Capítulo 2: El misterio de la guardiana de las cartas Legendarias de Clow. El sufrimiento de Abel
Sakura estaba en un extraño lugar, pero no dejaba de verse familiar para ella. Sentía que ya había estado allí antes, y cuando se incorporó del suelo, entendió que se encontraba en la dimensión en donde una vez luchó con la antigua enemiga de Clow, la poderosa hechicera Mahoushi, cuyos poderes se especializaban em el control de agua, y la adivinación a través de ella. Pero si eso había sido durante su primer viaje a Hong Kong hace más de 5 años, entonces... ¿qué estaba haciendo allí?
Dos hermosas aves sobrevolaban por encima de su cabeza. Cuando levantó la vista hacia ellas, las miró extrañada, y de repente, se hundió en el agua, pero no se ahogaba. Había una enorme criatura que la estaba esperando, pero no podía distinguirla bien, ya que tan solo podía ver su silueta, la cual tenía semejanza a la de un felino de figura estilizada, como si se tratara de un guepardo, solo que alado. Nadaba de un lado al otro rapidamente, y luego alrededor de Sakura. Ella no podía seguir los movimientos del animal, y surgió un torbellino por la velocidad que la criatura había tomado. Sakura fue arrastrada por la corriente y comenzó a perder la conciencia...
- ¡Sakura! ¡Sakura! - era la voz de Shaoran la que Sakura oyó cuando abrió los ojos y se encontró en la calle, en donde todo había comenzado.
- ¿Se encuentra usted bien? - preguntó Abel, desde una prudente distancia. Kero estaba junto a él, y los dos en sus formas originales.
- Si - dijo Sakura. Shaoran la estaba sosteniendo y ella estaba sentada en el suelo, por lo que se puso de pie.
- ¿Qué fue lo que te sucedió? - preguntó Kerberos.
- Yo... no lo recuerdo - respondió ella. - Estaba caminando y luego perdí el conocimiento -
- Lo mejor será que descanse por ahora, ama - intervino Abel.
- Él tiene razón. Ven, sube - dijo el otro guardián. Shaoran la ayudó a subirse al lomo de Kero - Tu casa queda más cerca, podríamos llevarla allí. De día no me pueden ver así - le dijo a Shaoran.
- Tienes razón. Vámonos - dijo Abel rápidamente, antes de que Shaoran pudiese contestar, y se ofreció a llevarlo. Al emprender el vuelo, la criatura volvió la vista hacia atrás. Le había dado la impresión de que alguien los estaba observando, pero cuando miró, no había nadie.
Mientras todos se marchaban, una niña, la que Sakura había visto, estaba parada sobre un poste de luz. Dos pequeñas aves volaban a su alrededor. Ella sostenía a un pequeño gatito alado con manchas. Acariciaba suavemente al animal dormido en sus brazos.
- Si, Abel ya lo sabe, pero no dirá nada que no le convenga - se dijo la niña, con una voz que no le pertenecía, como si en realidad hablase una mujer adulta.
En la puerta de la casa de Shaoran estaban Eriol y Tomoyo. Al ver a Sakura tan débil, Tomoyo corrió hacia ella.
- ¿¡Qué te ha ocurrido!? - preguntó ella, preocupadísima.
- Estábamos en mi casa, cuando de la nada sentí una presencia mágica desconocida, y vinimos aquí, pero la presencia desapareció - dijo Eriol.
- Estoy bien - dijo Sakura, desmontándose tanto ella como Shaoran, y los guardianes volvieron a sus falsas identidades.
- Vamos adentro - propuso Shaoran.
Una vez que todos estuvieron allí, Sakura se recostó sobre el sofá. Los demás arrimaron sillones y sillas, y se sentaron a su alrededor.
- Ya veo - dijo Eriol, cuando Sakura terminó de contarle lo que le sucedió. - Es muy extraño todo esto... Sakura se desmaya en la calle y no recuerda nada de lo que pasó, se siente una presencia mágica muy fuerte que luego desaparece...
- Y eso no es todo - agregó Kero, haciendo que todos volteen para observarlo. - Abel estaba muy extraño -
- Cuando viniste hasta aquí, me dijiste que Abel había dicho que iba a rescatar a Sakura, y que te pidió que buscaras ayuda. Sin embargo, cuando los dos llegamos hasta donde se sentía la presencia de Sakura, ella estaba sola - dijo Shaoran.
- Entonces Abel... - dijo Sakura, para hablar con el ser que estaba a su lado. - ¿A donde fuiste en todo ese tiempo? -
- Estuve buscando a Artemisa - respondió el pequeño león blanco.
- ¿Artemisa? - preguntó Sakura.
- Sin embargo, Abel, tu prioridad es proteger a tu dueña. ¿Por qué no fuiste con Sakura? - dijo Eriol, muy serio.
- Con todo el respecto que se merece por ser la reencarnación de mi creador, el mago Clow Reed, sólo le diré esto: Si hay algo que mi creador me ha enseñado a sido "siempre sigue lo que dicte tú corazón". Como todos ustedes saben, soy vidente, una cualidad que heredé de mi maestro, y sabía que el descendiente de Clow junto con Kerberos encontrarían a mi ama sana y salva - respondió Abel.
Sin embargo, Kero era el único en la habitación que no confiaba demasiado en las palabras de aquel guardián: "Y se dice ser él el que se sabe comportar ante su dueño. Esta conducta no es digna de un guardián, sepas o no si tu dueña está bien o no lo está", pensaba Kero. - Oye, Sakura -
- ¿Si, Kero? -
- Cuando fue la recolección de la cartas legendarias, Yue y yo pensábamos hacerte una sugerencia, pero como las cartas fueron apareciendo y la situación se resolvió tan rápido, no pudimos decirte nada -
- Bueno, dime -
- Verás... se nos había ocurrido que tal vez podrías usar la carta del Sueño para que puedas tener alguna clase de premonición -
- Es cierto. Esa es una buena idea - opinó Eriol.
- Pero Sakura... yo no creo que estés en condiciones para realizar el conjuro en este momento - expresó Shaoran, con preocupación.
- Li tiene toda la razón. Lo mejor será que descanses, ¿no te parece? - dijo Tomoyo a su amiga.
- Si... quizás sea lo mejor - dijo Sakura finalmente, y despacio, se incorporó. Shaoran se ofreció a acompañarla a la habitación que ella tenía la costumbre de utilizar. - Descuida Shaoran, puedo ir yo sola, pero me sentiré más segura si Keor y Abel se quedan conmigo -
- De acuerdo - dijo él, depositando un beso en la frente de su amada. - Descansa -
- Si - ella le sonrió, y fue despacio hasta la habitación. Tomoyo había insistido en acompañarla, y logró ir con ella.
Al oír el chasquido de la puerta al cerrarse, Eriol cambió su semblante. - Es extraño - dijo - Tengo la leve impresión de que Abel nos está ocultando algo con respecto a Artemisa -
- ¿Tu crees? - preguntó Shaoran, al mismo tiempo que volvía a sentarse. - Se le veía muy preocupado por Sakura, pero Kerberos tenía una mirada extraña también. Creo que él sentía lo que siento yo. Hay algo que no está nada bien -
- Es cierto. Sakura no es de desmayarse por que sí. Alguien debe haber usado magia con ella, ¿pero quién? -
- Al igual que tú, Eriol, yo también sentí una presencia mágica un momento antes de que Kerberos apareciera y me dijera lo que Abel le había dicho. Pero esa presencia... me resulta familiar -
- A mi me pasa lo mismo, pero espero que mis suposiciones sean falsas, puesto que estoy seguro de que aquella presencia que me pareció sentir había quedado sellada por sí misma -
- ¿Cuál presencia? - preguntó Shaoran, mirándolo a los ojos.
Eriol le devolvió la mirada. - De alguien de mi pasado como mago Clow. Una hechicera muy poderosa que se encerró a sí misma en una dimensión paralela a la nuestra-
- ¿Acaso te refieres a la hechicera Mahoushi? - interrumpió Shaoran
Eriol se sorprendió. - ¿Cómo sabes eso? El mago Clow no dejó nada escrito acerca de ella-
- Sin embargo, Sakura y yo la hemos visto años atrás - Shaoran volvió a interrumpir. Y agregó: - Cuando faltan pocos meses para que se cumpliese un año de que las cartas Clow se liberaran de su sello, en las vacaciones de verano Sakura había ganado un viaje por sorteo y fue una semana a Hong Kong, donde yo vivía con mis familiares. Nos encontramos allí, y luego de eso, tuvimos un encuentro con esa hechicera, quien había guiado a Sakura hacia Hong Kong, puesto que ella usaba la llave que tenía los poderes de Clow. Yo intenté enfrentarme con ella, pero además de mi, Meiling, el hermano de Sakura y Tsukishiro habían sido secuestrados por ella. Sakura la enfrentó y logró vencerla. Luego de eso, ella nos contó que su espíritu se había desvanecido -
- Eso significa que después de salirse de la dimensión paralela, ella pudo haber reencarnado al igual que yo -
- ¿Sería algo muy grave que ella reencarnase? -
- No para ustedes, pero tal vez para mí si - respondió Eriol.
- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó Shaoran, pero cuando Eriol estaba por responder, apareció Tomoyo.
- Sakura ya se ha dormido. Kero y Abel me dijeron que se quedarían con ella - dijo la chica.
- Bien - dijo Eriol. - Buscaré algunas pistas para ver como solucionar este problema - se levantó. - Es hora de marcharnos -
- Eriol - dijo Shaoran - No me lo vas a decir, ¿verdad? - dijo en un susurro, para que Tomoyo no lo oyera.
- No quiero preocupar a nadie, y mucho menos a Tomoyo - murmuró suavemente Eriol, a modo de respuesta.
- Si hay algo que debamos hacer, ¿nos lo dirás entonces? -
- Por supuesto - respondió.
- Bien, ya tengo nuestros abrigos - dijo Tomoyo, entrando de nuevo a la habitación. - Estoy lista para irme -
Luego de despedirse, Eriol y Tomoyo se alejaron del lugar. - Se ha hecho tarde. Creo que será mejor que vayas a tu casa esta vez - le dijo Eriol a ella.
- ¿Por qué? - preguntó ella. - ¿Acaso hay algo que tengas que hacer? -
- Investigar. Y la verdad no quiero mantenerte despierta por que yo tenga que buscar información para probar teorías de cosas que no podrían llegar a suceder -
- De acuerdo. Esta vez te dejaré trabajar tranquilo. Pero prométeme que si necesitas ayuda, me avisarás, ¿está bien? -
- Si - dijo Eriol, depositando un suave beso en los dulces labios de la muchacha. Habían llegado a la puerta de su casa.
Tomoyo no le dijo adiós inmediatamente. Le atrapó abrazándose a su cuello, y besándolo larga y suavemente en la boca. Eriol se volvía loco cuando Tomoyo lo besaba así, puesto que ella sabía lo que le provocaba a ese muchacho ese tipo de besos: luego se los correspondería, primero suavemente, y luego ambos terminarían besándose de manera tal que parecería que los dos se alimentaban uno del otro al mismo tiempo del néctar de esos labios, hasta sumirse en la desesperación de poder conseguir más. Pero se frenaron a tiempo para recobrar el aliento.
- Buenas noches - dijo Eriol, tomando una de sus manos y saludándola a la manera inglesa.
- Hasta mañana - Tomoyo suspiraba cada vez que Eriol la saludaba de esa forma. Es que se le veía tan encantador que ella no podía resistirse a sus encantos.
Mientras tanto, Shaoran había ingresado a la habitación donde estaba Sakura. No quería interrumpir su sueño acostándose en el lecho junto con ella, y sin despertarla, deslizó un colchón al lado de la cama en donde ella se había quedado dormida, y allí se recostó.
Horas más tarde, una pequeña sombra que estaba en esa misma habitación se escabulló por la ventana, volando luego rápidamente en su forma natural por el cielo nocturno. Llegó a un claro del bosque que se encuentra cerca del parque Pingüino, precisamente el mismo en donde hacía dos semanas Sakura había luchado con la carta del Odio. Allí le estaba esperando la niña que había estado observando a la maestra de cartas cuando se había desmayado aquella tarde en la calle. Esta vez, ella estaba sentada en el suelo. El gatito que dormitaba en sus brazos antes ya no estaba, pero aún así la niña no se encontraba sola: una enorme bestia semejante a un guepardo emergió de las sombras el bosque. Este animal tenía cierta semejanza a Abel cuando estaba poseído por la carta del Odio: tenía la piel rojiza y las manchas eran púrpuras con anillos negros rodeándolas, sus ojos eran más negros que la misma carta de la Oscuridad, sus alas era como las de Kerberos, solo que de color negro. Su mirada estaba perdida, como si el ser mágico estuviese hechizado, ya que no había brillo en sus ojos. Como una marioneta, la niña llamó a esa bestia por su nombre y le ordenó acostarse delante de ella.
- Llegas tarde. Te he contactado hace horas - le dijo la niña con esa voz fría de mujer adulta. El aspecto de la susodicha era aterrador. Su cabello era oscuro, con algunas mechas de color cemento recogidas con un pequeño adorno oriental, dejando ver claramente su cara, la cual estaba maquillada de negro tanto sus párpados como su boca, resaltando la gran palidez de su piel. Sus ojos, de color carbón, estaban hundidos, y su mirada era cruel. Vestía toda de negro: un par de botas altas, una pollera que le llegaba hasta las pantorillas recortada de manera irregular, una camisa de mangas largas de corte oriental y un abrigo liviano que terminaba en los tobillos, con escasos y enorme botones de metal a la altura de su pecho. La altura de la criatura llegaba apenas a la de la cruz de la bestia que acababa de llegar y que estaba de pie frente a ella.
- Lo siento. Tuve que esperar a que todos se durmieran - se disculpó Abel.
- Veo que hasta ahora no me has desobedecido. Te importa más Artemisa que tu propia dueña - le dijo la niña, sonriendo.
La bestia suspiró entristecida - Takako... sabes muy bien como yo que esto no lo hago por que me guste, sino por que tú me obligas a hacerlo -
- Claro que si - dijo la niña, sin dejar de poner esa sonrisa malévola - Después de todo, me debes tanto la vida de tu compañera como la tuya propia. ¿Qué hubiese sido de ustedes si yo no encontraba el libro y liberaba el sello de las cartas Legendarias de Clow? ¿Qué hubiese pasado si yo no les brindaba la energía que necesitaban para vivir? -
- Ellos aún creen que fue Odio la que en verdad nos controlaba - dijo Abel.
- Excelente. Es mejor así, por ahora - dijo la niña, sin darle mucha importancia a lo que le Abel le había comentado. - Quiero saber como está la situación, así que... - la niña se levantó, caminó unos pasos hacia la otra bestia que estaba hipnotizada y posó una mano en su frente, y al hacer esto, un oscuro resplandor emanaba de allí y comenzó a rodear a la pequeña, la cual tenía los ojos cerrados. Su cabello y sus ropas se agitaban suavemente, como si el resplandor tuviese consigo su propia ventizca. Luego ella quitó la mano de allí, y todo volvió a la normalidad - Bien, todos están durmiendo. Mañana iré a realizar la primera visita como la reencarnación de la hechicera Mahoushi, mientras tanto... ya sabes qué hacer -
- Si, Takako. Lo sé. Sólo te pido que ahora cumplas con tu parte del trato - respondió Abel.
- De acuerdo - la niña volvió a extender la mano hacia la otra bestia, y el pendiente que llevaba en su oreja, cuyo color era púrpura, brilló unos instantes, y la bestia volvió en si. Su color de piel había cambiado. Era de color blanco con manchas doradas y anillos plateados alrededor de ellas, mientras que sus alas eran de color esmeralda, al igual que sus ojos. - Ahí la tienes. Solo les concederé tres horas. Al amanecer ella volverá a como estaba antes - dicho esto, cerró los ojos, y varios lazos de agua la envolvieron rápidamente hasta formar un capullo, y luego desapareció.
- Artemisa... - Abel llamó suavemente a su compañera - ¿Cómo te encuentras? -
- Como si un sinfín de avispas me hubiesen picado todo el cuerpo, me lo hubiesen dejado dormido, y que recién ahora se está recupernado - dijo la felina, algo sarcástica. - ¡Me encuentro mal, por supuesto! ¿Cómo crees que estaría? Tu sabes perfectamente como me siento, ya que lo has tenido que sentir también. Pero has tenido la suerte de ser liberado... de esa pequeña bruja mojada -
- Discúlpame. Pero sabes bien que no puedo pedir ayuda. Te amo demasiado como para arriesgarme a perderte de nuevo - dijo Abel, quien luego de decir esto posó su enorme cabeza sobre la nuca de su compañera, al tiempo que ambos se recostaban allí.
- Abel, eres un tonto - suspiró Artemisa, con una mirada muy triste que observaba el pasto. - Deberías olvidar todo esto y vivir la nueva vida que se te presenta con tu nueva dueña -
- La vida sin ti no es vida, Artemisa -
- ¿Esto te parece tener una vida? - ella levantó la cabeza para poder mirarlo frente a frente al decir esto - ¿Ocultarte de aquellos que te están empezando a querer mientras tú les escondes algo tan importante? ¿No has pensado que yo también quiero ir con ellos? No soporto ser el juguete de esa insolente chiquilla -
- No podemos hacer nada. Ella tiene razón - dijo Abel, amargado. - Nuestras vidas estuvieron a punto de extinguirse, y si ella no nos hubiese encontrado, ¿quién sabe que nos hubiese pasado? Yo luchaba dentro de ese libro para que no murieras ni tú ni las cartas, aún arriesgando mi propia vida, dándoles todo la energía que pudiese brindarles. Pero no era suficiente... así que le vendí mi alma a Takako a cambio de que ninguno de ustedes desapareciera. - Abel se interrumpió para tomar aire, suspirar, y miró a las estrellas. - Aún si me liberaban, no podría dejar de obedecerla, puesto que he hecho algo que tú no te has enterado, querida mía - agregó.
Artemisa prestaba atención en silencio a cada palabra que su amado compañero expresaba con una mirada atenta y seria. Ella lo conocía muy bien, y sabía que él necesitaba un oído que escuchara atentamente sus penas. Pero cuando Abel dijo esto último, ella abrió inmensamente los ojos - Abel, no te habrás atrevido a entregarle-
- Si, lo hice. Pero mis razones justifican-
- ¡Nada justifica que entregues eso! ¡Nada! Ni siquiera yo lo valgo. ¿Cómo pudiste, Abel? - la esbelta figura de Artemisa se puso de pie. - Me has decepcionado profundamente. Hasta que no lo recuperes, no volveré a hablar contigo - y ella se emprendió el vuelo, y se fue.
- ¡Artemisa, espera! ¡No te vayas, por favor! ¡Te valoro más a tí! ¿¡Acaso no puedes entenderlo!? - Abel estaba desesperado, a punto de echarse a llorar.
Artemisa se detuvo en el aire, se dio vuelta y lo observó desde la altura. - La bruja no lo sabe, pero yo estoy haciendo todo lo posible para que la Maestra de Cartas descubra su plan y logre detenerla. ¿Tú que estás haciendo para salvarme, Abel? - dijo ella, y esperó la respuesta de su compañero. Al ver que éste se quedó callado, mirando el pasto a sus pies, ella volvió a dar la vuelta y se marchó.
Él la observó irse, con el corazón destrozado. En su cabeza resonaban las palabras del mago Clow: "Siempre sigue lo que dicte tú corazón". - Estoy haciendo lo que me dijiste, Amo Clow. Pero... ahora no sé lo que mi corazón dicta, y no puedo seguir adelante - dijo Abel en voz alta. Volvió a su forma falsa y voló de regreso a donde se encontraba Sakura.
