Al día siguiente Castiel volvió al instituto, esta vez decidido a entrar a clases como primera vez en la semana pero justamente el día en el que se había decidido tenían historia como primera hora ¿Es que el mundo conspiraba para hacerle la contra al inocente pelirrojo? El chico dejo salir un suspiro acomodando un poco su pelo, tampoco era como si le importara demasiado.
Al entrar en el Sweet Amoris, lo primero que le llamo la atención fue la foto de una persona en el piso, bueno, una foto garabateada en realidad. Cuando la levanto se dio cuenta que era de la chica nueva que había aparecido ayer, le habían hecho bigote y dibujado un montón de cosas alrededor. Soltó una risa mientras negaba con la cabeza, esto había hecho su día. Sin embargo este mismo se arruino cuando en frente suya paso Amber junto con su sequito, riendo. De todas formas, la líder del grupo al verlo comenzó a pavonearse en frente suya, como si se estuviera entregado. El simplemente se dio la vuelta intentando ocultar su enojo, caminando en dirección opuesta a la de esa chica. Aunque, no entendía porque no sentía ese enojo con el hermano de Amber, es como si despreciara más a la chica que al delegado. No pudo analizar sus pensamientos ya que la nueva, Sucrette, había aparecido a su lado.
-Hola – Le sonrió la recién llegada, inocentemente.
-Muy bonita tu foto – Comento sonriendo de lado, burlón.
-¿Vos también la viste? – Hizo una mueca rara e intento de puchero.
-Claro, como todo el instituto. No deberías quejarte tanto.
-Entonces mastodonte, defiéndeme – Exigió estirando sus brazos a cada lado de su cuerpo, como si en verdad estuviera enfadada.
-¿Tengo razón para hacerlo? Ni siquiera se quienes fueron.
Y estaba completamente seguro de que la chica le había contestado, pero se había perdido en sus pensamientos en cuanto el delegado había pasado por detrás de ellos. No le llamaba la atención ni mucho menos, solo que su mera presencia le causaba estragos.
Luego de la pequeña conversación que tuvo con Su había decidido ir a clases, solo por ese dia, no es como si fuera a ir siempre y ser el alumno perfecto.
-Castiel, que bueno que nos deleitas con tu precensia –Comenta burlonamente el profesor de historia, ganándose un revoleo de ojos por el mencionado.
Las clases pasaron completamente normales, tan normales que el pelirrojo no tuvo otra opción que dormir un rato en su banco, aunque el profesor no estaba dando nada importante, así que daba igual.
-Castiel ¿No podrías llevar esto a la sala de delegados?
Al finalizar el horario escolar, todos comenzaron a guardar sus cosas para irse realmente rápido a sus casas, era notorio que nadie se quería quedar más tiempo en ese colegio. Aunque se veía que Iris no había entendido el concepto de querer irse rápido.
-Prefiero evitar al delegado Iris – Contesto sin siquiera voltear a mirarla, terminado de guardar las pocas cosas que inútilmente había sacado en horario de clases.
-Lo sé, pero sos el ultimo y tengo que irme, te lo agradezco mucho, adiós – Y sin poder siquiera responder, Iris ya había desaparecido del aula, dejando en su banco algunas hojas.
-Esto es perfecto – Bufo golpeando la mesa suavemente, no le quedaba de otra que ir y dejar los papeles en el lugar que mas odiaba.
Agarro aquel folio lleno de hojas mientras colgaba su mochila en su hombro, saliendo del aula vacía. Camino por los pasillos yendo directamente hacia el aula de delegados, rezando para que esta misma se encontrara vacía. Una vez que estuvo en frente de la puerta de los delegados, no se molesto siquiera en tocar y simplemente entro, cosa que para su desgracia, el rubio era el único que se encontraba en aquella sala.
-Genial – Deja escapar el pelirrojo, dejando bruscamente los papeles a un lado de Nathaniel.
-Muy amable por tu parte Castiel – Comenta sarcástico el delegado. No espero ni un minuto más, así como tampoco quiso contestarle y salió de la sala – Espera – Alzo la voz el rubio, sin embargo Castiel no tuvo intención de voltearse ni de dejar que el otro lo vea, así que se metió en el baño y dejo que el delegadito caminara solo por los pasillos, en su busca.
El pelirrojo estaba a punto de irse directo a su casa cuando Sucrette se interpuso en su camino con unos papeles en mano y su gran sonrisa que empezaba a ser fastidiante.
-Castielsito, tenes que firmar esto – Estira su mano hasta el pecho de el chico.
-Ya quisieras – Aparta de forma tosca la mano de la chica ganándose un bufido de su parte.
-Vamos, Nath no tiene ganas de verte, aparte dijo que ya lo intento y te fuiste.
-No me importa lo que "Nath" – Remarco el nombre de forma burlona – Diga, yo tampoco tengo ganas de verlo, pero si es un hombre que venga y enfrente sus problemas solo.
La chica revoleo los ojos visiblemente irritada, pero no dijo ni una palabra más y se dio la vuelta, entrando una vez más al instituto. No pregunten por qué, no intenten saber la respuesta porque ni el mismísimo Castiel lo sabía. Se había quedado en el patio apoyado en el árbol. Podía irse, y lo sabía, podía agarrar su mochila y evitar el griterío que seguramente tendría con el delegado en segundos, y lo sabía, pero en realidad, no lo confesaría nunca pero no quería evitar nada, estaba acostumbrado a tener por lo menos una pelea por día con el rubio y no se iría a su casa si no tenía la de hoy.
-¡Castiel! – El grito resonó por el patio completamente vacío – No puedo creer que seas tan irresponsable de no pagar tus propias consecuencias, vos sos el que falta, vos sos el que firma. – El rubio tiro los papeles sobre el pelirrojo, con una expresión completamente desencajada.
-Me importa demasiado, claro que si – Agarro los papeles sin cuidado alguno y se levantó, quedando frente a Nathaniel – si yo soy irresponsable vos sos poco hombre por no venir y enfrentarte a mí como se debe y a la cara.
-Sera porque en verdad no tengo ganas de ver tu estúpida cara de rebelde sin causa, firma – Apunto a los papeles con un dedo. Castiel, cansado de tanto griterío, agarro a Nathaniel por las solapas de su camisa y lo estampo contra el árbol sin usar demasiada fuerza, se acerco hasta quedar a tan solo milímetros de su cara.
-Oblígame – Susurro sin dejar de fruncir el ceño e intentando ignorar los nervios que de repente estaba teniendo.
En el rostro de Nathaniel, al ser demasiado blanco, se pudo apreciar un pequeño rubor en la zona de sus pómulos. Castiel intento contener una sonrisa de lado, sin embargo la comisura de sus labios se elevaron por milímetros logrando que el sonrojo del otro se agrandara.
-¡Aléjate! – El rubio empujo con demasiada fuerza a Castiel, ocasionando que de una vez por todas despertara de lo que sea que estuviera soñando despierto.
A causa del repentino enojo que le recorrió el cuerpo sin razón alguna, agarro los papeles que en algún momento de la pelea se le habían caído y mientras los apoyaba sobre el tronco del árbol garabateo una firma sobre la línea, entregándosela por fin al delegado.
-Y ahora espero que dejes de molestar.
Y con esas simples palabras, Castiel tomo su mochila y se fue del instituto.
