Al removerse en su cama y, no calcular su ruedo encima del colchón, Goten fue a dar al suelo, golpeándose duramente la cabeza, abriendo los ojos de inmediato. Lanzó un gruñido, quejándose por el tremendo trastazo que acababa de darse, y colocó una mano en su cabeza, justo en el lugar en el que se había lastimado.

ꟷMaldita sea ꟷfarfulló entre dientes, tratando de contener el dolor del duro impacto.

Goten intentó reincorporarse, poniéndose de pie, sin embargo, su cuerpo se tambaleó y volvió a caer, esta vez, dándose contra el hombro. ¿Cómo era posible que ni siquiera pudiera mantener su equilibrio? ¿Tan mal había terminado la noche anterior? Al parecer sí, pues no lograba recordar absolutamente nada, y eso era malo; de esa manera no sabría cuántas tonterías había hecho.

Arrastró su cuerpo hasta la cama y la usó como soporte para impulsarse hacia arriba y, así, poder levantarse para tomar asiento por unos momentos al borde de la misma. Todo le daba vueltas y, si su madre se enteraba del estado en el que se encontraba, no podría escaparse de un sermón que duraría, por lo menos, medio día.

Volvió a recostarse en la cama y miró directamente el techo que se encontraba encima de él, comenzando a reír a carcajadas como un desquiciado. Definitivamente no era capaz de recordar si quiera algo de lo que había ocurrido anoche en el club y, las llamadas de sus amigos para contarle sus locuras no tardaban en llegar.

Estiró sus brazos y luego tronó su cuello. Le esperaba un duro día en el que tendría que soportar la terrible resaca luego de una parranda legendaria como las de cada fin de semana; pero eso no era tan malo si lo comparaba con los alaridos que su madre daría al verlo pues, aunque no tuviera un espejo a la mano, sabía que su rostro lucía abatido e hinchado y, para corroborarlo, se dirigió al baño, lidiando con su péndulo andar.

Su cabello estaba revuelto, había unas cuántas lagañas pegadas en sus lagrimales y olía a rayos. Necesitaba tomar una ducha en esos instantes, pero le urgía mucho más comer algo o, si no, sus energías terminarían por agotarse. Regresó a su habitación y tomó su teléfono para revisar las notificaciones que hubieran llegado durante las horas que había estado durmiendo; pero el pequeño aparato salió volando al ver que eran casi las 3 p.m. y, seguramente, su mamá se encontraba a la espera de escuchar sus pasos por el pasillo para dispararle cuanta pregunta pudiera.

Sabía que no tenía justificación alguna por sus actos. Seguía viviendo en casa de sus padres y salía de fiesta por lo menos una vez a la semana, además de consumir alcohol por montones y ser demasiado desobligado con las labores del hogar que, de vez en cuando, hacía para ayudar en la limpieza.

Pero, ¿qué podía hacerle? No podía evitarlo; era joven y su alma pedía divertirse como todas las personas de su edad, tenía un buen trabajo y no pedía un solo zeni a sus padres para satisfacer esa clase de ociosidades; sin embargo, debía reconocer que, a veces, cruzaba los límites de la libertad y pasaba por alto las advertencias de Milk, quien le exigía ser más consciente de su comportamiento y ser un adulto más comprometido con su vida.

Y, como primera tarea como un hombre que afrontaba las consecuencias de sus actos, saldría de su cuarto para ir a la cocina y buscar el almuerzo que, seguramente, había sobrado de la mañana; no sin antes escuchar la cantaleta que su madre le daría sobre su estilo de vida.

Sigilosamente, abrió la puerta de la habitación y asomó su rostro, mirando en ambas direcciones del corredor para comprobar que no había nadie esperándolo para interrogarlo. Tratando de que sus pasos no se oyeran tan marcados, caminó de puntas hasta llegar a la sala, en donde los sillones se encontraban vacíos.

Sonrió satisfecho, pensando que sus padres habían salido y lo habían dejado en completa soledad, sin embargo, al entrar a la cocina, no sólo se encontró a su madre, sino también a su padre, cruzados de brazos, sentados en el comedor. Lo estaban esperando; era hombre muerto.

ꟷBuenos días ꟷpronunció Milk, con evidente sarcasmo, mientras mantenía los ojos cerrados y la cabeza baja.

La garganta de Goten quedó más seca de lo que ya se encontraba, sabiendo que le esperaba una buena discusión.

ꟷBuenos días, mamá ꟷrespondió, balbuceando.

ꟷ¿Tienes el descaro de saludarme con los buenos días a estas horas, Goten? ꟷpronunció, sin alterarse, pero aún sin mirarlo a los ojos.

ꟷLo siento ꟷexcusóꟷ. Buenas tardes, mamá; buenas tardes papá ꟷcorrigió, saludando a ambos.

ꟷHola, Goten ꟷrespondió Goku, serenamente.

Goten tragó saliva y miró a sus padres. Un silencio muy incómodo comenzó a rodearlos y no le gustaba la tensión que podía percibirse en el lugar. En cualquier momento, su madre explotaría en rabia, por más de una razón.

ꟷ¿No tienes nada qué decirnos, Goten? ꟷcuestionó Milk, abriendo los ojos para ver a su hijo.

ꟷEh… ꟷel chico titubeóꟷ. ¿Cómo qué? ꟷdijo, en un intento de hacerse el desentendido.

ꟷ¡Como que llegaste a las 7 a.m. armando un escándalo! ꟷMilk fue elevando de a poco el tono de su voz, hasta gritar furibunda.

ꟷ¿Qué? ꟷpreguntó Goten, sorprendidoꟷ. Claro que no ꟷafirmó.

ꟷLlegaste completamente borracho ꟷdenotó Goku, con tranquilidadꟷ. Sabes que tengo el sueño pesado y, hasta a mí, me despertaste.

ꟷPero… ¿qué hice? ꟷcuestionó intrigado e incrédulo, a la vez.

Milk estaba comenzando a perder la paciencia y Goten podía notarlo. En verdad, no podía recordar ni una sola de sus acciones y, al parecer, no sólo había cometido alguna que otra locura en el club con sus amigos, sino, también en su casa.

ꟷ¡Entraste azotando la puerta, cantando barbaridades, chocando con cuanta cosa se puso en tu camino! ꟷenumeró Milk, casi lanzándose a él, por encima de la mesa.

ꟷPero… ꟷenunció Goten.

ꟷ¡Pero nada! ꟷinterrumpió Milkꟷ. ¿No te da vergüenza tu comportamiento Goten? ꟷpreguntó, fuera de sus casillas.

ꟷMamá ꟷla llamóꟷ. No volverá a ocurrir, lo prometo ꟷarrastró la voz, tratando de convencerla.

ꟷNo te creo ꟷescupió la mujer, cruzando los brazos.

ꟷConfía en mí ꟷsuplicóꟷ. No lo haré de nuevo ꟷprometió, acercándose a su madre.

ꟷ¡No des un paso más! ¡Apestas a alcohol, Goten! ꟷchilló Milk, enfadada, colocando sus manos como un impedimento para que su hijo avanzara.

Goten pudo sentir la estruendosa queja de su madre justo en el tímpano, creyendo que la cabeza le taladraba por tan fuerte sonido.

ꟷMamá… ꟷGoten cerró un ojo, encogiéndose de hombrosꟷ. No grites, por favor ꟷsuplicóꟷ. Me duele mucho la cabeza.

Milk golpeó la mesa con ambas manos extendidas y se puso de pie. Su rostro lucía frustrado por no poder hacer entender a su hijo sobre los malos hábitos que terminarían por pasarle una factura muy cara en algún punto de su vida; pero también lucía fastidiada de seguir lidiando con un adulto que no entendía palabras.

ꟷ¡Estoy harta de esta situación, Goten! ꟷreprendió encolerizada, colocando ambas manos en su cinturaꟷ. Debería darte vergüenza tomar hasta perder la razón cada fin de semana ꟷseñaló, frunciendo el entrecejoꟷ. ¿Acaso Pares está de acuerdo con que seas un alcohólico irremediable?

ꟷMamá, no metas a Pares en esto, por favor ꟷpidió, rodando los ojos, comenzando a cansarse.

Pares era la novia de Goten desde hacía algunos años atrás. Su carisma e inocencia habían dejado a Milk encantada, sin margen a poner algún 'pero' sobre la actitud de la chica, quien sólo demostraba sus modales y buena educación en cada una de sus acciones frente a la familia de su novio. Sin embargo, su apacibilidad e, incluso, sumisión, habían hecho que su relación con el hijo menor de los Son tomara un rumbo que solamente favorecía al chico.

ꟷ¡Seguramente a ella tampoco le agrada tener a un desobligado como novio! ꟷse atrevió a afirmar, atacando la susceptibilidad de su hijo.

ꟷ¡Mamá! ꟷgruñó Goten, sintiendo que la cabeza le punzaba cada vez peor.

ꟷ¡Nada de mamá, Goten! ꟷespetó la mujer, al borde de la rabiaꟷ. Eres un inconsciente.

ꟷPapá, ayúdame… ꟷGoten resopló fastidiado y miró a Goku, recurriendo a él con una mirada de compasión, sabiendo que el alegre hombre siempre lo defendía de su madre.

ꟷLo siento, hijo ꟷse excusóꟷ. Pero, tu madre tiene razón ꟷGoku no podía meter las manos al fuego por el chicoꟷ. Cada fin de semana pasa lo mismo y no creo que sea bueno para ti que abuses del alcohol de esa manera.

ꟷ¡Por supuesto que no lo es! ꟷMilk estaba a punto de estallarꟷ. Sólo te estás haciendo daño, Goten.

ꟷTengo sangre Saiyajin corriendo por mis venas ꟷdenotó, formando con presunción una sonrisa a mediasꟷ. Es muy difícil que el alcohol me cause tantos estragos como a un humano normal.

ꟷ¡Pero no puedes escudarte detrás de eso toda la vida! ꟷarremetió su madreꟷ. En algún momento te verás afectado ꟷenunció de la misma forma.

El chico volvió a resoplar y rodó los ojos. Como justamente sus padres lo mencionaban entre la discusión, ese tipo de conflictos ocurrían cada fin de semana o, mejor dicho, cada domingo por la tarde, cuando él se dignaba a despertar y a dar la cara en el comedor, buscando un poco de comida para calmar la terrible hambre que su estómago sentía.

No obstante, y a pesar de las peleas, él seguía con ese comportamiento tan inmaduro; y, sinceramente, ya estaba harto de la situación y comenzaba a pensar seria y fríamente en independizarse de su familia y rentar algún apartamento en la ciudad, tal como su mejor amigo lo había hecho ya un par de años atrás.

ꟷEstoy harto de ustedes dos ꟷmasculló Goten.

ꟷ¿Qué acabas de decir? ꟷsu madre entrecerró los ojos, retándolo a hablar.

ꟷ¡Que estoy harto de ti y de papá! ꟷexplotó, alzando los brazos al aire, dándole la espalda a ambos.

Un penetrante silencio inundó el lugar, dejando escuchar a penas la audible respiración de los tres, quienes se miraban con coraje entre sí. Las palabras de Goten habían sido la gota que derramó el vaso para la intolerancia de Milk ante su inmadurez; y sabía que había dejado caer una bomba, pero en esos momentos nada le importaba.

ꟷ¿Cómo tienes el descaro de decir tal estupidez? ꟷbalbuceó su madre, al tiempo que negaba con la cabeza.

ꟷNo es ninguna estupidez ꟷrespondióꟷ. Es la verdad, mamá ꟷexclamó con sequedad.

Milk no sólo lucía evidentemente furiosa, sino que también se sentía ofendida por el comentario de su hijo. La mayor parte de las personas a su alrededor criticaban su labor como madre, sin embargo, su carácter era el que había forjado a dos chicos con un implacable ímpetu, pero, al parecer, el menor de ellos no había querido entrar en cintura.

ꟷJamás pensé que fueras un malagradecido ꟷpronunció su padre.

La mirada de Goten fue directamente hacia el hombre a su lado y alzó una ceja con sorpresa.

ꟷ¿A qué te refieres? ꟷpreguntó, tratando de averiguar lo que su padre quería decir.

Milk colocó una mano encima de su pecho, sabiendo lo que su esposo trataba de dar a entender a su hijo.

ꟷA que tu madre ha dado tanto por ti y tú nunca has sabido agradecerle por ello ꟷexplicó un reflexivo Gokuꟷ. Siempre has sido inmaduro y cuando eras un niño, había justificación; pero ahora que eres un adulto te sigues comportando como un mocoso mimado; uno que mantiene a su madre en vela, esperando por él durante las noches, preocupada porque llegues a casa con bien.

ꟷJamás le he pedido que lo haga ꟷGoten intentó excusarseꟷ. Yo sé cuidarme sólo.

ꟷEso es justamente lo que trato de decirte ꟷseñaló Gokuꟷ. Eres un malcriado que no ve los esfuerzos que, a tu edad, Milk sigue haciendo por ti, ¿o ya se te olvidó que ella se encargó sola de ti cuando yo no estaba? ꟷcuestionó, acusándoloꟷ. Aunque mi presencia no estaba aquí, podía ver cómo tu madre te criaba y daba lo mejor de ella con tal de ver a su hijo feliz ꟷargumentóꟷ. Y a tu madre le duele que no puedas reconocer la tarea que ha hecho durante tantos años y que, a pesar de eso, se sigue preocupando por tu bienestar, pero creo que es algo que nunca podrás comprender hasta que tengas un hijo y sepas que por ellos, los padres somos capaces de dar la vida ꟷfinalizó, con el entrecejo fruncido.

Goten apretó los puños y endureció la mandíbula. Era la primera vez que su padre se expresaba de aquella forma tan sentimental hacia él, refiriéndose al pasado en el que él había estado ausente y, si su objetivo había sido abrir una llaga en el interior de su alma, lo había logrado. Claramente, no tenía pretextos para sus actos de inmadurez.

Su furia injustificada había disminuido, formando, además, una burbuja de sentimiento que se había instalado en su pecho. Sin duda, le debía una disculpa a su madre, quien no había podido evitar que unas lágrimas se derramaran de sus ojos, al escuchar cómo el hombre que todos creían un mal padre le había dado una inesperada lección al menor de sus hijos.

La intención de Goten era sincera; quería que Milk lo perdonara por ser un imbécil, pero también quería que ella lo entendiera y lo dejara vivir como cualquier chico que deseaba disfrutar divertidamente de su juventud.

Goten metió las manos a sus bolsillos y frunció los labios, acercándose a su madre, quien no quería sostenerle la mirada. Deseaba el perdón de Milk, pero también deseaba tener una conversación con ella en donde lo escuchara y lograra comprenderlo.

Antes de poder tener a su madre frente a él, unos golpes se escucharon en la puerta de entrada y detuvieron a Goten en seco, girando su cabeza en dirección a donde el sonido provenía.

ꟷ¿Esperan a alguien? ꟷpreguntó a sus padres.

Los dos negaron con la cabeza. Era extraño que alguien se apareciera en su hogar sin avisar, sobre todo por la lejanía en la que se situaban, pero seguramente alguno de los amigos de sus padres se encontraba ahí, realizando una visita inesperada. Goten se dio la media vuelta para dirigirse hacia la gran puerta de madera que, detrás de ella, aguardaba a un invitado desconocido.

El chico tomó el pomo y lo giró, impulsándola hacia él. Su vista no encontró nada al frente, sin embargo, su instinto lo llevó a mirar hacia abajo, causando que sus ojos se abrieran de par en par.

ꟷHola ꟷcanturreó una vocecilla chillona.

Goten parpadeó, confundido.

ꟷ¿Hola? Supongo ꟷrespondió, arqueando una ceja.

No podía despegar la mirada casi del suelo, en donde se encontraba un chiquillo de ojos negros y cabello alborotado que, muy a penas, le llegaba por debajo de la cintura. Sin embargo, lo asombroso no era el hecho de que se tratara de un niño, sino de la fisonomía del mismo, pues la encontraba perturbante.

ꟷ¿Quién eres tú? ꟷpreguntó Goten incrédulo, observándolo.

ꟷEstoy buscando a Son Goten ꟷseñaló el pequeñoꟷ. ¿Esta es su casa? ꟷpreguntó con inocencia.

ꟷYo soy Son Goten ꟷaclaró, levantando una cejaꟷ, ¿qué es lo que quieres?

De pronto, el rostro del niño se iluminó y dibujó una sonrisa instantánea en él. Goten no comprendía lo que ocurría con el pequeño que se encontraba a sus pies, pero, definitivamente, deseaba algo de él.

El chiquillo se lanzó a sus piernas y apegó una mejilla a ellas, haciéndolo tambalear, sintiendo una inesperada fuerza empujarlo. ¿Quién rayos era ese niño?

ꟷ¡Entonces, tú eres mi papa! ꟷexclamó alegremente.

En ese instante, la sangre de Goten se heló y sus pupilas se dilataron. Sentía la presión de los brazos del niño envolverlo, y no sólo eso, sino que, comenzó a sentir que un escalofrío inexplicable lo recorría de pies a cabeza.

¿Qué acababa de escuchar?


¡Hola a todos!

Les dejo el primer capítulo de esta nueva historia que espero sea de su agrado. Me gustaría saber sus comentarios y opiniones al respecto a través de un review.

¡Gracias por leer!