NOTA: Debido a que los capítulos son bastante extensos, y con el fin de no retrasar las publicaciones, he decidido dividirlos en varias partes.

Sin más que acotar, les dejo el inicio de esta historia que espero sea de su agrado y las/os atrape de principio a fin.


CHAPITRE UN


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Era el año 1889 y el entorno era París. Una bulliciosa ciudad en su vida nocturna, la joya en la corona del mundo. La ciudad más grande en la tierra donde sólo eran reconocidos los mejores de los mejores. Esa noche en particular, la atracción principal era un hombre joven en un elegante traje negro con un cuello alto y cola, un sombrero de copa escondido bajo un brazo, mientras que con el otro movía la mano en saludo a sus innumerables admiradores.

- Blaine Anderson, es un honor conocerlo.

- Oh, señor Anderson adoré su última colección.

- Oh, no puedo creer que por fin estoy conociéndolo.

Blaine Anderson sonrió cortésmente y echó un vistazo a las muchas personas a su alrededor, incapaces de alabar lo suficiente sus últimos diseños. El amplio salón de actos estaba lleno de gente, todos interesados en obtener una visión del famoso diseñador de moda.

El joven lucía bastante apuesto en su elegante pero estilizado traje, una combinación de la clase moderna, la moda occidental mezclada con un sabor oriental, ese toque por el que su ropa era tan famosa. Había muchas, muchas personas que deseaban hablar con él para conseguir su opinión, pero él no les estaba prestando mucha atención.

Por debajo de su brazo izquierdo puso su sombrero de copa, cómodamente entre su cuerpo y sus bíceps, los dedos entrelazados en el borde, pero sin duda el invitado de honor no debe estar de pie con el sombrero en su brazo. Lo que necesitaba era una mujer hermosa, una muñeca bonita a su lado, para sonreír y lucir increíble, pero su trabajo lo mantuvo demasiado ocupado para conseguir una dama.

Sabía que la gente estaba hablando. De frente lo elogiaban en una gama de idiomas ya que él era fluido en inglés, francés, y por supuesto su lengua madre de Irlanda. Pero una vez que le daban la espalda, sus grandes sonrisas se volvían insidiosas, silbaban y susurraban a su alrededor, riendo con sus cócteles sobre la forma en que él estaba solo en una de las noches más importantes de su carrera, al igual que en cualquier otro evento.

Le sonrió falsamente a otro "admirador" y agitó su mano antes de colocarse su sombrero, excusándose. Nadie parecía demasiado molesto cuando salió de la habitación, caminando con su capa sobre un brazo, y el sombrero de copa ya firmemente puesto en la cabeza.

Se veía bastante bien, pero con ninguna mujer para desfilar, parecía ser un adicto al trabajo, solitario y viejo.

Sin embargo, verdaderamente eso era todo lo que realmente era.

Estando de pie en el aire frío de otoño, observando su aliento materializarse en frente de él, empezó a darse cuenta de lo vacío que se sentía, lo paranoico que estaba acerca de las personas hablando de él. Odiaba eso, odiaba la forma en la que se sentía en sus propias reuniones. Mañana por la noche su espectáculo sería abierto al público, y juró que para ese momento tendría una mujer de su brazo.

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- Debo preguntarle si entiende que está pagando por la compañía de mis chicas. – Madame Dupont declaró, levantando la falda de volantes de su vestido verde esmeralda de seda fina, mientras subía las escaleras.

Blaine miró dentro de una habitación a dos hermosas mujeres en su ropa interior, riendo mientras una le ataba el cabello a la otra, y tragó con fuerza. ¿Realmente había pasado tanto tiempo desde que había estado con alguien?

Podía sentir su estómago revolviéndose con vehemencia, la excitación ya inundando a través de sus venas, lo que le hizo sonrojar locamente. Vagamente la mitad masculina irlandesa escuchó a la mujer mayor en frente de él chasquear los dedos mientras le ordenaba en silencio que la siguiera.

- Usted no está pagando por nada, cómo se dice, extra de ellas, y espero que sean tratadas como de la absoluta realeza. – Miró al joven rico detrás de ella. – Aunque espero que sea capaz de hacerse cargo de eso.

Blaine la observó, y cuando la oyó hablar de "extras", frunció el ceño.

- Madame Dupont, con el debido respeto, si yo quisiera una prostituta común, habría buscado una de la esquina de la Rue SaintDenis.

La mujer le dio una mirada por encima del hombro al ver su expresión obstinada, y suspiró, asintió y continuó a lo largo de la escalera. Él la siguió, dos escalones a la vez. Ella se quedó en silencio. Conocía a Monsieur Anderson, ¿quién no lo hacía? De hecho, el vestido que llevaba en aquel momento era un original suyo.

Nunca había esperado que él llegase a su puerta, a pesar de que no debería sorprenderse. Había servido a todo el mundo, desde las grandes estrellas de la pantalla hasta los políticos. A menudo, sin embargo, sus clientes consistían en hombres solitarios, viejos y ricos en busca de compañía, y sólo aquellos que eran leales y estaban dispuestos a pagar mucho más, se les permitía tener cualquier cosa "extra" de sus chicas.

- Ninguna de estas señoritas son prostitutas estúpidas, Sr. Anderson. – Dijo dejando escapar un suspiro. Las mujeres no eran trabajadoras sexuales comunes, eran las mejores damas de París. Ella se encontró con el ceño fruncido, sin dejar de caminar hasta la torre de escaleras, pasando algunas mujeres, muchas finamente ataviadas, pero de vez en cuando alguna escasamente vestida en bombachos y corsé, lo que causaba sofocación en las mejillas del diseñador. Tan bellas y exóticas como muchas de esas mujeres eran, él no podía evitar la sensación de que si se presentaba en el espectáculo de mañana por la noche con una de ellas del brazo, podría ser considerada como una prostituta, y no como una dama, como una escolta.

- Estoy dispuesto a pagar muy bien. – El hombre hermoso dijo. Al pasar junto a una mujer joven con cabello negro que caía sobre sus pechos amplios, tragó con fuerza, con la garganta seca mientras pasaba corriendo a su lado. – Pero espero sólo la mejor escolta para… – La mujer se detuvo y lo hizo callar. Madame Dupont estaba a la mitad de los cincuenta años, con su alguna vez fino cabello castaño canoso, atado en un moño alto en su cabeza, mechones plata y marrón caían sobre su frente. Su figura delgada pero con curvas estaba acentuada por el tejido apretado del vestido verde elegante con clase que llevaba, y Blaine sospecha que en el día era una mujer fina. Había sido uno de las mejores prostitutas de París, pero ahora la señora Dupont había vuelto su mirada a un negocio más digno pero rentable.

Suministraba servicios de acompañantes femeninas a los hombres de negocios de élite de París, mujeres que eran pagadas para colgar del brazo de hombres ricos, sonreír y besar las mejillas, y comportarse como señoritas adecuadas, mientras bebían vino y comían, siendo tratadas como de la realeza.

Mientras que algunas, por supuesto, tenían que estar con los clientes asiduos, se aseguraba de que todas las mujeres jóvenes fueran tratadas bien. Si cualquier hombre fuese a hacerle daño a alguna de ellas, sería la primera en hacerse cargo de eso. Ella amaba a cada una de estas niñas, y ciertamente, el dinero que le traían. Todas sabían que si estaban allí, estaban a salvo de los bajos niveles de vida de París, y eran tratadas como reinas. Cuidaba de todas y cada una de ellas, las cuidaba como hijas, ocupándose de ellas en las buenas y en las malas. La única cosa que no podía soportar era la mentira.

- Tengo a la mujer perfecta para usted. – Madame Dupont declaró, doblando su falda mientras daba la vuelta y bajaba las escaleras, pasando a Blaine, quien se dio la vuelta, mirándola, sin aliento después de todos los muchos escalones que habían recorrido. Él puso una mano sobre el chaleco que llevaba cubriendo la camisa blanca y tomó unas cuantas respiraciones profundas antes de seguir. No pudo evitar mirar a cada chica con la que se cruzaba en el camino, todas se veían tan parecidas, todas preciosas, pero aun así no podía evitar la sensación de burlesque que tenía cuando está rodeado por estas señoritas con poca ropa.

Quería saber con quién iba a ser emparejado, cuál era su nombre, cómo lucía. ¿Era una de las muchas jóvenes que cubrían las escaleras de la torre? Todas lo miraban, tratando de venderse a sí mismas con su buena apariencia de enormes proporciones, pero quería saber quién era esta mujer específica.

La mujer "perfecta", la mujer que valía la pena todo el dinero que proporcionaría al establecimiento.

Siguió a la señora Dupont por los numerosos escalones de madera en espiral, mirando a su alrededor. La multitud de mujeres parecía hacerse más grande mientras más abajo caminaba, y por primera vez se encontró mirando a la zona, el edificio, con casi demasiado miedo de ver a la mayoría de estas damas a los ojos por temor a que le dieran ideas.

Este lugar originalmente se sintió como una forma de prisión cuando entró a sus paredes altas, frías, de piedra, pero ahora rodeado de tantas señoritas, se sentía menos intimidado y más consciente de lo cómodo que estaba en ese ambiente.

Había un fuerte aroma a perfume pesado que lo rodeaba, y las grandes paredes de piedra de la torre alta estaban envueltas en rollos largos y finos de muchas diferentes sedas, algunos similares a los caros rollos del Este que él usaba para incorporar en la elaboración de su ropa.

En la parte inferior de los muchos, muchos escalones, había grandes sofás y sillones asentados alrededor de la habitación con cojines suaves, y Blaine tenía la impresión de que iba a conocer a su dama allí. Se sorprendió cuando la señora Dupont abrió las grandes puertas de hierro revestidas de la enorme casa y dio un paso atrás para dejarlo salir.

- ¿No se me permite un nombre? – Preguntó preocupado por la noche siguiente, y si incluso sería una mujer, y más aún si era la mujer perfecta.

- Su nombre es Simone. – La mujer mayor dijo en su fuerte acento parisino, haciendo pasar al joven por la puerta, mientras algunas otras chicas esperanzadas, suspiraban descontentas al descubrir que sería Simone quien lo acompañaría.

Madame Dupont fue contundente, informando a Blaine a qué hotel y en qué habitación debía recoger a Simone, y que debía llevar una sola rosa blanca.

Con bastante rapidez el joven diseñador pagó a la mujer, al instante sintiendo la sensación de arrepentimiento llenándolo en el momento que tomó el dinero. Tal vez esto no era una buena idea después de todo.

Blaine estaba a punto de expresar su duda de este servicio, pero antes de que una palabra pudiera decirse, las puertas de la casa bulliciosa se cerraron y se quedó solo, con el sombrero de copa bajo el brazo en las calles oscuras y tristes de la Place des Abbesses.

Suspiró, cepillando el cabello negro de la frente y colocándose con elegancia el sombrero en la cabeza antes de partir hacia su hogar, sin saber si todo esto era una buena idea o si haría un tonto aún más grande en la mañana por esta Simone.

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Sin embargo, sus temores no detuvieron a Blaine de presentarse en el hotel asignado a las 7:30 de la noche, vestido con otro traje fino de color negro hecho a mano. Su chaleco en tono vino que llevaba bajo la chaqueta negra, estaba bordado maravillosamente con hilo fino de color oro, y se veía simplemente impresionante de pie con una rosa roja en una mano y el sombrero en la otra mientras golpeaba con los nudillos la entrada de madera dura de la habitación, sólo para escuchar una voz sensual del otro lado diciéndole que entrase.

Él abrió la puerta del cuarto con el fuerte olor de incienso que lo tomó por sorpresa, estallando en un ataque de tos, abanicando lejos el humo de olor dulce con su sombrero de copa, haciéndolo sonar con voz ronca mientras entraba en la habitación sólo para ver a esta mujer por detrás.

Estaba sentada en un sofá verde esmeralda de respaldo alto, con las manos en su regazo, examinándose a sí misma en el espejo que estaba frente a ella. Blaine podía ver con claridad todo lo que necesitaba desde donde estaba parado.

Su cabello castaño caía en rizos suaves y se extendía sobre sus hombros. Llevaba un vestido de color bermellón que era bastante escotado, pero el busto estaba cubierto a lo largo con una gargantilla negra que llevaba envuelta en un fino encaje floral negro.

El vestido era muy apropiado, mostrando su cuerpo delgado, formado por el corsé que tenía bajo las prendas. La falda caía con muchas enaguas por debajo de la tela de color rojo oscuro que estaba bordada con filigrana de oro, similar a la del chaleco de Blaine. Usaba zapatos negros altos atados a los tobillos, y estaba sentada con las piernas cruzadas, las manos apoyadas en las rodillas, cubiertas por guantes finos de encaje con delicados arcos en sus muñecas, y las uñas negras bien formadas.

Simone también tenía sobre un hombro una chaqueta de manga larga de color borgoña con un pelaje gris alrededor del cuello, y en su cabello estaba una gorra Julieta cosida, ligeramente hacia el lado derecho de su cabeza. Estaba incrustada de joyas decorativas alrededor del borde con lo que parecía ser una cola de plumas de faisán extendiéndose desde la parte posterior.

Blaine miró en el espejo, capaz de ver la cara de la joven, y se mordió el labio inferior.

Simone tenía una cara redonda con una fuerte línea de la mandíbula angular, su larga nariz era elegante y con pendiente, y sus gruesos labios carnosos estaban cubiertos de una capa de lápiz labial color vino, el cual se puso a arreglar mientras se miraba en el espejo.

Los ojos de Blaine se encontraron con los de la mujer a través del espejo, y se miraron el uno al otro. Sus ojos eran diferentes a todo lo que había visto en su vida, un azul descolorido que parecía casi natural a la vista. Había algo en sus ojos que expresaban una amabilidad y casi alegría que sólo la hacía más interesante.

Aun así, en el momento en que sus ojos se encontraron, logró ver un poder, una mirada de confianza que nunca había visto en ninguna mujer antes. Por algunos momentos largos, el aliento de Blaine fue barrido, y veía a la joven, con la garganta seca. Sí, esta mujer era definitivamente del tipo que justificaba gastar tanto dinero en ella.

- ¿Monsieur Anderson? – Preguntó con voz suave y seductora como la seda en la piel, y eso cautivó al diseñador, quien la miró a los ojos ahumados, revestidos de carbón. Largas pestañas se desplegaban por sus mejillas de porcelana mientras parpadeaba y miraba por encima del hombro, rizos perfectamente dispuestos a lo largo de la caída de la espalda. Blaine le tendió la rosa roja, sin palabras, y ella lo miró por un momento antes de volverse hacia el espejo para empolvarse la nariz. – Creo que le han indicado que trajera una rosa blanca.

La garganta del hombre se secó. ¿Qué había en esta mujer que lo hacía sentir tan nervioso de una manera placentera? Nunca había conocido a una dama que tuviese esa presencia, un aura tal en una habitación, sabía que iba a caminar en el espectáculo de esa noche y ella podría eclipsar al instante a todo el mundo a su alrededor.

- No me imaginaba que sería tan particular. – Dijo en poco más que un susurro, maldiciendo en silencio su repentino tartamudeo.

Ella se volvió hacia él, estirando una mano y tomando la rosa entre sus dedos. Por algunos segundos la contempló antes de levantar a la nariz, los ojos parpadeantes cerrados mientras la olía, la brillante sombra de ojos castaño rojizo a la luz de la vela tenue.

- Por lo general, una rosa blanca es la forma en que identificamos a nuestros clientes. – Le informó, pero sonrió muy suavemente y examinó la rosa. – Pero supongo que esta coincide con mi vestido mucho más.

Blaine sonrió suavemente y se acercó, tomándola de la mano extendida. Estaba indeciso por un momento, cautivado por ella, pero después de algunos segundos se las arregló para levantar la mano enguantada a los labios y darle un beso caballeroso contra los nudillos. Ella sonrió, aparentemente satisfecha.

- Es un placer, señorita. – Dijo sintiéndose más seguro y amoroso cuando los labios de ella se curvaron en una pequeña sonrisa. Era impresionante.

Pocas palabras se intercambiaron mientras el joven acompañó a Simone desde el hotel, sosteniendo su mano mientras llevaba su rosa y un pequeño bolso de satén colgado lleno de cosméticos en caso de tuviese la necesidad de un retoque durante el evento de gama alta.

Había un gran Spyker negro esperando por ellos fuera del hotel. Blaine abrió la puerta a la hermosa mujer, y ella le sonrió, tomando su mano para subir por las escaleras del auto mientras él la seguía, contento de tener una mujer tan increíblemente hermosa de su brazo.

El trayecto para el evento fue silencioso, pero cómodo, no había necesidad de palabras. Simone simplemente iba sentada con las manos sobre el regazo, mirando por la ventana el paisaje de París.

- Señor Anderson, la colección es simplemente maravillosa

- Vos vêtements sont magnifiques.

- Muchas gracias. – Decía Blaine agitando la mano de una mujer mayor, con un brazo todavía envuelto alrededor de Simone. Había estado de su brazo durante toda la noche, y la primera vez que estuvo solo fue unos segundos más tarde, cuando sintió que lo sacaban de la pequeña multitud que estaba hablando.

- Blaine Anderson, perro viejo. – Wesley Montgomery rió, envolviendo los brazos alrededor de su antiguo amigo, sosteniéndolo cerca de su cuerpo. Wesley lo conocía desde hace tanto tiempo que para él no era Blaine Anderson, el diseñador, sino Blaine, el creador de problemas, quien solía meterse en todo tipo de líos con él. Wes se apartó y miró por encima del hombro a la mujer atractiva que tomaba una copa de champán de un camarero. – Oh mi… ¿Cómo has podido conseguir una hermosa demoiselle como esa?

El de cabellera rizada se rió y miró a su viejo amigo, apoyando una mano en su hombro.

- No es fácil. – Dijo con una sonrisa irónica, – y no es barato, – agregó en silencio, mirando hacia atrás a la señorita que estaba atrayendo tantas miradas de todos a su alrededor.

Wesley silbó por lo bajo y sonrió a su amigo, dándole las gracias por la elección de los modelos de su agencia para el show de esa noche. Fue increíble la cobertura de la agencia de modelos del joven que brindó todas las mujeres y hombres para el espectáculo. Los dos hablaron durante un tiempo, Blaine manteniendo una vigilancia constante sobre la mujer detrás de él antes de que fuera alejado repentinamente por más admiradores.

Hablaba con fluidez en francés para ellos, pero sus ojos continuaban desviándose hacia la dama hermosa y elegante de pie a poca distancia. Podía ver en su enfoque a un hombre mucho más viejo que hablaba con ella, y de forma inesperada un sofoco de celos se encendió en las mejillas y el pecho.

Se disculpó y se fue donde Simone, quien lo miraba con los ojos pesados y una pequeña pista de una sonrisa escondida en la esquina de sus labios. Se acercó y la tomó la mano, sonriendo al hombre mayor que simplemente asintió con la cabeza, yéndose al darse cuenta que la belleza estaba con alguien. Simone miró a Blaine con una amplia sonrisa a través de sus hermosas facciones.

- Señor Anderson. – Dijo en voz baja, ronca pero adictiva, mientras el aroma de un perfume de vainilla lo rodeaba al caminar cerca de él.

- ¿Sí, Madamoiselle? – Movió la cabeza hacia algunas personas que lo reconocieron cuando pasaba por allí. La habitación estaba llena de risas y música, charla acerca de la moda y chismes que se decían en una variedad de idiomas internacionales.

- Usted parece más bien… – Su lengua se deslizó a lo largo de su labio mientras reflexionaba sobre la palabra que necesitaba. Sus ojos oscuros se posaron en los del diseñador y sonrió. – Posesivo.

- Me gusta hacerlo a mi modo. – Le informó con una descarada sonrisa en los labios, y sintió algo cercano al éxito cuando un rubor rosa pálido se extendió por las mejillas de ella. Era verdaderamente hermosa, impresionante, incluso. Todo el mundo en la sala estaba mirando a la magnífica mujer, poderosa de su brazo, y él no podría estar más orgulloso con su compra.

La noche estuvo increíble. No hubo comentarios sarcásticos o risas en dirección de él, sólo se veían sorprendidos por la majestuosa pareja que brilló durante la tarde.

Todo el mundo estaba haciendo preguntas. ¿Quién era ella? ¿De dónde era? ¿Cuál era su profesión? Era tan hermosa, todo el mundo estuvo hablando todo el tiempo, y cuando la noche llegó a su fin, Blaine se sintió un poco triste, él realmente había disfrutado de la compañía de Simone. Era inteligente y preciosa, mortal pero fuerte. Era una mujer diferente a cualquiera que jamás había conocido.

- Me gustaría mucho reunirme con usted de nuevo. – Blaine dijo mientras las 3:00 a.m. se aproximaban y caminaba con la mujer fuera del edificio grande. Simone estaba tirando de su cardigan cerca de su cuerpo, y él se quitó la chaqueta.

Ella trató de desviar la oferta, pero antes de que pudiera, éste la colocó sobre sus hombros, enrolló un brazo cálido alrededor de su cintura y la mantuvo cerca. Ella rió y miró al joven a través de sus ojos pesados.

- ¿Está seguro de que puede permitirse el lujo de reunirse conmigo otra vez? – Preguntó fresca y confiada, su tono tranquilo y suave para que nadie la oyese.

Él había estado esperando que pudiera reunirse con ella de nuevo fuera de las relaciones profesionales, como dos adultos maduros.

- Puedo probar. – Dijo con una sonrisa y abrió la puerta del vehículo, esperando por ella. Se puso de pie con una mano que todavía sostenía la rosa roja en la puerta y miró al joven diseñador por un momento. - Me gusta hacerlo a mi modo. – Le recordó con una sonrisa, y ella se rió muy suavemente, sosteniendo la rosa en la boca, los pétalos suaves tocando sus labios perfectamente regordetes.

- Ya veremos, señor Anderson. – Dijo con una sonrisa, sentada en el coche mientras él se colocaba el sombrero de copa en la cabeza y cerraba la puerta, quedándose de pie en la acera cuando el vehículo se alejó. La joven en la parte posterior miraba hacia fuera mientras el diseñador se volvía más y más pequeño cuando el auto se unió al tráfico de París.


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¿Qué les pareció el primer capítulo?

¿Qué opinan de lo que hizo Blaine para no ir solo al evento?