Disclaimer: Thanks to LyricalKris for letting me translate this story! Solo me adjudico la traducción. ¡Disfruten!
Capítulo 2
Bella estaba sentada en su pequeña mesa de comedor, leyendo los formularios de dormitorios de U-Dub mientras esperaba a Edward. Sin embargo, su mente repasaba las ramificaciones del dichoso contrato que había firmado. Por lo que podía recordar, citaba seis meses o… Demonios. No podía recordar la palabra exacta. Tendría que pedirle a Edward una copia de ese contrato. Por ahora, solo se apegaría a los seis meses, lo que significaba que el semestre de otoño ya habría comenzado para cuando su "matrimonio" terminase.
El bolígrafo en su mano se paseó por los formularios de dormitorios. Viviría con Edward hasta octubre, se estremeció ante el pensamiento, así que no estaba segura de si los dormitorios estudiantiles serían su mejor opción. Podía viajar el primer mes, más o menos, y luego cuando todo terminara, y se rehusaba a pensar lo que eso significaba, podría mudarse a un pequeño estudio cerca del campus. Por otra parte, estaba insegura de creer que su vieja camioneta sería capaz de hacer esa clase de viajes por un mes. Siempre podría colocar sus clases de dos o tres días a la semana, tal vez encontrar algún lugar barato para quedarse esos pocos días… o tal vez habría algunas opciones en línea o a distancia, así que solo tendría que ir algunas veces durante el semestre; de todas maneras solo tomaría las clases del curso introductorio para comenzar. Luego estaba la consideración de su ayuda financiera. No sabía si todavía sería elegible para los préstamos y becas que recibiría, dado que su ingreso daría un gran salto. Pero el divorcio cancelaría eso, aunque no a tiempo para el semestre de otoño. Por lo que podía coordinar, había una gran posibilidad de no inscribirse el primer semestre y comenzar en la primavera en su lugar… tal vez.
Después de varios minutos de suposiciones inútiles, se dio cuenta de que no tenía idea de qué hacer. Todo era un desastre. Este matrimonio sería una tortura para todos sus planes. Por supuesto, incluso aunque ella firmó el contrato, no había una verdadera atadura… no aún.
Negando, Bella decidió que lo mejor era hablar con alguien en la oficina de admisiones. Sabiendo que no había tiempo para eso en el momento, arrojó los papeles a la mesa donde se unieron al catálogo del curso de semestre de otoño. Bella le dio un vistazo al reloj, a pesar de saber que Edward estaba a punto de llegar.
Sus dedos se retorcieron en su regazo, luego jugaron con la falda del vestido que había escogido. Normalmente se apegaba a los jeans y camisetas, pero un vestido parecía más apropiado para los eventos del día. El nudo de culpa en su estómago se tensó, y respiró profundamente, esperando calmar sus nervios y rezando por estar preparada para verlo que a principios de semana, al igual que para sus padres. Para ver a Esme.
Llena de energía nerviosa, se levantó y paseó por el pequeño departamento. De alguna forma, terminó frente al estante, sus dedos buscando sus atesorados libros de primera edición, Orgullo y Prejuicio y Cumbres Borrascosas. No había tocado ningún libro desde que los colocó en el estante cuando se mudó, no había abierto las cubiertas por años. Demasiado doloroso, muchos recuerdos. Movió el de Austen un poco a la izquierda, su corazón palpitando fuerte mientras quitaba la fotografía, cuidadosamente escondida entre los dos libros.
La familia Cullen le sonrió, el Edward de dieciocho años en su toga de amarillo canario, con su brazo alrededor de los hombros de una Bella de diecisiete años, atrayéndola a su costado. Esme, Carlisle y Alice estaban a su alrededor, Alice aferrándose a la mano libre de su hermano. Pasó sus dedos por la foto, casi esperando poder tomar el amor, la felicidad y el optimismo que podía ver en todos ellos y aferrarse.
Mientras estudiaba la foto, Bella ladeó la cabeza y se preguntó cómo todo había resultado tan mal. El día que la foto había sido tomada, nunca habría soñado que las cosas terminarían de esta forma. Sus ojos fueron hacia Esme. Nunca así.
Tragando el dolor, volvió su atención al sonriente rostro de Edward, su expresión brillante por la emoción de todas las posibilidades de la vida y sus ojos llenos de amor por su familia… por ella.
Pero ahora, en lugar del chico amoroso y considerado que conoció, Edward era rudo y amargado, y muy molesto. Incluso vengativo.
No había esperado eso. En algún punto Bella se había convencido que su separación lo había dejado completamente ileso, que él habría continuado y olvidado todo sobre la chica de pueblo que lo había dejado atrás.
El sonido de un claxon interrumpió sus pensamientos, y rápidamente colocó la foto de vuelta entre los dos libros. Cruzando la habitación para echar un vistazo por la pequeña ventana, notó el brillante Volvo nuevo aparcado en el estacionamiento trasero de la cafetería. El auto no le era familiar, pero incluso así, supo que era Edward.
—Podrías solo haber tocado el claxon —se quejó Bella, rodando sus ojos mientras Edward la guiaba al auto, su paraguas protegiéndola de la lluvia, su brazo previniendo cualquier desliz—. Así no tendríamos que haber lidiado con mi papá. —Se estremeció, recordando la inquisición por la que acababan de pasar.
—Mi madre me crio para ser un caballero —respondió, sonriéndole de forma torcida mientras le abría la puerta del auto, haciendo que sus palpitaciones se aceleraran—. Te amo, Bella. Nunca te faltaría el respeto de esa forma.
Aun viendo al auto esperando en el estacionamiento, Bella suspiró y luego asintió. Edward había declarado algo, y ella lo había escuchado, claro y fuerte.
Con una sonrisa sombría, tomó su paraguas. Si Edward Cullen pensó que podría pisotearla, tendría serios problemas.
~o0o~
Edward no se molestó en subir a recogerla, simplemente se estacionó en uno de los dos puestos detrás de la cafetería que estaban reservados para el pequeño departamento y tocó su claxon. En minutos, Bella estaba bajando los empinados escalones, tomando un paraguas en su mano derecha mientras su izquierda se aferraba a la barandilla. Notó que comenzó a perder el equilibrio, pero rápidamente se reacomodó, y él peleó contra la urgencia de rodar los ojos. Lo que alguna vez encontró adorable en su personalidad, ahora lo odiaba. Su torpeza era una seña de despreocupación, y si Bella prestara más atención a su alrededor no tendría tantos accidentes.
Mientras él estaba sentado, cálido y seco en el auto, ella evitaba cuidadosamente los pozos de lodo y corría para quedarse fuera de la lluvia. Edward se encogió cuando cerró su paraguas y colocó la cosa mojada en el suelo de su nuevo auto, pero se contuvo de decir algo, agradecido de que al menos lo usó en lugar de entrar al vehículo en la misma condición que una rata ahogada.
Mientras conducía, el aire estaba tenso. El único sonido que se escuchaba era el golpe de grandes gotas en el techo y el sonido húmedo de los limpiaparabrisas. Edward no vio el beneficio de intentar enmascararlo con música. En su lugar, permitió que el silencio creciera, y que la tensión se descompusiera hasta que Bella se removió notablemente. Al principio, solo retorcía sus manos, y luego alternó entre apretar sus dedos y mover sus manos. Lo siguiente fue que observó cómo rotó un hombro, se movió en su asiento, y finalmente comenzó a golpetear su pie con ritmo errático.
Cuando no lo soportó más, dejó salir un suspiro exasperado.
—Solo dilo —dijo de forma amargada.
—No la he visto.
Las palabras de Bella fueron tan suaves, tan llenas de vergüenza, que Edward apenas pudo escucharla. Se aferró al volante hasta que sus nudillos se volvieron blancos y continuó intentando descubrir la carretera a través de la incesante lluvia.
—No veo cómo ese es mi problema.
Bella dejó salir su aliento.
—Mamá dijo que está muy frágil.
Edward solo pudo asentir una vez como respuesta: no le gustaba pensar en el bienestar físico de Esme… su salud física ya era una causa perdida. Justo ahora su enfoque permanecía en cómo su madre estaba emocionalmente, lo cual significaba asegurar su felicidad. Eso era lo único por lo que cualquiera de ellos podía preocuparse. También sabía que una pequeña parte de él esperaba que si la podía hacer lo suficientemente feliz, redimirse por estar lejos tanto tiempo, entonces tal vez Dios les daría un milagro.
Dio vuelta en una carretera de grava casi escondida y notó que la respiración de Bella se aceleraba mientras más se acercaban a la casa.
—Es tu culpa no haberla visto, lo sabes —le dijo a ella.
Bella se rehusó a voltear su cabeza para mirarlo, y después de un largo momento, mientras viajaban por el camino privado, la escuchó decir: —Lo sé.
La satisfacción que esperó sentir ante sus palabras no llegó, causando que la molestia de Edward con ella creciera. Enojado, murmuró maldiciones bajo su aliento mientras la casa de sus padres llegaba a la vista. Al estacionarse en el camino, apagó el motor y volteó su atención a la mujer sentada a su lado.
Cuando no se movió para salir del auto, volteó su cabeza e hicieron contacto visual por primera vez ese día. Edward trató de encontrar qué decir. Por una parte, sintió que tenía que decirle cómo comportarse, y por otra, sabía que no sería necesario. Estaba teniendo mucha dificultad en conciliar esta Bella con la chica con la que había crecido y con la que había construido. Respiró profundo y abrió su boca para decir algo, y luego la cerró igual de rápido.
Bella lo miró de forma curiosa, pero Edward negó.
—No importa.
Un minuto después, abrió la puerta de su auto y corrió rápidamente por la lluvia hacia el porche techado. Le tomó a Bella otro momento antes de salir del auto. Edward no tenía que ser un genio para saber que ella había estado esperando que le abriera la puerta del auto. Frunció el ceño ante la idea y miró con ojos entrecerrados mientras subía rápidamente los resbalosos escalones, apenas manteniéndose en pie, para unírsele.
Fue cuando estuvo junto a él que finalmente le dio una buena mirada. A diferencia del otro día cuando se había presentado en su departamento, Bella había puesto un poco de esfuerzo en su apariencia. Cuando se fue esa tarde, estuvo tentado a decirle que tomara una ducha antes de ir a ver a su familia, pero no quería que pensara que le importaba cómo lucía. Porque ciertamente no le importaba. Por ello, cuando ella arqueó una ceja ante su mirada, se encontró diciendo: —Espero que no pienses que el vestirte bien me impresionará —anunció con su voz más sarcástica.
Bella bajó la mirada a su vestido y jaló su chaqueta ya estirada antes de levantar la mirada a Edward.
—No te halagues. Solo quería lucir bien para Esme.
Por alguna razón que Edward no podía ubicar, su ira creció, y no sabía si era por su respuesta o porque su ropa lucía como si la hubiera comprado en el mercado de pulgas local. Se encontró apretando sus puños varias veces a sus costados antes de dejar salir un suspiro exasperado y voltearse hacia la puerta. No se molestó en tocar y abrió la puerta principal y luego, recordando que su actuación importaba, movió su mano hacia adelante, invitando a Bella dentro como un caballero, justo como le habían enseñado. Mientras ella pasaba frente a él, le ordenó en voz baja que sonriera y luego la siguió dentro.
Sonrisas obviamente falsas estaban en sus rostros.
~o0o~
Bella se quedó parada de forma incómoda en el recibidor de la casa en la que recordaba haber jugado de niña, sintiéndose extrañamente fuera de lugar y con ropa muy casual. Alisó rugas inexistentes de su vestido. Había sido la cosa más agradable en su clóset. No estaba segura de porqué Edward parecía tan molesto por ello, pero entonces parecía estar molesto por cualquier cosa y por todo que tuviese que ver con ella. Tal vez debería resignarse y ese hecho e ignorarlo.
Suspiró y trató de olvidarlo; era hora de enfocarse en la razón por la que estaban aquí. Habían pasado años desde que había estado en la casa, y estaba sorprendida por cómo se sentía una intrusa en alrededores tan familiares. Hace seis años, Carlisle y Esme se habían mudado a Seattle por el trabajo, pero conservaron la casa en Forks para el verano. La madre de Bella había mencionado que los Cullen se referían a la "cabaña de fin de semana".
Edward la guio a la sala, y la falsa sonrisa de Bella se convirtió en una genuina.
—Oh, Bella, estoy tan feliz de verte —dijo Esme mientras se levantaba lentamente de su silla y caminaba hacia ella, rodeando a la mujer más joven con sus brazos.
Adorando el abrazo de la mujer a quien siempre pensó como una segunda madre, Bella encontró que tuvo que luchar para contener sus sollozos. La culpa de haberse quedado lejos durante tanto tiempo era tangible, y estaba segura de que Esme podía sentirlo también. Sus pensamientos fueron confirmados cuando Esme susurró en su oreja: —Está bien, dulzura. Te perdono. Todo estará bien ahora.
Por un momento, Bella se permitió creerle y se consoló en los brazos de Edward, pero una pequeña voz, en el interior de su cabeza, le recordó que era al revés. Esme era la que necesitaba apoyo y comodidad, y Bella necesitaba dejar de ser tan egoísta.
Esme apretó a Bella un poco más fuerte antes de liberar su agarre, y Bella notó lo delgada que se sentía. Esme Cullen siempre había sido una mujer pequeña y esbelta, pero ahora no era más que piel y huesos. Bella estudió su rostro. Para un observador casual, Esme podría lucir nada más un poco cansada, pero había algo raro en ella, incluso apartando las mejillas huecas, la palidez de su piel, y los labios agrietados. Su cabello siempre había sido de un hermoso color caramelo y frondoso, sin una sola hebra fuera de lugar. Hoy, era recto y sin vida, mucho más gris que el cobrizo claro que Bella recordaba. Sin embargo, el cambio más problemático se encontraba en los ojos de Esme. Siempre había amado sus ojos. Siempre habían sido vibrantes y expresivos, del mismo color de sus hijos: ahora solo parecían aburridos, tristes y con cansancio.
Como si supiera lo que Bella estaba pensando, Esme dijo: —Estoy bien. No te preocupes por mí hoy.
Era una clara advertencia que no era momento de discutir su salud y que lo dejarían para otro día.
—Te extrañé.
Levantando la mano y palmeando su mejilla, Esme dijo: —También te extrañé, dulzura.
Como siempre una agraciada anfitriona, Esme apresuró a Esme y a su hijo a la sala donde podrían hablar cómodamente, informándoles que Carlisle, aunque emocionado de ver a Bella, estaba ocupado en la cocina terminando las preparaciones para la cena. El par se sentó junto en el sofá, lo suficientemente cerca para hacer parecer que no se estaban evitando. Esme se fue hacia una silla cómoda con otomana, y Edward inmediatamente saltó para cubrir sus piernas con una pesada sábana mientras recostaba su cabeza y cerraba los ojos por un momento. Luego él se unió, una vez más, a Bella en el sofá.
—Entonces, Bella, Edward no me ha contado cómo se reconectaron —dijo Esme antes de recobrar el aliento y su compostura.
Después de mirar a Edward con un silencioso pedido de ayuda y encontrándose con nada más que desdén muy poco disimulado, le mostró a Esme la sonrisa más sincera que podía armar y comenzó a contar la historia que Edward había mencionado brevemente cuando llegó a su departamento hacía unos días.
Pudo sentir los ojos de Edward sobre ella mientras explicaba la historia que habían discutido, lista para saltar detalles adicionales si era necesario. Su voz era un poco más temblorosa, y sus manos estaban aferradas en su regazo, pero a pesar de sus nervios, se apegaría al plan. No era que tuviese opción. Hacer otra cosa lastimaría a Esme, y esa era la última cosa que quería hacer. El rostro de Esme se iluminó mientras Bella explicaba cómo se habían encontrado en la cafetería cuando llegó a Forks. Una pequeña chispa regresó a los ojos de Esme mientras Bella parloteaba sobre cómo habían pasado tiempo juntos desde entonces y cuán feliz era de tener a Edward de vuelta en su vida.
Esa chispa valía cada detestable y doloroso momento que tenía que pasar sentada junto a Edward Cullen.
Él colocó sus manos encima de las suyas y apretó ligeramente, y una mirada a su rostro le indicó que pensaba que estaba poco creíble.
—Somos afortunados de habernos encontrado nuevamente —dijo, cortando efectivamente cualquiera de sus explicaciones sin fin.
Bella luchó un gruñido: él sabía que era terrible mintiendo. Si quería estar seguro de que todo transcurriera sin novedad, debería ser él quien hablara. Entonces, conociendo a Esme como lo hacía, era probable que Edward ya hubiera recibido reprimenda de su madre antes de que Bella hubiese llegado. Bella se mordió el interior de su mejilla para evitar una mala respuesta a su supuesto novio. Edward debió haber pasado su tiempo en el auto preparándola para decir las respuestas correctas en lugar de solo mirarla como si tuviera ganas de matarla.
—¡La comida! —llamó Carlisle desde la cocina.
Edward y Bella se levantaron del sofá, y ella se quedó a un lado mientras Edward se movía rápidamente para ayudar a su madre. Esme se apoyó en él mientras la ayudaba a levantarse. Bella notó cómo su rostro se retorcía levemente cuando Esme estaba en sus brazos, e imaginó que era porque su estómago se retorcía igual que el de ella por la ligera contextura de Esme. Ella soltó una risa cuando Esme golpeó la mano de Edward, y sin embargo trató de tomar su brazo y acompañarla al comedor. Esme Cullen siempre había sido independiente, y ni siquiera su frágil estado cambiaría eso.
—Me hace tan saber que son felices —dijo Esme suavemente mientras caminaba entre Edward y Bella—. Ya era hora que ambos apartaran el dolor y la ira para poder hablar las cosas. Sé que ambos han sido miserables estos últimos años, pero sabía que ambos pertenecen juntos y que se encontrarían nuevamente. Siempre he sentido que el dolor que sufrimos en vida hace de la alegría y el amor mucho más dulce. ¿No estás de acuerdo, Edward?
Ante las palabras de su madre, el pie del zapato de Edward se quedó atrapado en la esquina de la mesita y tropezó brevemente antes de recomponerse.
—Por supuesto, madre —dijo tan pronto como volvió a su balance.
Mordiendo su labio para ocultar su impresión, Bella los acompañó al comedor para saludar al resto de la familia para la comida.
~o0o~
Tres horas más tarde, con la cena consumida, los platos limpios y estómagos llenos de café y pastel, Edward y Bella se fueron finalmente. Carlisle y Esme estaban en el porche, sus brazos envueltos de forma protectora alrededor de su frágil esposa, mientras Edward escoltaba a Bella hacia el auto. Esta vez, Edward le abrió la puerta, un acto para sus padres.
El silencio en el auto era estremecedor, pero Bella contuvo su lengua hasta que Edward tuvo el auto en marcha por el estrecho camino antes de preguntar.
—¿Cuánto tiempo?
—¿Hasta qué?
Mantuvo su mirada baja y jugó con una hebra imaginaria en su falda.
—¿Cuánto tiempo le queda?
—Pensé que tu madre te lo habría dicho.
Sin siquiera molestarse en mirarlo, sabía que la veía queriendo asesinarla por la forma en la que dijo las palabras. Escogiendo ignorar su obvia molestia, presionó.
—Temía preguntar y realmente no quería increparla por la información. Mamá está muy afectada.
—Todos lo estamos —respondió en un tono que indicaba claramente que Bella no era parte del "todos" que se preocupaba por Esme.
La oración de Edward se quedó en el aire, y no fue hasta que encendió el auto y lo llevó a la carretera que volteó su rostro y miró a Bella. Con lo que casi sonaba como un suspiro de resignación, dijo: —Menos de seis meses. Aunque papá dijo que después de su último set de quimio, cree que seremos afortunados y tendremos cuatro.
Cuatro meses. El estómago de Bella se retorció, y su corazón sintió como si Edward lo estuviese aplastando entre sus manos. Parte de su cabeza se rehusaba a creer que Esme podría estar tan enferma, pero ahora, luego de verla, ya no podía engañarse. Bella colocó su codo en la puerta del auto y se mordió una uña mientras miraba por la ventana. Estaba lentamente encontrándose con las palabras, digiriéndolas. Desde que escuchó a su madre susurrar las palabras "cáncer pancreático" hace menos de dos meses, sabía que el resultado no sería bueno. Pero evitó preguntar cosas como en qué etapa del cáncer estaba o cuál era su pronóstico. La verdad de la respuesta de Edward estaba en todo, desde la lenta y cuidadosa forma en la que Esme se movía hasta cómo jugaba con la comida por su plato y apenas comía junto con sus respiraciones elaboradas cuando el dolor aumentaba.
Ahora que sabía, deseaba poder tomar esa información y esconderla detrás de candados y cerraduras. La ignorancia era, sin duda, beneficiosa.
—¿Estás seguro de que no pueden hacer nada?
El auto se desvió, y Bella volteó su cabeza de un tirón para ver a Edward con pánico.
—¿Qué demonios, Edward?
—¿Cómo puedes si quiera preguntarlo? —gritó, llevando el auto a un alto al lado del camino y luego prestándole toda atención a ella.
—¿Me culpas por preguntar? Seguramente has preguntado lo mismo. Al menos el Edward Cullen que conocí lo habría hecho. Él nunca tomaba las cosas por sentado. Él nunca se conformó con una respuesta y esperó un resultado. —Apretó sus ojos cerrados para luchar contra las lágrimas que querían derramarse y volteó su cabeza para que descansara contra su ventana—. Obviamente has cambiado mucho más de lo que pensaba.
—No sabes absolutamente nada de mí —lo escuchó decir. Luego, un momento después, sintió el auto volver a la carretera. No abrió sus ojos de nuevo hasta que sintió que daba vuelta y notó que estaban a un par de cuadras de la cafetería. Bella pensó de nuevo sobre el catálogo del curso y la información del dormitorio que estaba en la mesa de su departamento, pero incluso mientras su mente iba en esa dirección, cambió de curso inmediatamente, dejando que sus pensamientos fueran completamente consumidos por Esme.
—Edward, había algo en tu contrato sobre la duración… —Dejó que las palabras se desvanecieran, invitándolo a llenar los espacios en blanco por ella. Había una condición de hecho, pero no le había dado mucho pensamiento a la parte de los "seis meses".
—Seis meses o dos meses después del funeral de mamá, lo que sea más largo —dijo, esta vez su voz vacía de toda emoción mientras doblaba hacia el estacionamiento de la cafetería.
Sonaba como si solo van a estar casados por seis meses, como había pensado al principio. Era un pequeño hecho que la habría alegrado hacía solo unas horas, pero por primera vez desde que firmó su contrato, Bella se dio cuenta de todas las implicaciones del límite del matrimonio. Lo sospechaba, por supuesto, pero era ahora que consideraba los dos eventos y cuán entrelazados estaban… su matrimonio y la salud de Esme.
Sería la muerte de Esme lo que colocaría en camino su divorcio. Como la primera pieza de dominó en caerse o el tiro de una pistola, señalando el comienzo de una carrera.
La visión del rostro sonriente de Esme justo después de abrazar a Bella y Edward cuando se habían ido hace menos de veinte minutos bailaba ante sus ojos.
Menos de seis meses.
El estómago de Bella comenzó a retorcerse, y su corazón se sintió pesado de inmediato ante el pensamiento.
Un momento después, Edward estacionó el auto y Bella se inclinó, tomó su paraguas del suelo y se dio la fortaleza de mantener las lágrimas al límite por los últimos minutos que estaría en presencia de Edward.
—Gracias por… —comenzó, pero se detuvo instantáneamente cuando vio su mirada con ojos entrecerrados. Bella le dedicó un bufido de molestia y abrió la puerta del auto—. Solo dime si necesito saber algo más sobre tu brillante plan.
—Me verás mucho.
Bella le echó un vistazo y asintió, el ligero peso en su estómago frenándola de hilar una respuesta.
—De acuerdo.
Entonces, sin otra palabra, cerró la puerta del copiloto un poco más fuerte de lo que debió hacerlo y corrió hacia las escaleras de su departamento, sin siquiera molestarse en abrir su paraguas. Ya no tenía a nadie a quien impresionar. Sin pensarlo, Bella caminó directamente a la mesa de comedor, tomó los papeles que tenía desperdigados y rápidamente los tiró al cesto de la basura.
Decisión tomada. No se iba a retractar ahora.
