El universo y personajes de Shingeki no Kyojin le pertenecen a la malvada llama asesina, digo a Hajime Isayama. Yo sólo juego con ellos.

Esto se trata de un RETO OTP –que el ZekexMikasa no es mi OTP, aún- de la página de Facebook de Attack on Fanfics. Serán 10 one shots recopilados en este fic que mostraran en diferentes situaciones a la pareja.

Dedicado a mi estimada Sasha SV3 por apoyar mis locuras crack. A genessis5472, LunosA y Pollito por darle una oportunidad y por sus hermosos reviews.

Sin más, ¡nos leemos al final!

Canonverse situado posterior al capítulo 105. Mención de una antigua relación entre Levi y Mikasa.

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Primer beso

Una falsa victoria, un nudo en el pecho que se cierra ante cada respiración y la incertidumbre sobre la ira contenida del mundo, cerniéndose en su futuro…

Si, definitivamente ese era el mejor panorama para pensar en el amor.

Idioteces.

Si tan sólo Eren hubiera esperado un poco; si los diplomáticos hubieran alcanzado a escapar; si tan solo la destrucción masiva provocado por un idiota no se hubiera transmitido a todo lo largo del mundo…

Quizá, sólo tal vez, tendrían una maldita oportunidad de sobrevivir.

Pero el hubiera no existe.

Así como la idea de formar una familia y llegar a la vejez.

Puras fantasías que sus padres alguna vez alimentaron, y ahora el mundo se encargaba de destrozar una a una.

—He vuelto —avisó, quitándose la bufanda y guardándole en uno de sus cajones. Se extrañó al no escuchar a su compañera—. ¿Sasha? —cuestionó dirigiendo su atención a la cama vacía… y un nudo se formó en su garganta cuando los recuerdos la golpearon con la fuerza de un titán;

La carta de Eren, la misión de infiltración, el contacto con Yellena y la fugaz alianza con Zeke Jeager, el festival y la breve despedida de sus compañeros, el combate con el titán martillo y mandíbula; la huida y…

¿Cuáles fueron las últimas palabras que le dirigió a Sasha?

No lo podía recordar y era lo que más la jodía; la enfadaba al grado de comenzar a ver borroso, al notar como sus puños se cerraban y una tristeza disfrazada de ira la destrozaba desde los cimientos.

Sintió algo cálido bajar por su mejilla y un llanto emerger de su garganta. No se molestaría en ocultar su dolor; que se joda el mundo, había perdido a su mejor amiga y confidente; perdió otra vez a su familia.

Fue inevitable sentirse culpable por ser incapaz de protegerla.

¿Cuántas personas se habían ido de esa forma?

El cielo había comenzado a sumergirse en la oscuridad cuando dos golpes la sacaron de su ensimismamiento.

—¿Mikasa? —La voz de Armin resonó del otro lado. Sin molestarse de limpiar los rastros de llanto, se levantó desganada, arrastrando las piernas y su alma.

—¿Qué sucede? —Cuestionó, apenas abriendo la puerta. La figura rubia de su mejor amigo le dio la bienvenida; se veía cansado y demacrado.

—¿Sasha? —Preguntó, como si supiera que dolor que oprimía su corazón. Ella se limitó a asentir, antes de hacerse a un lado para dejarlo atrás. Él negó—. Hanji me ha enviado. Necesita que vayas a su oficina. —Y aunque sus palabras fueron claras y concisas, Mikasa sabía que ocultaban verdadera preocupación ante la situación. Soltó un suspiro antes de considerar retirarse—. Levi también estará —avisó para prevenirla.

Y esa era la verdadera cuestión; su maldita no—relación con el soldado más fuerte de la humanidad.

O lo que queda de ella.

Ya estaba cansada de lidiar con ello. Sobre todo después de perder a Sasha.

Ni siquiera tuvo la maldita decencia de darle el pésame o estar con ella cuando más lo necesito… a este punto, ya ni siquiera sabía sí quería seguir viéndolo. Suficiente mierda tuvo después del homenaje de Erwin para todavía lidiar con él durante las misiones, sin embargo, ante todo era un soldado y cumpliría con su deber, aunque vaya en contra de sus propios de deseos si eso le da sentido a todas las muertes de sus compañeros.

Limpió los rastros de corazón roto de su rostro, envolvió nuevamente la bufanda en su cuello para darse seguridad -además sabía cuánto odiaba Levi esa prenda- y se encaminó en dirección de la oficina de la comandante.

Se acomodó la bufanda en el transcurso; más que por comodidad, era la fuerza de la costumbre la que provocaba que siguiera portando el uniforme aun sin el equipo.

Las renovaciones del nuevo cuartel destacaban debido a los soldados que corrían de un lado y la variedad de razas que transitaban en los pasillos.

El plan fallido dolía a cada paso.

A penas habían pasado tres días desde que volvieron de Mare. Aún con la ceremonia que realizaron a los caídos, eso jamás le devolvería a su mejor amiga. Podía notar cada vez más la tristeza enmarcada en el rostro de Connie, Jean y Armin y jamás olvidaría cuando Historia rompió a llorar luego de darle la noticia.

La puerta de caoba estaba frente a ella, alcanzaba a escuchar una serie de murmullos saliendo del interior. Cerró los ojos, intentando mantener sus sentimientos a raya. Tocó tres veces la puerta. El silencio se propagó como un virus, por un segundo se cuestionó si de verdad Hanji estaba ahí.

—Adelante, Mikasa. —Verlo no la sorprendió, ya sabía a qué se enfrentaba gracias a Armin, empero, no esperaba ver ahí también a Yellena y Zeke. Ingresó a paso firme, sin siquiera mirarlo y cerrando la puerta tras de sí—. ¿Sabes por qué estás aquí? —Cuestionó Hanji desde su lugar detrás del escritorio.

—No, señor —contestó en el tono monótono que solía emplear para acatar órdenes. Escuchó el bufido de Levi.

—Estamos en confianza, Mikasa. No hay problema si omites las formalidades por un momento —aclaró. La aludida asintió, todavía incomoda por la presencia de los desconocidos—. Toma asiento —ofreció una de las sillas frente a ella. Observó con apatía el lugar a un lado de Levi.

—Prefiero mantenerme de pie.

—Como gustes —cedió al darse cuenta que de nada servía forzarla con una indicación tan simple—. Sabemos que el tiempo desde que regresamos a la Isla ha sido relativamente corto; todos hemos sufrido pérdidas y para honrar a los muertos tenemos que seguir adelante. Así que lamento pedirte esto, pero es necesario que vuelvas a tus tareas habituales de soldado.

Las palabras de Hanji salieron en tono calmado, incluso empático y manteniendo la contundencia de una orden implícita. Podía ver en sus ojos la certeza de sus palabras; ellos no se habían detenido cuando el Comandante Smith murió y le estaban pidiendo exactamente lo mismo.

¿Era capaz de hacerlo?

Todavía se recriminaba por estar alejada de Sasha en sus últimos minutos; por no abrazarla y agradecerle todo lo que había hecho por ella.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que había tenido ese sentimiento de impotencia y frustración?

Frunció los labios antes de emitir alguna palabra. La chica patata le daría un buen golpe para que reaccionara y la dejase de usar como excusa para evadir su trabajo… y a Levi.

—Déjalo ya, Hanji. —Apretó sus dientes con fuerza, cerrando los ojos cuando lo escuchó hablar—. Es obvio que sigue siendo una mocosa estúpida incapaz de separar sus sentimientos del deber.

—Al menos no intento sacar a los muertos de sus tumbas —argumentó mordazmente. Dándole donde más le dolía a Levi… y a ella, porque maldición, esa imagen jamás se borraría de su memoria, sin embargo, no permitiría que nadie, menos él, desvalorice su sentir.

—Mira, mocosa, sigo siendo tu superior —debatió, poniéndose de pie para encararla… tanto como podía con casi veinte centímetros de diferencia. Mikasa bendijo la hora en que heredó la altura de su padre, le daba cierta confianza cuando tenía que enfrentarse a Levi.

—¿Y la cordialidad respecto a la intimidad? —contradijo, usando las palabras de la comandante.

Hanji se puso de pie, golpeando con sus manos el escritorio para llamar la atención de los presentes y esperando que dejaran su disputa de amantes para otro momento.

—Levi, toma asiento y guarda silencio —ordenó, haciendo pleno uso de su autoridad. Podía esperar una actitud así de Mikasa debido a su juventud, pero no de Levi, ya tendría tiempo para hablar con él.

—Tch. —Conocía demasiado bien al Ackerman mayor para saber que mantenía atrapado un insulto y que se contenía por dos razones; el respeto que tenía por su posición como Comandante y la presencia de sus aliados.

—Es imprescindible, Mikasa, que vuelva a tus labores lo antes posible —se dirigió a la más joven. Suavizó su semblante, saliendo de su lugar hasta acercarse a ella—. Ante el caos ocasionado por Eren, tenemos que centrarnos en nuestra defensiva mientras los tratados diplomáticos inician. Así que acepto tu petición de ser guardiana de Zeke Jeager.

Un mutismo colectivo invadió la habitación.

Levi frunció el ceño tan fuerte, que sus facciones empezaban a perder humanidad, por otro lado, los aliados procesaban la información y Mikasa intentaba encarecidamente recordar el momento en el cual se ofreció para tal acción.

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—Es necesario determinar un guardián para el momento en que Zeke Jeager arribe a la Isla.

—No —advirtió la extranjera. Hanji la observó por unos minutos; su altura de casi dos metros imponía autoridad, aunque le faltaba más liderazgo—. El Jefe de guerra estará bajo mi protección.

—Entendemos su postura, Sargento Kruger —concilio la comandante—; pero consideramos que ninguna medida preventiva es extrema. Un soldado capacitado que cuente con la fuerza y determinación para este puesto es imprescindible para ambos lados.

—No —repitió Yellena, siendo inflexible—; he escuchado la historia del Jefe de Guerra y el soldado Ackerman; tener a otro militar suyo, cerca del Jefe implicaría un gran peligro y posible atentado contra su vida. La respuesta sigue siendo negativa. Ningún soldado es comparable a un Ackerman, así que la propuesta es rechazada.

Mikasa había dejado de pensar. Se cuestionaba porque seguía yendo a las juntas que Hanji organizaba; ahí debería de estar Armin o Jean, no ella. Incluso Levi era una mejor opción, no obstante, la comandante la seguía solicitando para evitar el aumento de tensión al mencionar a Zeke. A diferencia de los demás soldados, ella carecía de resentimiento por quien resultaba ser el hermano mayor de Eren; sí, habían perdido a casi toda la Legión, pero sus compañeros, su familia seguía con ella y no podía más que agradecer aquello.

Así que con el tiempo, Hanji determinó que ella era mejor opción para acompañarla a las juntas, aunque la mayor parte del tiempo se limitaba a escuchar y asentir cuando era necesario, sin embargo, las palabras de esa mujer le calaron en su fuero más interno.

¿Qué nadie más tenía una fuerza comparable a la de Levi?

Por favor, había entrenado día y noche después de que ese pequeño bastardo la empujara lejos de él en medio de la noche, cuando el cielo desataba su ira en la tierra y él se aferraba a montones de tierra mojada. Con lo que odiaba la suciedad, para terminar en medio del lodo, intentando…

Sintió la ira quemar en sus venas, como el combustible al contacto con el calor.

—Otro Ackerman —fueron las palabras que emergieron de sus labios—; sólo otro Ackerman es comparable a la fuerza de uno. Comandante Zoe, pido permiso para ser el guardián de Zeke cuando este llegue a la Isla. Si la desconfianza de la sargento Kruger radica en que Levi pueda dañarlo, le aseguro que no permitiré que eso suceda. Si su temor es que atente contra la vida del Jefe de Guerra, permítame infórmale que tengo gran aprecio por Eren y confianza en él. Sí él consideró que su hermano es un buen aliado, seguiré sus decisiones.

—¿Cuál es su nombre, soldado? —Cuestionó la extranjera, visiblemente interesada por sus palabras.

—Capitana Mikasa Ackerman —respondió sin titubeos manteniendo su postura rígida e inmutable.

—Tienes facciones que no pertenecen a los erdianos.

—Mi madre era parte del clan oriental —aclaró—. Mi padre era un Ackerman.

—Una mestiza, ¿eh? —Yellena pareció meditar su respuesta.

—No es necesario, Mikasa —intervino la comandante—; El señor Jeager estará bajo mi propia supervisión para evitar cualquier percance.

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Ah, sí. Fue en aquel momento, cuando todavía sentía la herida abierta.

Se forzó a pensar que lo hacía porque la frustraba que la consideraran inferior a Levi, cuando entrenó codo a codo con él por más de dos años y después mantuvo una rutina intensiva para demostrarle que lo podía igualar y superar.

Por supuesto que la idea de mantenerse cerca de la persona que provocó indirectamente la muerte del comandante Smith, para desear desquitarse lentamente de su ex compañero, no era una razón válida.

Vale, que ya era bastante mayor para darse cuenta que lo único que quería era provocar la ira y el dolor de Levi, como él lo hizo durante esa noche.

—¡Este no era el trato, Zoe! —Gritó Yellena, exaltada después de colocarse de pie—. ¡Usted aseguró que sería la responsable de Zeke!

—¿De qué mierda va esto, Hanji? —Confrontó Levi, frunciendo el ceño y manteniendo a raya su ira. Lo último que necesitaba era que la mocosa idiota estuviera pegada todo el día a otro Jeager, con lo que le costó lograr que se emancipara de Eren.

—Silencio —ordenó nuevamente—. He hablado antes con el señor Jeager y está de acuerdo. Más que vigilancia, Mikasa será la garantía de que ningún soldado —lanzó una inquisidora mirada a Levi, advirtiéndole implícitamente que estas medidas eran por su culpa— se acercara lo suficiente a él para tratar de matarlo. Es un aliado fundamental y reconozco su importancia en nuestros planes. Además de que estaré involucrada en los tratados diplomáticos, por lo tanto, no puedo cumplir con mi palabra y me disculpo por ello.

El ambiente se podía cortar con un cuchillo. Por un lado, Mikasa seguía de pie, intentando procesar toda la información.

¿Era capaz de mantener a Zeke a salvo? Ja. Ni siquiera lo dudaba, empero, después de las bajas en Mare, sabía que sería una tarea más compleja.

Y por otro lado… la mirada abrazadora de Levi le advertía que si aceptaba, se vería en serios aprietos con él. Cuidar a la persona causante de la muerte de su persona especial.

Maldita genética Ackerman que los ataba a otro simple mortal, provocando que lo siguieran ciegamente.

Contempló unos segundos a Zeke, que se mantenían inmutable en su lugar, siendo omiso del caos de la oficina y centrándose en la taza en sus manos. Al sentirse observado, levantó la mirada hasta que sus ojos chocaron. Le sonrió cansadamente y sus facciones parecían disculparse por la incómoda posición en la que se encontraban, devolvió la atención a su taza.

Yellena era otro tema; maldición, que la altura y actitud de esa mujer imponía casi tanto como su carácter determinado.

Por último, observó a Hanji; la mujer que había velado por ellos, que los protegió, instruyó y que intentó darle palabras de aliento cuando perdió a su mejor amiga, días atrás. Respiró profundamente. Ya no importaban sus deseos.

—Lo haré, Comandante —aseguró, para disgusto de Yellena y Levi; que se jodan ambos. El segundo sobre todo, después de haberla mandado a la mierda sin medir el impacto de sus palabras.

—Dicho esto —prosiguió Hanji, más calmada—; a partir de este momento, la capitana Ackerman será la acompañante de Zeke Jeager durante su estancia en la Isla. Ambos podrán andar con libertad dentro de las instalaciones, y fuera de las mismas con un permiso cedido por mi persona o directamente de la Reina, para evitar malentendidos.

El gruñido se perdía entre sus dueños. La diferencia de alturas entre Yellena y Levi era abrumador, aunque a ellos poco les importaba. Estaban más enfocados en evitar que ese par pasara tiempo juntos; como si previnieran una catástrofe mayor.

—¿Me puedo retirar, comandante? —cuestionó Mikasa, contrariada por la situación. Desconocía el tiempo que tardaría Levi en saltarle a la yugular.

—En ese caso —intervino Zeke, dejando la taza que sostenía y el periódico que leí, para ponerse de pie—; fue un placer conversar con ustedes. Me iré con la señorita Ackerman.

Escuchar el apelativo tuvo un efecto peculiar en Mikasa; pocas veces se habían referido a ella de esa forma. La hacía parecer frágil, que es todo lo opuesto a la realidad.

—¿Irá a visitar a las fallas de cálculo? —Mikasa conocía demasiado bien a Hanji para saber que trataba de ocultar un dolor latente detrás de una burda broma. Zeke soltó una risa tan ligera, que extrañamente no le desagradó.

—Así es, mi estimada comandante. No es que dude de sus hombres, pero quiero comprobar que estén bien, pese a lo sucedido, siguen siendo niños. El pequeño Grice es hermano de quién sería mi sucesor y la niña es prima de Reiner Braun.

—¿Todavía tiene esperanzas de hacerlos cambiar de parecer, señor? —Inquirió Yellena, con duda—. Los niños todavía lo consideran un traidor a la patria.

—Falco no —negó con una vaga sonrisa, como si recordara un hecho importante—; es la pequeña Gabi quien más necesita entender la situación. Nos veremos más tarde. Yellena, comandante —se despidió con una breve reverencia, antes de caminar hasta donde se encontraba Mikasa—; Sargento.

—Ahórrate las formalidades, barbón —advirtió Levi. Zeke igual mantuvo la diminuta sonrisa irónica.

—¿Nos vamos, señorita? —Mikasa frunció el ceño cuando el hombre le ofreció el brazo. Se limitó a asentir.

—Me retiro —avisó, siguiendo el protocolo militar y dando un saludo a sus superiores. Dio media vuelta y se dirigió a la puerta, sentía la presencia del mayor de los Jeager muy de cerca.

Aunque en su posición, no podía ver como la mano de Zeke se colocaba tan cerca de espalda sin llegar a tocarla, aparentando que la guiaba. Levi estuvo a punto de irse a golpes al idiota que osaba tocarla, hasta que Hanji lo detuvo, presionando una mano en su hombro y dándole una sutil negativa.

Había perdido su oportunidad hace tiempo. Y sus sentimientos, por más que insistía en sofocarlos, seguían ardiendo hasta incinerar su cordura.

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Habría dado lo que fuese, por tener un camino silencioso hasta las celdas; un transcurso sin tener que escuchar cuchicheos o ser víctima de señalamientos. Ya era suficiente con atraer la atención debido a ser de las pocas orientales en la Isla, como para tener que tolerar ser señalada como traidora por cuidar de Zeke.

—Gracias —la palabra fue emitida con parsimonia—; de no haberte ofrecido, la situación sería más complicada.

—No lo he hecho por ti —argumentó, sin girarse. Ahora, sus razones parecían más viles y mundanas. Definitivamente su mejor amiga, esa chica que se había vuelto su familia le daría más de un coscorrón para hacerla reaccionar. Y era ese el verdadero momento que más le genera conflicto. Sería la segunda vez que estaría frente a frente con la asesina de Sasha.

—¿Es por Levi? —se atrevió a ahondar. Mikasa se detuvo abruptamente.

—Con todo respeto Jefe Jeager, eso no le incumbe —inquirió, retomando el paso con mayor velocidad.

—Eren me contó que debido al enfrentamiento en Shiganshina murieron muchos soldados.

—Casi extermina a la Legión —corrigió, presionando la mandíbula, recordando ese maldito día. Cuando salvaron y condenaron a Armin sin saberlo.

—Entre esos soldados, estaba el guía de Levi —continuo, omitiendo la interrupción de la chica—; en Mare éramos plenamente conscientes del vínculo e implicaciones que tiene los Ackerman. No ha sido necesario que Eren me dijera lo que significa para ti.

—Eren es mi familia —respondió tajantemente—. Él me salvó, me enseñó a pelear, además de darme un hogar.

—Es un cariño muy particular —señaló el mayor—; sería interesante ahondar en el vínculo de otros Ackerman. ¿Sabes si tu padre lo desarrolló por tu madre?

—Basta —La cordura de Mikasa se veía en lo último y necesitaba detenerlo. Tener tantos recuerdos frescos la lastimaban—. Es tarde. Si insiste en continuar esta discusión, tendrá que ser por la mañana.

Las luces al final del camino y gritos desgarradores, los alertaron.

—Esto es inusual —dedujo Zeke—. Gabi nunca había gritado de esta forma —El aullido de otro niño se unió, seguido de maldiciones y advertencias. Intercambiaron una mirada antes de echarse a correr para llegar a la puerta que encontraron cerrada.

—Esto está mal. —Y el mal presentimiento se extendió cuando los gritos se volvieron súplicas. Mikasa hizo una seña, para que Zeke se alejaba al mismo tiempo que ella le daba una patada al picaporte de la puerta, rompiéndolo. Se apresuró a empujar la puerta e ingresar a las celdas.

La sangre ardió por sus venas al notar la celda de la niña abierta y al maldito guardia dentro, abusando su autoridad al intentar forzar a la pequeña. Volvió a ver todo en blanco y negro. Fríos y crueles recuerdos volvieron, abrumadores y paralizantes; ella siendo secuestrada y un hombre desagradable cerniéndose sobre ella.

Atravesó en menos de un segundo el lugar, ignoró a Zeke, los gritos del niño y se enfocó en el mal nacido que había logrado rasgar el vestido de la niña y someterla debajo de su cuerpo.

Con un movimiento muy propio de Levi, le dio una patada que lo mandó a volar al otro lado de la celda.

—¿Qué diablos...? —lo escuchó murmurar cuando se llevó una mano a la cabeza y vio un hilito de sangre. Levantó la vista, encontrándose con un par de iris grises que se habían oscurecido tanto como la noche; la expresión de Mikasa era vacía, inquisidora y emanaba una bestialidad propia del Sargento Ackerman.

—Braun —habló dirigiéndose a la niña, sin despegar la vista del guardia—. Ve con Zeke y no hagas ninguna idiotez —advirtió, dándole una rápida mirada para que se pusiera de pie. La pequeña todavía seguía aturdida. Apenas unos segundos antes su mundo se había terminado de derrumbar. Ante el mutismo, actuó—. Dame las llaves de la otra celda —ordenó al guardia que todavía la observaba con miedo—. Ahora. —El tintineo y un manojo de llaves llegó a sus manos—. Libera al niño para que pueda llevársela —pidió a Zeke, quien se había mantenido al margen.

Unos minutos después, Falco se apresuró hasta Gabi, abrazándola y susurrando palabras de consuelo, la ayudó a ponerse de pie para alejarse de ese lugar.

—Gracias. —La mirada llena de inocencia que le ofreció el niño, le recordó la propia que perdió el día que sus padres murieron.

—Acompáñalos, Zeke —pidió cuando los niños salieron de su visión periférica.

—No puedes quedarte sola.

Mikasa quiso echarse a reír.

¿No podía?

—Ve con ellos —Sus palabras no permitían réplica alguna—. Braun está conmocionada y no quiero más percances si los ven vagando solos. Tendré que hablar seriamente con los soldados después. —Esto último, lo murmuró para sí misma. Escuchó los pasos alejarse y sacó un cuchillo que escondía en su bota.

—¡¿Por qué mierda me ha detenido?! ¡¿Qué acaso esa mocosa no ha asesinado a Sasha?! ¡¿Ha olvidado que Braus fue su camarada?! —Mikasa medito sus acciones, devolviendo el arma a su lugar. Caminó con determinación hasta donde yacía el soldado en un estado de histeria total.

—Ni siquiera tiene derecho de pronunciar el nombre de Sasha —advirtió, colocándose a la altura del soldado. Lo reconoció como uno de los captores de los niños; aquellos que no dudaron ni un segundo en molerlos a golpes por el calor del momento—. ¿Abusar de una niña va a devolverla a la vida? No —el dolor impregnaba su voz—. Así que no me vengas con excusas baratas para justificar la cobardía y perversión que hay en tu interior. La comandante Zoe tendrá conocimiento de este aberrante hecho.

—¡Mis camaradas me verán como un héroe! —Contradijo, en un arranque de valentía—. ¡El imperio Erdiano volverá a ver su gloria y esos mocosos tendrán que pagar por las bajas causadas!

—Tendrás un castigo adecuado —advirtió manteniendo a raya la ira e ignorando el discurso que comenzaba a volverse viral entre las tropas—; me aseguraré de que esto se propague como pólvora por toda la isla.

—¡Tú solo eres una maldita perra que se acostaba con el sargento para subir de puesto! —Mikasa arqueó las cejas, visiblemente sorprendida. Había pensado en ser condescendiente con el soldado para limitarse al castigo que le daría Hanji, pero las palabras de Eren se filtraron en sus pensamientos tan sigilosamente que tardo en darse cuenta, que era su voz quien las recitaba.

—Malditos cerdos disfrazados de humanos. Deben ser exterminados —murmuró, acercándose tanto al rostro del soldado. El nombre seguía latente en su cabeza, pero prefería ignorarlo; los monstruos no tenían nombre.

La adrenalina posterior al primer golpe fue lo que necesito para sentir viva otra vez. Puñetazo, patada, puñetazo, patada, patada. La secuencia se perdió después de ver la sangre emanar de la boca del cerdo que tenía frente a ella. La ira se desató. Toda esa furia contenida por el rechazo tan cruel de Levi, por los planes idiotas de Eres y la muerte de Sasha; salió traducido como impactos que drenaban su malestar.

Obvió las súplicas, disculpas y maldiciones. Ese saco de estiércol no tenía derecho de piedad. El tiempo parecía desconocido para ella. Ni siquiera escuchó los pasos apresurados ni los gritos de sus compañeros.

Dos fuertes brazos aprisionaron los suyos por detrás. Luchó contra ellos. Tenía, debía eliminar esa escoria que se hacía llamar humano.

—¡Mikasa! —La fuerza aumentó y con ella, sus forcejeos—. ¡Detente, maldición! —Siguió pateando, luchando por liberarse. Tenía un trabajo que terminar—. ¡Los niños están bien! —Insistió su captor—. ¡Detente! —Pero ella no podía. La fuerza empleada comenzó a lastimarla cuando el subidón de adrenalina comenzó a disminuir—. ¡Lo mataras! —Eso era lo que deseaba, sin embargo, ¿por qué se sentía tan agotada?

El filtro bicolor que nubló su juicio se fue disipando y un escenario carmesí se abrió paso. Soldados se apresuraron a auxiliar a su compañero caído, de vez en cuando, le lanzaban una mirada mordaz y mal intencionada a Mikasa.

—Sigue respirando. —Con esa respuesta, el agarre en los brazos de la capitana disminuyó y frustrantes lágrimas luchaban por escapar de sus ojos.

—Llévate a Mikasa de aquí. —La realidad la agobio repentinamente; los colores resultaban ser demasiados brillantes y…

—Es hora de irnos. —Hasta ese momento reconoció la voz de Zeke, que resultaba cálida y calmada en su oído. El tono que empleó, era el mismo que usaba Sasha cuando quería calmar a un animal salvaje.

Y el frustrante pensamiento de creer que ÉL, de todas las personas, estaría ahí. Claro, Levi era demasiado bajo para contenerla de esa forma.

La idea la asqueó y enfadó a partes iguales; ese maldito enano saldría de su piel y corazón, aunque dejase la vida en ello.

Finalmente, los brazos de Zeke la liberaron completamente, para guiarla a través de los pasillos del cuartel. A Jeager todavía le costaba aprender a donde llegaba cada giro, un paso en falso era un privilegio que no podía permitirse, al menos conocía el camino a su habitación.

Notó que Mikasa actuaba de forma automática. Ya ni siquiera emitía palabras, por un momento dudó que respirara.

Por el alboroto causado, se encontró con Yellena y Levi, que parecían no creer lo que veían sus ojos; como si su mayor temor se cumpliese antes de lo esperado. Los ignoró, guiando a Mikasa, que parecía más una muñeca que una humana.

"Mikasa… no sé cómo era ella antes de rescatarla, pero, después de ese día, la vida abandonó sus ojos, o así había sido por un largo tiempo, hasta que los demás se volvieron parte de nuestra rota familia".

Las palabras de Eren resonaron en su interior. En su momento, Zeke prefirió no ahondar respecto a la situación de cómo su hermano rescató a la Ackerman, ahora se arrepentía por desconocer esos detalles.

—¿Está bien? —La voz apenas fue audible. Zeke suspiró más tranquilo.

—¿Te refieres a Gabi? —Cuestionó, ganándose un asentimiento—. Solo tiene la ropa rasgada. Parece que llegamos a tiempo. Se encuentra asustada, Falco sigue con ella, intentando calmarla. Es una niña fuerte, se recuperará.

—No lo hará —contradijo, todavía pérdida en sus recuerdos—; aprendes a vivir con la ira y el dolor que conlleva darte cuenta que eres incapaz de protegerte. Y luchas, entrenas y aprendes a sobrevivir para evitar otra situación así.

Zeke Jeager se cuestionó si Eren había llegado a tiempo para salvarla, no solo del secuestro, porque su voz estaba impregnada de cientos de sentimientos que por fin, podían ver la luz del sol.

Se detuvieron frente a la puerta, Zeke sacó una llave de su bolsillo y al abrió, indicándole a Mikasa que entrara. La chica se encontraba aturdida, sí, pero tampoco sentía la confianza para ingresar a la habitación.

—Si regresas, tendrás que responder preguntas que solo te alteraran más. Espera un poco y bebe una taza de té conmigo —sugirió, adentrándose y encendiendo unas cuantas lámparas.

Serán unos minutos, se prometió Mikasa.

La habitación, a diferencia de la barraca que compartió con Sasha, mantenía un aspecto más austero. Apenas tenía un par de días viviendo ahí, se recordó. Caminó al interior, notando que había un sofá y un escritorio además de la cama. Le estaban concediendo demasiados privilegios.

Eligió sentarse en el sofá, situación que sus músculos agradecieron por la tensión que habían acumulado. La escasa iluminación ejemplificaba un juego de sombras que la remontó a su infancia.

Se sumergió tanto en los recuerdos, que se sobresaltó cuando Zeke ocupó un lugar junto a ella.

—Aquí tienes —ofreció. Mikasa frunció el ceño al sentir la calidez de la taza—. Es una pequeña estufa que Yellena me cedió. Tiene su propio núcleo y centro de combustión —explicó. Al notar que la chica no le ponía atención, prefirió guardar silencio.

—No creo que mi padre fuera consciente del poder de los Ackerman —susurró, centrada en su taza—. He hablado con Levi al respecto. Él también sintió el despertar cuando era un niño.

Y se cuestionó, ¿por qué le daba información tan íntima a una persona que perteneció por años al bando enemigo? ¿Por qué compartía una taza de té con el responsable directo del casi exterminio de la Legión de reconocimiento?

Tantos por qué retumbaban en su interior, minando sus cimientos.

Se hartó de sus propias excusas y justificaciones; necesitaba ser escuchada y escupir todo aquello que la carcomía.

Aunque Zeke Jeager no fuese la mejor opción.

—Supongo que conoces la historia de Grisha —comentó el rubio, tras beber de su taza—. Eren me habló de los diarios y su contenido —ahora él quien parecía vagar en el pasado—. Grisha no fue un gran padre para mí —confesó—. Para Eren lo fue la mayor parte del tiempo, hasta que lo condenó con el poder titán. La vida está llena de errores y malas decisiones; quede al cuidado de mis abuelos después de que Grisha y Dina se fueran.

—¿Por qué lo hiciste? —Después de leer el diario de Grisha, esa duda se mantenía en su interior.

—Ellos no fueron verdaderos padres; se interesaron en mi hasta que se dieron cuenta que les podría ser de utilidad. El padre de una amiga me explicó que si no los delataba, moriríamos todos, incluidos mis abuelos. Entenderás que era una decisión complicada para un niño; tarde demasiado en darme cuenta del peso de mis acciones. Después de ser condenados, este soldado que me incitó a delatar a mis propios padres murió junto a la flota que viajo a Paradise.

Mikasa se mantenía en silencio, escuchando atentamente cada palabra; no porque le interesara, empero le permitía apartar esas telarañas que solían envolverla en la confusión.

Dejando de lado los bandos, la historia detrás de cada uno, Zeke Jeager no era tan mala persona como creía.

Mala persona.

Por esa noche se permitió entender a ese hombre que resultaba ser el hermano mayor de su mejor amigo, notó sus facciones cansadas, sus ojos llenos de culpas y la dureza en sus manos; tenía la misma expresión de un hombre que además de viajar al infierno, realizó un trato con el mismo demonio.

Y quizá no distaba de la realidad.

¿Cuántas veces había visto el infierno al ver a sus compañeros siendo devorados por titanes? ¿Cuántas veces había tenido que jugar el todo o nada?

Al conocer a Levi, creyó que nadie más sería capaz de comprenderla de la misma forma, sin embargo ese desconocido la escuchó con atención y ahora hablaba de sus propios demonios para demostrarle que él también era humano.

¿Cuánto tiempo tardo para poder ver esa humanidad en Levi?

—¿Por qué? —La frase salió tan sigilosa, que dudó haberla pronunciado en voz alto—. ¿Por qué estamos condenados a recrear un infierno?

Zeke guardó silencio, meditando la pregunta. Se quitó los anteojos, en un vano intento de disminuir el cansancio.

—No lo sé —la honestidad parecía demasiado abrumadora—. La humanidad por sí misma es un mero error. Una especie diseñada para destruirse a sí misma. —La madurez y realismo en sus palabras avivaron un recuerdo fugaz—. Supongo que no te cuento nada nuevo, ¿verdad, Mikasa?

Era cierto, ¿no?

Era la ley del más fuerte y adaptado, por eso los Ackerman estaban malditos a ver morir a los demás, era el precio a pagar por un cuerpo con mayor resistencia que el promedio; más letales.

¿Por qué sentía un cosquilleo? ¿Por qué sus manos temblaban? ¿Por qué se había instalado un nudo en su garganta?

Presionó con fuerza sus manos.

Aborrecía ser incapaz de controlar sus respuestas fisiológicas. Cerró los ojos, contando lentamente hasta diez, de la misma forma en que Sasha le enseñó, se enfocó en mantener el ritmo calmado de su respiración.

La aspereza de una mano tocó con una delicadez abrumadora su mejilla, un suave roce en sus labios provoco que abriera los ojos, alarmada.

Zeke Jeager la estaba besando.

El roce era calmado, apenas un toque tímido incongruente con el hombre que lo proporcionaba. Ella se mantenía estática y sus ojos volvieron a la oscuridad.

¿Por qué mierda empezó a corresponder a un ritmo desconocido?

Las caricias se tornaron paulatinamente más intensas. Lo supo cuando la punta de una lengua tocó su labio inferior. Soltó la taza vacía para enredar los brazos en el cuello del otro, para atraerlo más y eliminar la distancia.

La mano que antes estaba en su mejilla, viajo hasta su cuello para acariciarlo, mientras que la otra se aferró a su cintura cuando entreabrió los labios.

Una mordida coqueta en su labio superior alertó cada terminación nerviosa en su cuerpo. El toque quemaba, la respiración se tornó erradica y la lucha por una dominación implícita empezó cuando sus lenguas chocaron.

Tan ensimismados se encontraban… no. Ellos eligieron ignorar los aberrantes golpes en la puerta, hasta que está fue abierta de una pata, provocando se separaran de golpe. Mikasa se sintió como esas adolescentes que escuchaba a veces en las ciudades, esas chicas que tenían como única preocupación que sus padres no las encontraran en situaciones comprometedoras con sus novios.

Hanji, Levi y Yellena estaban inmóviles en el marco de la puerta, hasta que Hanji soltó un silbido. La expresión de los dos últimos prometía regresar el infierno a la tierra. La primera en ingresar a la habitación fue la comandante.

—Tenemos que hablar —comentó, cerrando de golpe la puerta tras de sí, dejando fuera de la habitación –y conversación- a Yellena y Levi. Sonrió empática, como si entendiera el secreto que tendría que guardar y ser cómplice—. Y no necesito de ese par discutiendo —comentó, señalando la puerta—. Así que, ¿disfrutaron del primer beso? —Cuestionó, tomando una silla para arrastrarla y quedar frente a ellos—. Tengan cuidado con eso, que después del primero, algunos besos se vuelven adictivos. Tu mejor que nadie debe de entender eso, Mikasa.

La expresión herida, disfrazada de molestia en los ojos de Levi, le confirmaban las palabras de su superior.

Algunos besos son drogas que intoxican, queman y lastiman hasta herirte de gravedad sin llegar a matarte, aun cuando es lo que más deseas.

¿El beso de Zeke era de esos? Se preguntó Mikasa al tocarse los labios hinchados, percibiendo la pequeña corriente eléctrica que hacía vibrar sus sentidos.

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Sobre este capítulo, solo quiero aclarar y que tengan en cuenta que Mikasa se encuentra en un vaivén emocional frente a la perdida de su mejor amiga y sin nadie que sea su soporte.

Le comentaba a Sasha que tenía una idea muy clara de lo que quiero abordar con cada situación del reto, porque, no inventen, ¡es una grandiosa oportunidad!

Como comente en el capítulo anterior, intento centrarme completamente en el Zekasa, sin embargo, la vena rivamika me termina traicionando, dando resultados como este. ¡Y no me arrepiento de nada!

Ojala les haya gustado esta pareja con peculiar y se queden con ganas de seguir leyendo los siguientes capítulos.

¡Hasta la próxima!