Kykyo... esa es parte de la gracia... Ah... curiosidades, curiosidades. ¿Qué será?

Sí, Gioconda. Me he quedado muy a gusto. Aquí sigo.

ayde,claro que sigo. No dudes por eso.

¡Chispita! Regina tiene un grave problema... y por eso necesita atención médica... a no ser...


Emma Swan

Admitía que haber visto a Regina en aquella habitación blanca, sola… había sido duro. Pero todas esas terribles ideas que había formado en mi cabeza sobre ella eran exageradas, y eso me animaba. Su delirio era estable y, con el tiempo, parecía que remitiría. Eso me daba esperanzas. Cuando me dirigí a la salida me encontré a la Doctora Stealer a la salida.

_ He visto la sesión que ha tenido con Regina._ Me sonrió._ Quería felicitarla.

_ ¿Felicitarme? Si yo apenas he…

_ Puede parecerle que ha hecho muy poco, señorita Swan. Pero ha hecho más progresos en un día que yo en el año que Regina lleva aquí. Se lo dije, la necesita.

Suspiré y asentí lentamente. No podía evitar tener dudas ante mi trabajo, pero la imagen de Anzu me ayudaba a sentirme más segura.

_ De acuerdo… si me necesita, seguiré trabajando aquí.

_ Va a necesitar esto.

Vi que Anzu buscaba en su gran bolso. Le costó sacarlo, pero finalmente me entregó lo que parecía un inflado archivador. La correa que lo sujetaba apenas resistía.

_ ¿Qué es esto?_ Pregunté.

_ Es el Dossier del caso de Regina. Tiene todo lo que he estado recopilando sobre ella este año.

_ Gracias._ Cuando la cogí estuve a punto de caerme para atrás, pesaba una tonelada._ Has cogido muchos datos, por lo que veo.

_ Tú sales bastante._ Comentó, sin darle importancia._ Nos vemos mañana.

_ Hasta mañana.

Vi como Anzu se acercaba a su deportivo y se subía. Me quedé observando como aquel coche se perdía en la carretera. Me dirigí a mi Mercedes y tiré el dossier en el asiento del copiloto. Me mantuve en silencio durante el viaje hasta mi casa. Aparqué dentro del garaje, junto a mi escarabajo amarillo. Pasé la mano por la chapa con cierta nostalgia antes de entrar en la casa.

Ivy, mi niñera, estaba en la cocina, mirando su móvil con expresión ausente. Tosí sonoramente para indicar mi presencia y observé el reloj de pared que me indicaba que eran las siete. Había trabajado de tarde y para eso había llegado pronto. Había insistido mucho a Anzu para que me diera un horario flexible.

Ivy me miró con su mejor sonrisa, como siempre que la descubría haciendo algo indebido. Si no fuese la niñera desde hacía tiempo lo más probable es que la hubiera despedido.

_ ¿Dónde está Henry?_ Le pregunté.

_ En el salón, jugando con la consola._ Dijo. Yo alcé una ceja._ Ya ha hecho sus deberes y se ha duchado.

_ Bien. No esperaba menos. Puedes irte a casa, Ivy.

_ ¿Qué tal tu nuevo trabajo? ¿Estaba la jefa a la altura que esperabas?_ Preguntó, curiosa.

_ Sí, la verdad es que sí. Es impresionante.

_ ¿Y ese armatoste que llevas?_ Parecía curiosa.

_ Es un Dossier, y es confidencial. Ivy, vete a casa.

_ Disculpa… es que estoy muy sola._ Suspiró._ Nos vemos mañana.

La soledad era algo que yo entendía muy bien, hasta un punto doloroso, pero en ese momento no me sentía con fuerzas para hablar de un tema como ese, y mucho menos con Ivy. Apreciaba lo que hacía por mí, pero lo cierto es que sabía que no tenía muchas luces.

Suspiré y me acerqué al salón. Henry estaba sentado en el salón, ladeado, con el mando de la play en la mano y toqueteando los botones furiosamente mientras trataba de formar un combo. Yo alcé una ceja y le miré fijamente.

_ ¿Mortal Kombat?

_ Lo he comprado con mi paga._ Dijo él, mirándome con desafío.

Debía haber estado ahorrando varios meses para comprárselo a escondidas, y alguien se había saltado el PEGI a la hora de vendérselo. Crucé los brazos y tamborileé con los dedos de mi mano derecha sobre mi hombro izquierdo.

_ Como tu madre y responsable de tu educación no debería permitir que jugaras a juegos tan violentos, Henry._ Le dije, mirándole con fijeza.

Henry extendió la sonrisa y pausó la partida.

_ Casi cuela, Emma… casi cuela.

_ Bueno, yo he hecho todo lo humanamente posible._ Dije, cogiendo el segundo mando, que descansaba sobre la consola, al tiempo que Henry volvía al menú principal y ponía el modo para dos jugadores.

_ Entonces… ¿Has visto a Mamá?

Entrecerré los ojos, sintiendo un leve pinchazo en el corazón. Sabía que Henry iba a hacerme aquella pregunta, pero aun así, era doloroso escucharla. Sabía que debía responder. Pero estaba muy cansada y esperaba contárselo al día siguiente.

_ Sí. Soy su médico, Henry._ Le dije, dedicándole una sonrisa._ La he visto hoy.

_ ¿Y cómo está?_ Me di cuenta de que ninguno de los dos estaba jugando, así que dejé el mando sobre la mesa.

_ Está… bien. Sigue pensando cosas que no son reales pero… ella está bien. Estable._ Dije, sincera. No me gustaba mentirle a mi hijo.

_ ¿Podré ir a verla pronto, Mami?_ Le pasé la mano por la cabeza, revolviéndole el pelo.

_ Cuando esté un poco mejor, cariño._ Le dije._ Me preocupa que la confundas. Pero no te preocupes. Ella está bien. Mucho mejor de lo que yo esperaba.

Regina

Emma había dejado la foto en la habitación, y yo la había dejado sobre la mesilla, apartando la mirada como si fuese a quemarme con ello. Esos recuerdos habían sido muy fuertes, y temía que la maldición terminase devorando mis verdaderos recuerdos. Tenía que salir de aquella sala. Y eso hice. Mis accesos en el hospital estaban bastante limitados, por supuesto.

Sólo tenía acceso a la sala común y al resto de habitaciones del ala si me lo permitían sus habitantes. Me dirigí directamente a la sala común y me encontré a Tilly frente a un tablero de ajedrez. Era su juego favorito, después de todo.

_ ¿Quieres jugar, majestad?_ Preguntó, con una sonrisa de oreja a oreja.

_ Siempre._ Me senté frente a ella y empecé a mover las negras.

_ ¿Está preocupada por esa foto, majestad?_ Miré a sus ojos, y tenía esa sonrisa juguetona._ ¿Tanto miedo le tiene a esas historias?

No me esperaba esa reacción por parte de Tilly. Ella solía decir que luchase con todas mis fuerzas contra el sistema, que me resistiera a todos los tratamientos, porque era todo parte de la maldición y si me dejaba llevar, perdería la memoria.

_ Quieres salir de aquí, ¿No?_ Extendió la sonrisa._ Bueno, pues dales lo que quieren.

_ ¿Y si pierdo la memoria?_ Pregunté, mirándola.

_ Deja que la pequeña Tilly cuide de ti._ Le dije, sonriendo._ Yo me aseguraré de que todo vaya bien.

Me guiñó el ojo en el mismo momento en que su caballo me hacía jaque mate. Tilly era toda una maestra en dicho juego y aunque parecía que estaba concentrada en la conversación, lo estaba en el juego. Y me había dado una paliza.

_ Piensa en eso. Hay que salir para romper el hechizo. Encontrar a esa chica especial…

_ ¿Esa chica especial?_ Alcé una ceja._ Creo que no estamos en la misma honda, Tilly.

_ Quién sabe, Regina… quién sabe. Esa foto dice lo contrario, ¿No?_ Se puso en pie._ Nos vemos mañana, majestad.

Negué con la cabeza y me dirigí hacia la habitación. Si Tilly iba a guardar mi espalda quizá no tuviera que preocuparme tanto. Sea como fuere mi memoria seguía intacta. Tenía claro que era la reina malvada… y también que tenía que salir de allí. Y si eso pasaba por dejar colarse un par de recuerdos falsos en mi memoria… tendría que hacerlo. Tenía muchas, después de todo. Cogí la foto y me tumbé sobre la cama, mirando hacia ella.

Regina Mills (Flashback)

_ Es que he hecho amigas…_ Murmuraba al teléfono público.

Por supuesto obvié el mencionar que Emma, Ruby y Elsa fumaban, o que parecían una macarras. A decir verdad, eran la clase de elementos con las que mi madre jamás soportaría que estuviera. Yo tan sólo quería hacer unas amigas que no fueran escogidas por mi madre y que no fueran señoritingas.

_ ¿Y qué le digo a mamá?_ Zelena parecía molesta al otro lado.

_ Algo se te ocurrirá._ Bufé, Emma estaba impaciente._ ¿Puedes venir a buscarme a los recreativos antes de dos horas?

_ Sólo porque estás dejando de ser su nenita perfecta, Ginita._ Mi hermana mayor se rio y colgó.

_ ¿Todo bien, morena?_ Elsa sonaba impaciente.

_ Sí, sí. Todo bien._ Me acerqué._ ¿A qué vamos a jugar?

_ Acaban de poner la nueva máquina de Mortal Kombat._ Ruby mascaba el chicle de la forma más aparatosa posible._ Aunque Emma nos va a machacar, como siempre.

_ No es culpa mía que seáis unos paquetes._ Emma se adelantó._ Vamos a ver cómo se le da a la morena.

Me puse junto a ella no sin cierta reticencia. Nunca había jugado a Mortal Kombat y al parecer Emma era la mejor. No es como si tuviera presión encima ni nada parecido. Así que cogí aquella palanca y miré los botones. Metí la moneda y seleccioné a Sub-zero. Apenas había recibido una pequeña descripción de lo que hacían los botones pero, de algún modo, supe lo que tenía que hacer.

Y cuando Emma vio cómo su barra de salud se quedaba reducida a cero, una expresión de incredulidad apareció en el rostro de las tres chicas, que se miraron incapaces de creer que la novata acabase de darle una paliza a la implacable Emma Swan.

_ Regina es la monda._ Exclamó Ruby._ ¡Qué ojo tienes, Swan!

_ Gracias…_ Dije, en voz baja.

_ Chicas… ¿Puedo hablar un momento con Regina?_ Emma tenía fuego en la mirada.

Por un momento me preocupé, pensaba que Emma se había sentido amenazada y que había entrado en un conflicto con su estado de… digamos "Hembra Alfa", y que la había molestado mucho mi actitud. Me preparaba para la bofetada, para el puñetazo, pero en lugar de eso, Emma me cogió por el mentón y acercó sus labios a mi oído.

_ Regina… me gustaría quedar contigo a solas este fin de semana…

Podía parecer que la frase era normal… quizá incluso una amenaza… pero el momento en el que Su lengua se coló en mi oído me di cuenta de que aquello no era precisamente una amenaza. Sentí un estremecimiento que me atravesó la columna vertebral.

Regina Mills

Había sido un sueño… producto de la foto. No podía ser ninguna otra cosa. Y sin embargo, no podía volverme a dormir. Continuaba con la vista fija en el techo, incrédula ante las sensaciones que en ese momento inundaban mi anatomía.

"Piensa en eso. Hay que salir para romper el hechizo. Encontrar a esa chica especial…"

Tilly me lo había metido en la cabeza. Eso era todo. Era imposible que Emma Swan, la maldita salvadora casada con un pirata manco, pudiese tener el más mínimo efecto sobre mí.

Coraline Mills

Cuando bajé de mi coche y subí hasta la planta superior, no esperaba en absoluto que aquella secretaria me hiciera esperar. Era algo que me ponía particularmente furiosa. Era la principal benefactora de aquel hospital psiquiátrico y aquella falta de respeto no era tolerable. Por un momento pensé en marcharme y olvidarme de aquella reunión. Ya me había puesto de pie y dado un par de pasos en dirección a la salida cuando la secretaria tosión.

_ La señorita Stealer la recibirá ahora.

Bufé y entré en el despacho. Anzu estaba con una chica rubia que se puso en pie en cuanto me vio. Se me quedó mirando un buen rato, fijamente, soltó una risotada y acto seguido salió por la puerta. Aquello tampoco me parecía digno de mi posición.

_ Cora, ¿Ya estás buscando con qué atacarme otra vez?_ Anzu me miraba fijamente, sentada en su silla._ ¿Podemos comportarnos de forma civilizada?

_ Claro, por supuesto._ Alcé la mirada._ En cuanto hablemos del nuevo tratamiento de mi hija.

_ Ya… suponía que querrías hablar de ese tema._ Anzu no perdió la sonrisa._ Siéntate, por favor. No te quedes ahí de pie.