Disclaimer: YOI no es de mi pertenencia, si no hubiera habido un par de detalles extras. Todo pertenece al don Kubo, pero el fic es de mi completa autoría.
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Navidades rusas
Tres días antes
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Despertó con cuatro mensajes en el celular, dos de Víktor, uno de Yuuri y uno de Mila.
En orden a eso, leyó los buenos días del mayor y una pregunta un tanto irritante: "¿No crees que estuviste algo temperamental?". No contestó, después se arrepintió y acabó mandándolo al infierno. El japonés también le deseó buen despertar y preguntó si iría a la pista ese día, ya que aquellos previos a las fiestas eran más bien opcionales. Respondió que sí iría, sin dudas.
Mila preguntó si estaba molesto por algo.
No contestó.
Creyendo que no podía haber algo peor que la sensación de ayer, se vistió y salió en dirección a la pista. Media hora más tarde estaba calzándose los patines, ya con el pelo, que suelto le pasaba los hombros y llegaba a media espalda, atado en su nuca y la vestimenta negra usual.
Al poco tiempo de empezar a calentar llegaron Yuuri y Víktor, tras ellos los restantes.
—¡Buenos días, Yuri! —La chica llegó deslizándose hasta él, que permaneció más bien inmutable y con una mueca de disgusto—. No respondiste mi mensaje, gatito.
Chasqueó, cruzándose de brazos y mirando en otra dirección. Iba a contestar, pero oh, sorpresa…
—¿Qué hace él aquí?
—¿Él? —Mila siguió la vista del rubio, topándose al enorme muchacho recargado en los bordes de la pista de hielo, levantando una mano en su dirección para saludar cuando se notó descubierto—. ¡Sergey!
En un segundo ya no estaba a su lado, prácticamente huyó junto al otro.
Los colores rabiosos se le subieron a la cara, empuñando sus manos y volviendo a lo que hacía antes de que aparecieran los demás. Se deslizó con toda la frustración que tenía encima, notándosele en el rostro el desaire y la pequeña angustia que comenzaba a instalarse en su corazón. Y sentía más rabia cuando descubría esa sensación en su pecho.
Maldito idiota.
Quince minutos más tarde, estaba también recargado en los bordes, blando y laxo, que parecía que se resbalaría hasta el suelo si no fuera porque sus brazos le servían de ancla. Yuuri estaba del otro lado, con la cabeza inclinada y dándole una mirada lastimera. Desde lejos, Víktor llegó a abrazar al rubio por detrás, ganándose un codazo en el estómago pero la permisión de tener al menos las manos sobre los hombros del chico.
Yurio estaba extraño, pero no en una extrañeza que supieran manejar. En especial quienes lo conocían menos, era como si ya hubiesen olvidado en parte lo que era pasar por lo que aparentemente él pasaba.
—¡Anímate! Llegan las fiestas y podremos dejar este ayuno tan deprimente y comer lo que queramos hasta explotar…
—Ese consuelo servirá para el tazón de cerdo, pero no para mí —Le gruñó el muchacho, Yuuri se ruborizó hasta las orejas.
—La comida es buena…
—¡Lo es! —verificó el ruso mayor—. Tú mismo te alegras mucho cuando comes piroshki. Y estoy seguro de que no faltarán en la reunión, ¿verdad, Yuuri?
—¡P-por supuesto que no! Además también vendrá tu abuelo, ¿cómo podría permitir que faltaran?
El chico lo pensó un poco. Ahora tenía antojo de piroshki y estaba seguro de que iba a atragantarse el día de navidad con ellos donde los viera. En parte agradeció a esos dos por levantarle el ánimo. Que ahora discutían sobre cómo organizar el rejunte. Había que admitir que la casa de Víktor sería incómoda, el departamento era apretado y eran bastantes más que lo acostumbrado, por lo que parecía.
Fue a decir algo, que no recordó ni lo que era al sentir un par de brazos conocidos apartando a Víktor y rodeándolo por detrás, seguido de un mentón en su hombro. El color rojo del cabello llegó a su campo de visión, y las manos entrelazadas con los guantes rosas sobre su abdomen igual. El perfume lavanda que tenía en el pelo le llenó las fosas nasales, en compañía del de frambuesas que ella solía ponerse aparte.
Apretó los labios y se dejó hacer por ese momento, en especial porque el idiota invasor estaba también junto a Yuuri y los miraba con una sonrisa extraña, que Plisetsky no supo si era de sorpresa, dudas o molestia por el gesto de la rusa. La verdad era que necesitaba mucho para aprender a descifrar a las personas.
—Víktor, sé que la idea es hacer la fiesta en tu departamento, pero ¿podríamos ir a mi casa? —La propuesta de la chica hizo que ésta se ganara todas las miradas.
—¿Por qué? —Nikiforov trató de parecer ofendido.
—Es que somos muchas personas, superamos las diez. Su casa es más grande y sus padres pasarán con otros parientes —Yurio miró mal a Sergey cuando habló, ¿qué derecho le daba de opinar a alguien que apenas se unía al grupo y era todavía un completo extraño? Giró la cabeza hacia el lado contrario a la chica, que todavía estaba en la posición inicial.
Mientras los demás daban la aceptación, Mila tomó el mentón del rubio y lo volvió un poco hacia ella, para poder susurrar directamente en su oreja.
—También le queda más cerca a tu abuelo —Era verdad, según sabía, ella vivía cerca de su casa y con la nieve y el frío había veces en las que el auto del mayor de los Plisetsky no quería arrancar—. Y habrá piroshki para tu gusto y antojo…
—¿Por qué ahora todos quieren convencerme con comida? —murmuró, para que solo ella lo escuchara.
Pareció olvidarse completamente de que estaban los demás en ese momento. Estaba concentrado en el calor del cuerpo ajeno, que acrecentaba mucho más el propio; en lo divino que quedaba el aroma a frambuesa con el rojo del pelo de Mila y la voz de ésta, el aliento cálido que chocaba contra su oreja y le provocaba cientos de cosquillas.
—Sé que es tu debilidad, gatito —sonrió ella, apretando el abrazo a su alrededor y provocándole un débil sonrojo esta vez. El muchacho rodó los ojos.
—… manda un mensaje con tu dirección más tarde.
Mila chilló entre risitas, terminando de girarle le rostro para plantarle un beso cándido en la mejilla. Se ruborizó, despertando del letargo de su compañía y descubriendo que, por suerte, los demás habían comenzado a discutir de otras cosas aun a su alrededor, con Sergey, ignorando así la mucha muestra de material para burlas que habían dado.
Aunque Yurio no lo dijera nunca, le era confortante que lo abrace, que le susurre en su mundo de privacidad ganado a lo largo de todo lo que llevaban conociéndose y que, mal que mal, le diera a entender con ese gesto que seguía siendo lo mismo entre ellos, incluso con aquel hombre en su vida.
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Continuará…
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Este capítulo es cortito, aunque no menos importante. (?)
Espero que les haya gustado y que disfrutasen de la rápida actualización. :v
Respuestas a anónimos:
Tetsuna Hibari: ¡Gracias! Espero que este capítulo igual te haya gustado.
WidowSlayer: Yurio ya va a aprender, o a demostrar el control hermoso que resulta tener ante esto. XD ¡Gracias por comentar!
Los reviews fueron muy lindos, mil gracias a los que se molestaron. X3 Espero no ir a decepcionarlos con el desarrollo de la historia.
¡Cuídenseme muchísimo! Dejen sus opiniones.
Ciao!
