Hola, aquí les dejo la continuación. Ya saben que si necesitan comunicarse conmigo, simplemente envíen un PM con sus números de telf *si tienen WhatsApp* y yo con gusto les añado y atiendo, de la mejor forma que me sea posible. Besos y mucho amor.
II
Experimentos básicos
Después de aquella sorprendente revelación, Albus Dumbledore no tardó en enviar una carta con carácter de urgencia y en muy poco tiempo, Nymphadora Tonks arribó a la escuela mientras sostenía entre sus brazos, al pequeño Teddy Lupin.
La enfermería siempre le traía recuerdos desagradables y aquel día no era la excepción. Caminó aprisa y en dirección de las últimas camillas, donde un gran número de magos parecía estar reunidos, alrededor de otro mago que esperaba no fuese Remus Lupin.
Tenía que ser o de lo contrario, por qué habrían solicitado su presencia.
- Nymphadora... - Albus no tardó en abordarla, bloqueando su vista hacia el final del pasillo. Bajo la luz de las velas, se podía notar la palidez de su rostro y pequeñas gotas de sudor en la frente. - que gusto el poder volver a verte, aunque me habría gustado más... que fuese en mejores circunstancias. - admitió, mientras bajaba la vista en dirección de Teddy Lupin quien parecía atraído por el brillo de su blanca barba, bajo la luz de las velas.
- Es un placer el volver a verte también, Albus. - suspiró la mujer, tratando de contener al inquieto Teddy Lupin, entre sus brazos. - sin embargo debo confesar que tú carta me causó un poco de preocupación. ¿Acaso sucedió alguna cosa con mi marido?
Minerva McGonagall, quién había estado escuchando la conversación desde el grupo de magos que continuaban discutiendo qué hacer, caminó hasta detenerse junto a el anciano director y tratando de sonreír y parecer calmada, pero sin éxito alguno. Colocó una mano temblorosa sobre uno de los hombros de Albus Dumbledore y rehuyó de la intensa mirada de Tonks sobre ella.
- Poppy ha conseguido ayudar un poco, ya está en condiciones de verla. - murmuró en voz baja y sin decir nada más, emprendió su camino de vuelta al grupo de magos en frente de la última camilla. Podía distinguir a Snape o incluso a Kingsley.
- ¿Qué es lo que ocurre, Albus? - dijo con un tono de voz débil y tembloroso, a causa de la preocupación. - ¿Se trata de Remus, no es así? No se ha sentido muy bien en estos días y no hemos... podido conversar al respecto. Supongo que la luna llena se acerca y que tenía que venir, pedirle ayuda a Snape...
- Ven conmigo. - ofreció Albus su brazo, que la mujer dudó si debía tomar. Así lo hizo luego de un par de segundos y el director no tardó en comenzar su recorrido hacia la última hilera de camas en la enfermería. - en efecto, Severus será quien lo ayude en éste difícil momento.
No supo a qué se refería con difícil momento, sino hasta que alcanzó la camilla y que el resto de los magos y brujas, se apartaron para dejarle pasar. Soltó un gemido de terror y no tardó en sentarse junto a su esposo, mirando las agresivas marcas rojas y su rostro hinchado, aunque mucho menos que en un principio. Remus no tardó en apretar gentilmente, el brazo con el que sostenía a Teddy Lupin, mientras la mujer acariciaba su rostro con dedos temblorosos y llenándose de lágrimas.
- Por Merlín, Remus, qué te pasó ésta vez. - susurró y Remus sonrió como si nada. - Bueno, al menos parece que sólo tienes alergia y que no es nada grave. - ella también sonrió. - o al menos esa es la impresión que me da, de todo esto. ¿Acaso comiste alguna cosa que no debías? ¿O te bebiste alguna pócima por error? ¿No te estás muriendo, no es así?
Remus no contestó inmediatamente y en cambio bajó la vista en dirección del pequeño Teddy Lupin, quien se chupaba un par de dedos y parecía muy interesado en aquella extraña figura deforme, quien trataba de sonreírle dulcemente. No pudo evitarlo y sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras pensaba en su hijo y en todo lo que debía dejar atrás.
- Algo así. - dijo y la mujer suspiró aliviada. - pero y aunque no me esté muriendo, tengo que admitir que esto es incluso peor que la muerte.
- ¿Qué dices?
- Vine a Hogwarts y como es costumbre, antes de cada luna llena, por un poco de poción matalobos que Severus amablemente prepara para mí. Sin embargo, luego de años de tomarla con regularidad, me he dado cuenta de que ya no tiene el mismo efecto en mí y que desgraciadamente, me ha vuelto completamente alérgico.
- Yo diría que mortalmente alérgico. - se aventuró a decir Poppy, ante el silencio que no tardó en impregnar la habitación.
- ¡Oh no...! Pero de seguro habrá algo que Snape pueda hacer. - dijo la mujer, esperanzada y volviéndose para mirar al hombre y de pie tras ella.
- Supongo. - dijo en voz baja. - tendré que aislar cada componente de la poción y probarla sobre Lupin, hasta determinar qué le causa alergia. Sin embargo, el ingrediente principal no puede ser probado. El acónito no debe ser ingerido bajo ninguna circunstancia o podría morir envenenado. Ante estos datos y si el efecto alergizante, proviene de la planta Acónito, no habrá algo que pueda hacer.
- Bien, entonces podemos volver a casa y si Snape te necesita, volver mañana. - dijo Tonks esperanzada y poniéndose en pie, tomando una de las manos de Remus y gesticulando que ya podían marcharse. Sin embargo Remus no se movió y pareció luchar con las palabras, así que Severus no tardó en adelantarse. Mientras más rápido lo dijera, menos dolería. No era tan sentimental como Lupin y de seguro ella sufriría menos.
- No puede volver a casa. - dijo llanamente y Tonks prácticamente se congeló en seco. - ¿Tienes alguna idea del peligro que representaría, que volviera a casa? Tienes un hijo de dos años, al que expondrás a vivir con un licántropo que pronto perderá toda razón y pensamiento, para convertirse en una criatura asesina.
- ¿A qué te refieres? ¿A qué se está refiriendo? - demandó, mirando a los magos y brujas en aquella enfermería.
- Remus pronto comenzará a transformarse en licántropo y perderá todo comportamiento humano y recuerdos. - dijo una de las brujas, miembro de la orden del Fénix. - dejará de reconocerse a sí mismo, a ti o incluso a Teddy. No podrá regresar a su forma humana.
- Amelia, no seas ridícula. De seguro que esto es pasajero. Quizá si dejara de tomar la pócima por unas semanas o días, seguro que la alergia desaparece.
- Podría ser, pero es mejor no arriesgarse. - dijo Snape con un tono de voz sombrío. - Lupin tiene años de tomar la poción, no sabemos qué tan severa sea la alergia.
- Entiéndelo por favor, Tonks. Prometo que te escribiré cada día de cada semana y de cada mes, si es necesario.
- ¡No! ¡Me rehúso a que te vayas a vivir a una cueva o algo parecido, mientras yo me devane los sesos pensando si te encuentras bien! Prefiero correr el riesgo.
- No es tú decisión, es mía. Y ya he decidido qué haré mientras Severus me presta su ayuda, amablemente. Quizá pueda quedarme en el cuartel de la orden, no creo que a Sirius le importe.
La mujer volvió a llenarse de lágrimas y de improvisto había vuelto a la cama, para sostener el aún inflamado rostro de su marido y presionar sus labios húmedos con sus lágrimas, sobre los del licántropo, de la mejor forma que podía.
