé esa clase acción de su parte, y que aunque para algunos eso podría haber sido considerado como algo atrevido, para mí fue sorprendente de buena manera, porque quizás no terminaría sintiéndome como si lo estuviese llevando al matadero. Pensé en cuántas cosas podría descubrir de él si tuviera más tiempo, y en pos de ese poco tiempo que quedaba, no dejé que se alejara mucho y sin pensarlo demasiado me acerqué a él y lo besé…

Había algo bueno en aquello de no tener expectativas sobre alguien o algo, porque puede ser que se termine sorprendido para bien… y fue justamente lo que pasó con ese beso que no esperaba protagonizar, porque no creí que me agradaría como había terminado pasando, no obstante fue perfecto: sin demasiada lengua, sin más saliva de la normal y sin torpezas, era como si no hubiese sido ese el primer beso que compartíamos. Fue tan perfecto que todos mis planes se vieron afectados, porque no sabía qué hacer ni qué decir a continuación, y aquella era la razón por la que había escogido a alguien menor en primer lugar, para sentirme segura y ser la que llevara la situación según me sintiera más cómoda.

Él se alejó como si nada, dejándome sin palabras, y volviendo a poner en marcha el auto, volvimos a la ruta que no tenía idea a dónde era que se nos llevaría; miré a Syaoran de reojo y pude ver que tenía una sonrisa. A él le había gustado, lo pude leer en su lenguaje corporal y por primera vez el silencio en el que él me obligaba de algún modo u otro a someterme cada vez que manejaba no se hizo incómodo. Miré por la ventana nuevamente, pero ya no con la misma intención de escapar y estar en otro lugar sino que pensando en que tenía temor de que en caso de volver a repetir el beso volviera a sentirse así de perfecto, sin embargo todavía cabía la posibilidad de que haya sido una casualidad memorable y eso era lo que esperaba, la verdad, porque lo cierto es que estaba preparada enfrentar para las cosas malas, pero me costaba montones aceptar las cosas buenas.

El panorama que tan conocido por mi era, comenzó a dejar de serlo a medida que seguíamos avanzando. Estábamos dirigiéndonos hacía donde yo aún conocía, pero no demasiado bien y los parajes comenzaban a parecer cada vez más desolados. Comencé a sentirme nerviosa pero… ¿no era eso acaso lo que yo estaba buscando? Pensé en Eriol y en las conversaciones que teníamos y que pronto esas fantasías se materializarían y dejarían lo que habían sido todo ese tiempo, sólo fantasías y si quería conseguirlo tenía que dejar de sentirme inquieta y con la sola idea de concretar con Eriol despejé mis dudas, debía mantener en mente que sólo quedaba esa semana para nuestro encuentro, y ante esa inminente reunión de pronto me sentí más valiente. Aunque fuera sólo un poco, porque el que estaba justo a mi lado no era él, sino alguien más que ayudaría a que finalmente pudiera encontrarme con el que había sido realmente mi único interés romántico a lo largo de mi vida, y me sentí agradecida de él por el gran paso que me ayudaría a dar, aunque él nunca llegaría a saberlo.

Cuando por fin abandoné el egoísmo de estar concentrada sólo en mis propósitos y decidir dedicarme finalmente a vivir el momento, advertí que su teléfono móvil no había dejado de vibrar desde que me había subido al auto hacía ya rato. Había pensado inicialmente en ignorarlo, pero el constante ruido me hizo pensar en que tal vez algo estaba sucediendo y se lo hice saber, pero en el fondo sospechaba en realidad que era alguna otra chica llamándolo y que no quería responder porque estaba conmigo. Quería expresarle que conmigo no debía tener esa clase de deferencia porque no buscaba de él fidelidad ni nada más que sexo, pero claro que omitiría eso. No hablaría bien de mí, en realidad ni siquiera yo misma pensaba bien de mi en esos momentos.

—No está pasando nada. No le prestes atención – respondió ante mi inquietud sobre el constante vibrar de su teléfono.

Llegamos a un paraje en el cual no se veía a nadie más… y me di cuenta de que estaba finalmente pasando. El escaso valor que había reunido al haber pensado en Eriol y yo juntos se estaba esfumando al verme realmente en la situación.

—Si no era la clase de lugar al que querías venir entonces te malinterpreté. A veces no se me da demasiado bien entender las cosas que no me dicen de manera explícita… pero me parece que buscabas un lugar así cuando conversábamos anoche… – aclaró mirando hacia abajo.

¿Él sí había captado lo que yo había intentado insinuarle? Me sonrojé, porque en mi firme creencia de que él no me estaba comprendiendo quizá había sido un poco más explícita de lo que hubiese preferido parecerle.

—Tu no malinterpretaste nada – reconocí aún avergonzada.

Dejé la lata a medio tomar en el lugar en el que está habilitado para ello. Él miró la lata que había dejado como si fuera algo muy interesante y yo, sin querer reparar en lo que me había sido inculcado como lo que era apropiado, que era esperar a que el chico hiciera el primer movimiento, y con las ganas de infringir lo establecido que más veces de lo que quisiera se apropiaban y nublaban mi raciocinio, busqué nuevamente sus labios para comprobar lo que me temía que podría ser respondido luego de que repitiéramos el beso: el anterior no había sido una casualidad… él besaba así. En lo que duró no pensé ni en Eriol, ni en lo que quería de Syaoran, tampoco en promesas hechas a largo plazo que terminaron alcanzándome más pronto de lo que me hubiese gustado, sino que me concentré en lo agradable que se sentía, y antes de que pudiera percatarme mi contraparte había roto el beso para ir directamente a mi cuello. Nunca había sido cosquillosa, pero él estaba consiguiendo que lo fuera. En un movimiento que nuevamente no esperé, él hizo que mi asiento se reclinara y esos centímetros de caída fueron bruscos, pero él no me dio tiempo de reclamar porque en un ágil movimiento, para él ser tan alto en un lugar estrecho, se posicionó sobre mí.

¿No se suponía acaso que cualquier avance iba a ser hecho exclusivamente por mí? Su ritmo era más rápido del que me hubiese imaginado o del que yo misma hubiese llevado. No parecía el chico que se quedaba callado tan pronto me subía al auto y algo debí expresar en mi rostro, porque no paso inadvertido para él.

—¿Te estoy aplastando? ¿Estás bien? – preguntó con más preocupación de la que hubiese esperado y deseado.

Yo no quería que se preocupara por mí, porque la verdad yo no estaba reparando en él y eso me irritó porque me hacía sentir culpable. No quería responder porque no tenía ganas de explicarle el por qué de mi repentina molestia y sin verbalizar palabra dejé un espacio entre mis piernas para que él se acomodara y dejara de cargar todo su peso en mi.

Al ser alto me imaginaba que no estaba agradado, de seguro las rodillas debían dolerle, pero él no hacía amago de que ello, sin embargo yo no podía dejar de pensar en ello.

Él volvió a aproximarse pero no quise recibirlo sabiendo que él estaba así de incómodo.

—¿Preferirías que nos pasáramos a la parte de atrás? – sugerí sin poder obviar más su situación.

—Eso me gustaría, gracias… - respondió en el mismo tono formal que yo y se oyó también aliviado.

Salió del auto y por primera vez estuvimos de pie uno al lado del otro. No me sentía baja por lo general, pero él me sacaba entre veinte y treinta centímetros. Pensé que me besaría nuevamente cuando se agachó y se acercó, pero descubrí que lo había hecho para poder regresar el asiento a su posición original. Abrí la puerta de atrás pero antes de poder lograr mi cometido sentí que él estaba detrás de mí y cerró la puerta recientemente abierta.

—¿Pero qué…? – traté de preguntar, pero no pude.

Syaoran, aprovechándose de su porte y fuerza me inmovilizó con su cuerpo, apretándome contra el auto.

—Me siento más cómodo acá afuera – verbalizó - ¿y tú?

Había cambiado la entonación amable y casi distante que había ostentado hasta ese momento y un calofrío me recorrió por completo al observarlo mirarme de esa forma lasciva y lo supe en ese momento, que él iría tan lejos conmigo como pudiera y yo se lo permitiera. Me sentí adulada, atractiva y poderosa… y por qué no decirlo, lujuriosa también.

—¿Y si nos ven? – pregunté un tanto tímida.

Él miró a su alrededor y lo imité. No había nadie en ese momento, quizás, uno nunca podría estar demasiado seguro, pero eso no quería decir que tal como llegamos nosotros no pudiera llegar alguien más.

—¿Qué es lo que se supone que verían? No estamos haciendo nada que no pudiéramos hacer en otro lado – acotó él.

Más segura de mi misma y con unas ganas apenas contenidas de experimentar, alcé mis brazos y los dejé a la altura de sus hombros. La tela de su ropa era agradable al tacto y comencé a arrastrarlas hasta la altura de sus pectorales ¿sería su piel más atrayente?

—¿Deberíamos darles entonces algo que ver? En caso de que, por supuesto, apareciera alguien… – pregunté evadiendo su mirada, ansiosa por lo que él respondería.

Él no dijo nada, pero cargó más su peso en mí, mis brazos se dirigieron desde su pecho hasta su espalda. Lo abracé y lo atraje más hacia mí y terminamos tan juntos que fui consciente de cada parte de su cuerpo.

—Demos algo que ver. Incluso si no aparece nadie – concluyó él.

Con una rodilla separó mis piernas y él se acomodó en ese espacio. Me levantó y quedé con mis piernas separadas por su cuerpo, cargada en sus muslos, con nuestros sexos en contacto pero separados por la gruesa tela de nuestros jeans. Mi respiración se alteró en cuanto sentí que sin ninguna clase de aviso previo él tocó mi pecho derecho y que no tardó en tocar el izquierdo con la otra mano, y yo reconozco que lo dejé hacer, aunque no sentía demasiado la verdad, pero en algún momento mis ganas de más emoción en contraste de lo que realmente estaba pasando en mi cuerpo me superaron, y yo misma sostuve su mano derecha y la llevé dentro de mi ropa y fue cuando recién ahí, cuando él jugó con mi pezón que se había erguido por su tanteo previo sentí un hormigueo que no se concentró sólo en esa zona.

—Es pequeño – recalcó él lo obvio mientras jugaba con él.

Me sonrojé y me avergoncé. No sabía de hecho si eso era algo bueno o malo y por lo que había visto en mis investigaciones, los hombres no parecían fijarse demasiado en eso sino en el tamaño del pecho en sí.

Él adquirió más confianza luego de eso porque no tardé en sentir también su otra mano jugando con el pecho que estaba más desatendido. Sí, se sentía mucho más así, de hecho tanto que incluso comenzaron a doler por tantas atenciones y él tan inmerso en eso que no parecía como si fuera a dejar de hacerlo. Si quería que se detuviera sin dejar en evidencia que tanta estimulación me estaba lastimando, debía detenerlo haciendo yo algo por él.

Detuve sus manos y las quité. Le indiqué que quería que me bajara y cuando por fin tuve mis pies en tierra firme me di cuenta de que había estado a poco de acalambrarme por la posición. La poca costumbre seguro.

Debía pensar rápido en qué hacer y pronto vino a mí la solución a dos de los problemas que habían surgido: uno, el más reciente su evidente estado de excitación, y el segundo, satisfacer mi propia curiosidad, y con más confianza de la que realmente sentía, bajé el zipper de su pantalón ante su mirada atónita e introduje a través de la abertura mi mano izquierda, muy limitada porque me lastimaba el metal y tampoco era que pudiera mover mi muñeca con demasiada libertad y lo que sentí me hizo anhelar tener más posibilidades de movimiento, pero acomodé mi mano un poco mejor y pude apreciar que estaba particularmente cálido, y era un calor húmedo. Aprecié también la forma de su sexo, en cómo estaba preso en su ropa interior, tensándola. Me atreví a bajar más y fue cuando oí un gemido de su parte que me animó a seguir indagando y fue cuando seguí un poco más abajo y sostuve aquello que parecía estar esperando por atención, porque Syaoran sin que yo dijera nada se desabrochó él mismo el pantalón que cayó pesadamente al suelo y se quedó en ropa interior frente a mí y tuve la erótica imagen de un hombre excitado con mi mano justo en su intimidad y decidí aprovechar la licencia que él mismo me había otorgado al facilitarme la tarea para poder tocarlo como yo quisiera. Sostuve su erección que se evidenciaba notablemente a través de su ropa interior con firmeza y aunque me hubiese gustado ir más allá de la fina tela que separaba el contacto piel con piel que repentinamente se me hizo muy deseable seguí incitándolo, tocándolo a veces con dos de mis dedos persistentemente en la punta, a veces con mi mano completa a lo largo de su sexo, pero lo cierto es que la limitación era muy obvia y verlo y sentirlo se hacía más y más deseable.

Hice una pequeña insinuación al subir más de la cuenta y sostener entre mi pulgar y mi índice el elástico de su ropa interior y me apegué a él y con una coqueta mirada le pregunté sin palabras si podía ver. Él asintió y apegándome un poco más a él estiré el elástico y miré. La verdad por la oscuridad no fue mucho lo que pude ver, pero era el hecho en sí lo que más me excitaba, el saber que él tenía esa erección que si bien no podía mirar cómo me hubiese gustado sí podía sentirla y sin dudar más introduje la otra mano, la que no sostenía el elástico, y me apoderé sin pedirle permiso de su erección palpitante por el anhelo y pétrea para la acción que esperaba tener. Syaoran se recargó en mí y me aplastó contra su auto. Comencé a estimularlo con más confianza a medida que escuchaba sus gemidos de satisfacción y estaba dispuesta a hacerlo llegar hasta el final pero él me detuvo después de unos movimientos más bruscos que hice ¿habría sido acaso muy brusca? No alcancé a averiguar la respuesta porque sin que me diera cuenta él me había desabrochado el pantalón a mí también, pero mi pantalón no cayó como el de él, porque no era holgado, así que la decisión estaba en mi de bajármelos o no, pero dicha resolución no me estaba costando y sin desviar mis ojos de su mirada expectante, me los bajé.

No me había dado cuenta hasta después de que bajé mis pantalones que estaba temblando, y no era de frío. Estaba agitada por la situación y negarlo no estaba en mis planes, menos cuando Syaoran volvió a besarme de esa forma tan apremiante que me distrajo lo suficiente como para no notar que con sus pies me bajó los pantalones hasta los tobillos con la clara intención de quitármelos del todo. Dudé unos segundos, los cuales él aprovechó para quedar sin su ropa interior, y fue ahí cuando lo vi en todo su esplendor. Él no sentía ninguna clase de pudor y rozó contra mi cuerpo su desnudez. No tardé en sacarme los jeans a pesar de lo que costaba quitarlos con las zapatillas puestas. No hubo demora en la acción posterior, él se animó por fin a hundir sus dedos en mi intimidad, que a esa altura clamaba por atención. Cerré los ojos al sentirlo hurgar dentro de mí para dedicarme a vivir ese grato instante y aunque él no daba con el lugar correcto si lo tocaba a ratos y era justamente esa agonía la que me tenía más caliente. Me encontraba totalmente húmeda y deseosa y para cuando él me levantó separando mis piernas para colocarse él ahí, con su erección al desnudo en mi sexo mojado, ambos rozándose imitando el vaivén propio de una relación sexual sin serlo, pero lo sentía. Y mucho.

Estaba completamente fascinada con su forma cilíndrica y dura que me embestía, quise con ansias quitar esa estorbosa tela de en medio para sentirlo mejor y sentirlo hundirse en mí, no obstante en ese instante no me sentía capaz de más y tampoco me atrevía a pedírselo, y él no hacía ningún amago de querer pedírmelo. Me acomodé mejor y él logró acercarse más a mi y fueron unos centímetros, pero fueron los precisos para empezar a perder la cordura; mis piernas comenzaron a temblar a medida que pasaban los segundos. Eran unos temblores que no respondían a mi voluntad y mi ropa interior, ya inútil por los fluidos, me permitía sentir su calor y el exquisito roce como si esta no existiera, lo sentí a él temblar y aún más húmedo si se podía mí esa prenda íntima que llevaba y aquello catalizó en que también yo alcancé el clímax. Fue más rápido y corto de lo que había imaginado, pero había sido arrasador y exquisito.

Syaoran se quedo un momento más apoyando su peso en mí y poco a poco la distancia aumentó y me dejó poner mis pies en el suelo. Mis piernas temblaban como gelatina y me sentía impresionantemente incomoda con mis bragas en ese estado, porque fue justo después de que ya había pasado el momento donde la fui víctima de la lujuria que me daba cuenta de que no podría seguir usando eso y para mi suerte él mozalbete había tenido la decencia de voltearse, porque si, él había vuelto a ser el mocoso para mi, aunque hacía tres minutos cuando lo tenía frotándose contra mí ni siquiera lo consideré. Supongo que no tardé demasiado en mi disyuntiva sobre qué hacer, pero Syaoran sin voltearse aún me alcanzó los jeans y musité un "gracias" apenas audible. Abiertamente había tenido que tomar la decisión de quitarme la ropa interior y colocarme el pantalón. El problema ahora era qué haría con ese trozo asqueroso de género…

Nos subimos al auto en silencio y el camino al contrario de lo que dicen, que la vuelta es más corta que el viaje de ida, me pareció todo lo contrario. Por mi cabeza rondaba el pensamiento de que había sido extremadamente dura con los embarazos adolescentes aludiendo a que existían un montón de métodos para prevenirlos, pero recién caía en cuenta de que si él hubiese querido llegar más allá, yo no habría pensando en ello. El sexo era poderoso y eso que ni siquiera había llegado a experimentarlo del todo.

El teléfono de Syaoran no paraba de vibrar y el ruido constante me estaba empezando a sacar de quicio.

—Disculpa, de verdad te agradecería que contestaras ese teléfono – le dije menos amable de lo que me había mostrado hasta entonces.

Él me miró extrañado y asintió. Sus respuestas eran escuetos monosílabos.

De pronto recordé la lata de jugo y tomé casi todo el contenido en un solo trago en un gesto muy poco femenino. Ya no sabía igual que antes, pero me animó el hecho de que ya quedaba poco para llegar, no obstante esa alegría duró unos pocos momentos porque inmediatamente vinieron otros asuntos a mi mente: ¿cómo se suponía que me debía despedir de él? Un beso en la mejilla parecía extraño dado lo que habíamos compartido, pero no me apetecía darle un beso en los labios ¿y si solo me despedía con la mano? Soñé con que podría hacer eso y lo otro era que mis piernas se sentían todavía endebles y de verdad me sentiría como una prostituta si me dejaba donde me había recogido. Pero su voz interrumpió mis complicadas cavilaciones.

—¿Dónde vives? – preguntó inseguro – Ya sé que no quieres que te vean conmigo, pero no permitiré que te vayas caminando sola a esta hora.

Su tono de voz parecía resoluto y no pude negarme a su exigencia, aunque siendo honestas a horas incluso menos decentes había caminado sola ese tramo. Resignada me crucé de brazos y le contesté lo que él quería saber.

El instante de la despedida se acercaba y yo ya había decidido darle sólo un beso en la mejilla, así a él, si era listo, le quedaría claro el mensaje de que yo sólo buscaba sexo.

Se estacionó frente a mi casa y miré a mi alrededor. No habían luces prendidas y eso me relajó un poco, si tenía suerte nadie me vería descendiendo de ahí.

—Gracias por el jugo. Nos estamos leyendo – me dirigí un tanto distante hacia él.

Me incliné para besarlo en la mejilla y lo conseguí, pero cuando le di una última mirada a modo de despedida y posteriormente abrí la puerta, él me atrajo hacia él y me dio un beso que no quería terminar porque impedía que me alejara mordiendo suavemente mi labio inferior y cuando por fin me liberó, me dirigí a la puerta de mi casa. Miré de soslayo y noté que seguía ahí. Me preguntaba por qué diablos estaba aún ahí, pero él sólo se marchó una vez que me vio atravesar el umbral de la puerta. Lo que me faltaba, un galán a la antigua.

Una vez que llegué a mi habitación me dejé caer a mi cama. No noté que mi gato Kero estaba durmiendo en ella y despertó irritado mirándome de una manera desaprobatoria como si supiera en lo había estado poco tiempo atrás ¿O era yo la estaba con delirios de persecución?

Lo más silenciosamente que pude para no despertar a mi padre fui al baño, para tomar una ducha rápida rogando para que no se despertara, pero no estaba de suerte porque oí a mi padre llamar.

—¿Sakura? ¿Por qué te estás bañando a esta hora? – preguntó mi padre extrañado

Me puse nerviosa ¿sacaría él conclusiones? ¿Qué debía responder? Las escusas no venían a mi cabeza, pero sin quererlo mi propio padre me ayudó a salir del embrollo.

—¿Tomaste de nuevo? Pero si tú no bebes Sakura, siempre que lo haces terminas vomitando… vete a acostar luego.

—¡Lo siento papá no quería despertarte! – respondí con alivio ante la inesperada ayuda.

—No dormía, te esperaba. Te prepararé alguna infusión para el estomago, estará en la mesa para cuando salgas.

Mi padre debía pensar que había vomitado porque siempre que lo hacía me bañaba después porque no soportaba el olor y podía sentirlo aún si me lavaba los dientes, y sin saberlo eso me había proporcionada una coartada.

Terminé de bañarme con un sentimiento de culpabilidad impresionantemente grande. Mi padre pensaba me había esperado despierto y me había preparado algo para estabilizar mi estómago cuando yo en realidad había estado en medio de la nada con un perfecto desconocido... De seguro mi padre pensaba mejor de mí que andar refregándome por ahí a la intemperie desvergonzadamente...

Con ese sentimiento asqueroso de arrepentimiento, esa imagen mía contra un auto en mis pensamientos y la infusión caliente en la mano, decidí que no podía seguir con mis planes. No volvería a ver a Syaoran.

Continuará...


Antes que todo quiero disculparme por la larga espera (si es que lo esperaban, claro) ha sido una completa falta de respeto y lo siento. Espero que sigan interesados en esta historia y si no, espero volver a reencantarlas.

La verdad es que este capítulo me ha costado escribirlo, no sabía como continuarlo y a ratos odiaba esta historia, pero aún cuando no será un fanfic largo prometo dar lo mejor dentro de mis posibilidades.

Saludos y nuevamente siento la espera.

ciclina: ¡hola! gracias por tu review ¿de verdad crees que será algo bueno para leer? Me siento completamente halagada de que lo creas así y respecto al Syaoran menor… ¿por qué no? Jajajaja es súper machista eso de que esté bien visto de que un hombre si puede salir con una mujer menor ¿pero si una mujer lo hace es tan raro? Ojalá a pesar de que tardé casi un mes sigas interesada en la historia. ¡Saludos!

Guest: Rayos mencionas "todas mis historias" y has leído además las de Digimon y vaya que tienes memoria… me he hecho de una mala fama. ¿Quién eres? Estoy totalmente perdida acerca de tu identidad. Acerca del bebé no creo que esté en los planes aún, como verás Sakura está echando pie atrás. Muchísimos saludos seas quien seas.

ValSmile: Bueno este capítulo contestó tus dudas acerca de la edad de Sakura y Syaoran ella tiene 25 y él 21, aunque como pista las llamadas que menciono eran por un evento importante en la vida de todo ser humano que se da una vez al año ;) Muchísimos saludos amiga y gracias por tu review, siempre puedo contar con él.

Sakura Kinomoto Amamiya 26: Bueno en la serie Sakura es unos meses mayor que él, en mi historia es unos años mayor pero ¿qué son unos pocos años? Jajajaja gracias por apoyar también esta historia. Espero que el tiempo que ha pasado no te desanime y la sigas aún. ¡Saludos!

Minami Amy: ¡Hola! Un gusto poder saludarte, antes que todo gracias por dejarme saber tu opinión. Bueno el Syaoran de esta historia no es que sea un adolescente precisamente como habrás notado en este capítulo, el tiene 21 y de hecho las llamadas que menciono ahí es por un evento que lo hará mayor. ¿En serio lo puedes imaginar todo? ¡Vaya! Ese es uno de los mejores cumplidos, gracias nuevamente. Muchos saludos.

Camili: bueno muchacha la actualización a la que ayudaste que saliera por fin ha sido publicada. Gracias a tu insistencia (según tu contenida) me animé a escribir de nuevo. Espero que te agrade el producto final, ya que has tenido la misión de leer los avances debo saber que opinas.
-¿Sujeto a cambio? Probablemente ya notaras que si hubo cambios.
-Es que tuviste la desdicha de leer traducciones hechas por mi, no creo estar limitada sólo a la primera persona, pero ya que lo mencionas es un reto, asi que haré algo escrito como narrador omnisciente sólo porque, como tu bien sabes, me gusta llevarte la contraria.
-¿La amiga en común? Quizás quien sea… ¿tendrá participación? Quién sabe ¿y conocer gente a través de internet? No, figúrate, eso es de mal gusto jajajaja
-Si será livianita en relación a la anterior. Tienes razón.
-Quién sabe si Syaoran es o no virgen, no se menciona aún.

Y bueno me tardé casi un mes en publicar la continuación, espero no demorar tanto con el siguiente.

Kimi DeathBerry: ¡Hola! Muchísimos saludos ¡Qué gusto me da leerte! Casi que me enojo cuando no tengo tu review… jajajaja espero que te guste la continuación, porque como sabes tu opinión me importa mucho. Ojalá la espera no te haya desanimado y sigas por ahí. ¡Cuídate!

Gracias por sus reviews nuevamente.