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02# Despertador


Observaba muy bien la pequeña cajita de odioso color naranja sobre el buró. No podía estar equivocado.

Esa cosa estaba poseída por el demonio.

¡Chigiiiiiiiii! ¡Qué maldito susto! Sentía escalofrío cada que lo miraba.

Es que no podía existir otra explicación. Jodido despertador, lo habían poseído fuerzas demoniacas que interrumpían su sueño todos los malditos días de toda la maldita semana.

Sonaba siempre a las 5:00 am., con ese timbre en que le dolían los oídos y con una fuerza que taladraba su cabeza. Lo despertaba y lo arrancaba del mundo de los sueños, ¡de su cama! Del macho patatas que tenía un calor corporal tan arrullador.

Lo menos que podía hacer era arrojar a la pared a esa cosa. Lo hacía tan fuerte como podía, pero el desgraciado sobrevivía. Nunca se rompía, ¡nunca fallaba en la hora! La única explicación coherente era que estaba poseído. Qué puto miedo.

¡Además era totalmente inútil! Porque cuando menos veía ya eran las 6:30 am. y debía prepararse a la misma velocidad con la que huía de Bonnefoy.

Lo odiaba, le temía, y tan sólo quería mandar el mundo a la mierda cuando se ponía el pantalón al revés, o al lavar su cabello con pasta de dientes por error. A la mierda. Ese despertador jamás cumplía con su trabajo. Ni ese, ni el que compró la semana pasada, ni el de su celular, y menos el Cu-Cu de la sala.

No comprendía cómo Ludwig podía despertar a la primera, y menos el poder mental que lo motivaba a levantarse. ¿Tendría algún secreto? Un macho patatas siempre tenía trucos sucios para salirse con la suya, ¡hasta le daba tiempo de desayunar con calma! Ese sujeto no era humano.

Claro, no tenía el valor de preguntar abiertamente cómo lo lograba, pero lo que sí podía hacer era… u-uhn, mierda.

—No entiendo cómo logras despertar — le comentó un tanto renuente cuando ya se estaban acostando — A mí sólo me falta robar el reloj de San Pedro para ver si así puedo estar listo a tiempo.

— Bueno, es que siempre me he levantado temprano, así que ya no me cuesta trabajo — respondió poniéndose esa camiseta negra sin mangas que… q-que dejaba ver s-su cuerpo d-de macho patatas — Supongo que es cuestión de costumbre y dedicación.

— ¡Lo dices como si yo no tuviera costumbre ni dedicación! ¡¿Estás buscando pelea?!

— ¿Pero qué dices? Tú me preguntaste.

— ¡Cállate! ¡Solamente por eso, de ahora en adelante, TÚ serás mi despertador!

—… Bien, si eso quieres.

— ¡N-No es que lo quiera! Es tu culpa por hablar mal de mí.

Ludwig suspiro, pero luego ya le sonrió… idiota, q-que no lo mirara como si fuera lindo. Se estaba poniendo rojo y eso lo enojaba…

Le dio la espalda y se hizo bolita con las cobijas… aunque le gustó sentir que su novio lo… lo abrazaba y lo besaba. Sintió sus manos en su cadera, la que comenzó a frotar.

Gimió bajo cuando sintió esos labios en su cuello y luego en su nuca, seguida de la lengua húmeda que conocía todos sus puntos especiales. Aún de espaldas pegó su cuerpo con el de Ludwig, también acariciando lo que la posición le permitía.

Sabía lo que pasaría. Ya sentía el deseo en la boca del estómago.

… así menos iba a poder levantarse mañana, pero no lo evitó. Obvio que no.

Aunque fuera un alemán tosco y sin sentido de la moda, su novio sabía perfectamente cómo provocarle, darle placer… y lo amaba. Realmente amaba a ese idiota macho patatas con cuerpo perfecto y un sentido de la organización desesperante.

… claro, a la mañana siguiente lo último que quería era despertar, y menos ir al trabajo.

Estaba tan cómodo acurrucado con Beilschmidt, que si sonaba el maldito reloj iba a incendiar hasta la casa.

No obstante… en medio de sueños fue sintiendo algo. Primero en su cadera, luego en su trasero y en la espalda baja. Era algo que iba subiendo, como un hormigueo, ¿qué era? Lo percibía suave, aunque con el recorrido que no se marcaba al azar.

Después hubo ligero cosquilleo que lo hizo sonreír entre sueños. Subió entonces por sus brazos, la espalda entera y por sus hombros; los escalofríos agradables aumentaban y lo estaban impulsando a abrir los ojos. Era extraño, porque no tenía ese inusual sentimiento de fastidio.

Suspiró con alivio cuando la sensación pasó a su cuello, a las mejillas. Ya reía un poco más consciente pero no quitaba el hecho de estarse muriendo de sueño y cansancio. Sobre todo cansancio, porque su novio anoche… bueno, en pocas palabras, si fueran mujer seguro ya estaría esperando al quinto bebé (?)

Entonces… sintió un beso suave, cuidadoso, que fue tomando más intensidad sin dejar de ser lento.

Correspondió poco antes de sentir que pedía permiso para entrar a su boca una lengua tibia. Dócilmente le dio paso, empero, no significó que no le diera batalla a esos labios; pronto se ya se besaban con desesperación, sintiendo que Ludwig se colocaba sobre él y lo abrazaba.

Sobraba decir que ya estaba muy despierto.

Unos momentos después se detuvieron y abrieron los ojos.

— Tal como tú me pediste, ya te desperté — dijo un despeinado macho patatas, que con marcas de chupetones se veía más… a-atractivo — Mi trabajo como despertador está hecho.

… no supo si fuera su cara, lo que dijo o cómo lo dijo, pero de pronto ya había estrellado en la cara del alemán, con la poca fuerza que le quedaba, una almohada. A la vez, él se puso a gritar incoherencias, estando demasiado rojo como para notar Ludwig sonreía ligeramente.

Esa sí era una buena manera de despertar… aunque primero muerto antes de admitirlo.