La isla de Genosha, paraíso de mutantes.
Magneto estaba en su palacio con sus nietos, Wiccan y Speed.
— Señor, Charles Xavier ha muerto en manos de Red Skull, quién ahora mismo planea una invasión a Genosha.
Magneto estaba en una situación desventajosa, no estaba muy seguro si sus fuerzas podían detener la invasión de Red Skull. Frotaba su barba de forma pensativa.
— Billy, Tommy... Llamen a los Vengadores.
— Abuelo... Los Vengadores tienen severos problemas, igual que los X-Men. —Empezó Wiccan, dubitativo—. Logan... Murió, Thor perdió su martillo, y ahora está en manos de una mujer desconocida. Steve Rogers perdió el suero del Súper Soldado y ahora Falcon es el Capitán América... No creo que sea el mejor momento...
— Les llamaré, abuelo —Lo interrumpió Speed, siendo el más activo de los dos gemelos.
— Caliban sugiere que los 4 Fantásticos vengan también…
— A todos, Tommy, por favor. Necesitaré todo lo posible para defender mi tierra.
Sin embargo, mientras Tommy contactaba a los héroes, se escuchó una alta explosión. Cuando Magneto revisó de dónde provenía, se dio cuenta que tropas desconocidas entraban por el territorio.
— No... No debía ser tan pronto... —murmuró, asombrado—. ¡Caliban! ¡Evacúa a los Civiles!
Caliban obedeció con prisa, mientras Magneto levitaba hacia los Muelles.
— ¡Schmidt! ¡Estás en territorio soberano y autónomo! ¡Sal ahora mismo y tendré misericordia a tus soldados!
— No lo creo, Erick. —Le gritó, con tono petulante.
— Piensa lo que quieras, nazi... —Intentó controlar las armas de HYDRA en vano, ya que éstas eran de plástico— Oh, no...
— Oh, sí. —Soltó una carcajada, movilizando sus tropas por Genosha, mientras él avanzaba cada vez más—. ¡Ve el lado bueno! ¡Por fin vas a reunirte con tu viejo amigo Charles!
Después de unos arduos minutos, Magneto cedió a la presión de la situación y usó el metal de su amada isla, derrumbando algunos edificios, pero atacando a las tropas y ralentizando su movilización. El Quinjet de los Vengadores, el BlackBird de los X-Men y el Cohete de los Cuatro Fantásticos se divisaban en la lejanía.
Vengadores como Iron Man, El Nuevo Capitán América y Odinson (Nombre que había adoptado Thor tras volverse indigno de Mjolnir), junto a X-Mens como Tormenta, el Hombre de Hielo y la Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos llegaron a Genosha antes que sus equipos.
— Tranquilo Lensherr, ya llegó la caballería pesada —musitó Iron Man al aterrizar.
— Lo siento, Héroes... —Usando columnas metálicas atrapó a Skull, cuyas tropas no se habían detenido—... Pero mi isla es prioridad.
— ¡Espera Erik! —Exclamó Tony—. ¿¡Que habría pensado Charles!?
— Que lo perdonara... —murmuró, mirando a Skull—… Pero yo no soy Charles.
Aplastó a Red Skull, quién en su desesperación generó un campo telequinetico, que se fusionó con los campos magnéticos. El humo cubrió el cuerpo.
— Eres un Monstruo, Magneto...
— Lo siento, Sr. Stark, no soy un héroe, y si continúa así, usted sufrirá el mismo destino... Su Traje de metal no lo favorece...
— Sr. Lensherr —Intervino Sam—, si cree que no hay igualdad de posibilidades entre el amo del metal y un hombre en un traje metálico, no conoce a Tony Stark.
— Nuevamente, podría hacerlo pedazos, estar hecho de metal no es muy buen punto contra mí, pregúntenle a Logan… Ah, claro, está muerto, y usted podría acabar como él.
Sin embargo, guardaron silencio cuando el humo se disipó y un ser monstruoso apareció entre éste. Una masacre... Red Onslaught.
—... Díganme que tome mucho cloro y estoy alucinando al monstruo...
Magneto, horrorizado, volvió a alzar el metal a modo de defensa para atacar, pero el Capitán intervino.
— Baja eso Magneto, los campos magnéticos lo crearon en primer lugar —dijo Tony.
Red Onslaught era un ser de unos dos metros y medio de alto, fuerte y monstruoso. Los miró de forma sádica, murmurando palabras en una lengua que Tony conocía... La mágica. Todos sintieron un horrible dolor.
Tony tenía un bloqueo mágico, por lo que empezó a pelear con el monstruo.
— ¡Wanda! ¿Algo en el catálogo de Magia del Caos? ¡Strange y tú deben de hacer algo!
— Ugh... W-Wanda —murmuró el doctor Strange, incorporándose con esfuerzo.
—N-necesito un segundo... — A ella también le costó ponerse de pie.
-—Wanda... —dijo Stephen después de un minuto—. Está el hechizo de Inversión. Pero con los poderes de Schmidt es riesgoso...
— Pero es la única opción, ¿cierto?
Stephen empezó a recitar hechizos, igual que Wanda. Ambos se acercaron más a Tony y Schmidt. Red Onslaught se percató, por lo que tomó a Tony de la cabeza y lo estrelló de lleno en el piso.
— ¿¡Creen que son los únicos que saben de hechizos!? —gritó con voz distorsionada, la voz de un monstruo.
Con los poderes mentales y los hechizos, Red Onslaught causó una onda de choque mágica, un boom de hechicería. Éste los golpeó de lleno a todos. Magneto, Dientes de Sable, Los Vengadores, los X-Men, los 4F, Mystique... Tony.
Red Onslaught terminó volviendo a su forma humana de Red Skull, aún con la telepatía de Charles. Dr. Strange, La Bruja Escarlata, el Capitán América, Odinson, y el resto de los Héroes y Villanos presentes se incorporaron con un poco de esfuerzo.
—¿Estan todos bien? – El nuevo Capitán América se acercó a Tony, que estaba más cerca—. Hey, Stark... ¿Todo bien?
— Tomando en cuenta que una ola de magia me dio en la cara... Sí.
— Tu hermana es una de las mejores hechiceras que conozco, Tony... Me sorprende que aún no estés acostumbrado.
— Odio la Magia.
— Aun así, no puedes negar su existencia.
— Pero prefiero no familiarizarme con ella.
— Gracioso... "familiarizarte" —se burló Wanda—. Tu familia más parecida práctica más magia que tecnología.
— Vayamos por Red Skull antes de que huya —Los interrumpió Thor.
Uno de los Soldados de HYDRA, que portaba una armadura negra con tonalidades amarillas en la máscara, antebrazos y piernas, cargó a Schmidt. Un portal se abrió a unos metros de ellos, y una mujer de pelo Blanco, con un hermoso estido negro y un rubí en el collar tomó a Schmidt. Tony la reconoció de inmediato.
— ¡Black Swan!
El Portal se tragó a la mujer y a Red Skull. Tony alcanzó al tercer individuo, tacleándolo y sosteniendo las manos de éste en su espalda para apresarlo. El Capitán América miró al soldado.
— Humm... ¿Quién es Black Swan, Tony?
— La vieja bruja blanca que se llevó a Red Skull.
— Eso no me dice mucho, Vengadores, váyanse... Los alcanzaremos en la Mansión. Strange, te quiero aquí. Tú también quédate, Tony.
Esperaron a que todos se fueran, y de ahí Strange los llevó al Sanctum Sanctorum, su residencia. Una vez ahí, el Capitán América le quitó el casco al soldado.
— Jake Peter Stark, tu hermano. Steven Rogers tenía razón, y tú lo supiste y no no dijiste nada.
— ¿Alguien tiene Whisky? —Inquirió Tony, con ojos suplicantes—. ¿Strange?
— ¡Stark! ¿No lo entiendes? Magneto pudo haberlo matado...
— De hecho, Samuel... Eso estaba contemplado, desde que Tony volvió a ver a su hermano en la década de los 90. Era un doble agente. Sabía lo de la invasión a Genosha y la muerte de Xavier. Y yo también.
— ¿Y por qué guardaron información tan importante sólo para ustedes? ¿¡Saben lo peligroso que es eso!? Pudimos haber prevenido la muerte de Charles…
— ¡Maldicion Wilson! —Lo interrumpió Tony—. ¿Por qué Rogers y tú siempre tienen que entrometerse? ¿Por qué siempre tiene que acabar así?... Borra su mente, Strange...
Stephen hizo algunos movimientos con sus manos y dejó a Sam inconsciente.
— ¿Y ahora, Tony?
— Llevaré a Jake a Troya, y Sam se irá de vuelta a la Mansión con un feliz recuerdo de una charla amistosa con Whisky y Cerveza...
Latveria.
En el Castillo, Víctor Von Doom estaba en su trono.
— ¿Y Bien, Black Swan? ¿Cómo Salió la Invasión a Genosha? ¿Los héroes están invertidos?
— Así es, mi señor... —murmuró la mujer de cabello blanco, su voz era hipnótica—. Todos los presentes lo están.
— Bien... ¿Y el joven Stark?
— Capturado, señor.
— En ese caso, llame a los demás. Reunamos a los Cabal faltantes...
Una risa chillona se oyó al fondo, por lo que Black Swan frunció el entrecejo.
— ¡Qué arrogante te oyes, Víctor! — Exclamó un hombre de cabello negro, conocido como Maximus the Mad, y le dio un beso en la mejilla a Black Swan.
La susodicha frunció un poco los labios con irritación, inclinando la cabeza a modo de reverencia ante Doom.
— ¿¡Qué esperas, nena!? — Maximus se incorporó, señalando a Víctor con una sonrisa burlona—. ¿No oíste al grandote?
