Bleach NO me pertenece.
~Compraré los derechos sobre Urahara Kisuke y lo haré mi esposo ficticio~
~o~
Historia hecha sin fines lucrativos.
Notas de autora al final.
Aclaración:
«Pensamientos»
Accidentalmente embarazada
~o~
Y el resultado es…
~o~
En ese preciso momento sintió que algo más que el corazón se le iba a salir del cuerpo, quizás los ojos o muy posiblemente el cerebro. Lo único que atinó a hacer fue un gesto rápido y poco conveniente para Rangiku, quien soltó la noticia como quien dice 'hola'; un sorbo y algo más que Tequila, salió disparado de la boca de Rukia.
Había desperdiciado tequila. Y le dolía.
Pero eso no importaba.
Hubiese deseado un millón de veces más que le faltara un riñón, un brazo, una pierna, lo que fuese a estar… posiblemente embarazada.
Eso debía ser una mentira.
—¡Qué! —gritó una vez sus neuronas hicieron sinapsis y conectasen las palabras.
El aullido feroz de la morena hizo sobresaltar a Matsumoto, dejándola pasmada. Sus labios temblaban y sus manos apenas podían sostener el pequeño vaso de tequila que se había servido minutos antes. Rukia estaba a punto de morir y eso lo notaba. Sus orbes violetas estaban abiertas al máximo, su mano apretaba con fuerzas el vaso y su blanca piel estaba a punto de ser morada o verde. Apenas podía respirar.
—Te… inseminaron —condujo lentamente la pelirroja. Rukia seguía sin habla, sin mover su cuerpo, ni tampoco daba señales de querer hacerlo. La mujer trató de ahondar en el tema mas nada podía cruzársele por la cabeza. ¿Cómo demonios le explicaba todo el lío en el que se vio inmersa?
Sintió pena por su querida amiga. Rukia era sin duda una de las mujeres más solitarias que había conocido. Podía meter las manos al fuego por ella, pues era la única amiga que de verdad consideraba como a una hermana y mucho más. Era como su familia, una chiquilla a la cual debía cuidar. Rukia Kuchiki solía ser fría y calculadora, y pocas veces se mostraba realmente como era; y ella, Rangiku, había conocido esa faceta.
—¡Me estás bromeando! —articuló nuevamente, alterada. Se puso se pie rápidamente y caminó hacia Matsumoto, tomándola por los hombros y zarandeándola continuamente—. ¿Inseminación? ¿Me estás jodiendo, verdad? ¿Cuál responderás primero? ¡¿Te abofeteo antes de responderlas o luego de? —terminó por decir fuera de sí, tratando de respirar.
—¡Tranquilízate Rukia! —trató de zafarse de su agarre. No quería recibir golpes de parte de lam morena, por muy flaca que fuera, la chica tenía fuerzas—. N-no es broma, pero vamos a actuar maduramente por… —pausó, mirando fijamente a Rukia, quien estaba con la mirada perdida. El fuerte agarre que minutos atrás sostenía en sus hombros, ahora era un simple toque suave.
—E-estoy —tartamudeó, apenas— emba…ra…za…da —completó con un hilillo de voz. El cuerpo delgado de la morena comenzó a tiritar, sintió cómo las piernas le flaqueaban de un momento a otro.
¿Cómo mierda había ocurrido todo eso tan rápido? ¡Ella sólo había ido por unos exámenes! ¡Y ahora salía con un bebé en brazos! Quería hacer algo más que demandar al hospital. Quería y sentía ganas enormes de matar a cada uno de los doctores y enfermeras que trabajan allí. ¡Ningún funcionario se arrancaría de su furia!
Con la ayuda de Rangiku logró sentarse en el sofá, aún con la mirada desesperada adornando su rostro.
—Aún no es nada seguro, primero tenemos que ver si de verdad estás embarazada. Quizás no quedaste… quién sabe y tienes suerte —mencionó la pelirroja, tratando de arreglar el asunto. Rukia seguía sin decir nada, un poco más calmada que antes.
—Ran debemos hacer algo —murmuró Rukia, moviendo sus manos hacia el vientre. La aludida tan sólo arqueó una ceja y la miró detenidamente, preguntándose qué demonios estaba planeando la inseminada —. ¡Yo no puedo estar embarazada!
—¿Y si no lo estás? ¡Esperemos unas semanas y te compramos un test de embarazo! —sugirió ella.
—¡No! —negó enseguida la muchacha, levantándose nuevamente y llevando sus manos hacia la cabeza—. ¡Ya sé!
Ante la atenta mirada que la morena dirigió luego de escasos segundos hacia ella, Rangiku Matsumoto rezó y le rogó a los Dioses para que la chica no hiciese nada de locos.
~o~
Entraron pacientemente al hospital. Los pasos eran lentos y casi bailados por ambas chicas. Los enfermeros se volteaban a ver con cara de extrañeza a la pelirroja que cruzaba el pasillo con cierta gana extra mientras que Rukia sólo caminaba lentamente con el ceño fruncido. La morena sintió la mirada de todo aquél que pasaba por su lado, y decidió parar en seco, deteniendo el andar de su amiga.
—¡Por todos los cielos Rangiku! —expresó girando su cuerpo. La miró de pies a cabeza—. ¿Por qué vienes vestida así?
—¡Dijiste que era una misión! —contestó ella, posando sus brazos alrededor de la cintura. La chica suspiró, sacándola el gran sombrero extravagante que ésta traía consigo. Vestía completamente de negro, con una falda con un corte en la pierna derecha. Un abrigo que le llegaba hasta las rodillas, dejando ver las largas botas con los grandes tacos que se había puesto. El sombrero contenía unas plumas.
—Parece como si fueras a un funeral —respondió tratando de doblar el sombrero con mucha fuerza.
—¡Hey! —se lo arrebató—. Me costó caro. Y es como si fuésemos a tu funeral… —susurró desviando la mirada de la chica.
—Grrrr —le gruñó—. ¡No te pongas eso! —ordenó. Matsumoto suspiró y asintió, siguiéndole el paso. Llegaron hasta la sala central del piso correspondiente, Rukia Kuchiki sonrió cínicamente y apoyó sus codos en el mesón.
—Disculpe —la llamó—. Podría contactarme con el Doctor Marin por favor.
El plan era llamar a su Doctor, señalarle que la había perdido de vista y por esa razón la habían inseminado. Luego de eso, él, con toda la culpa encima, debía actuar y buscar a la anciana enfermera para que le diera explicaciones e hiciera algo al respecto. Independiente de si estaba o no embarazada, ella debía hacer algo. El tiempo no le apremiaba mucho ni tampoco su salud mental, por lo tanto hizo lo primero que se vino a la cabeza: recriminación. Y claro, una advertencia.
—Él en este momento no está trabajando —le habló la chica suavemente—. Mañana lo encontrará alrededor de las cinco de la tarde.
—No tengo mucho tiempo, por favor podría darme algún número o algo para llamarlo —trató de persuadirla, sin perder la compostura. Rangiku silbó suavemente ante la actitud de la chica, dándole a entender que poco le estaba resultando forzar la sonrisa.
—Hoy es el día libre del Doctor Marin y la verdad no sé si sea conveniente llamarlo —señaló la muchacha, sin ningún ánimo de ofender. Rukia suspiró y apoyó la cabeza en el mesón, dándose pequeños golpes en ella. Estaba más que frustrada—. Uhm, creo que podría hacer una excepción si es tan urgente —siguió ella al ver la cara de afligida de la muchacha.
—¡Muchas, muchas gracias! —levantó rápidamente la cabeza, tomándole las manos y agradeciéndole infinitamente.
—Espéreme un momento, debo hacer unos papeles antes —la chica se puso de pie, sonriéndole. Caminó a lo largo del pasillo hacia una habitación.
Rangiku se apoyó junto con su amiga en el mesón.
—Te ha salido bien, ¿eh? Aunque creo que te mataste neuronas —bromeó. Rukia la miró extrañándose de sus palabras.
—Ran, no estaba actuando —murmuró cerrando los ojos.
Estaba viviendo un verdadero infierno. ¿Qué pecado había cometido para que le pasasen ese tipo de cosas? ¿No le había ayudado a una anciana a cruzar la calle? ¿No le había dado de comer a un perrito abandonado? ¡¿Era porque no lavaba la loza y la dejaba allí una semana entera?
Realmente estaba siendo castigada por algo que había hecho. Eso era un castigo. Y uno gigante. Su vida no era perfecta ni tampoco era el molde de serlo, pero estaba feliz como estaba viviendo. Le gustaba su trabajo, le gustaba su departamento, le gustaba su vida. Vida que se transformaría en un calvario si llegaba a quedar embarazada. ¿El destino le estaba jugando en contra? Estaba más que claro.
Giró su cuerpo apoyando la espalda en el mesón y miró por el pasillo. Divisó a una enfermera que iba con algunas fichas en sus manos, cabizbaja. Vio cómo colgaban sus lentes desde el cuello hasta el pecho, mas no le prestó atención en lo absoluto.
Dirigió su vista hacia Rangiku quien estaba totalmente hiperactiva, moviéndose de un lado a otra, imposible de quedarse quieta.
—¡Cálmate! —la reprendió.
—Ay, Rukia Kuchiki estás más amargada que de costumbre —acusó. Rukia hizo un gesto y torció los labios, dejando que hiciese lo que se le venía en gana. Posó sus ojos al frente, en la muralla de colores fríos. La enfermera pasó por su lado…
Esos lentes…
Esa cara…
—¡USTED! —gritó. Rangiku abrió los ojos abruptamente y miró a su amiga, intercalando la vista entre ella y la aludida quien había parado en seco—. ¡Usted fue la que me inseminó!
La mujer apretó los puños y se acercó lentamente hacia ella. Rukia Kuchiki quería lanzársele como mono, arañarla y golpearla hasta que quedase inconsciente. Mas todo pensamiento sólo se quedaba en eso: en un pensamiento. No podía ni tampoco estaba escrito en sus modales, pegarle a una anciana ni mucho menos gritarle.
La aludida se acercó temblorosa.
—Po-podría guardar silencio —pidió en un susurro. Rukia abrió la boca y tomó aire, sorprendida por las palabras de la Enfermera. ¿Qué estaba diciendo? ¿Qué guardara silencio? ¡Por un demonio que no lo haría!
—¿Qué le pasa? ¿Cómo cree que haría algo así? Vine hasta aquí precisamente para pedir justicia por lo que usted ha hecho —exclamó, tratando de no generar una discusión que sobrepasara los límites.
—¡Perdóneme! —juntó sus manos— De verdad que he cometido un gravísimo error. No leí bien su nombre y estaba tan hastiada y harta del trabajo que hice cosas sin pensar —la voz temblorosa de la mujer daban una clara señal de cuán arrepentida estaba. No sólo su voz se había transformado en una insegura, sino que su cuerpo señalaba lo nerviosa que estaba. Tiritaba como si de una hipotermia se trataba.
—¿Por qué mejor no nos sentamos y hablamos, Rukia? —interrumpió Rangiku, la llamada negó—. Mírala, se va a desmayar —señaló. La chica guardó silencio, mirando fijamente los ojos llorosos de la mujer. Rangiku hizo caso omiso a la negación de su amiga. Tomó del brazo a la señora y comenzó a caminar con ella hacia un asiento cercano. Muy poca gente circulaba por el lugar en esos momentos, la mayoría era gente que esperaba ser atendida.
La morena inhaló y exhaló sonoramente. Mordió sus labios y comenzó a caminar hacia el lugar donde estaban.
—¿Y bien? —preguntó secamente una vez estuvo parada frente a la señora—. ¿Algo más que decir? ¿Algo más para excusarse?
—¡Rukia! —regañó Matsumoto— ¿Le traigo un vaso de agua? —le preguntó a la enfermera, ella tan sólo negó, jugando con sus manos.
—Verá, Señorita, perdóneme. No me puedo excusar de lo que hice, no me di el tiempo para leer su nombre ni tampoco el Doctor que la inseminó. Lo siento, no sé cómo arreglaré esto.
—Voy a demandar al Hospital por esto. No sólo es su culpa, también es la incompetencia que han tenido para tratar temas tan delicados como una inseminación sin antes ver la información del paciente. ¿Cómo es posible eso? —respondió enseguida, enojadísima— Usted me acaba de arruinar la vida… Usted y este hospital.
—No. Sólo he sido yo. El error fue mío Señorita, este hospital es muy bueno y se atiende muy bien a los pacientes…
—Se nota —interrumpió irónicamente.
—Se lo ruego… tengo nietos que mantener, una casa que pagar, cuentas y deudas que debo cumplir. No puedo perder mi trabajo… —dijo estallando en llanto. Rangiku llevó una mano hacia la espalda encorvada de la señora.
—Yo no puedo arruinarle su vida pero ustedes sí a la mía —expresó cortante. La pelirroja le pegó suavemente con la mano.
—Por Dios Rukia, tú eres joven.
—¡Por eso mismo! —reprendió— Me quedaba toda una vida por delante.
—Y todavía la tienes.
—Con un bebé —completó. Matsumoto suspiró y miró nuevamente a la Señora quien no dejaba de llorar.
—Se lo r-ruego —imploró casi al borde de las lágrimas.
~o~
Ichigo Kurosaki ingresó a su casa, desganado. Encendió las luces y caminó hasta el sillón. El silencio de su casa era agradable en esos momentos para él luego de una larga y extenuante búsqueda de trabajo durante todo el día. Se sentó en el sofá y apretó con fuerzas el sobre que contenía entre sus manos.
Era la tercera vez que le llegaba esa maldita carta de desalojo. La tercera y de seguro la vencida. No podía perder su preciado hogar que con tanto esfuerzo había logrado levantar. Estaba casi seguro que si pagaba con el dinero que recientemente había recibido por donar esperma, le iba a cubrir momentáneamente la deuda por la casa.
«Algo es algo»
Apoyó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos lentamente. Sus días iban de mal en peor. No era capaz de obtener trabajo, poco a poco se iba dando cuenta de que se adentraba en días lluviosos y llenos de amarguras. Estaba liado y todo por el simple dinero. Pedir un préstame no era la mejor solución a sus problemas, pero lo había hecho. Y eso lo había llevado a la ruina.
—¡Canito! —gritó y silbó. Unas zancadas se hicieron sentir al momento de terminar de silbar. El perro de Ichigo se acercaba alegremente a él, lanzándose sobre su cuerpo, lamiéndolo— Hey pequeño, ¿tienes hambre? —el perrito tan sólo ladró, moviendo su cola rápidamente— Sí, yo también. Vamos a hacernos comida.
Se levantó del sofá dejando al perro en el suelo y comenzó a caminar hacia la cocina. Tenía muchas cosas que pensar y entre ellas, era ir a pagar parte de la deuda de la casa y poder dormir tranquilo aunque fuese una noche. Recordó que dentro de unos días debía dar un examen en la Universidad. Universidad en la cual estudiaba de noche, Administración de Empresa y apenas podía asistir. Los trabajos que regularmente conseguía le pedían papeles, título y un cartón que le indicase al menos que él tenía estudios. Odió el momento en que había abandonado su antigua carrera, pero sabía perfectamente que si seguía en ella, se iba a hundir en una depresión.
«Depresión que no está lejos de llegar»
Rascó sus cabellos anaranjados, con entusiasmo: tenía que dejar de pensar en esas cosas. Pero era inevitable, todo le recordaba a ella. Caminó hasta la mesa de la cocina y vio una pequeña nota que se encontraba sobre esta: "Hermano, con Yuzu hemos ido y ella te ha preparado de comer. Limpiamos un poco la casa y jugamos con Canito. Espero estés bien y nos estamos viendo, cuídate mucho. Visítanos un día de estos, ingrato" y con eso, un corazón al final.
«Yuzu y sus corazones» Río, recordando que su pequeña hermana entusiasta siempre le había mencionado que al corazón había que cuidarlo y no maltratarlo. Cosa que hacia muy a menudo él.
Sus hermanas eran consideradas. Sabían cuánto él luchaba por buscar trabajo, por tener dinero y poder mantenerse a las suyas y no a la de los demás; por lo tanto, ayudaban con el aseo de su casa durante el día. Entre las dos compartían una llave la cual les daba muchos poderes: como entrar cuando querían, hacer lo que quisieran en su casa, interrumpirlo cuando estudiaba. Pero sabía que era para mejor. Estar solo no era divertido y estaba muy lejos de serlo. Muy en el fondo, agradecía la ayuda que le brindaba su querida —y loca— familia.
Dirigió su vista hacia la pared, prestándole atención al cartel que colgaba de allí. Un diploma. Diploma que iba dirigido hacia él, Ichigo Kurosaki, por la facultad de Medicina.
«Recuerdos»
Alzó la mano alcanzándolo y lo guardó en un cajón. Lo cerró con llave y comenzó a calentar la comida.
«No quiero más recuerdos»
~o~
—Te odio, ¿lo sabes? —espetó con los brazos cruzados. Matsumoto y Rukia se trasladaban hasta el departamento de la última, habían pasado a comprar —a duras penas por la morena— un test de embarazo y de paso comida que a la pelirroja se le antojó de la nada. Podía comer como por cinco y la chica seguía delgada.
—Rukia ni tú te crees capaz de demandar a la pobre señora, así que tranquilízate —rogó sacando unos panecillos de la bolsa—. Te debes hacer el test en veinte días, ¿bien? —prosiguió con la charla. Kuchiki llevó una mano a su rostro, aún no creyendo todo lo que acababa de ocurrir.
La enfermera y su ya no tan querida amiga Rangiku la habían convencido de dejar las cosas en silencio, todo en un secreto. La señora tenía deudas, nietos, hijas, y miles de problemas —que, para Rukia la mayoría eran inventados—, y por ende no podía ser demandada. Lágrimas, pudor, vergüenza, y miles de factores más hicieron que Rukia parase su desdicha y su dulce venganza.
La enfermera había quedado en llamarla en dos días para darle los nombres de los chicos que habían donado esperma la última semana. No había otro plan que hacer, ella debía encontrar al donador de esperma y arreglar el problema con él. Porque si llegaba a estar embarazada, el crío no sólo sería de ella, sino también del chico que había donado. Así de sencillo.
Ella no estaba dispuesta a pasar nueve meses de tortura sola.
Echó su cabeza hacia atrás, angustiada. Sólo esperaba no estar embarazada y así no iba a tener que hacer una búsqueda por el chico, que era casi imposible de encontrar. ¿Cómo mierda iba a saber quién era el padre si el bebé no nacía? Estaba llena de dudas y llena de confusiones.
Sólo rogaba para que no lo estuviese. Era capaz de bailarle a la pacha mama para no estarlo, realmente estaba dispuesta a hacerlo.
Veinte días de terror la esperaban. Unos largos y malditos veinte días.
—¡Yo me bajo aquí! —chilló Matsumoto de repente. Rukia la miró extrañada.
—¿En el Central Park? —preguntó indagando. La chica asintió y le guiñó un ojo. El taxista se detuvo y la mujer se bajó alegremente, despidiéndose de su amiga. Rukia había entendido a la perfección su guiño: iba a encontrarse con un chico. De seguro era una cita de miles que tenía su amiga y que no resultaban en nada.
Suspiró y acercó la bolsa de panecillos, junto con la pequeña caja del test; echó la caja del famoso test casi sin mirarlo, a la bolsa y la abrazó, tratando de no explotar en cualquier momento. Quería gritar, llorar, arrancarse el cabello… Estaba frenética y estaba más que segura que los próximos veinte días estaría de igual forma.
«Te lo ruego Señor, ayúdame» Imploró cerrando los ojos con fuerzas.
~o~
Exactamente habían transcurridos dos días exactos y el teléfono de su departamento sonó tres veces seguidas. La negligente enfermera la había llamado exactamente en los días acordados.
—¿Señorita Kuchiki?
—Vaya, ahora sí se sabe mi nombre. Lástima que lo hace ahora y no antes —se atrevió a decir sin controlarse. La persona del otro lado del teléfono suspiró cansinamente—. Dígame, ¿qué tiene para mí?
—Creo que la suerte está con usted ahora —murmuró apenas. Rukia alzó una ceja. ¿Qué puta suerte la acompañaba? Irónico, aquella suerte la había abandonado días atrás—. Tengo la información que ese día tan sólo se ocupó un frasco de un donante, el resto está intacto.
—Quiero el nombre —respondió tajante. Por muy aproblemada que la señora estuviese ella no le había a hablar de forma suave y adornarle el baile.
—El joven se llama Ichigo Kurosaki.
Ichigo Kurosaki sin duda era el ser menos afortunado del planeta tierra junto con ella.
Los veinte días habían pasado tal cual Rukia lo había predestinado. Veinte días lentos, calurosos, pesados y casi sufribles. Contó los días que había mirado el test encima de la mesa, y calculó que lo miraba cada una hora durante quince días. El resto de los días se había dedicado a hacer yoga para calmar sus emociones, a hacer el aseo y a poner música a todo volumen y ocultar el test de embarazo en el lugar más adecuado: debajo de su cama.
Le habían recomendado dejar de mirar y dejar de torturarse mentalmente con el test y así el estrés se le pasaría. Lástima que el estrés había vuelto porque los veinte malditos días habían acabado y la espera ya no era espera.
Había quedado de acuerdo con Matsumoto para ver el resultado juntas, pero la nombrada llevaba más de dos horas de retraso; y era de esperarse, era un Domingo por la mañana, por lo cual la chica debía estar debatiéndose entre levantarse o seguir durmiendo debido al dolor de cabeza que el alcohol le provocaba. Los sábados de Rangiku Matsumoto eran desenfrenados y los domingos eran lamentados.
Respiró profundo y decidió hacerlo sola. Ella ya era grande, madura y lo bastante fuerte como para recibir la noticia por sí sola.
Se acomodó en la taza del baño y abrió el test, abrumada. Todo comenzaba, la hora de la verdad estaba por verse.
«Negativo, por favor, negativo»
~o~
Ichigo entró por las grandes puertas de la Universidad. Una sonrisa de medio lado adornaba su rostro. Por fin las cosas mejoraban: había conseguido un empleo de medio tiempo en un restaurant de comida rápida. ¡Por fin iba a tener un sueldo con el cual sustentarse! Si bien no era mucho, era algo; y ese algo, le servía ya que sólo se mantenía él y a su perro.
Entró a un salón y se sentó enseguida en un puesto. Sus clases comenzaban a las ocho de la noche, y aún faltaban quince minutos para aquello.
—¡I-chi-go! —canturreó una dulce voz. El aludido miró hacia arriba y se encontró con la tierna mirada de Inoue Orihime.
—¡Inoue! —contestó— ¿Qué tal?
—Muy bien, ¿y tú cómo estás? —siguió ella, sentándose a su lado con un poco de dificultad. Sonrió tímidamente y casi comida por la vergüenza al no poder sentarse con comodid.
—Me alegro —respondió ignorando completamente la vergüenza de la chica. Tomó con ambas manos el mesón y lo corrió hacia adelante suavemente, provocando que Inue sonriera apenada—. Ya está, me sentía ahogado con el mesón apretándome —terminó por decir.
La pelirroja abrió los ojos abruptamente y sonrió de manera gradual, mirándole con admiración. Ella sabía que Ichigo lo hacía por una sola razón y esa era ella. Nunca se había sentido tan cómoda con alguien, jamás había sentido aquél sentimiento por un chico, pues normalmente los hombres pasaban de ella, ignorándola.
«Pero Ichigo es diferente» Pensó, casi soñadora.
Inoue Orihime era una hermosa chica, dulce, cariñosa, humilde y muy cooperativa, sin embargo tenía un problema, un enorme problema: sobrepreso. La mayoría de los estudiantes universitarios hacían dos cosas cuando la veían:
»La ignoraban por completo, como si ella fuese un fantasma.
»Le gritaban cosas como: allí viene la bola de grasa. Allí viene la pelota. Y miles de cosas más hirientes.
Pero a ella nada le importaba, porque tenía amigos. Dos amigos muy especiales.
—Orihime, Kurosaki —una voz grave se hizo presente en el salón que de a poco comenzaba a llenarse de alumnos.
—¡Uryuu! —respondió alegremente a modo de saludo la chica.
—Hey —exclamó sin ánimos el de cabellos anaranjados. Ishida gruñó y le lanzó una bola de papel una vez sentado en su puesto—. ¡¿Qué te pasa cuatro ojos? —espetó molesto.
—Salúdame bien, animal —contestó frunciendo el seño—. ¿A caso no te enseñaron modales?
«Y ahí va otra vez con su discurso de los modales» Él quería evitarlo.
—¡Un cuerno los modales! —musitó entre dientes— Ahórrate el discurso Ishida, de verdad no tengo deseos de oírte hoy.
—Nunca los tienes —el chico ajustó sus lentes y abrió el cuaderno buscando una página en blanco—. ¿Ya tienes trabajo o sigues siendo un vago?
—Ex vago —corrigió Ichigo, sonriendo con superioridad ante el comentario de su 'amigo', porque al fin y al cabo lo era.
—Esto no se ve todos los días, hay que celebrarlo —bromeó Uryuu meneando su cabeza.
—Vale, pero tú pagas —expresó lanzándole una bola de papel al chico.
Una larga y divertida discusión comenzaron entre los dos, Inoue se dedicaba a reír por las reacciones de los chicos. Adoraba compartir con ellos, a pesar de sus innumerables discusiones, sabía que entre Ishida y Kurosaki, la amistad jamás se rompería. Se tenían confianza y eso nunca se iba a destruir. Eran un par divertido y ella estaba feliz de tener amigos como ellos.
Nada arruinaría su felicidad y la de ellos dos. Absolutamente nada.
~o~
—¡Ruuuuuukia! —chilló la muchacha, golpeando la puerta por enésima vez. Traía consigo muchas bolsas que contenían serpentinas, globos, dulces, bebida y panecillos que tanto le gustaban a ella. Pero su querida amiga Rukia Kuchiki no se dedicaba a abrir la maldita puerta— ¡Llevo más de diez minutos acá afuera! Sé que me retrasé pero no es para que me castigues de esta forma. ¡Eres mala Ruuuuukia! —lloriqueó pegando su cabeza en la puerta.
De repente, la tan apaleada puerta se abrió lentamente, dejando ver a una pálida Rukia Kuchiki casi inmóvil.
—¿Rukia? —preguntó al verla. Sus ojos violetas se notaban apagados y extrañamente se veían más grande de los que ya los tenía, sus labios estaban morados y su piel blanca, pasaba a tomar un tono morado tirando para verde— ¿Estás respirando? ¡Dime que sí porque te estás poniendo verde! —gritó dejando caer las bolsas al suelo— ¡Rukia dime algo! —la zarandeó por los hombros. Preocupada, alzó la mano y le pidió disculpas mentalmente a la morena, porque lo que iba a hacer estaba totalmente fuera de sus límites. Una dura cachetada se palmó en el rostro pálido de Rukia.
—Ran… —murmuró. Ni siquiera había reclamado por esa dura abofeteada. La pelirroja no sabía si llamar una ambulancia o llevarla ella misma a un hospital.
—¡Dime algo! —chilló espantada ante la nula reacción de la chica.
—Estoy embarazada —terminó por decir con un hilillo de voz.
«Embarazada. Accidentalmente embarazada»
Holaaaaaaaaaaa, uy sí, no tengo perdón ): Me demoré demasiado en subir el capítulo. Sé que en el primer capi, dije que este se llamaría "En busca del esperma", pues verán, quedó DEMASIADO largo el capítulo, así lo corté en un lugar que quedara bien y le puse el título "Y el resultado es..." (:
Ahora se dejó ver algo del pasado de Ichigo owo, si se dieron cuenta, luego se indagará sobre ello. También se dio el dato de que Inoue tiene problemas con su peso, pues sí, ¿es raro, no? Imaginarsela con sobrepeso siendo que en el manga ella tiene un cuerpo muy lindo, pero ya verán, todo tiene un porqué 8DDD! Más adelante también se indagará sobre ella y bueno, no será después esa chica dulce y tal, ya verán xDDDU ¡No quiero dar spoilers!
Muchísimas gracias por los reviews, no tuve tiempo de contestarles como se debe porque ando con otra historia y estaba con la remodelación de Stop Rain (Foro IchiRuki que encontrarán en mi perfil), así que les agradeceré por aquí:
Yukime-sama: ¡Muchas gracias por leer y por dejar rr! Me gustan las cosas poco comunes, ¿se nota? Hahaha, síp, quería una historia un poco loca y bueno, mi cabeza de repente le llegó la inspiración y taráaan! Y la verdad, es que yo le tengo miedo a los hospitales, miedo y rencor, porque viví una mala experiencia en el hospital de mi ciudad. ¡No estoy embarazada eso sí! xDDDDDDDDDDDDD. En fin, un abrazo linda y de nuevo: gracias por leer (:
Umee-chan: ¡Hola! Gracias por leer y dejar un comentario. La verdad es que me arriesgué al escribirla, porque se me hace muy difícil manejar los personajes, es más, los encuentro muy OoC; pero me gustó la trama y bueno, aquí está. ¡Espero que este capítulo haya cumplido las expectativas! Un abrazote~~
elenita-chan: Elenita-chan, gracias por siempre leer y dejar rr, eres un amor -apapacha-. Bueeeno, síp, fue una menuda negligencia, pero bueno (?) debía hacerlo porque así estos dos unirán su vidas, tienes razón 1313. Un apapachote! (:
Kuchiki Hanako: Bueeeno, a ti te respondí por emepé y muchas pero muchas gracias por tu comenario. No me enojé ni nada, porque tienes mucha razón. Te dije que iba a tener más cuidado y ya comencé a informarme, así que tendrás mps de mi parte preguntándote ciertas cosas. Espero te haya gustado este capi. Un abrazo linda y gracias por leer, comentar, sugerir y todo *OOOO*!
Sakura-Jeka: ¡Hola Sakura! ¿De verdad? o.o La verdad ya varias personas me han dicho que habían visto como esta temática, aww, que sepas que no he copiado de nada ): (?) Hahah, pero bueno, las coincidencias existen y era de esperarse que en alguna novela o teleserie saliera algo loco como esto. Sólo espero coincidir en la idea central y no en lo demás porque me sentiría mal (?). ¡Un abrazo linda y gracias por leer!
ShinigamiDark89: ¡Holaaa y gracias! Aww, la verdad, la propuesta es loca, pero me gusta 1313 (?). Espero que este capítulo te haya gustado, un apapachote~~
Kurosaki Anne: ¡Holandaa! Hahaha, la verdad, el papel de Rangiku me gusta mucho, es que la veo tan chistosa y con tan poco tino que debía ser ella la que lo dijese así de la nada xDDDD! Y bueno, así se dan los accidentes, (?) suele suceder -mentira-. Un abrazo y gracias por leer y por dejarme un rr bonita! *-*
metitus: -muere- ¿Único? Te juro que amé cuando leí eso, ¡qué genial me sentí! (?) Hola Metituss, muchas gracias por leer, por dejarme rr y por subirme el ánimo de tal forma. Ojalá que te guste este capi y cumpla expectativas sies que las tenías 83! Un abrazote~~
darisu-chan: ¡Hola Darisu! Gracias por dejarle en favoritos, por leer y por dejarme un comentario. La verdad es que considero que mi sentido del humor es bastante nulo, pero veo que a muchos les causa gracia (?) Quizás me creo muy fome, pero de verdad que me alegra saber que la gente se ríe de las cosas que escribo xDDD! En fin, un apapachote!
kaoru240: ¡Hola Kaoruu! Omg, ¿de verdad hay una novela así? HAHAHA, ¡la quiero ver! Omfg, ahora veo que suele suceder estos accidentes, y los líos amorosos que se forman son uuuuuff! Que ni te cuento. Ojalá que se me ocurran muchas cosas para el fic y que sean distintas a todas las demás temáticas,esa es mi intención y espero lograrlo. Gracias por leer y por dejar rr linda! Un abrazote~
gibybluu: Awww, ¡graaacias! Ojalá te haya gustado este capítulo! Un abrazo linda~~
chik-yinyang: ¡Hola! MUCHAS gracias, en serio, por tus ánimos, espero que la historia cumpla tus expectativas. Gracias por decirme que es original, traté de hacerlo lo más original posible y espero seguir esa línea! No dudes porque seguiré la historia (': Un apapcho y gracias por leer y dejar un rr.
Violet strawberry: OMG, ¡Hola Violet! Es cierto, hubiese sido interesante o.o No se me ocurrió :'ccc pero bueno, igual me da risa tan sólo de pensar en cómo Ran se lo hubiese dicho y buee! Ella es único y es muy chistosa xDDD. Gracias por leer y por dejar rr *OOO* Nos leemos!
¡Muchas gracias por sus comentarios! Me animan a seguir, un abrazo y nos leemos en el capítulo tres (:~~
