N/A: He llegado a la conclusión de que soy incapaz de escribir drabbles xdd. En serio, me es imposible, no puedo dejar una historia como acabada con menos de 500 palabras UU. Así que voy a dejar el primer drabble como prólogo y voy a seguir con esta historia con capítulos normales. Espero que os guste.

Khira


Capítulo 2. De mal en peor

Cuando Bill regresó a su propia habitación, se encontró con David ya vestido y de pie en el centro de la estancia, con los brazos cruzados y mirando hacia la ventana, en una postura idéntica a la de Tom cuando estaba hablando con él.

Carraspeó y David se dio la vuelta. Bill comprobó apesadumbrado que él también lucía enfadado.

—¿Ya has hablado con Tom? —inquirió el productor, incrédulo. Apenas habían pasado dos minutos desde que Bill había salido en su busca.

—Sí... Bueno, no me ha dado la oportunidad de explicarme... —respondió Bill.

—Pero no se lo va a contar a nadie, ¿verdad?

A Bill le dolió que en ese momento tan delicado, lo único que le preocupaba a David fuera que no se descubriera su "pequeño" secreto.

—No... Supongo que no... —se corrigió, pues no había tenido ocasión de pedírselo.

—¿No te has asegurado de ello? —exclamó David.

—¡Te he dicho que no me ha dado la oportunidad de explicarme! —repitió siseando el vocalista, molesto.

—¡Joder!

David empezó a caminar por la habitación, pasándose una mano por el cabello de forma nerviosa.

—Y todo por no asegurarte de que la puerta se había cerrado correctamente... —gruñó.

—Tú tampoco te preocupaste de ello... —replicó Bill, recordando el momento en el que David había llamado a su habitación diez minutos antes. Después de tantos días sin verse, ambos se tenían tantas ganas que se habían prácticamente abalanzado el uno sobre el otro. Él le había dado una patada a la puerta, pero por lo visto ésta no se había cerrado correctamente.

Y cinco minutos después, cuando ya estaban en la cama medio desnudos, a Tom no se le había ocurrido otra cosa que entrar sin llamar mientras decía algo sobre una entrevista.

«¡La entrevista!», exclamó mentalmente Bill mientras consultaba su reloj de pulsera.

—David, ¿a qué hora era la entrevista? —preguntó.

El productor también miró su reloj.

—Dentro de diez minutos. Deberías ir bajando.

Bill pensó que seguramente ése era el motivo por el que Tom había acudido a su habitación, para marchar juntos a la entrevista que tenían prevista en la sala de prensa del hotel.

—Yo me voy —dijo David al mismo tiempo que cogía su chaqueta del perchero—. Ya hablaremos de esto.

A Bill no le gustó nada como sonó ese "ya hablaremos", pero tuvo que conformarse. Estaba seguro de que, aunque se lo pidiera, David no iba a quedarse con él en ese momento.

Efectivamente, pocos segundos después David salía de la habitación sin ni siquiera despedirse ni mirar atrás. Bill suspiró y se metió en el baño. Ante el espejo comprobó que no iba tan despeinado como imaginaba, pero su maquillaje necesitaba un retoque. Después de echarse un poco más de laca, se puso manos a la obra y, sacando todo lo necesario de su neceser de viaje, se aplicó un poco más de corrector y sombra de ojos. Mientras lo hacía no podía dejar de pensar en su hermano, y la angustia que había empezado a sentir desde que éste le pillara con David en la cama no desaparecía. Cuando terminó no se molestó en guardarlo todo de nuevo, sino que directamente se arregló la ropa, cogió la llave de la habitación y salió de ésta.

Por el pasillo se encontró con Georg.

—Ey, llegamos tarde —le dijo a modo de saludo mientras caminaban deprisa hacia los ascensores.

—Aún faltan dos minutos —replicó Bill.

Tuvieron suerte y al llegar al vestíbulo de la planta pudieron coger un ascensor de forma inmediata. Se metieron solos y le dieron al botón de la planta primera, donde les habían dicho era la entrevista.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Georg de pronto.

—¿Qué?

—¿Te encuentras bien? —repitió el bajista—. Estás pálido.

Bill se miró instintivamente en el espejo del ascensor. Quizá debería haberse puesto más maquillaje...

—Sí, estoy bien —mintió. No, no estaba nada bien. Había discutido con dos de las personas más importantes de su vida.

Nada más salir del ascensor una de sus asistentas, Silke, les recibió para indicarles en qué sala se realizaría la entrevista.

—Es por aquí —les indicó.

Lo primero que contempló Bill al entrar en la sala fue el rostro serio de su hermano, quien estaba sentado al lado de Gustav en un sofá enorme de color blanco. A un lado, la entrevistadora esperaba sentada en una butaca de color café. Al verlos entrar a él y a Georg se levantó.

—Hola, soy Lina —se presentó a la vez que les tendía la mano—. Encantada.

—Igualmente —respondieron los dos muchachos.

Georg se sentó al lado de Gustav y Bill al lado de Georg, por lo que ambos gemelos quedaron sentados en extremos opuestos del sofá.

—Si os parece bien, empezaremos ya con la entrevista —dijo Lina.

Los cuatro integrantes de la banda asintieron.

La entrevista comenzó y con ella las típicas preguntas que comenzaban a cansar a los chicos, aunque ninguno se quejara. Que si cuánto hacía que tocaban juntos, que si se llevaban bien, que qué tal les estaba yendo la gira, que para cuándo el próximo disco... hasta que un cuarto de hora después una pregunta dirigida específicamente a Tom hizo que Bill, quien no se había mostrado tan entusiasta ni hablador como de costumbre, prestara especial atención.

—Dicen que, como gemelos idénticos, tenéis una conexión muy especial. ¿Qué opinas de eso, Tom?

Habitualmente Tom siempre contestaba las preguntas con lo primero que se le pasaba por la cabeza, pero en esa ocasión hizo esperar a la entrevistadora varios segundos.

—No creo que eso sea exactamente así —respondió el guitarrista para sorpresa de todos, especialmente de Bill.

—¿Qué quieres decir, Tom? —inquirió la entrevistadora, bastante desconcertada.

—Somos hermanos, hemos pasado juntos mucho tiempo y compartimos aficiones... pero no creo que nuestra relación tenga nada de especial.

Bill sintió la boca seca. ¿Cómo había sido Tom capaz de decir algo así?

La mujer esbozó una sonrisa forzada y continuó con la entrevista, la cual se prolongó quince minutos más. Al finalizar, dio las gracias a los chicos y estos se levantaron dispuestos a regresar a sus habitaciones. Todavía faltaban más de dos horas para la cena.

Esta vez se dirigieron juntos a los ascensores acompañados por un tenso silencio. Gustav y Georg ya se habían dado cuenta de que algo pasaba entre los gemelos, pero no quisieron alarmarse. Era habitual que los hermanos Kaulitz se picaran por alguna tontería y estuvieran horas enfadados. Supusieron que eso era lo que estaba pasando.

Pero decir en una entrevista que su relación de hermanos no tenía nada de especial... eso nunca había sucedido hasta ese momento.

—¿Venís a mi habitación a jugar un rato a las cartas? —propuso Georg al llegar a la planta donde los cuatro tenían las habitaciones.

—Sí, eso, juguemos un rato —asintió Gustav, pensando que quizá así los gemelos se despejarían un poco.

—Lo siento, pero no me apetece —cortó Tom sin dar tiempo a Bill a responder—. Yo me voy a mi habitación —y dio media vuelta para seguir andando.

—A mí tampoco... —murmuró Bill observando la espalda de su hermano—. Ya jugaremos en otra ocasión.

Georg y Gustav se encogieron de hombros y entraron en la habitación del primero. Bill se apresuró a seguir a Tom, y le alcanzó justo cuando éste iba a cerrarle la puerta en las narices.

—Tom, tenemos que hablar —dijo el vocalista ingresando a la habitación.

—Ya te he dicho hace un rato que no quiero hablar contigo —dijo Tom mientras se quitaba la gorra que portaba.

—¿Por qué le has dicho eso a la entrevistadora?

Por unos segundos la habitación se quedó en completo silencio.

—Le he dicho la verdad —respondió finalmente Tom mientras guardaba la gorra en una maleta junto a las demás de su colección.

—¿Qué? Tom, siempre hemos presumido de nuestra relación en los medios, no puedes de repente negarlo todo y decir que somos simples hermanos —arguyó el cantante, intentando disimular su congoja.

—Pero es que ahora lo siento así.

Bill sintió que le temblaba el labio inferior. Pero no quería ponerse a llorar.

—¿Es por lo de David...?

Tom se cansó de la conversación y por primera vez le miró a los ojos.

—En parte es por eso. Siento que no te conozco, Bill. No sé nada de ti.

—Claro que me conoces —replicó Bill a la desesperada—. Sólo te he ocultado la parte de David, porque... porque no me atrevía. Pero ahora ya lo sabes y puedo contarte todo lo que quieras.

—Prefiero que no me cuentes los detalles, gracias —gruñó Tom irónicamente; luego suavizó su tono—: Lo que sí me gustaría saber es cuánto tiempo lleváis juntos.

—Desde... poco después del lanzamiento de "Zimmer 483"...

Los ojos de Tom se abrieron como platos.

—¡Eso fue hace más de un año! ¡Joder, pero si eras menor de edad!

—Lo sé, es por eso también que lo hemos tenido que ocultar... Y Tom... tú no dirás nada, ¿verdad?

La expresión de Tom se endureció tan bruscamente que Bill se asustó.

—No me puedo creer que hayas estado más de un año ocultándome algo así... —dijo Tom entre dientes.

—Tom, yo...

—¡Cállate! —gritó entonces Tom, sobresaltando sobremanera a su hermano—. Y vete. No quiero seguir hablando de esto.

Era la segunda vez en lo que iba de tarde que Tom le echaba de su habitación. Pero Bill se cruzó de brazos mostrando su intención de quedarse. Eso enfureció aún más a Tom, quien no se cortó a la hora de agarrarle con fuerza de un brazo para arrastrarle fuera.

—¡Tom! —exclamó Bill, quien por la sorpresa se olvidó de oponer resistencia.

—¡Fuera!

En cuanto le hubo sacado de la habitación, Tom cerró de un sonoro portazo. Bill se miró el brazo izquierdo, donde permanecían las crueles marcas que le había dejado su hermano, incluido un pequeño arañazo.

Todo iba de mal en peor, y no tenía ni idea de cómo arreglar tan desastrosa situación. Y tendría que pensar en algo rápido, ya que al día siguiente tenían nada más y nada menos que el penúltimo concierto de la gira.

Además, su corazón tampoco resistiría mucho tiempo cargando con esa angustia.